NOTA DE AUTOR: Otra historia para mi. Me pasó que luego de leer varios fics, algunas ideas saltaron a mi cabeza, y bueno, las palabras surgieron. Tengo algunos capítulos escritos, pero soy más de la idea de escribir y publicar, por lo que no sé con qué frecuencia serán las actualizaciones. Lo mismo va para mi otra historia.

En cuanto a esta, bueno, el título indica más o menos el camino que puede tomar la historia. Creo que es una trama que puede ser muy interesante y mis ideas van hacia ese camino. Seguramente hayan leído algunos fics con esta temática, y puede que encuentren algunas cuestiones que pueden tener cierta similitud. Pero nada más que eso, esto es una creación propia.

Espero que la disfruten, y desde ya, muchas gracias por su lectura.

DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: No soy dueño de los derechos de Harry Potter. Este fantástico mundo pertenece a JK Rowling

"¡AVADA KEDAVRA!".

La maldición asesina brotó de la varita de Voldemort, sin darle tiempo a Harry ni siquiera de pestañear. Estaba cansado, agotado mentalmente por la tortura recibida por el renacido Señor Oscuro, fisicamente desgastado por los obstáculos de la Tercera Prueba, y extenuado por la poca batalla que le había podido dar a Voldemort. Ya no tenía más. No era rival para él. Aún así, se sentía orgulloso de sí mismo. A pesar de las diferencias, no se había doblegado a él. Había luchado aún en desventaja, y moriría con la frente en alto. Lo último que pasó por su mente en el segundo que veía el haz de luz verde dirigirse hacia él fue alivio. Cerró los ojos y esperó el impacto.

'Por fin todo termina. Ya voy con ustedes mamá, papá'.

Y esperó. Y nada pasó. No sintió nada, pero aún así mantuvo los ojos cerrados. Habría esperado sentir el golpe de la maldición en el pecho, pero en cambio, no podía sentir nada. Ni calor, ni frío. Absolutamente nada. Como si estuviera en un vacío desprovisto de todo. El cansancio, el agotamiento. Ya no lo sentía. Tenía la sensación de que flotaba, ingrávido, pero aún le parecía que estaba de pie.

Cansado de esperar, abrió los ojos lentamente, teniendo que entrecerrarlos levemente a causa de la luz que estaba a su alrededor. Cuando la vista se adaptó a su entorno, se dio cuenta que no sabía dónde estaba. No era el cementerio ni era de noche. Ni era de día tampoco. Sólo un espacio en blanco. A dónde mirara, sólo veía blanco y más blanco.

Se miró, y sus ojos se abrieron completamente al darse cuenta que estaba sin ropa. Levantó la cabeza con un poco de pánico, deseando tener algo de vestimenta, cuando sintió algo suave contra su piel. Volvió a bajar la vista y se encontró con un simple atuendo blanco, que cubría todo su cuerpo.

Frunció el ceño. ¿Dónde estaba y qué estaba sucediendo?. Una vez más miró a su alrededor, y no encontró absolutamente nada. Sólo blanco y más blanco.

Empezó a caminar, sin tener la más remota idea de a dónde se dirigía, o si sus pasos lo llevarían a algún lugar. Pero era mejor que quedarse de pie. Por lo que le parecieron horas, caminó, y caminó por esa llanura blanca interminable, sin ningún indicio de nada.

"¿Hola?" probó tentativamente. Su voz se perdió tan rápido que por un segundo pensó no había dicho nada y que sólo se lo había imaginado. Pero nada pasó.

Frustrado cerró los ojos.

Cuando los abrió de nuevo, un poco más adelante de él, vio lo que parecían dos figuras borrosas. Envalentonado comenzó a caminar con rapidez, esperando por fin descubrir en qué lugar se encontraba y qué estaba pasando.

A medida que se acercaba, su corazón empezó a palpitar con furia. Hasta que llegó a una distancia que le permitió distinguir las dos figuras que estaban de pie, sonriéndole con amor. Sintió que su corazón que latía furiosamente, de repente se paraba, sin poder creer que estaba viendo a sus padres, de pie frente a él.

"Nuestro dulce y valiente niño" dijo su madre con tanto amor, que le costaba creer que era la misma voz que escuchaba gritar en sus encuentros con los dementores. Era el sonido que siempre quiso escuchar.

Sentía cómo sus ojos se llenaban rápidamente de lágrimas. Verlos frente a él, que lo miraban cómo sólo los padres miran a sus hijos, rompió algo dentro de él. Eso fue lo que siempre quiso. Que lo miraran como Lily y James Potter lo estaban mirando en ese momento. Su garganta se secó, incapaz de expresar en palabras el tornado de emociones que estaba experimentando.

"¿Ma-mamá?" se obligó a hablar, aunque sólo tartamudeó débilmente.

"Estamos tan orgullosos de ti hijo" dijo su padre, sin dejar de sonreír.

"¿Papá?" susurró nuevamente con debilidad.

Y eso fue todo. Las lágrimas que se acumulaban en sus ojos salieron con furia, descargando todo lo sintió en su vida, el vacío que se produjo por la falta de sus padres por fin estaba completo. Los tenía frente a él, de pie, mirándolo con tanto amor que sintió su corazón estallar de felicidad. Intentó acortar la distancia para por fin estar con ellos, pero sentía que no podía moverse. Estaba inmóvil en el lugar.

"Hasta aquí puedes llegar querido, a menos que quieras seguir adelante y unirte a nosotros, por supuesto" dijo Lily, con una sonrisa triste.

"¿Unirme a ustedes? ¡Por supuesto que quiero ir con ustedes, es lo que siempre quise!" exclamó Harry, sintiéndose un poco herido. ¿Acaso no lo querían?.

"No Harry, no queremos que vengas con nosotros, al menos no todavía. Tienes mucho por lo que vivir todavía" dijo James suavemente.

Harry frunció el ceño.

"¿Cómo que no todavía? Estoy muerto, Voldemort me lanzó la maldición asesina".

"Si, es cierto que la maldición de Voldemort impactó en ti, pero no estás muerto, a menos que decidas que no quieres volver" dijo su madre.

"¿Tengo opción?" preguntó Harry con sorpresa.

"Por supuesto, estamos en lo que se puede denominar, una antesala. Donde estás parado es el límite. Un paso más, y ya no hay vuelta atrás Harry" explicó su madre gentilmente.

"¿Pero cómo es posible? Digo, uno cuando muere no puede elegir, ¿o si?" preguntó confundido. Todo le estaba resultando muy extraño y lo único que quería era abrazarse con sus padres. Pero a la vez, algo dentro de él se lo impedía.

"Bueno, si, generalmente es lo que sucede, pero sucedió algo que yo llamaría una buena broma" dijo James, riéndose.

"¡James Charlus Potter!" reprendió Lily con severidad. "Esto es serio, no una de las bromas que tú y tus amigos se cansaron de hacer" continuó, aunque Harry pudo ver sus labios curvarse en el comienzo de una sonrisa.

Harry sintió una punzada de melancolía. Esto era lo que se le había negado. Una familia, su padre bromista, su madre severa reprendiéndolo. No pudo evitar sonreír con nostalgia y sentir su corazón calentarse.

"Si, bueno, no puedes negar que tengo razón" dijo aún riéndose levemente.

Su madre negó con la cabeza, y volvió a mirar a Harry.

"Harry, escúchame con atención" comenzó, toda jovialidad desapareció, y la seriedad apareció en su rostro. "Hay muchas cosas que tienes que saber, pero sólo se nos permitió un limitado tiempo. Tampoco podemos revelarlas a todas, sólo algunas. Lo más importante de todo, es que al impactar la maldición asesina en ti, Voldemort mató una parte de su alma que habitaba en ti" dijo con gravedad.

Al escucharla, instintivamente Harry llevó su mano a su frente, donde residía su cicatriz. Y sintió algo extraño. Antes podía sentir un pequeño relieve, Ahora sólo sentía piel, y aunque podía sentir la leve línea en forma de cicatriz, no era tan prominente como lo recordaba.

"Así es hijo" asintió Lily, con una pequeña sonrisa.

"¿Una parte del alma de Voldemort estaba en mi?" preguntó Harry estremeciéndose.

"Si, pero ya no está más, la conexión que tenías con él se ha ido. Y es por eso que estás acá. Es tu decisión si quieres seguir, y unirte a nosotros. O tienes la opción de volver" respondió James, también dejando de lado las bromas.

Harry estuvo a punto de decir que sí, que quería unirse a ellos y dejar todo atrás. Voldemort, el mundo mágico que tanto lo había castigado, todo. Pero se detuvo antes de que las palabras salieran de su boca. ¿Realmente era capaz de seguir adelante, ahora que Voldemort había renacido? ¿Podía abandonarlos a todos? ¿Qué dirían sus amigos? ¿Qué diría Sirius?.

Una sensación de hundimiento se asentó en su estómago.

Sus padres sonrieron, dándose cuenta de lo que estaba pasando por la mente de su hijo.

"¿Qué creen que deba hacer?" preguntó, mirándolos.

"Queremos que vivas tu vida Harry. Que seas feliz, y que nos encontremos dentro de muchos, muchos años, cuando seas viejo y recibas a la muerte como una vieja amiga" dijo su padre.

"Pero está Voldemort de nuevo". Sabía que mientras él estuviera vivo, todo lo que su padre le dijo sería imposible.

"Si, pero te conocemos, y sabemos que mientras vivas, lucharás contra él. Siempre has hecho lo que es correcto, y esta vez no será la excepción" dijo su madre, con una sonrisa orgullosa en su rostro. "Verás Harry, nos escondimos cuando eras un bebé, debido a una profecía. El profesor Dumbledore nos alertó. No nos dijo el contenido, porque creía que era mucho riesgo, pero ese fue el motivo por el cual nos escondimos" explicó seriamente su madre.

"¿Una profecía?" preguntó Harry con incredulidad.

"Si, algo que tiene que ver contigo y con Voldemort. Por eso creemos que tienes que volver, y luchar contra él" dijo su padre.

Harry se quedó pensativo. Algo extraño había entre Voldemort y él. Sus encuentros ya no eran una casualidad, era la cuarta vez que de alguna manera se encontraban. ¿Era debido a esta profecía?.

"Volveré" dijo Harry. Y sus padres sonrieron ampliamente.

"Estamos tan orgullosos de ti Harry" dijo su padre, logrando calentar su corazón una vez más. "De ahora en más te esperan muchos cambios, y estaremos a tu lado en cada paso que des".

"¿Qué sigue ahora? No quiero dejarlos" dijo el joven con súplica en su voz. No quería que este tiempo con ellos se terminara, pero de alguna manera, al decidir volver, sentía que estaba llegando a su fin.

"Es momento de que vuelvas. No hay nada más que podamos decirte. Sólo hacerte saber que te amamos tanto Harry, te amamos con todo nuestro corazón. Y siempre, siempre estaremos contigo" dijo Lily sonriendo ampliamente, con toda la calidez que una madre puede hablar con su hijo.

Harry volvió a derramar lágrimas, y extendió su mano, tratando de al menos tocarlos por una vez. Su padres hicieron lo mismo, al tiempo que comenzaban a desvanecerse.

"¿Esto.. esto es real?" preguntó con dificultad.

"Por supuesto que sí hijo" respondió su padre suavemente, sin dejar de sonreír. "Estamos y estaremos siempre en tu corazón".

"Los amo" susurró débilmente. Y cuando sintió que sus dedos rozaron los de sus padres, todo se volvió borroso.


Harry gimió. Todo el cansancio, todo el agotamiento volvió a él. Abrió los ojos con mucho esfuerzo, y se dio cuenta que estaba acostado en el piso. Apenas podía moverse. Se incorporó con dificultad, viendo a su alrededor. Un círculo negro lo rodeaba en el suelo, siendo él centro. Voldemort y todos los mortífagos que estaban presentes también estaban tirados en el suelo, aparentemente inconscientes. De alguna manera supo que quizás eso no duraría, y que necesitaba salir inmediatamente de ese lugar.

Rengueando a causa de sus heridas, y sintiendo que en cualquier momento se desmayaría, se acercó al cuerpo sin vida de Cedric. No podía dejarlo allí.

"Accio copa" dijo débilmente. Era su única esperanza de salir de allí, con el mismo traslador que lo había puesto en ese lugar en primera instancia.

Apenas dijo esas palabras, sintió un calor en su mano derecha, y vio como su varita se prendía fuego, y un triste pero a la vez tranquilizador trino salió de las llamas, que consumieron su varita. Harry abrió los ojos con shock. Pero de alguna manera, en su interior, no se sintió devastado por la pérdida de su tan querida varita de fénix. En cambio, se sintió en paz, cómo si fuese algo natural.

En ese momento, la copa llegó a él, y apenas sus dedos tocaron el frío metal, sintió el tirón en su estómago, sabiendo que pronto estaría en los terrenos de Hogwarts.

Aterrizó con brusquedad en el piso. Quiso ponerse de pie, pero no tenía la capacidad física, mental ni emocional para hacerlo, y sabía que estaba por perder el conocimiento. Estaba desprovisto de toda su fuerza, y lo único que lo mantenía despierto era pura fuerza de voluntad. Necesitaba advertirle a alguien lo que había sucedido en ese cementerio. Era algo urgente.

A lo lejos escuchaba pasos que se acercaban. Voces que gritaban. No podía distinguir nada. Todo estaba borroso, las imágenes y los sonidos se mezclaban, y todo daba vueltas. No sabía si era el efecto del traslador, o de su cansancio, pero ya no podía aguantar más.

Sintió como unos brazos los tomaban, levantándolo levemente. Creyó ver los ojos azules familiares del director, o al menos esperaba que fueran de él.

Con la última gota de su conciencia, formuló las únicas palabras que pudo.

"Voldemort… Ha vuelto" y con esa exclamación se rindió, sintiendo como todo se ponía negro y perdía el conocimiento.


El Señor Oscuro reconocía a regañadientes que el chico, a pesar del limitado conocimiento, había luchado. Había resistido su Imperius, y había soportado sus torturas con Cruciatus. Hasta se había permitido no gritar, evitando su satisfacción y su regocijo. Pero él sabía que estaba agotado. Sabía que ya no le quedaban más fuerzas. Sólo era cuestión de tiempo. Y el momento era ahora.

"¡AVADA KEDAVRA!".

Voldemort sintió como la maldición brotaba de su varita de tejo, y el haz verde se dirigía hacia el chico. Se sorprendió al ver que su expresión no era de terror, como la mayoría de sus víctimas tenían momentos antes de su muerte. No, la expresión era de orgullo, de saber que había hecho lo que pudo, y sintió cierto respeto por el joven que había sido tan esquivo para él.

Pero eso iba a llegar a su fin. Sabía que la maldición iba a golpearlo, poniendo fin a la existencia de ese niño que había arruinado sus planes esa noche hace 13 años. Iba a demostrar una vez más que él era el mago más grande de todos, y que ese insolente sólo había tenido suerte. Iba a demostrar que Harry Potter no era nadie en comparación de Lord Voldemort .

Sólo un segundo después de que el Señor Oscuro dijera las palabras, y que todos los presentes vieran la maldición camino a la figura frente a él, una onda expansiva los tumbó a todos, haciéndoles perder el conocimiento.

Cuando retomaron conciencia y abrieron los ojos, todos se preguntaron qué fue lo que sucedió.

"¿Mi señor?" preguntó Lucius Malfoy con cautela.

Voldemort se puso de pie, mirando hacia la zona donde había estado Harry Potter, y observó el gran círculo negro alrededor de uno más pequeño en el centro, donde el suelo estaba intacto.

"El cuerpo debe haber sido desintegrado" dijo, con una sensación de triunfo extendiéndose en su cuerpo.

"¿Mi señor?" dijo Pettigrew lentamente.

"¿Qué sucede?" preguntó con dureza.

"El cuerpo del otro niño.. y la copa.. no están" respondió, arrepintiéndose al instante de haber hablado en primer lugar. Sabía que eso no le iba a gustar a su maestro.

Voldemort dirigió su vista hacia donde supo estar el cuerpo sin vida del otro alumno que había llegado con Potter, y escaneó en área rápidamente, buscando cualquier señal del chico. Pero la copa tampoco estaba. Lo que significaba que había escapado. Una vez más.

Toda la sensación de triunfo que había sentido se evaporó en un segundo, Y la rabia dominó todo su cuerpo. Todos su plan maestro se había derrumbado, y estaba seguro que el niño iba a alertarlos a todos de su regreso.

"¡CRUCIO!" dijo con furia hacia el hombre regordete, castigándolo por la información que le había brindado. Necesitaba descargar su rabia en alguien, necesitaba desahogar toda la ira que sentía por ser burlado una vez más por ese insolente chico.

Los gritos de Pettigrew resonaron en la noche rompiendo el silencio que se había producido. Todos los demás mortífagos sabían lo que significaba esto. El niño había escapado, y no sólo había sido testigo del regreso de su maestro, sino de la identidad de todos y cada uno de ellos.

Luego de que sintió que era suficiente, Voldemort finalizó la tortura de Colagusano. No podía permitirse arruinarlo y volverlo loco. Tan inútil como era con una varita, sabía que su condición de animago rata sería crucial en los tiempos que vendrían. Empezó a caminar, pensando en los siguientes pasos a tomar. Sabía que Potter iba a advertirle a Dumbledore de su regreso, y el tonto amante de muggles seguro que iba a creerle. Además, la marca tenebrosa de Severus seguramente se iba a oscurecer una vez más. Tendría que tener una charla con el resbaladizo maestro de Pociones.

Su mente viajaba a kilómetros por hora, pensando en las posibilidades y en lo que tendría que hacer de ahora en más. Su plan de mostrarse al mundo con el cadáver de Harry Potter para demostrar que nadie era superior a él ya no era posible. No, ahora tendría que hacer sus movimientos desde las sombras, y para eso necesitaba que nadie creyera que había regresado. Si, ese tendría que ser el primer paso. Le daría margen para maniobrar a su comodidad.

Se detuvo, y observó a sus seguidores. Todos temerosos, con la vista baja, salvo Pettigrew que seguía retorciéndose y gimiendo debido a la tortura.

"Mis fieles amigos. Esto modifica un poco mis planes, pero no importa. También les dará la motivación a todos ustedes de demostrar una vez más su lealtad a mi, y compensar su falta de acción de todos estos años" empezó a hablar, notando como todos se arrodillaban, escuchándolo con atención. "Tenía la idea de dar a conocer mi retorno al mundo con el cuerpo sin vida de Harry Potter, pero eso ya no será posible. Por lo que tengo que adoptar otras medidas. Desde este momento, actuaremos desde las sombras, lo que en cierta medida es algo favorable para lo que tengo pensado".

"Potter seguramente le advierta a Dumbledore de lo que sucedió esta noche, por lo que es imperativo que nadie crea en sus palabras. Tendrán que ser desacreditados, arrastrados por el barro por toda la sociedad mágica. Y ustedes, como parte de lo más alto de la sociedad, se encargarán de eso" ordenó a sus lacayos, quienes asintieron con rapidez.

"Mi señor, también puedo serle útil de otra manera" se aventuró Malfoy, con un susurro tembloroso.

"¿Y cómo es eso?" preguntó con desprecio en su voz. "Tienes mucho por lo que responder Lucius".

"Mi señor, en todos estos años, el nombre Malfoy es de lo más respetado en la sociedad mágica. El Wizengamot está bajo mi control, debido a que la Alianza Oscura liderada por la Casa Black me pertenece. Además, tengo al Ministro Fudge como mi marioneta. Puedo influenciarlo con facilidad y direccionarlo hacia donde le sea de mayor utilidad a usted" respondió, esperando que no recibir un castigo de parte de su señor.

Voldemort no dijo nada y pensó en las palabras de su servidor. Eso podría ser de mucha utilidad. El control del Wizengamot, el control de la Casa Black, conocida por ser la más oscura de todas, el control del Ministro y por extensión del Ministerio. Si, eso sería perfecto para sus planes. Le daría la posibilidad de infiltrarse por completo, logrando promover a sus seguidores a los cargos más altos y así manejar a la Gran Bretaña mágica.

"Muy bien Lucius, creo que es un buen comienzo para tu retribución por todos estos años" dijo Voldemort con voz sedosa. "Le susurrarás en el oído al Ministro mis ideas, y enviarás al Wizengamot los proyectos que tengo pensado, logrando que se aprueben".

"Eso no será ningún problema" dijo, envalentonado por el reconocimiento de su señor.

"Además.. Nos mudaremos a tu Mansión. Después de todo, no puedo quedarme en este lugar, y sé que tu lujoso hogar es perfecto para mis necesidades, ¿no lo crees?" preguntó con una sonrisa cruel en sus labios.

Lucius palideció al escuchar sus palabras, pero sabía que no tenía opción.

"Será un honor para la familia Malfoy recibirlo bajo nuestro techo" respondió lo más firme que pudo.

"Así me gusta Lucius. Con esta diligencia seguro que lograrás volver a tener mi reconocimiento" dijo sin dejar su sonrisa maligna. "En cuanto al resto, espero que tomen esto como un recordatorio de que es lo que sucede cuando desconfían del mago más grande todos" dijo con ira, enviando la maldición de tortura hacia los demás. Los gritos de terror lograron sacarle una nueva sonrisa de placer.

Puede que los planes no hayan salido como esperaba, pero Lord Voldemort lograría conquistar a Gran Bretaña.


Albus Dumbledore estaba experimentando algo que no había sentido hacía mucho, mucho tiempo. Nerviosismo. Sabía que algo había ocurrido. Algo que no auguraba nada bueno. La llegada de la señorita Delacour al principio de la competición con claros signos de haber sido atacada por otra persona y la llegada del señor Krum con rastros de haber sido víctima de la maldición Imperius ya le había generado una sensación de malestar.

Luego, cuando sintió que un traslador se activaba y alguien abandonaba los terrenos del colegio, su aprehensión creció aún más. El único traslador que estaba activo era la copa que iba a depositar al ganador directamente a la zona de inicio del laberinto, donde toda la multitud estaba a la expectativa y la plataforma de premiación ya estaba colocada a la espera de la llegada del Campeón triunfador, que para su leve satisfacción, sería uno de Hogwarts.

Pero nada de eso pasó. En cambio, cuando el traslador se activó, alejó a quien sea que haya entrado en contacto con la copa lejos del colegio. Y de ese momento ya había pasado media hora. La preocupación del director crecía con cada minuto que pasaba. Algo rondaba en su cabeza desde hacía varios meses. Las continuas advertencias de Severus de que su marca estaba adquiriendo cada vez más color y ardía con intermitencia lo tenía más pensativo de lo que le gustaría. No era casualidad, como tampoco lo había sido la participación de Harry Potter en la competición. Ambas cuestiones estaban relacionadas, y algunas otras también.

Los susurros de todos los alumnos y gente presente en las gradas comenzaron a hacerse cada vez más notorios. Sabían que algo había sucedido, y estaban a la expectativa de que podría ser. Albus estaba seguro que no pasaría mucho más tiempo antes de que se resolviera.

No habían pasado más de unos segundos de ese pensamiento, cuando la llegada de dos cuerpos y la copa en el claro enfrente de todos silenció a todos momentáneamente. Antes de que los gritos y los vítores estallaran al reconocer a los nuevos campeones.

Dumbledore se puso de pie inmediatamente, al igual que el resto del Comité Organizador y el MInistro de Magia. El anciano encabezó el grupo, dirigiéndose con rapidez hacia sus dos alumnos, y a medida que se acercaba, sus sospechas de que algo no cuadraba crecían a pasos agigantados. Harry se veía muy muy mal, y Diggory no se había movido en absoluto.

Cuando llegó al lugar donde se encontraban y observó los rasgos fríos del alumno de Hufflepuff, comprendió con tristeza lo que había sucedido. Pero lo archivó rápidamente, tomando el cuerpo de Harry en sus manos, mirándolo a los ojos. Y vio en la mente de él lo que de alguna manera temía, y que no había querido admitir. El retorno de Lord Voldemort.

El grupo ya se había apiñado alrededor de los dos jóvenes, y se quedaron en silencio al mirar hacia el cuerpo sin vida del mayor, y en ese momento, con el último suspiro de su fuerza, Harry confirmó verbalmente lo que había visualizado en su mente.

"Voldemort.. Ha vuelto". Y así perdió la conciencia.

Albus escuchó un grito ahogado de alguien del grupo, y de a poco los gritos de la multitud comenzaron a calmarse, comprendiendo que algo grave estaba pasando.

"No, no puede ser" dijo alguien. Pero Dumbledore no le dio importancia.

"¡Fawkes!" llamó con fuerza. El majestuoso fénix se presentó frente a su dueño en una bola de fuego. "Por favor traslada a ambos a la enfermería" ordenó con urgencia. El ave trinó, y con una pata en cada cuerpo, desapareció llevándose a los dos hacia el destino ordenado.

"¡Poppy! Ve inmediatamente hacia allí, y no dejes ingresar a nadie hasta que yo vaya" señaló hacia la enfermera, que se había acercado a revisar a los recién llegados. La matriarca asintió temblorosamente, y salió despedida hacia el castillo.

"¿Qué está sucediendo Dumbledore?" exigió Fudge, con la voz débil. "No le creerás al joven, seguramente el cansancio le jugó una mala pasada" dijo con nerviosismo.

Pero el anciano no respondió, y se puso de pie.

"Minerva, por favor desaloja todos los presentes, y envíalos cada uno a su Sala Común. El resto, por favor diríjanse hacia el vestíbulo, llegaré en unos momentos. Severus, ven conmigo" dijo a todos los que estaban presentes, y saliendo de la ubicación preparada para la premiación, sin escuchar las quejas y gritos de los demás. Su mente iba a kilómetros por hora, pensando en todas las variables.

'Tom volvió a la vida, Harry lo vio. ¿Cómo?. La participación inesperada de él, el oscurecimiento de la Marca Tenebrosa. ¿Qué me estoy perdiendo?' pensó furiosamente.

'El traslador. Lo sacó de los terrenos lejos del colegio. Alastor lo colocó y nadie más lo manipuló'. Y ahí la comprensión llegó como una bofetada. El comportamiento extraño de su viejo amigo, las negativas a las invitaciones para charlar y rememorar buenos tiempos queja de su maestro de Pociones de la falta de suministros en su despensa. Se reprendió mentalmente ante su ignorancia y no ver lo que sucedía ante sus ojos.

"Severus, por favor ve a buscar una dosis de Veritaserum, y encuéntrame en el aula de Alastor lo más rápido posible" urgió a Snape, quien caminaba a su lado, y sin decir ni una palabra, asintió y aceleró el paso, rumbo a buscar lo requerido.

Albus también aceleró el paso, y se dirigió hacia el aula de DADA. Y desterró la puerta, para luego inmovilizar a Alastor, o quien sea que esté usurpando su lugar.

Con la llegada de Severus, y de Minerva que lo acompañaba, gracias a la poción de la verdad, descubrieron que era Barty Crouch Jr., que el verdadero Alastor estaba escondido en el baúl, y todo el plan que se había organizado para la participación de Harry en el Torneo, y el secuestro al final de la Tercera Prueba. Lo que sucedió en el cementerio no lo podían saber, porque el mortífago que se creía muerto no lo sabía. Pero un vistazo a ambas marcas completamente negras y móviles en los brazos de él y de Severus confirmaron el retorno de Lord Voldemort a la vida.

Albus aturdió al impostor, lo ató.

"Minerva, por favor lleva este cuerpo a donde esté Cornelius, y que se encargue de este problema. Iré a ver a Harry a la enfermería, encuéntrame allí luego. Severus, acompáñame" dijo el director. McGonagall simplemente asintió, saliendo del aula con el cuerpo inconsciente delante de ella.

Albus y Severus salieron detrás de ella, completamente en silencio. Hasta que llegaron a la puerta de la enfermería, que estaba sellada.

"Me tema que tendrás que irte y retomar tu antiguo lugar bajo las órdenes del Señor Oscuro mi viejo amigo. Más que nunca es indispensable que fortalezcas tu posición en este momento" dijo el anciano con gravedad.

Snape lo miró fijamente, pero asintió en silencio.

"Ya sabes que hacer, ve" le dijo al maestro. Simplemente asintió otra vez y se dio la vuelta, y se fue con la capa ondeando detrás de él.

Albus suspiró largamente. Esto era de esperar, pero aún así no lo hacía más fácil.

Con movimiento de su varita, abrió las puertas de la enfermería, e ingresó, dirigiéndose al lugar donde Madame Pomfrey estaba revisando al joven de cabello azabache, que aún no había recobrado el conocimiento. En la cama contigua, una sábana ocultaba el cuerpo sin vida de Cedric Diggory. No pudo evitar que una lágrima cayera. Había sido un joven brillante, leal, y su vida había terminado abruptamente.

La enfermera lo vio entrar, y no dijo ni una palabra mientras se acercaba.

"¿Qué puedes decirme Poppy?" preguntó cuando llegó a su lado.

"Albus, no sé qué fue lo que sucedió, pero.." no pudo continuar, porque el ruido de la puerta de la enfermería cerrándose y un gran perro negro que corría hacia donde estaban de pie la interrumpió. Cuando llegó hacia ellos, el animal se transformó en la figura de Sirius Black, logrando que la enfermera gritara de pánico y palideciera.

"Está bien Poppy, Sirius es inocente" intentó calmarla Albus. La enfermera lo miró con los ojos abiertos, y luego posó su mirada en el moreno que había llegado. La preocupación que vio en sus ojos mientras miraba al joven que estaba en la cama le quitó todas las dudas.

"Siempre me pareció extraño, conociendo la relación que tenías con James" dijo suavemente.

Sirius la miró y asintió en silencio. Se veía más viejo de lo que parecía, debido más que nada a los sentimientos que tenía sobre Harry.

"¿Qué pasó?" exigió.

Albus suspiró, y con un leve movimiento de su varita selló la puerta de entrada, no podía permitir que alguien indeseado entrara y se encontrara con un fugitivo.

"Poppy estaba a punto de explicarnos" respondió Albus, instando a la enfermera a que retomara el diagnóstico.

"Si, como dije, no sé lo que sucedió, pero está mágicamente agotado. Tiene rastros de maldición Imperius, y de gran exposición a la maldición Cruciatus. Algunos rasguños y golpes por diversas maldiciones. También tenía un leve corte en su antebrazo izquierdo causado por una daga maldita, pero no fue tan profunda y lo pude curarla, aunque le quedará la marca." explicó con su voz temblorosa, mientras veía al joven.

"Merlín" exclamó Sirius abatido, bajando la cabeza mientras sus manos tomaban el caño al pie de la cama.

Albus suspiró pesadamente, mientras se restregaba la cara con ambas manos.

"Hay.. algo más" dijo Pomfrey luego de unos segundos de silencio.

Ambos hombres levantaron la vista hacia ella con brusquedad.

"¿Qué más puede haberle pasado?" preguntó con incredulidad Black.

La enfermera dudó en responder, evitando la mirada de ambos.

"Poppy, dinos, ¿qué más encontraste?" preguntó Dumbledore con delicadeza.

Madame Pomfrey tomó aire, preparándose para decir lo que había hallado en sus diagnósticos.

"No me pregunten cómo, ya que no lo sé.. Pero.." dijo con dificultad. "..encontré evidencia de que la maldición asesina lo golpeó en su pecho" terminó, con la voz traicionándola y lágrimas en sus ojos.

Se produjo un silencio atroz en la habitación, mientras ambos hombres consideraban las palabras de la matriarca.

"¿Qué?" preguntó Sirius, creyendo que había oído mal.

"No puedo explicar cómo, pero es lo que escucharon. La maldición asesina lo golpeó en el pecho" repitió sin dejar de temblar. Y para demostrarlo, desabotonó la camisa del joven, para que el pecho pálido mostrara una gran contusión negra.

"¿Alguna posibilidad de que el diagnóstico sea un error?" preguntó Albus con voz calma.

"No, ninguna. Lo lancé cinco veces, y todas dieron el mismo resultado. Harry murió, pero acá está, vivo".

"¿Tiene alguna teoría?" preguntó nuevamente el director.

"No, es inexplicable por donde se lo mire. Nadie sobrevive a la maldición, no deja marca. Y aquí está nuestro joven, desmintiendo estas dos afirmaciones. Pero no hay dudas que fue impactado por una" explicó Pomfrey.

"¿Tú tienes una teoría?" preguntó Sirius al anciano, luego de unos momentos de silencio.

"Puedo tener un minúsculo pensamiento" reconoció, sin dejar de mirar la marca negra en el pecho del joven. Antes de que pudieran pedirle que lo expusiera, levantó una mano, evitando alguna pregunta. "Pero es sólo eso, un pensamiento. Y necesito investigarlo junto a otras cuestiones".

Sirius se calló, aunque estaba en conflicto. Necesitaba saber qué había pasado, y Dumbledore tenía alguna idea. Pero estaba seguro que no iba a compartirlo con nadie hasta que él decidiera hacerlo.

"Harry, ¿tendrá alguna secuela?" preguntó a la enfermera, necesitaba algún tipo de información sobre la salud de su ahijado.

"No, un descanso para que retome fuerzas y un régimen de pociones cuando se despierte deberían bastar para que se recupere completamente" respondió un poco más tranquila la mujer. "Serán unos días hasta que se despierte".

"Bueno, en ese caso me lo llevo a mi hogar" dijo Sirius con seriedad.

Pomfrey y Dumbledore lo miraron con rapidez.

"¡No puede dejar la enfermería!" exclamó la enfermera.

"Dijiste que necesitaba reposo, que iba a estar inconsciente por unos días, así que puede hacerlo en mi casa" respondió Sirius.

"Sirius, no sé si es lo más conveniente.." empezó el anciano.

"Mira Albus. Es mi ahijado, soy su tutor. Yo decido lo que creo que es mejor para él" dijo con dureza.

El director lo miró fijamente, pero luego suspiró.

"¿Es seguro tu hogar?" preguntó.

"Es la ancestral hogar de los Black. No debe haber lugar mejor protegido que ese" respondió con determinación.

Luego de que Albus lo analizara unos momentos, asintió con lentitud.

"De acuerdo, pero luego conversaremos sobre su vuelta con sus parientes".

"Eso ya lo veremos" dijo Sirius.

La enfermera negó con la cabeza, pero sabía que no podía hacer nada, y se dirigió hacia el armario donde guardaba las pociones. Sacó varios viales de diferentes colores, y se los entregó a Sirius, mientras garabateaba en un pergamino las instrucciones sobre cuál y cuándo proporcionarle al joven.

"Cuando se despierte, comienza a suministrarle todas las medicaciones, aquí está todo detallado" dijo la mujer, entregándole el pergamino.

Sirius conjuró una caja, donde guardó los líquidos, y una vez reducida, la colocó en el bolsillo de su abrigo junto con las instrucciones.

"Te prepararé un traslador" dijo Albus, mientras tomaba un vaso convirtiéndolo en uno. "Sólo piensa en el destino" dijo dejándolo sobre la cama.

Sirius asintió en silencio.

"Por favor, si surge alguna complicación o lo que sea, contacta con Albus, él me indicará a mi" dijo Poppy.

"Muy bien, los mantendré al tanto de cualquier novedad" dijo mientras tomaba a Harry en brazos. Una vez listo, pensó en el destino, mientras con un dedo tocaba el objeto encantado.

Las dos personas suspiraron fuertemente cuando se quedaron solos.

"¿El señor Diggory también fue víctima de la maldición asesina?" preguntó Dumbledore débilmente, aunque ya sabía la respuesta.

"Así es" respondió Pomfrey, mientras algunas lágrimas se escapaban de sus ojos.

"Que tragedia" susurró el director con cansancio. La culpa lo consumía.

"Buen trabajo Poppy, te haré saber si Harry necesita algo" dijo Albus. La matriarca sólo asintió en silencio y se dirigió a su oficina.

Albus una vez más se restregó el rostro. Necesitaba hacer los arreglos necesarios para todo lo que se venía. Y las perspectivas eran más inquietantes y desconocidas de lo que imaginaba.