Esa tarde Tenma podía tomársela de descanso, el Ministerio había decidido dar el día libre en celebración de que la escuela, y las zonas destruidas por el ataque de Frankenstein, finalmente habían sido reparadas, aunque Tenma hubiera preferido aprovechar el día, Elefun lo convenció que después de tantas sorpresas, todos merecían un descanso, así que por eso el buen doctor se estaba relajando en la mesa del comedor, con una taza de té recién preparada por Orrin.

Por primera vez en mucho tiempo Tenma sentía que ya no tenía ninguna preocupación, Stone se había ido, Astro no estaba en peligro de explotar, y se estaba encargando de los robo-zombies con extrema eficacia, después de Frankenstein ninguno le parecería un reto, y el maldito de Tawashi ya no estaba detrás de ellos, así que todo marchaba muy bien, y esperaba que así siguieran las cosas.

Pero cuando sonó el timbre de la casa, supo que la calma había terminado.

—¿Espera a alguien señor?

—No, a nadie Orrin.

El robot fue hasta la puerta y activó la cámara de seguridad, las personas que estaban del otro lado… eran dos individuos que jamás imaginó ver en su vida.

—Señor… el Duque Rojo y su hijo… están llamando.

La taza de Tenma empezó a temblar, con mucho cuidado la dejó sobre la mesa.

—¿El…Duque Rojo? ¿Estás seguro que es él?

Orrin asintió con la cabeza, Tenma se levantó de su silla y se acomodó el cuello de la camisa. ¿Qué asuntos traerían al Duque a Ciudad Metro? Y aún más importante, a su casa, ¿sería por Astro?

Oh no, de ninguna manera su hijo pondría pie en Metrópolis, ese maldito infierno era una trampa mortal para cualquier robot, y humano para ser honesto, prefería arriesgarse en Ciudad Marina con el perdedor de Yamanoue.

—Pues… déjalo pasar.

Orrin volvió a asentir, aunque él también estaba asustado, y como no, los rumores decían que el hijo del Duque disfrutaba, excesivamente, su trabajo.

«Bueno, si lo que quiere es una pelea, verá que mi hijo no es como ningún otro robot»

La puerta se abrió, y ahí estaba parado el gran Duque Rojo.

—Doctor Tenma, es un placer volver a verlo.

El robot en la mega-pantalla era enorme, al menos cinco metros más que Frank, su metal era de un reluciente rojo que brillaba bajo la luz del sol, en sus brazos, cabeza y pecho tenía hileras de picos, sus hombros parecían hombreras, sus ojos eran inamovibles y no tenían iris, lo que le daba una mirada aterradora.

Con nosotros está el campeón de los Robo-Juegos de la Superficie: Brando, el robot más poderoso del mundo, como él mismo se llama —anunció una entrevistadora que estaba en un vehículo flotante, muy similar al de Hamegg.

La reportera acercó el micrófono a la boca de Brando.

Señor Brando, ¿es cierto que usted se opuso a la cláusula de los Robo-Juegos?

Completamente, los Robo-Juegos representaban algo, y eso era quien era él robot más poderoso del mundo, deben saber que La Superficie era un lugar duro, aquí solo el más rudo sobrevivía, y estar en esa arena lo demostraba, desde que nos unimos a Ciudad Metro todos se han ablandado.

Wow, esas son fuertes declaraciones señor Brando.

Soy un robot de pocas palabras señorita Proud, porque hago que cada una valga, y eso es lo que pienso.

¿Usted culpa a Astro de este cambio?

Es responsable, aunque sea de manera indirecta, yo fui uno de los muchos que se opusieron a la iniciativa, pero como Astro había salvado a la ciudad, su voto fue el definitivo.

¿Y qué dice de los que afirman que Astro es el robot más poderoso del mundo, y no usted?

Brando soltó una risa burlona.

Astro será poderoso, pero dudo que pueda derrotarme, si no mal recuerdo, necesito ayuda tanto para vencer al Guardián de la Paz como a los robo-zombies.

Es cierto, pero no hay que olvidar que en un combate no solo la fuerza bruta vale, Astro ha sabido aprovechar sus oportunidades.

Es cierto, y eso se lo reconozco, pero le aseguró que contra mí no tendría muchas oportunidades.

¿Está retando a Astro a un duelo, señor Brando?

Solo digo que sí Astro quiere una pelea, aquí estoy, listo para lo que sea.

Estas fueron las controversiales palabras que dijo Brando en la entrevista de esta tarde, recordemos que Brando fue el campeón de los Robo-Juegos por diez años seguidos antes de la cancelación de estos mismos, se sabe que el día que Astro compitió Brando estaba en reparación, razón por la que nunca se dio el encuentro. Aunque los habitantes no tendrán que quedarse con las ganas de ver una batalla entre La Superficie y Ciudad Metro, pues este sábado se llevará a cabo el combate con Hércules, el campeón de robo-lucha en la ciudad, aun así muchos fans siguen esperando que Astro pueda enfrentarse a Brando en algún momento, para determinar quién es realmente el robot más poderoso del mundo dijo la voz de la conductora fuera de pantalla.

Kenichi miró a Astro, quien tenía la mirada bien atenta en el anuncio, hacía semanas que estaban promocionando la pelea entre Hércules y Brando, pero ni Ken ni Astro le habían puesto mucha atención al asunto, hasta que Brando decidió echarle la culpa a Astro por los Robo-Juegos, y ahora lo retaba.

—¿Aceptarías el reto? —le preguntó.

Astro solo bajó la cabeza y negó.

—Para nada, sabes que odio combatir contra otros robots, si por mí fuera jamás tendría que hacerlo por el resto de mi vida.

Tras eso empezaron a caminar.

—Los únicos robots que buscó combatir son los robo-zombies, y es solo para curarlos, nada más.

Ken asintió con la cabeza, que bueno que Astro fuera un pacifista ante todo, se le hacía un nudo en el estómago al recordar la violenta lucha que tuvo con Frankenstein, ver a su amigo siendo zarandeando como si fuera un trapo, el también estaría más que feliz si Astro jamás tuviera que volver a pelear, merecía vivir su infancia como un niño normal.

—Aun así, yo creo que le ganarías a Brando fácilmente.

Astro no iba a discutir, no tenía ganas, además agradecía la confianza que Ken le tenía.

—Gracias amigo.

Sin más preámbulos caminaron otro rato hasta que Ken se fijó en su reloj.

—Mi entrenamiento va a empezar pronto, ¿seguro que quieres acompañarme?

—Por supuesto, no hay nada que me guste más que apoyar a un amigo.

Lo decía porque Ken tenía práctica de fútbol, resultaba que si era un gran jugador del deporte, el día que se conocieron se la puso fácil a los jugadores de la Superficie, y el sábado habría un partido importante, así que debían practicar duro para poder ganarlo; tanto los Recolectores como el resto de los Sky Riders estaban ocupados con la tarea, pero Astro tenía la ventaja de que su inteligencia artificial fuera muy avanzada, así que podría hacerla en un abrir y cerrar de ojos, por lo que prefería ir a alentar a Ken.

—Solo debo pasar a casa por otra batería… dos en realidad, no queremos ser sorprendidos por otro zombie.

—Estoy de acuerdo contigo hermano.

Fueron hasta el departamento de Astro, usualmente el robot volaría hasta su cuarto, pero prefería no gastar energía en caso de que un enemigo apareciera de la nada, después del Día de los Muertos Vivientes siempre estaba alerta, así que irían por el ascensor, solo que algo llamó su atención, afuera estaba estacionada una limosina con los vidrios polarizados.

—¿Reconoces ese carro? —le preguntó Ken.

—No.

—Debe ser alguien importante.

—Sí, de seguro vino a ver a papá.

Pasaron la puerta y tomaron el elevador hasta su piso, en el camino cambiaron el tema y se olvidaron de la limosina, eso fue hasta que las puertas se abrieron, una persona estaba parada en el arco de su casa.

Era un adolescente de cabello negro, usaba lentes oscuros, un suéter rojo, un pantalón de tirantes negros, con un cinturón que tenía una bolsa café en un costado, y botas plateadas, estaba de brazos cruzados y con una mirada relajada, con una sonrisa que desprendía arrogancia.

—Eh… ¿hola? —dijo Astro.

Pero el individuo no dijo nada, ni siquiera parecía reparar en su presencia.

—Disculpa, este es el cuarto de mi amigo, y necesitamos pasar —agregó Ken.

Pero el chico siguió sin moverse.

—¿Estás sordo o algo parecido? —preguntó Ken, ahora un poco irritado, no sabía qué, pero algo sobre ese chico le daba mala espina, era todo lo contrario a cuando conoció a Astro.

Aquel joven seguía sin inmutarse, lo que solo hizo enojar más a Ken.

—O quizás solo eres tonto —ahora si lo dijo con ira.

—Ken —le susurró Astro al oído, y luego señaló el otro lado del cinturón.

Ken bajó la mirada y vio que tenía una funda para pistola, y había un arma ahí dentro, Ken tragó saliva, el chico soltó una risa, los dos lo miraron.

—Es una M86, sus balas pueden perforar hasta la cabeza del robot más fuerte —dijo con gracia, como un cazador que se revolotea de la presa que acaba de matar.

Ken estaba algo asustado pero seguía enojado, y el tono de ese tonto no le agradaba nada, sabía a donde iba, quería provocar a Astro, el robot también lo sabía, pero no sería fácil hacerlo enojar, aunque si tenía que defenderse, a él y a Kenichi, lo haría.

—Ese tipo de arma está prohibida en la ciudad —dijo Ken, aun con lo mucho que a Tawashi le desagradara Astro, detestaba más el uso de armas ilegales.

—Pero no en Metrópolis.

Ken abrió mucho los ojos, mientras que Astro solo se quedó algo confundido, jamás había escuchado ese nombre.

—¿Eres de Metrópolis?

El chico volvió a soltar una risa burlona.

—Me llamó Rock, hijo del Duque Rojo, y líder de los Marduk, a qué les suena ese nombre.

Ken volvió a tragar saliva, Astro vio a su amigo y luego a Rock, sin saber muy bien de que estaban hablando, se estaba sintiendo muy perdido.

—Lamento interrumpir, ¿pero alguno podría explicarme que es todo eso de Metrópolis y los Marduk?

Si Rock antes solo había soltado risas, ahora si estalló en carcajadas.

—Para ser un robot no eres muy listo, ¿eh?

Astro bajó la mirada, sintiéndose como un tonto, tanto que presumía de su inteligencia, pero a Ken solo lo había hecho enojar más, ¿Cómo se atrevía a hablarle así a Astro? ¡Y en su propia casa! Solo porque Astro no supiera esas cosas no le daba derecho a Rock tratarlo de esa manera.

—Y tú para ser líder no tienes muy buenos modales, además, ¿quién usa lentes de sol en una habitación cerrada? Eso es simplemente ser estúpido.

A ver si le gustaba una cucharada de su propia medicina.

El ambiente se quedó en silencio, tanto Rock como Ken mantenían un duelo de miradas, en eso el adolescente se llevó una mano a la culata de su arma. Astro cerró el puño y se preparó, podía aguantar los insultos, pero si a Rock se le ocurría disparar, no dudaría en poner el bienestar de Ken primero.

Por suerte la cosa no llegó a mayores, la puerta se abrió y salió su padre.

—¿Qué es todo este escándalo? —Entonces se percató de la presencia de Astro y Ken—, hijo… ¿no ibas a acompañar a Kenichi a su práctica?

—Si papá, solo vine por unas baterías.

Rock apartó su mano de la pistola, y Astro abrió el puño, Ken también se relajó.

—Bien, le diré a Orrin que te la traiga…

—¿Es ese su hijo Tenma? —preguntó una voz adentro, una desconocida.

Tenma cerró los ojos en desconformidad, luego los volvió a abrir.

—Sí señor…

—Pues hágalo pasar, tengo muchas ganas de conocerlo.

Astro jamás había visto a su papá así, no estaba enojado sino… asustado, incluso más que cuando había estado con Stone.

—Esta bien señor, Rock, ¿te importaría?

Rock se hizo a un lado, Astro y Ken se apresuraron a pasar, pero pudieron notar que Rock los seguía con la mirada,

Dentro se encontraron con un hombre, posiblemente en sus cuarenta, moreno, con el cabello rubio que le llegaba a la nuca peinado hacia arriba, una nariz alargada y puntiaguda, de ojos verdes, y que vestía un traje elegante de color blanco, estaba de pie junto a la mesa.

—El famoso Astro —dijo con voz firme, caminó hasta él y le ofreció su mano—, es un placer finalmente conocerte.

—Gracias señor —respondió Astro estrechándole su mano.

—Tus hazañas no han pasado desapercibidas en Metrópolis muchacho.

—Es… un honor saber eso señor —Astro odiaba sonar tan repetitivo, pero es que no sabía que era Metrópolis, ni quien era el Duque o Rock, ni que asuntos podrían haberlos traído hasta la ciudad.

—Hijo, creo que dijiste que tenías que acompañar a Kenichi, seguramente ya se está haciendo tarde, ¿verdad Kenichi? —interrumpió su padre con un tono preocupado.

Miró a Ken, y el chico pudo ver la desesperación en sus ojos, quería que Astro saliera de ese lugar lo más pronto posible.

—Sí, de hecho se hace tarde Astro, será mejor que nos vayamos.

Astro soltó la mano del Duque y miró a Ken.

—Claro, deja solo voy…

Pero Orrin apareció con una mochila, se la colgó a los hombros de Astro con rapidez.

—¡Aquí está Astro! ¡Dos baterías de carga y tres para zombies, solo por si acaso aparecen! ¡Nunca lo sabes! —Dijo con el mismo nerviosismo que Tenma—, también empaque una botella de agua por si a Kenichi le da sed.

—Gracias Orrin, eres muy amable.

—Ahora será mejor que se vayan, los adultos están hablando —agregó el robot empujándolos levemente por la espalda, los estaba llevando al balcón.

—Claro Orrin, pero la salida es por…

—Llegarán más rápido si se van volando —dijo de golpe Tenma—, ya sabes lo que opino de la puntualidad hijo.

—Lo sé papá.

Ken se sujetó a la cadera de Astro con ambos brazos, luego de comprobar que su agarre era fuerte, encendió sus propulsores y empezó a flotar.

—Te veo al rato papá.

—Gracias por su hospitalidad Doctor Tenma, y gracias por el agua Orrin.

Orrin asintió con la cabeza, Astro miró una última vez al Duque Rojo.

—Un placer conocerlo Duque, espero que disfrute su estancia en la ciudad.

—El placer es todo mío Astro, y espero que podamos volver a vernos un día, con más calma.

«Ni en tus sueños» pensó Tenma apretando los puños.

Astro notó la reacción de su padre, y supo que era hora de irse.

—Esperemos que así sea, hasta luego.

Y entonces se fue volando junto con Ken.

—Tiene un muchacho encantador Tenma —dijo el Duque mientras se volvía a sentar.

El doctor hizo una mueca.

—Muy bien, puedes explicarme, ¿Qué es Metrópolis? ¿Qué son los Marduk? ¿Y quién es el Duque Rojo y Rock?

Ambos estaban sobrevolando la ciudad por las nubes, así evitarían a los coches y a los otros robots, iba a una velocidad media para que pudieran escucharse, y los intestinos de Ken se mantuvieran en su lugar, era la misma potencia que usó cuando voló con Cora aquella noche.

Ken miró hacia el suelo, con una mirada triste.

—Metrópolis es una ciudad vecina, por así decirlo, está a varios kilómetros de aquí, es mucho más grande que Metro, pero también es más pobre y dura.

Astro no dijo nada, dándole entender que quería que continuara, Ken suspiró.

—Las cosas son muy feas allá, por lo que me ha dicho mi tío, la gente vive en extrema pobreza Astro.

—Eso es horrible.

—Mucha gente perdió empleos porque… era más barato tener robots haciéndolo, eso provocó que las personas… tuvieran resentimiento.

Astro no necesito que se lo explicaran más.

—Los ataques contra robots son comunes allá, porque además, la ciudad está dividida en áreas, cada robot pertenece a una zona específica, necesitan permisos para salir, porque de lo contrario…

—No hay advertencia.

Ken negó con la cabeza.

Astro suspiró y apartó la mirada, ¿Cómo era posible que siguieran tratando a los robots como simples máquinas para desecharse? ¿No podían darse cuenta del gran potencial que había si los humanos y robots trabajaran juntos? Entendía porque el pueblo de Metrópolis estaba enojado, pero eso no justificaba sus acciones.

—Los Marduk son el grupo que se encarga de los robots que se salen de sus zonas, son extremistas.

Eso explicaba el arma de Rock.

—Mi tío me dijo que el fundador y financiador es el Duque Rojo, aunque no hay registro oficial… es un secreto público.

—¿Tú tío investigó al Duque? —preguntó volteándolo a ver.

—Hace muchos años tuvo un caso en Metrópolis, alguien creía que las acciones del Duque no eran tan limpias, nadie se hace un magnate en esa ciudad sin mover algunos hilos.

—¿Descubrió algo?

Ken negó con la cabeza.

—Rumores, nada que pudiera presentarse ante un tribunal, además, puede que el Duque parezca un millonario solamente, pero dicen que él es quien controla Metrópolis, no el presidente Boone, es solo otra de sus marionetas.

Astro quedó sorprendido, ese hombre sonaba a todo un enigma, un peligro, ahora estaba preocupado por lo que pudiera haberlo traído a la ciudad.

—¿Tiene negocios aquí?

—No, hasta eso Stone siempre fue muy precavido con él, creo que sabía la clase de personaje que era —se rió—, una serpiente reconoce a otra.

Astro también se rió, ahora entendía mejor todo, y a la vez no, solo esperaba que el Duque no tuviera ninguna oferta de trabajo para su padre, ni que tuvieran que ir a Metrópolis, solo faltaba una pregunta…

—¿Y Rock?

Ahora Ken estaba igual de confundido.

—No lo conocía, y que bueno, que tipo más pedante.

—Dijo que era hijo del Duque.

—No sabía que tenía un hijo, creo que tenía una hija, pero no estoy seguro.

Astro asintió con la cabeza, finalmente llegaron a la cancha de fútbol, Astro empezó a descender, y al estar a unos centímetros del suelo, Ken saltó y aterrizó de pie.

—Mi consejo es que por nada del mundo pongas un pie en Metrópolis Astro, no es un lugar seguro, y el Duque no es una persona en la que confiar.

—Y su hijo no es muy amigable —dijo mientras aterrizaba.

Ken asintió con la cabeza.

—Espero que sea lo que quiera ese hombre, tu papá le diga que no.

—No te preocupes Ken, después de lo que pasó con Stone, papá se lo piensa mejor a la hora de hacer tratos.

Ken sonrió, esperaba que su amigo estuviera en lo correcto, no quería que a Astro le pasará nada malo, y después de conocer a Rock, no le quedaban dudas que esa era muy mala compañía, era lo mejor mantenerse alejado lo más que se pudiera.

—Será mejor que entremos Ken, si se está haciendo tarde.

Ken miró la cancha.

—Es cierto, vamos.

Ambos necesitaban distraerse de esa visita inesperada, aunque Astro estuvo todo el entrenamiento repasando lo que había aprendido, ¿Qué quería el Duque Rojo en realidad? ¿Había algo que se pudiera hacer por Metrópolis?

—Por favor doctor, le pido que reconsideré mi propuesta.

—La respuesta es no.

—Solo le pido que repita el milagro…

—No voy a cambiar de opinión Duque, y si ese es el único asunto que vino a discutir le voy a pedir que se retire.

Tenma pudo jurar que escuchó el seguro de la pistola de Rock ser removido, pero no cambió su postura. El Duque tenía una expresión sin emoción.

—Muy bien, no puedo obligarlo a hacer algo que no quiera.

No aquí.

«Es cierto, mientras no nos acerquemos a Metrópolis, no tiene poder sobre nosotros»

—Orrin, acompaña al…

—No es necesario, conozco la salida.

Dicho eso se dio la vuelta y se fue caminando lentamente, fue Rock quien le abrió la puerta, cuando estuvieron seguros de que se habían ido, Tenma soltó un largo suspiro y volvió a su silla, desde la muerte de Toby no había estado tan asustado. Orrin apareció con un vaso de agua y una aspirina.

—Gracias Orrin.

El Doctor tomó la pastilla y se la pasó bebiendo toda el agua de un trago.

—¿Es cierto doctor? ¿Lo que dijo el Duque?

Tenma puso el vaso sobre la mesa.

—Sí, todo, pero por nada del mundo pienso hacerlo Orrin, el Duque no es una persona que sepa amar… terminará usándola como un arma, estoy seguro.

Si Orrin tuviera saliva, la hubiera tragado.

—Debemos alejarnos de ese hombre lo más que podamos.

—Parece que tu junta con el científico loco no salió como lo esperabas padre —le dijo Rock abriéndole la puerta de la limosina.

El Duque hizo un movimiento con la mano, como si quisiera apartar una mosca.

—Ya sabía que Tenma era orgulloso, pero no me preocupa.

Rock cerró la puerta con delicadeza, luego fue al asiento del piloto y se subió, al arrancar el vehículo el Duque miró por la ventana.

—Hay más científicos locos allá afuera.