Akatsuki no Yona no me pertenece, es de Mizuho Kusanagi.


Esta historia participa en la actividad Retazos de San Valentín del foro El Feliz Grupo de Hambrientos.


~Antes del 'Para Siempre'.

De pie, frente a un espejo de cuerpo completo, Aro se sorprendió al ver a la mujer frente a ella.

Ella se veía radiante.

Su torneado cuerpo era abrazado por un vestido blanco de corte sirena, que lucía maravillosamente gracias a los meses y meses que había invertido en el gimnasio para lograr verse mejor que nunca.

Su largo cabello negro –que ella había dejado crecer especialmente para la boda– estaba acomodado en un intrincado moño sobre su nuca, lleno de trenzas diminutas y flores blancas.

Y finalmente, su bello rostro estaba impecablemente maquillado, haciendo resaltar sus labios con un labial rojo que no hacía nada más que invitarte a besar.

Ese debía ser el mejor día de su vida, Aro pensó, observando a sus damas sonriéndole a través del espejo e incluso soltando unas cuantas lágrimas de alegría.

Ellas reían, siendo tan escandalosas como de costumbre, y sin notar el inusual silencio de la novia.

Ese debía ser el mejor día de su vida, sin embargo, había algo en algún rincón de su mente que le indicaba lo contrario.

― ¿Te ponemos el velo? ―había preguntado una de las damas, sosteniendo la bella pieza de encaje con reverencia.

―No ―contestó Aro simplemente.

Hak se había sorprendido al verla.

Sus ojos azules se habían abierto en demasía y después su ceño se había fruncido con preocupación. Sabía que había problemas.

Y, sin embargo, sus ojos no se habían llenado de la adoración que ella había esperado. Su boca no se había entreabierto con la sorpresa de verla más bella que nunca.

En su mirada no chispeaba la felicidad de saber que ella se convertiría en su esposa.

― ¿Aro? ¿Cuál es el problema?

Ella respiró profundamente, sintiendo su vestido apretarse contra sus costillas, y con más valor del que en realidad sentía, soltó:

―No puedo hacerlo.

La arruguita en la frente de Hak no hizo nada más que acrecentarse.

―No puedo casarme contigo.

Mientras las palabras escapaban de su boca, su mente gritaba con fuerza. ¡Se había vuelto completamente loca!

Desde el momento en que lo había conocido se había quedado prendada de él. ¿Y cómo no hacerlo? Si era tan guapo, tan alto, tan fuerte… Ella no había tenido oportunidad de nada más.

Él era un sueño. Atento, caballeroso, perfecto para ella.

Tenía que ser suyo, ella había decidido.

Aro se había esforzado, sacándole conversaciones de más de tres frases a una roca impasible. Llevándose en una cita a bailar a la persona más seria del planeta. Robándole un beso al hombre más tibio que había conocido.

Y había sido suyo…

…O eso había creído.

Y entonces la había conocido.

A una mujer diminuta, con un cabello tan desordenado que las manos de Aro habían urgido con ganas de acomodarlo.

Aro la había recibido con una sonrisa –había escuchado tanto de ella–, pero la sonrisa se había congelado en sus labios al ver a Hak correr hacia ella.

Sus fuertes brazos la habían rodeado, casi queriendo fundirla con su propio cuerpo, y cuando la soltó, Aro había deseado con todas sus fuerzas que no lo hubiera hecho.

La mirada de Hak era diferente, sus ojos siempre imperturbables ahora eran un mar de emociones. Sus palabras, aquellas que Aro obtenía a duras penas con cientos de tácticas, ahora salían a raudales de su boca.

Su mundo entero, que hasta entonces había sido frío y desapasionado, ahora ardía con el mismo fuego rojo que coloreaba el cabello de ella.

De pronto, su Hak había reído fuertemente y con una mano le había sacado el cabello de la cara para poder verla a los ojos.

Al menos Aro no había sido la única que había tenido ese impulso.

― ¿Hice algo-? ―había comenzado Hak con voz cautelosa― ¿Te lastimé de alguna forma?

― ¡No! ―resopló Aro― No hiciste nada malo, y sé que este es el peor momento posible, pero no puedo hacerlo.

Hak se pasó una mano por el cabello, sacando de su lugar aquellos mechones que hasta ahora se habían mantenido cuidadosamente peinados hacia atrás.

―No lo entiendo.

Él se veía más apuesto que nunca. Su traje era de un agradable color negro y le quedaba perfectamente. Su moño negro estaba a medio hacer, prueba de que ella lo había interrumpido de pronto.

Las lágrimas se amontonaron en los ojos de Aro y ella tomó asiento, tratando de calmarse mientras sus manos alisaban su vestido.

―Sé lo de Yona.

Hak comenzó a mascullar unas palabras y sin girarse a mirarlo, Aro le impidió hablar.

―Siempre lo he sabido. ¡Y lo acepté! Pensé que podía vivir con ello- ―una lagrima fugitiva cayó sobre su vestido. Aro se apresuró a secarla con manos temblorosas.

―Aro-

―Eres el hombre de mis sueños y creí que podía vivir siendo el segundo lugar, pero no puedo hacerme eso. No puedo hacernos eso.

Tras un suspiro profundo, Aro lo miró directamente. El rostro preocupado de Hak parecía seguir procesándolo todo.

―Merezco ser la prioridad de alguien ―dijo ella con la mandíbula tensa, tragándose un:"merezco que alguien me mire como tú la miras a ella".

―Lo haces ―suspiró Hak, suavizando la mirada.

Aro cerró los ojos. Ella lo sabía, pero eso no hacía que doliera menos el saber que no podía ser él.

―Yo- yo puedo hacerlo ―cuando ella lo miró de nuevo, Hak se encontraba arrodillado frente a ella por segunda vez en su vida―. Lo que crees de- de Yona no es como tu piensas.

Sin darse cuenta, su mano se posó sobre la mejilla de Hak muy suavemente, como si él fuera a desaparecer de pronto.

―Mi dama de honor no está aquí ―dijo Aro, sin dejar de mirar sus ojos azules― y ambos sabemos por qué.

Hak desvió la mirada entonces, pero había sido tarde, Aro lo había visto. La esperanza.

Incorporándose de un salto, Hak comenzó a recorrer la habitación de un lado a otro sin dejar de desacomodarse el cabello.

―La boda está por comenzar. No deberíamos estar hablando de esto.

La desafortunada novia se levantó de su asiento, sintiéndose casi incorpórea, y detuvo el ir y venir de Hak colocando una mano en su brazo.

―Te amo ―ella dijo, grabando su rostro en su memoria y deseando haberlo besado, aunque fuera una vez más―. Sé que nunca te atreverías a romper una promesa, por eso te libero de ella.

Los ojos azules de Hak se llenaron finalmente de comprensión: Aro no iba a cambiar de opinión y no había nada que él pudiera hacer para remediarlo.

―Deberías buscarla ―suspiró ella, dándole un último apretón a su brazo y saliendo de la habitación sin mirar atrás.

En lo alto de la iglesia, comenzaron a sonar las campanas mientras Aro salía por la puerta. Afuera el sol brillaba agradablemente y tras respirar el aire fresco del exterior, ella supo que todo estaría bien.


Concepto: Irse en el último momento antes de que la cita llegue.

N/A: Este fic podría considerarse relacionado con el capítulo 1 de Akatsuki no Hollywood. s/12963906/1/Akatsuki-no-Hollywood