DÉJAME DECIRTE

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío

~ o ~ o ~ o ~

Honoka revisó la hora en su reloj de pulsera, faltaban un par de minutos para las siete. Pese a ya estar oscuro, las luces de la ciudad le daban mucha vida a los alrededores. Era normal ver la calle llena de trabajadores que iban de regreso a casa, o de familias completas que salían por la compra y golosinas para sus pequeños, también podían verse estudiantes mayores y jóvenes de su edad que gustaban de simplemente dar un paseo luego de un largo día de estudios.

Y justamente a eso iba Honoka, a un paseo con su mejor amiga luego de un ocupado día.

Y debía decir que el paso de los años le hizo bien a Nagisa, era más puntual que nunca. Sonrió al escuchar apresurados pasos ir en su dirección. Podía reconocer esos pasos hasta dormida, se giró para poder recibir a su compañera con una sonrisa. Nagisa se detuvo a tres pasos de ella mientras tomaba aire. Honoka no necesitaba preguntar para saber que llegó corriendo desde la estación de tren.

─Buenas noches, Nagisa. Llegas justo a tiempo ─le extendió un pañuelo desechable para que se secara el sudor de la frente.

─Gracias ─la deportista tomó aire de manera honda. Se limpió el rostro y pudo darle un mejor vistazo a su amiga. Sonrió, no era usual verla usando pantalones, pero se veía muy bien con pantalones ajustados, botas y una chaqueta. Muy apropiados para principios de Primavera. Ella misma iba de falda, blusa, un suéter y zapatos deportivos. Más casual y muy femenina. También llevaba una mochila con objetos personales y una muda de ropa limpia.

Honoka igualmente sonrió al verla de manera más detenida. Se veía muy linda. ─¿Nos vamos? Te encantará el sitio, tienen un ramen delicioso, te garantizo que te va a gustar.

Ésta vez fue el turno de Nagisa de visitar la zona donde residía actualmente su mejor amiga. Eso de estar en su último año de universidad las tenía ocupadas a ambas, pero trataban de darse tiempo para verse una vez al mes. Pese a ir a distintas universidades en distintos distritos, no estaban tan lejos la una de la otra en realidad, llevaban casi cuatro años estudiando y no habían perdido el contacto en lo absoluto.

Tenían un lazo que simplemente era imposible de romper.

─En las fotos que me mandas cada que cenas ahí, todo se ve delicioso ─dijo Nagisa con alegría. Estaba contenta porque pasaría ese viernes en la noche, todo el sábado y el domingo en la mañana con Honoka antes de volver a la Universidad. Por sus buenas notas y su desempeño en el equipo, se le dio permiso de salir ese fin de semana completo y comer y beber lo que quisiera mientras no exagerara.

─Yo invito, puedes pedir todo lo que quieras ─anotó la joven científica con una sonrisa alegre. Imposible no sentirse contenta cuando podía compartir tiempo con Nagisa de esa manera.

─Honoka, sabes que como mucho cuando tengo permiso de la entrenadora de romper la dieta, no quiero abusar de tu hospitalidad y dejarte con la cartera vacía ─aclaró la atleta con gesto apurado.

─Conozco tu apetito, Nagisa, ya no puedes sorprenderme ─respondió con una risa pequeña─. Créeme, puedo cubrirlo. Mis padres me mandaron un extra a principios de semana y anotaron que podía gastarlo como quisiera, así que decidí gastarlo contigo.

Y eso le dio mucho alivio a Nagisa, sobretodo al saber lo desprendidos y exagerados que eran los padres de su mejor amiga en cuestiones materiales y monetarias. ─¡Genial! Entonces pediré hasta quedar llena. Estuve entrenando duro toda la semana para el inicio del torneo y lo que me dan como parte de la dieta no me llena ─se quejó con una visible mala cara, le tenían bien cuidada la comida y totalmente prohibidas las golosinas.

─Lamento escuchar eso ─le dio un cariño en la espalda. Debía ser duro para su amiga seguir una dieta estricta y controlada considerando que era una glotona sin remedio.

Compartieron una mirada, una sonrisa y una risa, caminaron por unos diez minutos más hasta llegar a un pequeño local de ramen. Uno se podía sentar en la barra u ocupar una de las tres mesas pequeñas que cabían dentro de sitio. El aroma desde una calle antes abrió el apetito de Nagisa y su estómago lo dio a saber con el mejor de sus rugidos.

El par se sentó en una de las mesas. Al ser cliente frecuente, el dueño de ruda apariencia le dio una cálida bienvenida a Honoka y a su acompañante. La científica se tomó la libertad de pedir "dos de lo de siempre" a sabiendas que Nagisa probaría los otros sabores de ramen apenas devorara su primer tazón.

─Beberé cerveza, ¿te dejaron beber alcohol? ─preguntó Honoka antes de pedir sus bebidas.

─Puedo pedir cerveza también, tengo permiso de comer y beber lo que quiera mientras no me enferme del estómago ─dijo Nagisa con alegría. Era capaz de beber cerveza, pero sólo cerveza, el sake la emborrachaba demasiado rápido.

─De acuerdo ─miró al ayudante─, dos latas de la cerveza de siempre, por favor ─la científica gustaba de una marca de cerveza clara bastante ligera y de la que podía beber bastante antes de ponerse ebria.

Mientras llegaban sus órdenes, volvieron a mirarse a la cara con una sonrisa. Estar la una con la otra siempre las ponía muy, muy felices. Honoka le regaló un suave gesto a Nagisa antes de ofrecerle la mano. La deportista aceptó y estrechó cariñosamente la mano de su compañera.

─¿Cómo te ha ido en las clases? ─preguntó Honoka primero. Solían preguntarse eso mismo en mensajes, pero no era lo mismo resumir su día a día en cortos mensajes de texto, a actualmente contarse las cosas cara a cara.

─No me quejo, las materias no me son tan complicadas, menos si estudio en grupo ─la deportista sonrió mientras jugaba sus dedos con los de Honoka─. Esto de ser profesora de educación física a futuro suena divertido, los niños me agradan. Tengo tareas pendientes, pero son cosas que puedo hacer en la semana que viene, no llevo mucha prisa y lo mejor es hacerlo con calma y concentrada, ¿verdad?

Honoka sonrió de manera amplia. ─Exactamente, debes sentirte motivada por el deseo de aprender, así que hazlo a tu propio ritmo. Recuerdo que me comentaste algo de una investigación, lo hiciste por mensajes.

─Sí, una investigación independiente sobre el modo de enseñanza que mejor me acomode, para ese tengo el resto del año escolar, así que lo haré a consciencia y con calma como me has enseñado ─respondió la deportista con una sonrisa enorme─. ¿Podrás venir a mi primer partido en el torneo?

─No me lo perdería. Ya tengo reservado ese día para ir a verte ─y era una lástima que no pudiera quedarse con ella porque Nagisa seguía en calidad de interna y todavía se quedaba en los dormitorios de su campus. Dormitorios donde no se permitía personal ajeno a la universidad deportiva, por cierto. Las veces que iba a verla por un fin de semana completo, solía quedarse en algún hotel económico cercano.

Nagisa estaba por agregar algo a la conversación, pero el ayudante llegó con los ramen y el par de latas de cerveza. La cara de ésta al ver el enorme bowl de ramen especial de la casa la hizo salivar casi de inmediato.

─Huele bien.

─Y sabe aún mejor ─dijo Honoka con bastante buen humor. Abrió su lata de cerveza y la colocó en posición de brindis. Nagisa de inmediato abrió la suya y chocaron sus latas─. ¡Salud!

─¡Salud!

Y ambas dieron un buen trago antes de soltar un suspiro de alivio. Se sentía bien la cerveza fría luego de un largo día de trabajo y estudios. Ambas dieron gracias por la comida y Honoka esperó a que Nagisa probara bocado primero. Su sonrisa fue automática al ver el gesto de encanto de Nagisa.

─¡Honoka, esto está delicioso! ─exclamó la deportista antes de comer como si no hubiera un mañana. Daba largos bocados y poco le importaba ensuciarse un poco la boca.

─Es el especial de la casa, tienen otras dos variedades, que es la de cerdo y la de vegetales. He probado los tres y son buenos, pero mi favorito es éste ─porque combinaba de todo un poco y al menos ella lo encontraba muy nutritivo y completo luego de estudiar todo el día y la tarde.

─Los... Probaré... Todos ─dijo Nagisa entre bocados. Su primer tazón se estaba yendo rápido.

Honoka comía con más calma. Pidió que les llevaran unas cervezas más y fueran preparando de una vez el ramen de cerdo para Nagisa, sabía que terminaría muy pronto su primera ración. Pasados poco más de treinta minutos, Nagisa comía su tercer bowl con más calma mientras Honoka bebía tranquilamente lo suyo y disfrutaba de unas frituras que les habían acercado para acompañar sus bebidas.

─Oye, Honoka ─la deportista bebía el caldo que le restaba para poder recibir su siguiente ración─. ¿Cómo salió todo con esa chica? Sakura, ¿verdad? ─preguntó, curiosa. Por mensajes no siempre era posible ser tan detalladas, además, asuntos como ese prefería platicarlos en persona.

Honoka dio un trago a su lata antes de mirar a Nagisa con una sonrisa pequeña. ─No funcionó del todo bien. Quedamos como amigas y no es incómodo trabajar juntas en los proyectos grupales, pero ya no es tan cercana a mi como antes ─explicó Honoka. Desde preparatoria salía con chicas mientras Nagisa salía con chicos─. No coincidimos del todo, así que... Decidimos darnos espacio.

─¡Qué mal! ─Nagisa frunció el ceño, agradeció al ayudante su nueva ración y comenzó a atacar el ramen mientras hablaba, quizá no con mucha educación pero eso no le era nuevo a Honoka─. Ella se lo pierde, en serio, no sé porqué se alejan, ¡eres fantástica! ─dijo entre bocados─. Eres muy linda, eres lista, eres gentil y amable, ¿qué más quieren?

Honoka se sonrojó intensamente al escuchar todos los halagos de Nagisa. Se ocultó como pudo detrás de su lata de cerveza, esperando que su sonrojo pasara más por culpa del alcohol que por las flores que su amiga le lanzaba. ─Me lo dijo, la tomé por sorpresa con mi actitud severa y fue algo con lo que no pudo... Um... Lidiar.

Nagisa refunfuñó. ─Esa parte de ti es genial también, porque te apasiona y te tomas en serio todo lo que haces, además tu misma me lo has dicho, es peligroso eso de la ciencia y uno siempre debe estar atento, ¿o no? Es lo mismo con lo que yo hago, si no tengo cuidado puedo lesionarme. Éstas cosas hay que tomarlas en serio.

La científica soltó una risa pequeña. Sentía un cosquilleo extraño en el estómago, el mismo que siempre la atacaba cuando tenía esos momentos más personales con Nagisa. No importaba cuánto tiempo pasara, los síntomas eran los mismos. Su amor romántico por Nagisa seguía muy vivo dentro de su corazón. ─Eso dije y eso es lo que siempre hago, pero ella dijo que a veces soy demasiado seria ─suspiró y miró a Nagisa con curiosidad─. ¿Lo soy?

─Lo eres cuando debes serlo y eso no es malo, ya te lo dije, todas esas partes de ti son geniales, incluidas las serias y hasta cuando te enfadas, porque uno en verdad debe esforzarse para hacerte enfadar ─dijo la deportista antes de echarse a reír al ver el súbito sonrojo en Honoka, luego de que casi se ahogara con su cerveza.

─¡Nagisa! ─una ruborizada Honoka se limpió la boca con una servilleta, pudo resistir el impulso de toser pero eso le costó mojarse un poco. Frunció el ceño de inmediato.

─¡Ja, ja, ja! ¿Ves? ¡Ya te enfadaste! ¡Tus gestos son increíbles! ─Nagisa pudo controlar sus carcajadas unos segundos después. Se terminó su lata de cerveza y pidió un par más al notar que Honoka ya casi se acababa la suya.

─El punto es que estoy soltera de nuevo, aunque ahora mismo prefiero concentrarme en los proyectos del nuevo curso ─abrió la nueva lata que le llevaron y bebió de inmediato. Comenzaba a sentir el calor en el cuerpo, en las mejillas sobretodo. Reconocía sus propios síntomas, ya estaba alcoholizada pero aún no se ponía tan "alegre" y tenía todos los sentidos funcionales todavía.

─Si está bien para ti, entonces hazlo, después de todo es lo que más te gusta hacer ─dijo Nagisa con una sonrisa que hizo sonreír a Honoka.

─Y ya que estamos en el tema, ¿cómo te fue a ti con ese chico Hiroki? El que me dijiste que es del equipo de atletismo con el que tu equipo comparte el campo de entrenamiento ─ella también estaba al tanto de las relaciones románticas de Nagisa. El aceptar que sus sentimientos no serían correspondidos porque a Nagisa le gustaban los chicos, le había hecho más sencillo permitir que otras personas intentaran intimar con ella.

Ninguna con éxito hasta el momento, por cierto.

Nagisa soltó un largo y cansino suspiro. ─Quería conocer todo de mí menos mi personalidad, créeme, lo dejó muy en claro y YO le dejé en claro que no salgo con tipos como él ─se quejó la chica─. Tuve ganas de darle una lección pero lo pensé dos veces, meterse en una pelea puede hacer que lo saquen a él y a mi de nuestros equipos.

Ésta vez fue el turno de Honoka de indignarse. ─¿Intentó propasarse contigo? ─se enfadó─. En la foto que me mandaste parecía un buen chico, deja que me lo tope y ─y dio un largo trago a su cerveza.

Ver el genuino enojo de Honoka hizo sonreír mucho a Nagisa. ─No le hagas nada, por favor. Sí, fue un idiota, pero se detuvo cuando se lo pedí y me dejó en paz luego de que le aclaré las cosas. Por favor, no le vayas a romper la nariz.

─No prometo nada ─murmuró Honoka con la lata aún contra sus labios.

La deportista se echó a reír de nuevo, de buena gana, con mucha alegría gracias a Honoka. Y ésta, al ver a su compañera, no tuvo más opción que relajarse y echarse a reír también.

El resto de la cena (de Nagisa) se les fue hablando de sus clases, de anécdotas que tenían reservadas precisamente para su encuentro, de algunas cosas que esperaban a futuro e incluso llamaron a Hikari por teléfono para saludarla y darle a saber que estaban juntas en ese momento. Mepple y Mipple, por cierto, estaban en casa de los Yukishiro cuidando en secreto de Sanae. A Honoka le preocupaba mucho que su abuela se quedara sola luego de que ella partiera a estudiar a otro distrito, pero ellos se ofrecieron a cuidarla y de paso vigilar a Porun y a Lulun para que no volvieran loca a Hikari.

Y precisamente, Hikari les comentó a las chicas que la abuela estaba bien y que casualmente siempre dejaba algo de comer en la mesa para el Héroe y la Princesa. Pensar que Sanae no sabía todo lo que ellas hicieron en su época como Guerreras Legendarias era engañarse a propósito.

Siguieron bebiendo un rato más hasta oficialmente quedar ebrias. No tanto como para necesitar ayuda, pero sí tenían las mejillas, las narices y las orejas rojas, hablaban un poco más alto de lo normal y se reían por cualquier tontería. Literalmente. Y no estaban TAN perdidas, porque un par de oficinistas intentaron acercarse para socializar y ellas se encargaron de alejarlos con sus mejores poses ofensivas.

Seguían siendo guerreras en sus corazones, sí, sabían cómo amedrentar. Los pobres tipos se fueron con la cola entre las patas.

─Será mejor que nos vayamos ─Honoka revisó la hora, eran cerca de las ocho con treinta. Gracias a Nagisa consumieron bastante en el establecimiento. Pidió la cuenta al ayudante y miró a su amiga─. ¿Quieres que compremos algo antes de -hic- ir a mi apartamento?

─No estamos muy lejos, ¿verdad? ─con algo de trabajo, trató de repasar mentalmente la distancia al edificio donde vivía Honoka. Lo logró y asintió─. Pasemos a la tienda a comprar algunas galletas, necesitaremos algo para -hic- componernos el estómago además del té ─dijo con una risa que salió sin motivo alguno.

Ambas sabían que les esperaba una buena resaca al amanecer y estaban bien con ello, no sería la primera ni la última.

─Compraré algunas cosas para el desayuno ─pagó la cuenta y ambas salieron de ahí sin trastabillar mucho. Podían mantener muy bien el decoro pese a lo ebrias que estaban. Salvo sus caras rojas y el tono de sus voces, lucían muy normales a simple vista.

Lo otro cierto, también, era que el alcohol les soltaba un poco más la lengua.

Pasaron a la tienda como tenían planeado y llegaron al apartamento de Honoka cargando algunas bolsas. El apartamento era pequeño y cómodo. Siendo Honoka como era, lo tenía limpio y relativamente ordenado si uno ignoraba los libros que tenía desperdigados en su escritorio de trabajo y las otras mesas del piso. También había equipo simple de laboratorio y hasta un microscopio, su computadora desde luego; y quien entrara diría sin temor a equivocarse que ahí vivía una persona fanática de la ciencia.

A Nagisa le gustaba mucho el piso de Honoka y muchas veces había fantaseado con tener un piso para ella sola, o al menos compartir sitio con Honoka, pero los gajes de estar en un equipo deportivo era que la mayor parte de su tiempo debía pasarla con el equipo. Sería un poco más libre luego de graduarse, hasta entonces, seguiría compartiendo cuarto con su ruidosa compañera de clases que se la pasaba hablando y mandando mensajes de texto con su novio en turno.

Y hablando de mensajes de texto, en el teléfono de Honoka sonó la alarma avisando de un mensaje. La joven lo atendió mientras metía parte de las compras a la nevera y Nagisa dejaba su mochila en el dormitorio y se refrescaba un poco en el cuarto de baño.

Nagisa no sentía culpa por estar de curiosa en los asuntos de Honoka, ambas se tenían suficiente confianza como para mostrarse los mensajes que recibían. ─¿Algo de la escuela? ─preguntó Nagisa al salir y ver a su amiga escribir en su teléfono.

─Sí, puede decirse que sí ─respondió mientras presionaba el botón de "Enviar" y notaba que el mensaje se marcó como Leído casi de inmediato─. De Sakura ─Nagisa frunció el ceño y Honoka lo notó. Rió un poco mientras servía un par de vasos con agua y le ofrecía uno a Nagisa. Ambas fueron a tumbarse al sofá y Honoka encendió el televisor, casi siempre lo tenía en un canal de noticias, por asuntos del clima más que nada─. No pongas esa cara, es algo de la escuela ─y le extendió su móvil mientras daba pequeños sorbos a su agua. Aún sentía el cuerpo caliente y la cabeza ligera, culpa del alcohol.

Nagisa tomó el teléfono y leyó el mensaje. De discreta manera notó que el mensaje anterior a ese tenía poco más de una semana de antigüedad y sólo era un "OK" de parte de la ex de su mejor amiga. Seguía con el ceño fruncido porque ese mensaje nuevo quería decir mucho más, o al menos eso le decía su cabeza alcoholizada. Bebió un poco de agua antes de leer el texto en voz alta. ─"Tenemos que trabajar en lo que nos falta de la muestra, quieres que vayamos al parque a colectar lo que nos falta?" ─la deportista refunfuñó─. Déjame decirte que me suena a que quiere dar un paseo en el parque contigo ─dijo. La respuesta de Honoka fue un "Estaré ocupada todo éste fin de semana, podemos platicarlo el lunes."

─¿Tú crees? ─preguntó Honoka con tono cómico mientras sonreía de manera divertida─. El proyecto que tenemos es sobre el desarrollo de un componente que ayude a descomponer con mayor eficacia los desechos no reciclables. Así que básicamente iremos a colectar basura ─dijo con una risa pequeña, bebió más agua.

─¡A eso me refiero! ─dejó el teléfono y su vaso con agua en la mesa y encaró a Honoka con mucho apuro, movía de más los brazos, culpa de su estado de ebriedad─. Puedes conseguir basura de tu propia casa, ¡y ella también! ¡Es obvio que quiere dar un paseo contigo! Yo misma le puedo llevar mi bote de basura si es lo que quiere ─se cruzó de brazos de manera digna, furiosa─. No puedo creerlo, ¡vaya descaro!

Honoka no resistió mucho y se echó a reír mientras se recargaba en Nagisa. Terminó en su regazo por culpa de su propia torpeza etílica y ni así dejó de reír. Ver a Honoka así hizo reír a Nagisa hasta que finalmente se carcajeó junto con ella.

Siguieron riendo por varios minutos más sin poder controlarse. La falta de aire y un creciente dolor abdominal las obligó a detenerse. Soltaron más de un suspiro para terminar de tranquilizarse. Honoka miró con mucha dulzura a Nagisa y, sin pensarlo siquiera, le ofreció su mano. La deportista tomó la mano de su compañera en automático y sonrió. Sus dedos se entrelazaron, jugaron entre ellos por instinto, con gusto.

─Nagisa, estás ebria.

─Tú también.

─Gracias por ofenderte por mi ─dijo Honoka con cariño.

─Alguien debe hacerlo, Honoka ─respondió Nagisa con una sonrisa amplia. Suspiró hondo y apretó con gentileza la mano de su mejor amiga. Y sin saber si era por el alcohol que aún tenía en la cabeza o por el hecho de que alguien fuera tan ciego para no ver que Honoka era fantástica, la boca se le soltó─. ¿Sabes? Esto nunca te lo he dicho, pero ─no se lo había dicho antes porque era su pequeño secreto y en circunstancias normales no lo mencionaría ni de broma, pero esas siete latas de cerveza hicieron lo suyo─... Desde que te conocí, siempre he pensado que de ser un chico, tú serías el tipo de chica que me gustaría y con la que saldría...

Honoka de inmediato sintió que el estómago le daba un vuelco por culpa de una súbita emoción que no conocía, fue como ir en bajada a toda velocidad en una montaña rusa. Tragó saliva. Hasta el alcohol se le bajó de la cabeza por culpa de la sorpresa.

─Nagisa...

─Es en serio... Y déjame decirte que lo pienso seguido, como cuando me mandas fotos tuyas vistiendo ropa nueva. ¿Recuerdas el vestido azul cielo que venía con el bolso a juego? ─su amiga asintió torpemente, pero en ese momento el alcohol hizo que no le pusiera mucha atención a esos gestos, tenía la lengua suelta y la cabeza no le funcionaba para saber que estaba soltando su mejor secreto a su mejor amiga─. Me gustó tanto que volví a pensarlo, me dije "si en serio fuera un chico, le pediría a Honoka salir conmigo ahora mismo" y entonces puse la foto en el contacto de mi teléfono y cada que me llamas o me mandas mensaje, esa foto aparece ─asintió con propiedad.

Honoka tuvo que sentarse, se sintió mareada un momento... No estaba muy segura de si Nagisa era consciente de todo lo que le estaba dando a entender en ese momento, quizá por culpa del alcohol. No soltó su mano, por cierto. Miró a Nagisa con el rostro enrojecido aún. La veía muy normal y eso la convenció de que fue el alcohol el que la hizo cantar. Quizá la peor (o mejor) parte era que los ebrios siempre decían la verdad. Con su mano libre se cubrió un poco la boca.

─¿Honoka?

─¿De verdad piensas eso?

─¡Claro que sí!

Honoka se cubrió el rostro completo, esa chica iba a matarla sin darse cuenta. Eso quería decir... Esas palabras le daban a saber que siempre le ha gustado a Nagisa de alguna manera. Suspiró y terminó recargada en el hombro de su amiga. ─No tenía idea... Es cierto, nunca lo mencionaste antes...

─Pues porque no quería decirlo, no era apropiado y... Y ─y hasta ese momento percató que le dijo lo que se supone nunca le iba a decir. Tartamudeó un poco y enrojeció tanto que Honoka seguramente sintió el calor en su cara. Y confirmó esto último cuando su amiga presionó un poco más su mano─. Yo... Ah ─gruñó un poco y luego masculló entre dientes─... No puedo creerlo, lo dije...

─Me gustó escucharlo.

Y se quedaron quietas, en silencio para tratar de digerir lo que Nagisa acababa de confesar sin darse cuenta. No que el silencio durara demasiado, la deportista tenía unas pequeñas dudas en la cabeza y quería aclararlas ahora que estaban sacando sus secretos al aire.

─Oye, Honoka...

─¿Hmm?

─Tú... Ah... ¿Desde cuándo te gustan las chicas? Digo, en secundaria nunca te vi salir con alguien y... Luego en preparatoria esa chica se te confesó y la aceptaste, ¿lo recuerdas?

─Sí, por ese entonces tú salías con Fujimura ─y aceptó salir con esa compañera porque se había rendido con los sentimientos que tenía por Nagisa. Verla salir con su casi hermano mayor fue el golpe que necesitaba para despertar y saber que por mucho que amara a su mejor amiga, lo suyo no funcionaría porque a Nagisa le gustaban los chicos y no quería arriesgar su amistad por culpa de esos sentimientos─. Fue desde ahí, seguramente desde antes y por eso nunca acepté salir con ningún chico. Debo decirte que nunca me llamaron la atención y... Cuando Akiko me pidió salir, de verdad lo consideré y acepté porque... Bueno... Me sentí más cómoda.

No había necesidad de mencionar que su amor por Nagisa seguía muy vivo y no quería admitir que quizá por eso sus noviazgos no funcionaban al final, su reciente ex-novia era la prueba de ello.

─Tengo curiosidad sobre algo... ¿Te puedo hacer una pregunta rara? ─Nagisa realmente quería saber, así que la encaró y la animó a verla también a los ojos.

─Sabes que sí, puedes preguntarme lo que quieras ─respondió Honoka. Tanto ella como Nagisa se notaban nerviosas, pero eso no detuvo las siguientes palabras de su mejor amiga.

─¿Yo te gusté alguna vez?

Ese golpe fue directo al pecho de Honoka. El rubor en su rostro aumentó, empeoró de hecho y se notaba lo mucho que le había afectado la pregunta. Nagisa abrió más los ojos, su corazón comenzó a latir más fuerte, adivinando la respuesta por anticipado y pidiendo a todos los dioses estar en lo correcto.

Honoka no tuvo la fuerza para seguir encarándola, bajó el rostro y se recargó en el hombro de Nagisa. Suspiró tan hondo y tan fuerte que se escuchó en todo el apartamento. Hubo silencio unos segundos antes de que Honoka tuviera la fuerza de decirlo. Si Nagisa acababa de decir algo tan importante e íntimo, entonces le tocaba corresponder. Tomó aire. No miró a Nagisa pero sí estrechó más fuerte su mano.

─Sí ─al momento de decir eso, sintió a Nagisa respingar y el calor en su rostro aumentar. Su propio rubor se volvió más violento. Suspiró de nuevo─. Fuiste la primera persona que me gustó y ─tenía qué decirlo, podía decirlo. Ahora sí la encaró, Nagisa estaba tan roja como ella─... Y aún me gustas... Me gustas mucho, Nagisa.

Nagisa sintió que el corazón estaba a punto de escaparse de su pecho. Sintió un calor en todo el cuerpo, sintió un temblor... Abrió la boca pero no dijo nada, sólo podía concentrarse en los ojos oscuros y en la cálida mano de Honoka.

Y sin saber si fue la deportista o la científica la que acortó la distancia primero, fueron sus labios los que se encontraron en un dulce y suave beso. Ambas sabían de esos asuntos físicos en una relación de pareja, para ninguna era el primer beso ni el primer acercamiento, pero sí se sentía como el más dulce de todos. Sus labios se movían casi por instinto, como si conocieran y reconocieran a los otros labios y supieran cómo besarlos. Como si sus bocas estuvieran hechas la una para la otra.

El beso continuó por varios minutos más.

Honoka se dejó llevar por el sentimiento en su pecho y empujó suavemente a Nagisa contra el sofá para dejarla recostada con ayuda de su propio cuerpo. Nagisa lo consintió y se dejó hacer. Ambas suspiraron sin separar sus labios, sin hacer más sonidos que el de sus bocas acariciándose entre sí. Nagisa se aferró a la cintura de Honoka, Honoka puso sus manos en el sofá para no cargar todo su peso en su compañera pero no lo logró, ésta la pegó más a su cuerpo. Luego recordó lo fuerte y en forma que estaba Nagisa y con más confianza se acomodó sobre ella.

El beso siguió.

El beso se profundizó.

Quizá fue el alcohol, la emoción y la oleada de sentimientos que vino con su confesión, pero el calor dentro de ellas era tan insoportable en esos momentos que comenzaba a asfixiarlas. Necesitaban apagar ese calor, necesitaban dejarse consumir por esas llamas en sus pechos, querían quemarse entre sus brazos y entre besos.

─Nagisa ─Honoka aprovechó una pausa para mirar los ojos de Nagisa. Eran tan hermosos─. Yo...

─Honoka ─Nagisa tragó saliva, estaba tan sobrepasada que no podía dejar de ver el lindo rostro de su compañera de batallas, de su mejor amiga... De la chica que siempre le había gustado sin darse cuenta─. Te parece si... Ah... Vamos a...

Honoka volvió a besarla, incapaz de estar lejos de esos labios demasiado tiempo. Honoka sabía lo que quería y entendía muy bien lo que Nagisa también quería en ese justo momento. Hizo una pausa en el beso para hablar contra sus labios. ─Vamos al cuarto o nos caeremos del sillón.

Nagisa sonrió y asintió. Amaba que Honoka siempre entendiera cuando hablaba y también cuando no. Pero en ésta ocasión consideró que era buena idea decir lo que le pasaba por la cabeza.

─Honoka... Tú sabes que yo... Bueno ─¿Cuándo fue la última vez que sintió ese intenso cosquilleo en el estómago y esos nervios que se la tragaban entera pero que a su vez eran tan emocionantes? No estaba segura siquiera de haberlos sentido antes con esa intensidad. Era la primera vez que se sentía así. Por otro lado, podría no ser nueva en esos asuntos físicos de pareja, pero obviamente nunca había compartido nada con una chica.

No hubo necesidad de decirlo. Como siempre, Honoka la leía como si de un libro abierto se tratase.

─No pasará nada que no quieras que pase ─contestó Honoka con inmensa dulzura─. Podemos detenernos cuando lo desees. No llevamos ninguna prisa, ¿o sí?

Nagisa sonrió y asintió antes de volver a besarla. Su Honoka era tan dulce, tan considerada y tan amable... La amaba, sí la amaba tanto.

Sin separarse mucho, entre torpes pasos y cálidos besos, fueron al dormitorio.

~ o ~

El insistente sonido de mensajes que llegaban, uno tras otro fue lo que finalmente despertó al par. Estaban abrazadas debajo de las mantas. Apretaron los ojos antes de quejarse por culpa de la resaca que tenían encima. Se separaron, se quejaron un poco más y Honoka abrazó su almohada mientras Nagisa torpemente buscaba su teléfono en su mochila, ésta estaba en el suelo y como pudo sacó su móvil. La atleta estaba más dormida que despierta, así que tuvo que frotarse la cara para al menos poder enfocar bien los textos.

─Buenos días, Nagisa ─murmuró Honoka contra la almohada.

─Buenos días, Honoka. No me duele tanto la cabeza como pensé que lo haría ─dijo Nagisa mientras se sentaba en la cama.

─No bebimos demasiado como otras veces, pero eso no quita que nos duela la cabeza ─se acomodó de costado sin soltar su almohada─. Lo que compré anoche nos ayudará a sentirnos mejor, también tengo medicina para la jaqueca.

─Genial ─la deportista al fin pudo enfocar los mensajes, todos eran de su entrenadora, eran mensajes para todo el equipo avisando de los horarios de entrenamiento de la semana entrante. Tenían que responder de recibido, así que lo hizo con un par de caritas sonrientes y un pulgar arriba. Dejó el teléfono en la cómoda y se acomodó en la espalda de Honoka, abrazando su cintura. Suspiró─. ¿Podemos quedarnos así diez minutos más?

─Hasta veinte si quieres, es temprano todavía ─vio de reojo el reloj en su cómoda, no eran ni las ocho de la mañana. Los fines de semana se daba el gusto de despertar un poco más tarde de lo normal. Se pegó bien a Nagisa y suspiró.

Durmieron treinta minutos más, al menos hasta que sus cuerpos y sus necesidades físicas las obligaron a levantarse de la cama y comenzar con el día. Se ducharon juntas, se acicalaron y para las nueve con treinta ya estaban desayunando arroz, sopa de miso y pescado asado. Y también bebían mucho té, necesitaban hidratarse.

Aún tenían las molestias corporales propias de la resaca, pero no eran tan terriblemente incómodas, sólo un ligero dolor de cuerpo que se iría con ayuda de un par de analgésicos, para el dolor de cabeza sólo necesitaban agua, mucha agua.

─Oye, Honoka.

─¿Hmm?

─Esto... Umm ─ruborizada, le miró─. ¿Ya somos novias?

Honoka rió de manera linda y se dio un momento para limpiar la mejilla de Nagisa, tenía unos granos de arroz. ─Sí, lo somos.

─Entonces... Ya no tendremos que hacerle caso a nadie, ¿verdad? ─besó la palma de Honoka antes de que alejara su mano, sonrió al verla sonreír─. Digo, a veces pareciera que alguien espera su turno para aparecer frente a mi cuando se dan cuenta que ando soltera ─refunfuñó.

─Creo que puedo decir lo mismo, es algo... Incómodo a veces ─le regaló un bocado de su pescado a Nagisa, ésta felizmente lo aceptó─. Pero ya no tendremos que hacerlo, me tienes y te tengo, así que... Sí, somos novias y somos ex-clu-si-vas ─dijo con tono propio y serio antes de seguir desayunando.

─¡Genial! ─se terminó su tazón de arroz y ella misma se sirvió una segunda ración, más llena─. ¿Sabes? No es que me gusten las chicas, sólo te quiero a ti. ¿No es raro?

─No en realidad, a ti te puede llamar la atención la persona que quieras y que te sea cómoda, Nagisa, no importa qué sea mientras te guste y... Claro, le gustes a esa persona.

─Me quieres y te quiero, creo que no hay más por discutir, ¿verdad?

O al menos eso pensó la deportista, pero luego repasó sus propias palabras y quizá sí debían dejar en claro algunas cosas. Por ejemplo, cómo llevarían su relación de ahora en adelante considerando que vivían en distritos distintos y no se veían tan seguido como les gustaría, también tenían el asunto de sus estudios y futuro trabajo y muchas cosas más.

A Honoka no le era nuevo ese infantil gesto de Nagisa cuando llegaba a una conclusión simple y sólida, para luego ponerse pensativa. Asintió.

─Exacto, no hay nada más por discutir, al menos no por ahora ─le miró─. De momento no podremos estar juntas todo lo que queramos, pero... ¿Sabes? Nada nos impide vivir juntas cuando nos graduemos y encontremos trabajo. Podemos seguir como hasta ahora, viéndonos una vez al mes. Será complicado no tenerte cerca, pero no es como si siempre fuera a ser así, tenemos mucho por hacer todavía, ¿verdad?

Nagisa sonrió, no pudo evitar una breve pero sonora carcajada. ─¿Acaso me lees la mente? ¿Cuándo aprendiste y no me dijiste, eh?

Honoka rió. ─Tenemos mucho y nada en común, Nagisa, siempre hemos sido así. Y de alguna manera pensamos al mismo nivel aunque no pensemos lo mismo... Es... Es como mágico, ¿verdad?

─Sí, lo es ─dio varios bocados a su arroz hasta dejar la mitad─. ¿Adónde saldremos ésta vez? Dijiste que sería sorpresa.

─¡Oh! Verás, a unas calles de aquí abrirán un nuevo centro comercial, hoy es la inauguración y habrá muchas actividades y ofertas, ¿vamos?

─¡Sí, vamos! Podemos tomarnos fotos en una cabina y pasar al arcade a jugar. Podemos ver ropa también y seguro que tendrán mucha comida.

─Imaginé que dirías eso, por eso pensé en que sería un buen sitio para un paseo ─enseguida lo pensó mejor─. Pero creo que técnicamente es una cita, así que... Sí, es un buen sitio para una cita.

Nagisa se sonrojó de manera linda al escuchar eso. Devoró su pescado y el resto de su desayuno. ─Creo que nunca me había emocionado tanto por escuchar la palabra "cita".

─Yo tampoco ─Honoka también acabó su desayuno y entre ambas lavaron los platos.

Sólo eso, el resto de la casa estaba bien así, Nagisa no quería mover los libros de Honoka de su sitio. Pese a ser un pequeño caos, sabía que era un caos ordenado por todos los separadores y hojas con anotaciones que tenía. Esos pequeños detalles en Honoka le gustaban mucho.

Por su lado, Honoka se sentía demasiado feliz, tanto que no podía dejar de sonreír. Imposible saber que una visita como muchas otras antes terminaría de esa manera. Quizá fue el momento, quizá era inevitable, quizá el lazo que las unía o que simplemente llegó su tiempo. Lo que fuera, no pensaba soltarlo, iba a amar a Nagisa como siempre quiso hacerlo.

Ambas sabían que eso que tenían ahora no era como lo demás. Se sentía más, se sentía mejor y simplemente se entregaron.

Mano a mano, salieron del apartamento de Honoka a disfrutar de su cita y de ese fin de semana.

Tenían mucho tiempo por delante y lo iban a disfrutar.

FIN