|Solo nos queda...|

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Este fic pertenece a la #Kiriasuweek2020

Fecha:02 de Octubre.

Tema Escogido: ¿Es tarde para decir te quiero?

Finalmente algo la despertó de su sueño.

Por alguna razón, este era débil e intranquilo, la mantenía en un sopor constante, quizás debido a los rastros de alcohol que aun subsistían en su sistema y que no permitían que su descanso fuera completo. Abrió los ojos, parpadeando unos segundos antes de volver a cerrarlos, sintiéndose completamente desorientada y tonta al no reconocer donde se hallaba. El sol, o mejor dicho, el nacimiento del astro, fue suficiente para encandilarla, probó abriendo otra vez los parpados, y dio una ojeada furtiva a su alrededor; habitación grande, cálida y lujosa. La cabeza le molestaba, pero no lo suficiente como para girarse y enfrentar el problema mayor que la esperaba yaciendo tranquilamente a su lado.

Reprimió una maldición al reconocer a su acompañante dormido, e hizo todo lo posible para zafarse de sus brazos. Pero le resultó casi imposible por la forma poderosa en la que él la mantenía anclada a su cuerpo. Luego de varios intentos, finalmente pudo desligarse del enredo de brazos y piernas, y sentarse en un costado del lecho, mirando con fastidio desmedido las prendas de ropa, suyas obviamente, que decoraban el suelo. No sintió recato ni vergüenza al reconocerlas por primera vez, soltó un bufido y tomó lo que más próximo encontró para cubrir su desnudez, lo que resultó ser una camiseta de él. No le importó, se la colocó sin mayor preámbulo y se levantó de la cama, dejando que la inercia al ponerse de pie, acomodara el resto de la prenda sobre sus curvas. Se acercó a la ventana y observó el nacimiento del día desde la habitación del tercer piso donde se encontraban. Pegó los dedos al cristal mirando sin ver el cielo teñido de naranja, y los rayos cada vez más tibios del sol que le acariciaban el rostro.

Cerró los ojos antes de volverse y enfrentar el espectáculo que seguía allí tendido de lado en la enorme cama king, y que ni siquiera se había percatado de su ausencia. Pese a la luz de la aurora, los rasgos masculinos eran un misterio para ella, lo veía ahí dormido y le costaba reconocerlo. Porque ese hombre apuesto y anguloso no tenía nada del niño, o del jovencito que solía conocer, y con quien había pasado la noche. Viendo sus atractivos rasgos, sintió un cosquilleo en el bajo vientre… algo que le hizo absorber aire repentinamente.

Eso la hizo volverse una vez más hacia la ventana, algo asqueada consigo misma. Ella había sido la culpable principal de que todo finalizara así; compartiendo la cama y convirtiéndose en la amante de su ex-novio.

Recordaba levemente como había iniciado aquello, había tomado unas cuantas copas con el joven mientras hablaban de todo y de nada en particular, luego de muchos tragos vino la poca coordinación de sus movimientos conforme el alcohol empezaba a actuar, los chistes sin sentido que le sucedieron los cuales distendieron y condimentaron el ambiente, para luego culminar en miradas intensas, y caricias tímidas que acompañaban una necesidad acuciante que nacía desde el fondo mismo de sus entrañas.

En algún momento esas caricias tímidas tomaron confianza, y decidieron ir más allá de lo permitido, las manos tomaron un carril peligroso y familiar, los ojos ausentes admitieron el control que el otro ya no tenía, quitando el candado a las emociones reprimidas y negadas. Entonces fue natural que si las manos se buscaran, los labios también lo hicieran, y pronto los dos jóvenes habían dejado la charla y los tragos de lado para dedicarse a la nueva actividad de besarse, de reencontrarse, y de dejar que sus bocas se amoldaran a su antojo. Actividad que fue plenamente degustada por ambos.

Ella recordaba como en una nebulosa ese fugaz instante en que él la viera con sorpresa, y murmurara fascinado esas palabras que dieron pie a lo que sucedió después.

Mis sentimientos nunca cambiaron.

Luego de eso no hubo marcha atrás. Reconocería hoy y siempre que se lanzó de modo enardecido sobre el joven y le comió la boca de un beso que ya no tuvo fin, y que terminó con ellos en las circunstancias actuales.

Apoyó la espalda contra el vidrio, sintiendo el calor suave del astro rey en la columna y los hombros, para luego pasarse las manos entre su cabello encendido, considerando que debería hacer a continuación. ¿Debería marcharse? Sin duda eso era lo más sensato después de lo que ella con toda deliberación había provocado, al menos debería de huir y tomar el primer tren que la llevara a Setagaya, armar a toda prisa una maleta y desaparecer en alguna isla olvidada lejos de Tokio, hasta que él decidiera perdonarla. ¿Quedarse y enfrentar el problema era una mejor solución? No, claro que no. Y no es que fuera una cobarde… Bueno, en esta situación realmente sí lo era. Era una total y completa cobarde.

Con eso en mente rompió con su paranoia inicial e inclinándose empezó a recoger rápidamente su ropa del suelo. El pudor que sintió al ir recolectando las más intimas hizo que pusiera más afán en tomar todas de una buena vez.

—¿Asuna…?

Quizás se había tardado demasiado en pensar en un modo de escapar. La voz hizo que se detuviera de golpe, los brazos se le hicieron agua y lo que había recogido volvió desparramarse en el suelo.

—Kazuto-kun…

—¿Q-qué haces levantada?

Esa no era la pregunta que se esperaba, se volvió a él con las mejillas ridículamente rojas, las manos hechas un manojo de nervios, y de pronto sintiéndose en exceso desnuda y desgraciada. El joven estaba sentado en la cama que repentinamente parecía pequeña para su estatura, tenía el cabello hecho un lío y estaba viéndola con ojos entrecerrados. El desastre de sábanas apenas y tapaba lo evidente, y gracias al sol delineaba todo perfectamente, convirtiéndolo en una aparición increíble y muy sensual.

—¿Qué haces levantada?— reiteró mirándola mientras se pasaba las manos por el cabello negro en un intento de poner orden a sus mechones, luciendo más apuesto como si eso fuera posible.

—Yo, pensé que… solo quería…

—Ven aquí.

—Es que…

—Ven aquí— Kazuto habló firme ahora –No me obligues a ir a buscarte, porque lo haré. Regresa a la cama.

La forma vehemente en la que dijo eso, obligó a que las piernas de Asuna se movieran con rapidez hacia el lecho. No por sus palabras en sí, sino por el repentino bochorno de que se le ocurriera levantarse así nada mas, gloriosamente desnudo, e ir en su búsqueda. Eso sería demasiado vergonzoso. Así que se apresuró hasta sentarse tímidamente en una esquina del colchón, para después soltar una exclamación de sorpresa cuando los brazos masculinos la atrajeron a su cuerpo, apresándola con fuerza como si supiera de su frustrado intento de fuga.

Los labios de la joven quedaron a nada del cuello masculino luego de que volvieran a tomar lugar en el lecho, intentó moverse un poco de su incómoda posición pero era imposible considerando que la tenía fuertemente agarrada contra él. Luego de unos segundos, pareció que este había vuelto a adormecerse a juzgar por su respiración suave y repentina inmovilidad, y repitió el intento de moverse o de acomodarse en el lecho. Tanta proximidad, y el contacto de piel desnuda contra más piel desnuda estaba inquietándola de un modo bajo y vergonzoso, haciéndola consciente de su propia necesidad.

—¿Otra vez estas pensando escaparte?

La voz sobre su cabeza, la cual sonó tranquila y suave la detuvo de su nuevo intento de poner espacio entre ambos.

—No estaba tratando de escapar— replicó con falsa molestia, agradeciendo que tuviera el rostro escondido para que no viera su bochorno.

—Eres muy mala mintiendo ¿lo sabías?

Ella decidió no contestar a eso, si lo hacía desataría otra serie preguntas que no estaba dispuesta a responder.

—¿Por qué?— volvió a sonar la voz con igual calma y tranquilidad.

Por supuesto Kazuto tenía que insistir. Siempre fue bastante ingenuo cuando se trataba de leer entre líneas o de entender las indirectas.

—¿Por qué…?

—¿Por qué intentabas irte? ¿Estuvo mal? ¿No te gustó?

Tuvo ganas de golpearlo para evitar que dijera algo como eso. Sentía tanta vergüenza que era imposible que no se diera cuenta.

—No es eso.

—Entonces que es —movió las manos de la cintura de ella y con agilidad acomodó el pequeño cuerpo de modo que pudiera verla de frente —Dime Asuna.

Ya no había forma de evadir esos hermosos ojos acerados que se mantenían fijos en sus pupilas esperando la respuesta. Con inercia acomodó parte de los mechones rebeldes que caían sobre su ojo derecho, y se encontró a sí misma rozando la mejilla masculina con ternura.

—Fue mi culpa— fue todo lo que dijo luego de meditar largo rato.

Kazuto le sostuvo la vista por unos segundos antes de soltar una ligera risita —¿Estás disculpándote por lo que pasó hace mucho tiempo? Por que según tus propias palabras, yo fui el responsable en aquel entonces.

Asuna le devolvió la expresión. Nunca habían hablado de lo que pasó aquella vez. Eran muy jóvenes e inexpertos. Un juego virtual semejante a una jaula les había volado la cabeza sumiéndolos en un mundo que ellos creyeron de ensueño; y no lo era, por supuesto que no lo era. Una vez que salieron, todo fue tan vertiginoso y cuesta abajo. El hermoso castillo en el aire que formaron en aquel entonces, se desvaneció demasiado pronto con la primera tempestad que les azotó en las caras. Luego de eso, quedaron en orillas diferentes, con sentimientos contradictorios, como estaban al empezar Sword Art Online.

Pese a la tormenta que duró muchos días, manejaron la ruptura con mucha madurez. Pues aunque sus caminos iban en distintas direcciones, seguían conservando el mismo grupo de amigos… por lo que a su pesar seguían viéndose. Además estaba Yui allí en el medio; no podían simplemente desligarse de ella, porque aunque ya no se amaran el uno al otro, sí amaban a la pequeña. La IA sufrió por supuesto, pero siempre se mostró entera para ambos, aunque las prioridades de los adultos cambiaron con el correr de los años, siempre siguió allí, incondicional para sus dos padres.

Y aunque trataron de recomponer sus vidas, saliendo con otras personas, no daba resultados. Cada día que pasaba, se volvía más y más complicado.

—Creo que sí… —le confesó a media voz —Tengo mi cuota de responsabilidad de las decisiones del pasado.

Kazuto le apretó el labio inferior con la yema de los dedos —También la tengo —respondió.

—Yo era muy ingenua y tonta.

—Y yo muy orgulloso y retraído.

Asuna sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas —No debió terminar así…

—Hey —le tocó la mejilla —Estamos aquí ahora ¿no?

—P-Pero Kazuto-kun —había impotencia y bochorno en su voz. Hablaba del ahora como si fuera una verdad tangible, cuando había sido el resultado de varias copas de más. No podía basar todo un concepto de reconciliación tras una noche de sexo.Buen sexo, tenía que reconocer. Eso era algo de lo que nunca careció con él, pero también comprendía que no era razón suficiente para mantener una relación. Al menos para Asuna no lo era.

A estas alturas ella necesitaba más que solo placer carnal…

Estabilidad, contención, amor y el deseo de pelear palmo a palmo protegiendo la historia que empezarían a escribir desde ese momento si ambos estaban de acuerdo. Arriesgarse y luchar. Juntos.

—Te lo dije ayer, y no estaba borracho. Mis sentimientos no han cambiado, Asuna. Solo se han aplacado un poco para no asfixiarme, he aprendido a vivir deseándote todo el tiempo… y no es agradable.

—¡Yo también! yo también me he sentido así todo el tiempo, pero se te veía tan pleno, tan…

—Hipócrita —completó riendo amargamente —Pero sigo siendo el mismo llorón de siempre, solo que he aprendido algunas dotes histriónicas para que no vean lo patético que soy.

Asuna le abrazó con fuerza asintiendo como si esas fueran también sus verdades. Y lo eran. Porque ella también se creyó una actriz consumada en el escenario de su propia vida. Pero el amor seguía aferrado de su corazón, sangrando infinitamente cada vez que le veía y tenía que fingir que no sentía nada.

—Lo que pasó ayer no fue un error ni fue tu culpa —dijo en susurro —Ambos lo deseábamos… Yo lo deseé desde que me besaste. Hacerte mía, Asuna..

Cuando hablaba en esos términos le costaba encontrar al Kazuto, retraído y corto de palabras que le había robado el corazón alguna vez y nunca se lo había devuelto. Pues ahora con esta nueva versión de él, tan segura y confiada, se sentía cohibida. Como si no acertara a conocerle. Aunque el hecho no le molestaba, lo encontraba fascinante y otra vez las cosquillas en su estómago cobraban fuerza al darse cuenta que… que posiblemente se había enamorado otra vez de él.

Como si eso fuera posible.

—Kazuto-kun no digas esas cosas —trató de frenar su discurso de sinceridad.

—¿Por qué no? —la miró desde arriba —Estamos solo nosotros en esta habitación.

—Aun así —hizo un puchero. Aunque se viera maduro, la desvergüenza con la que hablaba era igual a la de antaño —Es vergonzoso.

—Asuna-san sigue mostrándose turbada cuando el tema involucra ciertos asuntos… —le provocó con una sonrisa de lado.

—Y tú sigues igual de descarado.

Él se rió levemente sin dejar de verla. Descendió hasta su altura y rozó con suavidad su nariz contra la de ella, haciéndola participe de la ansiedad que sentía por seguir tocándola. Sus labios se abrieron anhelantes en un ruego mudo, el que acabó concediendo sin mayor preámbulo.

—Nunca dejé de amarte Asuna… nunca… nunca… —repetía contra sus labios. Besándola conscientemente, bebiendo de su boca la respuesta que afirmara sus sentimientos.

—Tampoco yo, Kazuto-kun —y ahí estaba lo que ansiaba oír.

—¿Empezamos de nuevo?

Otra vez le arrebataba las palabras y las hacía propias. Asintió mientras las manos de él la desvestían para cobijarla con su cuerpo.

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Nota:

Gracias por leer mi tercer aporte a la week!

Nos leemos mañana (o el domingo Lol)

Sumi.