|Solo nos queda|

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Este fic pertenece a la #Kiriasuweek2020

Fecha:02 de Octubre.

Tema Escogido: Te amo aunque no lo grite a los cuatro vientos

Kazuto Kirigaya no se caracteriza por ser alguien en extremo romántico.

Pero a veces, y solo a veces, voltea a su lado en la enorme cama para cerciorarse de que ella se encuentre durmiendo a su lado. Y le basta con oír el ligero sonido de su respirar para volver a su pose inicial e intentar dormir, sin hacer mas ruido que ese porque sabe lo mucho que ella se preocuparía si la despierta porque otra vez se siente ansioso.

Otras veces la mira fijamente mientras habla, incapaz de acallar la sonrisa de felicidad que despunta en sus labios porque ella es real y esta aquí y no a miles de kilómetros.

Quizás porque le recuerda otra época donde para ver a esa linda criatura debía coincidir en horarios de entrenamiento y juntas de clearers, y debía haber buen humor y amistad disfrazada bajo un interés romántico.

A él le costó casi dos años entender el significado de porque esa ansiedad desmedida de verla. Y una vez que la tuvo en frente se armó de valor y ya no la dejó ir.

Y aún ahora que su felicidad iba sobre ruedas, Kazuto Kirigaya sigue comportándose ansioso.

Entonces repentinamente la sorprende tomando su mano mientras se preparan para dormir, y sus dedos se entrecruzan nerviosos con los de ella, mientras la muchacha guarda silencio y lo deja hacer. O la sorprende abrazándola repentinamente mientras se disponen a cruzar una atestada avenida parados ambos sobre la vereda mientras esperan que el semáforo cambie de color. O enreda los dedos en su sedoso cabello anaranjado mientras comparten con el resto de sus amigos una tarde cualquiera en la casa de alguno, y luego apoya la frente en su hombro y guarda silencio oyendo como ella lleva la conversación por las dos. El silencio es un bien preciado dentro del hogar que comparten, sobretodo en la biblioteca donde se gesta la mayoría de sus clases, pues ella es una maestra responsable que prepara sus clases con devoción cada día, entonces Kazuto se deja caer a su lado conservando la quietud que se desparrama en el ambiente mientras la ve estudiar y prepararse. Se queda así, callado todo el tiempo, y ella no dice palabra. Prepara sus apuntes monologando a veces para si, pero sin darle mayor importancia.

Otras veces, y estas son las más frecuentes, él la sorprende apoyando los labios sobre su piel, sin que el ambiente se haya tornado romántico, y se queda allí con la nariz hundida en su nuca, o en el nacimiento de su cabello sin hacer más movimiento que ese, y sin otra cercanía que esa. El perfume de su piel es su bálsamo preferido aunque no va a reconocerlo delante de ella.

Al principio Asuna se sorprendía de esos arranques de proximidad tan extraños en ese hombre, que ocho años para atrás huía de ella como si tuviera alguna peste. Sin embargo lo deja hacer. Suspira en silencio, y cuando advierte que la quietud entre ambos se extiende por mucho tiempo, porque lo único realmente importante para él es esa conexión que se da entre ellos sin hablarse, ella roza suavemente sus manos ancladas a su cintura o sobre sus hombros, siente el estremecimiento del que son presos esos dedos y susurra:

— No iré a ningún lado Kirito-kun.

Entonces él suelta una bocanada de aliento y se relaja riendo levemente aunque sin soltarla. Mientras prosigue con lo que sea que esta haciendo. Ambos conservando ese silencio que para esas alturas es rico y familiar.

Kazuto Kirigaya nunca se caracterizó por ser alguien en extremo romántico. Pero solo él sabe lo mucho que sufrió las ausencias, lo que fue acostumbrarse a emociones nuevas, sentimientos confusos por esa caperucita de los primeros pisos de Aincrad, a quien luego de disolver la alianza temporal que mantenían, casi nunca veía. Lo que fue aceptar que se había enamorado, cuando ella pertenecía a otra guild, brillando como una estrella, y por dentro se moría imaginando que alguien más se pudiera haber adueñado de ese corazón, del que quería ser el único propietario. Sufrir viéndola durante las juntas y las excursiones dentro del castillo flotante, pero sin saber como exponer sus sentimientos.

Solo él sabe lo que fue llevar sobre sus hombros las cargas de sus propios errores de dos años de negación.

Por eso ahora que finalmente están juntos, no puede desaprovechar cada momento y necesita cerciorarse de que Asuna es real, y no volverá a marcharse de su lado, pese a la cantidad de errores garrafales que sigue cometiendo en sus intentos de ser mejor para ella.

Y ella quizás lo comprende por eso no dice más palabras que el 'No iré a ningún lado' . Y cuando siente sus brazos rodearla y su frente pegada a su espalda, se deja hacer sintiendo que no puede hacer nada para remediar esa ansiedad, más que aceptar sus caricias y retribuirlas con las propias, añorando que algún día él pueda ser capaz de perdonarse. Porque ella ya lo perdonó hace mucho, solo que este aún se niega a aceptarlo.

Kazuto Kirigaya nunca se caracterizó por ser alguien romántico, quienes lo conocieron en sus primeros días durante SAO pueden dar absoluta fe de ello. Pero no pueden negar, ni hacer oídos sordos, de lo mucho que ama a esa pelirroja que es su esposa desde hace tres veranos en el mundo real.

Solo que a veces, pese a que se haya en un lugar atestado de personas, y el murmullo de sus conversaciones sube hasta sus oídos, él debe buscar aquello que lo ancle a la tierra y lo devuelva a la realidad. Entonces abraza a esa muchacha que es su mundo, y advirtiendo su tacto siente que finalmente está donde pertenece porque ella está aquí. Y aunque sabe que indudablemente debería ser al revés, que debiera de ser él quien se mantenga firme y fuerte para Asuna, no puede resistirse a actuar de esa manera, pese a que es confuso y en nada se parece a su forma alocada de ser.

Pero Kazuto teme, y con justificada razón, que otro estúpido error pueda separarlo de ella por otros muchos años, y no está dispuesto a sufrir otra vez esa horrible agonía. Ni esa ausencia.

Te amo Asuna aunque no lo grite a los cuatro vientos… pero tú lo entiendes… ¿verdad?