Este fic pertenece a la #KIRIASUWEEK2020

Fecha: Jueves 30 de septiembre

Tema: 'La trampa de una rata'

Canon

¡Argo tiene la culpa!

Se agachó detrás de las inmensas rocas que fungían como fortaleza para ella.

Esa parte del lago formaba una bahía que daba lugar a una espaciosa playa, del otro lado, las formaciones rocosas que se escupían del suelo, creaban verdaderos espejos de agua, semejantes a pequeños estanques.

Hacia allí se acercó Asuna luego de maniobrar su menú y quitarse la falda y el calzado que usaba. Tras mirar hacia todos lados, cerciorándose de que no hubiera nadie, sumergió los pies en el agua deliciosa y se apoyó en las inmensas rocas, que oportunamente la ocultaron.

Corría el mes de mayo, y aunque aun no estaban en verano, el clima cálido se respiraba en ese piso. Kirito y ella habían dejado a Kizmel en el piso anterior, pues la elfa les había explicado que debía cumplir una importante misión para su raza, prometiendo reunirse con ellos pronto. Apenas habían tomado el teletransportador hacia la siguiente parada, cuando se cruzaron con Argo: la infame rata informante.

Aprovechando el clima delicioso que hacía, insistió en viajar con ellos un buen tramo, explicando que estaba recolectando información importante, y que justamente debía tomar el mismo camino que ellos. Fue precisamente ella, la que les contó de esa playa improvisada de agua dulce… Y por supuesto Asuna, fanática de los baños como era, le rogó a su compañero que se desviaran de la ruta que hacían, para pasar el día allí.

Quizás si hubiera visto la expresión pícara que puso Argo cuando la escuchó hablar, sin duda habría dado marcha atrás con su pedido; pero estaba realmente ilusionada con la idea de refrescarse un poco y tomar un baño real. Ajena a la sonrisa ladina en el rostro de la blonda, Asuna se salió con la suya y convenció al pobre Kirito, que se encontraba entre la espada y la pared con las dos chicas.

La playa era una preciosidad, y tal como predijo Argo, estaba vacía. El sitio aún no aparecía en la guía para jugadores de ese piso, por lo que podían disfrutar de ese paraíso sin preocuparse de que alguien más les robara la exclusividad.

Apenas escucharon el sonido del agua, Asuna echó a correr presurosa, camino arriba, hacia el lago, ignorando los gritos de alarma de Kirito, preocupado de que podía hallar algún monstruo o similar.

En realidad, esa era una zona libre de monstruos y eventos, pero no lo supo hasta mucho después. Argo por supuesto no lo mencionó, aunque conocía al dedillo aquellos detalles.

Asuna sabía que no podía desnudarse en la intemperie, ni aunque los árboles la protegieran. Ponerse el traje de baño no era tan fácil como en la vida real, que hasta podía hacerlo bajo su propia ropa con mucha práctica, aquí debía desequiparse todo. No podías vestirte con una prenda, si ya tenías otra. Eso provocaba unos segundos de vulnerabilidad en tu avatar que eran aceptables si te encontrabas al abrigo de tu hogar, o de una habitación rentada; pero aquí… en un sitio abierto como aquel bosquecillo y la playa, era un riesgo que ella no pensaba correr.

Por eso, caminó siguiendo el recorrido del agua hasta que halló aquellas formaciones gigantes que fungían como habitaciones a cielo abierto, donde podría mudarse de ropa.

Dejándose solo la blusa que le llegaba a la mitad de los muslos, se sumergió en las tibias aguas y seleccionando su menú, navegó por las opciones hasta que llegó a la sección de equipamiento. Desmarcó las prendas, sintiendo el agua cosquilleando su piel desnuda algunos segundos. Sin darle mayor vuelta al asunto, volvió a seleccionar la sección de equipamiento y tras moverse en su inventario, seleccionó un traje de baño de dos piezas, el cual inmediatamente se adecuó a sus curvas.

Estaba revisando que las prendas estuvieran bien colocadas, cuando escuchó un grito, semejante a una exclamación de guerra, y luego un chapuzón que alertó las tranquilas aguas, creando olas tumultuosas que le explotaron en la cara.

¿Sería un monstruo? Recordaba a Kizmel diciendo que en la mayoría de los lagos vivían criaturas fantásticas, difíciles de cazar.

Se asomó desde la fortaleza de rocas que la protegía y descubrió la oscura cabeza de su compañero de aventuras sacudiéndose en todas las direcciones. ¿Qué estaba haciendo allí?

Rodeó las rocas e ignorando su incomodidad caminó bajo el agua viendo que aún hacía pie, y se dirigió hasta donde su compañero temporal se encontraba. Por supuesto, Kirito ni siquiera había reparado en ella. Le daba la espalda y se estaba echando el cabello hacia atrás, pues lo tenía en punta, como si usara un peinado punk.

—Pensé que no te gustaba tomar esta clase de baños —le dijo sin entonación.

El jovencito pegó un salto, se giró, sorprendido de verla allí —¿Quieres matarme de un susto?

Asuna sonrió con ironía —Lo siento.

—Pensé que te habías quedado en la zona más cercana a la bahía —le dijo a modo de pregunta.

Asuna se alejó un poco moviendo los brazos bajo el agua ocasionando que se crearan pequeñas olas. No iba a decirle que prefirió caminar mucho para encontrar un lugar alejado donde cambiarse sin sentir vergüenza. Kirito podía ser un chico, pero a veces era bastante denso.

—Caminé siguiendo el curso del agua hasta que llegué aquí —le dio la espalda y se sumergió mojando finalmente su cabello. Cuando emergió, notó las oscuras pupilas de Kirito clavadas en ella con cierta fascinación —¿Dónde está Argo?

—Dijo que tenía algo que investigar por aquí cerca, pero que cuando acabara nos buscaría —respondió desviando la atención de ella. Le dio la espalda a su vez y nadó hacia el refugio rocoso que la joven hubo abandonado momentos antes.

—¿Qué planeas hacer?

Él no contestó inmediatamente. Se trepó dificultosamente a la primera roca y caminando como pingüino sobre la superficie, la cual se iba mojando conforme sus pasos, se subió a la siguiente, la cual era aun más alta.

—¿Y si me lanzó desde aquí? —le preguntó sonriendo arrogante.

Asuna le miró con interés. Notando por primera vez que tenía ese pantalón de baño que ella le obsequió tiempo atrás. Reprimió una risita —Si te partes la cabeza no usaré ningún cristal en ti.

—¡Qué conste! —Kirito se hizo para atrás y de un salto se lanzó al agua, ocasionando que el lago se agitara terriblemente de un lado al otro.

Cuando sacó la cabeza fuera de la superficie estaba sonriendo —¡Esto está mejor que hacerlo desde el trampolín de la escuela! ¿Por qué no lo intentas?

—No gracias — sacudió la cabeza con decisión.

—¡Aguafiestas! —Kirito ya estaba trepándose nuevamente para repetir la hazaña. Esta vez, escaló varias formaciones, hasta un risco que era bastante más alto que el anterior.

—¿Sueles hacer ese tipo de cosas? —Asuna se acercó un poco. Sabía que no estaba bien hacer preguntas de corte personal, todavía era un tabú hablar de detalles de la vida del otro lado, pero él había mencionado el trampolín de la escuela. La roca que había elegido para lanzarse tenía una altura considerable.

—Solía ir a un pantano cuando era más pequeño —ni bien terminó de decir aquello, se lanzó de cabeza en un clavado perfecto.

Asuna no sabía que estaba conteniendo la respiración hasta que lo vio emerger con una expresión fascinada en el semblante. Las turquesas aguas se movieron tumultuosas mientras nadaba hacia las rocas con el afán de lanzarse de nuevo. De pronto se detuvo y la miró por encima de su hombro.

—¿Por qué no lo intentas?

—¿Eh?

—Lanzarte del risco.

—Ni lo sueñes.

—¿Asuna-san le tiene miedo a las alturas? —mientras decía aquello volvía a treparse, haciendo equilibrio sobre las rocas con sus pies mojados, y escalando hasta otra solitaria, y en punta, que estaba aun más alto.

Asuna le miró con cierto temor en las pupilas —Si te rompes la cabeza no usaré un cristal sanador en ti —le recordó.

Él hizo un gesto confiado y se lanzó de un salto, mientras el corazón de la chica se detenía, para emerger luego con una sonrisa fascinada en la cara —¿Recuerdas nuestra aventura en el piso 3? Pues es prácticamente lo mismo, ¡anímate!

—Más que aventura, eso fue una pesadilla —recordó a regañadientes. No fue nada divertido y creyó que acabaría ahogándose. ¡Que vergüenza! Acabó asida al brazo de Kirito mientras ambos navegaban aguas arriba y abajo por ese río picado, vistiendo prendas ligeras.

—¿Tienes miedo? —las risitas burlonas de aquel joven quien siempre tenía una expresión parca e indiferente le sorprendieron ¿Quién era él? ¿Que había pasado con su aburrido compañero? Hace nada seguía siendo el mismo, ¿qué provocó ese cambió, en los escasos segundos que usó para cambiarse?

—No le tengo miedo a nada —le replicó entre dientes, hundiéndose, para luego emerger y poner énfasis a sus palabras.

—Te prometo que no hay fantasmas bajo el agua —no pudo evitar decir con picardía.

Y esa fue la gota que colmó el vaso para Asuna. Sin duda, si lo hubiera pensado con detenimiento no habría oído esa provocación y por supuesto se hubiera ahorrado todo lo que pasó después. La vergüenza incluida. Pero era orgullosa, quizás más que Kirito.

Por eso, nadó hasta la formación rocosa y sin pensarlo, pegó un salto para salir del agua. Cuando la mitad de su anatomía estaba fuera, miró a su compañero, sorprendiéndolo con la vista clavada en su retaguardia, pero al notar que hubo sido descubierto, desvió la mirada hacia el costado opuesto fingiendo demencia.

Asuna lucía un sencillo conjunto de dos piezas que ella misma había confeccionado, bastante recatado si lo consideraba, aunque no alcanzaba a esconder las curvas de las que era dueña. De color blanco con lunares rojos, y dos listones a cada lado de su cadera.

Imitando a Kirito, caminó con pasos torpes sobre la dura superficie, estaba caliente y las puntas le pinchaban los pies. Se subió a la roca que el chico le enseñó a lo último y se mareó notando la altura que la separaba de las aguas. Ya no había marcha atrás, ni tiempo para arrepentirse.

Si él podía hacerlo ¿por qué ella no? Y con ese pensamiento en mente saltó.

.

—Oh Dios — escuchó que Asuna decía con voz preocupada —Por favor no...

—¿Qué pasa?— Kirito se dio la vuelta al oírla, y se encontró con que solo su cabeza estaba visible sobre el agua. Su cabello color miel empapado alrededor de su cara sonrojada y el resto de su cuerpo escondido debajo de la superficie clara y ondulante. Tenía los brazos fuertemente apretados contra su pecho, abrazando su figura como si la vida se le fuera en ello, e inclinándose para que él no pudiera verla.

Estaba paralizada en aquella incómoda posición, con sus ojos color whisky abiertos desmesuradamente mientras una ola de pena le cubría las mejillas. Levantando las cejas, él la miró por un segundo antes de que su mirada recorriera el lago escondido, buscando la posible fuente de su gran incomodidad. ¿Se habría lastimado al saltar? No, la profundidad del estanque era suficiente para que ninguno de los dos se hiciera daño. Por supuesto, no era eso.

¿Qué podría estar pasando? Habían encontrado el lago para nadar gracias a Argo, así que Kirito se quitó la camiseta y se zambulló en el agua clara sin dudarlo ni un segundo en un día tan caluroso. Cuando emergió, Asuna estaba ahí para su sorpresa y su mirada se había demorado demasiado en el bikini que llevaba puesto antes de que él desviara la atención avergonzado. La convenció de que saltara de aquel risco picándole el orgullo y parecía que se había divertido mucho al hacerlo.

Pero lo siguiente que supo fue que la joven se negó a salir fuera del agua por algún motivo y se quedó allí inmóvil, escondida por completo.

—¿Que pasó?— preguntó después de un momento, acercándose, sus ojos grises volvieron a su rostro, que ahora estaba más rojo que antes.

Sus labios estaban presionados y no pronunció palabra. Parecía estar en un debate consigo. Sus ojos bajaron de los suyos y recorrieron el entorno, antes de detenerse en particular a la derecha y ensancharse aún más mientras ella jadeaba. Él siguió su mirada lentamente, asustado de lo que podría encontrar. Esperaba que no fuera un boss o un monstruo.

No le costó mucho encontrar la razón de su incomodidad, más bien volteó a verla con sorpresa, y como no, con una expresión jocosa. Dos triángulos blancos de tela con lunares rojos, flotaban a la deriva en la superficie ondulante del agua. A unos cinco metros de distancia de donde estaban...

—Ah … Que poco conveniente… — murmuró lentamente, y de pronto rió en voz baja. Había entendido la situación completamente adivinando la vergüenza de Asuna. Sus risas se volvieron más fuertes, causando un gruñido histérico de la pobre muchacha.

—¡No entiendo como pudo pasar eso!

—Quizás la durabilidad de la prenda estaba llegando a su límite —todavía riendo se le acercó, en lo que ella retrocedió torpemente.

—Lo juro por Dios, Kirito-kun, si sigues riéndote de esto, ¡te estrangularé aquí mismo!— Su voz siempre controlada, reverberó alrededor del claro en el que se encontraban, haciendo que un grupo de aves coloridas que estaban escondidas en un árbol cercano agitaran sus alas violentamente y huyeran. Después de que las risas en lugar de detenerse solo aumentaron en volumen y humor, ella gritó de nuevo —¡Ki-ri-to-kun!

—No creo que esa sea una buena idea Asuna-san… Para hacer eso tendrá que enseñarme aquello que se empeña en esconder.

—¡UGH!— Sin desenvolver o aflojar el agarre de sus brazos alrededor de su pecho, se puso de pie en toda su altura e intentó patear o hacerle una zancadilla a su compañero. Pero solo logró salpicarle un poco más de agua cuando él se echó hacia atrás, evitando su acción y aún riendo entre cortadamente.

El hecho le parecía más divertido que incómodo. Sobre todo al ver la expresión rabiosa y avergonzada de la pobre chica. Kirito era un adolescente masculino de quince años, y aunque la mayoría de los muchachos de su edad ya había tenido toda clase de acercamientos íntimos con el sexo opuesto, él hubo gastado su tiempo en los juegos en línea, ignorando por completo esa etapa del flirteo. Preocupado más en subir de nivel y aprender nuevos skill que en tender puentes de amistad con las compañeras de su salón. La única chica con la que se relacionaba era su hermana, y no tanto, a decir verdad. A todas luces todavía se comportaba como un niño.

Sin embargo, había algo llamativo y tentador en ver a Asuna avergonzada, quizás porque la mayoría de las veces ella solía dejarlo en ridículo, sin darle oportunidad a enmendarse.

Pero eso no iba a suceder ahora. Ahora el dios de Aincrad le estaba dando la posibilidad de vengarse..

—¿Qué estás haciendo?— Asuna preguntó mientras su amigo de cabello negro se movía pesadamente al lugar donde la parte superior de su bikini ahora flotaba tan inocentemente. De pronto, se escondió de nuevo en el agua, solo con la cabeza sobre ella, recordando su estado actual sin ropa.

—¿Acaso quieres esto?— preguntó, levantando una de sus cejas negras de una manera burlona que la irritó aún más. Una de las tiras de la parte superior roja y blanca colgaba alrededor de su dedo índice, los dos triángulos estampados colgaban de ella.

—¿A qué estás jugando?— A pesar del agua fresca que rodeaba su cuerpo, una sensación de calor se apoderó de su piel y se dio cuenta de que probablemente ya no solo estaba roja en la cara, sino también en el cuello, la clavícula y parte del pecho. ¡Su cuerpo era un incendio de pena! De todas las personas en el mundo, ¿por qué tuvo que pasarle esto frente a él? —¡Por supuesto que lo quiero! ¡Devuélvelo!

—Materializa tu menú Asuna… de acuerdo a las leyes del juego esto me pertenece ahora...— dijo con voz cantarina, la tela balanceándose tentativamente de su dedo mientras comenzaba a alejarse lentamente de su figura doblada e indefensa.

Los ojos de Asuna se abrieron una vez más con desconcierto, no pudiendo creer que el joven tímido que conociera durante aquellos meses se comportara así.

Para ser una broma estaba yendo demasiado lejos.

—No puedo materializar mi menú… —murmuró entre dientes. Era obvio que para realizar esa acción debía liberar sus manos y… ¡No pensaba hacerlo! Huir hacia las rocas tampoco era buena opción, debía treparse y… eso la dejaría en un estado de vulnerabilidad aún peor.

Kirito por supuesto sabía eso, por lo que arrugó la nariz y le dirigió una sonrisa juguetona y pequeña que, si las manos de ella hubieran estado libres, lo habría abofeteado con todo gusto.

—¡Baka!— Con sus brazos todavía firmemente envueltos alrededor de su pecho desnudo, se enderezó y se acercó a él mientras este retrocedía con el bikini húmedo todavía colgando de su dedo, pequeñas gotas cayendo al agua. —¡Nunca hubiera imaginado que fueras tan imbécil!

Él dejó de retroceder y sus ojos grises se entrecerraron en su dirección.

Asuna lo estudió fijamente, midiendo la distancia que los separaba. Si pudiera soltar uno de sus brazos y agarrar la prenda de un extremo, la que nunca jamás volvería a usar por supuesto, entonces el problema quedaría resuelto. Luego tendría que lidiar con la vergüenza que seguramente sentiría después, pero esa era otra historia.

Aún así, no podía mover sus brazos ni un centímetro. Si lo hiciera, literalmente estaría exhibiéndose ante su compañero, y no podría hacerlo por una gran cantidad de razones que iban desde la vergüenza más absoluta hasta la idea de que Kirito posiblemente se burlaría aún más de ella. Y eso sería mil veces peor que toda esta situación.

—Kirito ...— trató de mantener su voz firme a pesar de su ira. —Devuélveme mi traje de baño—. Después de ver que este la veía sin dejar de sonreír, agregó con los dientes apretados, — Por favor.

—Hmm ...— fingió considerar, disfrutando de la lucha femenina para mantenerse moderada —Si te devuelvo esto, ¿qué obtengo?

—¿Qué quieres decir con qué obtengo?— Sus rasgos sonrojados se torcieron en una sonrisa incrédula.

—Bueno, tengo que conseguir algo a cambio, ¿no?—apartó los ojos de las pupilas deslumbrante de ella hacia sus propios dedos jugando con la delicada pieza de tela, una pequeña sonrisa presumida visible en su rostro.

Se estaba pasando, no creyó que él fuera de ese tipo, y para su desgracia no podía hacer más que seguirle el juego.

—Bueno ... yo ... puedo darte ese item valioso que obtuve gracias a Kizmel ¿Qué tal eso, eh?

—Hmm ...— murmuró de nuevo, pareciendo considerar la oferta por un segundo antes de respirar profundamente y agregar, —Suena tentador, pero sería injusto para ti. Así que no, lo siento.

—¿Qué?

—Sería injusto detener tus habilidades para subir de nivel —le explicó Kirito sinceramente, encogiéndose de hombros. —Tiene que ser otra cosa, Asuna-san—. La sonrisa satisfecha volvió a sus rasgos mientras la parte superior de la bikini femenina continuaba girando alrededor de su dedo índice.

A pesar de lo que estaba pasando, Kirito seguía siendo en cierta manera noble. Pues pudo aprovecharse de su debilidad y hacerse de aquel extraño item que tanta curiosidad le causó cuando lo vio la primera vez. Pero al parecer, disfrutar de su frustración, incomodidad y completa vergüenza era más beneficioso.

No podía dejar que se saliera con la suya; no podía ceder ante él. Tenía que encontrar una manera de cambiar todo el asunto, recuperar su control habitual, ¡Ella era más inteligente que él, por todos los cielos! ¡Hija del CEO más reconocido de Tokio!. Tenía el poder en sus manos, aunque no pudiera verlo. A medidas desesperadas, acciones desesperadas.

Mientras tanto, Kirito tarareaba para sí mismo, el bikini colgaba alegremente de su dedo índice, girando rápidamente alrededor de su mano, a una velocidad increíble. Y de repente, la joven de cabello mandarina sintió que se le encendía un interruptor en la cabeza.

Si él quería jugar sucio, entonces jugaría sucio. Y luego se escondería en una cueva.

Muy bien Kirito-kun... — su voz se suavizó dulcemente mientras daba algunos pasos acercándose hacia él. Sus brazos se aflojaron alrededor de su pecho, pero solo unos centímetros. —Así que quieres jugar.

Al escuchar el tono de su voz, los ojos de Kirito cambiaron a los ambarinos de Asuna y la tela de repente dejó de girar alrededor de su dedo y ahora colgaba inútilmente de él, como si hubiera olvidado tentar a su dueño.

La joven se le acercó arrastrando una corriente espumosa, y aunque sus latidos aumentaban cada segundo y su rostro probablemente estaba alcanzando un nuevo tono de rojo y un calor incomparable, trató de relajar sus rasgos para parecer lo más serena posible.

—¿Kirito-kun…?

Se enderezó frente al joven, atravesando su espacio personal. Ambos tenían la misma altura, pero en ese extraño momento parecía que Kirito era más alto que ella.

Y después de que pronunció sus últimas palabras, la expresión del chico cambió completamente de arrogante a algo que reflejaba su propio horror de antes, cuando se dio cuenta de que la parte superior de su bikini se había desprendido de su pecho. Bochorno.

—¿H-huh?— Su voz subió una octava, mientras ella lo miraba de cerca, sus brazos cruzados casi tocando el pecho del joven.

Y Asuna lo consiguió. Pudo ver la expresión incómoda y sofocada que inundó el semblante del chico cuando ella le sostuvo la vista. Una satisfacción increíble la recorrió de arriba a abajo y tuvo el súbito impulso de reírse, como hiciera Kirito antes...

Habían discutido múltiples veces. Ella tenía una personalidad explosiva, él era bastante dejado. A veces no coincidían en algo, y sus voces se elevaban en una discusión sin fin que los acercaba lo suficiente al otro; no en plan romántico, sino todo lo contrario, para ver quien podía ganar el duelo de miradas. Normalmente era Asuna quien salía victoriosa.

Pero ahora Kirito estaba silencioso viendo el rostro de su compañera de viaje como si nunca le hubiera puesto especial atención. Sabía que Asuna era bonita… O sea, era uno de los temas recurrentes cuando se juntaban en las reuniones estratégicas… y ni hablar de como Kizmel o Argo los hacían blanco de aquellos chistes que no entendía. Ahora estaba viendo a sus ojos… dos luceros semejantes al sol resguardados por sus pestañas…

Pestañas que eran largas y rizadas deliciosamente, que coincidían con el color de su largo cabello empapado que enmarcaba su cuello. Sus mejillas ahora sonrojadas estaban salpicadas por translucidas pecas que no había notado que ella tenía. Y sus iris eran fascinantes; una amalgama de oro y miel… donde el color se oscurecía llegando a la pupila… y sus labios...

—¿Kirito-kun?— la forma cadenciosa en la que pronunciaba su nombre… —¡Kirito-kun!

—¿¡Qué?! —la voz de Asuna lo sacó de su trance extraño, y perturbador. Parpadeó algunos segundos y volvió a centrar su atención en la circunstancia actual en lugar de aquellos detalles que descubrió en el rostro femenino; el cual estuvo estudiando minuciosamente sin razón aparente. Al darse cuenta de eso, sintió como si un golpe de adrenalina le revolviera las tripas.

—Yo… quiero… —ignoró las ganas de gritarle que se aferraron a su estómago y prosiguió con su plan. Estaba a nada de dar resultado. ¡No podía echarse atrás ahora! —Quiero decirte algo… —ella dio un paso más hacia él y sus brazos cruzados definitivamente tocaron el torso desnudo de Kirito. Desnudo, mojado, firme y bronceado… ¿Desde cuándo la sensata Asuna pensaba cosas semejantes? ¿¡Bronceado?! ¡Ella que iba a una distinguida escuela de señoritas! ¡Tenía que controlarse pese a que sentía que el corazón se le escaparía por la boca!

Además él le había hecho creer lo mismo una vez en Stachion, aquella ciudad donde todo parecía un acertijo o un sudoku… Y el bochorno que sintió fue tanto que quiso matarlo. Ahí se dio cuenta que Kirito seguía siendo un niño… ¡Pero qué bien se sentía la idea de darle una cucharada de su propia medicina!.

Entonces, con un gran esfuerzo, continuó con su pequeño juego mental, alzando la cabeza en dirección a sus labios que estaban abiertos en una O gigante —Quiero confesarte algo… algo que he llevado conmigo desde hace algún tiempo… — Su voz apenas era un susurro ahora mientras su aliento le hacía cosquillas en la piel.

Kirito iba a colapsar. ¿En verdad Asuna estaba haciendo lo que creía que estaba haciendo? Un escalofrío le recorrió la espalda y se le erizaron los vellos de la nuca. Ella estaba actuando tan raro…

Sin embargo, no podía evitar que su rostro se inclinara hacia adelante, cada vez más cerca de la cabeza femenina. ¿Era así como se suponía que debían sentirse las hormonas? Fue a la vez agradable e inquietante, especialmente cuando su suave y cálido aliento le hizo cosquillas en la cara y, por un segundo incomprensible, estuvo tentado de cerrar la brecha entre ellos. Estaba tan quieta, y sus ojos estaban medio cerrados; esto definitivamente era una señal de que eso era lo que ella quería que pasara, ¿verdad?

Sus rodillas se doblarían en cualquier momento. ¿Pero por qué ella no estaba retrocediendo, farfullando incoherencias? En cambio, una de sus manos había soltado su fortaleza y la había colocado en su hombro como si buscara mantener el equilibrio. Y Kirito vio la porción de piel blanca y la deliciosa redondez que se escapaba de la prisión del brazo restante. Su rostro estaba a solo milímetros del suyo y no retrocedía, ni aun cuando supo que estaba bebiendo ciegamente de ella. Sus labios se acercaron y con los ojos cerrados, imaginó hacer aquello que secretamente había soñado muchas veces desde que la rescató al borde de la inconsciencia en el piso 1.

—Lo siento Ki-bouu, A-chan — una voz nasal, risueña y terriblemente familiar rompió el silencio entre los dos. El corazón agitado de Asuna se detuvo por completo y luego cayó horrorizado a sus pies. —¿Estoy... estoy interrumpiendo... estoy interrumpiendo algo importante?

Ambos adolescentes se giraron lentamente, con cuidado alejándose uno del otro, para encontrar al tercer miembro de su grupo de viaje de pie al borde del agua. Su boca estaba abierta, y sus manos habían dejado caer lo que parecían ser manzanas. Las cuales rebotaban y rodaban a su alrededor.

De alguna manera, después de reconocer a la dueña de la voz familiar que los había interrumpido, Kirito y Asuna se apartaron el uno del otro como si acabaran de darse cuenta lo que estuvieron a punto de hacer. Kirito finalmente dejó caer la prenda de lunares sin pensarlo dos veces, la que flotó en el agua durante unos segundos, antes de que Asuna lograra agarrarla sin problemas. Ella escondió su cuerpo bajo el agua, solo su cabeza visible mientras sus dedos se aferraron fuertemente a las tiras de la bikini. Se preguntó si su rostro se veía más rojo, o si ahora se estaba volviendo púrpura. Probablemente así era, porque el calor que se arrastraba sobre ella por segundos, era lo suficientemente caliente como para freír un huevo en una de sus mejillas. De eso estaba segura.

—Siento haber interrumpido...— La voz de Argo rió con malicia después de una pausa silenciosa. Comenzó a darse la vuelta lentamente y alejarse, olvidando las manzanas regadas por doquier —Voy a ir... ustedes pueden volver a sus asuntos... y encontrarme cuando hayan terminado… Ah… sí. Veo que ya descubrieron el botón escondido en el menú… ¿no? ¡Que les sea de provecho!

Por un mísero momento, ni Kirito ni Asuna movieron un músculo. Simplemente observaron a su amiga, la rata mientras se alejaba riendo de ellos. Estaba casi desapareciendo entre los arbustos, cuando ambos se giraron para mirarse al mismo tiempo.

Asuna estaba doblada incómoda y respiraba con dificultad, su pecho se agitaba entre sus brazos. Kirito estaba clavado en el lugar, con las manos hecha puños a los costados y la cara roja.

—¡Muévete!— Ella de repente gritó, y por primera vez esa tarde él obedeció al instante. Todo su cuerpo se apartó de ella y ni siquiera murmuró una sola palabra de desacuerdo. Se puso de pie y desenvolvió los brazos alrededor de su pecho, segura de que Kirito no se atrevería a echar un vistazo furtivo después de la situación en la que ambos habían quedado atrapados. Se ató las cintas rojas y blancas tan rápido como pudo alrededor de su cuello y debajo de sus omóplatos, y gritó: —¡Argo-chan! ¡Espera! ¡Esto no es lo que parece!— demasiado tarde, porque su amiga estaba casi fuera de la vista.

Asuna dejó escapar un gemido y pasó junto a Kirito, que seguía de pie obedientemente apartándose de ella con la cabeza gacha, como un niño avergonzado de algo realmente malo que había hecho. Su hombro empujó más allá del suyo, y luchó por salir del lago y llegar a la orilla.

—¡Mira lo que hiciste, Kirito-kun!— dijo mientras materializaba su menú y se calzaba encima de su bikini mojado su blusa blanca, su falda roja y las botas. Ya ni siquiera le importaba que el tema del menú fue en parte lo que desencadenó todo eso.

El nombrado levantó la vista con una expresión de incredulidad en sus rasgos. —¿Qué hice?— Salió del lago y la siguió.

—¡Espero que te des cuenta de que todo esto es tu culpa!

—¿Mi culpa?— Después de vestirse tan rápido como lo había hecho Asuna, Kirito la siguió por los talones mientras daba largos y rápidos pasos en la dirección en que Argo había desaparecido. Luchó por seguirle el ritmo mientras acababa de equiparse la camiseta —¡Tú eras la que intentaba... seducirme!

Ella dejó escapar un bufido poco femenino —¿Qué? ¡Yo no estaba tratando de seducirte!

—¿Ah no?— él dijo, sus ojos en su cara roja. —Entonces, ¿qué fue eso? ¿Alguna táctica amigable e inocente que te gustaría usar en tus amigos?— Su voz se sentía pesada con sarcasmo en sus labios, tal como quería.

—Bueno...— su voz era alta y ligeramente temblorosa, su largo cabello se sacudía húmedo a medida que apretaba el paso. —¡No hubiera hecho eso si me hubieras devuelto mi bikini cuando te lo dije!

—Así que me estabas seduciendo— dijo, contento de saber que no había perdido la autoridad completa sobre la situación y aún tenía algo que devolverle. Decidió ignorar el hecho de que había estado a punto de rendirse a su juego voluntaria y felizmente. Ella no necesitaba saber eso —Brillante, Asuna. ¿Quién te enseñó eso?

Al darse cuenta de que, sin importar cuán rápido caminaran, nunca le daría alcance a su blonda amiga, quien probablemente en esos momentos estaba haciendo noticia de ambos para colgarlo en el periódico matutino y así ganar unos cuantos Cols a costa de ellos, se detuvo de repente, haciendo que Kirito tropezara con ella y casi la tirara al suelo.

—¡Oh, no intentes poner esto en mi contra!— le apuntó con su dedo índice amenazadoramente, hasta que le hincó en el pecho. —¡Una vez más, uno de tus estúpidos pequeños actos de inmadurez nos ha metido en un lío! ¡Y necesitamos encontrar a Argo-chan antes ... antes de que ella realmente piense que estábamos ... estábamos …! ¡Todo el grupo delantero oirá de esto por tu culpa!— tropezó con sus propias palabras, y después de unos pocos intentos fallidos de pronunciar toda la oración, ella se rindió y cerró la boca, su dedo índice cayó lentamente a su lado.

Kirito solo se quedó allí mirándola. Era extraño lo ilegible que era su expresión mientras estaba parado allí sin decir nada en absoluto. Habían estado tan cerca el uno del otro antes, y si no hubiera sido por la repentina interrupción de Argo y su terrible momento, entonces estaba seguro de que se habrían besado. La mera idea hizo que su interior se sacudiera como si alguien le hubiera dado un choque eléctrico.

Había una parte de su mente que todavía no podía entender cómo él no se había alejado, asustado por su coqueteo repentino, si podía llamarlo así. Si lo hubiera hecho, ella habría recuperado su maldito sujetador de bikini, aprovechando su distracción e incomodidad, y luego lo habría señalado y se habría reído de él por caer en su trampa. No admitiría que lo había disfrutado en el fondo, y de esa manera, habría ganado en ambos sentidos.

Pero no se había asustado o retrocedido. Había estado a punto de besarla . Besarla voluntariamente…

Un inquietante silencio se formó entre ambos.

—Mejor vamos a buscar a Argo-chan...— Ella rompió la quietud y encontró que su voz era baja y ligeramente ronca.

—Sí...— dijo Kirito, su voz igualmente ronca. Pero ninguno de los dos se movió un centímetro y agregó: —...no—

¿Qué ?

Antes de que Asuna tuviera tiempo de entender qué había querido decir con eso, de repente sintió sus manos acercándola a él y luego, sus labios ahogando su última palabra. Por un momento, la joven permaneció inmóvil en sus brazos, con los ojos bien abiertos y sus labios inmóviles, mientras él se los presionaba con fuerza, y su cara se arrugaaba como si estuviera esperando una reacción negativa de ella.

Pero esa era la última reacción que consideraría alguna vez. Lentamente, Asuna cerró sus propios ojos y se dejó llevar por el beso que había sido interrumpido antes. Su corazón latía violentamente dentro de su pecho, y su cara probablemente estaba lista para hervir huevos. Podía sentir sus manos corriendo desde sus brazos, hacia su espalda, y hasta su cabello mojado; él estaba indeciso y un poco incómodo, pero aquellas caricias torpes se sentían genial.

Sus labios sabían igual que el lago. Fresco y ligeramente dulce, pero aún así agradable. Por un momento no supo qué hacer con sus manos, pero luego les permitió deslizarle por los brazos y rodear su cuello.

Respirando profundamente, Kirito se separó y jadeó, —Lo siento—. Estaba un poco sin aliento cuando agregó: —Yo... necesitaba superar eso.

Ella quiso decir algo como —Está bien, realmente quería que lo hicieras—. Pero su voz ni siquiera salió. No era el momento de hablar. Atravesó la distancia y le estrelló los labios en otro beso brusco.

Ya más tarde tendrían tiempo de explicarle las cosas a Argo…

Bienvenida nueva edición de mi evento favorito del año #kiriasuweek2020!
Gracias quienes están participando! Me ha entrado una alegría desmesurada ver los fics nuevos apenas he despertado 3

GRACIAS CHICOS!

Pero bueno yendo al fic, algunas curiosidades que me quedaron en el tintero:

Ese lago tiene la particularidad de aflojar los trajes de baño sin importar el menú. Según la guía luego se llamó 'Aguas Traviesas'

Argo sabía de ese detalle por eso no se metió. Solo que no esperaba que las cosas fueran tan rápido jajaja

Cuando habla del 'botón' obviamente se refiere al Ethic Code

Kirito actuaba como un niño hasta este momento, después del besito con Asuna, créanme que ha cambiado (inserte emoticón sugestivo aquí)

Y hasta aquí llegamos con la explicación!

Gracias por leer!

PD- agradecimiento a Kim por ayudarme con algunos detalles de Progressive