Este es mi aporte al #KiriVeggieAwakening

El tema que me tocó es: Kirito sale victorioso de: ''De actuar como princesa en la obra de la escuela' 'Y de salir victorioso de una treta de Argo'

Canon

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Como Blanca Nieve

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Llegando noviembre el clima había dejado de ser templado, los primeros trazos de un invierno precoz se sentían en ambiente. Las bajas temperaturas reinaban sobre todo durante las horas previas al amanecer y en aquellas al caer la tarde.

La llegada del Festival Cultural aquel tres de noviembre, mantenía a toda la escuela en un febril bullicio que al apático Kazuto Kirigaya le resultaba poco feliz. La presión por lucirse de cualquier forma durante el evento, sacaba lo mejor y lo peor de los alumnos. Cada curso buscaba la manera de resaltar del vecino más próximo y realizar algo memorable.

Kazuto aun no entendía porque la Escuela de Sobrevivientes de SAO, seguía empecinada en mantener ese halo de normalidad sobre los alumnos. Quizás la culpa de los dos años en cautiverio y la infancia robada de esas situaciones, de la que muchos de los jugadores jamás pudieron recuperarse, hizo que aquel establecimiento educativo se preocupara en recomponer los retazos de vida normal que el juego les arrebató.

Pero ellos no eran estudiantes comunes. Tenían un estigma marcado a fuego en sus almas, que evitaba que pudieran olvidar el pasado. Pero al menos por aquel mes, muchos olvidarían los traumas y serían meros adolescentes buscando divertirse.

Eso era algo que al joven de cabello negro le resultaba fastidioso. Su propio salón de clases se había convertido en una batalla campal por elegir que actividad realizarían durante ese día, y él, sintiéndose agobiado de todo eso, decidió ir a la cafetería, aprovechando que faltaban minutos para la hora del almuerzo.

Se sentó en una mesa y miró distraído la pantalla de su móvil notando que la temperatura había descendido algunos grados desde la mañana. Suspiró, si el clima empezaba a encrudecerse, su madre ya no le permitiría asistir en moto a la escuela, mucho menos consentiría en que llevara a Asuna de vuelta a su hogar tras las clases.

—¿Qué es esa expresión derrotada que llevas? —la burlona voz de Rika obligó a que alzara la vista del aparato, notando para su sorpresa que tanto ella como Keiko estaban sentadas frente a él.

—¿Dónde está Asuna? —preguntó a su vez, ignorándole por completo, advirtiendo la ausencia de su novia.

—¿Sabes en qué fecha estamos? —Rika volvió a tomar la palabra con cierto aburrimiento —Todo el mundo está revolucionado con el festival escolar de este año —al notar que el joven parpadeaba sin entender, añadió —Mi salón decidió hacer una obra de teatro, ¿adivina quien ha sido seleccionada para actuar?

No tenía que adivinar. Era demasiado obvio. Lo más probable era que ella se había ofrecido a participar. El año anterior, el salón de la chica decidió hacer una pastelería, ya se imaginan quien estuvo detrás de esos dulces y postres, cocinando sin parar todo ese día, chamuscándose los dedos, durmiendo poco por la presión y cayendo de agotamiento no mucho después, ¿verdad?

—Nosotros vamos a montar una casa del terror —mencionó la más joven del grupo, alzando la nariz con orgullo, sin importarle que nadie le había preguntado nada.

—Eso suena genial —la apoyó la otra muchacha —¿Y tú, Kirito? ¿O vas a guardar el secreto hasta ese día?

—Un café, según creo.

—¡Ohh un shitsuji cafe!, ¡Kirito-kun de mayordomo será algo digno de ver! —la cantarina voz quedó suspendida en el aire antes de que la chica de larga cabellera color mandarina se sentara en el único asiento vacío, el cual estaba al lado de Kazuto.

Este la miró como siempre lo hacía, tomándose su tiempo, escudriñando el rostro que tanto amaba, notando como los diáfanos trazos de niña se escurrían en la incipiente belleza adulta que empezaba tomar lugar. Asuna tenía diecinueve años, quedaba muy poco de la niña de quince que supo ser alguna vez en aquella lejana mazmorra del primer piso de Aincrad. Aunque quizás la nobleza de sus ojos de miel era algo que permanecería imperturbable por los siglos.

Como esos años en los que estuvo perdido en Underworld, una eternidad que no recordaba, pero que intuía era palpable, tanto como el hueco en sus recuerdos.

—¿Kirito-kun?

A veces el lapso en el que se perdía contemplándola era demasiado bochornoso.

—No pienso hacer de mayordomo. Esa es una tontería —mencionó bajo su aliento.

—¡Pienso como Asuna-san! Sería maravilloso ver a Kirito-san vistiendo traje y diciendo 'Okaerinasaimase ojousama' —la voz de Keiko se perdió en un espejismo que solo ella estaba viendo en su mente. Se apretó las mejillas y empezó a reír tontamente, bajo las miradas divertidas de sus dos amigas —Sería un gran espectáculo…

La expresión horrorizada del pobre Kazuto era tan grande como las expectativas de la joven de coletas.

—Ya les dije a mis compañeros que solo ayudaré a diseñar la folletería, nada más —replicó el parco muchacho, sentándose cómodamente en su asiento y cruzando los brazos tras su cabeza.

—Realmente es una pena, me hacía mucha ilusión ver a Kirito-kun sirviéndome —Asuna soltó una risita vergonzosa que ocasionó que él quisiera hundir la cabeza en el suelo.

Kazuto nunca entendió ese fetiche extraño de las adolescentes, ¿qué había de divertido en la ilusión de ser una rica heredera y tener un sirviente elegante diciendo '¡Bienvenida a casa señorita!'…? Miró a su novia con el ceño fruncido, atando cabos a una velocidad sorprendente —¿Tienes un mayordomo en tu casa?

—¿Qué tonterías dices Kirito-kun? Tú ya conoces a Sada —la pelirroja sonrió sin entender.

—Deberías contratar uno solo para ti, Asuna —las risitas malintencionadas de Rika no le hacían gracia. La miró de mal modo —¿Entonces qué te ha demorado tanto allí, amiga? Creí que ya habían repartido los papeles.

—Es que ya me han dado el libreto —la pelirroja colocó sobre la mesa aun vacía un folder delgado donde se adivinaban algunas hojas —Mañana empiezan los ensayos según dijeron, ¿no te han dado guión a ti?

—¿Para qué lo quiero? Mi papel no es tan importante.

—¿Eres la bruja malvada de los cuentos? Porque ese papel te queda como anillo al dedo.

—Pues sí, así como yo soy la bruja, Asuna siempre será la princesa —Rika le siguió el juego de momento.

—¡Vaya! —la jovencita estiró las manos sobre la superficie y tomó las de su amiga con admiración sacudiéndolas de arriba abajo —¡Si Kirito-san es un mayordomo, Asuna-san siempre será la princesa! ¡Ella tiene modales tan elegantes y finos, que parece de la realeza de verdad!

—Ja, ja, ja… Keiko-chan...

—¡Es cierto!

—Silica tiene un punto.

Mientras las chicas seguían parloteando sin sentido, al menos para percepción del pobre muchacho que siempre se veía excluido cuando su novia y sus amigas, hablaban de algún tema que no entendía, tomó el guión que la reciente actriz había dejado sobre la mesa y empezó a ojearlo con nula curiosidad. Asuna había marcado con un resaltador rosado las partes que le tocaban y no fue sino hasta que llegó a la escena final, que dejó escapar un grito colérico, que hizo que todas las cabezas de la cafetería se volvieran en su dirección.

—¿QUÉ DIABLOS…?

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—¡No puedo permitirlo!

Kazuto Kirigaya caminaba como león enjaulado dentro del bar que le pertenecía a su amigo Andrew, Agil, para los amigos. Ryoutarou a su lado lo veía hacer intentando esconder el placer que esa situación en particular le causaba. El muchacho siempre se mostraba impasible e indiferente ante toda situación desesperada, sea aquí IRL o en el juego. La única persona capaz de lograr que un mínimo de emoción se transfiriera a su semblante, no estaba allí en ese momento, pero su nombre era tan claro como la luz del día.

—¿Kirito-chi estás haciendo una rabieta por qué Asuna-san debe actuar en una obra escolar?

—¡No es solo una rabieta! ¡Tiene que besar a un desconocido en la escena final!

El pelirrojo seguía sin entender cuál era el problema. ¿Acaso Kazuto no sabía que los besos de ficción no eran reales? Lo más probable fuera que la muchacha ni siquiera había puesto atención a ese detalle. Porque era eso; un simple detalle sin importancia.

—¿Y cómo crees que hacen las actrices de las películas? — prosiguió apurando el trago que quemó deliciosamente su garganta —No creo que ellas se pongan tan remilgadas como tú.

—Asuna no es una actriz —le recordó agriamente.

—Entiendo tu recelo, Kirito —Andrew decidió intervenir viendo la graciosa desesperación del menor del grupo —Y creeme te daría la razón si no conociera a Asuna-san.

—Lo sé, Agil —se serenó un poco —¡Aun así no puedo evitar preocuparme! No desconfío de ella, sino del otro tipejo…

—¿El qué debe besar a la princesa? —prosiguió Ryoutarou con maldad evidente.

—Ese era uno de sus fanboys en Aincrad. Nunca ha intentado nada, pero… —en su mente la escena de aquel tipejo de brillante cabello rubio degustando con gula los sagrados labios de su novia, pudo más que todo razonamiento y emprendió el camino de ida y vuelta por el salón. Gruñendo más ofuscado que antes —¡Puede aprovecharse de ese momento!

—¡Kirito-chi qué tonterías dices! Dudo que aquel pobre tipo pueda aprovecharse, contando que será un salón lleno de gente… Y sabiendo que es tu novia.

El pelirrojo tenía un punto, pero Kazuto estaba demasiado ofuscado para darle la razón. En verdad si lo pensaba con detenimiento, Asuna jamás le había dado motivos para desconfiar… Por eso nunca dudó de sus sentimientos. Estaba convencido y podía asegurarlo sin dudar: Asuna le amaba con una intensidad inquebrantable. Pero los demás, o debería decir, la población masculina de la escuela, muchos de ellos fans del Destello Veloz en SAO, estaban a la eterna espera de que la pareja dorada tuviera un desliz.

A eso le temía.

Obviamente no todos le amaban, no todos le admiraban, y no todos le tenían simpatía. Existía un número curioso de estudiantes que reaccionaba con indiferencia cada vez que le veían.

—¿Has hablado con Asuna-san sobre esto? —Agil añadió con voz calmada. Como siempre llamándole a la razón.

—Solo dijo que había reaccionado de modo muy exagerado.

—Celoso —Ryoutarou ahogó la frase contra el vaso. Pero Agil le oyó, pues frunció el ceño en su dirección.

—Necesito solucionar esto —Kazuto ignoró la ayuda de sus amigos, o mejor dicho; el consuelo que Andrew le brindaba, se colocó la chaqueta escolar, tomó su mochila y sin despedirse salió por la puerta.

Una idea maravillosa había alumbrado su mente de tal forma, que debía ejecutarla con rapidez antes de que la olvidara.

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Conforme los días pasaban y el nerviosismo pre festival se instalaba en los ánimos de todos, Kazuto se veía cada vez mas encolerizado. La locura de su salón de clases era otro cantar, alumnos corriendo de un lado al otro, acondicionando el salón, otros diseñando los trajes de maid y de mayordomos, y otras, las más idóneas, confeccionando pasteles para degustar, evaluando cuales estarían en el menú principal de la distinguida cafetería.

Literalmente el joven de cabello negro estaba hastiado. Esa festividad hasta le había robado la atención de su novia, a quien desde que esa locura empezó había visto muy poco. Asuna ensayaba casi todos los días después de clases, y aunque le aseguraba que la escena final, ella omitía decir beso, solo se desarrollaría completa el día del festival, Kazuto seguía sin recuperar el temple.

¿Es qué como iba a aguantar serenamente que otro sujeto besara a su novia frente a sus narices?

Aquella mañana desistió de ir a la cafetería, pues estaba a nada de no soportar las burlas de Rika y salió al patio exterior de la escuela. Caminó seriamente entre los jardines, rodeando algunos setos que lo ocultaban de la vista del edificio y esperó en un punto determinado.

Rápidamente, una voz nasal le dio la bienvenida —Llegas tarde.

Se giró lentamente viendo a la famosa vendedora de información, que otrora contrabandeaba jugosos detalles en SAO. Su aspecto se veía casi igual al de aquellos tiempos, cabello corto rubio, ojos castaños penetrantes, y salvo el uniforme escolar que usaba, el cual era distinto al de ellos, no se veía otro cambio en su apariencia general.

Argo, o Tomo, que era su nombre real, había pasado una larga temporada fuera de Tokio con su familia, razón por la cual no cursaba en la Escuela de Sobrevivientes como ellos.

—Es la hora acordada —revisó su móvil para cerciorarse —Aun no entiendo como puedes aparecerte por aquí y que nadie te diga nada.

—Es un secreto —Argo rió fugazmente —¿No traes a A-chan contigo?

Él pareció ofendido —No.

—¿Así que los ensayos para la obra de teatro se dan también en horas de clase?

—¿Cómo sab…? —se detuvo. Al parecer ella seguía en sus averiguaciones como siempre; conociendo información que el resto del mundo ignoraba.

—Sigues siendo muy fácil de leer Kii-bou —sonrió —Entonces, ¿por qué me llamaste?. ¿Luego de tanto tiempo aun necesitas mis servicios? Por lo que deduzco, que esto no tiene nada que ver con Kikuoka.

La voz burlona con la que la blonda decía eso, le hizo intuir que de seguro ella ya sabía exactamente el por qué le había pedido que le encontrara en la escuela, así que decidió ir al grano.

—Asuna va a actuar en una obra de teatro para el festival cultural.

—Lo sé, representará Blancanieves y los siete enanos — murmuró —¡Debiste ver lo hermosa que se veía con esa peluca negra!

—Por favor, ni lo menciones —alzó la mano, molesto de que supiera tantos detalles que él no. Se armó de seriedad, como solía hacer en aquellos años en los que la contrataba para algún trabajo en Aincrad —Quiero que la quites del papel estelar.

—¿Perdón?

—No quiero que sea la princesa y que un falso héroe le de un beso.

—Kii-bou —murmuró lentamente —¿Conoces el cuento?

—Ya sé que es una historia para niños, pero aun así…

—¿Es por la escena final? ¡Se trata de un beso insípido! ¿Realmente estas celoso por eso?

—¡No estoy celoso!

Argo alzó las cejas —Si tú lo dices…

—¿Vas a ayudarme o no?

—¿Alguna vez te he fallado?

—Estás dando demasiadas vueltas.

—¿Has hablado con ella? ¿No era más fácil decirle que eso te molesta?

El joven le dio la espalda —Ya tengo suficiente de esto, me voy.

—Si te ayudaré. Aunque esto va a salirte caro, Kazuto-kun —se explicó rápidamente ocasionando que el lacónico muchacho se detuviera en seco varios pasos más adelante —Todo lo que A-chan hace es con la finalidad de ayudar, no se me ocurre que desee participar de un evento escolar para enemistarse contigo.

—No desconfío de ella.

—Entonces, explícame porque no entiendo. La quieres fuera de la obra… —se quedó pensativa por un momento, luego lo miró, decidida —Puedo darle un sedativo o conseguir una… pócima ligera que la mantendrá fuera de la escuela por algunos días y...

—¡Pero qué diablos dices, loca! ¿Qué cosas se te ocurren? ¡No estoy hablando de nada extremo! —el joven tenía suerte de que solo ellos dos estaban en los jardines de la escuela, así nadie tendría que oír sus gritos de horror —¡Quiero desplazarla del papel principal! Que otra estudiante ocupe su rol.

—¿Nada más?

—Nada más.

La jovencita rubia sonrió cínicamente, midiendo con sus ojos el cuerpo del espadachín más fuerte que Aincrad supo tener —Quieres que otra estudiante que no sea A-chan ocupe el rol de princesa en la obra, ¿estoy en lo correcto?

—¿Por qué lo preguntas tanto? —gruñó perdiendo parcialmente la paciencia.

—Para estar completamente segura de darte lo que quieres —él suspiró asintiendo a regañadientes — Por cierto, ¿conoces el cuento, verdad?

—¿Y eso qué tiene que ver?

—Es simple curiosidad, es todo —rió disimuladamente —Esto va a resultarte costoso, Kii-bou.

—Ya lo mencionaste, ¿cuánto quieres?

—Tranquilo, guarda tu billetera —le mostró una de sus clásicas sonrisas gatunas —Luego me pensaré el precio, en tanto disfruta tu libertad…

—¿Eh?

—Me enteré que tu salón hará un shitsuji café, estoy segura de que la información de que Kii-bou servirá a las señoritas vestido de mayordomo se venderá por un precio jugoso.

El pobre muchacho se ruborizó hasta las orejas, pero luego viendo que la joven se carcajeaba maliciosamente a sus expensas, salió de allí dándole un pequeño empujón con su hombro.

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Realmente no entendía que estaba haciendo ahí, tras bambalinas, ocupando uno de los camerinos que, según tenía entendido pertenecía a la actriz principal de la obra.

Y… el corset que usaba le estaba cortando la respiración literalmente.

Se contempló en el espejo al que hubo desechado segundos antes y ahogó el grito de terror… o quizás sus pulmones estaban tan comprimidos dentro de aquel diminuto traje femenino, que no tenía fuerzas para gritar.

El vestido era negro, de corte victoriano, con un escote modesto, que realzaba el relleno que Rika le había puesto en el pecho. Ahogó el súbito deseo de agarrarse los senos para ver como se sentían y se concentró en reconocerse otra vez. Pero la hermosa chica de piel de alabastro y largo cabello de ébano le miró desafiante desde su reflejo, imitando sus gestos con perfección.

Labios de carmín, pestañas postizas como patas de araña, un toque de rubor y un listón rojo enmarcando su cabello.

—¿Ya estás lista?

La voz de barítono obligó que volteara a ver… con las manos sobre sus propios pechos. Sí, es que no había podido resistirse… El chico que esperaba junto a la puerta, era uno de los compañeros de Asuna por lo que pudo reconocer, y se ruborizó apenas sus ojos grises se encontraron con los de él.

—¿Me hablas a mí? —preguntó sorprendido.

El chico no contestó, le estaba mirando fijamente a la cara. El rubor era tanto que por un segundo pensó que le saldría vapor por las orejas.

—Oye… —insistió acercándose. Pero moverse con el peso voluminoso de ese vestido era más difícil de lo que parecía. Por lo que para no hacer un espectáculo de sí mismo, se quedó en su lugar.

—Es que ya vas a salir a escena —le urgió recuperando el habla, desviando la vista para no seguir viéndole—Eres la princesa de la obra, quieren estar seguros de que todo está bien.

—¿La… princesa…?

¡Blancanieves a escena! —se escuchó otra voz que gritaba desde afuera.

—Te esperan, no seas tímida.

Ahora fue su turno de abochornarse, se cubrió la cara —Saldré en un momento.

—Te ves preciosa… No te tardes mucho —el galán continuó antes de cerrar la puerta con suavidad.

Kazuto se giró hacia el espejo, otra vez enfrentando la estilizada silueta que persistía en copiar sus movimientos. Era él, la hermosa chica de rostro de alabastro y cintura de avispa ¡Era él!

¡Él era la princesa de la obra de Blancanieves!

El grito que dejó escapar en los camerinos fue tan agudo, que ninguna soprano que se precie de serlo, sería capaz de igualarlo sin muchos años de práctica.

—¡Maldita Argo, voy a matarte!

Pero que despotricara de esa forma no le sirvió de mucho. Él mismo había dado su palabra con tal de que Asuna no fuera la protagonista.

¡Blancanieves a escena!

La voz repitió con acento demandante por lo que no tuvo más opción que alzar la cabeza, cuadrar los hombros y salir.

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(Parte I de II)

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Nota:

Tercer aporte del #KiriVeggieAwakening!

Según yo no iba a hacer este aporte (ni el que voy a subir mañana) pero los planetas se alinearon de modo maravilloso y aquí estoy!

La verdad esta fue la primera frase que me salió apenas giré 'La rueda del Infortunio' de Kiri y lo hice deseando que me saliera, porque de verdad MORÍA de ganas de escribirla JAJAJA

Como verán, esto no se termina acá sino que tendrá una segunda parte para infortunio de Kiri que tendrá ser una hermosa princesa en la obra escolar y aceptar el beso del principe xDDDDD

Gracias por leer!

Nos vemos mañana con mi último aporte ^^

Sumi~