Este es mi aporte al #KiriVeggieAwakening

El tema que me tocó es: Kirito sale victorioso de: ''De actuar como princesa en la obra de la escuela' 'Y de salir victorioso de una treta de Argo'

Canon

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Como Blanca Nieve

Parte II

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La luz le dió de lleno en la cara. El foco que colgaba del techo lo iluminó dejándole ciego por algunos segundos. Parpadeó, notando el silencio desmedido que poblaba el ambiente.

Tenía la mente en blanco. ¡Tenía la mente blanco! ¿Qué se suponía que debía decir?

Repasó en su cabeza la versión de la película de Disney, de la cual su hermana Suguha solía ser tan fanática cuando era pequeña. ¿En qué parte de la obra estaba? Se suponía que esa era la primera escena en la que él salía al escenario.

¡Pstt! —Un ligero movimiento le llamó la atención desde el costado de la escena. Escondido tras el telón, el joven que había ido a buscar al camerino, le hacía señas. Tenía un libreto en las manos y estaba murmurando algo frenéticamente. Kazuto tardó algunos segundos en comprender que decía —¿Por qué deseas matarme cazador?

Repitió las palabras en su mente tratando de hallarles el sentido. Corrió la mirada al otro extremo del lugar y notó a otro chico, también compañero de clases de Asuna, el cual vestía ropas de pueblerino y llevaba consigo un hacha; lo estaba mirando fijamente con la boca abierta. Sus ojos estaban llenos de terror.

¡Bueno! Al menos no soy el único que siente pánico de estar aquí.

La molesta voz del joven de lentes volvió a zumbarle los oídos —¿Por qué deseas matarme cazador?

La gente empezaba a impacientarse también, algunos murmullos corrían entre la primera fila. Habían pasado algunos minutos desde que él estaba parado allí.

¿¡Por qué deseas matarme cazador!? Cuando la voz volvió a repetir aquella frase por tercera vez, se dio cuenta de lo que ocurría. ¡Aquel era el apuntador! ¡Le estaba dando el pie para que entrara a escena!

Kirito se giró con toda la gracia posible y adoptó una expresión compungida hacia el otro muchacho que portaba el hacha y cuyos ojos parecían gritarle que actuara.

—¿Por qué deseas matarme, cazador? —pronunció con voz clara, inclinando la cabeza. Un mechón de largo cabello le cosquilleó la mejilla.

Pero el cazador no respondió rápidamente. Parecía perdido, mirando su rostro. Con los espectadores era el mismo cantar, un silencio absoluto se apoderó del auditorio tras sus palabras.

—Tu… Tu madrastra está celosa de tu belleza, B-Blancanieves… —tartamudeó sujetando el arma de cartón entre las manos para dar énfasis a lo que decía —Me ha ordenado matarte y quitarte el corazón, pero yo te perdono la vida…

—¿Me perdonas?

—Te perdono la vida, vete. ¡Huye lejos! Y nunca regreses…

Kirito no sabía si debía decir algo más. Recogió como pudo el ruedo de su vestido y echó a correr en sentido contrario, justo al lugar donde el apuntador se encontraba, simulando que se perdía dentro de la espesura del bosque.

El telón cayó en ese preciso momento, coronado por el entusiasta aplauso del público, y varios alumnos aparecieron para cambiar la escenografía. Lo hicieron con tanta rapidez y precisión que él quedó francamente maravillado. Tomó el libreto de manos del chico que seguía contemplándole con admiración y repasó velozmente la escena que seguiría.

—Lo estas haciendo muy bien, Kiriko-san.

Él se giró al oír como le llamaba. ¿Kiriko? Aquel era el ridículo nombre que Shino le había dado tras la final del BOB. Ahora comprendía que no solo Argo estaba metida en esa estupidez, sino que el resto de sus amigas también. Peleó contra el impulso de gritar de frustración, y se obligó a mantener la serenidad. Por otro lado que le llamaran Kiriko ponía en manifiesto que ignoraban que se trataba de él.

Pensó que la rubia informante se ocuparía de exhibirlo descaradamente, pero al parecer no era así. Por lo menos podría salva guardar algo de orgullo y protegerse de quedar en el ridículo total.

Le hizo un gesto de asentimiento al apuntador y leyó a grandes rasgos las siguientes escenas.

Bien, no era tan complicado. Debía hallar la cabaña de los enanos en el corazón del bosque y ofrecerse a cocinar y asear la casa, a cambio de hospedaje. ¡Debería improvisar porque ni loco iba a ponerse a cantar! Asuna nunca le mencionó si se trataba de una obra musical, pero él se negó a pasar semejante vergüenza.

El telón se abrió y Kirito simuló hallarse desorientado en el medio del camino. La escenografía que emulaba el bosque no era muy extraordinaria por lo que debía dar pasos cortos para simular su extensión. Los zapatos que usaba, si bien eran de su talla, le resultaban tremendamente incómodos, aunque servían con el objetivo de fingir darse un traspié.

Halló la cabaña y cuando se aprestó a abrir la puerta, el telón cayó detrás de él. Debían montar la nueva escenografía y ambientar el escenario como si fuera la humilde casa de los enanos. Mientras los utileros colocaban el mobiliario, alzó el cuello para ver tras bambalinas. Hasta el momento no había visto ningún rostro conocido, o sea conocía a los compañeros de su novia de vista, pero nunca tuvo especial trato con alguno de ellos. Sacando a Rika, Argo y a Asuna, por supuesto, no hablaba con ninguno de ellos.

Pero Asuna no estaba a la vista. Ignoraba que fue lo que hizo Argo para sacarla de la obra, sencillamente dos días después de que le hiciera aquel encargue a la rubia, la pelirroja le confesó que la habían quitado del papel estelar, para dárselo a un talento incipiente y, a ella; la rebajaron a un papel secundario. Como Kazuto ignoraba que él habría de ser la estrella, no se molestó en averiguar el modo en que Argo cumplió el trabajo. Sí había notado que Asuna estuvo algo triste los días que siguieron, empero él no podía ocultar su dicha y se le veía exultante tras haber logrado su objetivo.

Sin embargo, en ese momento echaba de menos a Asuna. ¡Si al menos hubiera puesto un poco de atención a sus ensayos!

¿Tal vez se había dado cuenta que él fue su reemplazo y se encontraba molesta? Era la respuesta al porqué no se estaba allí, dentro o tras el escenario.

El peso de la culpa le aguijoneó el pecho y deseó que esa tonta obra acabara para ir a su encuentro. En verdad echaba de menos, la seguridad y la confianza que Asuna le brindaba.

El telón volvió a abrirse, mientras seguía divagando consigo mismo. Era la escena donde tenía que conocer a los enanos… que de enanos solo tenían el nombre, más bien parecían un equipo de fútbol. Todos ellos altos, atléticos y bien parecidos. Ocultó el mal humor que le embargó… ¿Aquello había sido idea de Argo para hacerle pasar un mal trago? Agradeció al cielo que no fuera Asuna quien se encontrara rodeada de aquel ejercito de testosterona.

Y mientras fingía barrer la casa, se quitó los zapatos, nadie iba a darse cuenta de la tortura que estaba sufriendo en los pies, el alivio que sintió fue tanto, que estuvo a punto de ponerse a bailar.

En la versión de Disney, Blancanieves hacía gala de su innegable talento en la música, privilegiada con esa voz cual coro de ángeles, pero él se mantuvo con la boca cerrada, diciéndose firmemente que no había motivo para hacer un ridículo aún mayor.

El público si notó ese cambio significativo en la obra, no omitió opinión. Todos parecían completamente absortos en el acto; o mejor dicho, en él.

Por fin, cuando apareció Rika vestida de anciana y ofreciéndole la manzana envenenada, se sintió en terreno seguro. Aunque el consuelo le duró poco, pues la herrera le ignoró olímpicamente, y se mantuvo todo el tiempo en su papel de villana, ofreciéndole la fruta de la discordia sin más palabras que las que figuraban en el libreto.

Empero Kazuto quería acabar rápido con aquella burrada, así que aceptó sin pelear demasiado, mordió la fruta antes de que la joven abandonara la escena y fingió un estruendoso desmayo, que hizo que una ola de alarma se extendiera por todo el recinto. Obviamente, la intriga de saber quién estaba detrás de esa preciosa actriz de piel tan blanca como la nieve, tenía al auditorio en vilo… aunque no solo a los espectadores, sino también a los propios compañeros de Asuna, que veían todo tras bambalinas, y a quienes la habían presentado como Kiriko. Culpa de Argo, por supuesto. Ya veía que cuando acabara aquello, tendría que desaparecer de la escuela al menos por un mes para salvaguardar su identidad.

Pero no quería pensar en eso ahora. Debía concentrarse en terminar la obra sin que quedara en evidencia.

Cuando aparecieron los enanos y con gran congoja le pusieron dentro de aquel ataúd de cristal, supo que ¡por fin! faltaba poco para que aquel suplicio acabara de una buena vez. Solo que… había olvidado aquella escena final que fue el detonante de que se encontrara en esa penosa situación. El beso. El maldito beso que llevó a que moviera cielo y tierra para que Asuna saliera librada.

Bien, ahora era su turno… Debía armarse de valor aunque no quisiera. Tragó el nudo que tenía atorado en la garganta.

Oyó que el telón era levantado una vez más, ya para desarrollar el momento culmen y se ordenó mantener la calma. Cuando el dichoso príncipe encantador se inclinara para robarle el beso, movería la cara de tal forma que no le tocara. Por el ángulo en el que se hallaba recostado dentro de aquel lecho de flores, la gente no se daría cuenta y por supuesto creería que la caricia se había realizado con toda pompa.

Oyó los pasos de las botas que retumbaban en el escenario y apretó los párpados diciéndose mentalmente que solo debía aguantar ese último trago y todo acabaría por fin..

— ¡Oh pero qué delicada belleza ven mis ojos! —mencionó una voz conocida. El auditorio sin duda también la conoció, pues una oda de asombro y admiración recorrió toda la sala de punta a punta —Cabello negro como el ébano, piel blanca como la nieve y labios cual rubí… ¿quién es esta preciosa doncella? ¿Por qué se encuentra allí? ¿Cuál aciago destino la ha condenado a tal fatalidad? Si le diera un beso de amor verdadero… ¿volvería a la vida?

Kazuto abrió los ojos apenas reconoció su voz, tuvo ganas de saltar del lecho y correr al encuentro de Asuna. Pues se trataba de ella, luciendo radiante y heroica bajo las luces que la acariciaban casi con temor reverencial. Llevaba un sombrero de ala ancha con una pluma de mosquetero que le cubría parte del rostro, debajo se veía su largo cabello trenzado prolijamente, vestía un blusón blanco, pantalones ceñidos de color oscuro, y botas. Y aunque su aspecto debería ser completamente andrógino, para el joven allí recostado fingiendo estar muerto, era lo más femenino y sexy que hubo visto en mucho tiempo. Desde el ángulo en que la observaba, notaba como los pantalones se le ceñían de modo envidiable en las caderas.

El príncipe se dio la vuelta, encarando la silueta de Blancanieves, por supuesto el público no podía ver la expresión que portaba, pero sonreía enormemente y a Kazuto le recorrió un alivio enorme al ver el hermoso rostro alegre de su novia.

—Un beso de amor verdadero… —murmuró fuerte y claro, poniéndose de rodillas frente al cuerpo dormido de la princesa. Inclinó la cabeza en su dirección, en tanto el auditorio contenía el aliento en un grito silencioso y exagerado.

Grito que se convirtió en una avalancha de chillidos de sorpresa, cuando los brazos de Blancanieves se alzaron inequivocadamente del lecho, para estrechar los hombros del príncipe y así profundizar, aun más si fuera posible, aquel beso.

Sin duda, para el público era muy impresionante que Asuna Yuuki compartiera con tanto entusiasmo un momento íntimo como aquel con otra chica, siendo su novio el héroe dorado, célebre por su expresión parca y huraña. Y si antes el público guardaba silencio ante el sorpresivo giro de la trama, ahora una histeria colectiva poblaba toda la sala.

—Bienvenida al mundo real, princesa —prosiguió Asuna, usando los brazos de Kazuto que seguían rodeándola, para ayudarle a incorporarse —Estuviste genial… —le dijo en un susurro.

El joven no sabía que decir, se hallaba mudo y sorprendido. Notó que el príncipe movía las flores que fungían como lecho hacia un lado, y siguió sus acciones con interrogación, hasta que notó las firmes manos femeninas tocándole justo en la espalda baja. Y entonces comprendió. En la obra de Disney, el príncipe tomaba a Blancanieves entre sus brazos para luego fugarse con ella.

A Kazuto le entró pánico. ¡Él por supuesto que era más alto y más corpulento que ella! Y aunque muchas veces, había hecho bromas sobre su bajo peso, todavía era más robusto. No había forma en la que permitiera que Asuna le alzara entre sus brazos al estilo nupcial.

No lo hagas —le siseó. Pero fiel a su personalidad, la pelirroja le ignoró por completo —Asuna, no es necesario. No lo hagas, puedes lastimarte…

Asuna era tan porfiada como él. Con sorprendente habilidad lo tomó entre sus brazos y se alzó sobre sus pies. Le rodeó los hombros en afán de ayudarle a mantener el equilibrio, más no fue necesario. A paso suave, pero seguro, se dirigió al centro del escenario, donde el foco principal les iluminó de lleno. El público estaba de pie, y para vergüenza de Kazuto, varios celulares se alzaron en dirección a ambos, en tanto una ola de excitación recorría las filas, de boca en boca.

Según sabía, los enanos debían aparecer en fila, para que él besara sus frentes a modo de despedida, pero allí en el escenario solo se encontraban ellos dos. ¿Quizás habían cambiado la escena a último momento?

—Te secuestraré para que vivas eternamente a mi lado, Blancanieves…

Asuna había improvisado esa línea, sin duda porque no recordaba haber leído eso en el libreto, ni haberlo visto en la versión animada de Disney. Cuando iba a contestarle, tratando de meterse en papel, ella lo calló con otro beso, esta vez más vehemente que el anterior, y el publico estalló. O mejor dicho; el publico masculino se deshizo en aullidos y vitoreos.

Luego entendió el porqué.

Los alumnos creían haber visto una escena yuri, y eso fue lo que inmortalizaron en sus teléfonos.

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Kazuto trataba de no pensar en el ridículo que había hecho allá en el auditorio. Lo cual era casi imposible porque todo el mundo estaba hablando de la obra de teatro.

Se apresuró a preparar el café con toda la calma posible, oyendo el murmullo de excitación que rodeaba a su salón de clases.

—Es una suerte que Asuna-san se haya ofrecido a ayudarnos —mencionaba a su lado uno de sus amigos, un joven algo regordete de anteojos, que al igual que él lucía un uniforme de mayordomo —¡Con esto creo que nuestro café tendrá más concurrencia que la obra de Blancanieves que montó la clase superior!

Kazuto casi dejó caer la tetera.

—Me pregunto quien sería la hermosa actriz que hizo de la princesa. Dicen que se llama Kiriko... —prosiguió y le miró de reojo —¿No te molestó que Asuna-san tuviera que besarle? De seguro lo disfrutaste como los demás, ¿cierto?

Kazuto sintió que podría soltar un grito de frustración. ¿Es que acaso toda la escuela hablaba de eso?

Luego de la función se las ingenió para desaparecer del saludo final. Argo, quizás presintiendo que su cabeza rodaría de no salvarle de aquello, apareció como por arte de magia y lo escoltó envuelto en un abrigo gigante hasta un salón donde se cambió rápidamente. Su clase había montado un café Shitsuji así que las prendas que debía lucir no eran mucho mejor que las de Blancanieves. Un traje de terciopelo negro, lentes sin graduación, una corbata, y un par de guantes: el uniforme de un mayordomo.

Al parecer ese era el precio por pedirle a Tomo que quitara a Asuna de la obra.

—Hey Kazu yo pensaba que eras celoso, pero veo que son una pareja de mente abierta —seguía diciendo el joven mientras preparaba una bandeja a rebosar de dulces, ajeno a la expresión malhumorada de su compañero —Si quieres esa imagen para deleite personal, la tengo en mi móvil —le guiñó el ojo y se alejó de la cocina.

Kazuto contó hasta diez para no soltar una retahíla de improperios. Se giró con la tetera en las manos, cuando la pantalla de un móvil casi se estrella con su nariz. Lo primero que vio fue el bochornoso momento en que Asuna lo besaba mientras lo abrazaba al estilo nupcial, y luego… la alta resolución de la imagen fue suficiente para que le diera una bofetada a su ego. La imagen captaba a la perfección el beso entre dos amantes.

—Se está vendiendo a un precio jugoso, ¿sabes? Creo que la población masculina hará buen uso de ella —el rostro sonriente de Argo le saludó con una mueca sugerente, antes que volviera a guardar el aparato en el bolsillo del mandil que usaba. Sí, Asuna no era la única que estaba colaborando con el café.

—¿Tú hiciste eso? —bramó entre dientes, sabiendo que no podía darle rienda a su furia porque de hacerlo, ella lo descubriera frente a todos los estudiantes en un abrir y cerrar de ojos.

—Yo no hice nada, me ofendes Kii-bou —le respondió en un puchero ofendido —Al parece alguien tenía el móvil preparado justo en el momento en que A-chan besó a la hermosa princesa de piel tan blanca como nieve…

Gruñó de frustración. ¿Cómo habría de soportar que hiciera burla de él el resto del ciclo escolar? —Voy a matarte —le siseó, consciente de que ella no le tenía miedo.

—Sabes que puedo decir en menos de un segundo que eres tú… Tengo otra imagen que lo confirma…

—¡Kirito-kun! —la voz cantarina de Asuna se asomó tras la puerta de la improvisada cocina, interrumpiendo su intento de asesinato —¡Te estamos esperando!

—Salvada por la campana —le disparó una gélida mirada a la rubia informante y se dirigió hacia donde su novia le aguardaba.

—Espera un momento, ¿qué es esto? ¿no sabes hacer el nudo de la corbata? —Asuna se rió levemente, mientras con dedos expertos desataba el corbatín para volver a anudarlo. Se veía tan concentrada en acomodar la prenda que se sorprendió cuando los labios finos del joven le robaron un beso. Alzó la vista, sonrojada —¿Qué?

—Te estoy devolviendo uno de los dos besos que me robaste —murmuró con timidez.

Asuna desvió la vista sonrojada, y sin mencionar palabra le quitó la tetera de las manos y volvió sobre sus pasos. Kazuto la siguió no mucho después.

Seguía tan tímida como siempre, pese a que lo besó con vehemencia frente a un centenar de estudiantes.

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Cabe aclarar, que la cafetería organizada por la clase del espadachín negro fue quien ganó el premio al mejor evento del festival escolar. Los alumnos que visitaron el lugar, decían que sí tenías la inmensa suerte de que te atendieran los héroes de SAO, sería algo que no olvidarías nunca. Pues ambos te daban la bienvenida y te escoltaban hasta la mesa escogida, te leían el menú y podías elegir entre varias de las delicias que la misma Asuna había cocinado. Por otro lado, hasta podías tomarte una fotografía con ellos e inmortalizar el día en que la pareja dorada te había servido.

Por supuesto, el rumor de que Kazuto y Asuna atendían al público en persona, se esparció como reguero de pólvora por toda la escuela, y las largas colas fuera del salón por entrar a la Cafetería ponía en evidencia la fama que los precedía.

Aunque la verdad era que la mayoría quería ver en primera plana que la relación de ambos siguiera en pie luego de aquella escandalosa obra donde Asuna Yuuki había besado a esa misteriosa chica del piel blanca llamada Kiriko.

Misteriosa chica a la que nunca pudieron encontrar.

Aunque si alguno usaba los servicios de cierta informante rubia, quizás podría adquirir alguna pista…

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Nota

Gracias a todos por leer esta locura! Juro que sonaba mucho mejor en mi cabeza xDDD

Bueno, a grandes rasgos no me la he pasado bien de salud estas semanas, por eso me tardé en traer la segunda parte de este fic. Pero aquí estoy!

Lo proximo a actualizar: Hasta estar dentro de ti.

Sumi~

Pd: Música que escuché para inspirarme:

-Heart Moving,I Will, Unlasting, Change the World