|I'm Back, Asuna...|

Me sentía agotada.

Parecía que el uso de MotherRosario había sido en vano, solo logré frenar a PoH temporalmente. Cuando lo vi resurgir tras los últimos vestigios de lo que consideraba mi mayor OSS, con ese gran hueco en el pecho, pero aún erguido y en pie, con su arma en las manos, entré en desesperación. Parecía que todo mi esfuerzo habia sido en vano.

Apenas podía mantenerme en pie. Me costaba respirar. Mi cuerpo temblaba de cansancio.

Yuuki… Repetir el nombre de mi mejor mejor amiga me dio las fuerzas necesarias para incorporarme. Tenía que continuar. Tenía que vencer a ese demonio que nos estaba persiguiendo desde los tiempos de SAO.

Mis ojos cansados se desviaron hacia el tesoro que ansiaba proteger. Él seguía allí, metros más allá dónde PoH lo había dejado, en el suelo cubierto de arenilla roja. Estaba viéndome. O quizás eran solo mis esperanzas jugándome una broma.

Kirito-kun…

No logré mi cometido, un soldado rojo me envió de vuelta al suelo con un golpe que me atontó por algunos segundos. Cuando recobré la conciencia, los jugadores extranjeros habían empezado una verdadera matanza entre sus propias líneas, y luego acometiendo contra los pocos soldados del imperio humano que quedaban con vida. ¡A pesar de que nos habíamos rendido! ¿Por qué seguían perpetrando semejante crueldad?

El caos y el descontrol fulguraba a mi alrededor. El color carmesí del cielo que nos rodeaba, parecía que estaba haciéndose acopio de la mortandad que se cometía bajo el firmamento de aquel día. El olor a sangre flotaba en el aire y me daba nauseas.

Me incorporé viendo como la marea de soldados pasaba por encima de nosotros, anegándonos. Mis ojos buscaron a mi novio, mi amor… ¿Qué le habían hecho?

Él estaba en el mismo lugar, me miraba y extendía su mano izquierda hacia mí. Estaba preocupado… preocupado por mi bienestar.

—Estoy bien… —susurré, alzando mi extremidad en su dirección para calmarlo. Aunque sabía que aquella era una mentira. Era cuestión de segundos para que acabaran conmigo —Kirito-kun estoy bien, no te preocupes por mí… — el sonido de unas pisadas me interrumpió, desvié la mirada para ver como la bota de uno de esos soldados se estrelló contra mi mano alzada.

Hice mi mayor esfuerzo para contener el grito de agonía que desgarró mi garganta. Sabía que Kirito-kun estaba viendo aquello y no quería que sintiera mayor impotencia. Alcé la cabeza para mirar a mi nuevo verdugo, a través del visor contemplé sus ojos. Estaban inyectados de odio y no vaciló en alzar la espada sobre mi cabeza. El filo brilló bajo la tortuosa luz rojiza del cielo.

Pero no me sentí capaz de parpadear, si había llegado mi hora, enfrentaría mi muerte con toda la entereza posible, viendo de frente al soldado al que le habían ordenado mi ejecución. Sin embargo, cuando la hoja bajó hacia mi cráneo a toda velocidad, rebotó bruscamente como si otro acero le hubiera repelido.

¿Qué ocurre?

Intentó una segunda y una tercera vez y aun otra más, pero la espada no conseguía impactarme. ¿Qué era lo que actuaba como escudo y me estaba protegiendo? ¿Quién…? Miré a mi alrededor, pero los pocos caballeros que quedaban vivos, estaban heridos gravemente como para invocar un poder de esa magnitud.

Liena, pobre Liena, desvió al soldado que intentó encarnecerme, pero su rapto de valentía no duró mucho. Fue derribada con sorprendente facilidad. Aun así, su audacia me conmovió; ella era la maestra de Kirito-kun. Esa noche en la que compartimos nuestros recuerdos sobre él, aquella hermosa mujer me confió lo mucho que Kirito-kun se había esforzado en la academia. Él era su pupilo y ella estaba orgullosa de su aprendizaje.

—Gracias Liena-san. Descansa —le dije en un susurro rodeando sus hombros.

Pero el destino nos tenía reservada otra sorpresa. Una sombra imponente se materializó frente a nosotras, cuando aun sostenía el débil cuerpo de la maestra de Kirito-kun.

PoH se encontraba de pie, tambaleante, sujetando el agujero abierto en su pecho con una mano, mientras con la restante sostenía el Chopper, ese extraño cuchillo que había triplicado su tamaño gracias a la absorción de los elementos mágicos que poblaban el lugar. Pese a su aspecto maltrecho él estaba milagrosamente de pie. Varios cortes le cruzaban el lado del rostro que ostentaba ese extraño tatuaje azul, dándole un aspecto aún más siniestro. Sus pupilas pequeñas brillaban como las de una serpiente mientras se reía de modo vicioso, enseñando sus dientes blancos en una mueca lasciva y desagradable.

No me dio tiempo a nada, mi espada estaba rota, abandonada a varios metros de mi alcance, mi cuerpo temblaba de agotamiento y mi mente estaba abotargada por la desesperación y el cansancio. Realmente no oí lo que estaba diciendo con esa boca blasfema, mi preocupación seguía siendo Kirito-kun allá observando todo lo que ocurría con sus bellos ojos yertos.

No tiene importancia…

Cuando ese demonio lanzó esa cuchilla un vez más sobre mi cabeza, el mismo campo de fuerza que se había replegado antes con el soldado carmesí, apareció ante mí como un escudo protector, desviando el impacto del acero. Hermosas partículas doradas y brillantes fluctuaban ante mi visión como una ligera lluvia, mientras la silueta de una mano masculina se materializaba nítidamente. Pero no sentí miedo.

La emoción hizo presa de mí una vez más.

—Enhance Armament.

La voz de Kirito salió firme y sin titubear. ¡Y allí estaba! Primero noté como se ponía de pie con esa majestuosidad tan propia de él. Su cabello algo largo flameando en la brisa y el traje negro que conocía y amaba tanto.

Kirito-kun…

El susurró inundó cada parte de mi mente en miles de fuegos artificiales. Mis ojos escocieron y las lágrimas encontraron una vía de escape, rodando por mis mejillas. Tenía ganas de correr hasta él y abrazarlo y llorar y gritar y sermonearle por haberme llenado de preocupación.

Pero él volteó a mirarme con esa sonrisa serena que ha teñido sus labios desde que nos conocemos.

—Estoy de vuelta Asuna.

Y casi fue imposible que no estallara en llanto, pero lo hice. Le sonreí, limpiándome las mejillas, sabiendo que no era el momento oportuno para nuestro reencuentro, pese a que las manos me cosquilleaban por abrazarle y llenarlo de besos.

Ahora tenía una misión que cumplir. Debía acabar de una vez con ese demonio del pasado y entonces… Y entonces volvería a mis brazos para no separarnos nunca más.

Estoy de vuelta Asuna. Había dicho con tranquilidad. Tomándose todo el tiempo del mundo y para mí fue la noticia más maravillosa que recibí en mucho, mucho tiempo.

Kirito-kun no se caracterizaba por ser alguien romántico, pero ese Estoy de Vuelta, Asuna me pareció una hermosa declaración de amor, las palabras acertadas que llegaron en el momento indiciado.

—Bienvenido de vuelta Kirito-kun.

Sabía que no me fallarías.

#JusticeforStacia

Esta es una iniciativa que empezó mi amiiii Iri y que yo me he adueñado de modo terrible en este fic.

De qué trata? De reivindicar el papel de mi diosa en toda esta temporada. Hace como 3 capítulos atrás que quería escribir algo, pero me entretuve dibujando mucho y ya con el capítulo pasado estallé. ¡Era ahora o nunca! Amé como Asuna se llevó el protagonismo de todo, su momento con Yuuki, la ejecución de Mother Rosario y su batalla… WOW. Me encantó!

¡Y heme aquí! Babeando como la Asuna Lover que soy.

No sé cuantos caps tendrá esto, se supone que no haría más long fics… Pero yo digo eso y mi lado Ficker desbarata mis planes y me trae ideas nuevas que son difíciles de ignorar…

De momento planeo hacer solo relatos cortos, quizás abarcar la vida futura de mis reyes, pues tengo algunas ideas que quedaron en el molde. Ya veremos.

Por cierto, hice una adaptación libre de la novela 18 xDDD

Gracias por leer!

Por cierto, el dibujo de la portada es de mi autoría… Mencioné que me he quedado super enamorada del cap pasado? Pues eso me imaginé… Ansío ver a Kirito-chi roto y dependiente emocional de Asu. Si A1 no me lo da, pues no me queda otra que dibujarlo ^^

Cuidense!

Sumi~