Este fic pertenece al evento #MeriiKuriSAOmasu20, organizado por SAO Fickers.

Los temas elegidos son:

*Despedirte en Navidad

Alert: Si no te gusta el angst te sugiero no leer esto!

AU

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Cortos de Navidad.

03- Irreversible

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Kirigaya-san… ¿Puede venir al hospital? Ya es hora…

La llamada daba vueltas en su cabeza mientras guardaba su móvil en el bolsillo de su jean, tomaba la chaqueta y las llaves de su auto, todo al mismo tiempo que le decía a su madre que cuidara de Miyuki en lo que salía. Trató de restar importancia a las palabras del llamado, para no preocupar por demás a la niña que esperaba ansiosa la medianoche para abrir sus obsequios.

—¿Por qué debes irte, papi? —la pequeña voz de su primogénita lo detuvo en el umbral.

La miró sin saber muy bien que decirle, sintiendo que la estabilidad de su mundo se iba a la mierda tras la zozobra en aquello inmensos ojos grises tan similares a los suyos. La señora Midori llegó en su auxilio, insistiéndole a su nieta que esperaran juntas la apertura de obsequios. Suguha se sumó a la idea con una sonrisa animosa, y aun su parco padre adoptivo; Minetaka, acotó al respecto, mencionando que estaba muy esperanzado de lo que Santa le había llevado ese año. Aprovechando la coartada que su familia urdió para él, abrió la puerta, parpadeando con dolor ante el gélido viento que le dio de lleno en la cara, y se apresuró a llegar a su vehículo antes de que la niña se diera cuenta.

Estaba en un estado de sopor cuando atravesó las puertas del lujoso hospital de Saitama, pasó de largo el área de recepción, después de todo no necesitaba registrarse, su llegada al establecimiento era habitual, ya toda la planta estaba familiarizada con él. Entró al elevador como autómata, negándose a pensar y manteniendo la mente calma, aunque en alerta.

La habitación de Asuna; la 316, aún conservaba en la puerta, el bonito arreglo de muérdago y bastones rojos que Rika había hecho para ella. Abrió sin golpear, notando que las guirnaldas de luces navideñas, que llevaban allí colgadas desde la tarde, titilaban suavemente, saldo de la fiesta que habían celebrado tiempo atrás.

Asuna le mencionó dos días antes que quería una fiesta de Navidad. Por supuesto, la idea resultaría descabellada para cualquier persona en su situación; una enferma terminal solicitando que en su habitación de cuidados intensivos se montara un show como aquel, era una completa locura. Pero ella era Asuna Yuuki, célebre por lograr lo que se proponía, y él: Kazuto Kirigaya, conocido por mover cielo y tierra por cumplir cuanto pedido pasara por su mente; además de contar con un grupo de ingeniosos amigos que se echaron al hombro la difícil y extraña tarea de montar una celebración tal a toda regla en menos de 48 horas.

Así que se habló con el director del establecimiento y con las enfermeras de aquel piso, y una vez se obtuvo el permiso, los amigos circulaban por la habitación mientras Asuna dormía, o fingía dormir, colgando adornos y todo lo que consideraran necesario para vestir la estancia acorde a las celebraciones decembrinas.

A Kazuto no se le permitió hacer nada, más que ocuparse de llevar a Miyuki a media tarde, para que fuera parte del festejo. Y él nunca olvidaría la expresión ilusionada de la niña cuando entró a la que solía ser una triste habitación que olía a desinfectante y fármacos; había un árbol hermoso montado en una esquina repleto de obsequios, guirnaldas delicadas y elegantes de perlas plateadas, ramilletes de muérdago, luces doradas parpadeantes y listones rojos por doquier. Y ella sentada con una sonrisa feliz en su cama, recibió con brazos abiertos a su pequeña hija, mientras juntas escribían una lista de obsequios para Santa que él se encargaría de llevar luego.

Habían pasado un precioso momento en familia como hacía mucho no vivían. Desde que se despertó aquel mal, a inicios de aquel año, el cual había sido fulminante.

Kazuto cerró la puerta de la habitación con todo el silencio posible, paseó la mirada por el mobiliario, advirtiendo que las mucamas habían limpiado todo saldo que pudo haber quedado del festejo. Ella todavía vestía aquel despampanante vestido rojo de la víspera, se había recogido el cabello en una diadema de trenzas que ahora estaban aplastadas contra la almohada. Tenía puesta la mascarilla de oxígeno y en el silencio desmedido de la habitación, se oía su respiración agónica y estertorosa.

Maldijo en silencio. Asuna había rechazado el oxígeno durante toda la tarde, obviamente porque a Miyuki le causaba mucha impresión ver a su madre conectada a tantos aparatos extraños. Por lo que se había esforzado en parecer normal, actuando con valentía, usando un bonito vestido y zapatos bajos, pese a que hacía semanas no salía de la cama. Habló, cantó, se rio y abrazó a su hija como si aquel mal atroz no habitara su cuerpo. Pero, las secuelas saltaban a la vista con tanta elocuencia como si le hubieran dado una bofetada en el rostro.

Se mordió el labio al aproximarse a la cama, y con su delicadeza acostumbrada, le acarició el cabello, alarmantemente húmedo. Alzó la mirada hacia el aparato que monitoreaba su corazón; el pulso era débil, demasiado débil. Notó sombras oscuras en torno a sus ojos y los labios abiertos en una mueca compungida de dolor. Lucía terriblemente pálida y era un espantoso contraste con la joven sonriente y feliz que había dejado aquella tarde en el hospital para ir a la cena de Navidad con su familia.

Ahora entendía que había fingido todo el tiempo.

—¿Qué haces aquí?... —la voz sonó frágil y cansada a través de la mascarilla, y él se dio cuenta que sus caricias no habían hecho otra cosa más que despertarla —Esas metiches te llamaron justo a estas horas… Pondré una queja en sus reportes…

—Tú no harías algo así nunca —murmuró tratando de sonar ligero y locuaz.

—Lo haré… P-por primera vez, juro que lo haré… —debió hacer una pausa larga en lo que aspiraba aire, como si sus pulmones no alcanzaran a contenerlo —N-no deberías estar perdiéndote la cena, Miyuki-chan te echará de menos y Midori-san se enfadará…

Apretó los labios, preguntándose como podía pensar en cosas vanas como esa, cuando su propia vida pendía de un hilo muy delgado.

—Te esforzaste mucho en la tarde.

—N-nada de eso… la fiesta estuvo muy bien, me sentí como si tuviera 25 años otra vez…

—Tienes 25, Asuna —se esforzó en seguirle la corriente. Ella metía notas de humor cuando lo único que él quería era echarse a llorar como un niño —Yui lo disfrutó mucho, me dijo que le habían pedido muchas cosas a Santa este año…

Asuna guardó silencio y cerró los ojos sonriendo, ante el gesto Kazuto apretó su mano, notándola fría y húmeda, presintiendo lo peor, pero ella solo estaba considerando que decir.

—Quería dejarle una buena imagen de mí… Q-que supiera que su mamá es bonita y alegre…

—¡Y lo eres! Eres eso y más.

—N-no deseaba que su último recuerdo sobre mí fuera triste ¿sabes? —volteó a verlo. Kazuto notó que sus ojos ya no tenían el brillo acostumbrado de siempre. Miró el monitor de su corazón, el cual seguía latiendo lento e imperceptible —T-tampoco quería que me vieras así, ¿cuántas veces piensas despedirte de mí, Kazuto-kun…?

—Todas las que sean necesarias… —soltó su mano —Llamaré una enfermera.

—Espera —se esforzó por hacerse oír —L-las ventanas… mueve las cortinas, quiero ver los fuegos artificiales… ¿Recuerdas…?

Se movió hacia los ventanales y alzó las persianas —Por supuesto que recuerdo, te besé en un festival como este por primera vez… —desconectó las luces navideñas y una agradable penumbra cubrió todo el lugar —Estaba muy nervioso, tenía miedo de que me rechazaras…

—Tonto…

De pronto el cielo se iluminó por miles de destellos que como relámpagos de colores entraron por las aberturas, creando formas curiosas en el techo. Kazuto se entretuvo viendo por algunos segundos los flashes de aquellas luces que lamían la oscuridad, cuando se giró hacia ella para mencionarle el espectáculo, la halló con los ojos muy abiertos en su dirección y una sonrisa tenue en los labios.

—¿Asuna?

Los relámpagos de luces se reflejaban en sus pupilas vacías, pero su expresión era de amor y dulzura por igual.

—¡¿Asuna…?!

Pero él sabía que aunque sus ojos estaban abiertos en su dirección, ella ya no estaba ahí.

Lo habían llamado porque las enfermeras intuían que aquellos eran sus últimos minutos. Últimos minutos que pretendía pasar a solas. Por eso había tenido su fiesta de Navidad, para que la recordaran alegre, bella y feliz. Ese había sido su modo de despedirse en paz de cada uno de sus amigos. De Miyuki, y por supuesto de él.

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La había besado por primera vez en una fecha como esa, hacía muchos años atrás. Y ahora la había despedido para siempre una noche de Navidad.

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Nota:

Angst Time!

Tengo que reconocer; gente adoro escribir angst… aunque no me salga bien, lo reconozco. Me encanta hacer oneshots trágicos (Oneshots NO Longfics, que quede claro! Ninguna de mis historias largas acabará mal. (salvo una que está en borrador pero no viene al caso!) Créanme!

Cuando Iri-sama me habló de enfocarnos en Navidades Distintas, Todo lo que se me ocurrió fue: drama, angustia y tragedias por igual. Y la verdad es que esta era la primera idea que se me ocurrió: planeaba subir esta primero y luego la historia del santa secreto para 'endulzar' la situación… pero nada sale como planeo… Además que después se me ocurrió la historia de la Navidad en la Carcel y este drabble se atrasó una vez más.

Planeo subir dos caps más de este fic… aunque no estemos en Navidad Lo sé.

Gracias a todo el que se haya animado a leer!

*Para los que leyeron MAR y Cuando el amor no es suficiente, saben quien es Miyuki, aka Yui uno de los OC que uso cuando debo narrar a los descendientes KiriAsu, es invención mía no canon. El otro niño que uso para WOU es Yujio. En otras palabras este sería un AU de otro AU(¿?)

Cualquier duda siéntanse libres de preguntarme!

Sumi~