|PENAS DEL CORAZÓN|

Parte I de III

.

.

— Asuna ¿Asuna? ¿Que tanto haces en el baño? Sal ya.

Kazuto Kirigaya de veintitrés años golpeaba con los nudillos en la puerta de la nombrada habitación. Vestía ropa de cama y se masajeaba el cabello inconscientemente, su cara de sueño denunciaba a las claras su arduo cansancio.

— Kazuto, ya salgo. ¡Ve a la cama!

— Pero hace más de veinte minutos que estás ahí ¿Te sientes bien?

— Sí, sí...

— ¿Seguro?

— Ya te dije que sí, ve a acostarte.

El célebre carácter de Asuna, que con los años no había mermado, fue suficiente para hacerle desistir. Se apretó los ojos unos segundos para luego volver a la cama.

Cuando Asuna finalmente dejó la habitación, habían pasado cerca de otros veinte minutos más, se adentró a la alcoba apagando las luces y se encontró conque Kazuto ya estaba dormido y roncando silenciosamente. Soltando una risita frustrada se acostó junto a él quedándose momentáneamente de espaldas. Sus ojos seguían abiertos pese a que también había apagado la luz del velador. Se entretuvo mirando el cielo raso, notando las sombras y luces que se filtraban desde el exterior y que creaban una acuarela de formas en el techo. Lentamente se mordió el labio e inconscientemente se apretó el estómago con las dos manos. Cerró fuertemente los párpados y expulsó el aire que estaba manteniendo en los pulmones, se abrazó a si misma intentando tranquilizarse, cuando de pronto dos poderosos brazos la rodearon con posesividad. Se relajó notablemente, y se dejó hacer por el joven quien entre dormido la atrajo hacia su cuerpo. Se dejó arropar cariñosamente por él, y renunciando a toda preocupación, rodeó con sus manos las de su esposo y se concentró en dormir.

.

.

.

— ¿En verdad no vas a comer eso?— Kazuto señaló el enorme trozo de pastel de chocolate que Asuna misma había pedido, pero que sin embargo una vez que lo tuvo enfrente se negó a probar.

Ella meneó la cabeza. Se veía pálida e incómoda.

Kazuto extendió la mano y se hizo del platillo saboreándolo con enorme gusto —No has comido casi nada.

Ella contuvo el aliento —No tengo apetito.

— ¿Te sientes bien?— no pudo evitar interrogar notando lo extraña que se veía.

Asuna le sonrió apoyando su palma fría sobre la de él, y asintió.

— ¡Oh! Por cierto, ¿sabes? la esposa de Agil está embarazada.

— ¿De veras?— la noticia la sorprendió —Agil debe estar feliz...

— No precisamente— la interrumpió frunciendo el ceño —Estaban buscando ampliar el negocio, y habían sacado algunos créditos...— suspiró con pesar —No quiero decir que la noticia no sea buena, pero es un mal momento... imagina los problemas económicos que la llegada de un bebé les traerá...— se echó para atrás en su asiento y siguió hablando —Es algo complicado traer un niño a este mundo ¿verdad?

Sin embargo Asuna no le respondió había desviado la vista de él y mantenía sus labios entreabiertos como si estuviera muy impresionada.

— Hey— le dio un golpecito a la mano que sujetaba la suya para que le prestara atención. Ella lo observó sorprendida —¿Dónde te fuiste?

— Solo pensaba.

— ¿En Agil siendo futuro padre? Si es duro de imaginar ¿no lo crees?— rió levemente —Creo que una familia debe planearse primero, es algo muy...

— ¿Repentino?

— Problemático— alzó las cejas en su dirección, notándola impresionada.

.

.

.

— Asuna ¿que es lo que haces ahí dentro? En verdad empiezas a preocuparme.

Ella abrió la puerta tras oírlo, lo sujetó de las mejillas y lo besó en los labios ceñudos —Deja de ser tan preocupón.

— Pues no me hagas preocupar.

Él replicó, rodeó a la muchacha con sus brazos y la impulsó hacia el lecho. Cumpliendo la rutina que realizaba los primeros meses de su matrimonio, abrió las mantas de su lado y la acostó para luego arroparla. Se tumbó junto a ella, advirtiendo como inconscientemente su cuerpo se unía al suyo cual rompecabezas que encaja a la perfección. Sus majestuosas curvas se amalgamaban con excelencia a sus líneas, eso era algo que aún después de tanto tiempo de conocerse lo sorprendía y lo emocionaba sobre manera. Ella era su otra mitad en todo el amplio sentido de la palabra.

Y con esa sensación tibia de tenerla entre sus brazos lentamente se adormeció.

Solo entonces, cuando Asuna advirtió su respirar lento y reposado, y supo que se había dormido, se permitió soltar el malestar que tenía en el pecho. Muy pronto lentas y pesadas lagrimas escurrieron de sus ojos, y luchó con todas sus fuerzas para acallar los sollozos desesperados que amenazaban con escapar de sus labios.

Pero haciendo acopio de su fuerza y determinación que siempre la acompañó desde el viejo Aincrad, se tragó el llanto y decepción e intentó por todos los medios conciliar el sueño.

.

.

.

Habían pasado algunas semanas desde entonces, y Agil había hecho oficial la noticia de que muy pronto su esposa y él serían padres. El grupo entero lo tomó con algarabía, pues marcaba quizás el inicio de esa etapa donde efectivamente todos empezaban a madurar.

También Rika y Ryoutarou dieron la sorpresa de que luego de tantas ideas y vueltas, habían decidido blanquear su relación. Todos sabían que detrás de tanto amor-odio entre ambos existía una conexión potente, y un sentimiento fuerte y tórrido. Solo que ellos insistían porfiadamente en negarlo.

Así que las cosas marchaban medianamente sobre ruedas entre el grupo de amigos, hasta Shino había conseguido una beca en la academia de policía y era una grandiosa oficial. Suguha seguía compitiendo en el Kendo y seguido realizaba giras deportivas fuera del país, representado con orgullo a su querido Japón. La pequeña Keiko era una modelo famosa, y una activista frecuente en una ONG que se dedicaba a la defensa y la preservación de los animales en extinción.

En realidad todos habían hallado su lugar en el mundo... O por lo menos, eso querían creer.

Solo que Asuna todavía sentía que estaba batallando con algo que quería, pero que al parecer no debía. Ni se le estaba permitido.

.

Kazuto llegó esa tarde un poco más temprano de lo usual. Cerró la puerta tras de si, y como todos los días dejó su maletín sobre la mesa, y se despojó de su elegante abrigo. Trabajar en una importante corporación informática como programador le daba un buen pasar económico, pero las jornadas eran largas y exhaustivas, y muchas veces acababa llevando trabajo para finalizar o testear en casa.

— ¿Asuna?— la llamó en voz alta, sorprendido de que esa escena se viniera repitiendo desde hacía bastante tiempo.

No obtuvo respuesta, así que con resignación se dirigió a la cocina para tomar su acostumbrado vaso de agua, oprimió la perilla y encendió la luz, sobresaltándose sobremanera cuando la dorada claridad descubrió la silueta de la joven sentada junto a la mesa del desayunador diario.

— Hey— se tomó el pecho enfatizando su sobresalto —¿Quieres matarme de un síncope? ¿Que haces en la oscuridad?

Ella alzó su rostro hacia él, y pudo ver las lágrimas que anegaban sus cristalinos ojos castaños. Se estaba mordiendo el labio inferior con ansiedad.

— ¿Qué ocurre?— aventuró con preocupación acercándose a ella.

Asuna extendió su mano y le señaló el lugar que estaba libre a su lado. Él se sentó mirándola todo el tiempo, a pesar de los años que tenía de conocerla todavía le seguía pareciendo la mujer mas hermosa de todos los mundos que pudiera llegar a conocer. Aún con su ropa casual, leggins y un sweater amplio que ocultaba su menuda figura, seguía conservando su gracia y altivez. Como una princesa. Su princesa.

Kazuto se sentó a su lado, sin soltar la mano pequeña que imperceptiblemente temblaba.

— ¿Asuna? ¿Qué ocurre cariño...?— preguntó con suavidad, intentando ser tierno y paciente frente a una situación a la que no estaba acostumbrado. Asuna era fuerte, y muy pocas veces la había visto llorar. No podía dejar de pensar en eso, mientras entrecruzaba sus dedos con los suyos en ese gesto característico entre ambos, que los había acompañado a lo largo de toda su relación.

— ¡Kirito-kun... lo siento...!— se sorprendió que lo llamara con el viejo apelativo, sobretodo porque apretó los párpados con fuerza al decirle aquello —¡Lo siento, en verdad lo siento...!

— ¿Porqué, qué pasa?

— ¡Yo sé que tú no querías, pero...!— siguió diciendo ignorando las palabras de él —Yo... ¡Perdón...! ¡Perdóname Kirito-kun...!— su última palabra fue acompañada de un sollozo galopante que fue el preludio de un llanto angustioso y desesperado, que asustó al muchacho que no entendía nada de lo que estaba pasando.

— ¿Qué es? Dime que es, así puedo ayudarte— le pidió rodeando el cuerpo de la joven entre sus brazos, tratando de seguir siendo suave y tierno pese a que por dentro sentía legítimo terror.

Asuna hundió la cabeza en su pecho y se permitió refugiarse algunos segundos, antes de que sus manos se hicieran puños, intentando refrenar inútilmente el alud de emociones que experimentaba.

— Es que yo... ¡Estoy embarazada! Y sé que tú no querías, pero... ¡Lo siento!

— Asuna...— la tomó de los hombros con firmeza y la separó de su cuerpo. Ella seguía con sus párpados fuertemente cerrados, murmurando ¡Lo siento! con igual desesperación, de sus ojos escurrían las lagrimas y estas se encontraban en su barbilla antes de caer al vacío —Asuna— repitió con voz firme y la aludida lo miró, sorbiendo su nariz. La estampa destruida que ofrecía con su expresión rota, hizo que se apresurara al encuentro de sus labios húmedos, besándolos con absoluta devoción.

La muchacha abrió los ojos sorprendida ante la caricia, encontrando la gris mirada sobre ella. Trató de alejarse, empero las fuertes manos la sujetaron de los hombros, acercándola más hacia él como si eso fuera posible.

— Baka— le dijo con suavidad y volvió a repetir —¡Baka! ¿Cómo puedes pensar que una noticia así pudiera enfurecerme?— besó sus labios una vez más —Tonta...

— Es que yo...

— No hay nada que me haga más feliz que tener un hijo contigo— le dijo ahora tomando su rostro con las manos y limpiando con sus pulgares las lágrimas involuntarias que seguían escapando de sus ojos castaños —Por eso andabas tan misteriosa últimamente...

— Pero es que luego de lo de Agil-san, tú dijiste que...

— Olvida lo que dije...—murmuró entreabriendo sus labios y yendo en busca de aquellos que seguían tentándole, y no se conformó con un solo beso. Sintió que su hambre por ella aumentaba y se le acercó, abrazándola apropiadamente. Tomó aire y volvió a asaltarla, sintiendo como su concentración se volvía gelatina en un segundo.

— Te amo Asuna...— murmuró entre suspiros —¿Y que prueba más grande de nuestro amor puede existir que tener un hijo...?

Sonrió sintiéndose aliviada —También te amo Kazuto...

— ¿Entonces, de cuanto tiempo estamos hablando...?— la miró con interrogación antes de que su mano se deslizara, temblorosa, hasta su estómago. Y al llegar allí soltó una mueca de sorpresa, la leve curva era legible a su tacto.

— Doce semanas...

—¿Doce semanas? ¡Asuna cuando ibas a decírmelo!— la regañó con suavidad, mientras le levantaba el sweater para acariciar su piel desnuda. La curva era demasiado pequeña, pero ahí estaba.

El lugar que custodiaba a su hijo. Kazuto no pudo evitar sonreír como un idiota, y al momento siguiente se dobló en dos y apoyó la mejilla en la barriga de su esposa, rodeando su cintura con ambos brazos para evitar que se moviera.

El rubor de Asuna acompañó más lágrimas. Pero esta vez sonreía ante su acción, y con manos temblorosas, acarició el cabello color ébano de su caballero de negro armadura.

— Gracias Kazuto...— susurró con ternura.

El muchacho no se movió de su previa posición, y ella notó con bochorno como él repartía besos sobre la pequeña porción de piel descubierta.

.

.

.

Algo despertó a Kazuto en medio de la noche. Fue como si de pronto se encontrara buceando bajo el mar, y con la última bocanada de aire se precipitara hacia la superficie para absorber oxígeno desesperadamente.

Extendió el brazo al otro lado del colchón, buscando el calor familiar de su esposa como cada noche solía hacer, pero no halló nada. Solo el lío característico de mantas y sabanas. Se sentó en la cama tallando sus ojos en tanto estos se acostumbraban a la penumbra. Bostezó y miró a sus alrededores, viendo la huella de luz que provenía del baño. Se incorporó rascándose la nuca somnoliento, y se acercó hacia la nombrada habitación, oyendo el sonido difuso de la ducha.

— ¿Asuna...? Preguntó golpeando con sus nudillos la puerta de madera. Pero no se oyó respuesta —¿Asuna?— insistió alzando ligeramente la voz.

Entonces lo oyó, un sollozo distante y un débil golpeteo intermitente.

— ¡¿Asuna...?!

— ¡No... no vengas...!— fue la advertencia que recibió a modo de respuesta con una voz quebrada, que difícilmente se parecía a la de la muchacha.

Empero Kazuto decidió no atender al aviso, y golpeando con su hombro la madera abrió la puerta de un tirón. Quedándose tieso al momento porque realmente jamás pensó que presenciaría una imagen semejante.

Asuna estaba sentada en el medio de la tina, vestida con su ropa de cama que a esas alturas se encontraba adherida a su cuerpo, la lluvia artificial caía sobre ella confundiendo, las lágrimas que bañaban su semblante. Sus rodillas estaban alzadas y las abrazaba con sus brazos temblorosos, en tanto se estremecía. El hilo de sangre que escurría bajo sus piernas era demasiado obvio como para pasarlo por alto.

Asuna le sostuvo la vista solo un segundo, antes de sepultar la cara entre sus rodillas y llorar como nunca lo había hecho.

Él ni siquiera se dio cuenta, pero idéntico gesto se reflejó en su rostro. Las lágrimas se agolparon detrás de sus parpados sin decir palabras. Lloró.

.

.

.

— Aún eres joven, pueden volver a intentarlo— la enfermera Aki, aquella célebre mujer que había supervisado la internación de Kazuto mientras se encontraba en Gun Gale Online, acariciaba con ternura la mejilla pálida de quien era su paciente. Pero la muchacha mantuvo la vista perdida, sin prestar atención a nada de lo que ocurría —Lo prudente es que dejen pasar unos cuantos meses antes de encargar un nuevo bebé.

El silencio siguió a sus palabras, sencillamente porque ninguno supo que decir.

— ¿Cuándo podemos volver a casa?— Kazuto aventuró mirando con melancolía a Asuna quien no había proferido una sola palabra desde que estaban ahí, y que parecía ajena a todo lo que la rodeaba.

— Pues en cuanto el doctor traiga los últimos exámenes— le dedicó una sonrisa de simpatía antes de salir de la habitación, brindándoles algo de privacidad.

Kazuto abrazó a Asuna y apoyó la cabeza aún húmeda contra su pecho. Ella había dejado de llorar hacía rato, pero los espasmos aún continuaban sacudiéndola, además que parecía una muñeca de trapo. Con sus ojos melancólicos y sus manos yertas, a los costados de su cuerpo como si se hubiera cansado de luchar.

— Todo va a estar bien...— le susurró junto a su oído, sin embargo sus propias palabras le supieron vacías, huecas. Como una burla a algo que él mismo no creía.

Asuna tampoco contestó ni retribuyó al abrazo que el joven le daba, miró hacia abajo, hacia la bata de hospital que la cubría y con aburrimiento tironeó del ruedo como si inconscientemente no deseara estar ahí.

— Bien ya tengo todo en orden— el facultativo vestido inmaculadamente de blanco entró tan rápido que los otros dos no se percataron de su presencia hasta que estuvo frente a ellos —Según los exámenes de sangre y orina, fue un aborto espontaneo, algo ligeramente normal en las primeras semanas de gestación— dijo con lentitud, y hasta con simpatía —Sin embargo nos gustaría realizarle algunos estudios más exhaustivos...

— ¿Ahora?— Kazuto preguntó.

— No, más adelante— el médico dirigió una profunda ojeada a su paciente que seguía mirando atentamente el ruedo de su bata, y suspiró —Pueden ir a casa si así lo desean. Aunque deberá guardar reposo por una buena cantidad de días, y tomar unos medicamentos que les transcribiré a continuación.

— Por supuesto— Kazuto tomó el abrigo de su esposa y se lo colocó en los hombros, ella ni siquiera volteó a verlo.

.

.

.

— Tu salud es demasiado frágil, más que la de cualquier mujer fértil de tu edad— la enfermera Aki se encontraba sentada frente a ella con sus manos cruzadas sobre la falda —Es un pequeño recordatorio de que fuiste una SAO surviver— dijo con amargura.

— ¿Qué quieres decir?— habían pasado dos meses desde el aborto, y ella asistía a la primera cita con el doctor, donde le practicarían una serie de exámenes y un chequeo general a pedido de Kazuto.

— Tu cuerpo estuvo en coma por más de dos años, tus funciones principales se deterioraron, y tu período tardó mucho en reestablecerse ¿no es así?

— Sí, pero...— Asuna se mordió el labio cuando la revelación de todo aquello encendió la alarma en su mente —¿Estas diciendo que no podré...?

— No estoy diciendo eso— la interrumpió la enfermera con firmeza, aunque no fue capaz de sostener su mirada —Solo debes hacerte a la idea de que no será fácil, y...

— Señora Kirigaya, pase por aquí— otra enfermera hizo aparición interrumpiendo a ambas mujeres. Tenía una sonrisa plasmada en los labios y esperó a que la nombrada se pusiera de pie. Sin embargo al salir de la consulta, miró por un segundo a la mujer que dejaba atrás, y así como antes, Aki se sintió incapaz de sostenerle la vista.

.

.

.

Otros dos meses, y Kazuto estaba saboreando la momentánea victoria monetaria de haber vendido a America uno de los múltiples juegos que estaba desarrollando. Eso sin duda era una ocasión digna de festejar, y no desaprovecharía la oportunidad de sacar a cenar a afuera a su esposa.

Tristemente reconocía que desde el aborto ocurrido casi cinco meses atrás, apenas salían juntos. Claro, no era adrede. La presión de su trabajo a veces era demasiada. Sin embargo se contentaba viendo que Asuna había recobrado gran parte de su vieja personalidad, y atesoraba con creces los pequeños momentos que pasaban juntos en su casa.

Se preparó para darle una sorpresa a la castaña, pero cuando abrió la puerta de su oficina, el sorprendido fue él. La mujer de sus sueños se encontraba con la mano en alto a punto de golpear la madera. Sonrió entre dientes y al segundo se colgó de su cuello besándolo con ahínco.

—¡Asuna...!— Kazuto rió levemente aceptando las caricias de buen grado. La tomó de la cintura y la apegó a su cuerpo —¿Qué haces aquí?

— ¿No puedo sorprenderte?— le preguntó con un puchero, antes de besarlo otra vez.

— Por supuesto, me encanta que vengas a visitarme a la oficina— la metió dentro y cerró la puerta tras ella. Buscó sus labios con desesperación, sintiendo cuanta falta le había hecho aquel viejo atisbo de su personalidad.

— Tengo una gran noticia para ti.

— ¿En verdad? También tengo una noticia que darte— él le siguió el juego mientras apoyaba la frente contra la de ella —Las damas primero.

Ella alzó los ojos asombrada, pero compartió su sonrisa —Fui al hospital hoy...

— ¿Ya te dieron los resultados de los últimos exámenes?

— No exactamente...

— ¿Entonces?

— Pues, que en unos ocho meses nuestra pequeña familia de dos integrantes tendrá un nuevo miembro...

— ¿De veras...?— él sonrió como loco mirando el vientre plano de la joven escondido bajo la tela del elegante vestido negro que usaba. De pronto alzó la vista hacia ella con preocupación —Pero...

— Nos hemos adelantado un poco, lo sé...— Asuna se encogió débilmente de hombros como dándose por vencida —Pero pasó Kazuto.

El nombrado sonrió pícaramente ante eso —Por supuesto que pasó ¿quien puede resistirse a sus encantos vicecomandante...?

— Oh tú...— le tocó el cabello con cariño ignorando su rubor —¿Entonces cuál era la gran noticia que tenías para darme?

— ¡Oh sí!— la besó intensamente —¿Recuerdas ese juego que estaba desarrollando con la nueva tecnología de STL...?

— Por supuesto, apenas dormías testeando eso...— le reclamó golpeando su hombro. Él rió con diversión.

— ¡Lo vendí! ¡América compró los derechos...!

— Kazuto...— ella se cubrió los labios con emoción —¡Tú primer y gran proyecto!

— ¡Lo sé!— exclamó alzándola en vilo con una gran sonrisa, luego la bajó con cuidado y volvió a besarla —¡Salgamos a festejar!

Asuna solo rió y asintió.

.

.

.

La situación se estaba haciendo horriblemente normal. Con ella sentada en la camilla, y el suero conectado a su brazo junto a los analgésicos que intentaban calmar sus espasmos.

Sin embargo, Asuna no sentía nada. Era como si la que se encontraba en esa sala de internación fuera otra persona, no ella. Otra persona a quien le habían practicado una intervención de urgencia porque otro aborto repentino se había dado lugar.

Y así fue que en casi nueve meses había tenido dos abortos espontáneos, un sin número de estudios en el medio, y una decepción hacia si misma que nada podría describir.

Esa vez ni siquiera se lo había dicho a Kazuto, simplemente cuando empezó la primera hemorragia se montó a su auto y ella misma se internó en el hospital.

La enfermera Natsuki Aki fue notificada de inmediato ante el delicado procedimiento, y tomó las riendas en sus manos mientras cuidaba de la silenciosa muchacha.

— ¿No vas a comunicárselo a tu esposo?— le preguntó mientras revisaba que el suero y los remedios se distribuyeran apropiadamente por la pequeña aguja incrustada en sus venas.

Pero Asuna no contestó, volvió a mirar el ruedo de su bata de internación, notando cuan blancas y delgadas eran sus piernas ¿De veras siempre habían sido así?

— Has bajado de peso— le dijo la mujer de cabello castaño adivinando sus pensamientos.

— Siempre he sido delgada— respondió finalmente volteando a verla. La otra no sostuvo su vista por mucho tiempo —¿Entonces dime, porque te han enviado a ti?

— Tienes que empezar una nueva tanda de exámenes...

— No— la interrumpió y su mandíbula se endureció dolorosamente —Dime la verdad, no me lo oculten más.

Aki caminó hasta ella y le colocó una mano en el hombro en un gesto maternal —Es mejor que descanses, llamaré a ese muchacho...

— Enfermera Aki— la voz firme de Asuna la detuvo —Volveré a intentarlo, una y otra vez. Todas las veces que haga falta hasta que tenga un niño acunando en mis brazos... Dos intentos fallidos no frenarán mis planes de tener una gran familia.

Ella le sonrió con condescendencia —Estoy segura que lo harás, que esto no merme tu espíritu de lucha Asuna. Eres una mujer muy valiente.

.

.

.

Kazuto le llevó el desayuno a la cama y se sentó junto a ella besando su mejilla tibia a causa del sueño. Habían pasado ocho días desde la última intervención, y la muchacha se encontraba guardando riguroso reposo bajo la severa mirada de Kazuto quien no se apartaba de ella ni a sol ni a sombra.

Asuna bebió la taza de té con tranquilidad notando los ojos melancólicos del joven junto a ella. Dejó la porcelana sobre la bandeja y sujetó las mejillas de su esposo con ambas manos, este la miró sorprendido.

— No vamos a darnos por vencidos.

— Asuna no es momento de hablar de eso— la rechazó con suavidad, no viendo el efecto que sus palabras causaron en ella. La muchacha bajó la mirada, fijándose con pesar en su vientre liso. Si el primer embarazo hubiera llegado a buen terminó quizás en esos momentos estaría acunando a un pequeño y perfecto bebé... Sintió que sus manos se volvían puños y ese horrible estremecimiento hacía presa de ella otra vez.

— ¿Asuna?— Kazuto la llamó tomando sus manos empuñadas entre las suyas y transmitiéndole su calor —Asuna...

Prestó atención a sus ojos grises que luchaban por no quebrarse.

— Todo estará bien...— susurró con voz inestable rodeándola con sus brazos y meciéndola, asustado de su anterior reacción. De pronto tuvo el súbito presentimiento de que si no la abrazaba, ella acabaría golpeándose a si misma —Todo estará bien, te lo prometo.

.

.

.

Asuna... Asuna... oh cielos... A-Asuna...

Apenas podía pensar ante la belleza de lo que estaba sintiendo. Estar enterrado dentro de ella era una sensación tan exquisita, tan hermosa que se sentía desfallecer. Y fácilmente podría morir de esa forma, dentro de aquel cúmulo de emociones que podía tragarlo mientras sus caderas bailaban rítmicamente aquella erótica danza. Ella poseía tal cadencia que lo perdía. Y estaba feliz de extraviarse dentro de ese vaivén apasionado, recibiendo las caricias de su piel, de sus manos, de sus labios que lo trataban con ternura.

Hacer el amor con Asuna era una tortura, y un placer absoluto. Un placer del que era el único dueño.

— ¿Crees que... haya resultado?— ella lo miró, apartando los húmedos mechones de cabello mandarina que caían a los lados de su rostro. Su voz sonó agotada, pero se veía preciosa.

— ¿Porque sigues pensando en eso?— le reprochó enroscando los dedos en su cabello y atrayéndola hacia su cuerpo saciado.

— Kazuto, es el único sueño que tengo. Quiero poder darte un hijo...— acarició su pecho desnudo —Todos han cumplido sus sueños ¿porque yo no habría de hacerlo...?

Su voz había sonado muy suave al decir eso. Rodeó su blanca espalda y suspiró —No es importante para mí, Asuna.

— Pero para mí si lo es. Quiero tener un bebé Kazuto...

— Y lo tendremos, muy pronto lo tendremos.

.

.

.

Un año y medio había pasado desde el primer aborto. Y Asuna con cierta melancolía y pesar, transitaba el segundo mes de gestación de su nuevo embarazo. Esta vez, los cuidados y las prevenciones se multiplicaron sobre manera, al punto que debía guardar reposo absoluto y pasar la mayor parte del tiempo en cama.

Rika y Suguha a veces se turnaban para cuidarla hasta que Kazuto volvía de la oficina. Aunque la mayor parte del tiempo él traía trabajo e investigaciones para hacerlas en la casa, y así estar al pendiente de su esposa.

Y el período avanzaba bien, aunque las nauseas y los mareos habían hecho que volviera a perder peso, lo cual contrarrestaba gracias a la generosa cantidad de vitaminas y suplementos que debía tomar por día.

Sin embargo cuando esa mañana se levantó, sintió que algo andaba muy mal. Y la sensación fue tan conocida, tan horrible y familiar que no pudo evitar llorar a gritos mientras las contracciones y los espasmos hacían presa de ella.

La tormenta terminó demasiado rápido, y Kazuto no pudo hacer nada para evitarlo, cuando llegó a la habitación, alertado por los gritos de Asuna, el aborto había empezado. Llevándose consigo por tercera vez la vida de un bebé que al parecer no quería nacer.

.

.

.

Asuna se cubrió el rostro con las manos intentando no gritar, la sonda conectada a su brazo le dio un fuerte tirón ante su movimiento violento pero a ella no le importó. Kazuto quiso abrazarla, pero la muchacha lo rechazó golpeándolo. No quería verlo, no quería sentirlo. Sentía que no tenía derecho a hacerlo.

— ...Es una de las secuelas por ser una SAO surviver...— había dicho la ya conocida enfermera con acento triste —Tu cuerpo ha quedado tan débil a consecuencia de esos dos años en coma. Y nunca te restableciste por completo... dos años en los que perdiste peso, y tu menstruación desapareció creando un caos dentro de ti... a causa de eso tu útero es débil... Quiero decir tu bebé no tiene la suficiente fuerza para quedarse dentro y termina desprendiéndose...

Asuna no quiso oír más, se cubrió los oídos en tanto seguía sollozando inútilmente, hasta que los calmantes hicieron efecto, y se permitió quedarse quieta como una muñeca de trapo, pese a que sus ojos seguían abiertos, pero ella se sentía flotar en el mar de su propia agonía e inconsciencia. Kazuto estaba a su lado, sosteniendo su mano fría en tanto la enfermera Aki seguía hablando. Pero el sedante había empezado a adormecer sus sentidos y le llegaban partes sueltas de lo que decía.

...Es un mal que ha aquejado a la mayoría de las sobrevivientes de ese juego... claro a la larga habrían de saberse sus consecuencias, y la forma en la que ese maldito arruinó la vida de miles de personas... No hay forma en la que pueda concretar un embarazo Kazuto por más empeño que le pongan... siempre habrá de acabar de esta forma...

Asuna quería gritarle que aquello no era cierto. Que ella era la subcomandante de un gremio famoso que siempre llevaba a cabo lo que prometía, y que por supuesto habría de alcanzar la meta de ser madre. De darle un hijo a la persona que más amaba.

Tendrás que ponerla bajo tratamiento psicológico... no sé cuanto más su cuerpo pueda soportar... Por su bien, no permitas que vuelva a concebir una idea semejante...

¡No...! ¿Porqué...? Quería gritar hasta quedarse sin voz ¿Porqué la cruel burla a su destino? ¿A sus metas, a su familia...? ¿Porqué se le negaba el único deseo que había pedido? ¿Porqué todos los demás habían podido alcanzar sus sueños menos ella?

Asuna sintió que su interior clamaba en llanto y desesperación, la angustia que sentía era tan profunda tan inenarrable que se desbordaba de sus ojos sin que pudiera pensar algo para detenerla.

Aki siguió hablando, algo de que debían tenerla bajo observación, que necesitaba unas largas vacaciones, que se veía falta de cariño y afecto. Dio sabios consejos y expuso diferentes medidas para que como matrimonio pudieran salir adelante.

Pero Asuna cerró los ojos sintiendo el dolor que circulaba tras sus párpados, excluyéndose de ambos, de él.

Realmente lo único que quería en ese momento era desaparecer. Así como ese castillo flotante se desintegró frente a sus ojos hacía ya tanto tiempo.

Sí, Asuna sólo quería morir. Deseó con todas sus fuerzas poder morir.

.

.

.

—Creo que unas largas vacaciones les vendría bien a ambos —Ryoutarou dijo con acento simpático, dirigiéndose a su amigo que hundía sus labios en un vaso corto y le daba un gran trago a su whisky. Lo miró con preocupación —Eso no ayudará.

Kazuto lo estudió con una ceja en alto —Es raro que tú me digas algo así.

—El tiempo no ha pasado en vano, amigo mío —le palmeó el hombro, y retomó el tema —¿Por qué no la llevas a la playa? Recuerdo cuanto le gustaba a Asuna cuando íbamos a ALO, a ese lugar cerca de la isla Thule...

—Sí también lo había pensado, pero... —se detuvo quedándose silencioso un momento. Una imagen actual de su esposa le vino a la cabeza; sus ojos hundidos y tristes. Su piel aún más pálida, y delgada porque apenas comía. Era un fantasma de la guerrera con la que se había casado. Pero la Asuna que él amaba, estaba encerrada en algún lugar dentro suyo, esperando para quebrar sus fortalezas en el momento adecuado y volver a aparecer para hacer sonreír a todos. Como Asuna usualmente hacía. Porque su presencia, su sola presencia hacía feliz a las personas a su alrededor.

.

.

.

—¡Hey...! —Kazuto se sentó al lado de la muchacha y la abrazó, ignorando la sensación alarmante de sentirla tan frágil. Tan desvalida. Tan ausente —Estaba pensando ¿Por qué no nos perdemos un mes por ahí? Podemos ir a la playa, o a las montañas, o a donde tú desees ir.

Ella no respondió inmediatamente, por lo que el muchacho la sacudió con cariño como instándole a que hablara. Un extraño hábito que adquirió, al estar ella siempre en una especie de burbuja donde ni él no estaba invitado. Eso le preocupaba.

—No me apetece ir a ningún lado.

—¡Oh, vamos! Será divertido —añadió con un tono alegre haciéndose para atrás y llevándose a la muchacha consigo hasta que estuvo cómodamente recostada contra su pecho —¿Qué tal ir una temporada a la playa? Podemos salir fuera de Japón.

—Yo...

—Vamos, consiénteme —la interrumpió con suavidad, apoyando el mentón en el hombro pequeño de la joven de modo que su mejilla quedó pegada a la de ella. Sabía que si lo pensaba demasiado Asuna se negaría.

—Es que...

—Vamos, hace tiempo que quería tomarme unas vacaciones. ¿Qué mejor oportunidad que esta? Hasta Kikuoka está de acuerdo, y sabes que cuando pasa eso es porque las estrellas acaban de alinearse, y eso solo ocurre una vez cada milenio...

Asuna soltó una pequeña risita ante sus palabras y asintió, con el gesto inconscientemente sus labios se encontraron en un beso suave y cariñoso.

.

.

.

Al fin luego de tantas idas y vueltas que propuso, Asuna se negó a salir fuera de Japón. Aludiendo toda clase de excusas tontas, las que Kazuto decidió tomar por válidas con la única razón de no contrariarla. Su carácter aún era frágil, y no era buena idea llevarle la contra. A pesar de que todavía tomaba ansiolíticos y una pastilla suave para dormir su personalidad era en extremo inestable. Antes tomaba unos sedantes más potentes, los cuales él mismo se encargó de hacerlos desaparecer, porque la dejaban en un estado dopado, y se pasaba casi todo el día durmiendo...

Sí, esos días que transcurrieron luego de su última internación fueron horribles. Solía encerrarse en el baño para llorar por largos e incontables minutos, tragándose los gemidos y los sollozos para que Asuna no lo oyera. Pero en su mente los reclamos a su destino, a Kayaba, a esos dos años en los que estuvieron en coma, a Sword Art Online se repetían como un eco incesante que martillaba sus pensamientos, y la culpa, ¡la horrible culpa de no ser capaz de darle lo que deseaba a quien más amaba en el mundo!, representaba una impotencia humillante. Porque sí, tenía todo el dinero del mundo, pero ese dinero no servía para engendrar un hijo en el vientre de la mujer que amaba.

Fueron días oscuros, y no es que actualmente se encontraban en un lecho de rosas, pero Kazuto había tomado en sus manos la responsabilidad de no rendirse.

Si algo le caracterizaba desde el antiguo Aincrad, era su capacidad de reinventarse. Y Asuna también era así, solo que a ella iba a tomarle más tiempo. Pero a él no le importaba. Tenía todo el tiempo del mundo para esperarla. Y la apoyaría, porque eso era lo que ambos habían hecho desde que se encontraron dentro de ese castillo flotante, allá muchos, pero muchos años atrás. Y aunque los boss habían cambiado, estaba seguro que podían sobresalir a los muros que la vida les colocó en frente.

Sin embargo Asuna se había negado a salir del país, aduciendo que en Japón había playas igual de hermosas a las europeas, dónde había pensando en primer lugar. Así que para no contrariarla, ambos fueron de vacaciones a Okinawa, donde no había una, sino varias playas paradisíacas para visitar y recorrer.

Quizás se dio cuenta de lo mucho que la pelirroja había cambiado, cuando la vio en traje de baño. Asuna siempre había sido delgada, pero de curvas majestuosas y perfectas. No obstante cuando la vio modelando aquel bikini pequeño, advirtió lo frágil y vulnerable que era su cuerpo que hasta sus costillas se marcaban, y no solo eso, sino que los huesos de su cadera eran evidentes, no de una manera brusca por supuesto, pero si de un modo que él no podía dejar de pasar por alto.

A pesar de todo, el sol fue una caricia afortunada, tiñendo su piel pálida de un esplendoroso dorado que le sentaba a la perfección. Fueron días muy felices, como un oasis en medio del desierto. Y Asuna recobró parte de su vieja personalidad.

Incluso, en varios momentos, observó bajo los rayos del sol y en medio de las aguas del mar, a la terca caperucita que en los primeros pisos de Aincrad lo obligaba a probar las místicas aguas virtuales. Y lo azotaba con frutas tropicales.

Kazuto estaba feliz de verla tan restablecida, al punto de ser la primera en levantarse y la última en acostarse.

Fueron los mejores días.

Sin embargo como todo lo bueno, las vacaciones debían terminar, y luego de esa segunda luna de miel, ambos volvieron a Tokio para seguir con sus vidas. Pensando que quizás la poca felicidad de esos días podía aquietar las falencias de ese largo tiempo de lágrimas. Y que el parche de unos pocos días soñados podía remediar para siempre el dolor de esos últimos meses.

.

.

.

—Quiero trabajar.

Kazuto quitó la vista de su computadora y miró a su esposa que estaba apoyada en la puerta de su estudio.

—Asuna, ya hemos hablado de esto. No hay necesidad de que busques empleo.

—No es por eso... —suspiró y se acercó a él —Ya sé que tú provees todo para nosotros, pero a veces... me siento inútil.

—Por favor...

—Es muy fácil para ti decirlo, después de todo eres bueno en todo lo que haces...

—Tú también eres buena —la interrumpió con suavidad —Sabes lo valiosa que es tu ayuda para testear mis proyectos.

—No es suficiente.

Suspiró luchando entre levantarse y hablarle, o continuar desde allí. Estaba probando un nuevo prototipo y no quería distraerse.

—Tú dices que soy buena...

—Y lo eres.

—¿En qué? ¿Soy buena haciendo qué?

Él la miró —Eres buena cocinando, llevando nuestra economía, eres buena resolviendo problemas, eres independiente y hermosa... —le sonrió volviendo levemente la vista a su pantalla.

Asuna caminó de su sitio y se le acercó —¿Y todo eso como puede abrirme camino en la vida? No he estudiado ninguna carrera como tú, no tengo nada... con que defenderme. Soy solo un adorno en esta enorme casa, en la sociedad.

Estaba entrando en otra crisis. Kazuto lo sabía, pero él también estaba atestado de trabajo. Y debía entregar eso pronto, no podía dividir su atención entre ambos problemas.

—No es así. Eres grandiosa e inteligente...

—Al menos podrías decírmelo viéndome a la cara.

Él se giró sorprendido ante su abrupto cambio de voz y la encontró a su lado de pie. Con la cabeza gacha, sus manos entrelazadas escondían el hecho de que temblaban imperceptiblemente —Asun...

—Perdona por molestarte con tonterías —tras decir eso, mientras contenía su llanto se dio la vuelta y se marchó.

—Asuna vuelve aquí —Kazuto se refregó los ojos con cansancio viendo como la silueta de la muchacha se perdía corredor adentro. Y luego oía el sonido de una puerta al azotarse contra la pared. Gruñó con impotencia y pegó un salto de su sillón giratorio saliendo tras ella.

.

.

.

—¿Estás segura? —el hombre mayor palmeó la pequeña mano que sostenía entre las suyas. Miraba con aire orgulloso y paternal a la pelirroja mujer que se encontraba frente a él vestida muy elegantemente.

—Papá ya hemos hablado de esto.

—¿Kazuto está de acuerdo?

—No lo está, pero le dejé muy en claro que no debe interferir en mis decisiones...

—¿Es que están pasando tiempos difíciles...? ¿Económicamente hablado? —el señor Shouzou alzó las cejas con preocupación. Su cabeza entrecana descendió al observar consternado a su hija —¿Por qué no han venido a hablar de frente?

—¡Papá no tenemos problemas financieros! —rió azorada —Solo... solo quiero conseguir un empleo... para mantener mi mente ocupada y evitar pensar cosas que puedan hacerme daño... mi analista lo sugirió...

El caballero asintió apretando la mano entre las suyas al notar el dolor legible en esa mirada cristalina y frágil —Por supuesto querida. ¿Qué te gustaría hacer? dime.

—Lo que tu consideres necesario... no quiero tener privilegios por encima del resto de tus empleados... —le confió rápidamente.

—Asuna, eres mi hija por supuesto que siempre serás diferente a ellos... —suspiró pensativo —¿No era más fácil ayudar a Kazuto?

Ella retiró la mano de las de su padre —Solo sería una molestia para él... Además siempre quise ayudar en el negocio familiar.

Shouzou guardó silencio un par de segundos hasta que sus ojos se iluminaron —Nuestro jefe de diseño y testeo necesita una asistente temporal ¿te gustaría cubrir ese puesto?

—¿Me ves capaz de hacer algo así...?

—Hija, tú eres capaz de hacer todo lo que te propongas —se levantó de su asiento y la abrazó con ternura, besando los cabellos anaranjados de la joven con profunda devoción.

.

.

.

—En realidad sabía que el presidente tenía una hija pero nunca imaginé que fueras tú —su superior rió despeinándose el cabello negro con evidente nerviosismo. Luego de casi cuatro semanas de trabajo arduo descubría que su linda asistente era la hija menor de su jefe.

Y todo porque Shouzou la hubo saludado con tanto entusiasmo cuando bajó a su planta para la reunión mensual con el supervisor.

Eso había sido bochornoso.

—Por favor señor, no varíe su trato hacia mí por ese pequeño detalle —manifestó la muchacha alzando sus manos en súplica; su cabello lucía enroscado en un moño mal hecho y lucía una bata blanca sobre la blusa y falda ceñida que se adivinaba debajo —Solo soy una empleada más.

—Con un padre millonario que no dudará en hacerme papilla si me ensaño contigo.

Ambos rieron alegremente. Viéndose con cierta incomodidad obvia gracias a los últimos acontecimientos.

—Sin embargo tu apellido...

—Es diferente al de mi familia —suspiró antes de enseñarle su dedo anular con un gesto que buscaba ser obvio —Soy casada, y puedo decir que ya me acostumbré a usar el apellido de mi esposo.

—Muy bien, creo que estoy metiéndome en terrenos pantanosos —suspiró dándole la espalda para tomar su tablet y enseñarle una imagen que abarcó toda la pantalla —¿Te crees capaz de diseñar algo así con PSP?

Ella la miró con detenimiento antes de responder con seguridad.

—Puede que me lleve un poco de tiempo, pero lo haré.

—Muy bien, esperaba que me dijeras que sí. Entonces nos vemos el lunes Asuna. Buen fin de semana —tomó su maletín y se despidió con un gesto.

—Igualmente.

Ambos jóvenes se separaron yéndose cada uno por lugares diferentes.

.

.

.

—¿Quieres que te ayude con eso? —Kazuto besó la mejilla de su esposa antes de inclinarse y observar la pantalla frente a la joven. El rostro pálido de ella lucía firme y resuelto, movía el mouse con perfección trazando líneas aquí y allá.

—Puedo sola —le replicó con suavidad. No lo miró. Observó la segunda pantalla y comparó la paleta de colores que estaba usando para rellenar el gráfico.

—Te está yendo muy bien en tu trabajo ¿no es cierto?

—Mhmm... —asintió distraídamente poniendo la espalda recta al acercarse hacia adelante en su enorme sillón.

—Tu padre fue a verme ayer, para saber porqué no había dejado que trabajaras conmigo en la oficina.

Asuna finalmente lo miró. El peinado terminó de soltarse tras su acción y cayó a un lado de su cuello —¿Por qué sigue insistiendo con eso? ¿Qué le dijiste?

—Le dije la verdad, que te lo ofrecí siempre, y te negaste.

—No me lo ofreciste siempre, lo hiciste la última vez cuando me puse insoportable.

—No hables así de ti misma.

—¡Es la verdad! —replicó —Sé que lo piensas aunque no lo exteriorices con palabras, soy insoportable y maniática.

Kazuto suspiró, como venía haciéndolo todo ese tiempo para sosegarse, se sentó a su lado y la abrazó con fuerza. Ella protestó en un principio hasta que los brazos del joven se suavizaron y la acercaron a su cuerpo. Los labios masculinos alcanzaron su sien y besaron su cabello con ternura —Eres preciosa y única en tu especie... —le dijo en un susurro —Y eres tan única y hermosa que cuando Dios te creó rompió el molde para que no existieran dos Asunas iguales...

—¿Te imaginas dos iguales a mí? —bromeó de mejor humor dejándose consentir.

—Con una me basta —miró la pantalla —En verdad eres buena diseñando cariño.

—¿Lo crees?

—Por supuesto que lo creo —Kazuto tomó el mentón de ella y lo movió en su dirección encontrando sus labios en un beso suave y naciente.

.

.

.

Ese día parecía ser el mejor, habían mantenido una fluida charla sobre sus vida laboral y otros temas tontos. Asuna estaba más calmada que nunca, al menos eso sintió. Tragó fuerte, antes de llenarse de valor y hablar sobre uno de los tantos temas delicados que debían resolver juntos.

—¿No crees que podríamos entrar a ALO y visitar a Yui? —mencionó suave.

—No —ella lo cortó sabiendo a donde desembocaría el asunto.

—Hace ya casi nueve meses, luego de aquel episodio, que no entras a...

—¿Aquel episodio? —repitió indignada y levantándose del sillón que ambos ocupaban —¿Por qué no lo dices claramente? ¿Te refieres al aborto?

—Asuna...

—¿Después del último aborto no he entrado a ALO? —lo contra atacó —¡Pues escúchalo bien: no volveré a pisar ese maldito mundo virtual que arruinó mi vida...! ¿Oíste? ¡No volveré a poner un pie ahí dentro...! ¡No quiero saber nada con eso...!

—¡Asuna cálmate! —Kazuto también elevó la voz, aunque él lo hizo sin darse cuenta. Seguía sentado en el mueble que anteriormente ocupaban, aunque sus manos se habían empuñado, en ese lugar era que inició su historia de amor y en ALO Yui esperaba a su madre. —¡No es necesario que grites!

—¡Bueno, quizás así puedas entenderlo!

Él contó mentalmente hasta diez, suspiró, su voz descendió una octava —Yui te echa de menos...

—Yo... yo no puedo verla. No quiero verla aún...

Finalmente el joven se levantó del asiento y caminó hacia ella con cautela. Cuando Asuna atravesaba alguna de esas crisis era semejante a una bomba de tiempo dispuesta a estallar ante la mínima provocación. Llegó hasta ella y le tocó el hombro; estaba tensa y casi reacia a su contacto —Sé que es difícil para ti todo esto, pero Yui...

—¿Qué sabes tú...? —explotó fúrica —¡Tú no sabes nada, no ves más allá de lo que abarque la pantalla de tu ordenador...!

Él se mordió el labio inferior sintiendo como la rabia de esos meses reverdecía ante sus palabras descontroladas —¿Crees qué no sé lo que se siente? ¡Yo también perdí esos embarazos Asuna!

Los ojos de la muchacha se llenaron lentamente de lágrimas pero las desechó, así como desechó la mano masculina que otra vez fue a posarse a su hombro —¡Tu cuerpo está sano...! ¡Tú no eres el del problema...! ¡La del problema siempre soy yo!; ¡con ese maldito juego, con mi familia, con mis amigos, contigo...! ¡A estas alturas debería aprender a resignarme...! ¿Verdad...?¡Porque soy una maldita mierda que echa a perder todo lo que toca, que no puede hacer nad...!

Kazuto no la dejó terminar, la abrazó con fuerza, sacudiéndola una y otra vez. Ciñéndola contra su pecho intentando calmar sus espasmos y los suyos propios. Oyendo sus sollozos inentendibles en tanto las lágrimas caían de sus ojos también.

—Intento entender cómo te sientes... —le confesó en un susurro —Pero Yui es nuestra hija, y ambos juramos defenderla, y cuidar de ella... ¿recuerdas?

Ella sacudió la cabeza en una acción negativa —No es mi hija.

—Asuna...

—¡No es mi hija! ¡Es una Inteligencia Artificial creada por un sistema para ayudar a los jugadores...! —le gritó ahogándose con sus propias palabras —¡Un puto sistema que tiene la capacidad de concebir vida cuando yo no puedo hacerlo...!

Se echó a llorar otra vez. La desesperación se reflejó en sus ojos anegados de lágrimas, y en la forma en que los sollozos ahogados escapaban de su pecho estremeciéndola. La crisis de histeria parecía no amainar, y Kazuto en verdad estaba empezando a desesperarse conforme pasaban los minutos y ella no se calmaba. La abrazó con más fuerza yendo a buscar refugio en el sillón de antes, sentó a la muchacha sobre sus piernas y la meció con suavidad, intentado frenar sus propias lágrimas.

Kazuto sabía con ese episodio habían retrocedido todo el terreno que habían ganado. Y se sintió culpable.

Y cansado.

.

.

.

—No creo que debas ir a trabajar en tu estado —Kazuto la miró con preocupación mientras se anudaba la corbata negra que hacía juego con su traje. Asuna se había recogido el cabello en otro de esos moños flojos que sostenía en lo alto de la cabeza con pasadores. Estaba frente al espejo y se maquillaba con gran naturalidad —Deberías hacer reposo hoy. Puedo llamar a tu jefe y explicarle.

—No me apetece quedarme aquí sola —le dijo con saña.

—Asuna...

—Se te hace tarde —lo cortó.

Él resopló y se despeinó el cabello —¿Quieres que almorcemos juntos?

—No. Almorzaré con mi papá.

Kazuto no sabía que decir cuando ella se ponía así; hiriente, fría.

La observó varios segundos desde el marco de la puerta, viendo como acababa de arreglarse.

—Que tengas buen día, nos veremos en la tarde...

Pero Asuna no se dignó a contestarle, y oyó como a lo lejos cerraba la puerta de entrada de su propia morada. Terminado con su rutina buscó su bolso, las llaves y tras calzarse sus stilettos rojos que hacían juego con su vestido corto, salió de la casa rumbo a la oficina.

Ese día no estaba de humor. Luego de la pelea con Kazuto solía quedar con el ánimo alterado y endeble. Sobre todo porque entendía que él estaba cansándose de luchar con ella, y lo que era aún peor... Asuna misma estaba agotada mental y físicamente de atravesar esas crisis que la dejaban alterada, nerviosa y frágil como un cristal a punto de romperse.

Era complicado lidiar con ella en esas situaciones, ¿y si Asuna misma no se soportaba en ese estado, que podía esperar de ese muchacho? Solo era cuestión de tiempo para que él se rindiera y diera un paso al costado en cuanto a sus obligaciones.

Kazuto al igual que ella estaba agotado de nadar en contra de la corriente cuando muchas veces lo único que Asuna deseaba era cerrar los ojos y dejarse llevar a donde la marea quisiera llevarla. Ya no tenía fuerzas para luchar...

Estacionó su propio auto en el estacionamiento de la compañía de su padre, y tomando el ascensor en el subsuelo seleccionó el piso donde se encontraba su área de trabajo mientras se colocaba su bata blanca y el membrete que portaba su nombre y especialidad. Ese día le esperaba una larga jornada, lo cual era lastimosamente bueno para mantener su cerebro ocupado.

—Buenos días Asuna —la saludó su jefe cuando pasó junto a su oficina.

—Buen día —respondió la muchacha su mirada ambarina se mantenía fija en la pantalla de su computador encendido, aunque no estaba poniendo atención.

—¿Ocurre algo?

Ella lo miró ensayando una sonrisa falsa y sacudió la cabeza en un gesto negativo, empezando a tipear apresuradamente uno de los documentos que descansaba sobre su escritorio. El muchacho entró a su oficina compartiendo su silencio, aunque la miró de modo preocupado.

Cuando salió dos horas después para ir al área de producción descubrió que Asuna estaba otra vez mirando la pantalla vacía de su computadora con sus manos muertas al costado de su cuerpo, la expresión desamparada de su mirar fue suficiente para que se detuviera ante ella.

—¿Asuna?

Sin embargo, tuvo que llamarla varias veces para que la joven reaccionara. Era como si su espíritu se hubiera ido a divagar a otro lado abandonando su cuerpo en esa habitación.

De pronto la chica pareció reaccionar y lo miró abochornada —Lo siento.

—¿Te encuentras bien?

—En verdad no, pero no tiene importancia —sus ojos comenzaron a tornarse brillantes por lo que la joven se puso de pie dándole la espalda con la intención de ocultar su melancolía y vergüenza —¿Necesitabas algo?

—No, solo un programa que debería estar por aquí... ¿No quieres tomarte el día y descansar?

—No. Prefiero quedarme y mantener mi cabeza ocupada de alguna forma.

El muchacho suspiró antes de detenerse a su lado mirándola con consternación —No creo que seas de mucha ayuda en estas condiciones.

Ella se secó una lágrima rebelde que escurría de su ojo y resopló —Prefiero quedarme aquí. Por favor.

—Como quieras —este pasó de ella y tomó el ascensor hasta los pisos superiores en silencio.

Asuna se aplacó las lágrimas de impotencia a manotazos limpios llamándose tonta y estúpida por no poder contenerse cuando necesitaba hacerlo. Tomó un sorbo de agua fresca de su botella que siempre ubicaba a un lado de sus cosas y se concentró en seguir digitalizando todos esos documentos. En verdad ese era trabajo de una secretaría administrativa, pero agradecía tener algo que hacer para distraerse. Recién eran las diez de la mañana, le quedaba una larga jornada.

La pelirroja hizo lo mejor para que su falta de entusiasmo no fuera tan evidente para cuando su jefe volviera de la reunión. Era cerca del mediodía cuando escuchó sus pasos resonando por el corredor que desembocaba en su oficina. El alto muchacho de cabello negro y ojos índigo le sonrió con interrogación en una muda pregunta.

—¿Te sientes mejor?

Ella asintió con un gesto imperceptible. Notó su mirada profunda y se sintió intimidada, algo que no muchos lograban y que solo su esposo tenía el placer de lograr.

—Bueno, creo... que tengo algo para ti... —le dijo en voz baja.

Asuna leyó su gesto, sus ojos azules seguían tan puros y honestos como cuando lo vio por primera vez, sin segundas intenciones, y sin embargo...

—Verás, hace algún tiempo atravesé una crisis. Fue tan profunda que por momentos necesitaba... escapar —pronunció lo último en un susurro logrando que ella abriera sus ojos en entendimiento. ¿Cuántas veces deseó escapar de todo lo que la rodeaba? ¿No fue por ese motivo por el que entró a Sword Art Online allá muchos, muchos años antes? ¿Acaso a eso se resumiría su vida? A tratar de escapar todo el tiempo... —Y hallé un modo de paliar todo eso... No lo hago siempre, pero cuando siento que los problemas amenazan con engullirme, esto me ayuda a desconectarme...

Ella dejó de escucharlo y observó la palma abierta, y la pequeña pastilla azul que cómodamente se alojaba en el centro de su mano.

—¿Droga? —musitó con un hilo de voz.

Él sacudió la cabeza —¡Oye! No es droga, es un... relajante.

—Lo siento, no tomo medicamentos que no estén bajo prescripción médica —le respondió rechazándolo.

—¿Crees que te daría algo dañino? —se rió levemente —¿Cuándo tu papá podría matarme de un solo golpe? Es una indefensa toxina que libera nivelas altos de endorfina y que te ayudará naturalmente a mejorar tu humor.

Asuna volvió a mirarlo, él extendió su mano en un claro mensaje. Soltando un suspiro tomó la pequeña pastilla y la dejó en la esquina del escritorio.

—¿No me crees? Mira es tan inofensivo como una simple aspirina, y si la tomas te sentirás mejor, créeme.

Pero sin decir más el muchacho se encerró en su oficina y dejó a la muchacha allí para que ella misma decidiera.

.

.

.

El mediodía había llegado y Kazuto reprimió un suspiro melancólico. La jornada se adivinaba larga y tediosa cuando tenía que trabajar con los programas informáticos y su cabeza se encontraba lejos de allí. Bueno, no era su culpa, estaba preocupado por Asuna. Desde que toda esa amarga situación empezó su única preocupación era el bienestar de su esposa.

Se refregó el cabello inconscientemente. Debería de almorzar algo y relajarse, no le servía de nada comerse la cabeza, solo debía esperar a que la tormenta amainase. Como muchas veces ocurría, era cuestión de esperar a que los nervios de Asuna se aplacaran y ella volviera ser la misma.

Pese a que era una especie de círculo vicioso: ella se enfermaba, se deprimía, se recomponía por algún tiempo y volvía caer. No podía dejar de estar a su lado, aunque las recaídas eran cada vez más seguidas, y las secuelas parecían difíciles de contrarrestar.

Pronto oyó un golpeteo alegre en su puerta y confundido alzó la cabeza pronunciando un extraño adelante. Que recuerde no había quedado con Shino, ni con su hermana para almorzar.

La madera se abrió revelando el hermoso rostro alegre de su esposa quien llevaba una delgada caja rectangular entre las manos de la cual salía un delicioso aroma.

—¿Se puede? —preguntó sonriendo con alegría como hace mucho no lo hacía. Kazuto reparó en su vestido rojo, evidente regalo suyo de alguno de sus muchos aniversarios, los stilettos que enmarcaban sus eternas piernas. Se veía jovial y bonita, sobre todo con esa expresión relajada en tanto esperaba su veredicto desde la puerta.

Él se levantó y a grandes pasos fue a su encuentro, la tomó de la cintura y sin mediar palabra la besó con ternura, pese a los chillidos que la pobre chica emitía al ser tomada por sorpresa.

Oyéndola Kazuto se separó unos centímetros, pero sin soltarla y resumiendo el contacto a pequeños roces cariñosos que solo la hicieron reír.

—¿Qué haces aquí?

—Pensé que podríamos almorzar juntos... —lo miró sonriendo —Pero si molesto, solo puedo dejar esto por aquí e...

—No me molestas, es fabuloso que hayas decidido venir —enmarcó su rostro joven y besó sus labios de cereza sin dejar de sonreír —Gracias Asuna.

Ella le devolvió la caricia, algo que le hizo olvidar la pelea, su frustración, su estrés y, se sintió plenamente feliz al tenerla desbordando alegría.

.

.

.

Kazuto despertó esa mañana siguiente con una bonita visión. Una que hacía mucho no veía. La curvatura del hombro desnudo de su mujer, seguido de las vértebras suaves de esa espalda de porcelana, todo ese espectáculo apreciable gracias al sol naciente. La nuca de muñeca al descubierto con su cabello de fuego cayendo desordenadamente sobre la almohada. Entonces fue instantáneo que se acercara a apoyar los labios sobre esa porción de piel descubierta, misma que se estremeció al ser víctima de esas caricias.

—Kazuto... —ella se volvió a verlo con ojos adormilados, una sonrisa suave pintada en sus labios.

—Buenos días preciosa —su boca fue atraída por lo hermosa que se veía recién despertada, no lo pensó demasiado y en segundos ya se encontraba devorándola con la misma intensidad que anoche. Sus labios eran tan exquisitos que no deseaba soltarlos.

—Buenos... días —ella susurró con dificultad en medio de ese profundo beso.

Las manos de él ya habían entrado en juego, traviesas comenzaron a acariciar las curvaturas de ese escultural cuerpo, que con el tiempo empezaba a ganar el peso perdido. Los melodiosos sonidos que pronto iniciaron a escapar de los labios de su esposa, le hicieron aumentar esa extraña felicidad con la que se despertó.

Kazuto dejó de robarle el aliento y llevó sus labios a seguir degustando el resto de piel de su bella esposa, lentamente fue bajando la manta blanca que cubría el resto de su cuerpo, abriéndose paso fue regando besos por doquier.

—¿Qué...hora es? —y como si Asuna recordara que no era momento para alargar más aquella actividad desvió la mirada al reloj digital que yacía en la pequeña mesa al lado de la cama —¡Ya es muy tarde! —trató de levantarse alarmada por la hora, pero fue retenida por su esposo que la había acorralado con su cuerpo.

—Asuna ¿Tomémonos el día? —sugirió con suavidad, sus labios subieron hasta la unión de su pecho besó con ternura esa parte de piel, que provocó un jadeo hermoso escapara de la boca de la pelirroja.

—Kazuto ya es tarde —recalcó intentando empujarlo, no tenía las fuerzas para hacerlo y aunque anoche fue algo maravilloso, eso no le daba el derecho para actuar irresponsable y quedarse en la cama todo el día, tenía trabajo que cumplir en la oficina y él también —Ya es tarde, debo ir a trabajar —subió un poco el tono de voz a espera que le escuchara.

Claramente notó que él le escuchó, más sabía que le ignoró por completo y que no dejara de besarle le estaba enfureciendo.

—¡Kazuto ya basta! —gritó, cuando la boca del azabache se dirigía a esa parte sensible en su cuerpo que sería su perdición si lograba tomarla —¡Maldición Kazuto! ¡Tengo trabajo, no puedo llegar tarde!

Él tuvo que obedecerla, no quería que tuviera otro momento de crisis como el de ayer, trató de controlar su respiración antes de quitarse de encima. Nuevamente parecía que esa ilusión de ser felices y que avanzaban, era solo eso... una ilusión que no duraría más que una insignificante noche juntos.

Como siempre que pasaban un momento incomodo Asuna no dijo nada, se enrolló en la sábana y muy apurada se dirigió al baño, angustiada por prepararse lo más rápido para no llegar tarde, nunca había sido impuntual en toda su vida y no lo sería ahora.

Con el sonido de la puerta cerrándose con fuerza Kazuto dejó escapar el aire de sus pulmones, el que contuvo para intentar no hundir más su matrimonio. Ya no sabía qué hacer, aunque creía avanzar, lo unico que lograba era retroceder cada día más.

.

.

.

Gracias a todo el que se ha atrevido a leer la primera parte de esta tragica historia. L a segunda parte ya la tengo lista y posiblemente la cuelgue antes de terminar la week.

Agradecimiento especial a Kim por ayudarme en esto.