"Ad Astra."

Por B.B. Asmodeus.


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Parejas principales: Kou Seiya (Sailor Star Fighter)/Usagi Tsukino (Sailor Moon).

Parejas secundarias: Mamoru Chiba (Tuxedo Mask)/Usagi Tsukino (Sailor Moon).

Rating general: M/Adult/R/Lemon. H/M (het) & M/M (yuri).

Categorías/Advertencias: Saltos en el tiempo. Realidad Alterna de Temporada Sailor Stars. Humor. Romance. Drama. Temas de ansiedad y ataques de pánico. Lenguaje fuerte. Embarazo adolescente. Embarazo no planeado. Temas de sexo sin protección entre dos menores de edad. Infidelidad.

Advertencias especiales:

Como ya saben, si siguen mis historias, me gusta manejar la personalidad dual de Seiya con balance, y aunque parte de la trama tiene como catalizador el romance de Seiya y Usagi en su identidad masculina, en esta historia encontrarás que su verdadero género femenino será el predominante. Si buscas un fic con sólo Hombre!Seiya, no te recomiendo que sigas leyendo.

Recuerden que este fic está situado en los 90's, específicamente en el año 1998. La cultura japonesa no era nada amable con adolescentes embarazadas, ni mucho menos con madres solteras. Aunque en la actualidad, el gobierno y la cultura son más flexibles y relajados al respecto, en los 90's las mujeres sufrían extrema discriminación a todos los niveles. He investigado distintos artículos al respecto y me pareció muy interesante explorar como Usagi tendría que abordar la situación.

Amo demasiado a mi personaje original Severina Sang Froid como para no usarla esta historia. SIN EMBARGO, no esperen que sea la misma Severina de Todos Quieren (Gobernar el Mundo). Su historia y trasfondo será otro.

Sinopsis: Post-Stars. Usagi Tsukino deberá superar una batalla más mortal que la encarnada contra el Caos: crecer. Al menos tendrá compañía.

Dedicatoria especial: a todas las personas lindas que siguen esta historia, LaDaniGT, Kibo_No_Hoshi, FabianaLouro, josyaralaura, Shinny_Bubbles, LizzyAl-Saud, TsukihimePrincess, y a Jinki Asgra, que se la pasa alentándome a escribir estas loqueras.


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2.

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"«Nos pertenecíamos el uno al otro,

pero habíamos vivido tan lejos

que ahora pertenecíamos a otros»"

-André Aciman, (Call me by your name).

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4 Meses Atrás.

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No pensó mucho de la primera mañana que despertó, se levantó—y corrió directo al inodoro de la Residencia Tsukino a regresar su cena.

Usagi se había enfermado del estómago en muchas ocasiones con sus frecuentes atrancones de golosinas. Nada nuevo.

Pero, siguió ocurriendo. Por una semana entera.

"¡Usagi-chan, si no te conociera, pensaría que estás embarazada!" Luna bromeó en el quinto día de la misma rutina. "¡Te he dicho que no es bueno para tu salud comerte snacks a escondidas por las noches! Debes ir al doctor, ¿no crees?"

Usagi, en proceso de colocarse el camisón de su uniforme escolar—¡Llegaría tarde otra vez!—se congeló al escuchar a la gatita y su inocente broma. Rio, tratando de sonar despreocupada. "Sí, claro. Le preguntaré a Ami si no tiene medicina para el estómago, su mamá tiene a montones en su casa."

"Usagiiii, no seas tan abusiva. Ami no puede recetarte medicina sin el consentimiento de su madre."

Calcetines. Listos. Falda. Listo. Moño. Listo. Su cabello. Bueno, más o menos. "Ay, está bien. De seguro sólo comí algo que no me cayó bien. ¡He tenido unos antojos muy raros últimamente!"

"Ni que lo digas. Ayer en el CROWN te luciste con esos panqueques con pepinillos. Sólo a ti se te apetecería mezclar algo tan salado con algo así de dulce."

"Sabían bastante bien." Usagi fue petulante con su respuesta, pausando en la puerta para aventarle un guiño. "Ya relájate, Luna. Prometo que no abusaré de mis snacks. Estoy segura de que en unos días todo regresará a la normalidad."

Famosas últimas palabras.

Esa famosa normalidad.

Después de la Batalla contra el Caos, normal había sido un anhelo que Usagi continuaba persiguiendo, queriendo saborearlo. Amarrarse a él; sentirse segura de lo que sentía y del futuro que se aproximaba. Deseaba que asistir a la Preparatoria fuera una experiencia que no le trajera melancolía al ver los asientos vacíos de Seiya, Taiki y Yaten.

Makoto decía que era de esperarse extrañarlos. Habían sido amigos, después de todo. Al final, y tras muchas dificultades, todos ellos habían sido buenos amigos. Todos juntos, habían salvado el Universo.

Usagi no dejaba de sentirse sensible con el tema, a pesar de la sabiduría de Mako-chan. Le molestaba que otro muchacho ya hubiera reemplazado el lugar de Seiya a sus espaldas. A veces a Usagi se le olvidaba, y cuando pensaba en una broma durante clases, giraba su cabeza para susurrarla a su compañero, sólo para encontrarse con otro alumno, compartiendo sus propias bromas con sus amigos. Compartir dichas bromas por recadito con Minako no era lo mismo. Seiya al menos, siempre se había reído de sus bromas, por más aniñadas que fueran.

Era casi cruel, cuanto se había acostumbrado a Seiya sin saberlo, para averiguarlo ya que su amigo no estaba en la Tierra.

Sabías que me extrañarías, Bombón!" Juraba poder escuchar en ocasiones con aquella voz arrogante, flotando por los pasillos de la escuela. A veces, Usagi hasta podía jurar verlo en las prácticas de futbol americano, disfrutando ser molido a golpes con placer.

"¡Deja de pensar en él!" Usagi se reprimió, corriendo hacia la escuela. Sus zapatillas no eran lo más cómodo del mundo para sufrir tanto maltrato, pero Usagi no quería pasar la mañana sosteniendo un bote con agua en el pasillo, de nuevo. Había estado llegando tarde toda la semana por culpa de sus náuseas repentinas, y hasta Mamá Ikuko lo había notado.

"¡Usagi!"

Pronto, Minako apareció a su lado, un pan tostado colgando de su boca.

"¡Mina, vamos a llegar tarde!"

"¡Lo sé! ¡Vamos, acelera, Usagi! ¡Podemos lograrlo!" Así de fácil, Minako le llevó la delantera en segundos.

¡No era justo! Usagi gimió por la traición. Sus jadeos empeoraron conforme luchó por correr a la par que Minako, algo muy extraño. No era como si Usagi estuviera perdiendo la condición física para el reto. Correr todas las mañanas era más efectivo que cualquier gimnasio.

"¡Mina! ¡Mina, espera!"

Usagi no aguantó, a pesar de ver la Torre de la Preparatoria Juuban a una cuadra de distancia. Su mundo dio un poco de vueltas con el extenuante ejercicio, y Usagi necesitó detenerse para recuperar su aliento. "Uy, tan cerca… Casi… lo logro."

"¡¿Usagi?! ¿Estás bien?!"

Usagi se sostuvo de la pared del Mini-Market, lanzándole un pulgar arriba a Minako. "¡Hai! ¡Ade…lán… tate!"

Cotidianamente, Minako le obedecería. Pero, tal vez Usagi lucía más agitada de lo esperado, porque su amiga corrió de regreso a su lado.

"¿Quieres un poco de agua?" Mina no esperó una respuesta, ya sacando una botella con agua fresca de su maletín. "Anda, jamás te había visto tan roja de la cara. ¡Alguien ocupa hacer más ejercicio!"

"¡Estoy bien!" Usagi rodó sus ojos, aceptando sólo un trago de la botella—bueno, tres. En verdad estaba sedienta.

El timbre escolar retumbó por el distrito. Usagi y Minako colgaron sus cabezas con la derrota.

"¡Bueno, al menos es viernes y mañana es día feriado!" Minako intentó consolarse. "¡Tendré una cita con Samuel y ni siquiera ser castigada por el profesor me robará esa alegría!"

"¡Ah! Arigatou, Mina-chan." Refrescada, Usagi le regreso la botella semivacía a su amiga. Reanudaron su caminata a la escuela a un ritmo más despacio, sabiendo que sería ya fútil apresurarse. "¡Suena emocionante! ¿A dónde irán?"

"Mm, estaba pensando en ir al cine a ver una película romántica, pero Samuel está muy emocionado con el nuevo parque de diversiones. ¿Has ido? Tal vez deberías invitar a Mamoru y podría ser una cita doble." Minako hizo bailar sus cejas juguetonas. "¿No han tenido una cita desde que derrotamos a Galaxia, verdad? ¡Esta podría ser tu oportunidad para avivar las llamas!"

Llamas, fueron las que volvieron a calentar sus mejillas. "Mina, por favor. Ya sabes que Mamoru prefiere lugares más tranquilos. No es muy fan de los parques temáticos."

"¡Así que no niegas que no han salido en una cita todavía!"

Usagi retorció su maletín en sus manos. "Ha estado ocupado. Quiere limpiar su nombre con la Universidad de Harvard para indicar que sufrió un accidente y todo eso."

Los ojos de Minako engrandecieron "No me digas que—"

Usagi se encogió de hombros. "No podrá reinscribirse este semestre, pero está considerando la posibilidad de embarcarse a Estados Unidos el próximo año. Claro, siempre y cuando lo vuelvan a aceptar en el programa de intercambio."

"Wow, que rápido." Minako rio, algo nerviosa, de seguro notando la misma incomodad de Usagi. "Aunque supongo, ¿quién puede culparlo?—"

-Exactamente.

"—no debe ser fácil ser asesinado en el camino a cumplir tu sueño. Me imagino que es algo duro para él saber que se perdió casi un año de su vida."

"Estamos tomándonos un descanso."

Las palabras salieron sin su permiso.

Para cuando Usagi se percató de su propio desliz, cubriendo su boca un segundo demasiado tarde, el daño ya estaba hecho. La cara de Minako lo confirmó.

"Por favor, no le cuentes a las demás." Usagi gruñó a lo bajo. "Lo siento, no fue mi intención—se me salió."

"Usagi, está bien. Cálmate." Minako le detuvo del brazo, obligándola a encararla. "Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿cierto? No tienes que esconder tus sentimientos como la última vez. Si necesitas hablar con alguien, siempre estaré aquí. No te juzgaré."

Usagi tragó saliva. "Ojalá fuera así."

Minako parpadeó, totalmente sorprendida.

Usagi le sonrió. "Todos guardamos secretos, Mina-chan." Se dio la media vuelta, reiniciando el camino. "¡Vamos, nos cerrarán las puertas si no nos apresuramos!"

Minako al menos, respetó su privacidad. A la hora de la salida, todas se reunieron en el CROWN y todo pareció transcurrir con la cotidianidad de siempre. Rei le buscó riña, Usagi se la devolvió, Ami habló de la tarea extra que habían dejado por el día festivo de ese sábado con emoción, y Makoto les platicó del Torneo de Karate al que asistiría como espectadora. Invitó a todas a acompañarla, aunque sólo Ami se mostró interesada.

"Usagi, no me digas que piensas dormir todo el sábado." Rei le mandó una mirada poco impresionada.

"¡Claro! ¡Es el mejor plan en el que puedo pensar!" Usagi salivó con la mera idea. Dormir, dormir, y dormir.

"No puedo creerlo, ¿no tienes planes más emocionantes que andar de holgazana?"

Usagi alzó su nariz al techo. "¡Después de salvar a la Galaxia, lo merezco, fíjate!"

"Ay, por favor. Te estás dando mucho crédito, ¿no crees? No sólo tu hiciste el trabajo duro. No miraste a las Sailor Starlights tomarse vacaciones, ¿o sí?"

Ouch. Usagi miró a Rei con un coraje intensificado, que ni ella misma comprendió. "Se lo hubieran merecido, aun así. Por todo lo que hicieron por mí y más."

Rei frunció el ceño con extrañeza. "Gomen, Usagi, no quise molestarte. Era una broma."

Así de rápido, el coraje se desvaneció. Usagi resopló con incredulidad con su cambio de humor. "No, no te apures. No sé qué me pasa—Muchas cosas sucedieron en tan poco tiempo, supongo. Apenas estoy procesando todo, incluida la Batalla contra Galaxia y el regreso de Mamo-chan…"

"Te volviste muy cercana a ellas en un momento muy traumático, Usagi-chan." Ami sobó hombro, al estar sentada a su izquierda. "Es comprensible que las extrañes, o que te sientas sobreprotectora con su recuerdo."

"Lo haces sonar como si se hubieran muerto, Ami." Usagi forzó una risa, enfocándose en su malteada. "Nunca lo sabemos, puede que vuelvan en el futuro a visitar, ¿no creen?"

"¿Te gustaría?" Makoto preguntó con una sonrisa gentil. "¿Te gustaría ver a Seiya de nuevo?"

Usagi se paralizó, succionando el sabor a fresa del popote.

Una pregunta tan sencilla. Pero, oh, tan destructiva.

Usagi tosió parte de su malteada. "¿Qué? ¿Por qué preguntas eso, Mako-chan?"

Las chicas se miraron entre sí. "Bueno, nos hemos dado cuenta de que te has sentido algo decaída desde que se fueron." Makoto continuó. "Pueden decírnoslos, Usagi-chan. Somos tus amigas. Si quieren platicar con nosotros sobre lo que sufriste a manos de Galaxia con las Sailor Starlights, siéntete en confianza de hacerlo."

¿Por qué seguían presionándola de esta manera? ¿Acaso Mina la había traicionado, después de todo?

Para disimular el puño de emociones en su interior, Usagi suspiró para dar la impresión de estar agradecida con el apoyo. Y lo estaba, a decir verdad. Siempre. Era sólo que…

"Tienes razón. Lo haré. Cuando tenga los ánimos, chicas, se los aseguro."

Las chicas en conjunto lucieron más aliviadas con su promesa. Pronto, se cambió el tema, con Usagi sólo agregando comentarios causales aquí y allá, por dentro sus pensamientos dando vueltas y vueltas…

Como su estómago.

"Oh, Kami. No de nuevo." Usagi gimió, horas después, sentada en la tapadera del retrete de su casa, y sobando su pancita. "¿Por qué sigue sucediéndome esto? ¡No comí ningún pepinillo!"

Las náuseas fueron intensas en esta ocasión. Más intensas que todas las veces previas. Usagi trató de frenar el impulso de vomitar, pero al final, resultó ser más un alivio, que un pesar. Después de devolver su lonche y su malteada, su estómago pareció aplacarse.

¿Aunque la paz mental de Usagi? No tanto.

"¡Si no te conociera, pensaría que estás embarazada!"

No podía ser.

Hacer cuentas en su cabeza no era su fuerte. Sus ciclos no solían ser irregulares, así que por lo menos tenía ya una idea de las fechas que debían corresponderle. Usagi acudió a su calendario personal para revisar las fechas anteriores de sus periodos. Gruñó al no encontrar ninguna nota legible. ¡Demonios! ¿Por qué era tan distraída?

"No te asustes, Usagi. Eres una chica lista, piensa, si no usaste tu calendario, ¿en dónde más pudiste apuntar tus fechas? Mmmm… ¡Sí, mi libreta!"

Con el corazón en su garganta, las hojillas de su libreta de gatitos fueron giradas de adelante hacia atrás y en reversa, una y otra vez.

Volvió a ver el calendario.

10 de Marzo de 1998.

La ultima anotación con pluma rosada pertenecía al 23 de Enero de 1998. ¿Qué había sucedido con Febrero?—(ejem, aparte de salvar al Universo del Caos).

"No." Usagi cerró la libreta de golpe. La aventó a la cama, decidida a comprobar lo contrario.

Una bombilla se encendió en su cabeza.

"¡La farmacia!" Usagi tronó sus dedos con la idea.

Rompió su alcancía apresurada, contando los yenes. Hizo un sonido impaciente, mejor decidiendo tomar todos sus ahorros.

"¿Usagi, a dónde vas con tanta prisa? ¡La comida ya está lista!" Ikuko la detuvo en el vestíbulo, una espátula en su mano.

"Regresaré enseguida, mamá. ¡Olvidé comprar algo en la papelería para mi tarea!"

"¡Pero es tu platillo favorito! Albóndigas asadas. Se van a enfriar para cuando regreses."

El aroma de las deliciosas albóndigas llegó a las narices de Usagi conforme se colocaba sus zapatillas. Para su horror, su estómago volvió a convertirse en un campo minado, rechazando uno de los mayores placeres en la vida de la chica. ¡Oh, no! ¿Cómo era posible? ¡Amaba las albóndigas asadas de su madre!

"Regresaré pronto—" Usagi tragó saliva para no ceder a las náuseas otra vez. Se tropezó en su ímpetu por salir de la casa, respirando con alivio al estar afuera. "Kami-sama. Esto es peor de lo que pensaba."

Mucho, mucho peor.

El camino a la farmacia la mantuvo en un estado de pánico, cada paso a la tienda llenándole el pecho de cemento.

Había fila en la caja de cinco personas. Usagi se escurrió por los pasillos haciendo el mejor esfuerzo por pasar desaperciba. Tal vez no había sido una buena idea venir a la misma farmacia a la que venía su madre…

La sección que buscaba estaba sola de momento, Usagi pretendió tomar una revista del anaquel y leerla mientras caminaba.

"¡Ep!" Su rostro se sonrojó, al ser el eslogan de los Three Lights lo primero que atraparon sus ojos. Seiya, Taiki y Yaten posaban debajo de las letras amarillas con glamur, mientras que el articulo especulaba sobre su paradero. Había muchos rumores de su desaparición después del 'ataque terrorista' que había interrumpido su último concierto, pero el autor del artículo se saltó la barda, al proponer que habían fallecido en el bombardeo y que su mánager se negaba a aceptarlo públicamente con el propósito de quedarse con la riqueza que habían dejado. "¡Que patrañas!" Usagi sintió coraje por las exageraciones.

"¿Qué me miras, baka?" Usagi murmuró directo al rostro de Seiya. "¡Todo es tu culpa!"

"¿Hablando sola? Nunca es una buena señal."

Usagi emitió un chillido de sorpresa. Por un instante, estuvo seguro de que la voz a sus espaldas era del mismo ídolo, regresando para atormentarla.

Detrás de ella, Mamoru sostenía una canasta con un frasco de vitaminas y una revista deportiva. Debía estar en su hora de jogging porque vestía el atuendo a juego.

-Oh, por Dios. "M-Mamoru, hola." Fue oficial. Usagi deseó que la tierra se abriera en ese justo momento y se la comiera todita.

El uso de su nombre completo alertó al hombre de inmediato. "¿Usako? ¿Estás bien? ¿Qué vienes a buscar?" Cuando la mirada curiosa de Mamoru divagó hacia los anaqueles de las pruebas de embarazo, Usagi actuó en impulso.

"¡Nada, nada!" Se colgó del brazo del hombro con fuerza. Lo jaló lo más rápido posible en dirección opuesta. "Hehe, mi madre no se siente bien, creo que le quiere dar un resfriado. Me mandó a comprarle algo para el dolor de cabeza. ¿Y tú? ¿Recuperando tu rutina de ejercicio?"

"Sí, así es. Estaba pensando en pasar por tu casa una vez que saliera de aquí—¿Estás segura de que te sientes bien? Te miras muy enrojecida, Usagi." Una mano gentil acarició el flequillo de la chica. "¿No tienes una fiebre? Estás algo caliente."

Usagi quiso romperse en llantos. El remordimiento de la caricia le comprimió el corazón. "Mamo-chan."

"¿Sí?"

¿Cómo decirlo?

Echó un vistazo al pasillo que había abandonado. Luego, a la revista descartada en el piso con el rostro de Kou Seiya. Usagi sacudió su cabeza. "Creo… creo que necesito ayuda." Su visión tembló, llorosa.

"Oye, está bien. Compremos lo que tu madre te pidió y te acompaño a tu casa para que descanses."

"Iie, iie." Usagi mordió su labio inferior. "¿Podemos ir a tu apartamento?"

Incertidumbre oscureció el rostro del joven. "¿Crees que es una buena idea? Considerando…"

Considerando que la última vez que Usagi había visitado el lugar, su intento de intimidad como novios había terminado en catástrofe.

"Es sólo… no puedo regresar a casa." La idea de darle la cara a su madre… Oh, por Kami. "No ahora. Necesito pensar. Y hablar con alguien—¡No puedo decirles a las chicas, me matarían!"

"¿Decirles…? Oh." El tono de voz de Mamoru se endureció. El hombre mostró que han observador era, al aventarle un vistazo a la revista que Usagi había estado leyendo. "Te refieres a que es algo que… lo involucra."

Usagi cubrió su rostro para esconder el pavor. "G-Gomen. Olvídalo, no quise—"

"No, tranquila. Permíteme pagar por estos productos primero, ¿está bien?" Mamoru actuó con cordialidad que lastimaba, su fachada de indiferencia no siendo tan efectiva a los ojos de Usagi. Hubo delates de su incomodidad al estar lidiando con los problemas de su novia-pero-a-la-vez-no-de-momento. Usagi lo consideró un Santo por no rechazarla, mostrando más simpatía que la que Usagi sintió merecer en esos momentos.

No perdió de vista como al pasar cerca, la mano de Mamoru recogió de vuelta la revista de los Three Lights.

A pesar de haber salido a correr, Mamoru había traído su motocicleta para el regreso a su apartamento. La había estacionado cerca del Parque Kissu a solo 2 cuadras de la farmacia. Usagi se sostuvo de su cintura mayormente por supervivencia, cuando antes hubiera sido una experiencia de completo éxtasis para ella; ser la novia de un inteligente universitario como Mamo-chan había sido un sueño.

Hasta eso, Usagi había arruinado con su confesión.

El apartamento no presentó cambios radicales. Usagi sólo notó más libros. En la sala, Mamoru había dejado su computadora portátil prendida. Usagi se sentó en la alfombra, recargando su espalda en la parte inferior del sillón. Abrazó sus rodillas contra su pecho, necesitando el confort.

Cuando Mamoru se le unió, trajo consigo dos tazas de té caliente. Colocó una taza frente a Usagi, optando por sentarse frente a ella en el sofá opuesto.

Música sonaba a lo bajo. A Mamo-chan siempre se le olvidaba apagar el estéreo al salir de su apartamento.

Usagi ignoró el té.

"Le dije a Mina que estábamos dándonos un descanso."

Mamoru no se mostró sorprendido. "Me parece razonable. No deberías esconderlo, Usagi."

La rubia frunció su ceño. "Fue un accidente."

"Pero se sintió bien platicarlo con ella, ¿verdad?"

Usagi asintió.

Mamoru sonrió. "No tienes que cargar con todo tú sola, ya te lo he dicho."

"¿Quién lo hará, sino soy yo?" Usagi masculló. "¿De quien más es esta responsabilidad sino mía, de cumplir con el futuro que nos espera?" ¿No era lo que Haruka, Michiru y Setsuna habían querido taladrar en el cerebro de Usagi, todo este tiempo?

El hombre suspiró, después de tomar de su té. "Nunca me has permitido cargar esa responsabilidad a la par contigo, Usako. Lo he intentado—pero me he encontrado, en más de una vez, completamente sobrepasado por el símbolo que es Sailor Moon."

"¿A qué te refieres? No te entiendo."

"Algún día lo harás." Mamoru le dijo con gallardía. "Mi punto es que, si no me dejarás cargar otras cosas, déjame ayudarte con esto, al menos. La última vez que hablamos…"

Usagi no pudo esconder su mueca con la mención.

"Hiciste lo correcto. En decirme la verdad de lo que había transpirado entre… Seiya y tú. No lo dije ese día, pero debí hacerlo."

La mención en voz alta del artista ruborizó el rostro de Usagi. "Nunca te escondería algo como eso. ¡Sabía que tenía de decirte! No fue mi intención lastimarte… Seiya fue una persona muy especial para mi en su momento… Pero, ahora que todo ha vuelto a la—" ¿Normalidad? ¿Es eso lo que iba a decir? "Digo—Oh, cielos."

El sollozo conmocionado brotó de ella, sin permiso.

Mamoru le dejó llorar, silencioso. Tan estoico como Setsuna.

"Creo… Creo que lo he arruinado." Usagi gimoteó, mirada húmeda fijada en sus rodillas.

"¿Qué cosa?"

"¡Todo!" Usagi chilló, casi gritando. El miedo que la había guiado a la farmacia pareció salir de sus poros, tóxico e indeleble. "Creo que lo que hice… Oh, Mamo-chan, no sé que haré si en verdad yo…"

Sintió la presencia de su acompañante acomodarse a su lado. Fue rodeada por un brazo firme. Cálido.

"No te culpes por hechos fuera de tu control… Cosas inesperadas suceden todos los días, a todos nosotros. Mi muerte a manos de Sailor Galaxia no había sido un hecho premeditado, ¿recuerdas? Nuestra línea del tiempo sigue sufriendo cambios. Setsuna nos lo ha dicho. Tal vez este acontecimiento con Seiya es algo similar. Te acompañó cuando yo no estaba contigo. Te protegió cuando nadie pudo hacerlo, hasta el último momento." El hombre suspiró, sobando el hombro de la chica. "Usako, tu vida es tan preciada para todos nosotros… Estoy agradecido de que Seiya se haya percatado de lo mismo—Estoy aliviado, a decir verdad, de que te haya amado tanto como yo lo hago. Es lo que merecías tener en mi ausencia—alguien que te amará y alguien a quién amar con todo tu corazón. Fue ese amor el que salvó la Galaxia de la oscuridad."

Pasmada, Usagi no pudo formar respuesta alguna.

-No, yo no lo… Seiya no… No fue así. Estás confundiendo las cosas. Usagi recordó la voz de Seiya diciendo que la robaría después del concierto contra su oído, besos descendiendo por el sendero de su cuello. -¡No, detente! ¡Deja de pensar en él!

La mano de Mamoru sostuvo su mentón, guiándola fuera de su escondite. La obligó a verlo a la cara, suavemente limpiando sus mejillas con su pulgar.

"Que ahora tengas esta oportunidad de ejercer algo de libre albedrío en contra del futuro destinado, al que eventualmente llegaremos, ¿no te parece revolucionario?" Mamoru inyectó algo de humor. "A veces, romper las reglas es divertido, Usako."

Usagi limpió su nariz congestionada con la servilla que Mamoru había servido junto con el té. Su rostro se sintió hinchado e irritado. Se tomó su tiempo para tranquilizarse, pensando detenidamente en lo dicho por Mamo-chan. La persona más inesperada.

¿Cómo era posible que su novio la perdonara, así de rápido? ¿Por qué no se sentía enojado? ¿Decepcionado, al menos, como lo estarían las Sailor Outers?

"¿Desde cuándo lo supiste?" Usagi murmuró, sus manos rodeando la taza de té.

Los dedos de Mamoru acariciaron su nuca con cariño. "Lo percibí."

"¿Pero, cómo?"

"Bueno, recuerda que tengo esta… sensibilidad a sentir formas de vida. Claro, no había sentido algo parecido antes, pero… Cuando hablamos la ultima vez, tu estrella interior resplandecía de manera esplendorosa… Fue imposible no sentirlo…"

Usagi parpadeó con profundo interés, volteando hacia Mamoru. "¿Sentirlo?"

Mamoru inclinó su mentón con solemnidad. "El despertar de una nueva estrella."

El mentón de Usagi se abrió ligeramente. "Una nueva… estrella."

-"A mi me gusta mucho el resplandor que tú tienes, Bombón."

Fue imposible no llevar su palma a su pecho, sus yemas acariciando el broche de Eternal Sailor Moon. Trató de imaginarla. De sentirla, como Mamoru lo había hecho. El Cristal de Planta despertó, inquieto. Energía se desprendió por su esternón, buscando…

"¿Por qué no dijiste nada?"

"Usagi—honestamente, estaba demasiado sorprendido. Me viste, estoy seguro de que hice una imitación de un pez fuera del agua de manera convincente." Mamoru dejó salir una risa irónica. "Además, no creí que fuera de mi incumbencia. Te darías cuenta, cuando te darías cuenta."

Aquel dulce ardor que Seiya había provocado en sin número de ocasiones al flirtear con ella con desfachatez, le invadió en ese justo momento. -Ese calor… Esa fragancia

Kou Seiya vivía en ella. Usagi lo comprobó con el tiritar de la diminuta semilla apegada al Ginzuishou.

Sugoi.

Era verdad.

"Por Kami-sama." Usagi gimió, conmocionada con la confirmación de sus sospechas.

Su cerebro quiso armar cabos en tiempo real; ver los acontecimientos pasados en nueva luz.

Todas las ocasiones que Sailor Chibi-Chibi Moon había acariciado el vientre de Sailor Moon con una sonrisa mientras se escondían en los escombros, su intención se había mal entendido. En su momento, Eternal Sailor Moon había confundido todo, pensando que la niñita había comunicado estar hambrienta en la mitad del Caos…

Sobre todo, Usagi recordó aquel cruel sueño, experimentado después de ser noqueada por los ataques de Sailor Uranus en la televisora Vía Láctea…

La cicatriz delineando un delicado rostro, en aquella personita apareciendo frente a ella y Chibi-Chibi, después de ser abandonada por sus seres queridos.

Evocó el mensaje que Usagi había recibido, antes de volver en sí.

Oh, Dios.

Esta vez, cuando Usagi acudió al baño de Mamoru, no estuvo sola. Manos ajenas le auxiliaron a sujetar sus colitas, y sobar su espalda. Mamoru no lo entendió, sin embargo. Nunca lo haría. Nunca sabría la profundidad del abismo que se había abierto en Usagi con el nuevo sentimiento que le consumió.

Arrepentimiento.


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Actualidad.

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Seiya caminó directo al envase cristalino de whiskey, resguardado en la alcoba de Taiki.

"Seiya, ni lo pienses."

Vencida, Seiya gruñó. "¡De acuerdo! Pero en ese caso más vale que saques los granos Deluxe de café que pretendes que no robaste de la Tierra para ocasiones especiales. Y hazlo súper-fuerte, por favor. Necesito la maldita cafeína."

"Sólo empeorará tus nervios, ¿por qué no mejor—"

"Taiki, te juro que si te atreves a ofrecerme tu estúpido té—"

Un suspiro impaciente fue la respuesta. Momentos después, Seiya dejó caer su frente contra la barra de bebidas, golpeándola.

Múltiples ocasiones.

"Deja de hacer eso, arruinarás la superficie del ocre." Taiki le picoteó la cabeza. El aroma a café en proceso comenzó a seducir el ambiente. "¿Dónde está Tsukino-san? ¿Por qué no se encuentra contigo?"

"Estaba cansada. Muchas emociones fuertes en los últimos quince minutos, como puedes imaginar. La dejé que se tomara una siesta en mi alcoba."

Podía sentir la ceja desaprobadora de Taiki elevarse como espuma. "¿Tu alcoba? ¿Lo crees una buena idea?"

"¡En la habitación de huéspedes que está incluida en mi suite! Astros, ¿algo tarde para preocuparte por nuestras virtudes, no crees?" Al instante, Seiya se sintió como mierda por lo dicho. "A veces desearía poder darme un puñetazo yo misma."

"Yo también." Taiki la corrió de la barra, redirigiéndola al banco del piano que formaba parte de su propia suite—una réplica especial de la Tierra. "Yaten nunca me perdonará por no incluirla en esta inquisición, pero no puedo esperar más para obtener respuestas."

Seiya rodó sus ojos. "¿Dónde está, a todo esto?"

"¿Dónde crees? Jugando a la niñera con Sailor Uranus. La llevó directo a los gimnasios para que desquitara su ira de manera productiva. No pienses por un momento que fue divertido lidiar con esa mujer. Temimos que se encargaría de destruir todo lo que hemos reconstruido con un sólo Tierra Tiembla. Cómo sigues viva, Seiya, es un misterio para mí."

Seiya resopló. "Hazme el favor. Nunca podría vencerme ni en una batalla de cosquillas."

"Seiya."

"¿Qué?" Seiya gruñó de vuelta. "¡No me mires así! ¡Esto no es mi culpa!"

"Entonces, ¿de quién?"

"¡Tuya!"

Taiki lentamente giró su perfil hacia su compañera. "Oh, no puedo esperar a escuchar tu razonamiento detrás de tal falacia."

"¿Sí, o no, fuiste quién concluyó que sería imposible tener compatibilidad con habitantes de la Tierra para procrear? ¡Dijiste que nuestros cuerpos masculinos eran prácticamente estériles para su especie!"

"Dije que existía una baja posibilidad -de uno en un millón- de tener compatibilidad genética con la raza terrícola. ¡Uno en un millón, Seiya! La posibilidad del caso contrario todavía existía. Por lo tanto, aun hubiera sido recomendable que usaras preservativo."

Seiya picoteó una tecla del piano. Aclaró su garganta con rubor duplicado. "No tuvimos tiempo para pensar tan a detalle."

"No me digas." Taiki casi le metió la taza de café recién servido, por las narices. "¿Cuándo sucedió esto?"

"No beso y cuento, Taiki. Soy un caballero." Seiya murmuró, aceptando la bebida. "Aun no estoy segura de que Yaten y tú no tengan algún tipo de apuesta a mis espaldas."

¡Ajá! La expresión en la carota de Taiki fue confirmación suficiente.

Seiya dio un sorbo escandaloso del café, sólo para sacar a su amiga de sus casillas. No era una fanática, pero al menos, la cafeína ayudaría con su dolor de cabeza. "Vamos, Taiki. ¿Nunca decidiste divertirte con Mizuno-san en el laboratorio de computación, o nunca te escapaste con Kino-san a los invernadores?"

"No seas vulgar. Sabes que no. Y no trates de desviar el tema. ¿Ya tienes una idea de lo que harás a continuación? ¿Qué hay del novio de Tsukino-san? ¿Crees que esté enterado del estado de la joven?"

Mm. Seiya se encogió de hombros. "No hemos llegado a las preguntas más jugosas. Perdón por decepcionar, estaba muy ocupada teniendo una crisis existencial."

"Pues deberías—"

"¿Dame un momento para respirar, quieres? ¡Esta situación de por sí ya es complicada! Odango tiene mucho en su plato. Lo último que quiero es causarle más estrés." Seiya, exasperada, despeinó su fleco. "Tú mejor que nadie debería estar consciente de la delicadez de su estado. La viste, Taiki. Usagi está…"

¿Esparcida por todas partes?

Seiya pensó que había sido clara con Mamoru Chiba—¡Cuídala, imbécil!

Empuñó la cerámica de la taza, peligrando en quemarse los dedos. Aborrecía tanto ver a Usagi llorar. Lo odiaba. Seiya también tenía preguntas, lo admitía, pero se las tragaría en favor de que Odango no tuviera razones para sentirse afligida.

Taiki suspiró. "Tienes razón. Discúlpame. Debemos evitarle cualquier tipo de agitación por ahora." La misma mujer lució a un paso de su propia jaqueca. "Estando en el tema, sin embargo, ¿mencionó algo más específico sobre el estado de su embarazo? ¿Síntomas? ¿Es un embarazo completamente regido por normativas biológicas de las Tierra, o ha tenido síntomas adicionales?"

Seiya recordó las pastillas que Usagi había ingerido antes de recostarse a descansar. Calcio y ácido fólico, había comentado la chica con una sonrisa somnolienta.

"A decir verdad, lo hizo. Quería consultar con nosotras sobre que tanto difiere un embarazo terrestre al de un originario de Kinmoku. Está preocupada por no estar llevando algún cuidado especifico. Si me lo preguntas, creo que exageran en la Tierra con sus medicamentos. ¡Debiste ver su mochila, Taiki! ¡Está llena de frascos! ¿Es normal? ¡No creo que debería tomar tantas pastillas!"

Taiki lució escalofriante con su fascinación por aprender más detalles. "Necesitaré tomar una muestra de sangre para analizar alguna deficiencia o sobrecompensación en su sistema. Si Tsukino-san me lo permite, podemos descartar con los resultados que tipo de medicamentos debería ingerir en verdad."

"Ya empezaste con tus tendencias vampíricas." Seiya resopló. "Sólo ten cuidado con ellos. No te emociones demasiado con esa aguja."

"Oh, ya veo. Ya estamos sintiéndonos sobreprotectoras, ¿eh?"

Seiya sintió calor correr a sus mejillas.

Taiki descansó su taza en la mesa del medio. "Seiya…"

-Oh, no, aquí vamos. Seiya quejumbró por dentro. -El Gran Sermón.

"Sólo prométeme que serás cuidadosa esta vez. Que Tsukino-san esté aquí, bajo estas circunstancias…"

"¿No significa que esté lista para lanzarse a mis brazos a declararme amor eterno?" Seiya emplastó una sonrisa digna de cualquier portada de revista. Superficial, y al mismo tiempo, seductora. Una combinación peligrosa. "No gastes saliva. Estoy perfectamente consciente de los hechos."

La despedida en la azotea de la Preparatoria Juuban había sido clara. A pesar de lo transpirado entre ellas, Usagi Tsukino sólo tendría espacio en su corazón para tenerle aprecio de amistad. Nada más.

Su novio debía estar esperándola de regreso en Tokio, dispuesto a que esta indiscreción fuera barrida debajo de la alfombra, figurativamente hablando. Seiya ya podía tener una idea de lo que las Sol Senshis pensaban de este embrollo.

Pobre Odango. La chica no era buena cargando tantas presiones y expectativas. Su desfallecimiento emocional sucedido en el comedor había sido un triste eco de su rompimiento en aquel día lluvioso.

Era frustrante, ver que tan poco las cosas habían cambiado.

Aun con su novio a su lado y sus amigas de vuelta a la vida, Usagi Tsukino daba vueltas en el mismo ciclo.

Dudo que una mujer adulta deba sentirse así de sola.

¡No puedo vivir sola, Mamo-chan! ¡No puedo!

"Es mi bebé. Mi responsabilidad." Era su maldito derecho. "Ayudaré a Odango en lo que necesite; sin darme falsas esperanzas en el proceso. ¿Suena bien?"

"Es lo más prudente." Taiki le lanzó una sonrisa suave, comunicando empatía. "Sé que no entrarás en detalles, ¿pero podrías al menos aclararme si… lo sucedido con Tsukino-san… transpiró antes, o después de la Batalla contra Sailor Galaxia?"

Seiya parpadeó con el planteamiento que la pregunta de Taiki ocasionó. Frunciendo su ceño, cedió sólo un poco, dispuesta a revelar tan siquiera una pizca del misterio.

"Antes."

Taiki alzó la ceja juzgona. "Lo sospechaba. Eso es impresionante."

Seiya fue agarrotada con un sentimiento de culpa. "Maldición. Es bastante cruel, en retrospectiva, ¿verdad? Que el bebé haya sobrevivido todo a lo que Sailor Galaxia nos sometió… ¿Cómo fue posible?"

La imagen de la semilla estelar de Sailor Moon hecha trizas aun perseguía a Seiya en pesadillas. ¿Cómo había sobrevivido el bebé ese tipo de ataque?

La castaña sostuvo se mentón. "No lo sé, Seiya. Pero vimos con nuestros propios ojos a Sailor Moon utilizar un poder extraordinario, una y otra vez. El Cristal de Plata que tiene en posesión parece no tener límites en su habilidad para perseverar contra obstáculos. Kakyuu-Hime me contó que había escuchado múltiples leyendas sobre su existencia, pero ni siquiera ella las había considerado realidad. El embarazo de Tsukino-san debió estar en un estado muy prematuro. Posiblemente, el Ginzuishou protegió la forma de vida de circunstancias, que en otro caso, hubieran sido fatales."

Seiya caviló el tema con profundidad, abandonando su café sin terminar. Se levantó del banco, caminando a la puerta corrediza que llevaba al enorme jardín que Taiki atesoraba. El aroma de los rosales invadió sus pulmones. ´

Presionando su mano contra el reflejo, Seiya llegó a una decisión.

"Tendré que regresar." Lo cual, llenaba una parte de Seiya de culposo placer. "Tendré que regresar a la Tierra."

Un silencio se estiró por la alcoba. Se escuchó a Taiki levantarse y caminar en su dirección, sus propias botas golpeteando el piso.

"Parece ser inevitable en este escenario. Sin embargo, antes de llegar a ese punto, ¿estás aceptando sugerencias de otras alternativas?"

Curiosa, Seiya se dio la vuelta, presionando su espalda contra el vidrio. "Huh. ¿Qué tienes en mente?"

[+]+[+]

"¡Mmmmm! ¡Qué buena siesta!"

Usagi estiró sus brazos a lo alto, gimiendo con placer. La cama de la recámara de huésped parecía estar hecha de las mismas nubes, suave y esponjosa. Sosteniendo su vientre, la chica se reincorporó con cuidado hasta poder sentarse en la orilla. Encendió la lampara del buró, a lado de la cama.

Estaba lloviendo afuera. Se preguntó si el sonido había sido la interrupción de su siesta.

Un toquido en la puerta la terminó de despertar.

"Soy yo, Usagi, ¿puedo pasar?"

"Claro, claro. Es tu alcoba." Usagi se apresuró a revisar su apariencia, peinando los cabellos sueltos de su cabeza y ajustando el estado de su camisa suelta de las SPICE GIRLS. Extrañó la protección de su abrigo. ¿A dónde se había ido?

La puerta se abrió, poco después la cabeza de Seiya inclinándose para saludarle. "Despertaste justo a tiempo. Taiki está conmigo en la sala, ¿quieres cenar con nosotras, o seguir descansando?"

¡Comida! "¡Me encantaría cenar con ustedes, Seiya!" Sostuvo su estomago de nueva cuenta, tomando impulso fuera de la cama.

"No, déjame—" Seiya saltó de la puerta en su dirección, ofreciendo su mano.

"Estoy bien." Usagi se sonrojó con la atención. Seiya no bajó su mano, sin embargo. Usagi termino aceptándola con una sonrisa tímida. No puedo esconder la grata sensación de no tener que apoyarse en su propio cuerpo para elevarse de la cama. Seiya la hizo sentir del peso de una pluma. "Arigatou."

"Seguro." Seiya le devolvió la sonrisa. "¿Cómo dormiste? ¿Te sientes mejor?"

Usagi gimió en aprobación, aceptando las pantuflas que Seiya sacó del closet de la alcoba. ¡Oh, sus pobres pies se lo agradecieron! Ser fashionista en este estado estaba dificultándose cada vez más. Adoraba sus botas, aunque vaya que dolían después de horas usándolas. "Oh, sí. Mucho. Aunque usualmente no suelo tener siestas así de largas. ¡Debiste despertarme, Seiya! Ya ha oscurecido, ¿verdad?"

"Tonterías. ¡Dormí una semana cuando regresamos! Te lo dije antes, conozco que tan cansados pueden ser los viajes intergalácticos, Odango."

Usagi talló sus ojos al ingresar a la sala de la suite de Seiya, el cambio de iluminación provocándole parpadear.

"Buena tarde, Tsukino-san." Taiki las esperaba en el centro de la suite, aparentemente ordenando los platos alrededor de la mesa redonda de cristal que Seiya usaba de comedor. Un rico aroma acarició la nariz de Usagi—¡Ajá, eso había sido lo que la había despertado! Sus tripas gruñeron.

"¡Huele delicioso! ¿Qué es?"

"Optamos por un menú que sentara bien con el bebé. Es un tipo de caldo de arrin, y verduras regionales.

"¿Arrin?"

"Sabe a pollo." Seiya deliberó, sentándose hasta que Usagi tomara asiento primero. Usagi notó el cambio de vestuario de la mujer. Su abrigo carmín había sido guardado, reemplazado por un suéter de cuello largo, bien armada para el frio que se colaba por afuera.

Usagi también se percató de la chimenea encendida, agregando cierta sensación hogareña a la suite. Usagi sonrió para sí, humilde por la experiencia. No había imaginado que las Sailor Starlights le hubieran recibido con tantas consideraciones.

Salivó, mientras Seiya se encargó de servirle en un plato hondo bastante caldo, riendo al ver su expresión risueña.

"¡PAGARÁS POR LOS DAÑOS DE UNA MANERA U OTRA!"

Haruka no se molestó con tocar, al abrirse camino por la suite de Seiya de manera altanera. Detrás de ella, Yaten le perseguía de cerca, ahora luciendo su propio uniforme militar. Un abrigo similar al de Seiya envolvía su delgada figura, tejido en una tonalidad esmeralda oscura. Una línea de medallas en forma de estrella la adornaban de la misma forma.

Mientras tanto, Haruka indicó haber hecho caso de los consejos de Sailor Galaxia, vistiendo preparada para un clima frio.

"¡Te acabaste todos los blancos de puntería, rompiste la matriz de combates simulados en 3D y enchuecaste la colección de navajas del General Rasur!"

"Ay, no." Usagi no quería escuchar más. Se dedicó a incursionar en su cena, perdiéndose en los sabores nuevos. Pronto descubrió que el caldo simulaba los ramens de Japón, aunque con un sabor más neutro. "¡Mmm! Tienes razón, Seiya. Sabe a pollo."

"Te lo dije." Seiya le guiñó un ojo.

La presencia de Haruka fue inmediata en las espaldas de Usagi. "Koneko. ¿Dónde rayos está Galaxia? Deberíamos estar de regreso en la Tierra a estas horas."

"El transcurso del tiempo es distinto aquí, Tenoh-san." Taiki intervino, reluciendo la educación que le faltaban a sus compatriotas. "Tome asiento, sin duda debe haber abierto el apetito con la destrucción de nuestras instalaciones."

Usagi no tuvo mucho éxito en tragarse su risa. Taiki le recordó a Michiru. Haruka no pensó lo mismo, lanzando una mirada mortal a todos los ocupantes. Usagi aclaró la garganta. "Gomen, pagaremos por los daños."

"Claro que no." Haruka renegó, obviamente atravesándose entre Usagi y Seiya.

"Claro que ." Usagi insistió entre dientes. "Dinero no te falta, Haruka."

Yaten se dejó caer en el asiento entre Usagi y Taiki, revolviendo sus largos mechones lejos de su rostro. Comenzó a retirar su abrigo, al sentir la chimenea. "Escucha a tu Ama, Tenoh-cachorra. Vaya impresión que dejarías con nuestra gente. ¡Imagina la reputación! Correrían por Kinmoku la noticia que todos los terrícolas son unos tacaños."

Cuando únicamente Seiya había tenido el honor de sacar a Haruka Tenoh de sus casillas de esta manera, Yaten demostró ser más de capaz en destronar a su líder en un abrir y cerrar de ojos. Incrédula, Usagi miró entre ambas contrincantes, esperando por lo peor, un largo fideo colgando de su mentón.

Múltiples colores atravesaron el rostro de Haruka del coraje. Usagi casi pudo ver las chispas tronar a su alrededor. "No soy ninguna tacaña."

"Bah. Hasta que no vea ningún cheque con tu nombre, no me convencerás de lo contrario." Por Kami. ¡Yaten ni siquiera lució temerosa! Las miradas fulminantes de Haruka no surgieron ningún efecto. "¿Uch, caldo de arrin, Taiki? ¡Es comida de abuelos!"

"Oye, tú. Mi suite, mi menú." Seiya le amenazó con un tenedor. "No estábamos pensando en tus gustos, Princesa."

"No te preocupes, Yaten. Anticipé qué harías una rabieta, así que me tomé la libertad de pedir un filete de culier para ti."

"Pescado." Seiya suplió de inmediato, al sentir la mirada inquisitiva de Usagi. "Taiki, la consientes demasiado. Culier ni siquiera está en temporada."

"Fue importado del Sur, envidiosa." Yaten le sacó la lengua, luciendo bastante satisfecha con la cazuela que Taiki le compartió. "Así queeeee, ¿cómo les va tórtolos?"

"No empieces." Seiya advirtió de nuevo. "Come tu maldito pescado."

Yaten se dirigió directo a Usagi. "Usagi-chan, coopera conmigo. Pensé que éramos 'buenas amigas'."

"Yaten." Seiya rezongó. "¡Taiki, cállala!"

Taiki hizo caso omiso.

Usagi terminó su larga succión de tallarines con un gruñido satisfecho. Tal vez fue la buena compañía, o su estomago lleno, pero no se sintió tan terrorífico como antes el incursionar en lo que Yaten quería saber.

"Seguro, ¿qué quieres saber, Yaten?"

La cara de Seiya no tuvo precio. "¡¿O-dango?!"

"Estoy comiendo, con un demonio." Haruke se le unió.

"Perfecto. ¿Cómo demonios logró Seiya convencerte de jugar al Doctor y la enfermera?"

Usagi rodó sus ojos. "¡Pff! ¿Doctor y la enfermera? ¿De dónde sacas esas cosas?"

Seiya palmeó su frente. "Por favor, no le des cuerda."

Yaten partió su filete con gracia. "Bueno, bueno. Estaba tratando de ser sutil."

"Entrometida." Seiya añadió. "Odango, pensé que habías dicho que mantendríamos lo sucedido entre nosotras."

Usagi parpadeó. "¿Cuándo?"

Seiya imitó a un tomate. "¡Estaba insinuado!"

"Seiya, mírame." Usagi gruñó con impaciencia. "Algo tarde para preocuparnos en mantenerlo en secreto, ¿no crees?"

"¡Oh! ¿Entonces tus amigas están enteradas?" Yaten se metió de nuevo en la conversación, sus ojos verdes resplandeciendo con maldad.

"Hai. Pensé que lo había mencionado ya. Pero sí, todos en la Tierra lo saben, incluso…" Usagi tomó del vaso de jugo acomodado a lado de su plato hondo. "Ejem. Incluso Mamoru. Fue la primera persona al que le compartí todo."

La carota de Seiya fue una imagen de shock.

Usagi se encogió de hombros. Luego, tembló con verdadero miedo. "Excepto mis padres, claro. ¡Todavía no sé cómo decirles!" O qué decirles. Su Otousan tendría un infarto. Y Mama Ikuko muy posiblemente la desheredaría por traer tal deshonor a su familia. ¡Usagi todavía ni siquiera terminaba la preparatoria!

"¿Sigues asistiendo a la escuela?" Taiki inquirió del otro lado de Yaten. "Imagino que tu apariencia levantaría varias cejas."

Usagi suspiró con tristeza. "Todavía lo hago, pero no podré hacerlo por mucho tiempo más. Mi abrigo—¿Lo tienes, Seiya?"

"Si, lo colgué en el clóset de tu alcoba."

Usagi suspiró con alivio. Luego, sonrió. "No es un abrigo común y corriente. ¡Está hecho de magia! Me ayuda a mantener la ilusión de no tener pancita." Rio con victoria, sobando su vientre. "Sin embargo, no funciona una vez que la otra persona que me esté observando se dé cuenta de mi embarazo por otro medio. He estado haciendo lo mismo con mi uniforme escolar, pero Ami-chan dice que puede ser un riesgo seguir exponiéndome al asistir a clases. Y no es cómo si pudiera usar mi abrigo en mi propia casa a toda hora. ¡Mi mamá es extremadamente lista, comenzará a sospechar que algo raro está pasando!"

"¿Qué planeabas hacer, entonces?" Taiki prosiguió.

"Bueno…" Usagi apuntó hacia Haruka.

"Planeamos que Koneko se hospede con nosotras hasta el término de su embarazo. Mientras tanto, Setsuna le aplicará una ilusión a la familia Tsukino para que olviden por unos meses que tienen una hija adolescente."

Seiya carcajeó. "Sobre mi cadáver."

"¿Qué tal después?" Taiki interrumpió, sus ojos amatistas encajándose en los de Usagi. ¿Qué planeabas hacer con… el bebé?"

No fue agradable la insinuación que se coló con la pregunta. Le recordó a Usagi de la propuesta fría de Setsuna de dar el bebé en adopción, cuando se había enterado del embarazo. Aunque era una práctica común en Japón con chicas es estas circunstancias, la rabieta de su Princesa había sido suficiente para que Setsuna no lo propusiera de nuevo.

Usagi hizo un sonido de ofensa. "¡Quedarme con él, claro! Admito que no habíamos pensado tan a futuro todavía—tenía la esperanza de lograr contactar a Seiya ante de tener que preocuparme por eso. Esperaba que pudiéramos… Ya saben… ¿encontrar una solución juntas?"

"Y lo haremos." Seiya enfatizó.

"Más te vale." Usagi resopló. "¡No me embaracé sola, después de todo! ¿Por qué tengo que pensar yo en todo?" Robó un trozo del pescado de Yaten cuando vio la oportunidad.

"¡Oi!"

"¡Gomen, se me antojó!"

"Niñas." Taiki suspiró. "Tengo una propuesta."

"No." Haruka ladró.

Confundida, Usagi parpadeó en su dirección. "Pero, Taiki no ha dicho nada todavía."

"No es necesario. Sé que está a punto de salir de su boca." Haruka empujó del plato de caldo, recargándose en la silla más plenamente. Cruzó sus brazos de su grueso abrigo. "La respuesta es no. Koneko no se quedará en este extraño planeta con ustedes."

Taiki cruzó sus brazos en imitación. "Con todo respeto, ¿acaso esa decisión le corresponde, Tenoh-san?"

Usagi tragó saliva, huyendo de la mirada de Haruka.

"Koneko, no. ¡No me digas que lo estás considerando!"

Usagi chilló. "¡Taiki no ha explicado nada aún, Haruka! ¡Déjala hablar, al menos!" Después, se armó de valor. "Pero, tiene razón. No puedes hacer estas decisiones en mi lugar."

"Exacto. ¡No es como si fueras el padre!" Seiya gruñó. Por debajo de la mesa se escucharon pies entrando en una batalla mortal. Por el gruñido de Haruka, alguien había usado un tacón en su contra.

"Seiya tiene un viaje programado al Norte del País para revisar el estado de las reconstrucciones. Lo llamamos Kin-Norte. El Distrito Sang Froid, para ser exactos. Se supone que debe partir en dos días por tren. Volvería en dos semanas. Pensé que podría ser una buena oportunidad para que ustedes dos… ¿Puedan unir cabezas? ¿Diseñar un plan para ustedes y su bebé? Sin intervención ajena y sin factores de estrés para el bebé. Es un viaje bastante relajado, Tsukino-san. Los paisajes que se presentan en el transcurso son famosos por su belleza."

"¿Oh, sí?" El corazón de Usagi dio una voltereta con la propuesta. Sonaba muy tentador… Giró hacia Seiya, incierta.

Seiya seguía peleando con Haruka, sin embargo.

"Después, regresaríamos a la Capital." Con un gemido, Seiya empujó de la silla de Haruka. "Y te llevaría de regreso a la Tierra yo misma, Odango. Ya mandé el permiso de ausencia a Kakyuu-Hime."

"¡Vaya, vaya, miren quien está llena de iniciativa!" Haruka se burló. "¿Quién te dijo que serías bienvenida en la Tierra?"

"Haruka, no seas grosera." Usagi le pellizcó la oreja. Haruka chilló con indignación. Seiya se ahogó en carcajadas diabólicas. "¿Regresarás a la Tierra? ¿En serio, Seiya? Demo… Debes estar muy ocupada, ¿qué no?"

"No tanto como cuando volvimos. Tenemos más Sailor Starlights activadas, Odango. Lo que significa que tenemos más manos. Además, el matrimonio de Kakyuu ayudó considerablemente en los esfuerzos de reconstrucción. Su maridito—"

"El Conde." Taiki remarcó.

"—es más que una cara bonita. El planeta vecino, de donde proviene, ha colaborado en la mejora de nuestra economía tanto, que la reconstrucción ha sido más rápida de lo previsto."

"Lo haces sonar como una transacción." Yaten rodó sus ojos. "No le hagas caso a todo lo que dice, Usagi-chan. Seiya sólo está celosa de ya no ser la favorita."

Usagi, embrollada, rascó su nuca. La política, así como las matemáticas, no era su fuerte.

"Mi punto es," Seiya masticó. "no, no estoy ocupada, Bombón. Nunca lo estaría, al tratarse de ti." Un guiño muy familiar voló directo al corazón acelerado de Usagi, causando sonidos de asco de parte de Yaten y Haruka.

"De acuerdo." Usagi replicó. Ignoró las alarmas en su cabeza de Ese-no-era-el-plan y los aleteos dentro de su vientre con la impulsividad de su decisión. ¿Qué había pasado con la promesa de volver pronto a casa? Ni la misma Usagi supo explicarlo. "Iré contigo. Suena divertido."

Taiki y Seiya en conjunto, lucieron como si hubieran esperado más renuencia con la propuesta. Yaten lució escéptica de la idea.

Haruka, sin articular palabra alguna, se levantó del comedor. Abandonó el lugar, instantes posteriores.

"Per-Perfecto. Empezaremos las preparaciones para añadirte al viaje, lo más pronto posible, Tsukino-san." Taiki declaró, recuperándose de la sorpresa. Meneó una sonrisa discreta en la dirección de Usagi. "Una cosa más, Seiya me comentó sobre las preguntas que tienes sobre tu embarazo. ¿Te parece bien que agende una sesión mañana temprano con Heiler Duvan, nuestra Sanadora? Puede darte una examinación general en la clínica del palacio. Aunque, lo advierto, Tsukino-san, es muy probable que necesitemos extraer una muestra de sangre en ayunas."

"Recuerda que sólo una muestra." Seiya aprovechó el espacio vacío dejado por Haruka para estirar su brazo y presionar su hombro, buscando tranquilizarla. "Los acompañaría, Odango. No estarías sola a la merced de la Doctora Hyde."

Usagi no comprendió la referencia, pero supuso que Seiya estaba preocupada por la fobia a las vacunas que la chica había mostrado en el año escolar que habían compartido. Usagi hizo una mueca. Seguía teniéndole pavor a las jeringas, pero…

"No te preocupes, Seiya. Ya me acostumbré a ser picoteada por agujas. He sido el conejillo de indias de Mamoru y Ami, prácticamente desde el inicio."

Seiya levantó sus labios de manera ofendida. "¿Quién les dio permiso de andar experimentando con Seiya Jr.?"

"¿Seiya Jr.?" Yaten se quejó con aversión. "Siempre tuviste el peor sentido del gusto."

"Oi." De alguna manera, Usagi se sintió insultada también. Seiya carcajeó, al ver el tamaño de su puchero.

"¡Estás loca! Tengo excelente gusto. ¡Sólo pregúntale a curosque!"

"Su nombre es Luna, idiota."

Usagi se permitió relajarse en la silla con más facilidad, mientras Yaten y Seiya seguían aventándose chicharos con sus tenedores. "Gracias, Taiki-san. Me sentiría mucho mejor sabiendo que el bebé está bien. Algunas veces…" Usagi acarició su vientre, pensativa. "el bebé está lleno de energía que me es difícil dormir, y otras, se comporta tan tranquilo que se me olvida que está allí." Sonriendo, la joven jaló de su blusa para cubrir su estómago por entero. La figura de Ginger Spice se extendió de manera graciosa. "Hay síntomas que se supone debían desaparecer en los primeros meses, pero que siguen hasta ahora."

"¿Como las náuseas?"

Usagi asintió, enfática. "¡Hai! ¡Son horribles! ¿Cómo supiste?"

"Me temo que es predominante en nuestra gente." Taiki sacó un par de lentes del bolsillo de su saco fino. "Sin embargo, debo admitir que esta área de la medicina no es mi especialidad. Recomiendo que esperemos a tu chequeo de mañana. Apunta todas las dudas que puedan tener y las traduciremos a la Sanadora lo mejor posible."

Usagi asintió. "Hai, hai, Ami me mandó preparada. Tengo los exámenes que me he hecho en la Tierra hasta ahora. Ya la conoces, Ami siempre piensa en todo."

"Excelente, eso ayudará bastante."

"Será mejor que vaya a ver donde se metió Haruka. Debe estar muy molesta conmigo." Usagi echó un vistazo en la dirección de la puerta con incertidumbre. Esperaba que su amiga no estuviera causando más daños materiales.

"Ni lo pienses. Yo iré." Seiya batió una mano para evitar que Usagi se levantara. "Tú quédate aquí con Yaten y Taiki."

Usagi carcomió su labio. "Pero…"

"Oh, por favor. Prometo no matarla, ¿de acuerdo? Déjamelo a mí, Odango. Además… tenemos unos asuntos pendientes. Cosas de enemigas mortales."

"¿Cosas de qué?" Usagi murmuró, considerando lo dicho lo más tonto que había escuchado en mucho tiempo.

"¡Fue lindo conocerte!" Yaten se despidió con falsa dulzura. En el momento, que Seiya salió de la suite, la mujer resopló por sus narices. "Cosas de brutas, querrá decir. Aunque no me quejaré. He tenido suficiente de Haruka Tenoh por un maldito día."

"Sabía que esto iba a suceder." Usagi gimió con derrota. "Esperaba que Makoto le ganará el lugar a Haruka en la lucha de brazo a brazo."

Yaten lució incrédula con el método.

Taiki destapó lo que pareció ser el postre de la charola del centro de la mesa. "Nunca debes subestimar la capacidad de alguien de querer romper la nariz de Seiya, Tsukino-san."

"Eeto." Con una gota de sudor brotando por la cabeza de Usagi, la chica aceptó el plato pequeño con galletas azucaradas. "Admito, eso sí… que Sailor Uranus suele hacerme sentir muy segura cuando está conmigo. Más que con las otras chicas." Enseguida se ahogó con las tres galletas que retacó a su boca. "¡Ay, no! ¡Por favor no les digan a las demás! ¡No sé por qué lo dije!"

"Supongo que son tus instintos de supervivencia." Taiki mordisqueó su propia galleta. "Quieres a la guerrera más fuerte cerca de ti en favor de la protección de tu descendencia."

"Primitivo es el nuevo sexy." Yaten murmuró, humedeciendo su galleta en su té. "Espera a que Seiya se entere, le darás directo en el ego."

"Yateeen." Usagi lloriqueó. La mujer se mofó con perversidad. Al final, le concedió a la albina disfrutar sus tácticas, sonriendo con labios azucarados.

Se sintió… estupendo. Estar aquí, con ellas. Así como, todavía poquito irreal.

Considerando la manera en la que Taiki y Yaten habían intentado mantenerla separada de Seiya en el pasado, Usagi había temido sus reacciones al enterarse de la existencia del… bebé.

-Minako definitivamente vendería un riñón por estar en mi lugar, en estos momentos.

¿Sentada a lado de una Yaten relajada? ¿Cenando con Taiki sin su dura fachada de indiferencia?

De repente, todo se sintió demasiado bueno para ser verdad. "¿En verdad no estorbaré en el trabajo de Seiya, Taiki-san? Insiste que todo está bien, pero debe tener su vida ya establecida aquí… ¿Algo importante que debería saber?"

La plática entre las Star Senshis pausó con la tímida pregunta. Ambas compartieron una mirada de significado imperceptible para la terrícola.

Yaten fue la que proveyó una respuesta. "Escucha, Usagi. No te mentiremos. La reconstrucción de nuestro planeta aun no acaba. Hemos avanzado mucho en muy poco tiempo, pero el trabajo sigue. Cuando recién regresamos, no tuvimos ningún tipo de distracción por un largo tiempo." La mujer gesticuló con una ceja hacia el estómago de Usagi. "Pero eventualmente, la carga de trabajo se balanceó. Para nuestra mala suerte, sin embargo, ya se había corrido la voz de nuestra gran hazaña de 'salvar la Galaxia junto a Sailor Moon'." Yaten no dio la impresión de estar feliz con el reconocimiento. "¡Fue el comienzo de la locura! Así de rápido, nuestras vidas de Starlights se convirtió en otro circo mediático, como el que vivíamos todos los días como ídolos."

Usagi se acercó más Yaten, increíblemente interesada. "¿En serio?"

"Hai. La más grande ironía. Nosotras que pensábamos que todo regresaría a la normalidad." Yaten suspiró, sosteniendo su fleco. "Por lo mismo, nuestras asignaciones de los últimos de los seis meses fueron modificadas, apegadas a no salir de la Capital, mientras que las Chibi-Starlights se encargan de asignaciones externas. Tenemos fanáticas—¡fanáticas!—armando alborotos en la murallas afuera del distrito."

"¡No puede ser!"

"Oh, sí. Yaten ha recibido un buen número de propuestas matrimoniales, si no mal recuerdo!"

"¡Ja!" Usagi rio con venganza. "Y tú que te quejabas de las cartas de amor."

"Ach." Yaten hizo una cara poco impresionada.

"A lo que va Yaten, me imagino… Es que hemos estado encerradas en un mismo lugar por mucho tiempo, Tsukino-san. Salir de aquí le hará bien no sólo a ti, pero a Seiya. Especialmente, porque no ha tenido la oportunidad de ver a su familia desde el regreso a nuestro planeta."

"¿Su familia, dices?" Los ojos de Usagi engrandecieron. Instintivamente, su palma derecha acogió el bulto preciado. ¿Conocería a la familia de Seiya? ¡No sabía si estaba lista para tal cosa!

"¡Sí, pero no te preocupes! ¡Los Sang Froid son muy amigables!" Algo en la voz de Yaten le comunicaba el mensaje contrario. El manazo que Taiki le otorgó en la cabeza corroboró el mal presentimiento.

"Al llegar conocerás a Severina Sang Froid, la madre de Seiya y la Duquesa del distrito, pero no debes preocuparte. Como deberás imaginar conociendo a Seiya, la gente del Norte es extremadamente honorable y leal. Severina protegerá tu identidad como Sailor Moon si Seiya se lo pide."

"Es la dulce luz de sus ojos, después de todo." Yaten bostezó. "Estrellas, estoy más cansada de lo que creí."

"Es tarde." Taiki revisó su reloj de muñeca. "No tenemos televisión por cable, me temo. Pero los canales locales podrían servir de entretenimiento mientras regresa Seiya, ¿si lo deseas?"

"Oh, claro. No se preocupen por mí, chicas." Usagi quiso ayudar a recoger los platos vacíos. Taiki no se lo permitió. Por un momento, la dejó a solas con Yaten para llevar los platos sucios a la cocina de la suite.

"No sólo me refería a todo lo que Taiki dijo." Yaten le enseñó el camino de regreso a uno de los divanes de la sala, encendiendo una pantalla increíblemente delgada frente a ellas. ¡Wow, una televisión de otro planeta!

"¿Huh?" Aunque Yaten bajó de importancia en el momento que le ofreció lo parecido a un control remoto a Usagi, la chica trató de mantener una oreja bien parada y no verse grosera.

"Sólo no te creas lo que llegues a escuchar por allí, Usagi. ¿De acuerdo? La gente entrometida del Palacio nunca para de crear ridículos rumores sobre Seiya y nosotras para mantenerse entretenidos. Sí, de hecho, escuchas algo perturbador, asegúrate de acudir a Seiya primero, antes de asumir cualquier rumor como un hecho—y no estás escuchando una palabra de lo que estoy diciendo, ¿cierto?"

"Ajá. Claro." Usagi detuvo el surfing de canales con emoción. "¡Sugoi! Tienen pingüinos en Kinmoku ¡Son tan lindos!" Usagi creó un espacio en el diván. "Vamos, Yaten, mira los pingüinos con nosotros un momento."

Yaten rodó sus ojos. Tomo asiento donde Usagi le invitó, aun así, de inmediato haciéndola sentir menos ansiosa.

Mm, tal vez lo que Taiki había dicho tenía validez. -"Quieres a la guerrera más fuerte cerca de ti en favor de la protección de tu descendencia."

Vieron los pingüinos del documental y otra variedad de animales que tenían increíble parecido con la fauna de la Tierra. Fue entonces que Usagi comprendió el aburrimiento de Seiya al haber ido juntos al Zoológico en su infame cita. No había sido nada novedoso para él.

-Ahora que lo pienso, Kinmoku tiene muchas cosas en común con la Tierra. Ni cuando habían conocido sus identidades secretas, habían los Three Lights compartido detalles de su planeta natal, así que Usagi no había tenido idea alguna de qué clase de mundo se encontraría. Ami había teorizado que debían tener avances tecnológicos parecidos, considerando que tan bien se habían adaptado los chicos a la Tierra, pero sólo había sido eso. Una teoría.

Usagi abrazó su pancita. Ami. La extrañaba.

Extrañaba a Makoto, a Minako y a Rei, también. -Las chicas estarían fascinadas de Kinmoku como yo. Recordar a sus amigas, no obstante, le inyectó de valentía. Imaginó las porras de Minako, y el pulgar arriba de Makoto. "¡Vamos, Usagi, pregúntale, pregúntale!"

"Aquí entre nosotras, Yaten… Pensé que Kakyuu-Hime había tenido sentimientos fuertes por Sailor Star Fighter."

En su periferia, Usagi notó a Yaten retorcerse de la sorpresa. "¿Nani?"

Usagi se enfocó en los leones, sin comprender el idioma del narrador. "Bueno, se comportaban muy cercanas después de reencontrarse en la Tierra. Por eso me sorprendió saber que Kakyuu se había casado con otra persona, hehe."

¿Lo habría imaginado? ¿La forma amorosa en la que Kakyuu trataba a Fighter? ¿La dedicación de Fighter por encontrarla, y después por defender su recuerdo? Había peleado contra Sailor Uranus con un corazón tan herido aquella ocasión…

"Jum." Yaten fingió ver el televisor con la misma intensidad. "Siempre han sido cercanas, Usagi. Pero que yo sepa, nunca pasó nada de ese estilo entre ellas. Kakyuu siempre ha estado muy enamorada del Conde inclusive antes del ataque de Sailor Galaxia, y Fighter… Bueno, como dicen en la Tierra, ese barco ha zarpado."

¿Barco? Usagi hizo un gesto confundido. "Oh, ya veo." Articuló, incluso cuando no veía claro, para nada.

Una pausa.

"Espera un momento… ¿Pensante que las encontrarías juntas al venir de visita?"

Usagi mantuvo su silencio, avergonzada con sus propias asunciones. Ahora que Yaten la rectificaba, se sintió más tonta que antes. Inmadura e infantil. Su castillo de naipes cayó de golpe, junto con todos los razonamientos que Usagi había creado en su propia cabeza por más de un año. "Olvídalo, no sé qué estaba pensando—"

La puerta de la suite se abrió, coincidiendo con el regreso de Taiki a la sala.

Las cabezas de Usagi y Yaten giraron a la entrada, notando a Haruka entrar primero.

"Oh, no." Usagi distinguió el labio inferior hinchado de la Outer enseguida. Su amiga actuó impasible a su preocupación, petulante en su forma de caminar hacia el diván. Se dejó caer con desdén en el lado opuesto a Usagi, pretendiendo que nada estaba fuera de lo normal. Usagi suspiró.

Seiya le siguió a su enemiga mortal, chiflando con buen humor. Cuando Usagi le buscó para revisar su estado, la tonta presumió su ojo morado con una reluciente sonrisa.

Usagi tapó su rostro en vergüenza. "¡Por Kami-sama!"

"¡Aw, no se siente tan mal como se ve, Odango! ¡Relájate!"

Taiki sólo suspiró. "Iré por hielo."


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Fin de Parte 2 de 3.

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NdA: ¯\_(ツ)_/¯ Tomboys Will Be Tomboys.