"Ad Astra."

Por B.B. Asmodeus.


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Parejas principales: Kou Seiya (Sailor Star Fighter)/Usagi Tsukino (Sailor Moon). Kou Yaten (Sailor Star Healer)/Haruka Tenoh (Sailor Uranus).

Rating de este capítulo: Adult por escena Lemon.

Categorías/Advertencias: Saltos en el tiempo. Realidad Alterna de Temporada Sailor Stars. Humor. Romance. Drama. Temas de ansiedad y ataques de pánico. Lenguaje fuerte. Embarazo adolescente. Embarazo no planeado. Temas de sexo sin protección entre dos menores de edad (aunque depende del criterio de cada país). Infidelidad.

Notas especiales:

(a) El Haruten sigue pisando fuerte en este capítulo. ¿Ya miraron como subió de prioridad? *wink-wink*

Sinopsis: Post-Stars. Usagi Tsukino deberá superar una batalla más mortal que la encarnada contra el Caos: crecer. Al menos tendrá compañía.

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5.

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"«Te ves tan bien

Quiero romper tu corazón

Y darte el mío.»"

-Garbage (You look so fine).

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Usagi despertó.

Lo primero que distinguió fueron los sonidos. Alguien caminando alrededor de la Suite, murmurando para sí.

En segunda, la presión de su vejiga.

Usagi gimió en negación. ¡Estaba tan a gusto! Las cobijas estaban calientitas a su alrededor, envolviéndola en un dulce capullo esponjado.

"Perdón, ¿te desperté?"

Usagi destapó su cabeza, curiosa. Encontró a Seiya atando las agujetas de su bota derecha, sentada en la orilla de la cama.

"Nop. Tu hijo lo hizo." Usagi suspiró con resignación. "Tengo que ir al baño."

"Déjame ayudarte."

Usagi bostezó contra la muralla de almohadas que había construido para sí, durante la noche. "¿Qué hora es? Todavía no amanece."

"Muy, muy temprano. Tengo que atender la junta con Kakyuu-Hime y Yaten en otro vagón." Seiya le ayudó a quitarse las cobijas de encima, así como liberar un camino lejos de su cama. "Ohayo, Pinattsu."

Sonriendo por el gesto, la rubia caminó al baño sin dejar de bostezar.

Si Usagi permaneció sentada, más tiempo del esperado para tomarse una breve siesta sobre el retrete, nadie tenía derecho a juzgarla.

"Odango, ¿acaso te has dormido allá adentro?"

"¡No!" Usagi mintió automáticamente, despertando de golpe, y resbalando su mentón de su mano. Se apresuró a terminar su rutina en el baño, saliendo justo a tiempo para ver a Seiya colocarse su abrigo militar.

"Uy, alguien se ha empeñado en su look de hoy. Kakyuu-Hime es una chica afortunada."

Seiya la miró con sorpresa, alzando una ceja ante el vehemente tono sarcástico de la terrícola. Al darse cuenta de lo que acababa de decir, el rostro adormilado de Usagi se llenó de calor. Gruñendo en bochorno, la rubia se dejó caer sobre la cama.

"¿Podemos regresar el tiempo cinco minutos y borrar esa parte?"

"Nunca." La voz de Seiya se escuchó más cerca. Al voltear sobre la cama para ponerse boca arriba, Usagi la encontró de regreso a su lado, una rodilla apoyada sobre la cama para poder agazapar su cuerpo sobre la rubia. "Ahora, dame mi beso de buena suerte. Serás tres largas horas de revisar inventarios y patear a Yaten para mantenerla despierta."

Usagi rio, aun acalorada. "¡Ew, aún no me lavo los dientes!"

"Un beso no hará daño." Un beso rápido fue plantado en la boca suelta de la cantante. "¿Tal vez dos?" Otro beso le siguió. "¿O tres?"

El tercero fue más largo, con Seiya jugando sucio para hacerla estremecer.

"Seiya, llegarás tarde." Malamente, Usagi se colgó del cuello de la mujer, contradiciéndose ella misma. No quiso arruinar el peinado reluciente, o desarreglar el abrigo, pero dejar ir a Seiya fue todo un desafío. ¡Olía tan agradable!

"Tú eres la única chica afortunada." Seiya murmuró contra su oreja, presionando un beso final en su frente antes de levantarse. "Aunque, por favor, no te reprimas por mi bien, Odango. Sigues expresándote sin filtros."

"¡Son las hormonas!" Usagi dejó ir a Seiya con pena, y talló su rostro para terminar de despertar. "No se escuchó tan mal cuando lo pensé… Dile a Kakyuu Hola por mí."

"Seguro. Por cierto, no te asustes si miras a uno de los cadetes afuera de la Suite, estarán cuidando de ti en diferentes turnos mientras yo no esté contigo. Si vas a salir a los otros vagones, tienen órdenes de seguirte."

"¿Es en verdad necesario?"

"Lo es, para mi paz mental." Seiya se colocó sus guantes de cuero, flexionando sus dedos. "Tienen órdenes de darte tu espacio cuando estés con Tenoh-san, al menos. ¿Suena mejor?"

"Mmm… de acuerdo." Usagi gruñó a fuerzas, observándola caminar hacia la puerta que llevaría a su parte de la Suite. "¡Seiya!"

"¿Qué pasa?" La mujer en cuestión giró su rostro hacia ella en alarma. Pobre. ¡No había sido intención de Usagi asustarla!

"Cenaremos juntas hoy, ¿verdad? ¿Sólo tú y yo? ¿Para… hablar?"

"No tenemos que esperar tanto tiempo, Odango." Seiya le aseguró. "Te encontraré en cuanto me desocupe. ¡Oh, ahora recuerdo! El tren hará una parada larga en una de las provincias rurales de Kin-Norte. ¿Qué tal si tomamos un descanso de estar encerradas y conversamos mientras te enseño alrededor?"

Usagi asintió, dulce rubor incendiando su cuerpo entero. "Es una cita."

Fue gratificante ver un efecto similar en alguien tan segura de sí, como Kou Seiya. ¡Justicia divina! "A-Así es… Una cita."


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El conteo de provisiones no debería ser una tarea tan energética, en la opinión de Yaten.

"Las Islas Independientes han llegado a un acuerdo con la Corona de abrir su línea de comercio de vuelta. Así que, Teniente Fighter, puedes aprobarle a la Condesa su petición por más materiales para fortificar las murallas de la Ciudad de Froid. El intercambio con las Islas abarcará no solo eso, pero intercambios de semillas, granos y otros alimentos. Si está interesada en unirse el Tratado, muéstrale los documentos necesarios para que los firme. Los puedes traer contigo de regreso a la Capital."

"Considéralo hecho. Estoy segura de que Ma' reconocerá una ganga cuando la tenga enfrente."

Increíble. Seiya-baka estaba, de hecho, prestando atención a lo que Taiki le estaba indicando por medio de la videollamada, asintiendo como buena soldadita y haciendo notas en su libreta.

En la pantalla gigante de la Sala de Descanso, el rostro de Kakyuu-Hime tomó posesión. "Sailor Star Fighter, ¿ya cuentas con tu escolta de seguridad?"

"Hai, Hime. Gracias por la buena intención." Seiya abrió su botella de agua. "Aunque insisto en que no era nece—"

"No te molestes en llevar la contraria, Fighter. Nuestra buena amiga merece el mejor trato durante su visita."

Con eso, pasaron al tema de más provisiones. Después de dos horas de lo mismo, Yaten difícilmente pudo mantener sus ojos abiertos. Ni siquiera las patadas de Seiya fueron suficientes.

-"Estoy agonizando." Escribió en la esquina de la libreta de Seiya. -"¡Deja de abrir más temas de conversación con Kakyuu-Hime! ¿Desde cuándo el conteo de arroz es tan importante para el país?"

Seiya leyó el mensaje de reojo, resoplando por sus narices momentos después.

"Yaten tiene algo que aportar." Seiya declaró en pleno de discurso de la Princesa. "¡Y yo aquí acaparando toda la atención, no seas tímida! ¡Adelante, ilumínanos, Yaten!"

-Maldita. Yaten le lanzó una promesa de muerte segura con su mirada. Carraspeó su garganta. "Bueno, de hecho…"

Las miradas expectativas de Taiki y Kakyuu se precisaron en Yaten.

Yaten pensó rápido. "Deberíamos importar más material para la restauración de las vías que cruzan de Kin Norte a Kin-Este. Sé que no han sido prioritarias hasta ahora porque el Gobierno del Conde Esras tiene asperezas con la Corona, pero si les ofrecemos un regalo en charola de plata como ése, podía endulzar las negociaciones, ¿no creen?"

-Toma eso. Yaten sonrió, analizando como la audiencia en verdad tomaba en cuenta su sugerencia. Seiya alzó una ceja, impresionada con el talento de Yaten para improvisar.

El Secretario de Tesorería y el Senador compartieron una mirada por medio de la pantalla. Kakyuu le sonrió como madre orgullosa, y Taiki asintió. Bingo.

"Aprobado. No puede doler el intentarlo." Kakyuu declaró. "¿Asumo que tú serías la encargada de hacerle llegar el memorándum a la cabina del Conde, Sailor Healer?"

"Ahora que lo dice, sí." Yaten murmuró. El codazo de Seiya la corrigió. "¡Claro, claro! Mi familia todavía tiene vínculos con las Casas más predominantes del Distrito Este. Investigaré la mejor forma de endulzarles el trato."

"Grandioso, excelente sugerencia, Sailor Healer."

"Kakyuu-Hime, me temo que debemos cortar en breve esta junta. Recuerde que aun debemos atender la reunión con Heiler Duvan para revisar el inventario de las unidades médicas de la Capital."

Kakyuu suspiró. Su cabello había sido recogido en un solo chongo, y los ángulos de su rostro lucieron más gastados. La mujer estaba claramente exhausta y la mañana apenas comenzaba en este lado del planeta. "Tiene razón, Senador. Por más que quisiera permanecer en la presencia de mis queridas Starlights, el deber llama."

Seiya cerró su libreta.

"Sin embargo." Kakyuu continuó.

Seiya frenó sus intenciones de levantarse de su silla. "¿Sí, Hime?"

"Estuve preparada el día de hoy para tener un momento a solas de conferencia con Sailor Fighter entre ambas reuniones. Maker, Healer, Secretario, y Senador—¿Nos darían un momento privado, antes de pasar a otros temas? Tengo un asunto pendiente a discutir con Sailor Star Fighter. Prometo que no tomará más tiempo de lo debido."

"Ahora sí estás en graves problemas, boba." Yaten le susurró a Seiya, al pasarla de lado. En cuanto salió de la cabina, encendió su intercomunicador. "Oye, ¿crees que estén hablando de lo que creo?"

En su muñeca, el suspiro digital de Maker fue reconocible. "Yaten, no te entrometas en los asuntos de Seiya y Tsukino-san."

Yaten rodó sus ojos.

Aguardó un momento.

"Pero sí, apuesto a que el tema de conversación tendrá todo que ver con el permiso de ausencia de Sailor Fighter."

Todavía susurrando, Yaten se hincó frente a la puerta corrediza, queriendo captar algo de la conversación. "No la viste llegar esta mañana, Taiki. Seiya llegó chiflando a la junta sin ninguna preocupación. No la había visto de tan buen humor en mucho tiempo. Me perturba."

"Estoy segura de que estar en compañía de Tsukino-san está levantando sus espíritus. No deberías pensar mal, Yaten. Ser madre se está convirtiendo en una gran ilusión para Seiya—"

"¡Shhh! Puedo oír a Kakyuu."

Taiki obedeció, a pesar de su reproche de no entrometerse.

"—no tengo idea, pero estoy trabajando en ello, Hime… manda sus saludos, por cierto…"

"Usagi mandó sus saludos." Yaten susurró, intrigada. "Buena chica. Marca tu territorio."

"¿De qué estás hablando, Yaten?"

"¡Ssssh!" Yaten le interrumpió de nuevo. "Uch, bajaron la voz. Deben estar secreteándose otra vez." Vencida, Yaten se levantó de sus cuclillas, sacudiendo sus pantalones. "¿Qué estabas pesando en asignar a Mortimer, por cierto? Debiste ver el espectáculo de anoche."

"No tenía idea de que habían transpirado conflictos personales entre la Subteniente y Sailor Star Fighter." Taiki se defendió con obvia frustración. "Pensé, en un gran giro irónico, que eran buenas amigas. Son compatriotas de Kin-Norte, después de todo."

"Creo que lo fueron. Antes de que entraran en la pubertad y compitieran por las mismas cosas todo el tiempo. ¿Cómo no pudiste haberte enterado de que Seiya se acostó con su ex?"

"Contrario a los altos estándares de otros, no leo mentes. No era mi asunto fisgonear en los triángulos amorosos de los políticos de Kinmoku-Sera. Suficiente tenemos con tapar la indiscreción de Seiya con la hija del Canciller—"

"¡Exacto! ¡La ex!"

La mano de Taiki jamás había viajado tan rápido a su rostro. "Por todos los anillos del Infierno. ¿En qué estaba pensando?"

"¡Es lo que digo! Ahora, Mortimer no se está tocando el corazón. Se fue directo por el pez grande. Sacando a bailar a Usagi enfrente de todo el vagón. Astros, pensé que Seiya iba a abrirse una vena."

"Me rehúso a conocer más detalles de esta locura. Seiya es una adulta. Debe aprender a actuar como tal, y eso incluye dar cara a sus errores. A pesar de todo, Mortimer sigue siendo la mejor opción para cuidar de Tsukino-san en una situación de emergencia. Seiya lo sabe. Sólo… mantén tu distancia. No te involucres en sus líos."

"¿Cómo quieres que me divierta enton—? ¡Ah!"

Haruka-baka saltó en sorpresa mutua al ser asaltada por el grito de Yaten. Definitivamente no había esperado ser recibida de esa forma al abrir la puerta a este vagón.

"Gomen." Yaten admitió, suspirando un poco. "¡Me asustaste! ¡No vuelvas a hacerlo!"

Haruka gruñó. "¿Por qué estás hablando sola?"

Yaten respiró hondo para implorar paciencia. "Escucha, cabeza de—"

"Tenoh-san. Espero esté disfrutando del viaje." Taiki resonó del intercomunicador. Yaten destapó de manga para remarcar su existencia.

Haruka se encogió de hombros. "Ha sido… agradable."

Yaten sintió sorpresa con la admisión. "Que extraño. ¿Por qué no estás acosando a Usagi-chan en su Suite?"

"Por favor. Koneko está roncando en estos momentos. Ni una estampida la levantaría a esta hora." Haruka rodeó a la peli-plateada para seguir con su camino. A llegar a la puerta del siguiente nivel, se tornó hacia ella. "¿Vienes o qué? Es hora de desayunar."

"Mejor poesía no ha sido escrita para conquistar un corazón." Taiki comentó, disfrutando demasiado presenciar el bizarro momento. "Ve a desayunar con tu novia, Yaten. Podemos hablar más tarde."

"¡Oi! ¡Ella no es mi—!" Yaten sólo pudo reclamarle a la estática, ante la despedida maestra de su compatriota.

Cubrió su muñeca otra vez, y desinfló su pecho ofendido. Marchó en dirección de la cafetería con nariz alzada. Definitivamente ignoró la forma en la que Haruka-baka sostuvo la puerta para ella, antes de seguirla.

La cafetería estaba semi desierta. Haruka escogió la misma mesa que habían usado la noche anterior, aplastando su trasero en el mismo asiento. Una mujer de costumbres, sin dudar. Yaten se fue por el lado opuesto de la mesa. Estiró sus piernas en la silla sobrante de su fila, apoyando su espalda contra la pared del tren. El mesero les saludó, entregándoles los menús.

Haruka tomó el menú, lo abrió y después de diez minutos, lo selló de vuelta.

"No entiendo una maldita palabra. ¿Cómo pronuncias huevos fritos en tu idioma?"

Yaten se carcajeó sobre su propio menú. "Los pediré por ti. Tristemente, no contamos con cafeína. ¿Té está bien?"

"Ugh, no. No estoy en la menopausia. ¿Jugo? ¿Tienen jugos normales en este lugar?"

Usagi había tenido razón. La ogra podía ser graciosa. Todavía riendo, Yaten asintió cerrando su propio menú. "¿Alguna preferencia? De hecho, tenemos naranjas parecidas a las terrestres."

"No tengo opción, ¿o sí? Con que todo sea perfectamente comestible."

"Danos algo de crédito. La cuisine de nuestro país es de la mejor calidad. No encontrarás fábricas de obesidad como tus McDonalds aquí."

Haruka se entretuvo abriendo su ventanilla. Para variar, no estaba lloviendo. El mesero regresó y Yaten ordenó dos desayunos de la casa para ambas, lo más parecido a un desayuno 5 estrellas de la cultura terrestre que Haruka encontraría. Pidió una malteada para ella misma, no siendo fan de la acidez de los jugos frutales.

"¿Cuál es tu historia?"

Yaten volteó hacia su acompañante. Hoy, Haruka vestía un atuendo conocido, su saco mostaza resaltando el cobrizo de su cabello. Su crucifico le otorgó a Yaten cierta curiosidad. Le costaba creer que Haruka Tenoh fuera una persona de fe.

"¿Mi historia?"

Haruka gesticuló en su dirección de manera casual. "Fighter es de Kin-Norte. ¿Qué hay de ti? ¿De cuál región de este planeta provienes?"

Sorprendida, Yaten, achicó su mirada. "¿Por qué el repentino interés?"

"Como sea." Haruka volteó su rostro a la ventanilla. "Si quieres que continúe el status quo de odiar las entrañas de ustedes tres de manera general por el resto de este viaje, mejor para mí."

Oh. Yaten reconoció lo que la mujer trataba de hacer. -Debe querer ganar puntos con Usagi-chan.

"Del Este." Yaten elaboró, inspeccionando sus uñas pintadas. "Aunque fui criada cerca de la capital. Mi familia es parte de la Orquesta Musical de la Corona. Siempre han sido sirvientes de la Corona."

El perfil de la mujer giró de manera minúscula en su dirección.

"¿Así que ustedes tres no estuvieron pegadas de la cintura todo el tiempo?"

Yaten rodó los ojos. "No, sabionda. Cada una de nosotras tiene una familia. Hace tres—No, más bien hace cuatro años, fue cuando conocí a Seiya y a Taiki por primera vez. Hasta que la Reina hizo heredera a Kakyuu-Hime de la Corona fue que nuestro verdadero llamado nos unió como Guardianas Starlights."

"Mm."

"No te vayas a romper algo ahí dentro por pensar tanto, cariño." Yaten le sonrió con sarcasmo, apuntando a su propia cabeza.

Haruka continuó mirando por la ventanilla. "¿Te costó aceptarlo?"

Yaten frunció el ceño.

"Tenías una vida antes de ser una Guardiana. Amigos, imagino. Familia. Cuando la hora vino de dejarlas de lado para cumplir tu deber, ¿no te costó, dejar lo demás ir?"

Sugoi. Que platica tan sobria para la hora del desayuno. "Estás asumiendo que tenía mucho que perder. Pero la verdad es…" Yaten gesticuló a su alrededor—a la cafetería, a Seiya, Taiki, su planeta en general. "…que no puedo imaginar el pertenecer en mejor lugar que este. Seiya, Taiki y Kakyuu, ellas son mi familia."

"A mí sí." Haruka se tornó hacia ella, acomodando su mentón en su mano. Su expresión reflejó aire casual, como si la admisión no le costara tanto como antes. "Literalmente quise correr en la dirección opuesta a mi destino. Cuando Michiru quiso reclutarme, no lo recibí con gracia."

"¿No despertaste junto con tus amigas como Senshis?"

"No. Las Senshis del Sistema Solar Interno fueron las primeras en despertar, luego seguimos Michiru, y yo, y un tiempo después, Sailor Saturn—aunque ésa es otra larga historia. Podría decirse que Sailor Pluto siempre ha estado activa, considerando que su deber la ha atado a vigilar las Puertas del Tiempo toda su existencia."

"Las Puertas del Tiempo." Yaten repitió. "Las mencionaste con anterioridad. ¿Entonces hablabas en serio? ¿Existe un lugar así?"

Haruka la miró con la inspección de uno de los telescopios de Taiki. Una expresión peculiar plasmó sus facciones. "No tienes idea."

"¿Nani?"

"Sobre nuestras vidas pasadas."

"¿Vidas pasadas?" Yaten fue succionada a la conversación de inmediato.

"Todas nosotras somos reencarnaciones de vidas pasadas. Vidas que pertenecieron a una época prehistórica a la actual, conocida como el Milenio de Plata. La Luna tenía su propio Reino, y de ahí proviene nuestra Princesa."

"He leído sobre el Milenio de Plata." Yaten rascó su sien, tratando de recordar las viejas historias de su madre. "¡Pero pensé que era sólo un cuento de hadas!"

"Pues, edúcate mejor." Haruka gruñó. "Fue una época famosa por su prosperidad y paz por el Sistema Solar. Por supuesto, los humanos siempre encuentran una forma de que todo se vaya a la mierda, y el Reino Lunar, junto con muchos otros Reinos vecinos, fueron destruidos en una gran Guerra. La antigua soberana de la Luna usó el Cristal de Plata para que sus súbditos y su hija reencarnaran en la Tierra millones de años después." La mujer esperó a que el mesero colocara su vaso de jugo, para seguir gruñendo. "Que extraño. Asumí que, al pasar tanto tiempo con esas chiquillas comunicativas, ya estarían enteradas."

Yaten hizo una mueca, quitando sus brazos de la mesa para que le sirvieran su desayuno. Recordar la forma en la que Taiki y ella habían tratado a Usagi y a las demás chicas después de averiguar sus identidades como Sailors, todavía le daba remordimiento. No habían sido los mejores de sus momentos. "Prueba tus huevos. Se enfriarán."

Haruka picoteó la yema de uno de sus huevos con sospecha.

Yaten la dejó comportarse como niña retardada en favor de procesar lo que acababa de aprender. ¿Así que, el Milenio de Plata había existido? ¿Así como un Reino en la Luna del Sistema Solar? Taiki se volvería loca con la noticia. Las Starlights sólo habían asumido que Sailor Moon era la guardiana de la Tierra.

¿Conocería Seiya, esta parte integral de su historia?

Yaten partió su salchicha con energía. -Para nada me meteré en ese sartén caliente. ¡Que Seiya lo averigüe sola!

"¿Qué fue lo que te convenció de dejar de huir?"

Fue el turno de Haruka-ogra de ser tomaba con la guardia baja. Dejó de masticar para regresar su atención a la ex-celebridad.

"Mencionaste que trataste de huir de tu destino. ¿Qué te convenció de aceptarlo, al final?"

La terrícola limpió su boca con la servilleta, tragando lentamente. "No poder aguantar ver el sufrimiento de las personas que quieres. Si puedes hacer algo para detenerlo, no tienes otra opción más que luchar."

Yaten bajó su mirada a sus huevos fritos.

A veces, Haruka Tenoh no ocupaba sus puños para demostrar su impacto en los demás.

"No luzcas conmovida. Mi posición difícilmente conlleva tener las manos limpias, recuérdalo bien. Sin embargo, de todas esas chiquillas, alguien tiene que hacer las decisiones más difíciles cuando se trata de proteger a mi planeta y a Koneko. No veo a ninguna de ellas haciendo fila para tomar mis responsabilidades."

"Puede que comprenda lo que dices mejor de lo que crees." Yaten murmuró. "Difícilmente sobrevivimos el ataque de Galaxia a nuestro hogar por nuestra buena suerte, ¿sabes? Tuvimos que pelear nuestro camino fuera de aquí." –Literalmente. "No contábamos con el poder de Sailor Moon para restaurar a nuestra propia gente, así que tuvimos que tomar decisiones difíciles también."

La terrícola absorbió lo dicho. Su barbilla se inclinó. "Huh."

Sin más, Haruka se concentró en el resto de su desayuno.

Yaten lo hizo a un ritmo más pensativo, no creyendo que estuviera admitiendo tener experiencias en común con la otra mujer. ¿Era por eso, que se repelaban con las Sailor Outers, constantemente?

Uch, era muy temprano para reflexiones así de profundas.

"¡Vayamos al bazar el día de hoy!" Yaten anunció, después de llenarse y dejar un cuarto de su desayuno para el mesero. "Necesito nuevos guantes para este frio. Te lo advierto, entre más nos acerquemos a Kin-Norte, las bajas temperaturas sólo empeorarán." Barrió a Haruka de pies a cabeza. "Y no lo tomes a mal, pero tampoco te veo muy preparada para este clima. Ocuparás un abrigo mucho más resistente que las sobras de Taiki. ¡Ah, y botas para la nieve!"

"No es mi culpa. No tenía idea de que iríamos de incursión al maldito polo norte."

"Sí, sí, me lo imagino. Te prestaré algo de mi dinero, porque así soy de bondadosa."

Por medio del popote, Haruka succionó un largo sorbo de su jugo. "Lo descontarás de mi cheque para las reparaciones, querrás decir."

"¡Exacto! Ya comienzas a conocerme." Yaten le guiñó el ojo. "Haremos una parada en el Pueblo de BIANCO por unas cuantas horas. Aprovecha ese tiempo para estirar tus piernas, y oxigenar tu cerebro, entre otras cosas."

Haruka pausó. "¿Sientes eso?"

"¿Eh?" Confundida, Yaten inspeccionó la cafetería.

"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNNN!"

Yaten y Haruka observaron el candelabro del techo con incertidumbre, el cual tembló de manera peligrosa con las vibraciones corriendo por el tren.

Uno de los pobres meseros terminó en el suelo con su orden esparcida sobre él mismo.

"Koneko." Haruka se apresuró fuera del vagón y con un suspiro, Yaten le siguió.

"¡En serio Vienna! ¡Es como si no tuvieras suficiente de mí!"

"¡FUE UN ACCIDENTE!"

"¿Por segunda vez?"

"¡NO TE VI!"

Encontraron el corazón del lío en el siguiente vagón, dentro del área de descanso. Usagi, aún en sus pijamas y con sólo su abrigo amarillo protegiéndole del frío, era una imagen de mortificación, cubriendo su rostro con sus guantes de lana sobre uno de los divanes. A su lado, la Subteniente Mortimer se mofaba de la chica en perfecto deja vu de la noche anterior.

El estruendo de pasos aproximándose del vagón opuesto, por el que Haruka y Yaten recién venían, avisó del inminente baño de sangre que estaba a punto de desatarse.

Yaten actuó con precisa velocidad, su intervención siendo de lo más oportuna. Bloqueó a Seiya y su carota resplandeciendo de furia, de la vista de los demás. "¿Qué RAYOS está SUCEDIENDO?" Yaten le empujó de regreso al pasillo con una sonrisa, cerrando la puerta detrás de ella. "¡YATEN!"

Haruka ya se encontraba frente a su Princesa, con cero paciencia por la acosadora. "Tú de nuevo."

"Haruka, no te enojes. ¡Fue mi culpa, no me fijé por donde iba!"

"Excusas, Vienna. No te apures, Krysta siempre tendrá un lugar especial en su corazón para ti." La mujer enfatizó el punto levantando su seno izquierdo cubierto por su uniforme militar. Usagi volvió a cubrir su rostro con un gemido avergonzado.

Por su parte, Mortimer le dio la cara a Haruka con una confianza, que Yaten comenzó a hacer apuestas en su cabeza de que tan rápido terminaría con un ojo morado.

"¿Qué tenemos aquí? ¿Otro conejo extranjero? Mm… Si de las madrigueras terrestres nacen estos modelos ejemplares, no estaría opuesta a darme una visita."

Yaten mordió su dedo pulgar para contener su carcajada. La expresión de la Outer no tuvo precio.

"¡YATEN!" Seiya pateó la puerta. "¡Abre la puerta!"

"No tienes llene, ¿eh, Vienna? Yo que pensé que la Teniente estaba opuesta a compartir."

A Yaten le sorprendió la forma determinante en la que Usagi se levantó del diván, colocándose entremedio de Haruka y Mortimer. "¡Oye! No le hables de esa forma a Haruka. Puedes burlarte de mí todo lo que quieras, pero no te permitiré insinuar cosas que no son verdad entre mis amigas. ¿Te queda claro?"

Detrás de Usagi, la mirada metálica de Tenoh brilló con filo. "No gastes tu aliento, Koneko. Pocas personas son capaces de llegar a la capacidad completa de sus neuronas."

"¡Oi, oi, lo siento!" Mortimer batió sus manos, bajando bastante a su problema de actitud. "No quise molestarte en serio, Vienna. ¡Sólo estaba divirtiéndome!" La mujer unió sus manos en súplica, frente a la rubia.

Usagi la contempló, ponderando la disculpa.

Aunque justo cuando Usagi se lo estaba tomando en serio…

"Aunque si desearas castigarme por mi horrendo comportamiento, no me opondría del todo. ¿Ne?"

Fue oficial. Usagi se convirtió en un tomate. Yaten suspiró. Entre carcajadas por la reacción boquiabierta, Mortimer se dirigió al vagón de la cafetería.

A espaldas de la Star Senshi, Seiya por fin logró descomponer el candado de seguridad de la puerta corrediza. Jadeando, la mujer irrumpió en la sala de descanso con una expresión histérica.

"¿Odango? ¿Qué diablos? ¿Por qué gritaste? ¿Estás bien? ¿Está bien el bebé?"

Yaten rodó sus ojos para sí. "Oh sí, gracias, Yaten por no dejarme arruinar mi carrera al cometer asesinato a sangre fría. ¡DE NADA, BAKA!"

"¿Fue ella, cierto?" Seiya pareció olfatear el aire como sabueso. "Mortimer. ¡Esa mujer desquiciada! ¿Te estaba molestando de nuevo?"

"¡N-No! ¡Nada sucedió! Olvídalo, ¿quieres?" Todavía imitando a un semáforo en rojo, la chica evadió el comportamiento de mujer de las cavernas de Seiya para caminar hacia el pasillo que la llevaría de regreso a su vagón. Otros pasajeros se unían al área de descanso, listos para desayunar.

Haruka produjo un resoplido, introduciendo sus manos a su saco con satisfacción. "No creo que Koneko nos ocupe ya para pelear sus batallas." La mujer dejó a Seiya en completa incógnita, de igual forma que su Princesa. Sin más, la tomboy se marchó a seguirle la pista a su compatriota.

"No entiendo nada." Seiya apretó el tabique de su nariz. Yaten juró ver vapor salirle de las trompas. "¿Estuvo Mortimer aquí, o no?"

Yaten no tuvo interés en permanecer a escuchar los gruñidos posesivos de Seiya tampoco. "Pregúntale al karma, idiota."


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1 hora antes.

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El silencio que nació al ser dejada a solas con Kakyuu fue breve, antes de que la mirada de la mujer se enfocara en su súbdita y amiga.

"Dime… ¿cómo te encuentras, Fighter?"

Qué pregunta. Seiya liberó una exhalación vertiginosa. Sus hombros rotaron, queriendo expedir la tensión. "¡Súper!"

"Sabes que puedes ser honesta conmigo." Kakyuu entonó con sabiduría. "Admito que cuando recibí la noticia de Sailor Star Maker, no supe bien cómo reaccionar."

"Únase al club." Seiya resopló por sus narices. "Estoy bien. En toda honestidad, sigo esperando que alguien me pellizque." Humildad le hizo bajar su mirada. "Es difícil de explicar. Toda esta situación… es difícil de explicar."

"Tan sólo puedo imaginarlo. Es difícil tratar de ponerme en tus zapatos, pero por ti lo intento. Tienes mi empatía y mi apoyo."

Seiya onduló una de sus cejas de manera divertida. "Si se siente así de curiosa por estar en mi lugar, creo que el Conde podría ayudar."

"Oh, calla." Kakyuu bromeó. "Todavía no es el tiempo adecuado. Tanto trabajo todavía pendiente con las reconstrucciones—"

"Es lo que sigue diciendo. ¿Pero, quiere saber algo, Princesa? Me temo que la vida no pide permiso para aventar estas sorpresitas." Seiya suspiró.

La carcajada de Kakyuu fue simpática. "¿Tienes idea de lo que harás? ¿Un plan?"

¿Por qué todos presionaban por las mismas respuestas? Taiki, Yaten, y ahora Kakyuu.

"Estoy trabajando en ello, Hime. ¡Usagi manda sus saludos, por cierto!" Aclaró su garganta con el recuerdo. Usagi Tsukino, enredada en sus brazos esta mañana. Definitivamente, Seiya no podía creer esta nueva realidad. "Hay tanto todavía pendiente. Tanto que discutir. Y Usagi…. Quiero decir, Serenity-Hime sigue aventándome estas curvas." Incrédula, restregó su frente. Una risa cálida salió de sus labios. "Justo cuando creo que la tengo descifrada, esa chica me deja temblando."

"Eres lo suficientemente fuerte para enfrentar este reto, Sailor Star Fighter. Tengo completa fe que Serenity-hime y tú encontrarán la manera de sobrepasarlo."

Seiya, inconsciente de que tanto había necesitado escuchar aliento de parte de su Princesa, sintió su pecho inflarse con renovada valentía.

"No sé exactamente que esté esperándome de vuelta en la Tierra. No puedo prometer una fecha exacta de mi regreso, Princesa."

"Lo sé." Entonces, Seiya reconoció la fuente de la expresión agridulce de su Hime. Tristeza. "Esperaba que este día no llegara."

"Hime—"

"No, permítete decirte esto, por favor… Sailor Star Fighter, has crecido demasiado rápido. Aunque no me sorprende. Siempre supe que tu estrella no se contendría en Kinmoku. Siempre te han atraído mayores estímulos que el sólo ser una Guardiana. Ciertamente, tu espíritu es más aventurero que el de Maker y el de Healer. No obstante, eres leal hasta la médula, Fighter. Es tu sentido de lealtad lo que te mantiene con nosotras en estos momentos… Es cuando tu lealtad se ve dividida, que tienes conflictos internos, y prefieres someterte a conductas autodestructivas que hablar conmigo."

Seiya quiso interrumpir de nuevo, pero Kakyuu levantó su mano por la pantalla para oponerse.

"Después de ver con mis propios ojos lo que habías construido en el planeta Tierra, temí que sería imposible recuperarte. Lo hice, sin embargo. Por un tiempo prestado; lo suficiente para presenciarte explotar tu potencial, no sólo como Teniente, pero cómo Compatriota de un país en recuperación. La persona detrás del soldado, sin embargo, ha seguido siendo una pobre muestra de autorrealización después de la Derrota del Caos."

Tragando saliva, Seiya presintió que estaban dirigiéndose a un punto de no retorno. Vergüenza invadió su persona—sus conquistas carnales pasearon por los oscuros pasillos de su corazón para recordárselo:

Justo que tan honda había sido la caída de Kou Seiya.

"Sailor Star Fighter, seamos francas… De una manera u otra, dejaste tu corazón en aquel lejano planeta."

El silencio fue sofocante. Seiya endureció sus puños, el sentido de traición a la Corona dejándola en una encrucijada. ¿Admitirlo, serviría de algo? ¿Negarlo? ¿A quién estaba Seiya realmente traicionando? ¿A sí misma, a Odango, o a Kakyuu? "He hecho mi mejor esfuerzo, Princesa."

"Lo sé, Fighter." Kakyuu le buscó por conexión a través de la computadora, agazapando su propio mentón para engancharse a su súbdita. "Eres la mejor Star Senshi que yo podría pedir, una protectora fiel, una buena amiga—pero ya era hora que tu corazón regresara a reclamarte de vuelta, ¿qué no lo ves?"

"No es así de fácil." La primera reacción de Seiya fue protegerse. Presentar resistencia. No estuvo lista para que la veracidad de las palabras de Kakyuu la dejaran desnuda en este vagón de tren, con sólo la tundra cruel de afuera siendo su compañía. Odiaba llegar corta a las expectativas de los demás. Aun más, cuando se trataba de su Princesa.

"Nada que valga la pena obtener en este universo vasto es fácil." Kakyuu enunció, sorprendiéndole con su dureza. "Y de mi parte no encontrarás obstáculos para sumarse a lo que ya haz de enfrentar. Esta decisión fue dolorosa, pero estoy convencida de ser la correcta."

"¿A dónde quiere llegar, Kakyuu-Hime? No comprendo."

Cerrando sus ojos sombreados por un breve instante, la pelirroja de inmensa belleza acarició el centro de su propio pecho. Su medallón con la cresta Real fue sujetado con fuerzas. Al abrirse aquellos ojos color fuego de nueva cuenta, Seiya sólo reconoció a una Soberana centrada en su deber.

"Sailor Star Fighter. En el momento que termines esta asignación en Kin-Norte… Serás liberada de tu puesto de manera indefinida. Te dejo ir con honor, y con el más alto respeto de una Nación que sólo puede ofrecerte agradecimiento por el cumplimiento firme de tu deber."


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Actualidad.

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Seiya observó los pasajeros descender.

No encontró ningún niño, o familias en sí, por la naturaleza de la ruta. Este tipo de tours solían centrarse en traslados de negocios, así como de compra y venta de recursos con los pueblos de Kin-Norte. No era temporada de vacaciones, tampoco. Las vías tenían poco tiempo de haber sido renovadas, así que la Star Senshi conjeturó que eso también causaba algo de inseguridad.

Seiya, repentinamente, se preguntó que había sucedido con la dulce Chibi-Chibi, extrañando su actitud positiva y la facilidad para acoplarse con Usagi y su persona.

Que hubiera resultado ser la Luz de Esperanza, ¿significaba que nunca había sido humana? ¿Qué había hecho Sailor Galaxia con su propia semilla estelar?

Estar a solas con la chica que tanto le había gustado en un planeta foráneo siempre había resultado una experiencia exhilarante, así como inquietante. Y aunque a veces Seiya lo había resentido, al acostumbrarse a la niñita, Chibi-Chibi había sido un buen filtro entre ellos cuando la atmosfera con Odango se había sentido intensa—justo cuando se había percibido en el precipicio de algo más que amistad…

De reojo a su derecha, el radar interno de Seiya le alertó de dos colitas conocidas descendiendo de uno de los vagones.

"¡Yo! ¡Odango!"

La terrícola en cuestión venía acompañada de Tenoh-san. No pareció haberla escuchado con el bullicio de los pasajeros y el motor del tren todavía encendido. Siguió conversando con Tenoh-bruta, feliz de la vida.

Desde el octavo vagón, Seiya por fin saltó del tren a la plataforma de la estación de BIANCO, trotando hacia la compañía en cuestión. Tenoh fue la primera en reconocerla, al encontrarse directamente en su línea de visión. Indicó compartir el descubrimiento con Usagi, achicando sus ojos con fastidio.

La rubia se dio la vuelta, sus espléndidos ojos frenando a Seiya a la mitad de la trayectoria.

Whoa.

Haberle heredado a Usagi la colección de abrigos de invierno que Seiya raramente usaría, produjo frutos de una manera imprevista.

La chica se había esmerado en su imagen del día de hoy, seleccionando un abrigo pulcro en semejanza a la nieve. Un arco de delicada pelusa esponjada rodeó el cuello de la chica, hasta lo largo de su torso, bloqueando el frio con efectividad, así como haciéndola ver como una verdadera Princesa de la Luna. La forma de la gabardina abrazó su silueta de manera que el vientre sobrecrecido de Odango fue bien disimulado. La soltura de vestido del abrigo de cuerpo completo solo le agregó un giro extra de feminidad.

Seiya aclaró su garganta. Su cerebro amenazó con cerrarse por necesidad de mantenimiento.

A diferencia de su primera cita, maquillaje empoderó a Usagi Tsukino de una forma que resultó mortal para su presión arterial. Rizos adicionales enmarcaban el rostro de la mujer, estilizados con producto especial para mantenerlos fijos. Pendientes en forma de Rosas rosáceas brillaban de sus orejas y combinaban con su lápiz labial.

Seiya no estuvo lista para quedarse sin habla.

"¡Ahí estás, Seiya! Estaba buscándote en la cafetería, ¿a dónde fuiste?"

"Trabajo." Seiya tosió, en cuanto estuvo en la cercanía de las terrícolas. "Quiero decir, trabajando. Todavía. Hola." Usagi no ocupaba saber que Seiya se había revestido en tres atuendos distintos, antes de decidirse por el mismo con el que había comenzado el día, sólo porque Odango había expresado su gusto por él.

"Ah, ya veo. Bueno, ¡estamos esperando a Yaten!" Usagi no tuvo obstáculo en trenzar su mano enguantada con la de Seiya, inocente al efecto que estaba creando. "Parece ser que nos quiere llevar a un bazar. ¿Lo conoces?"

"Eh, sí. Claro."

Usagi le miró de forma extraña. No era para menos. "¿Y bien? ¿Y cómo es? ¿Grande? ¿Pequeño? ¿De qué tipo de bazar se trata? ¡Anda, cuenta!"

"¡Arruinarás la sorpresa!" Seiya se burló para distraerla. "Sólo diré que te quedarás con la boca abierta."

Usagi hasta olía fenomenal. Maldita sea. ¿Desde cuanto la chica se perfumaba así para ver a Seiya? Si Odango la hubiera sometida a la misma tortura en la Tierra, Seiya estaba segura de que Kakyuu-Hime, Yaten y Taiki hubieran tenido que llevársela arrastrando de vuelta a Kinmoku. No hubo molécula en Seiya que no vibró con emoción en estos momentos. No quiso nada más que raptar a la chica de vuelta a su vagón, para cometer toda clase de—

"¡Vaya! ¡Ya era hora!" Usagi exclamó en un alarido de impaciencia. "Yaten, juro que tardas tanto en arreglarte como Rei y Minako."

"Oye, ¿qué te dije sobre blasfemar mi nombre de esa forma?" Yaten se les unió con un espejo portátil en su mano, inspeccionando su ojo derecho en desvergonzada vanidad. "Es culpa de estas malditas pestañas, creo que una no se pegó bien…"

"¡Oh, no! ¡Tienes razón, se te está cayendo el ojo!" Seiya le jaloneó del abrigo a propósito, casi provocando que Yaten se picara el ojo con su propio dedo. Usagi comenzó a reír con el acto infantil, escondida a espaldas de Seiya.

"¡Cabeza dura!" Yaten le lanzó una patada. Seiya actuó con más antelación, corriendo junto con Odango en dirección de la salida de la estación de tren. "¡Uy, ya verás! ¡Tengo una lista de venganzas con tu nombre, Seiya-baka!"

"¡Seiya, Yaten ahora sí luce muy enojada!" Usagi rio, siguiéndole el paso.

"Se le pasará una vez que le compre algo brillante y bonito en el bazar." Seiya batió una mano en la dirección de las Senshis restantes. "Ejem, por cierto…" Lentamente, Seiya le bajó a la velocidad de su huida. Esperó a que la chica recuperara su aliento, ambas tomando pausa. Pasajeros los rodearon en su necesidad por llevar a cabo sus propios asuntos. De cierta manera, la multitud los protegieron de ojos fisgones. "Mmm, Odango, sólo quería decir… Que luces muy bien. Bonita. ¡Más de lo normal, quiero decir!"

-Deja. De. Hablar.

Una sonrisa fue curveado el rostro de Odango mientras la pobre excusa de cumplido de Seiya se manifestó al aire libre. Sus labios frambuesas lucieron más tentadores que aquella mañana. "Ah, ¿sí? ¿Lo dices en serio?"

"H-Hai. ¡Claro!"

Usagi la colocó en más aprietos al usar sus manos entrelazadas a su ventaja. Le jaló suavemente hasta que Seiya ondulara su cuerpo cerca del suyo.

"Tú no luces tan mal, tampoco."

"Oh, wow." Seiya rodó sus ojos. "No te frenes con los halagos, Odango. Mis rodillas no dejarán de temblar de la impresión."

"Bueno, ya sabes que tenemos que mantener tu ego bajo control. No queremos que tu cabeza crezca tanto que termines flotando en el aire." Usagi rio de su propio mal chiste, borrando el puchero creciendo en la boca de Seiya con un rápido y fugaz besito. "¡Uy, no se enoje, Teniente, sólo bromeaba!" Al sentir los brazos de Seiya rodearla sin salida, negó el acceso a un segundo beso. Seiya no se dio por vencida en su asalto afectivo, sin embargo, restregando su nariz fría por el cuello de la chica para sacarla de quicio. "¡Oi, Seiya! ¡Está fría!"

-Yo soy la chica afortunada. Seiya se estremeció al recorrer un camino similar con su nariz, al que había trazado en el día del último concierto de Three Lights. ¿En serio ya había trascurrido un año desde aquella noche?

"Sólo quiero un beso." Seiya chilló al separar su rostro. Soltó a la chica para cruzarse de brazos en ofensa. "¿Qué clase de cita sería sin un beso de saludo?"

"¡Ya te di uno! Si quieres otro tendrás que ganártelo." Usagi le sacó la lengua. "¡Quiero ver primero el bazar!"

"¿Así de fácil soy intercambiable por otra mercancía?" Seiya reclamó, acomodando sus brazos detrás de su cabeza. "De acuerdo, es por aquí. No te alejes de mí, habrá mucha gente y tenemos el tiempo justo para regresar al tren. Si te pierdes, no tendré tiempo para encontrarte a ti, o al maní."

"Ignórala, Pinattsu." Odango le susurró a su estómago. "Seiya sabe perfectamente que la mataría si nos olvidara aquí."

Lo triste era, que la chica tenía razón. -La gran Casanova, domada al fin.

Eventualmente, el par de gruñonas de Yaten y Tenoh las alcanzaron. Juntas, salieron de la estación de tren, el camino al bazar siendo bastante conocido para ambas nativas. Aunque Yaten no había visitado el Norte con frecuencia, cuando de hecho lo había hecho en el pasado, había disfrutado gastarse su dinero en prendas y accesorio de los mercados de la región. Se encargó de compartirle tales ganas de gastar a Usagi con ojos soñadores.

"Me sorprende ver que ustedes dos se estén tolerando." Seiya se dirigió a Tenoh-san porque… bueno, ¿qué más podría suceder? Seiya ya se había ganado un ojo morado. "Estaba segura de que, a estas alturas, hubieras cambiado de vagón, o que Yaten ya te hubiera envenenado."

Tenoh-san le arrojó una de sus típicas miradas exterminantes. "No confundas mi freno con buenas tenciones. No somos amigas, así que no me dirijas la palabra."

"Demonios. Eres fría hasta la medula." Seiya siseó entre dientes. "¿Cuál es tu problema, Tenoh?"

" lo eres." Tenoh siseó de vuelta, cuidando que Odango no se diera cuenta. "Pavoneándote por todas partes como si fueras el Rey del mundo, cuando en verdad solo te gusta jugar con los corazones de las jovencitas."

"Sugoi." Seiya resopló por sus narices. "¿Cuándo lo vas a superar? ¡Nunca tuve interés por tu noviecita! Aquella vez que visité el camerino de Michiru estaba tratando de indagar porque su estrella brillaba de esa forma. Lo cual después me arrepentí de saber, al ser la presa favorita del odio de Sailor Neptune. ¿Por qué te sigue molestando?"

"No me refiero a Michiru." Haruka gruñó.

Seiya parpadeó. Luego, sus ojos buscaron por la silueta de Odango, quien caminaba a lado de Yaten siguiendo de parlanchina.

"No estoy jugando con su corazón. Nunca lo hice." ¿Qué no lo había dejado claro ya? ¿Cuánta sangre quería Tenoh, que Seiya derramara por esta chica? "Estaba segura de ya haberlo demostrado."

"No me convencerás de tu acto de nobleza, tras ir detrás de una jovencita sabiendo que ya tenía novio."

"Oh, sí." Seiya sonrió para mantener las apariencias, aunque por dentro, ira calentó cada mililitro de su sangre. "Hablemos de Chiba-san. El novio estelar. El tipo que la mantuvo triste por todo un año. Porque admitámoslo, aunque no hubiera estado muerto, ciertamente no se ganaría el primer lugar al Sr. Sensibilidad. ¿O crees sensato que dejara esperando a Odango del otro lado del mundo, por irse a estudiar?" ¿Quién sería capaz de algo así, una vez que conociera a Usagi Tsukino? ¿Cómo, cuando el haberla dejado en la Tierra, había partido a Seiya en dos? "¿Dónde estabas, Tenoh-san, cuando ese tonto la hacía llorar en la biblioteca, a escondidas de sus amigas? ¿Por qué no le reclamas a él, todas las veces que le ha roto el corazón?"

Tenoh-san achicó su mirada, hielo chocando con el fuego recorriendo a la Star Senshi.

Esta vez, la sonrisa de Seiya fue real. "Sí, eso fue lo que pensé."

"No entiendes. Ese sujeto, como lo llamas, representaba el futuro."

"¿Nani?" Seiya frenó.

Haruka le arrojó una última mirada sobre su hombro. "Pregúntale a Koneko al respecto. Odio admitirlo, pero deberías estar enterada de en lo que te estás metiendo."

El bazar siempre se llevaba a cabo en la plaza principal del pequeño pueblo de BIANCO. Las luces fueron reconocibles en poco tiempo, y Usagi se emocionó de inmediato al divisarlas. Jaló del brazo de Yaten para llevársela a fuerzas por el sendero de piedra nevada. Tenoh les siguió a ritmo más tranquilo, dejando a Seiya en la cola de la compañía, todavía digiriendo las extrañas palabras.

"¡Oh, wow! ¡Es hermoso!" Usagi se volvió loca, una vez en la entrada del bazar. La primera hilera de puestos del mercado se concentraba en pieles y abrigos. Seiya la dejó apuntar a los sombreros graciosos, y a las botas de pelusa de oso, felizmente ignorando las miradas curiosas de los demás visitantes.

"Vamos, Odango. Abrigos, es lo último que ocupas."

Odango jaló de la manga de uno de los abrigos de piel de mamífero. "Aw, sólo estoy viendo, aguafiestas."

Seiya observó de reojo como Yaten tenía las agallas de colocarle uno de los sombreros ridículos a Tenoh. Le sorprendió aún más, que Haruka se lo permitiera con el mínimo de los gruñidos.

"Hay mucho más por ver, es a lo que me refiero. Si me vas a dejar en banca rota, hazlo bien." En instinto, rodeó la cintura de la chica para alejarla de los vendedores aprovechadores. Usagi se colgó de su brazo, momentos después.

"Todas estas linternas y lámparas son increíbles. Nunca había visto creaciones como estas. ¡Sugoi, mira los zapatos! ¡Son de miles de colores!"

De acuerdo. Seiya podía comprarle un par de pantuflas a la chica, únicamente porque servirían contra el frio. El cuero de aller duraría por mucho tiempo. Como fue de esperarse, Usagi escogió un par rosado con pedrería acorde. Yaten se compró su propio par, en una tonalidad amarilla chillante que lastimaba tus ojos si las mirabas de cerca.

Ja, y decían que Seiya no tenía sentido del gusto.

Usagi conoció más guardarropas típicas de la nación, especias, granos, semillas, animales de caza expuestos para la venta, obras de arte pistorescas—y su entusiasmo fue inagotable por cada nuevo descubrimiento. Seiya escuchó sus quejas constantes sobre haber olvidado su cámara fotográfica en casa con una sonrisa, dejándole meterse a los diferentes puestos con fascinación infantil. En algún punto, Yaten y Tenoh se distrajeron en otros locales, dejándolas a solas.

Seiya supo aprovechar la oportunidad.

"¡Mira, Seiya, ropa de bebé!"

"Y ese es el sonido de mi cartera vaciándose." Seiya suspiró. "Sí, Odango. Escoge lo que quieras."

"Ay, sólo decía." Usagi hizo un puchero. "No quiere decir que quería comprar tooodooo." Con ojos suplicantes, la chica mostró el tesoro que más le había atraído. "¿Pero qué tal este gorrito?"

El gorrito tejido con los textiles más cálidos de Kin-Norte mantendría la cabecita del maní muy bien protegida del frio, sin importar el planeta. Por ello, Seiya no dudó en comprárselo. Que estuviera tejido en colores rojos -uno de sus colores favoritos- y que tuviera un adorable pompón en la parte superior, no tenía nada que ver. Para nada.

Sólo para combinar el atuendo, Seiya compró cinco mamelucos, dos muñecos tejidos en forma de pingüinos, y dos gorros más.

"Lucirás muy guapo en tu nueva colección." Usagi sostuvo su estómago con cariño, ambas saliendo del puesto ligadas de la mano.

"El Maní ya es guapo, Odango." Seiya recalcó, cargando las bolsas de las compras con su mano libre. "Con nuestros extraordinarios genes, es simplemente imposible el caso contrario."

Usagi liberó una risilla. "Por esta ocasión, estoy completamente de acuerdo contigo."

Seiya divisó los puestos de comidas dulces en el siguiente pasillo y se preparó psicológicamente. "¡Recuerda, Odango, ten cuidado! ¡Hay dulces que son muy picosos!"

"¿Por qué harían eso? ¡Lo dulce no debería ser picoso!" La chica se apresuró hacia el puesto de golosinas donde productos muy semejantes a los bombones terrícolas estaban siendo cubiertos en la equivalencia a chocolate. "Sugoi, no estoy segura de lo que sean, pero se miran deliciosos."

-Un Bombón en su hábitat. Seiya sonrió para sí. De inmediato, encargó cinco cajas al dueño del puesto, sabiendo que Yaten, Taiki y Kakyuu apreciarían las golosinas tradicionales. Usagi aceptó las pruebas gratuitas con gusto, y hasta compartió uno de los bombones con Seiya, introduciendo el bombón directo en su boca, al tener sus dos manos ocupadas con más bolsas.

Sonrojada, Seiya masticó lentamente.

Saboreó el momento, en todo el sentido de la palabra.

"Quiero comprarte algo también. Yaten me prestó algo de su dinero." Usagi le sorprendió, en el siguiente pasillo, husmeando entre las diferentes joyas colgando en los estantes. "¿Me creerás que no tengo idea de que te podría gustar? ¿Qué le puedes comprar a un ídolo, después de todo?"

"No te preocupes por mí, Odango." Seiya aprovechó la distracción de la chica al detenerse a observar las joyas preciosas, para descansar las bolsas en el piso. Mirandola a Usagi con detenimiento, la mano derecha de Seiya acarició los rizos adornando su rostro. "Ya me has brindado el mejor de los obsequios."

"Mm." La joven se sonrojó." Una sonrisa tímida brotó en sus facciones, consciente de las caricias. "Vamos, debe de haber algo que quieras."

"Bueno…" Seiya fingió pensarlo, levantando su mirada al cielo. "Ahora que lo mencionas…"

"¿Ajá?"

Seiya se tornó en su dirección. "¿Qué tal un beso?"

Usagi sacudió su abrigo de ligeros copos de nieve, retirando su atención del puesto de joyería. Aunque su rostro fue un libro abierto de su vulnerable estado, su Odango no era ninguna cobarde.

Justo como anoche, Seiya fue abordada con propósito.

"Supongo que te lo has ganado."

"Todo tiene que ser un desafío con Usagi Tsukino." Seiya susurró, su nariz rozando la de la terrícola.

Si Seiya había creído que Usagi olía divino, no se comparó la experiencia al tenerla en sus brazos. Boca a boca, pecho a pecho, aliento a aliento. El mismo sentimiento de sorpresa le atrapó y Seiya se aseguró de su beso fuera un reflejo de la pasión reprimida en su interior, puesta en libertad.

Besó a la chica como lo había querido hacer el día que habían ganado el partido de softball contra Sonoko-san. La besó como quiso hacerlo el día del concierto en el Centro Megalópolis, presa de la desesperación por verla. La besó por todas las ocasiones perdidas, con la ternura que sólo Odango había logrado inspirar en Seiya.

Hilando una serie de besos de su boca hasta su oreja, las palmas de Seiya adularon las mejillas de la chica con dulzura. Sus dedos acariciaron los cabellos sueltos, muy probablemente deshaciendo el esmero que Usagi había puesto en su perfección. Cuando Usagi persiguió su boca con suya en continuación, Seiya lo consideró una victoria. Sus lenguas se tocaron brevemente, y Seiya gruñó a lo bajo, aumentando la presión de sus dedos.

"¡Oi!"

Seiya fue empujada de manera súbita. Al parpadear con confusión, su mirada se encontró con la de Yaten por encima de la cabeza de Usagi.

Mierda.

Menos mal que Tenoh-baka, recién saliendo de una de las tiendas cargando un mundo de bolsas de comprar, indicó permanecer ignorante a lo que había transpirado entre Seiya y su Princesa.

Usagi tosió con exageración. "Ejem, Seiya, mira cómo ha oscurecido. ¿Qué horas serán? ¡No nos vaya a dejar el tren!"

Seiya continuó parpadeando. Desnudó su muñeca para verificar la hora en su intercomunicador. En cuanto Yaten—con su rostro apenas conteniendo su histeria—se les unió, el cerebro de Seiya comenzó a carburar de nueva cuenta. "T-Tienes razón, Odango. Deberíamos comenzar a regresar."

"¡Genial! ¡Vamos!" El entusiasmo plástico de la chica le caló mal, su previa euforia encontrando una transformación más agria en cuestión de minutos. Seiya la observó tomar asilo con Haruka-cara-de-ogra, dejando a las Starlights a cierta distancia.

"¡¿Y bien?!" Yaten le susurró, golpeando a Seiya en el pecho con su propia bolsa de compras. "Estoy esperando."

Seiya comenzó a caminar, retomando las bolsas de Odango. "¿Para qué?"

"¡¿Por qué crees? ¡Una explicación! ¿Qué está pasando con ustedes dos?"

-La mejor pregunta de todas y tenía que venir de ella. "No es de tu incumbencia."

"¡Seiya!" Otro bolsazo, ahora contra su trasero. "¡Hazme caso, o te acuso con Taiki!"

"¿Podría ser mucho pedir que mostraras algo de lealtad, traidora?" Seiya quiso sobar su trasero no sólo por el golpe, sino también por las temperaturas que comenzaban a bajar, pero le fue imposible con su cargamento. Viendo que había una brecha de distancia entre las terrícolas y ellas, Seiya suspiró para sí. "Hablo en serio, Yaten, no te entrometas. No esta vez."

Yaten manifestó sus propios sonidos de inconformidad por un buen rato. "Sabía que algo así sucedería. ¿Buenas amigas? Sí, cómo no."

Seiya tenía que compartir su opinión.

¿En verdad había creído que sus sentimientos por Usagi podrían quedarse en segundo plano?

No había estado lista para ello, pero los rastros de sus sentimientos estaban visibles de nuevo, expuestos. Todo por un maldito beso.

Llegaron al tren a buen tiempo. Inmersa en su humor conflictivo, sin embargo, Seiya se dirigió directo al vagón perteneciente al par, para deshacerse de todo lo que habían comprado. No miró detrás para fijarse si Odango le siguió. Seiya sólo supo que ocupaba un momento para reagruparse.

Dejó su cargamento sobre la cama de Usagi. De una de las bolsas de cartón, fue visible el gorrito de estambre, que en un futuro no muy lejano, su hijo vestiría.

Su hijo.

Porque Seiya iba a tener un bebé con esta mujer—Serenity-Hime del Sistema Solar, aka Usagi Tsukino, aka Sailor Moon, la Salvadora de la Vía Láctea.

Odango.

Rayos.

Seiya cerró la puerta divisora de las Suites con un fuerte estruendo, tirándose sobre su propia cama, momentos después. Acostada boca arriba, se deshizo de su abrigo, sus botas, y sus guantes.

Taiki y Yaten podrían tener razón. Seiya no podía permitirse que su futuro vínculo con la criatura fuera jodido por culpa de su personalidad impulsiva y su falta de madurez. Desde que había llegado, Usagi había sido difusa con sus respuestas—o falta de. ¿Qué había sucedido con su novio? Para haber pedido besarla la noche anterior, debía significar que su relación con Chiba era punto mudo, ¿cierto? Usagi no se atrevería a traicionarlo—

-Excepto, que ya lo hizo una vez, ¿recuerdas?

Seiya cubrió su rostro con su antebrazo.

El tren renovó su marcha.

- "Si quisiera besarte en estos momentos, ¿me dejarías?"

Seiya liberó un gruñido, su cuerpo entero llenándose de fervor con el recuerdo. Había sido para reírse, lo rápido que la cabeza de Seiya se había perdido en el sumidero.

¡Boom! Y sus sentimientos por esta chica habían salido a la superficie de un estallido. Después de un año empujando todo hacia el fondo—buscando distracciones—todo había sido en vano, en cara de una sola petición.

La puerta de su Suite fue abierta de par en par. "¡Ajá! ¡Conque aquí te metiste!" Las colitas de la joven resplandecieron cuando Odango encendió la lámpara de su escritorio. "Seiya, ¿pero qué estás haciendo en la oscuridad?"

"Estoy deleitándome en mi depresión." Seiya destapó su rostro del cojín.

Usagi detuvo el descaro de reírse de su dolor. "¡Eres tan dramática!"

Seiya cruzó sus brazos y rodó en dirección opuesta a la visitante. "Tengo derecho a serlo."

Sintió a Odango acercarse a la cama a pesar de su berrinche. El colchón cedió al peso añadido de su cuerpo, del lado izquierdo del colchón.

Momentos después, Seiya sintió dedos acariciar sus cabellos.

"Perdón por arruinar nuestra cita."

El corazón de Seiya la traicionó, comenzando a derretirse. Se mantuvo en silencio, sin embargo.

"Se sintió extraño. Supongo que no estoy acostumbrada a—"

"¿No estar actuando a hurtadillas de todos?"

Usagi pausó sus dedos, más no retiró su mano de su cabeza.

"H-Hai."

"Lo entiendo." Seiya respiró hondo. "No es como si estuviera desesperada por tener otro ojo morado, cuando apenas estoy recuperándome de uno." Seiya se levantó, acomodándose sobre sus codos para ver a Usagi con mayor libertad. "Si te inquieta tanto lo que Tenoh piense… tal vez sea buena idea tomar las cosas con más calma."

Eso ganó una reacción de sorpresa de la chica.

-Sé firme. Seiya relamió sus labios. "Quiero decir, ¿no crees que empezamos al revés desde un inicio? Éramos amigas, luego enemigas, luego amigas de nuevo, y ahora estás embarazada de mi hijo ilegitimo sin haber llegado a la tercera cita—"

"¿Estás diciendo que es mi culpa?"

"¡Claro que no! Me refiero a que quizás… sea más prudente no dejarnos llevar por el momento… como la última vez. Tienes a tu novio de vuelta."

Usagi se levantó de la cama. "¿Qué tiene que ver Mamoru en este asunto?"

Seiya alzó sus cejas con incredulidad. "Mamoru-san tiene todo que ver." ¿Acaso la chica sufría de amnesia selectiva? ¿Qué no recordaba aquella tarde de lluvia donde el fantasma de ese hombre había llevado a Seiya a suplicar por una oportunidad?

"Seiya, creo que estás malinterpretando las cosas."

"Porque no me estás diciéndome nada."

La forma de la chica frenó en seco, su perfil convirtiéndose en una estatua.

Seiya le sonrió para ablandar el tono de la discusión. No era su intención alterar a Odango; no quería causarle ningún tipo de malestar…

"Y oye, está bien. Es tu vida, no tienes que decirme todo lo que haya pasado desde la última vez que nos vimos. Pero tampoco puedes culparme si estoy tratando de llenar los huecos de la historia a cómo pueda imaginarlo. Amabas a ese sujeto. Con todo tu corazón. Lo vi con mis propios ojos." Lentamente, Seiya se levantó de la cama. "Querías hablar, Odango." Uno de sus hombros se elevó con tregua. "Hagámoslo."

Usagi soltó una exhalación que habló volúmenes. Seiya hinchó su pecho, preparándose.

"Tan sólo puedo imaginar lo que piensas de mí, Seiya." Usagi se sostuvo de la silla que Seiya ocupaba para trabajar. "Lo siento, no tengo todas las respuestas. Sólo puedo contarte lo que siento. Mamoru es alguien muy querido para mí. Siempre lo será. Mi relación con él, es única."

"Seguro." Seiya habló en automático, su tono neutral.

"Pero estoy seguro de que logrará cumplir sus sueños. Sabe que siempre puede contar conmigo como amiga en lo que necesite. Ha estado conmigo todo este tiempo desde que descubrí estar embarazada, ¡y créeme, no he sido fácil de manejar! Espero que por fin disfrute su tiempo en el extranjero, sin tener que preocuparse por mí."

El cerebro de Seiya dio un freno brusco. Repasó la última parte.

"Las chicas han sido muy buenas conmigo también. ¡Hasta Rei!... Está bien, sí escupió fuego por todas partes cuando se enteró de mi estado. ¡Pero Makoto estuvo allí para protegerme de su ira!"

"Espera." Seiya levantó sus manos para gesticular su profunda confusión. "¿Qué? ¿Amigo? ¿Extranjero? ¿Odango, a qué te refieres?"

El perfil de la chica curveó con gracia gatuna. "¿Nani?"

"Dijiste." Seiya aclaró su garganta. "Llamaste a Mamoru-san amigo. Acaso, ¿ustedes dos ya no están…? Comentaste que fue la primera persona a la que le contaste sobre lo que sucedió entre nosotros. ¿Por qué? ¿No se sintió molesto? Diablos…" Seiya talló su propia frente. "Creo que mi cerebro se ha freído."

"De acuerdo. Aquí vamos." Odango dejó la silla para caminar en su dirección, sus hombros erguidos con determinación. "Seiya, he amado a muchas personas en mi vida. Sin embargo, ningún amor ha sido tan transcendental como el que tuve por una persona que formaría parte de mi futuro. Es una larga historia—lo que ocupas saber es que creí que tenía un destino que no podía cambiar, o lo arruinaría todo. Mamoru y yo pensábamos que íbamos por el camino adecuado, porque eso significaba que algún día… tendríamos a esa persona tan especial con nosotros." La mano derecha de Odango capturó la suya en el aire. La dirigió a su vientre. "Luego, sentí su estrella brillar dentro de mí y todo—en serio, todo—cambió." Usagi oprimió su palma hacia el costado derecho de su estómago, satisfecha de encontrar un punto en especial. "A partir de entonces, nadie ha sido más importante para mí. Decidí enfocarme en el presente. Mamoru lo hace por igual. Cada uno está siguiendo su propio camino, y ya no tanto, al destino."

El Pinattsu dio una patada. Seiya tragó saliva con la impresión.

Oh.

Una risa nerviosa salió de sus labios. "Sabes que apenas entendí un cuarto de lo que me acabas de decir, ¿cierto?"

Usagi le guiñó el ojo. "Creo que entendiste lo que más querías saber, ¿qué no?"

"Pudiste sólo decir que estabas soltera y ya." Seiya se sonrojó. "De hecho, esa parte pudo haber sido lo primero que pudiste decir y siento que nos hubieras ahorrado muchos ataques de pánico."

"¡Vine a decirte que serías padre, no a coquetear contigo!"

"Nah. Ni lo intentes." Seiya agregó su mano restante al estómago de Odango, sintiendo la repetición de patadas con asombro. "Viniste porque te morías por verme." Bromeó.

Al unir sus miradas, la atmósfera crujió con una nueva tensión.

Usagi, ruborizada por igual, lució perdida en una visión a la que Seiya no perteneció.

"Lo intentamos." Vino el susurro. "Intentamos seguir donde nos quedamos, Mamoru y yo, pero yo… ¡Aw, Seiya, mi vida ha sido un desastre! No tienes idea. No tenía la cabeza, ni el corazón, para pensar en una relación con Mamo-chan cuando todo había cambiado tanto. Nos tomamos un descanso, y luego otro, y después, nos dimos cuenta de que ser amigos se sentía mejor… Claro, las chicas no lo saben, creen que nos reconciliaremos en cualquier momento. Creo que por eso me he sentido muy sola desde el inicio del embarazo. No quiero decepcionarlas."

"Oh, Odango." Por millonésima vez, Seiya deseó haber pensado en una manera para mantener el contacto. "Siento mucho que hayas tenido que pasar esos momentos difíciles por tu cuenta."

"Por eso, no quise… ya sabes… en frente de Haruka, sabía que perdería los estribos otra vez. Dame la oportunidad de hablar con ella, primero."

"Odango, la mujer va a rabiar de una manera u otra. Está obsesionada con tu vida privada."

"Es sobreprotectora." Usagi le sonrió, regresando a Seiya. Regresando de aquel lugar oscuro. "¡Mi punto es, ejem! ¡No me distraigas!" La chica respiró hondo para enfocarse. "Puse muchas cosas en mi vida en pausa, Seiya, y está bien porque creo que era lo que necesitaba. Quise hacer mi mejor esfuerzo por encontrarte primero. Era lo correcto."

"¿Caíste en cuenta que soy difícil de resistir?"

La chica rodó sus ojos. "Tu ego, ante todo."

"Puedes admitirlo, Odango." Seiya la rodeó con sus brazos, haciéndola estremecer al susurrarle la orden, directo en su oreja. "Nadie te juzgará aquí. Somos sólo tú y yo." Seiya jugueteó. "Después de todo, ya van no sólo una, pero dos veces que me ofreces propuestas indecorosas."

"G-Gomen."

"¡No me estoy quejando! Sólo quiero saber qué exactamente está pasando en esa cabecita tuya. Me has dado tantas señales contradictorias desde que nos conocimos… Quiero que esta vez estemos las dos en la misma página."

Una pauta permitió que Odango ajustara su mentón en la clavícula de su acompañante. Seiya acarició la longitud de su espalda en aliento.

"Hablo en serio cuando digo que no hay diferencia para mi entre Kou Seiya y Sailor Star Fighter… Puede que no haya pasado tanto tiempo contigo como mujer, como lo hice con tu faceta de chico…" La rubia buscó asilo en el hombro de Seiya para esconder su bochorno. Cuando habló, su voz estuvo contenida por el suéter negro de la Star Senshi. "Me he dado cuenta de que no importa. Me gustas mucho, Seiya. Siempre me has gustado… Lo siento mucho por no habértelo dicho antes."

Seiya sintió su corazón caer directo a sus pies.

Odango clamó contra su pecho. "Nunca había tenido sentimientos así por una chica, por eso quise besarte. ¡No fue mi intención confundirte!… Kami-sama, con razón Luna siempre ha dicho que soy lenta para entender esta clase de situaciones."

Seiya se desmoronó en risas.

"¡Que grosera!"

"¡Vas muy bien!" Seiya se defendió, rehusándose a dejarla ir, a pesar de sus intentos de pellizcar a Seiya en castigo.

"¿Qué tal tú?" Las mejillas rosadas de la chica resplandecían en las sombras crecientes de la cabina. "Ha transcurrido un año en tu planeta. ¡Yaten me dijo que sigues teniendo muchas admiradoras!"

Ah.

"¿Y eso qué?" Seiya acercó su rostro al de la chica.

Usagi no rehuyó de su intensa inspección, aunque fue notable su dificultad para armar otra frase.

Con atenta finura, Seiya acarició la mejilla de Odango.

"Yo, Seiya, lo siento… Este maravilloso sentimiento. Yo, Fighter, lo siento," Sus labios rompieron barreras, presionándose en los de Usagi. "…y sé que es un sentimiento diferente a mi misión."

Los versos de una canción que nunca había visto la luz del día encapsularon a la perfección lo que sacudía Seiya en su interior. Una marea alta, elevándola en euforia.

Era una vieja canción. Un estribillo, que recién Seiya había encontrado en hojas sueltas, dentro de la caja que alojaba ciertos recuerdos del planeta Tierra, como su antiguo uniforme escolar y uno de sus trajes iconos como miembro de Three Lights.

Poco había imaginado Seiya que, en un par de días, la protagonista de aquella melodía se dignaría a aparecer justo frente a ella.

Usagi rompió el beso con una sonrisa. "¡Cantaste!"

Seiya sacudió su cabeza en derrota. "Te has salido con la tuya, Odango." Guio a la rubia de regreso a la cama, invitándola a sentarse junto a ella. Usagi acomodó su cabeza en el hombro de la senshi con naturalidad, enredándose en Seiya con la habilidad de un pulpo gigante.

"Con razón no la reconozco. ¿Qué sigue?"

"No la he terminado todavía."

"¿Es la canción de la que me contaste?"

Aquel Seiya había creído su amor como no correspondido. Aquel Seiya había creído en muchas cosas, que aparentemente recién descubría, había entendido mal. "Hai." Dejó caer su cabeza sobre uno de los odangos de la chica, acurrucándosele.

Sonrió para sí.

"¿Pero sabes qué? Creo que le haré unos ajustes."


[+]+[+]


Su mano se estiró a través de los escombros, las puntas estando muy cerca de entrelazarse…

"Ya no tenemos alas para volar lejos de aquí."

Michiru retiró sus dedos. Haruka gimió, dolida.

"Ya que nuestras manos sangran con traición." Vino de la distancia, un susurro del viento mismo.

"Michiru." Haruka sintió sus manos resbalar por el escombro. La sangre le hizo imposible aferrarse a su compañera. "Sumimasen."

Haruka quedo sin absolver, sus pecados materializándose, siendo un peso que la sumergió en las sombras…

Haruka despertó con las telarañas de su pesadilla todavía rasgando su mente.

La tormenta de nieve golpeaba su ventanilla—muy posible siendo la razón de su despertar.

La mujer retiró mechones húmedos de su rostro. A pesar del frio, encontró que había sudado mientras dormía.

En el escritorio de su periferia yacía un jarrón con agua. Haruka se levantó para llenarse un vaso. Su garganta seca se lo agradeció. Después, se dirigió al baño, o al menos, eso intentó—tropezó con el montón de bolsas de compras acomodadas por el piso. "¡Rayos!"

Haruka no podía culpar a nadie más, sin embargo. Únicamente a su propia pereza por no haber vaciado las compras en su clóset, antes de irse a dormir.

Encendió la lampara de su caja de zapatos que llamaba camerino. Gruñó con el cambio de iluminación.

El golpeteo de nieve contra su ventana aumentó de manera considerable. La tempestad de la tormenta de nieve definitivamente estaba adquiriendo potencia. Haruka aun no entendía muy bien el sistema horario de este extraño planeta, pero al menos había aprendido lo suficiente para saber leer en el reloj nativo que todavía estaban en madrugada. Tenía poco tiempo de haberse ido a dormir.

"Típico." Haruka gruñó para sí, después de lavar su rostro con agua tibia en el baño y regresar a su cama. Se preguntó que estaría haciendo Hotaru en la Tierra en estos momentos. Conociéndola, la chica hubiera disfrutado de este tipo de viaje más que la misma Haruka.

La extrañaba.

Tal vez la próxima vez…

"¿Cuál próxima vez?" Haruka suspiró para sí. "¿En verdad me estoy resignando así de fácil?"

"Sólo estás luchando contra lo inevitable, querida." Michiru aconsejó en su cabeza, burbujeante con la cruel verdad.

Haruka volvió a gruñir. Ciertamente, Koneko cada vez se molestaba menos en ocultar sus flirteos con aquella tonta. No estaban engañando a nadie.

Brincó del susto cuando la puerta de su suite fue abierta, sin previo aviso.

Un monumento de cobijas fue lo primero que reconoció. Luego, ojos verdosos se asomaron de las mantas, junto con cabellos plateados sujetados en un alto chongo.

Haruka rodó sus ojos. "¿Nadie te ha enseñado a tocar?"

Yaten se escurrió por el camerino de manera irrespetuosa. "Supongo que sería mucho pedir que supieras arreglar termostatos, ¿verdad? Mi alcoba está congelada y no hay nadie del servicio despierto."

Haruka sonrió con maldad. "No hay nada que un buen golpe no pueda arreglar."

"¡Oi, olvídalo! No quiero terminar pagando una multa por descomponerlo más de lo que ya está." La joven cerró la puerta con un sonido trágico. "Um, vaya. ¡Aquí si está calientito!" Fue casi gracioso como una bola esponjosa trató de abrirse camino por un espacio así de limitado. "Aunque no me debería sorprender con tremenda ratonera que Seiya escogió para ti. ¿Cómo no te estás volviendo loca?"

"Tengo todo lo que necesito." Haruka trató de actuar como si las tácticas vengativas de Seiya-baka no le afectaran. Después de todo, de alguna manera encontraría la forma de hacerla pagar. "¿Es normal que el cielo quiera caerse sobre nosotros con esa maldita tormenta?"

"Hai, hai. Otra razón por la que odio—¡Achuuu!" La bola esponjosa estornudó con fuerzas. Algo espantada, Haruka observó a la chica limpiar su rostro con sus manos cubiertas en manta. "¡Gomen! ¡Alergias! Maldito Norte…"

Haruka dirigió su mirada a la cama. Prosiguió a analizar la alfombra del piso. En específico, el espacio entre el lecho y el escritorio. Suspiró. "Vamos."

Yaten parpadeó. "¿Eh?"

Haruka tomó uno de los cojines de la cama, echándolo al suelo. Prosiguió a empujar todas las bolsas sin desempacar hacia el piso del diminuto baño. "Puedes usar la cama. No es como si fuera a regresar a dormir en estos momentos. Sácale mejor uso que yo."

"Oh. Pero… Te convertirás en una paleta de hielo si duermes en el piso."

Después de amontonar todas las bolsas a fuerzas, Haruka selló la puerta con un gruñido. "Um. Creo que hay mantas extras en el closet. Me pareció verlas en el primer día."

"Tonterías." Kou Yaten obviamente estaba acostumbrada a que sus mandatos fueran llevados a cabo. Cuando vació su caparazón de mantas sobre la cama individual de Haruka, la chica apuntó a ellas con actitud de Princesa. "No te compliques. Podemos compartir."

Haruka experimentó algo que, en muchos años, le había sido foráneo.

"¿Q-Qué dices?"

La ropa de dormir de la Star Senshi dejaba mucho que desear, si de protección contra el frio, se hablaba. El satín de su blusón y pantalón se mostró estúpidamente delgado, a la luz de la alcoba. Haruka aclaró su garganta, tratando de no fijar su mirada con demasiado detenimiento. Fue un reto, sin embargo. Había pasado algo de tiempo desde que había tenido que lidiar con atracción por alguna chica que no fuera Michiru.

"No seas obstinada. Considéralo una… ¡colaboración! Sí, eso. Para no terminar congeladas hasta la muerte." Yaten lo hizo ver como si estuviera haciéndole un gran favor. Tomó la pauta de Haruka como permiso para acomodarse en la cama, adhiriéndose de inmediato contra la pared. "Uy, estos colchones de segunda clase dejan mucho que desear, ¿ne? Con razón te levantas de tan mal humor."

Haruka tragó saliva. En circunstancias normales, hubiera sido proveedora de una respuesta cáustica. Pero estas circunstancias estaban bastantes lejos de considerarse así.

Yaten le mostró las espaldas. Su cuerpo pequeño supo acurrucarse de una forma que dejó espacio suficiente para Haruka, si la mujer escogiera acostarse de lado.

"¿Y bien?" El perfil de Yaten se torció. "¿Qué esperas? Apaga la lampara. No puedo dormir con luces encendidas."

Haruka rodó sus ojos. "Eres una malcriada. ¿Alguna vez te lo han dicho?"

"Un par de ocasiones."

Haruka apagó la lampara. "No estás engañando a nadie, ¿sabes?"

"No tengo idea de lo que hablas."

Haruka sonrió para sí, sintiéndose más segura en la oscuridad. Levantó las cobijas de su lado, tomando una aspiración rápida de oxígeno antes de lanzarse—literalmente—a lo desconocido.

Introdujo una pierna y luego otra. No optó por posicionarse en dirección contraria, de acuerdo a las etiquetas platónicas que este momento ameritaría. Nunca había sido su estilo jugar a esos tontos juegos, si Haruka ya sabía lo que quería.

"Si lo que buscabas era dormir en mis brazos," Acentuó el punto al rodear la cintura de la mujer con su brazo superior, atrayéndola a su cuerpo con intención clara. "sólo lo hubieras dicho, y ya."

En algo, Yaten había tenido rotunda razón. Nada se podía comparar, al tener un cuerpo contra el tuyo, para ahuyentar al frío. La chica fue muy distinta a lo que Haruka había estado ya acostumbrada. Sus curvas fueron más acentuadas. Al aroma de su shampoo le restó dulzura. Su candela corporal probó ser más intensa—Michiru siempre había sido templada, fiel a su naturaleza marítima.

"Así es más divertido." El murmullo fue compartido entre las gruesas capas de cobijas como una confesión culposa. "Buenas noches. Espero no ronques, porque no dudaré de patearte al piso, después de todo."

- ¿Desde cuándo considero el descaro como una cualidad? Haruka bufó contra la nuca de Kou.

Un suspiro se escapó de su acompañante, encajando su trasero en los recovecos del cuerpo de Haruka hasta sentirse totalmente confortable.

Afuera, la tormenta no cesó.

Yaten secuestró su brazo rodeándole, los dedos de Haruka entrelazándose bajo su dirección. La terrícola tragó saliva cuando su mano fue moldeada sobre un seno cubierto en satín.

Maldición. Haruka sintió su rostro sobrecalentarse.

Una vez con su cometido cumplido, la mano de la ex ídola se dedicó a aventurarse en su propia exploración, acariciando la pierna de Haruka. La libido de Haruka aprobó del contacto al instante, a estas alturas, extrañado cualquier tipo de caricia.

Momentos después, Haruka logró extraer un sonido que supo a victoria, sus dedos sabiendo endurecer el pezón a su merced.

Lo dedos sobre su pierna se apretaron.

"Date la vuelta." Haruka susurró con firmeza. "Te voy a besar."

Juró sentir un temblor de cuerpo completo recorrer a Yaten. Aun así, la chica no obedeció al instante. Porque al parecer, llevarle la contraria en todo, le venía natural. Haruka dejó el seno a su alcance, deslizando sus yemas hacia el cuello de la mujer.

Yaten curveó su rostro, su respiración chocando con la suya. Haruka cumplió su palabra. Con el mentón de Yaten anclado a sus dedos, el beso fue directo—inescapable. Haruka no fue sutil, obligando a la chica a seguirle el ritmo desde el primer momento. Yaten no retrocedió al asalto, partiendo su boca con el mismo arrebato.

Haruka volvió a tocarla—recorriendo su cintura, su cadera—y Yaten gimió con aprobación.

Rayos.

Haruka no había estado buscando por esto—pero, maldita sea, no iba a desaprovecharlo.

La piel de Yaten se sintió más suave que el mismo material de su blusón. Haruka exploró los centímetros sin apuro, concentrándose en llevar al límite su pasión con sus besos, más que con el resto de su cuerpo. Hubo momentos donde Yaten reveló falta de práctica, inocente a ciertos trucos que Haruka aplicó con su lengua. En un punto, la pierna de Yaten se levantó para rodear su cintura.

Haruka gruñó, hundiendo su boca en el pulso de la chica. "Si quieres que sea un caballero, este es el momento para decirlo."

"A-A-Ah." Yaten balbuceó, estirando su cuello para dar acceso. Sus propias manos se soltaron, tomando turnos entre apretar un glúteo de Haruka y jalar de sus cabellos cobrizos. "Cállate."

De acuerdo.

Haruka la tumbó de regreso a la cama, posándose sobre ella, momentos después. Las cobijas cubrieron a Haruka hasta la cabeza, sus jadeos siendo escandalosos por la cabina. El blusón de Yaten fue subido sin más preámbulos. Haruka besó el valle de sus senos, un pezón, y luego el otro—los jalones a su cabellera sólo empeoraron, en consecuencia.

"Astros." Yaten maulló. "Puedes usar esa bocota para mejores usos, ¿quién lo diría?"

Haruka succionó un pezón hasta extraer ligero dolor; la chica bajo ella pareció electrocutarse. Bien. Que esa fuera una lección. Las piernas de Yaten se colgaron de Haruka sin esperar por permiso. Su efusión pronto escaló, y Haruka presionó sus pelvis juntas, fricción siendo el objetivo.

Yaten pareció sorprendida con las sensaciones resultantes. "Su-Sugoi."

Haruka suavizó su ataque, besando entre medio de los senos de la chica para subir de regreso a su cuello. "¿Seguro que quieres hacer esto con alguien como yo?" No entró en detalles, o puso el entusiasmo de Yaten en tela de juicio. Sólo quería cerciorarse que este encuentro fuera entre dos personas, que en verdad lo desearan.

"No bromeabas con el acto de caballerosidad." Yaten suspiró, ojos aparentemente cerrados, cuando Haruka restregó su mejilla abochornada con la punta de su nariz. "Tienes un corazón, que lindo."

Antes de que Haruka insistiese, Yaten presionó su boca contra la suya en otro beso. Esta vez, Haruka batió tanto sus cabellos, que deshizo su chongo. La respuesta de Yaten no fue verbal, sino un proceso de más caricias, sus propias manos escurriéndose por debajo de los pijamas de Haruka para explorar su torso. Sus minúsculas manos no fueron delicadas o inseguras. Aprisionaron los senos de Haruka con fuerza—casi en desafío.

Haruka siguió besándola, dejándole que hiciera lo que le viniera en gana. Por una noche, no quiso ser responsable por las decisiones de los demás, incluyendo las de Koneko. Por esta noche, sólo quiso darse este lujo y huir de las constantes pesadillas que le plagaban.

Había transcurrido un largo tiempo, desde que Haruka había besado a alguien remotamente interesante…

Brindó más fricción, ondulando su cuerpo. Más sonidos incoherentes brotaron de su amante. Haruka consideró su voz algo singular; chillona, aunque siempre demandante. No podía decir que le hubiera prestado atención en el pasado, cuando sus malditas canciones habían estado en cada radio de Japón.

El ocre de la pared sosteniendo la cama, tronó con los movimientos drásticos. En la oscuridad, un brazo de Yaten voló a la ventanilla por soporte, trabajando en contra ritmo a las caderas de Haruka, una vez que descubrió que, entre más velocidad, mayor estimulación.

"Uh, mierda." Haruka gruñó. Luego, se transformó en una carcajada ronca, al percibir la cueva de mantas comenzar a deslizarse al suelo. Yaten estaba perdida, sin embargo, buscando por la boca de Haruka de nuevo. "A-Aguarda."

Yaten renegó, intentando seguirle el rastro cuando Haruka rompió con el beso.

Haruka deslizó los pantalones de satín. Gruñó, frustrada cuando éstos mostraron más resiliencia de lo esperado. Fue el turno de Yaten de reír, por fin moviendo un dedo para auxiliarla.

"¡Hace frío!" La mujer siseó, una vez semidesnuda, jalando de vuelta las cobijas.

"No lloriquees. Te mantendré cálida." Regresando a cubrir a Yaten con su cuerpo, Haruka encontró los pantis de la mujer húmedos—arruinados. Mierda. La misma Haruka gimió. ¿Por qué esta maldita cama tenía que ser tan pequeña?

"Oh, Haruka." Yaten jadeó contra la almohada, inconsciente de la sensualidad de sus acciones. Haruka otorgó un beso en su lóbulo. En su frente. Masajeó a la chica, sabiendo que poco faltaría para que Yaten llegara su cúspide. "Estrellas, oh…"

La besó para apaciguarla, sus frotando su centro sobre el material de su ropa interior.

Yaten se sujetó de sus hombros, encajando sus uñas.

En el ultimo momento, Haruka hizo de lado el obstáculo, sus dedos tallando el centro húmedo con movimientos acelerados. El vientre de Yaten se estremeció con la estimulación, despegándose del colchón para perseguir sus dedos. Fue rápido—Haruka supo cuando la tensión se quebró, el orgasmo de Yaten siendo manifestado con un maullido ahogado.

Haruka la dejó flotar en la dulce nube, siendo cuidadosa de no sobre-estimularla. Regresó la ropa interior a su lugar, acoplando las piernas de la chica para que pudiera acurrucarse alrededor de Haruka, sin correr el riesgo de caerse al piso.

Le sorprendió, cuando Yaten no quiso romper su abrazo.

Haruka suspiró. ¿Cuándo había sido la ultima ocasión que había sido acogida de esta forma, por alguien distinta a Michiru?

"Te aplastaré con mi peso, créeme. Será mejor acomodarnos como antes."

"Shh." Yaten colocó un dedo sobre sus labios, prácticamente, babeando sobre el hombro de Haruka. "No arruines el momento, baka."

"Oi." Haruka refunfuñó. Luego, su ofensa se derritió—así como parte de su cerebro—cuando una de las piernas de Yaten se cruzó entremedio de las suyas.

"¿Así está bien?" Yaten le coqueteó, alzando su pierna hasta doblar su rodilla.

Haruka se sostuvo del trasero de la chica, sus caderas ya entrando acción. Embistió, al mismo tiempo que jaló del cuerpo bajo el suyo. Se alzó sobre Yaten para sostenerse mejor. Encontró los ojos de la chica resplandeciendo en la oscuridad. Que no tuviera tabiques para observarla en un acto así de vulnerable, provocó que Haruka quisiera evadirla.

"Bésame." Jadeó.

Yaten se levantó ligeramente para concederle el deseo. La madera volvió a crujir—Haruka gruñó par sí, evocando que tan húmeda Yaten había estado por ella, para ayudarle a llegar a su clímax. Los sonidos, por Kami-sama. Kou Yaten era escandalosa, presuntuosa, e irreverente. Era bonita, sí. Una de las mujeres más bonitas que había conocida, hasta ahora—aun en aquel soso cuerpo masculino, Haruka lo había notado.

Lo que Haruka encontraba más atractivo, no obstante, era su personalidad. Su chispa. La chica ciertamente sabía poner a Haruka en su lugar…

"Dios, Haruka… hasta para esto eres tan intensa." Se le fue murmurado en su oreja. "Apúrate, por favor, porque demando una repetición, lo más pronto posible."

Shimatta.

Sus embestidas aceleraron por un breve periodo, Haruka pronto entiesando su cuerpo con el golpe de su culminación. De su centro, delicioso alivio se expandió por su ser. Haruka ciñó a Yaten en sus brazos, dejando que la gravedad las guiara de vuelta a la cama.

De alguna forma, fue Haruka la que terminó estrujada contra la pared. Yaten no le dio las espaldas, enredándose a la terrícola como una esponja en busca de todo el calor que podía ofrecerla, cara a cara. Haruka masculló unas cuantas quejas por el tratamiento de sardina, pero, claro que completamente ignorada.

Al final, Haruka se dio por vencida, sosteniéndose de un glúteo de la chica, y acolchonando su cabeza con su brazo inferior. Sus ojos se sintieron pesados con las endorfinas; sus músculos relajados, se sumergieron en aquel estado letárgico que siempre proseguía a un buen orgasmo.

El bostezo de Yaten le indicó que no era la única víctima de los efectos somnolientos; sólo sería cuestión de tiempo para que ambas fueran arrastradas a un profundo dormir, lo quisieran, o no.

El segundo round tendría que esperar.

Bostezando por igual, Haruka sonrió.

De tan sólo imaginar la expresión en el rostro de Sailor Fighter, si llegara a descubrirlas teniendo sexo mañanero, le hizo sumergirse en sueños mucho más dulces y tranquilizadores, de los que había tenido desde la batalla contra el Caos.


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Fin de Parte 5.

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NdA: Juro que, si no logro convertir a la gente que aún no está segura del Haruka/Yaten con este intenso Lemon, entonces no sé si sus almas podrán ser salvadas.

Ufff, este capitulo no fue facil, guys.

*Admito que me siento muy sobreprotectora de este capitulo en particular porque fue muy desfiante para escribirse. Lo empecé, borré la primera mitad y volví a comenzar. Pero al final, me gustó mucho como terminó. En efecto, Usagi está trabajando por conocerse a sí misma, y será un trabajo en proceso por mucho años. Agréguenle a eso, que está embarazada, que todavia ni se gradua de la preparatoria, y que básicamente está comenzando desde cero, dejando de lado a Chibiusa y el famoso destino que se creía. Como ella misma lo dijo, puso su vida en pausa en la Tierra. Claro, todavia quedan temitas que abordar en los siguientes 2 capitulos, tanto de parte de Seiya como de Usagi, y está bien. Todo a su tiempo. ;)

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