"Ad Astra."

Por B.B. Asmodeus.


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Parejas/interacciones principales: Kou Seiya (Sailor Star Fighter)/Usagi Tsukino (Sailor Moon). Kou Yaten (Sailor Star Healer)/Haruka Tenoh (Sailor Uranus).

Relaciones secundarias: Usagi Tsukino (Sailor Moon)/Haruka Tenoh (Sailor Uranus) sin corresponder (es complicado, ejem). Insinuaciones de Kou Seiya (Sailor Star Fighter)/Otros personajes originales. Haruka Tenoh (Sailor Uranus)/Michiru Kaioh (Sailor Neptune) (en recuerdos del pasado).

Rating de este capítulo: "I" de INTENSO.

Categorías/Advertencias: Saltos en el tiempo. Realidad Alterna de Temporada Sailor Stars. Humor. Romance. Drama. Hurt/Comfort. Temas de ansiedad y ataques de pánico. Lenguaje fuerte. Embarazo adolescente. Embarazo no planeado. Temas de sexo sin protección entre dos menores de edad (aunque depende del criterio de cada país). Infidelidad.

Notas especiales:

(a) He bautizado este capítulo como el "Haruka-Centric" que todos merecemos leer.

(b) SIENTO MUCHO LA TARDANZA.

(c) Este capitulo va dedicado a Fabi y a Martha, que por ahí me enteré de que las vacunaron con la segunda dosis y no se sentían muy bien con esos efectos posteriores. ¡Espero ya se sientan mejor!

Sinopsis: Post-Stars. Usagi Tsukino deberá superar una batalla más mortal que la encarnada contra el Caos: crecer. Al menos tendrá compañía.


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7.

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"«Empiezo una nueva vida,

un rompecabezas,

que tendré que armar.»"

-Aterciopelados.

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5 meses antes.

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"¿Estás segura de que nunca percibiste algo en tu espejo?"

Michiru no se inmutó de su posición en el sofá. En la mesa del centro de la sala, el té que Setsuna había servido tenía tiempo de haberse enfriado.

"Mi respuesta será la misma que hace tres horas, Haruka. Necesitas tranquilizarte."

"Estamos hablando de una anomalía; un problema. ¿Cómo pudo ser que no hubo indicios en tus presagios?" Haruka se redireccionó a la otra mujer en su compañía. "¿Cómo puede ser que no hayas sentido algo fuera de la norma?"

"Al contrario." Setsuna levantó su flequillo con cansancio. "Nuestra línea del tiempo no ha dejado de desprender acontecimientos nuevos desde hace mucho tiempo. Lo sabes. El escape del Caos en esta línea fue una alteración, así como muchos actos que prosiguieron."

Un gruñido cortó la condescendencia. "Saben a lo que me refiero." Haruka regresó del balcón de la sala, desbalanceada en más sentidos de uno. "¿Creen que es una broma? ¿Me miran sonriendo?"

"Haruka."

"¿Cómo pudo haber sucedido?" Haruka imploró ante sus acompañantes, incrédula con su exterior tranquilo y mesurado. ¿Dónde se encontraba el shock? ¿La iniciativa? ¿La negación? ¿El enojo? "¿Cuándo diablos, pudo suceder?"

"¿Bajo tus propias narices, quieres decir?" Michiru fue hielo bajo presión, fría ante la personalidad intensa de alguien como Haruka. "Es lo que en verdad debe molestarte, después de todo."

Haruka abrió su boca.

La cerró.

Gruñó.

La volvió a abrir.

"Sólo puede existir una Heredera. Una sola descendiente de la Corona Lunar por generación. ¿No es lo que siempre has dicho, Setsuna? Si ese bebé no se trata de la Pequeña Dama, entonces su existencia ha sido hurtada por otro ser. ¿Por qué no ven lo mismo que yo? De que esto es un problema de alta magnitud y necesitamos arreglarlo."

Michiru y Setsuna compartieron una larga mirada.

Desesperación corrió por Haruka por la inacción. "Digan algo."

Michiru se levantó con un suspiro. "Está hecho, Haruka. Tsukino-san no aceptará otra alternativa. Las sugerencias de Setsuna fueron rechazadas. No podemos forzarla a tomar otras opciones. Si desea criar a este bebé como suyo, es su decisión."

Haruka cerró sus ojos.

"Las Inner Senshis la apoyan, así como el Príncipe."

Haruka resopló por sus narices. "El Príncipe." Reiteró con burla. "Tal falta de espina dorsal, jamás se había presentado frente a nuestros ojos. Claro que el Príncipe la apoyaría. Al parecer todo es fácilmente intercambiable para él… Siempre sospeché que el hombre sólo se dejaba llevar por las nociones del futuro por la conveniencia de todo el asunto, y ahora más que nunca estoy convencida de ello." Sus puños se encorvaron. "Ni siquiera está peleando por su propio destino. Si es así de fácil para él dejarlo ir, quiere decir que nunca estuvo realmente apegado a él."

"Como sea el caso." Michiru la sostuvo de los hombros. "Haruka, esta pelea no recae en ti. Ni en mí. Ni en Setsuna."

"Debe recaer en alguien." Haruka se deshizo de las manos de la violista, sintiéndose asfixiada con la jaula de su propia creación.

"El tiempo fluye de manera continua, Haruka. Puede ser que la Pequeña Dama haya sido… dislocada de su posición en esta línea del tiempo, pero eso no significa que haya cesado de existir en una línea alterna."

"¿Cómo puedes estar segura?"

"No lo estoy." Setsuna recogió la taza de té que Koneko había dejado atrás. "Pero preguntaré a las personas adecuadas en la cadena de comando para obtener un tipo de garantía al respecto."

"Iré contigo."

Setsuna sacudió su cabeza. "Es prohibido. Lo sabes. Únicamente servidores del Tiempo pueden entrar la base de las Moiras. Regresaré tan pronto sea posible." La mujer se detuvo frente a Haruka, analizándose de pies a cabeza. "Recomiendo que tengas en orden tus sentimientos a mi regreso. Que vuelva con respuestas no significará que las respuestas serán de tu agrado."

A solas, Michiru se volvió a acercar. Haruka rotó su mirada hacia las puertas abiertas del balcón. Afuera, disfrutando del día soleado, las risas de Hotaru eran detectables, junto a la voz de Koneko.

"Esa niña te aprecia."

Haruka tragó saliva.

"Te admira. Vino aquí a darte la cara para decirte lo que sucedía porque le importa mucho tu opinión, Haruka. Es obvio… que no desea decepcionarte."

Haruka apretó sus dientes juntos. -¿Ahora sí le importa lo que yo piense?

Las comisuras delicadas de Michiru se elevaron en un mohín ligero de humor, el brillo de su mirada hablando de una broma a las expensas de Haruka. "Y sé que en el fondo… este enojo está brotando de un lugar más complicado, ajeno al tema de líneas del tiempo siendo modificadas."

"No empieces." Haruka rodó sus ojos.

"Oh, sí. Lo haré." Las manos de la mujer rodearon sus rostros. El aroma al perfume de Michiru le inundó. "Haruka, lo intentamos." Michiru se encogió de hombros. "Aun así, esos dos se las ingeniaban para volver a encontrarse, tumbando todo impedimento. Creo que si ese tipo de fuerza… Bueno." Los dedos de la mujer se intercalaron con los cabellos de su nuca. "Si resultó ser más poderosa que cualquier Destino, difícilmente tu berrinche cambiará la realidad."

Haruka fue sujetada de los hombros, girada sobre su eje, y empujada hasta la salida de la sala.

"Ahora, ve y discúlpate por tu comportamiento grosero de hace un rato. ¡No vuelvas hasta que no lo hagas!"

"¿Disculparme yo? ¿Por qué demonios debería disculparme?" Haruka murmuró para sí, manos adentrándose a sus bolsillos. "Bonita cosa."

En el patio trasero de la propiedad, Hotaru le mostraba a Usagi Tsukino las flores que había estado ayudando a crecer junto con Setsuna. Ambas caminaban descalzas y con los pantalones remangados, señal de que habían aprovechado la frescura del lago por un rato.

Cualquiera pudiera pensar que nada fuera de lo normal había ocurrido este sábado. Haruka podía fingir por cinco minutos que esta visita de Koneko había nacido de simple placer por verlas y ya. Nada de revelaciones de bebés ilegítimos de procedencia alienígena, no, Señor.

Haruka respiró hondo, antes de salir por entero, dejando el umbral.

El sol del mediodía brillaba en lo alto.

Pero nada resultaba igual de radiante que el astro inhabitando a su Princesa. Cómo Haruka no lo había percibido antes, no tenía explicación.

"Hotaru." Haruka llamó, caminando hacia el par. "¿Podrías darnos un momento a solas?"

Reincorporándose de su posición sobre las flores, Hotaru frunció su ceño.

Haruka tragó saliva, sabiendo leer el mensaje sen su mirada.

-No la aflijas.

Inclinó su mentón para indicar que trataría de portarse bien. Hotaru intercambió una mirada con Usagi—Haruka notó los nervios viniendo de la rubia y se sintió bastante ofendida. ¿En verdad habían esperado que Haruka no gritara, cuando Koneko había aventado aquella bomba?

"Está bien, Hotaru." Usagi le sonrió, sobando su cuello. "Quisiera hablar con Haruka por igual."

"Es hora de comer. ¿Por qué no pides pizza para el almuerzo?" Haruka gruñó a lo bajo. No perdió de vista la emoción saliendo de los ojillos de Koneko con la mención. Algunas cosas nunca cambiaban.

"¡De acuerdo, pero no tarden! Todavía falta darte el recorrido por el cuarto de música y el invernadero, Usagi. ¡Créeme, te encantarán!"

"¡Wow, suena muy divertido! No tardaremos, lo prometo." Usagi se despidió de Hotaru con un meneo de sus manos, sonriendo con dulzura.

Haruka, impaciente, contó los segundos que tomó Hotaru para volver a entrar a la casa.

Koneko colocó sus manos detrás de su espalda, regresando su mirada al lago. "Tienes una casa muy bonita. ¡No puedo creer que todo este lugar sea tuyo, Haruka! ¡Es impresionante!"

Al morder el interior de su labio, Haruka probó sangre. -No grites. La asustarás. No grites. La asus—¿Por qué tenía que ser él? ¿Por qué?

"Sería divertido si un día de estos podemos invitar a todas las chicas, ¿no crees? El agua del lago está deliciosa, perfecta para tomar un día de descanso."

Haruka extrajo sus puños de sus bolsillos. Dio un paso. Dos.

"Ahora que tenemos que prepararnos para el examen de admisión a la universidad, creo que nos caería bien relajarnos. ¿Eh? ¿Haruka? ¿Qué pasa?"

Haruka aclaró su garganta, deteniéndose justo a narices de distancia de Koneko. "Verás."

Los aretes de Koneko simulaban a dos donas con chispas de colores. Bajo su inspección, Haruka notó que la chica vestía ojeras. Haruka podía imaginar las múltiples noches en vela que la chiquilla debería estar sufriendo. No era para menos. Haruka sufría de sus propias pesadillas.

"Grito cuando estoy molesta." Ladró.

Koneko parpadeó. "Oh. Sí, lo sé. Me has gritado antes."

"Pero, no es contigo con quién estoy molesta. No en verdad. Es ese sujeto—Lo que sucedió. Estoy segura de que—" Levantó sus manos al cielo, consumida con distintas emociones. "¿Por qué querrías encontrarlo? ¿Por qué? No es necesario. Podemos seguir adelante, todos."

Usagi lució como su contraparte, Sailor Moon, al mirarla de frente y sin flaquear. "Es lo correcto. Seiya tiene ese derecho."

Haruka apretó el tabique de su nariz. "De acuerdo. El futuro ha cambiado. Lo puedo aceptar." Haruka batió una mano al viento. "Hecho. Trauma superado."

Los ojos de Koneko engrandecieron con confusión.

"Sin embargo, si las reglas han cambiado, entonces date cuenta de esto: yo puedo protegerte." Haruka dejó escapar de su garganta, un vestigio de aquella complejidad de la que Michiru tanto hablaba. Aquella esfera hecha de ligas, pegamento especial, y mucho plástico adhesivo para contenerla bajo control. "Yo puedo cuidar de ti." Su mirada bajó al vientre de la chica por un segundo. Trató de visualizar el futuro y encontró que el futuro le dio pavor, por primera vez en su vida. "De ustedes dos. No necesitas a ningún Príncipe de mente liberal, ni mucho menos ir en búsqueda de agujas en pajares por el otro lado de la Galaxia, queriendo encontrar a esa alienígena."

"Haruka." La joven se mostró sorprendida.

"Así que…" Haruka se forzó a continuar. "Lo siento por gritar. Me tomaste por sorpresa."

"E-Entie-e-ndo." Una tambaleante sonrisa apareció en el rostro de la joven; ojos mostrándose ligeramente llorosos.

Oh, no.

En un segundo, Haruka se encontró envuelta en un remolino de colores y emociones llamado abrazo.

"¡Eres una gran amiga, Haruka!" Vino el lloriqueo sobre su pecho.

Incómodo, apenas cubrió la experiencia. Haruka dio unas palmaditas a la espalda de la joven. "S-Supongo."

Koneko restregó su rostro por su chaqueta. "¡Lo que has dicho… es muy LINDO de tu parte!" Lágrimas se salpicaron como fuentes por todas partes. Haruka comenzó a echar vistazos hacia la ventana, esperando que alguien acudiera a su auxilio. "Gomen, sé que te he decepcionado mucho, Haruka."

"Tranquila, ya pasó." Haruka masculló con urgencia. "Estaba sorprendida, ya te lo dije. Sólo eso." Los sollozos parecieron tranquilizarse al comenzar a sobar sus espaldas, así que Haruka continuó con la táctica, recordando las ocasiones que había tenido que hacer lo mismo con Hotaru. "¡Cero decepción, lo prometo!"

De su pecho se asomó el rostro húmedo y enrojecido de la chica, limpiando sus mocos en la chaqueta de Haruka. "¿Lo dices… en serio?"

Haruka asintió con énfasis. "Así es. Deja de llorar, ¿de acuerdo? Puedes contar conmigo, Koneko. Para lo que sea."

"Entonces me ayudarás… ¿A encontrar a Seiya?"

Haruka achicó su mirada. "No presiones tu suerte."

"¡De acuerdo!" Usagi sonrió entre el desastre de fluidos y mocos cubriendo su cara. "¡Me conformo con que no estés molesta conmigo!" La chica se le sujetó de un brazo, todavía resoplando por su pequeña nariz. "Sabes que te quiero mucho, ¿cierto, Haruka?"

Oh, por todos los demonios.

"Perdono, pero no olvido, Koneko. Si vuelvo a tener a ese patán enfrente de mí, no esperes—"

"¡Está bien, lo que tú quieras!" Usagi se dejó a arrastrar por el patio de una manera que debía estar resultando muy graciosa para las inquilinas de la casa—porque Haruka estaba segura de que estaban siendo espiadas.

"¡Y respecto a Chiba-san, no esperes que nos mantengamos aliados a ese tipo de pacotilla un minuto más! Si piensa volver a Estados Unidos, entonces que siga con su vida, no lo necesitamos."

"Mm-hmm. Sí. Lo que tú quieras." La chica repitió, asintiendo sin parar. "¡Hasta puedes gritarle, Haruka! No me interpondré en tu camino, lo prometo."

Vindicación placentera invadió a Haruka, entonces. Por fin, alguna ganancia tuvo que salir de este asunto.

Michiru las recibió dentro de la casa, una expresión muy peculiar en su rostro. "¿Puedo asumir que han hecho las paces?"

Usagi fue alejada por Hotaru, despegándose del costado mocoso de Haruka. En el recibidor, ambas observaron a las chiquillas regresar a la sala para tomar de sus limonadas recién preparadas. Según Hotaru, el almuerzo ya venía en camino.

Haruka inspeccionó el desastre de su chaqueta. Suspiró.

"¿Haruka?"

"Sí, seguro." Distraída, Haruka se dirigió al cuarto de lavar. Sintió la presencia de Michiru seguirle.

En el cuarto de lavar, Setsuna había dejado la radio encendida encima de la secadora. Una canción de City Pop resonaba con la voz de Mariya Takeuchi.

"Su estrella es deslumbrante."

Haruka metió su chaqueta a la lavadora. Cerró la puertilla con fuerzas. "¿Por eso Hotaru fue la primera en redoblarse a esta locura?"

"Insiste en que este acontecimiento debe ser apreciado, no tratado con rechazo. La calidez de la estrella interior de nuestra Princesa jamás había desprendido un efecto así. La transferencia de los sentimientos que transmite…"

"No lo digas." Haruka gruñó, volteando a verla, brazos cruzados.

Michiru le sonrió, sacudiendo su cabeza. "El amor es subjetivo y conlleva más de una sola tonalidad en su espectro, Haruka. Como hayan sido las circunstancias de la concepción, no podemos negar que las connotaciones que los hayan llevado a esto…"

"Me importa un bledo las connotaciones, Michiru. Ese sujeto no tenía ninguno derecho en…" Haruka se forzó a respirar hondo por el bien de su presión arterial. "Quiere ir a buscarlo. ¿Puedes creerlo? Sigue empeñada en la idea."

Michiru se acomodó a lado suyo. Ambas se concentraron en las vibraciones de la lavadora.

"A pesar de tus protestas, no te apartarás de su lado, ¿no es así?"

-"¿No te despedirás de esa niña?"

Haruka achicó su mirada con detenimiento. El tono de Michiru en repetidas ocasiones solía optar por una entonación de triple significado cuando el tema a traer era su Princesa. Haruka no era obtusa al respecto, aunque eso no quería decir que Haruka estuviera lista, o con ganas, de abrir esa lata de gusanos.

"Ninguna de nosotras lo hará. Es bastante obvio."

"No creo que cada una de nosotras esté siendo motivada por las mismas razones." La cabeza de Michiru se acomodó en su hombro. "…Siento culpa. Así como, remordimiento."

Fue instintivo rodear a la mujer en sus brazos. Acomodó su mentón en el tope de los mechones aguamarinas.

"Michiru."

Una bofetada ("Esta es la realidad"). Crueldad en sus palabras. Múltiples asaltos físicos. Traición a sus amigas más cercanas. Haruka estaba perfectamente consciente que la sangre en sus manos sólo se había condensado, tras la batalla contra el Caos.

"Fue mi idea." La garganta de Haruka raspó contra la declaración. "Tu alma es libre, Michiru. Déjame a mi cargar con esto."

Otra melodía de pop adolescente reemplazó la actual. La música fue el único sonido por mucho tiempo.

Eventualmente, Michiru se reincorporó, girando su cuerpo hacia Haruka con inevitabilidad. Manos suaves rodearon su rostro, levantando la mirada de la rubia de la pared opuesta. El aliento de Haruka saltó—la belleza de Michiru siempre era un sobresalto para sus sentidos. Sin importar el pasar del tiempo.

"Mi querida Haruka. Siempre dispuesta a ser la más fuerte." Agridulce, fue la sonrisa dedicada. "No puedes darme expiación, por más que lo desees. Es algo que debo lograr por mi cuenta. Oh, no luzcas así de preocupada—tenemos tiempo."

Haruka se ancló a la suavidad de la promesa.

Tenían tiempo.


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Actualidad.

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No había tiempo de sobra.

El tren había alcanzado los primeros límites del Distrito Froid.

Haruka se recargó fuera de la ventanilla, su atención fija en las murallas metálicas a la distancia. El mar oscuro los acompañaba por el camino a lo incierto, apegado a la orilla por donde las vías del tren, ahora los transportaba.

"Falta poco. Media hora máximo, para rodear la ciudad y arribar al Alto Castillo por medio de la estación central."

De reojo, Haruka distinguió a Yaten Kou enredarse su gruesa bufanda en otro estilo distinto al de las previas cuatro modalidades que ya había puesto a prueba.

"Desde aquí, no hay mucho que ver." Haruka regresó al mar, analizando las similitudes y las diferencias con los mares terrícolas. Raramente, no distinguió la esencia salina que era de esperarse en la Tierra.

"Espera por la gran revelación." La chica se le acercó, con su codo golpeándola para que Haruka le hiciera espacio. "¿Ves esas murallas que protegen a la ciudad? Están hechas de roca metamórfica conocida como naquadah. Es un material natural que no podrás encontrar en tu planeta, su dureza y resistencia no tiene comparación ni para el resto de la nación. Es lo que hace Sang Froid tan especial. Es conocida como la Ciudad Impenetrable."

Haruka se preguntó como tal monumento de roca había resistido en contra de Sailor Galaxia. Supuso que preguntar sería de mal gusto.

"El tren entrará por el túnel justo…" Yaten revisó su intercomunicador de muñeca. "¡Ahora! Será mejor que cierres las ventanas. No ayuda con la claustrofobia, créeme."

Con un gruñido, Haruka siguió la recomendación. Quería salir de la cabina, del maldito tren por entero. Extrañaba la tierra firme. El aire fresco. Quería dejar de sentirse como un ave enjaulada. En su impaciencia, atravesó el espacio separando las suites, volviendo a cerciorarse de que su maleta estuviera lista.

Así fue. La quinta revisión no cambió la realidad.

Dándose por vencida, Haruka se tiró sobre la cama, dejando caer una pierna y su brazo. Rodó sus ojos al techo.

"¡Ja! Y me llaman a mí la inmadura. ¿Vas a hacer un berrinche por no querer esperar media hora más?" Escuchó desde la otra suite. Luego, los pasos de las botas de su acompañante le siguieron.

"Quiero salir de esta sardina." Haruka gruñó.

La cabeza peli-plateada de la mujer apareció sobre ella.

"Puedo distraerte."

Haruka sonrió al techo. Pensó: Ya lo haces. "Deberíamos ir a—"

Usagi Tsukino tenía poderes psíquicos, o simplemente vivía de las coincidencias. La puerta de Haruka recibió dos golpecitos en ese mismo momento, la voz de su Princesa oyéndose tímida. "¿Haruka, estás allí?

Yaten se escurrió de vuelta a su suite. Haruka suspiró. "Claro, adelante, Koneko."

"¡Hola!" Usagi abrió la puerta con una sonrisa. Lo primero que Haruka notó fue el abrigo creado de los espejismos de Michiru. El estómago hinchado fue visible para Haruka, no obstante, debido a su inmunidad ya establecida.

"¿Asumo que has estado haciendo pruebas?" Haruka apuntó al abrigo mostaza. Koneko asintió, ligeramente sonrojada.

"Todavía funciona. No es como si la mayoría de los pasajeros hubiera prestado tanta atención a mi estómago." Unas risas no muy asertivas salieron de los labios pintados de durazno de la chica. "No quiero arriesgarme a causar problemas." La chica se sentó en la orilla de la cama de Haruka, hombro a hombro con su guardiana. "¡Estoy nerviosa, Haruka! No sé qué esperar."

Haruka no se molestó con dar consejo inútil. "Debes estar lista. Cuestionarán tu presencia, y debes tener muy claro el objetivo de tu visita."

"Ya he leído las recomendaciones de Seiya. Básicamente solo debo sonreír y asentir." Usagi resopló por sus narices. "La Subteniente Mortimer nos acompañará de cerca, Seiya dijo que será nuestra escolta y traductora. Por favor, no pelees con ella, Haruka. ¡No quiero dar una mala impresión!"

Haruka se limitó a liberar un gruñido entre dientes.

"No debes preocuparte." Haruka tomó una mano de la chica. Estrechó sus dedos para darle fortaleza.

El semblante de la chica resplandeció considerablemente con sus palabras. Haruka recordó entonces la voz de Michiru. –"Te admira."

"Al final del día, nos debe importar poco lo que piensen. Fuimos invitadas a vacacionar, ¿qué no?"

"¡Hai, hai!" Usagi se enganchó al nuevo punto de vista. El chillido de los frenos recorrió el tren, asustándola a la chiquilla.

Yaten abrió la puerta deslizante de nueva cuenta. "El tren está por detenerse." Una sonrisa malvada levantó los labios rosados. "Que empiece el espectáculo."

Usagi se agarró del brazo de Haruka, de vuelta a ser una gatita asustadilla. "Asentir y sonreír, asentir y sonreír. No se te olvide, Usagi."

"¡Vamos! Mortimer debe estar buscándote, Usagi. Será tu escolta." Disfrutando del suspenso, Yaten no elaboró en detalles sobre qué clase de recibimiento tendrían. No que a Haruka le importara; había sido honesta en su opinión.

Salieron de la cabina justo a tiempo. El tren se detuvo bajo sus pies. Koneko se acercó de inmediato a la ventanilla del pasillo.

"Wow. Haruka, mira… ¡Es un castillo! ¡Un verdadero castillo!"

Haruka emitió un sonido de apreciación. Habían rodeado la ciudad por entera, al parecer, para lograr culminar en el punto más alto de la ciudad apegados a la zona montañosa. El castillo que divisaron estaba cubierto en nieve, al igual que el resto de los múltiples techos que se deslindaron kilómetros debajo de la imponente estructura.

"¡De vuelta a casa!"

La voz de la Subteniente Mortimer atrajo la atención de Koneko, por alguna razón, haciéndola sonrojar con bochorno.

"Mortimer-san, bu-buen día."

Mortimer se limitó a dar un saludo militar. No hubo rastro de comportamiento descarado. "Señorita Tsukino, Señorita Tenoh, seré su escolta por el día de hoy. Permítanmelo guiarlas a la plataforma de recibimiento de la Estación Central. Tengo órdenes de que nuestro desembarco debe ser por el primer nivel."

Koneko se movilizó con el empuje que Haruka le dio a sus espaldas. "¿Dónde está Seiya?"

Mortimer colocó sus manos detrás de sus espaldas mientras esperó que ambas terrícolas caminaran al otro nivel. "Ya desembarcó. Es parte del grupo de bienvenida. Tuvo que adelantarse."

"Oh, sí, lo mencionó." Usagi murmuró. "Los nervios me están afectando." La chica sobó su nuca.

Un poco de la Mortimer que habían conocido regresó en la sonrisa a labio cerrado que curveó su rostro. "Nada de qué preocuparse. Los alcanzaremos, Vienna."

En el camino al primer nivel del tren, se percataron de que Yaten se había escabullido de su compañía, probablemente uniéndosele a Sailor Star Fighter en el grupo de bienvenida.

"¡Kami-sama! ¡Está helado!" Fue lo primero que Koneko expresó al bajar del tren. Haruka miró con desaprobación el abrigo mostaza de la chica y retiró su gruesa bufanda para enredarla de inmediato alrededor del cuello de la chiquilla. "Gracias, Haruka."

"Sé que querías aprovechar el espejismo, pero ese abrigo difícilmente podrá auxiliarte con el frio. ¿No hay alguna forma de trasferir la magia de Michiru a otra prenda?"

"Creo que sí, pero necesitaría que estuviera conmigo." Koneko suspiró. "Su increíble habilidad no trabaja a larga distancia, Haruka."

Genial.

"Mantente cerca de mí, entonces." Para enfatizar la orden, su brazo oprimió a la rubia lo más cerca posible a su costado para compartir calor. A Koneko no se le tuvo que decir dos veces.

Sus maletas estaban siendo desembarcadas. Haruka pasó una mirada por la estación. Estaba cubierta en nieve. Nada mayormente extraordinario, en su opinión. La estación de la Capital había estado en mejores condiciones. "¿Y ahora, para dónde?"

"Síganme." Mortimer se colocó al frente y dos de sus lacayos detrás de Haruka y Koneko, en signo de protección. Los guio hacia el interior de la estación de tren, donde no encontraron mucho que admirar. La misma gente que había desembarcado con ellas, se apresuraban a su destino, o conversaban con otras personas que las recibían. Mortimer las encaminó a la sección de elevadores, estos siendo un modelo inferior a los ya había conocido en la Capital. "Primero las damas." Mortimer abrió las puertas externas de red metálica, invitando a ambas rubias a treparse.

"Otra jaula. Comienzo a sentirme como un pájaro." Haruka murmuró.

Usagi rio un poco con el comentario, sosteniéndose de su brazo aún. Con su mano libre, acariciaba lo bajo de su vientre—una acción instintiva a estas alturas.

Una vez todos dentro, el elevador ascendió. Haruka, curiosa, intentó leer la simbología del panel.

Luego, las paredes de la cabina se transparentaron justo frente a sus ojos.

Usagi se despegó ligeramente de Haruka, acercando su rostro al vidrio. "¡Haruka, por dios, mira!"

Desde el punto alto de la montaña, la ciudad de Froid se expandió a lo ancho de la planicie debajo. Haruka divisó el lejano mar oscuro delimitando el pueblo, sin congelar, a pesar de las bajas temperaturas. Las murallas formaban un anillo de acero en el perímetro exterior de la ciudad.

"Distrito Froid, la ciudad metálica." Mortimer recitó. "La capital de la Región de Kin-Norte. Casa de la familia de sangre fría conocida como los Sang Froid, actualmente siendo regida por la Condesa Severina. Froid es un área que consta de alrededor de 975 Jurgens—lo que equivaldría a 21.35 km2 en el Planeta Tierra, según he investigado."

"Es una ciudad pequeña a comparación con Tokio." Haruka tradujo a la mente distraída de Usagi Tsukino. "Difícilmente una metrópolis."

Mortimer le sonrió a labio cerrado, cierta broma no compartida reluciendo sus facciones.

"Es hermosa." Usagi repitió, fascinada. "Me recuerda a las zonas montañosas de mi propio planeta, Subteniente. ¡Aunque aquí los pinos son más regordetes!"

Mortimer parpadeó. "¿Regor-detes?"

Koneko enfatizó la descripción al encorvar sus brazos alrededor de su torso. "¡Sí, regordetes! ¡Así!"

Mortimer hizo un visible esfuerzo por disimular su deseo de reírse de las técnicas de la terrícola. "Estamos tomando un atajo directo al Castillo. La Teniente Star Fighter pidió que las lleváramos directo a sus habitaciones de huéspedes."

"Oh." Koneko se mostró sorprendida. Resopló aliviada. "Pensé que iríamos a conocer a la mamá de Seiya primero."

"La Condesa tiene una agenda muy apretada con su hija, Vienna. Según mi reporte, estarán horas encerradas discutiendo aburrida política y tratados de comercio. Aunque no te salvarás del desayuno del día de mañana. Tendrán un banquete listo para celebrar el regreso de la hija prodigio. Sin olvidar, que al estar en vísperas del Festival de las Flores de Hielo…"

"¿Festival? ¿Cuál festival?"

Mortimer batió una mano al aire. "Es una de las festividades de otoño de la ciudad. Cinco días llenos de comida, licor, desfiles nocturnos y moreka—Uuh, ¿supongo que ustedes los llaman fuegos artificiales?"

"¿En serio?" Koneko brincó sobre las puntas de sus botines. "¡Suena divertido!"

"Con más de 30 actividades dudo que te aburras." Mortimer se encogió de hombros.

"¿Treinta actividades, dices?"

"Veamos, está el concurso de esculturas de nieve," La mujer enlistó actividades con sus dedos, "desfiles nocturnos, las carreras de canoas sobre hielo, las guerras de nieve, el patinaje en el lago, los paseos por el arco Froid—ugh, y no recuerdo que tanto más han agregado por el pasar del tiempo. Este año solo me interesa sentarse y disfrutar de un buen Caribou frente a la chimenea." Mortimer sonó completamente nostálgica.

Haruka esperaba que Koneko no se emocionara de más, considerando que no podría participar en casi ninguna de las actividades que Mortimer había compartido. ¿Patinaje? ¿Carreras de canoas? Haruka ya podía imaginar los múltiples desastres.

El elevador se detuvo.

Haruka resopló. "Ya era hora."

"Vamos, no seas impaciente, pequeño erizo." Mortimer le guiñó el ojo, atravesando las compuertas.

Koneko cubrió su boca al escuchar el sobrenombre. Sus hombros tembladizos delataron sus risas, no obstante.

Haruka achicó su mirada en dirección de la Subteniente. Deliberadamente golpeó con su hombro las espaldas de la mujer en el camino de salida. "¿Dónde demonios nos encontramos?"

Mortimer se plantó a la delantera de nuevo. Estaban dentro de una de las alas del castillo, todo apuntada. En efecto, un atajo muy útil.

"Para evitar el alboroto de allá fuera, estamos tomando un camino más discreto hacia sus suites. ¡Uf! Conozco ese lugar como la palma de mi mano. No puedo creer que todavía no cambian el color de esta alfombra." Mortimer picoteó la alfombra verdosa con la punta de su bota. "¡Vamos, Vienna! ¡Podrás turistear después!" Llamó para atraer la atención de Koneko, quien había detenido frente a una de las esculturas decorando el pasillo.

"Que conveniente que no hay nadie a la vista." Haruka opinó en voz alta, analizando el interior del ala con detenimiento. Por las ventanas se reconocía un bullicio. Música. Tambores. O lo que fuera el equivalente en este lugar.

"Sí, ¿verdad?" Mortimer le respondió, sin en realidad respondiendo nada.

Koneko pausó varias ocasiones, muy tentada a asomarse por las ventanas. Ni Mortimer ni Haruka se lo permitieron, ganándose un enorme puchero que solo fue marcándose con el trascurso.

"¿Qué hay de malo que mire? Si están dándole la bienvenida a Seiya, me gustaría verlo."

"Tengo órdenes específicas." Fue todo lo que Mortimer articuló.

Eventualmente, el pasillo se fusionó en otro, y tras cinco dobleces, por fin llegaron a la puerta de una de las suites correspondientes a las visitas.

Los cadetes de Mortimer fueron los primeros en entrar, revisando el perímetro. Cuando comprobaron que nada sospechoso se escondía en los rincones, Koneko fue permitida a conocer la habitación.

"Es algo anticuada a comparación con los aposentos del Palacio de la Capital. ¿Pero qué no es anticuado en este viejo castillo?" Mortimer apuntó hacia la cama, la pequeña sala de estar, la chimenea encendida y el ropero, donde Haruka puso ver las maletas de Koneko sin haber sido desempacadas todavía. "Esa puerta da al baño—disfruta de la tina." Mortimer abrió más las cortinas de la recámara. "Al menos tienes una buena vista del lago!"

Koneko fue fácilmente seducida por la arquitectura híbrida entre lo viejo y lo moderno de la habitación. Haruka no fue convencida tan fácilmente.

"Este lugar es una pocilga."

"¡Haruka!" Los ojotes de Usagi Tsukino se encajaron en ella con desaprobación. "No digas eso. Disculpa, Mortimer—Yo creo que es bastante acogedor."

"Oye, yo opino lo mismo que ella." Mortimer se encogió de hombros. "Como dije ya, este castillo es tétrico, huele a moho en sus peores días, pero es el lugar donde tienen que residir los Sang Froid que estén en turno de gobernar. Que yo esté enterada, ni siquiera la Teniente está encariñada con este lugar."

"Uy, no sé por qué dicen eso. A mí me parece maravilloso. Esta habitación se parece a las de las películas antiguas de princesas." Usagi cruzó sus brazos, decepcionada. Se le pasó el berrinche rápido, sin embargo, al asomarse por las ventanas. "Cielos, es cierto. Es una vista genial. ¡El lago está congelado, mira, Haruka!"

"Podrás patinar más tarde, si quieres." Mortimer ofreció de manera casual, redirigiéndose a la salida.

"No le des ideas." Haruka gruñó.

"Dejaré a dos de mis cadetes afuera, Vienna. Si necesitas algo, úsalos. Tienen órdenes de obedecer tu más ferviente deseo."

Usagi se ruborizó. "Oh—Um. ¿A dónde vas? Pensé…"

"Debo revisar la seguridad del resto del ala." Mortimer abrió la puerta, lanzándole una sonrisa a la chica. "Pero no me extrañes tanto, estaré de vuelta antes de lo que pienses con nuevas instrucciones. ¡Ah! Y te conseguiré unas doncellas en el proceso. ¡No vayas a mover un dedo tú solita, eh! Esas maletas están pesadas."

"Arigatou." Usagi tartamudeó. "¡Shotto matte!" Haruka fue compartida una mirada nerviosa. "No es mi intención ser grosera." La rubia sobó su nuca. "Pero, ¿qué pasó con la recámara de Haruka?"

"Ah." La Subteniente encumbró una ceja, cero preocupaciones. "Como la Subteniente Star Healer ordenó, sus pertenencias se han guardado en conjunto con las de ella en su suite compartida."

Calor se fue directo al rostro de Haruka. "¿Cuándo rayos decidió eso?"

Mortimer parpadeó con inocencia muy bien actuada. "¿Oh, problemas en el paraíso tan temprano, pequeño erizo? Lo siento mucho por el error. Les daré a las doncellas que saquen tus pertenencias de su suite, entonces—"

"No es a lo que me refiero." Una mirada estupefacta de Usagi mandó a Haruka en pleno modo de pánico. "¡Digo, no es de tu incumbencia!"

Mortimer parpadeó. "Asiiiiii queeeee… ¿Las dejo ahí?"

"¡Sí!" Haruka batió su cabeza. "¡Quiero decir, no!"

Koneko se interpuso entre Mortimer y Haruka con sus manos enguantadas revoloteando. "¡No te preocupes, Subteniente! ¡Retiro lo dicho! ¡Yo no dije nada!"

"Oki-Doki." La maldita Subteniente cantó lo dicho con falsa dulzura. No que Haruka se tragara su acto.

A solas, Usagi tomó una enorme bocanada de aire, sus puñitos alzados en el aire.

"Ni lo pienses."

La chica chilló a todo pulmón, malditas estrellas casi saliendo de su mirada. "¡PERO HARUKA!"

"Dije que no. ¡No quiero hablar del tema!"

"¡Es lo que hacen las amigas! ¡Amigas hablan de este tipo de cosas!"

"Pues yo no."

"¡Awwwwwww!" Koneko comenzó a brincar con decepción. Una gran hazaña considerando el peso adicional. "¡No es justo! Es por mí que ustedes ahora son—"

"No somos nada. No te hagas ideas, Koneko."

Usagi carcajeó a todo volumen, "¡Oh, por favor! ¡Deberías ver la expresión de tu cara! Tienes todo al descubierto."

Maldita sea. "De acuerdo. Aun así, no te emociones."

Demasiado tarde. Koneko no dejaba de sonreír y brincar.

"Y deja de brincar así, no queremos que Junior salga de ahí antes de lo previsto."

"Lo sabía." Usagi creó un baile personalizado camino a la sala de la recámara. "Lo sabía, lo sabía. Te gustan bonitas y rezongonas como Yaten."

Haruka cerró sus ojos por un instante, respirando hondo. Maldita Mortimer. Esa jugada había sido sucia.

"¿Haruka? Sabes que puedes platicar conmigo de lo que sea, ¿verdad?"

Al abrir sus ojos, se encontró con la imagen de Usagi sentada en uno de los sofás—uno de los más acolchonados, parte de su humor suavizándose a una expresión más tranquila.

Haruka aclaró su garganta. "No estoy mintiendo. No hay mucho qué decir al respecto, Koneko."

"Claro que lo hay, si te gusta alguien." Usagi le sonrió. "Alguien nuevo."

Haruka comenzó a caminar a la sala por igual. "¿Alguien que no es Michiru, querrás decir?"

"Ajá." Usagi asintió.

"No sería la primera vez."

"¿Eh?"

Haruka sonrió para sí, sentándose en el sofá opuesto, más cerca a la chimenea. "Nada." Su mente regresó al pasado, a los sueños y a las fantasías que siempre había reservado sólo para ella misma. "Gustar es una palabra fuerte. Baja la velocidad, Koneko."

"No lo creo así. Debe de gustarte Yaten para ponerte así de nerviosa." La sonrisa tomó un ángulo más pícaro. "Ya decía yo que se estaban llevando muuuuy bien."

"No mezcles sentimentalismos con una mera distracción."

Koneko se mostró decepcionada. "Por lo que te conozco no eres de esa clase de personas, Haruka."

"¿Conocerme, dices?" Haruka resopló, árida.

"Así es." La joven levantó su rostro, haciendo muestra de sus apasionantes ideas. "Eres leal. Muy valiente. Uh… También eres una persona muy desconfiada, aunque con buenas intenciones en mente, claro." Koneko rio ligeramente. "Obtener tu respeto no es fácil, pero últimamente he visto, que al menos permites la oportunidad a otros de que puedan ganárselo. Te gusta cuidar de otros, aunque no te gusta hablar de ello—las acciones son las que cuentan contigo. Mmm. ¡Oh sí!" Aquí, Koneko bajó su mirada, tímida y dulce, una combinación que jaló de más las cuerdas emocionales de Haruka. "Sin olvidar… que eres una extraordinaria tutora para la pequeña Hotaru. Espero… espero que algún día yo pueda ser como tú, a decir verdad. Así de fuerte y segura de sí."

"No quieres ser como yo, Usagi." Haruka deliberó, tragando saliva. Ni en un millón de años, permitiría que Koneko se manchara las manos con los mismos pecados. "Existen partes de mi persona que no son nada gratas. No pretendas que no las has conocido con anterioridad."

"Bueno, bueno, nadie es perfecto." Koneko aligeró con humor. "Sí, eres algo gruñona, pero en el fondo—Oh, ¡es como dijo Mortimer! Por fuera tienes espinas, pero ya que bajas las defensas, eres suavecita como la pelusa de un puercoespín."

De lo único que Haruka podía estar agradecida, es que no estuvieran en compañía de Seiya-baka para semejante humillación.

"Primero que nada, era un erizo, no un puercoespín."

"Uy, ambos tienen espinas, ¿qué no?"

"En segunda." Haruka se cruzó de brazos. "Si tú no sueltas información, muchos menos lo haré yo. ¿Quieres detalles? Saca tu ropa sucia primero y entonces veremos, gatita."

Usagi se desplomó sobre el sofá. Ahora, pataleó por razones completamente distintas. "¡Vamos, Haruka! ¡No seas así!"

"Odia el juego, no a la jugadora." Haruka se encogió de hombros.

"¡No puedo decirte ese tipo de cosas, son privadas!"

"De acuerdo." Haruka aspiró, achicando su mirada. "Dime esto al menos: ¿por qué?"

Las pataditas se congelaron. Extendida por el soporte esponjoso del sofá, Koneko la miró con ojos sorprendidos. "¿'Por qué'?"

Haruka temió que el sofá terminara encendiéndose en llamas, con la intensidad de su atención. "¿Por qué lo hiciste? Tenías todo; la persona que amabas, tus amigas, el futuro. ¿Por qué arriesgarlo… por alguien como él—uh, ella?"

Usagi arrugó su entrecejo, una mixtura de sentimientos contrarios pintando su expresión. "Haruka, yo…"

"Comprendo lo que es tener una tentación." Otro resoplido escapó de sus narices. "Comprendo sentirla. La he cargado en mis hombros. Kou Seiya difícilmente fue la primera en pasar frente a tus ojos. ¿Qué la hizo tan especial, para que pusieras todo en riesgo?"

"Así no fue como…" Usagi abrió su boca, indecisa.

-¿Cómo fue entonces? Haruka mordió su lengua para frenarse. -¿Cuál fue el momento que pude haber detenido, para evitar el haber llegado aquí?

No había nadie más en el vasto universo que la conociera mejor que Michiru. Aunque Haruka sabía que la misma mujer no compartía el sentimiento. Insistía que aún había vagones sin abrir en la cabeza de su ex, penumbras esperando a ser alumbradas en su corazón. Haruka no sabía cómo abrirlos; desconocía donde se escondían. No había tenido el deseo de siquiera buscar en su interior por más diamantes en bruto, esperando a brillar.

Haruka comprendía la tentación. Comprendía tener el deseo por atesorar a alguien sin expectativas de recibir algo a cambio; el desear a alguien inalcanzable, intocable. Alguien sagrado, y completamente contrario a lo que merecía tener. Usagi Tsukino siempre había estado en el más alto pedestal, lejos de su agarre.

Así, había estado bien. La manera en la que todo había funcionado.

Luego, Kou Seiya había aparecido. Todo lo que Haruka había tomado por seguro y estático, había perdido su consistencia.

Sailor Star Fighter había sido una nueva variable en el juego, una forajida que sin tener las mismas limitaciones que la misma Haruka había aplicado a su persona, había ido tras lo que había deseado.

Había peleado por ello.

Lo había obtenido.

Y cuando Haruka había estado segura de conocerse a sí misma, entonces había flaqueado. De repente, el orden de las cosas había dejado de tener lógica; había sido arrastrada en la anarquía de las decisiones de Usagi Tsukino, y con la incertidumbre viva, Haruka se había tornado a Michiru para engancharse a algo firme y conocido.

No había contado con que Michiru ya había sido arrastrada a la deriva, ya no disponible para ser su ancla.

"Seiya es…" La voz de su Princesa la replantó en el duro piso bajo sus botas. "Seiya…" La chica cubrió su rostro enrojecido, tallando la piel, perturbando el maquillaje.

Lo irónico fue la transparencia del comportamiento de la chica, en ese preciso momento. Haruka suspiró, leyendo las señales cuando antes había sido obstinada en aceptarlas. "La amas."

Las colitas de la chica descendieron tal globo desinflado. Las palmas enguantadas destaparon su rostro, posándose lentamente en su regazo.

"No siempre lo supe con claridad. Nunca había sido así de difícil… Cuando Seiya me confesó sus sentimientos, no pude pretender que yo… Sólo pensé Si tan sólo pudiera tener este momento para amarlo de vuelta. Luego me di cuenta de que el momento… ahí estaba. Así que… decidí tenerlo. Experimentarlo."

Haruka asintió, la tensión poco a poco aflojándose. Sus brazos se desdoblaron, cayendo en los soportes del diván.

Un momento.

Tal vez Haruka había tenido momentos, y simplemente había sido muy cerrada para verlos como tal. Tal vez de ahí crecía la raíz de su resentimiento; el que Kou haya exteriorizado sus sentimientos, arriesgándose. Y que la muy desgraciada haya obtenido una recompensa.

-Dios, si así se siente Michiru después de sus terapias, con razón me mandó al diablo. Haruka sobó su sien, de repente con el antojo de un refresco de Cola. Algo que imposiblemente encontraría en esta piedra flotante que llamaban Kinmoku.

"Pensé que los sentimientos desaparecerían, al tener a Mamo-chan de regreso. Pero… extrañé a Seiya todos los días después de su partida. Estaba triste todo el tiempo… muy confundida. Fui honesta con Mamo desde un inicio, y no se alivió esta angustia dentro de mí."

"Te empeñaste hasta encontrarla." -De nuevo. "¿Lo hubieras hecho aun sin estar embarazada?"

Koneko volvió a suspirar de manera exagerada. "No lo sé. Sólo puedo pensar en el presente, Haruka. En estos momentos, no hay mucho espacio en mi cabeza para obsesionarme con otros escenarios. ¡Tengo tanto que pensar!" La chica se desparramó por el sofá.

"Mm." Haruka encajó sus uñas en la tela del soporte del sofá, notando su fragilidad. En serio este castillo era una pocilga. "De acuerdo. Me gusta."

Así de rápido, energía revivió el cuerpo pequeño de Tsukino. "¡Uy! ¿En serio? ¡Digo, claro que sí! ¡Yaten es muy bonita, parece supermodelo!"

Haruka rodó sus ojos. "Sí, sí."

"Y no se deja por nadie, es muy valiente. Lo que piensa lo dice, eso también te gusta, ¿verdad? ¡Pocas personas son como ella!"

"Cielos, ¿estás armando un club de fans de la tipa, o qué?" Haruka no recordaba este entusiasmo cuando se había tratado de Michiru.

"¡Además, quiere que te hospedes con ella OTRA VEZ!" Una expresión ridícula se adueñó de Koneko, su pasión por el chisme convirtiéndole en un monstruo imparable. "Lo que quiere decir que también le debes gustar mucho. ¡Ay, que emoción!"

"Suficiente por ahora." Con la vena en su frente amenazando con reventar del bochorno, Haruka se levantó. "¿Dónde se encuentran esas doncellas? Las maletas no se acomodarán por sí solas."

Así fue como Haruka terminó haciendo el trabajo por ellas, siguiendo las instrucciones de la rubia sobre cómo manejar sus delicadas golosinas. Koneko también aprovechó para enseñarle toda la ropa de bebé que había comprado en el bazar, desde los pequeños gorros, los mamelucos, las botas—todo en mini. Haruka se cansó de hacer muecas y rodar sus ojos, para disimular la sonrisa que quiso abrirse camino en su rostro.

Aun recordaba a Michiru comprando vestimentas similares para bebé-Hotaru, antes de dejarla al cuidado de su padre. Nunca olvidaría el haber pasado tres horas en el pasillo de pañales tratando de descifrar cuál escoger.

Eventualmente, Haruka guardó gran parte de las pertenencias de la chica en el ropero, aunque éste se llenó rápido.

Koneko no tardó en sobarse el estómago por otras razones aparte de proveer cariños al maní. "¿Se tardarán mucho esas doncellas? Tengo haaaambre. El desayuno fue desde hace mucho rato.

Haruka abrió la puerta. Se dirigió a uno de los guardaespaldas. "Tenemos hambre. Busca a Mortimer."

El fulano parpadeó.

"Ahora mismo." Haruka alzó su voz en comando.

El guardaespaldas salió corriendo por el pasillo. Huh, entonces si comprendían japonés.

"Pésimo servicio." Murmuró entre dientes, regresando a la alcoba.

Entretuvo a la chica con un juego de cartas hasta que Mortimer asomó sus narices, un grupo de cuatro doncellas detrás de ella, marchando en fila. Afortunadamente, traían comida con ellas. Koneko, hambrienta y aburrida, no era una experiencia agradable. En especial con esas hormonas impredecibles.

"Dime, Subteniente, ¿dónde está Seiya? ¿La haz visto?"

Mortimer arrancó un puñado de lo que parecieron ser uvas de su rama, metiéndoselas en la bocota con las manos sucias. "¡Podavia en bunta, Venna!" Masticó de manera escandalosa, pasándoselas con el jugo dulce que las sirvientas colocaron sobre la mesa. "¡Ah! Tendrán un descanso en media hora, si quieres, ¿le paso un mensaje a la Teniente de tu parte?"

Koneko se sirvió de la sopa caliente, oliéndola primero. "No, está bien así. Me imagino que está muy ocupada…" Su puchero comunicó con petulancia.

Haruka se tragó su suspiro. Estas dos eran simplemente ridículas. "Come, Usagi. La sopa te ayudará con el frío."

La chica experimentó con dos sorbos, prosiguiendo a gemir con el sabor. "Tienes razón. ¡Haruka, pruébala, está deliciosa!"

Mortimer se sentó con ellas a comer, a pesar de que Haruka fue bastante abierta en expresar que no era bienvenida. Continuó parloteando sobre las festividades, el clima, las pocas diferencias que Mortimer encontraba en el Castillo desde que se había marchado. Haruka dejó que la habladuría se convirtiera en sonido blanco, un zumbido de mosquito en sus orejas.


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3 meses antes.

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Había transcurrido un largo tiempo desde que Haruka se había sentado a tocar el piano.

Sin una melodía en mente, escogió las partiduras que Hotaru había dejado durante sus lecciones. Haruka dejó la familiaridad de las notas guiarla.

―"Las Puertas del Tiempo han sido selladas."

Un legato fue vinculando el inicio de la armonía. Haruka se concentró en la tranquilidad de algo conocido, un talento que había dejado olvidado a favor de convertirse en soldado.

―"No logré entablar contacto con ninguna entidad más allá de las Puertas. Mi talismán sólo encontró estática. No he encontrado un canal de comunicación con la Matriz del tiempo."

El ritmo se aceleró, ambas manos escalando en urgencia por las notas más complicadas.

"¿Algo temprano para Carol of the Bells, no crees? Apenas estamos en primavera."

Haruka no dejó de tocar. Dentro de poco la nueva presencia se adentró al cuarto de música. Cuando antes Michiru no hubiera dudado en acomodarse a su lado—tal vez incluyendo notas propias para desconcentrarla—ahora su figura se mantuvo a distancia, limitándose a estacionarse cerca de la ventana.

Escuchando.

―"No puedo dormir por las noches."

La mandíbula se apretó. El vómito de emociones se inyectó en música, todo lo que Haruka todavía no procesaba lo inyectó en arpegios—ira, dolor, frustración, tristeza.

Oh, vaya que la ira predominó.

―"Creo que ver a un profesional ayudaría."

Haruka había mofado la sugerencia. "¿Profesional en qué? ¿Qué piensas decirle? No hay forma que puedas entrar en detalles de lo sucedido sin revelar tus acciones como Senshi."

"Lo que me acosa, Haruka, va más allá del contexto de ser Senshi."

"Podríamos tomar unas vacaciones. Como la última vez, cuando el Enviado del Mal fue derrotado. Es lo que necesitas, estoy segura. Lo que necesitamos."

Lo que había recibido no había sido que un suspiro. "Barrer todo bajo la alfombra no funcionará esta ocasión, Haruka. Yo… me siento perdida en mí misma."

¿Qué podría hacer Haruka más que aceptar lo que Michiru quisiera hacer, como le viniera en gana?

"Además. Dudo que quieras permanecer alejada por mucho tiempo de esa niña, ¿o me equivoco?"

Haruka interrumpió las notas de golpe, terminando la pieza en un desenlace que provocó desasosiego.

"¿Lista?"

De la ventana, Michiru se tornó en su dirección. "Así es. Las maletas están en el taxi."

"Me lo hubieras dicho, no te hubiera retrasado." Haruka se levantó de la banca, sus manos ardiendo con el ejercicio.

"No digas eso. Escucharte tocar será el mejor recuerdo que podré llevarme." Michiru caminó lentamente hacia ella. Haruka no pudo regresar la sonrisa. No pudo comprenderlo. ¿Cómo podía estar sonriendo esta mujer, cuando estaba abandonándola? "Perdurará en mi corazón hasta que nos volvamos a encontrar."

"Dándome falsas esperanzas. Que crueldad." Haruka se cruzó de brazos. La ironía de su voz causó que Michiru perdiera algo de su expresión apacible. Bien. ¿Le mataría lucir igual de miserable como Haruka se sentía?"

"Un tiempo a distancia nos hará bien. No seas una niña." La sonrisa regresó. "Consigue un hobby."

Haruka acompañó a la mujer a la planta baja con su cuerpo entero queriendo rebelarse. Se sintió similar a un combate a muerte, la adrenalina alentándola a no dejar a Michiru irse, a empujarla contra la pared, arrastrarla al dormitorio, para seducirla, para convencerla

La puerta de entrada ya estaba abierta, con Hotaru y Setsuna sentadas en los escalones de afuera. Michiru fue abrazada de nuevo por la menor, en cuanto las vio. Haruka se negó a darle frente a esta realidad, fingiendo que las puntas de sus pantuflas resultaban más interesantes.

Tras compartir una despedida con Setsuna, Michiru se volvió a dirigir a Haruka.

"Estamos viviendo sin un instructivo, Haruka. Ya no hay reglas." Haruka sintió una palma presionarse por un momento en su mejilla. Haruka se resistió a verla a los ojos. "Estoy dándote la libertad que mereces. Úsala para volar alto."


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Actualidad.

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Los cuchicheos fueron lo que la despertó. Haruka gruñó para sí, de inmediato sintiendo su cuello pasmarse por la mal posición en el maldito sofá.

"—frío, te dije que lo odiaba."

"No te dije que vinieras conmigo." Kou-baka se escuchó corta de paciencia, la puerta rechinando con su entrada la alcoba. "Maldición, no puedo creer que la hayan mandado a esta torre. ¿Qué estaba pensando mi madre?"

"Bueno, dijiste que querías que Usagi pasara desapercibida." Yaten siseó en voz baja.

Haruka, acurrucada cerca de la chimenea, pisó uno de los cojines al tratar de estirarse. "¿Podrían ustedes dos cerrar la boca? La van a despertar."

El rechinido avisó que la puerta fue cerrada de nuevo.

Pronto Seiya cruzó su línea de visión, pausando frente a su figura cubierta en manta. "Luces como cubo de hielo." La idiota no esperó una réplica, dirigiéndose hacia la cama. "Está bien, ya puedes irte a descansar. Me quedaré con ella."

Debía ser tarde, la alcoba estaba cubierta en sombras, solo la lampara cerca de la cama alumbrándoles junto con las llamas. Haruka bostezó, haciendo una mueca cuando los tendones de su cuello tomaron venganza. Koneko estaba cubierta hasta la cabeza en las cobijas más gruesas que las doncellas pudieron proveer para protegerla del frio. Ni se inmutó, al tener de peso de Kou uniéndosele en el borde de la cama.

"Hasta la comida sigue siendo horrible." Yaten quejumbró, husmeando los restos de la cena que habían dejado.

"Siéntete libre de irte cuando quieras." Seiya les lanzó una mirada enfática a ambas. "Hablo en serio. Estoy muerta. Envidio que Odango esté roncando en estos momentos."

"De acuerdo. No puedo negar que he tenido suficiente burocracia por hoy." Yaten se abrazó a sí misma, oprimiendo su grueso abrigo en vano. "Ja ne." La mujer comenzó a alejarse. "Eh. ¿Asumo que ocuparás ayuda para encontrar dónde dormir?"

Haruka rodó sus ojos. Utilizó la manta para cubrirse del frio, sintiéndolo calar entre más distancia hubo con la chimenea. "Es lo menos que puedes hacer después de tenernos guardadas en esta caja de zapatos."

Yaten frunció su ceño. "Oye, créeme que nosotras no estuvimos divirtiéndonos tampoco. Severina se comportó como un verdadero dolor de cabeza."

Antes de cerrar la puerta Haruka echó un último vistazo a la cama. Más le valía a Seiya-baka tratar a su princesa de manera honorable mientras dormía…

La Star Senshi, tras ver que Koneko roncaba felizmente, acariciaba el flequillo rubio, una expresión blanda apenas iluminándose con la lámpara y las llamas.

-No tienen remedio. Haruka hizo eco a lo mismo, que alguna vez, había salido de la boca de Michiru. A pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo cierto.

"Quita esa cara. Seiya no querrá que permanezcan en esta 'caja de zapatos' por mucho tiempo. Seguro preferirá rentar alguna de las cabañas de lujo del pueblo. El frio no es tan vengativo. No querrá que Seiya Jr. se vuelva paleta de hielo antes de nacer." Yaten parloteó, llenando los silencios de Haruka.

"Mm."

"Ugh, debiste ver la cara de su madre cada vez que Seiya evitaba preguntas sobre Sailor Moon y su presencia en Froid. La curiosidad debe estar matándola. Por eso también Seiya querrá evitar cualquier chance de que Severina le presté una visita a Usagi. Deberíamos apostar dinero en quien actuará primero—"

A pesar de su previa ocupación en la farándula, Kou Yaten no solía ser una persona extrovertida, por lo poco que Haruka estaba conociéndola. Era más pensativa que Michiru, aunque más transparente que Setsuna al enunciar sus emociones. Así que esta verborrea sólo podía atribuirse a que la habían tenido sentada por horas sin poder hablar y quería compensarlo de alguna manera.

Haruka estiró su brazo por debajo de su manta, anclándose a la cintura de la kinmokusiana. "Koneko sabe sobre nosotras."

La mujer la sorprendió entonces, cerrando la boca en seco. Un suspiro se desprendió de su pecho y el resto de su cuerpo se derritió sobre Haruka.

"Astros. ¿Cómo? Tsukino no es la chica más observadora que digamos."

"Mortimer 'accidentalmente' mencionó que me hospedaría contigo y Koneko asumió el resto. Nunca subestimes a una chica amante del chisme."

Un gemido de coraje hizo temblar a piedra del al elegante pasillo que los conducía a su suite. "¡Esa traidora! Lo hizo a propósito."

"Creo que está intentando probar un punto."

"¿Cuál? ¿Qué todos están teniendo acción menos ella?"

Otra peculiaridad que Haruka no había esperado: reír con la navaja que Yaten tenía de lengua. "Parece estarle molestando que Star Senshis estén fraternizando con las terrícolas."

"Sin olvidar ese asunto de Fighter acostándose con su ex."

El cerebro de Haruka simuló a una alarma de bomberos, sirenas encendiéndose por doquier. "¿Qué dijiste?"

"Ay, no." Yaten cubrió su rostro con su palma enguantada. "Maldición…"

Ésa… Ésa…

"¿Qué dijiste?" Haruka se soltó de la peli-plateada, inmóvil en el pasillo.

"Fue antes de que ustedes vinieran a visitar. ¡No es de tu incumbencia, con un demonio! No debí haber dicho nada—Estoy exhausta, ni siquiera pensé. ¡No, détente ahí!" Yaten supo leer muy bien su lenguaje corporal al alcanzar a tomarla del brazo y sostenerla con fuerza. "Lo qué estés pensando, no lo hagas."

"Sabía que no debía confiar en ella." Haruka gruñó entre dientes. Se sintió justificada. Aunque no satisfecha. Más bien, decepcionada. -Es una patán.

"¿No me escuchaste? ¡Seiya era libre de acostarse con quien le pegara en gana, antes de que ustedes literalmente cayeran del maldito cielo! Si corres a la habitación de Usagi como un demonio para aventarle acusaciones a Seiya, ¿qué ganarás? ¡Harás el ridículo con tus celos estúpidos!"

Haruka jaloneó de su brazo. No fue soltada. "¡No se trata de celos! ¡Es mi deber!"

"¡No es de tu incumbencia!" Yaten repitió con énfasis. Le jaló en dirección opuesta. "¿Me vas a decir que Usagi tenía a derecho a seguir su relación con Chiba-san y Seiya no, después de irnos? ¡Que doble estándar tan mas hipócrita!"

"No lo entiendes." Haruka se jaló de vuelta, recuperando los centímetros que había perdido con el peso y fuerza de Yaten. "Tipas como Seiya lastiman las personas como mi Princesa, inadvertidamente o no."

El rostro cansado de Yaten mostró sorpresa por un segundo. Instantes después, morfó a coraje puro. Haruka sufrió otro jaloneo que casi la dejó besando el piso. "¿Tipas como Seiya, dices? ¿Personas leales, valientes, dispuestas a sacrificarse una y otra vez por las personas que ama?" Otro jaloneo. "¿Ese tipo de persona?" Y otro más. "El tipo que salvó tu planeta, a tu Princesa, ¿y al Universo entero, sin pedir nada para ella misma?"

Nariz a nariz, Haruka bufó y gimió, meneando su cabeza en corto circuito. Sus instintos combatieron con sus pensamientos. Los sentimientos del pasado y del presente.

"¡Créeme, idiota, Usagi es la que tiene mucha suerte de tener a alguien como Seiya a su lado!" Yaten dejó su brazo en favor sostenerse del cuello de Haruka. "Seiya nunca amará a alguien más como ama a esa chiquilla. Donde antes Taiki y yo deseábamos que no fuera así por el bien de nuestra amiga; ahora es bastante claro… Por más de un año, Seiya intentó de todo para superarla. ¡Dime de qué sirvió! Sólo bastó verla de nuevo para perder la cabeza otra vez. ¿No te das cuenta? Seiya lo entregó todo en ese maldito planeta suyo. Ahora… Usagi parece habérselo retornado, lo cual me alegra… Hace mucho tiempo que no había tenido a la Seiya de antes de regreso."

Haruka quiso negar que el mismo efecto hubiera sucedido con su propia Princesa. Pero, una sombra de Usagi Tsukino era lo que habían tenido por meses, ¿qué no? Una chica hundida en continua incertidumbre, rehuyendo de las expectativas de sus amigas. Una chica que, aunque con miedo, se había aferrado a ser madre, valiente ante todas las complicaciones que se aproximaban.

-"Yo puedo protegerte. Yo puedo cuidar de ti." Haruka había trabajado duro para demostrarlo. Había tomado un rol activo con las Inner Scouts, entrenándoles, pasando más tiempo con ellas para mejorar sus relaciones interpersonales, para demostrarle a Koneko que podía abrirse. Ser mejor. Menos egoísta. Había querido demostrar que, bajo su dirección, las Sol Senshi podían ser algo nuevo y más fuerte, una defensa superior para este nuevo Heredero.

Por meses, había querido cambiar las ideas de la chica. –"No lo necesitamos."

Pero, todo hasta este momento, estaba señalando que, de hecho…

Era un ciclo del que Haruka no podía salir—no había sido suficiente para Michiru, no había sido suficiente para su Princesa, no había sido suficiente para derrotar a Sailor Galaxia, ni para proteger a su Planeta y al Futuro.

-"Esta es nuestra manera de luchar."

-"Mi posición difícilmente conlleva tener las manos limpias."

-"No puedo dormir por las noches… Siento culpa. Así como, remordimiento."

"Haruka, ¿estás bien?" Yaten murmuró, todavía contemplándola. Todavía manteniéndola quieta. ¿Por qué? ¿Qué miraba en Haruka, exactamente? ¿Un reto ante la aburrición, solamente? "De repente te callaste. Es lo más milagroso que he visto en un tiempo."

"Nada de qué preocuparse." Haruka suspiró, viendo triple y borroso, a estas alturas de tanto pensar. "Es sólo… una crisis existencial que tenía tiempo cocinándose en mi cerebro."

"De… acuerdo." Yaten sonó escéptica.

Ambas permanecieron en silencio unos momentos. La ira dentro de Haruka no se marchó del todo, permaneció como lava lenta bajo su piel, aunque el blanco de su rabia fue más difuso.

"Bueno, no puedo negar que he tenido un par de crisis existenciales yo también." Una risa agridulce rozó parte del rostro de Haruka con la cercanía. Sus manos fueron reemplazadas por sus brazos, ahora rodeando a la terrícola con su olor. Su piel. Su calor. "Tienes suerte. Sé muy bien cómo distraerte."

Automáticamente, los párpados de Haruka se cerraron, recibiendo el beso.

El sexo había sido secundario en su relación con Michiru; su vínculo había sido forjado en sus almas. Aquella había sido el tipo de unión de su predilección. Con Yaten, la libido de Haruka parecía tomar asiento frontal y principal. Le gustaba besar a Yaten, escuchar los sonidos delicados que podía extraer de la pequeña mujer. A sus dedos les gustaba recorrer aquella piel, una vez a su alcance.

Esta ocasión, Yaten estaba exhausta, sin embargo. Encontraron su alcoba sin sus pertenencias vaciadas en los closets. Yaten se quejó por el mal servicio, algo con lo que Haruka pudo sentir empatía. Cuando vino la hora de cambiar a ropa de dormir, difícilmente quisieron desnudarse, ni bajo las cobijas gruesas.

Yaten tuvo que ser más creativa de lo usual.

"No me delatarás con Usagi de lo que dije, ¿cierto?" Yaten presionó un beso en sus labios y otro en la punta de su lengua. "¿Mmm?"

Si Haruka no tuviera los dedos de la mujer masajeando su centro por debajo de sus pantalones de dormir, se sentiría más ofendida. Abrió su quijada, ladeando su rostro para profundizar sus besos. Yaten aprobó de la acción, gimiendo y vibrando, como si fuera Haruka quien estuviera brindándole placer, no al revés.

Temeraria, la Senshi del Viento buscó dejar marcas distinguibles en los labios de Yaten, así como en la longitud de su cuello. Que la gente especulara de dónde las había obtenido—de quién. Que Seiya-baka lo descifrara.

Que Koneko ya lo supiera la impulsó a ser más descarada. ¿A quién le importaba lo que estuvieran haciendo, en verdad?

Por debajo del pijama, Haruka se prendió de la piel ajena, recorriendo la espalda de Yaten lánguidamente. Yaten brincó por sus dedos tibios. Quejumbró que su mano se estaba entumiendo, que el resorte de los pantalones lastimaba su muñeca, ¿y quién diablos se creía Haruka al dejarla como mapa? Su maquillaje no era a prueba de mujeres lobos—Haruka rodó sus ojos todo el camino a su clímax, las endorfinas entumeciendo la sinapsis de sus neuronas sobretrabajadas.

"Tienes suerte de ser bonita." Musitó en respuesta, un rato posterior.

"Oye." Yaten sacó su mano y se tendió sobre la cama, ya jalando de Haruka para que la cubriera con su cuerpo—una posición que parecía agradarle. "No te olvides que soy increíblemente flexible."

"Eso también." Haruka sonrió. Debajo, rubor cubrió las mejillas de la chica. "La Maestra de las Distracciones."

"Mi… especialidad." Yaten perdió la candencia al sentir a Haruka remover un poco sus pijamas. Lo necesario para besar su ombligo. "Oh… Pero… No es… mi turno… todavía…"

Haruka lamió el resto del camino a su pelvis. A pesar de la objeción, las caderas de Yaten se alzaron sin poca paciencia. No fue para menos. La primera vez que Haruka le había brindado placer de esta forma, habían sido obvios los fuegos artificiales explotando por la cabeza de la chica.

"Es lo que quiero." Haruka susurró sobre la piel.

Las piernas de Yaten se tensaron. Fue tarea de Haruka relajarlas; recordarle a su dueña con labios y aliento, que esto sería un placer sin igual.

Disfrutó de las reacciones. No le molestó estar a oscuras. Los dedos de Yaten revolviendo su cabellera fue suficiente aliento y guía. Disfrutó del lento derrumbe de la chica, conforme su lengua trazó mensajes que estremecieron, y sus labios sorbieron del néctar de su amante.

Yaten fue demandante; algo con lo que Haruka apenas se estaba familiarizando.

"Haruka…" Yaten se apropió de una mano de la Sol senshi, llevándola consigo para apretarla-apretarla-apretarla. "Oh, no puedo—Oooh."

Un espasmo corrió por el cuerpo de la kinmokusiana. Haruka gruñó de sorpresa al casi ser decapitada en el proceso del orgasmo, los muslos de Yaten apretándose alrededor de su cabeza. Un resoplido salió de Haruka.

"¡Gomen!" Abochornada Yaten aflojó sus piernas. Sus manos se soltaron. "¿Te lastimé?"

"Sólo mi orgullo." Haruka siguió riendo a lo bajo. Ayudó a levantar de nuevo la ropa interior y los pijamas, y se deslizó de vuelta a lado de Yaten, boca arriba. Su mirada perdió enfoque, concentrada en los jadeos ligeros de su compañía.

"Si mi Princesa me pregunta al respecto, no le mentiré."

Una pausa.

Yaten se dio la vuelta, su cabeza acomodándose en el hombro de Haruka. "Pero si Usagi no lo hace… No ofrecerás esa información por tu cuenta, ¿cierto?" Un dulce tono de voz quiso seducirle, directo al oído.

Haruka aspiró el resto de su indignación. "Estoy dándote tiempo suficiente para que tengas… cualquier intervención que traigas en mente… con esa idiota. Que conste, que si yo fuera ella, me apuraría a sincerarme de ya. No creas que estaré esperando con los brazos cruzados a que le rompa el corazón a Koneko." Haruka estiró un brazo sobre su cabeza, acariciando la almohada. "Esos demonios no deberían ser esparcidos por terceros." Recordó las malas intenciones de Mortimer, que ya habían hecho de las suyas.

¿Qué tan fácil sería para la Subteniente arruinar el castillo en el cielo que Seiya-baka y Koneko habían creado para sí? Aunque la verdad fuera fea, tenía que venir de la fuente.

Su rostro fue acariciado por la mano de Yaten, los delicados dedos pálidos rozando su mejilla. Por inercia, Haruka giró su mentón, encontrándose con las esmeraldas brillantes de la estrella fugaz encarnada.

"Arigatou."

-Huh. En verdad es bonita. Un beso exhausto fue aplastado contra su boca, apacible con el mensaje. Haruka permitió ser distraída; arrastrada a un tipo de acción que normalmente no sería su estilo, como el darle tiempo a esa papanatas de arreglar este desastre. Iba en contra de todo lo que había hecho en el pasado, involucrando a Kou Seiya.

Porque Koneko amaba a la idiota.

Y muy en el fondo, lo último que Haruka quería, era verla infeliz.

"Es hora de…" Un bostezo brotó de Yaten. "dormiiiir… no de pensar más." Bajo las cobijas, Yaten se le enredó por todas partes. "Vamos, ¿mmm? Cerra… tus ojos… y sueña con viseras."

"¿Siempre te sales con la tuya?" Haruka murmuró.

"Seguro." Recibió un murmullo gemelo. "No tengo miedo de ir tras lo que quiero."

Haruka, ojos cerrados, evocó la noche de un termostato -supuestamente- descompuesto. La imagen de Michiru presentándose en la pista de carreras fue un ligero eco, por igual. Haruka no había esperado a ninguna de estas dos mujeres entrar a su vida. No había sabido qué hacer con su añoranza evidente por algo que Haruka no sabía si podía otorgar.

¿Qué podía dar? En ocasiones Haruka sentía que Michiru se había llevado todo lo que tenía verdadero valor.

"Dormir, dije." Un pellizco en su costado la hizo chillar de sobresalto. "O no habrá sexo de buenos días, baka."

Un puchero se formó en la boca de Haruka. La maldita de Yaten sabía que el sexo de buenos días era su preferido. "¿No es mañana ese ridículo desayuno en honor de la patán?"

"¡Ugh!" Fue la elocuente confirmación.


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(…)

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La brisa marina les acariciaba los sentidos, el viento precipitado haciendo los mechones de Michiru volar.

Haruka aceleró. Michiru carcajeó, estirando su cuello en dirección del mar de Tokio.

"¿No sé siente bien, el haberte librado de las ataduras del pasado?"

En momentos, los mechos aguamarinas se volvieron coletas rubias—pronto volviendo a su forma original. Haruka parpadeó, hipnotizada por la sensación de estar soñando, pero a la vez no. Conocía este tipo de conexión astral. La había extraño.

Tanto, como había extrañado a la misma Michiru.

"¿Esa era tu lección? ¿Qué dejara de suprimir mis más recónditos sentimientos?"

"Sé que siempre te sentiste culpable por sentir lo que sientes. Esperaba que al ya no estar contigo, pudieras trabajar hacia alguna resolución por tus sentimientos. De eso se trata crecer, después de todo."

"La querré hasta mi último aliento—al igual que a ti. Pero… son distintas formas de amar. Mi Princesa siempre será prioridad en mi deber; y tú… me despertaste. Por ti soy lo que soy, Michiru."

"Y ahora, debes estar lista para ser algo más. Algo nuevo."

Haruka sonrió. "Mejor."

"Sé lo que debes pensar. Crees que debes de arreglar todo por tu cuenta, Haruka. Pero no es así." Sosteniendo su sobrero de verano, la mujer se tornó hacia la conductora. Haruka notó entonces la longitud de su cabello. Había crecido considerablemente. Hasta las facciones de Michiru mostraron una ligera maduración. "Escogí seguirte ciegamente desde el momento que te encontré. No es tu culpa. Fue mi elección. Sin embargo, en el proceso, me perdí yo misma. Me hice depender de ti, de tus deseos, de tus acciones y decisiones—¿no crees que eso estaba mal?"

Haruka apretó sus dedos alrededor del volante. "Sí."

La sonrisa que nació en su ex fue esplendorosa. Se mostró orgullosa por la admisión de Haruka, probablemente sabiendo que tanto debía costarle admitirlo. "Creo que… por fin estás lista para lo que se avecina."

"¿Nani?" Haruka frunció su ceño.

Michiru rio de nuevo, bateando una mano en el espacio de los asientos. "Nada, nada. No te apures. Estoy pensando en voz alta." Las risas se suavizaron a un mohín apacible, libre de la amargura que la había cazado en sus noches en vela. "Dile a hola a Seiya de mi parte, ¿quieres?"

Michiru se marchó con la tenuidad de un espejismo, la conexión entre Neptuno y Urano destejiéndose en miles de hilos cósmicos—el último simbolismo de su separación.

Haruka estuvo sola en su propia mente, el viento resoplando por su cabellera. El mar, resplandeciendo con el sol de las diez de la mañana, fue un fondo tomando otra representación. Montañas aparecieron alrededor de la carretera. La sal en el ambiente fue reemplazada por aire helado.

El techo se materializó sobre el auto convertible.

A su lado, alguien nuevo la acompañó, aplastando sus manitas contra la ventanilla del pasajero.

Haruka parpadeó, girando su cabeza. Distinguió bucles rubios debajo de un gorro tejido, rojo, con una mota en la parte superior. De su boca, salió una advertencia que había compartido con Hotaru en previas ocasiones: "Cuidado, el que ensucia las ventanillas deberá limpiarlas después."

La cabecita giró hacia la conductora, parpadeado con consternación infantil. El chiquillo prosiguió a aventar su aliento a la ventana hasta empañarla, y así proseguir a tallar la superficie con sus guantes de invierno.

Haruka rio suavemente, reconociendo a Koneko en la típica acción impulsiva e inocente. "Algo me dice que serás una amenaza para la tapicería también, pequeño."

Por lo menos, ahora Haruka sabía que estaba lista para el reto.


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Fin de Parte 7.

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NdA:

TODOS DIGAN "AWWWWW" POR HARUKA.

(1) "Tienes suerte de ser bonita." -Línea originalmente perteneciente a Seiya, en "Todos Quieren (Gobernar el Mundo)."

(2) La canción que Haruka toca en el piano es esta hermosura, "Carol of the Bells" de TommeeProfitt.

(3) Siento que debo aclarar que fui ambigua con la profundidad de los sentimientos de Haruka de manera intencional. Todavía hay cosas que quedan por resolver para ella, pero por ahora CREO que ha avanzado mucho en reconocer sus inseguridades y la naturaleza de sus sentimientos por Usagi y Michiru, para entonces abordar un nuevo tipo de amor. Ejem, ya se pueden imaginar con QUIÉN.

(4) A su vez tampoco entré en mucho detalle de las razones que Michiru tuvo para terminar su relación. Me gusta dejar puntos claves para que ustedes como lectores interpreten el resto y crean su propia versión. A lo más que armé en mi cabeza es que la batalla contra Galaxia fue tan traumatizante, que debió de haber dejado estragos. En especial más en las Outers que en las Inners.

Estamos hablando de cómo Haruka decidió asesinar a la chica que habían CRIADO JUNTAS, y como Michiru decidió seguirle el juego, solo porque "Era su manera de luchar". Una razón por la que no me agrada la pareja es porque no la veo balanceada. Michiru/Neptune se doblega plenamente a lo que Haruka/Uranus decide, todo el tiempo. Eso no es sano.

Y claro, además de esas complicaciones en su relación, decidí agregarle todavía un giro más misterioso: los poderes de clarividencia que Michiru tiene. Tal vez, quizás, muy probablemente, haya tenido alguna visión que la ayudó a decidirse en dejar a Haruka, porque era lo mejor.

(5) En el transcurso del día agregaré a AO3 y Wattpad el álbum de imágenes que inspiraron el Distrito Froid, el castillo, la Suite de Usagi y más.

Beshos.