«Naranjas»


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Fue difícil.

Quizás...

No, sí fue difícil.

La voz chillona de Misty suele regañarlo al principio, su mano lo toma del cuello de la camisa y sus ojos se clavan en los suyos, impactando el aquamarina con el castaño vivo, en una lucha llena de miradas que no quieren perder ante el otro.

Es que Misty es así. Una chica con fragancia de naranjas y palabras ácidas. Del verano asfixiante y las olas golpeando fuertemente contra la orilla, refrescando el ambiente.

Y fue difícil.

Quizás...

No, sí fue difícil.

Porque en algún punto, su nombre en sus labios deja de ser risa con sorna para convertirse en agua dulzona.

Ella deja esos arranques ácidos y la fragancia cítrica ahora contiene más dulzor. Envuelve por completo su cuerpo y siente una energía explosiva, vigorizante.

Y fue difícil, desde entonces es difícil.

Fue a los quince años que Misty recibe su primera carta de amor, y Ash está ahí, observando. Es un entrenador alto de mirada tímida adornando una piel tostada. Las palabras son torpes pero fluyen con gentileza, es como una escena de aquellas películas que ella ama mirar entre suspiros y deseos de ser adorada.

Y fue difícil.

Ella acepta el sobre sonriéndole junto con sus dedos tembloros, y a él le tienta tomar su mano que hoy es suave para decirle a ese tipo que se vaya. Que no vuelva o alguna otra tontería de esas.

Pero observa, aún sin saber por qué desea que ella rechace la estupidez deseada dentro de un sobre decorado.

—¿Me dirás que sí, señorita?

—Bueno... —ella continúa viendo el sobre. La sonrisa va y viene, aquello anima al pretendiente mientras fastidia al entrenador detrás.

—Volveré mañana por la revancha y mi respuesta. No me voy sin ninguna de mis dos victorias.

—¡Ah! —eso parece avivarla—. Nunca se lo dejo fácil a nadie. Mis medallas se quedan conmigo, muchacho.

—Ya veremos.

Otro Rudy. —piensa Ash, quien hasta entonces sólo recuerda a aquel líder de gimnasio cuando recrean esa situación con su amiga. Le da hasta risa, porque era verdad que la buena fortuna siempre la tuvo.

Misty cierra la puerta principal y se envuelve mejor con la toalla, terminando de secar sus cabellos húmedos. Mira a Ash sentado en el borde de la piscina y lo acompaña dejando salir un profundo suspiro. Está cansada, pero no se siente perezosa, mucho menos con la energía personificada que tiene a su lado.

—Buena batalla. Sólo usaste a dos de tu equipo.

—Ujum...

Ella sigue mirando el sobre con curiosidad. Se aleja un poco de Ash y lo abre, leyendo el pequeño texto. Ash encoje los dedos sobre su regazo cuando la ve sonreír.

—Qué tenemos aquí...

—¿Qué? ¡Qué! ¿Qué dice? ¡Qué!

Misty no es tonta, bajo la energía de esos ojos no hay más que enfado, uno que él ya entiende pero no está dispuesto a aceptar (todavía). Misty nunca ha dejado su faceta de muchacha romántica, sólo está buscando la de él.

—¿Crees que soy bonita?

—¿Qué?

Es que ama al chico con el ceño fruncido de niño que experimenta amar por primera vez.

—Me lo está diciendo aquí. ¿Qué dices? No está mintiendo, ¿verdad? Por supuesto que no.

—Ehm...

—Vamos, sólo di que soy bonita.

Hay pensamientos que fluyen, que le dice a gritos silenciosos que tú sabes, viejo amigo, quién es la que está a tu lado. Que tú me conoces como la palma de tu mano llena de cicatrices. No existimos sin el otro; porque yo te saqué de aquel rio y tú de mi comodidad, porque buscamos cumplir los deseos que llenan nuestra vida, uno al lado del otro, uno lejos del otro, pero siempre juntos.

—¿No me dirás que soy bonita?

—Te puedo dar un espejo.

—No quiero un espejo, tienes boca.

—¡No me digas!

Es que ella lo nota. A Ash le tiemblan la sonrisa y evita mirarla a los ojos. La cercanía es incómoda para él y divertida para ella. Sólo desearía saber qué es lo que está pensando. Ash sonríe hacia todos lados menos a ella.

— Yo te veo bien.

—Bien no, bonita. Y no puedes decirme eso si no me estás mirando. Mírame, no te estoy haciendo nada. ¿Qué te ocurre?

Ash toma un hondo respiro y la mira a los ojos. Inconscientemente se aclara la garganta que no quiere dejarle hablar.

No hay conexión entre sus pensamientos y sus labios.

Porque no logran poner en palabras el resultado de que te veo y me doy cuenta que, por más lejos que me vaya, nunca podré abandonar Kanto.

En algún punto, Misty lo arroja a la piscina, frustrada y con ganas de irse. Pero Ash nunca ha dejado que le ganen y la toma del tobillo para derribarla también.

La carta de hunde y de arruga, se deshace junto a la timidez extraña del entrenador, que ahora la tiene sujeta, sin intenciones de dejarla salir.

Misty ríe porque lo tiene a su lado y Ash porque la quiere demasiado.


Pokémon ©

Pequeña dedicatoria para FoxMc. aunque no sé si va a entrar xd (pero shhh que sea sopresa a futuro jsjs)

Este relato fluyó durante esta mañana soleada. Amo relacionar el cielo soleado con ellos, ¡me da energías! Y ganas de comer naranjas. Gracias por leer y comentar n.n

Sólo desearía que F.F. me respetara los espacios, aquí junta todo. Dependiendo de algunas cosas los subiré Wattpad o no.