«ALGO»


It's something...


La pesadez inundó su estómago en ese momento.

Ash ni siquiera había levantado su cabeza para mirarla. El chico que usualmente le sonreía hasta por simple gusto ahora se rehusaba a mirarla. Serena trató de ignorar ese hecho, guardando fe ciega en él, porque era él: Ash, el chico que admiraba, la meta personificada que quería lograr ser y, quizás dulce significativo para ella, el chico que le gustaba desde hace meses.

Ash estaba decaído, era un hecho. Estaba acostumbrado —y ella también— a sus victorias, por lo que haber caído del caballo debió dolerle más de lo pensado. Entonces guardó silencio y se alejó de todos. Desde luego, sus amigos entendieron su necesidad de espacio y no dijeron nada al respecto en cuanto se fue.

Pero Serena estaba preocupada.

Ash no era como ella. No. De ninguna forma. Ella prefería guardarse lo suyo y resolverlo sola, pero Ash no era así, él siempre estaba animado y animaba de la misma forma a los demás. No tenía sentido verlo así, no era... normal, pensó.

El reloj marcó otra hora más y fue cuando decidió buscarlo, encontrándolo en lo profundo del bosque solo y en silencio.

Las primeras palabras de ánimo fueron dichas. Él ignorándola era algo que intentaba pasar por alto. Quería demostrarle que lo comprendía.

Desde luego, Ash no estaba dispuesto a recibir palmaditas en la espalda, menos las de ella.

—¿Y tú qué puedes saber? ¡No tienes idea de cómo me sentí!

Fue brutalmente directo.

Esas palabras se le clavaron directamente en el pecho. Por un momento, sintió cómo sus pupilas temblaron. Ash se había levantado violentamente y clavó sus ojos a los suyos. No importaba cuán dulce y comprensiva intentara ser Serena, él no quería oír a nadie y punto, menos a ella, quien jamás había vivido una batalla como él. Ella no conocía qué era sentir aquella adrenalina golpeando sus venas hasta hacerle doler el cuerpo y el estrés por una derrota que nunca debió ser.

Lo de Serena no era nada comparado con él. No quiso seguir mirándola, le dio la espalda, dando por terminada la situación.

Serena se quedó muda. Su impresión inicial quedó desplazada por un miedo inusual hacía él. No era la forma en la que había reaccionado, no era su mirada hosca que le había dirigido, ni siquiera era el hecho de que le gritó. No. Lo que le había dolido era el claro pensamiento de Ash: Tú no puedes saber lo que siento de ninguna forma.

—¡Pues entonces dímelo! —Serena reclamó.

El miedo fue desplazado por una creciente cólera. La había herido, y ella sólo quería ayudarlo. Lo desconocía.

—¡No es asunto tuyo, déjame solo!

Una nueva estocada se hundió en ella, quería desesperadamente que la mirara. La voz de Ash tenía todas esas emociones que al parecer estaba reprimiendo tras su expresión airada: Culpa, decepción, asco, lamentación y tristeza. Una exhibición de cosas que Ash jamás le había mostrado desde el día que se conocieron y emprendieron el viaje como una familia.

Serena reprimió un jadeó de decepción. En su lugar, se inclinó callada y juntó nieve en sus manos enguantadas. Estaba enamorada de Ash, ese chico que se mantenía alegre y positivo aún dentro de situaciones difíciles. Todo un ideal perfecto para ella.

Ideal. Perfecto. No podía. No podía permitir que se destruyera delante de sus ojos, que lo destruyeran otros, ni siquiera él.

No. No podía. Ash no podía ser todo eso, no podía traicionar la imagen que se había formado en ella. Odiaba estar viendo a ese muchacho débil pero igualmente orgulloso. Le dolía ese rostro derrotado. Le decepcionaba verlo no ser el chico positivo. Le desconcertaba no verlo como un líder. Sobretodo, la hería ver que se rendía sin llegar al final.

Le dolía en cada aparte de su ser observar cómo Ash se estaba deshaciendo en un Ash que ella no amaba. Apretó la nieve ya compacta en sus manos, la decepción la tenía prisionera.

Serena no era de disfrutar algo mal hecho. Era una reina y quería algo de igual valor.

Ajeno a los pensamientos de su amiga, Ash continúo ignorándola casi de forma inútil, porque la sentía perfectamente detrás suyo. Estaría a punto de estallar otra vez si ella volvía a levantarle la voz. Era hasta ofensivo que se atreviera a comparar una batalla de gimnasio con una presentación. Pero aún algo en él rogaba internamente que Serena no dijera nada, la situación era suya y de nadie más. ¿Era tan difícil pedir estar solo?

Ash se llevó la mano de forma inmediata cuando algo impactó en su cabeza y la humedad se deslizó por su nuca y cuello. Giró a verla, aún sin saber ni creer que la respuesta a su pregunta era ella.

Su mirada sorprendida se encontró con los ojos llorosos de Serena. Aquello sólo aumentó su evidente confusión.

—El Ash que conozco...

No eres tú. No eres tú. La mente de la chica estaba hecho un lío total y dejó que sus sentimientos hablasen por ella. Bolas de nieve tras otra cayeron sobre el chico que las esquivaba aún sin procesar qué estaba ocurriendo. La tercer impactó con una fuerza que Ash jamás pensó que Serena tendría, y cayó de espaldas en la nieve, mirando hacia el cielo nublado, tan nublado con su mente.

—¡Quiero devuelta al Ash real, porque tú no eres él!

El Ash que vivía en su cabeza era un imán para ella y este un repelente. Entendía que todos tuvieran momentos de llanto y tristeza, y Ash podía tenerlos también, pero los momentos de debilidad de este chico debían ser cortos. Ash era un ser humano, pero le disgustaba inconscientemente imaginarlo como uno. No era algo agradable.

Ash regresó en si días después. Ganó su batalla y recuperó la fachada de líder y ánimos que el grupo necesitaba. Sus amigos le dieron su apoyo incondicional, volviendo a ser una familia que recuperaba a su miembro perdido.

—Gracias, Serena. —le agradeció con una sonrisa segura, esa que ella tanto quería, y juntó sus manos, demostrándole el compañerismo a la vez que una disculpa silenciosa que por supuesto ella aceptó.

—Bienvenido.

El Ash de siempre era increíble y la enamoraba cada día un poco más. Hasta el final de su viaje ella se mantuvo firme a su lado como su apoyo, porque sabía que él lo necesitaba para no volver a debilitarse y sentirse que era un inútil.

Serena supo que estaba en lo correcto al buscarlo ese día y no permir que la situación se alargase un ratito más.


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Caprice!Serena supera por mucho a Yandere!Serena.

Antes de alguna confusión: No estoy haciendo ver a Serena como una villana o una yandere. Esto es un experimento de la diferencia entre un capricho y un enamoramiento primerizo. Ya que, aunque se siente lo mismo en ambos, hay algo que los diferencia:

En el capricho, todo se trata de mi. Mis necesidades, mis ilusiones, mis sueños y sentimientos. En el enamoramiento se piensa en ambos.

No daré más explicación para que saquen sus propias conclusiones, solo quiero evitar que aquí satanicen a Serena, que ya no se puede experimentar con ella sin que alguien te insulte o la insulte. Cansa.

En fin. ¡Gracias por leer! Si ven errores avísenme con toda confianza.