El Príncipe Incorrecto

XXlalalulu: Buenas heme aquí haciendo un fanfic. La idea me ha cruzado luego de un sueño que tuve. Y que voy a poner en un capítulo de aquí, así que luego se los iré comentado.

Advertencia, esto no tiene lemon, sino SMUT, mucho smut ¿Por qué? Porque soy una maldita pervertida XD

No me pertenecen los personajes, son Creaciones de Akira Toriyama y Naoko Takeuchi.

Capítulo 1

Había repasado mil veces en su mente éste momento; para que su ansiedad bajara de mil a aunque sea 990. Trataba de respirar profundo, jugueteando con sus mechones rubios, hacer que los segundos se extendieran una eternidad. Pero no había nada que postergara el destino de la Princesa de la Luna. La ceremonia de casamiento ocurrió según lo planeado, algo sencillo donde no asistiera la galaxia entera, sino los integrantes de ambas cortes correspondientes. Después de todo era una alianza estratégica para proteger la tierra de las amenazas externas. Si bien el bien el poder del Reino Lunar era defensivo, necesitaban musculo y fuerza agresiva, si querían salvaguardar el sistema solar entero, y el centro de la paz que era el Milenio de Plata.

Ahora, quedaba sujeta a su destino, cuando los consejeros de ambos bandos sugirieron la unión, no se sorprendió al ver al Rey Saiyajin tan interesado. La mente de la Reina Serenity y la Princesa se llenó de sospecha y desconfianza. El Príncipe también parecía sorprendido y antes que la Reina expresara su disgusto por tal atrevimiento. El príncipe Vegeta, dio un paso al frente, resopló con desdén a su padre

-¡Yo, no necesito de la intervención de nadie para emparejarme! Solo aceptaré de la Reina y de la Princesa…-tomó aire disimuladamente, casi parecía para juntar coraje, fijó sus ojos en la Princesa, que tenía la mirada en sorpresa, como dos orbes azules, planas, esperando ¿un ataque?-Sólo…Un permiso para cortejarla.-Tragó saliva; esa muchacha le parecía un pequeño conejo rubio asustado, siempre se imaginó con una mujer fuerte. Por sobre todo con una MUJER en toda la extensión de la palabra, no una niñita que, a pesar de sus curvas, parecía siempre estar escondida debajo de las faldas de su madre. Quizá…estaba equivocado o sólo era un disfraz para tomarlo de incauto. De igual manera ésta unión debe llevarse, necesitan de la alianza con la tierra y la Luna antes que Freezer se haga más fuerte. ¡¿Pero MATRIMONIO?!¡¿Y de ésta manera?! Era un gran NO para el Príncipe, a quien le gustaba que las hembras se le doblegaran por voluntad propia. Así que la idea de cortejar le venía como anillo al dedo para atacar esto, como siempre lo ha hecho con todo; tanteando terreno enemigo.

La mirada de la reina se suavizó, si bien podía ver las intenciones del Rey como una hoja transparente, las del Príncipe, no eran muy claras, en el territorio de un matrimonio arreglado. Pero sí en una alianza Luna/Vegeta-sai, sonrió de lado-Bien.-dijo la reina- que así sea, sólo el permiso de cortejo, y en caso que…desafortunadamente, no haya boda…-

El Príncipe Vegeta se apresuró y exclamó-Nuestra alianza no se verá afectada.-En tono firme, serio, con una postura digna de un comandante de guerra, ahora sólo miraba fijo a la gobernante, que buscaba escanear en su alma, y asegurarse que no está tirando a su hija a las bestias, que todo el universo conocía. Pero darse cuenta que estaban dispuestos a asociarse con ellos, a pedir ayuda personalmente al Reino de la Luna, para frenar a un enemigo, la hizo caer en cuenta, que tal vez, solo tal vez…Querían un tratado de Paz verdadero, no un sometimiento, como lo habían hecho tantas veces. También temía a ése enemigo con el que competían, deben de estar seguros que han encontrado a alguien aún más peligroso y letal que ellos.

El Rey Vegeta levantó una ceja mientras veía como su heredero, lo pasaba por encima, lo desobedecía, y hasta hacía arreglos por su cuenta. Si una mirada pudiera tirar fuego, el Príncipe de Vegeta-sai estaría carbonizado hasta los huesos. Pero no podía contradecirlo con el escrutinio público de sus concejeros, y las Sailors Scout que presenciaban la firma del tratado. Aun así su mirada era algo que no podía disimular. Su hijo era orgulloso, caprichoso, y desde que lo había superado en poder y fuerza, ya no había quien lo detuviera a hacer su santa voluntad.

La Princesa, al escuchar que el tratado se respetaría sin importar el resultado del cortejo, por fin pudo respirar y relajar su mirada. –"¿Cortejo?"- Pensó, sólo había leído de lo primitivo y hormonales que eran los Saiyajines con respecto a una pareja, no eran poetas, o seres románticos siquiera. Pero sí eran físicamente como los seres de la Luna y los demás Seres Humanos, a excepción de la cola. Miró atenta a la figura del guerrero, por primera vez, aunque ya lo había visto en fiestas o reuniones, no le parecía diferente. Pero ahora que le debía prestar real atención, se fijó en su complextura musculosa y ruda, cabellera negra abundante, su piel morena clara, sus ojos negros insondables, con el ceño fruncido todo el tiempo; como si siempre anduviera de malas… y…esa cola…Por un segundo se preguntó, llevándose una mano en puño a su pecho -"¿será esa cola la única diferencia física entre nosotros?"- .El príncipe de pronto se percató del escrutinio de la muchacha, le fijo la mirada, como si hubiera apuntado a un enemigo que acababa de encontrar para eliminar. Ella pegó un salto y él dio una pequeña sonrisa ladina, miró al piso y volvió un paso atrás donde estaba, y giró la vista al frente donde el tratado debía firmarse. Eso era lo de real importancia, no los planes casamenteros de un grupo de nobles metiches.

A pesar de las miradas desconfiadas de los saiyajines, los consejeros, las Scouts. La Reina Serenity se dio cuenta que todos esperaban una respuesta clara, y contundente de su parte. Miró a su hija casi en forma de pregunta sobre la situación, ella asintió levemente, se paró recta, infló su pecho, y se puso seria, si algún día quería ser una gobernante digna como su madre, tendría que aprender de estas cosas, y seguro no sería la primera vez, que tenga que lidiar con algo similar, o aún más peligroso. Además en años solares él tenía 25 y ella 20, para ser una primera vez de estas cosas, podría haber sido algún monarca o un noble mucho más viejo y desagradable…Aun así su instinto de "huye, corre, escóndete de la bestia", le gritaba.

-¡Bien!-Afirmó la Reina-Acepto, los términos de esta alianza

-ACEPTAMOS-Reafirmó Serena-En verdad esperamos que éste sea un nuevo comienzo para ambas partes-Suavizó su mirada y dio una sonrisa.

El heredero de Vegeta-sai, de pronto se sintió un poco sorprendido, la muchacha parecía que iba a gritar y quebrarse del miedo, aun así mantuvo una postura y un tono de voz digno de una monarca, y hasta les dedicó una sonrisa complaciente, relajando la actitud de toda la sala y los guardias de ambos bandos. Esto…"Será… ¿interesante?" Pensó con pocas esperanzas que apareciera una hembra que realmente le sorprendiera, y menos una mujer con mente de niña, como la que presenciaba. Su orgullo nunca lo dejaría admitir que estaba una pequeña pulgada interesado.

Serena era fácil de leer en momentos así, observaba al Príncipe, al Rey .Y se percató que el Príncipe ahora "¿pretendiente?" La observaba de a ratos como diciendo, "lo sé niña…es difícil dejar de verme". Y era exactamente lo que él pensaba, estaba seguro que nunca vió a ningún espécimen masculino como él, sabiendo lo debiluchos prospectos de la tierra y la luna,-"ja, será divertido reírme un poco de ella en el tiempo que dure el cortejo."-

Al terminar la exhaustiva reunión, el Príncipe Vegeta, se inclinó para despedirse, no sin antes darle un saludo a parte a la princesa, se quitó el guante de su mano derecha y procedió a tomar la delicada mano de la chica. Tal acto, pareció poner en pausa a todos alrededor, que se impactaron por el gesto. Se inclinó y acarició con su pulgar los delicados nudillos, y los besó. De golpe sintió que no debió hacer eso rodeado de tanta gente, porque sentir la piel fresca en su mano, luego acercarla a su rostro, hizo que su olor se estrellara en sus fosas nasales , de una manera que ninguna otra femenina lo había hecho, invadiendo sus pulmones, expandiéndose en su pecho, como si hubiera inhalado una sustancia extraña. El golpe final fue cuando sus labios, y la punta de su nariz tocaron su piel. –"Mierda!"- Pensó instantáneamente; había aprendido éste gesto de los terrícolas, lo había hecho un par de veces, y quiso ejecutarlo ahora como muestra de buena voluntad, hacia su…-"pretendida? Mierda Vegeta!¡Compórtate!"-Se reprendió así mismo; apretó su pecho, y puso su máscara dura de siempre, se enderezó y alejo. No sin antes captar la reacción de la Princesa; quien tenía un rostro ruborizado y una mirada azul entrecerrada con una pizca de lujuria, que se delataba en cómo cambió el ritmo de su respiración.

Serena no estaba mejor," Carajo!"Pensó,- "debo aprender más de esto. Su boca en mi mano, se sintió tan…Bien, no, más que bien, y sentirlo aspirar mi aroma de esa manera sutil. La punta de su nariz me hizo una pequeña cosquilla. Pero su boca…El calor de su boca…Carajo, carajo, necesito clases con Sailor Venus de inmediato. Basta de la Serena tonta. Este es el momento."-

Desde aquellos eventos ya pasaron 6 meses. Seis meses de citas programadas, siempre con damas y caballeros de compañía. Llamadas, pequeñas charlas, que más bien a veces parecían monólogos de la Princesa, que solía cortar abruptamente por el gesto molesto del saiyajin, quien no era nada adepto a las charlas. Aun así él se comportaba debidamente, aunque con los más pequeños gestos, como rozar sus muslos disimuladamente cuando se sentaban en un banco lado a lado, respirarle cerca para que ella sintiera su aliento chocar contra su piel. Todo, eran cosas tan sutiles, que a ambos los ponían a delirar y soñar por las noches, empezando a desear la compañía del otro. Así solo fuera compartiendo silencios.

Y ahora la Princesa Serena había dejado su hogar, para casarse con el Príncipe Vegeta, en un planeta parecido a la tierra, más rústico, en muchos sentidos y avanzado en muchos otros, especialmente en armamentos de guerra y tecnología. Hacía un poco más de calor que en su hogar natal, predominaban las estructuras de piedra, y bastante terreno de tierra rojiza, desértica, que contrastaban con los frondosos bosques que irregularmente se extendían.

Estaba en sus habitaciones, que suponía era la que compartiría con su ahora esposo. Sabía que también se acostumbraba en algunas monarquías a tener habitaciones separadas, al parecer éste no sería el caso. Lo averiguó rápido al ponerse a escanear donde habían guardado sus pertenencias, abrió un armario enorme, que en realidad parecía una habitación oculta; en la izquierda, sus ropas acomodadas en estantes y percheros; y en la derecha, la ropa de Vegeta, armaduras en su mayoría, con hombreras amplias y sin ellas, capas ceremoniales, y unos pocos pantalones de vestir y un par de camisas y zapatos.

De golpe, escucho los pasos de las botas que se acercaban a la habitación, se apresuró a cerrar el closet, volvió a ponerse frente a la ventana que estaba cubierta por unas cortinas blancas que se movían con el aire fresco que entraba, se posicionó para ver si esa pequeña brisa le calmaba los nervios, o al menos secaba el sudor de sus manos. Creía que la ceremonia iba a ser lo que pusiera sus nervios de punta, sin embargo, chocó de golpe con la noche de bodas, pensaba que con toda la información tan detallada que le habían dado Sailor Mercurio y Sailor Venus, y con algunos experimentos que hizo en ella misma, para tratar de calmar la ansiedad que dejaba Vegeta luego de cada cita; que de esa forma ya no tendría pánico. Pero una cosa leerlo, fantasear, explorar su cuerpo con sus propias manos…Otra muy diferente en carne propia, con el hombre que era objeto de su deseo. Sí lo había empezado a desear, anhelar, no estaba segura si era amor realmente, como el que leía en esas novelas para adolescentes. Pero de las novelas eróticas que Mina le había dado para su 'investigación', sí, las sensaciones de esos relatos era lo más parecido.

Vegeta, se había quedado verificando las guardias del castillo que ahora compartiría con su esposa. Quería que hubieran cero improvistos, ella estaba hace solo un par de días en un planeta desconocido, y en verdad pretendía que los días que pasaran allí fueran lo más despreocupados posible. Así ella se adaptaba lo más fácilmente a su nuevo hogar.

El castillo del príncipe, quedaba detrás del palacio principal, donde vivía su padre, las extensiones eran grandes, por lo que para llegar a él, era un recorrido de 3 kilómetros. Era llamado, los dominios del Príncipe, con toda razón, contaba con sus propios guardias, sirvientes, salas de entrenamiento. Y un patio interno que hizo arreglar especialmente para su princesa, era de noche, no lo iba a poder apreciar en ése momento, pero esperaba arreglar eso por la mañana, -"un desayuno allí no estaría mal, o en el balcón de nuestra habitación que da justo al patio."-

-"NUESTRA HABITACION"-, pensó, haciendo una pausa mientras llegaba a la puerta. No quería asustarla, ésa era su principal preocupación, si bien cuando se estremecía en su presencia le agradaba, se dio cuenta que, cuando se estremecía de deseo le era más agradable, le daba mucho más gusto y le inflaba el pecho de orgullo, saber que pudo seducir a un ser tan puro e inocente. Y que lo estaba esperando detrás de esa puerta.

Allí la vio, frente a la ventana, las 2 lunas de Vegeta-sai dejaban entrar su luz; ambas lunas una detrás de la otra, menguantes, la más grande reflejaba un tono rojizo y la otra un tono naranja. Ella se volteó a verlo, le sonrió y dijo-Hola

Vegeta tomó aire de nuevo-Hola…-Contestó-Y…La habitación es de tu gusto? ¿Hay algo más que te parece que deba arreglar? Los saiyajin soportamos bien las temperaturas extremas, ya sea frio o calor…-Aclaró su garganta-Así que házmelo saber, podría no darme cuenta… , de repente se arrepintió de no haber tomado aunque sea algún licor fuerte, a parte de las 2 copas del brindis de casados. Pero quería estar totalmente consciente en su noche de bodas, no quería sobrepasar su fuerza, y llegar a dañarla por algún reflejo brusco y mal coordinado por el alcohol.

Serena observó la habitación, estaban solo las 2 veladoras prendidas de las mesitas de noche, que se encontraban a cada lado de la cama. El piso era de madera oscura, desde la punta de la cama se extendía una alfombra blanca, que se veía suave como piel de conejo. La cama era enorme, con sabanas negras de satén cuya tela brillaba con la claridad que se dejaba entrar por la ventana. En verdad era una habitación enorme, espaciosa, cómoda, y a pesar de los tonos oscuros, se sentía fresca, acogedora. Cerca de la puerta, a unos pasos había una mesa donde había frutas, botellas de licor y una jarra grande de agua fría. Vio como el príncipe se acercó a la mesa, y predijo que se serviría algún licor, pero en su lugar, llenó ambos vasos de agua y se lo ofreció. Asintió en agradecimiento.-La habitación se ve perfecta hasta ahora, según pasen los días veré si llega a haber algo que quiera, adaptar, por así decirlo. Pero te consultaré por cualquier cambio.-No ignoró la risita que salió como un resoplo de parte del príncipe. De repente se encontraron mostrando casi abiertamente que se preocupaban por la comodidad del otro.

Vegeta observó a su esposa atentamente, su cabellera rubia abundante, peinada hacia atrás, pero que caía en cascada desde un broche que lo sostenía en esa posición, el flequillo fino que estaba a un dedo de sus cejas. Su vestido de novia, con el medio corsé que se usa en la corte de la luna, que solo agarra el pecho hasta casi la mitad de las costillas, los adornos en forma de rosas blancas, con pequeños bordes rojos al final de la caída del vestido, como un detalle de los colores del planeta, que era ahora su nuevo hogar. -"Un ángel"-, eso parecía, nunca vio ninguno, solo los había escuchado mencionar en relatos fantasiosos. Aun así no podía clasificarla de otra manera, -"¿ninfa quizá?"- Se acercó a ella dejando ambos vasos en la mesa, pasó la yema de sus dedos desde sus manos, hasta por arriba de los codos. Quería volver a probar un beso, pero no de la manera casta y reservada que hicieron durante la ceremonia, frente a todos esos ojos fisgones. En su planeta no se acostumbraba tal cosa, pero en el instante que había tomado esa pequeña muestra de sus labios, solo quería más, sin haberlo hecho antes parecía por instinto saber exactamente qué hacer. Así que, si bien sería reservado al principio, pero más prolongado, y vería como lo tomaba ella, si era receptiva al respecto, o era una costumbre que no quería tener en la intimidad. Para él no sería problema, la falta de besos nunca le impidió tomar a ninguna hembra.

Ella sintió su cálido toque y supo que todo iba a comenzar a partir de allí, estaba de frente a quien era ahora su esposo, debían consumar su unión, conocía su deber, y no era tan malo a simple vista. Notó como miraba su boca, con hambre, con lujuria; se sorprendió que de todas maneras, él se acercara delicadamente a besarla. Ella también se acercó a su encuentro, quería esto, cerró sus ojos, que dejaban notar su deseo. Y al entrar en contacto con los labios del príncipe, los abrió de golpe impactada por la delicadeza, la ternura, y lo dulce que estaba siendo con ella. Eso contrastaba con su mirada lujuriosa y su respiración llena de excitación. Cerró de nuevo sus ojos para intensificar las sensaciones. Ambos se dejaron llevar, él pasó sus manos a su pequeña cintura, apretándola a él, ella puso una mano en su pecho musculoso y la otra en su cuello. Serena empezó a corresponder el beso de una forma más activa. Vegeta se quedó un milisegundo inmóvil, para abrir sus ojos, y encontrarla totalmente hundida en el beso y empezando a mover sus labios con la boca entreabierta hacia él. Él correspondió como su instinto lo dicto en ése momento. Querían más, mucho más del néctar que estaban bebiendo, podían sentir los suaves roces de las lenguas de ambos asomando por sus cavidades. Vegeta rozó descaradamente con su lengua los labios de su esposa, y ella abrió aceptando de lleno su lengua. Estaban enredados, envueltos ya no había vuelta atrás. Como si ese beso sellara sus destinos.

Acalorados, se separaron en busca de aire, con los labios rosados por las caricias y succiones; Vegeta la alzó envolviendo un brazo en su cintura, presionándola contra él, pudo ver como la piel blanca de su pecho subía y bajaba por la respiración agitada, y un olor que se asomaba mucho más fuerte y potente que otras veces que lo había sentido en ella; su excitación. Si el beso lo había puesto duro, ése aroma hizo que la punta de su polla latiera y doliera. Se aseguró que mientras la llevaba al borde de la cama lo sintiera. Ella al sentir el roce de su entrepierna hinchada, contra uno de sus muslos, ahogó un gemido en la garganta; que provoco una sonrisa de satisfacción en su esposo, seguido de la mezcla de ambos gimiendo, agitados por la anticipación.

La recostó al borde de la cama, quería desvestirla de a poco, desenvolver lentamente su cuerpo, prolongar esa primera vez de verdadera intimidad que estaban compartiendo. Le quitó sus zapatos, debió estar nerviosa, porque no se los quitó a pesar de haber estado todo el día parada saludando invitados, bailando las danzas tradicionales con él y las Scouts, que la habían acompañado. Rozo sus pies y subió por sus pantorrillas, su piel suave, blanca, él quería más y empezó a subir la falda de su vestido; e instantáneamente la sintió rígida, fría, paralizada del susto. Vegeta subió hasta su boca y le susurró

-No pasará nada que no quieras, o que creas que no estas lista-Bajó por su cuello acariciándolo con su nariz y dejando pequeños besos, ella enredó sus dedos en esa cabellera negra, y Vegeta siguió- Después de todo…Tenemos toda una vida para explorarnos.-Soltó eso ultimo casi como un ronroneo.

La princesa sintió el efecto de sus palabras, era cierto, tenían toda su vida, ella podía aplicar lo aprendido y ver cómo, y qué le agradaba al heredero. Se enderezó y se paró al borde de la cama. El príncipe la siguió con la mirada al sentir su suave empuje para enderezarse. Parada frente a él dijo-Quiero desvestirte también-El príncipe asintió, y dejó las suaves manos femeninas recorrerlo para desvestirlo. Ella seguía asombrada de lo guapo que se había arreglado, era como un traje ceremonial, azul oscuro, pero con la pechera de una armadura típica saiyajin, color blanco, con bordes amarillos, sin las hombreras. Procedió a quitarle la parte de arriba, Vegeta la ayudó, y ella pegó un pequeño saltito al sentir el golpe de la armadura pegar al piso. Debajo llevaba una camisa blanca simple, pero con el cuello y las mangas bien arregladas y pulidas. Empezó desabotonándola desde el frente y luego procedió a las mangas y notó un detalle que le había pasado desapercibido. Él llevaba gemelos en las mangas con los símbolos del Milenio de Plata, la luna creciente. Fijó la mirada en él, que captó su reacción, y le dedicó una pequeña sonrisa, mientras ella se acercaba a darle un beso, y despojarlo totalmente de su camisa. Sólo un pensamiento cruzó la mente de Serena…

-"¡Soberana puta mierda!"

"¡Este hombre parece la estatua de un Dios o héroe Griego!"

"¡Qué carajos! ¡Mierda!"-

Vegeta sentía su ego inflarse ante su reacción, le cerró la boca que le había quedado abierta y le dio un pequeño beso en la nariz para sacarla de su estado de shock. Ella parpadeo saliendo de su trance, y comenzó a tocarlo, acariciarlo, estaba segura que era un guerrero entrenado de forma ardua, y disciplinada; pero tener un hombre como éste a su disposición, la hizo sentirse un poquito…indigna de él. Ella no estaba en tan mala forma, pero sabía que podía estar mejor-"quizá algún ejercicio que me levante más el trasero"-pensó-"o tener un vientre más duro…aaaaajjj no hay ninguno que me agrande el pecho. Sailor Mars va a decirme: Te lo dije."

Interrumpiendo su tren de pensamiento, seguía acariciando el torso de Vegeta, sus hombros, bajando un poco por su espalda detrás del cuello, y siguiendo por su abdomen tallado en músculos, llegó a su cadera y con la punta de sus dedos tocó la cola del guerrero, él la desenroscó de su cintura, para dejarla bailando lentamente de un lado al otro tras de sí. Serena la volvió a alcanzar con la mano.

-Es muy suave, casi siempre la paso desapercibida-Mencionó con una sonrisa, notando cómo la respiración de su esposo se puso pesada, y ¿gruñía? ¡NO! Eso era claramente un tipo de ronroneo.

-¿Vas a continuar mujer? ¿O vas a seguir jugando conmigo?-Dijo en un tono grave, acercándose a morder el lóbulo de su oreja-Si me sigues provocando en esa zona sensible, no estoy muy seguro de tener control de mis instintos… Y te aseguro… que no es lo que yo quiero.

-¡Lo siento!-Respondió soltando la cola poniéndose de un rojo profundo desde el cuello a las orejas.

-Jajajajajajajaja-Vegeta reía, es la primera vez que lo veía reírse con una carcajada relajada, y le pareció guapísimo, se le vinieron planes para hacerlo reír más, y ella también soltó una risita hasta que…

- ¡Momento!… -Se puso seria e infló su cara-¿Te estas burlando de mí en este momento?-Frunció su ceño.

-Sí.-Respondió claro acercando su cara-Eres bonita cuando te enojas así.-Con tono seductor y triunfante. Puso un dedo en su ceño enojado y lo levantó hacia arriba, pegando un beso luego en ése lugar, su nariz, y por último en su boca. Vaya, sentía que podía hacerla cambiar de humor fácilmente. La envolvió en un abrazo y la presionó contra su pecho desnudo.

Serena sintió su olor masculino inundando su ser, fácilmente supo que su olor era intenso en su pecho, y también, fácilmente la hizo olvidar de qué se había puesto un poco enojada. Rápidamente las manos de la princesa, buscaron los botones de su pantalón. Lo sintió ahogar un gemido ronco en su boca cuando se lo quitó. Estaba en bóxer azul oscuro, se podía ver claramente una erección, gruesa y larga, a la cual ella le dedicó una tímida caricia con la yema de sus dedos, y sintió el calor emanar de la punta.

Vegeta un poco sorprendido y sumamente excitado por el gesto pensaba,-"Ja, yo que creí que la hembra se asustaría, y que sería mucho menos activa, pero creo que tratarla suave es la clave, su timidez me parece muy seductora, pero… quiero hacerla mujer. Quiero hacerla… MI MUJER."-.

-Serena…-Susurró. Sus manos iban a su cabello, quitó el broche que lo sostenía, y entrelazó sus dedos entre sus suaves rizos dorados, bajó por su espalda para encontrar las cintas de seda que sostenían su vestido, seguía besándola de forma lenta y suave, y le sacaba suspiros y pequeños gemidos, que eran música para sus oídos. Dejó caer el vestido, separó el beso para verla en más detalle, sus ojos azules llenos de timidez, desviaron la mirada a un costado, mientras luchaba por no esconderse debajo de las cobijas. Volvió su vista a él, cuando sintió su mano acercase a su medio-corsé para descubrir sus pechos. Notó su mirada pegada a la suya, brillante, llena de deseo, jadeaban al unísono, mientras él se ahogaba con su saliva, y sus manos desarmaban los pequeños nudos de las tiras sedosas que protegían esos montes, con los que había soñado, fantaseado y dado placer cada noche para poder conciliar el sueño. Hasta esta noche, que la tiene en cuerpo entero para satisfacerse y mostrarle el placer que reservó solo para ella.

Y ahí estaban, tal como los había imaginado, dos pechos blancos, con pequeñas puntas rosadas, erectas, excitadas esperando sus caricias. Acercó sus manos por el costado de ambos senos, los acarició con el dorso. Y los tomó suavemente.

-¡Vegeta!-gimió al sentir sus masajes

-Perfecta.-Susurró mientras notaba como cabían perfectamente en sus palmas, llenaban sus manos, los masajeaba extasiado, acercó su boca lamiendo los costados, sin detener los intensos masajes, Con los dedos empezó a estimular sus pezones, que saltaban risueños cuando les pasaba el pulgar. Notó como los gemidos de su esposa se intensificaban, se retorcía de placer y ya no podía mantenerse en pie. La fue recostando suavemente en la cama, con una mano en su espalda. Ella sintió el contraste fresco de las sabanas debajo de ella, con el calor corporal que emanaba de éste escultural ser que se apretaba contra su pequeño cuerpo. De pronto todo se nubló. Él tomó un pezón de lleno en su boca, le dio una pequeña succión, lamía desde la base del pecho y agitaba su lengua en la punta, mientras la otra mano volvía a masajear su otro pecho. Su cola terminó de quitar su bóxer, liberando su polla dura y chorreante de anticipación. El sabor de sus pechos lo enloquecieron. Era mucho, mucho mejor de lo que creía, o lo que jamás hubiera probado, sus pezones rosas lo hicieron salivar tanto que le dejó ambos pechos brillando, y a ella con los ojos hacia atrás, perdida de placer.

Vegeta comenzó bajando sus besos por el valle de sus senos, su vientre plano, le dio un beso y una lamida a su ombligo, acarició su pequeña cintura. Y llegó al lugar deseado, a esa cavidad tan deseada que iba a descubrir apenas quitara esa prenda de seda, mojada de expectativa. Procedió a quitarla de un movimiento lento, queriendo gozar segundo a segundo del momento. Ella sentía que las atenciones del guerrero la enloquecían de lujuria, seguía con los ojos cerrados para intensificar y grabar a fuego sus caricias en su piel. Vegeta se acercó a besarla.

- ¿Estas tomando algo o usando algún tipo…-Hizo una pausa y seguía besando, mordisqueando su boca, mientras coronaba el gesto con su lengua-¿Tienes algún tipo de protección?-

Ella salió de su ensueño, parpadeó grande, mirándolo a los ojos, tragó grueso saliva-Aaahh…Eeemmm…Yo, yo…Pensé que querrías concebir pronto, así que no empaqué nada de eso. Tu… ¿No quieres herederos?-Preguntó intrigada.

Él apoyó su cuerpo en los codos, con cuidado de no aplastarla, la miró con el ceño fruncido, pero no había enojo en su mirada, seguía dándole besos en las mejillas, su cuello. La encaró -Sólo preguntaba por curiosidad, quizá era alguna medicina que debías tomar antes o después del acto, o algún artilugio que tendrías que ponerte durante el sexo. Con lo cual te iba a advertir que no era necesario, yo estoy tomando, una cápsula que se disuelve en el té, por las mañanas, cada dos semanas. Quiero tener mocosos contigo…Pero ahora…Ahora quiero tenerte sólo para mí. Aunque me gusta que no te repele para nada la idea.-Atrapó su boca en un beso intenso, con sus lenguas mezclando sus jugos, y los brazos y las manos recorriendo los cuerpos enredados.

Serena lo vió enderezarse, para enfilar su virilidad en su centro. Al observar esa enorme y palpitante longitud con detalle, creyó que moriría, sólo en pensar en esa gruesa punta atravesar su virginidad la hizo gritar y ponerse en posición defensiva, con sus piernas cruzadas a su pecho.

-¡¿Queeeeeeeeeeeeee?!¡No!¡Es muy grande, eso no va a caber ahí!¡Es pequeño! ¡ME ROMPERAS!Por…Por favor…-Rogó presa del miedo.

Vegeta parpadeó un par de veces en consternación de su accionar. Bien…No pretendía asustarla, y de golpe con una buena vista detallada de su polla; se alejó de él hasta el centro de la cama, asustada, con ésa mirada de conejo que le había dado la primera vez que le enfocó la vista. -Mujer…-Suspiró -Te dije que no iba a pasar nada que no quisieras, que teníamos tiempo. Sé que esto es mucho más de lo que habrás visto o estudiado de algún terrícola o ser de la luna- Mientras decía estas palabras, se seguía acercando a ella, posicionándose de nuevo arriba- Sé de otras formas de calmar nuestras ansias y nuestro instinto a punto de estallar- Su voz contra su oído volvió a sedarla, relajarla. Y se esforzó para concentrarse sólo en el aroma que exudaba el pecho de su esposo.

Abrió sus piernas de nuevo, al sentir como se estremeció, sujetando fuerte las sabanas, se acercó a besar sus pechos, mientras sus manos recorrían sus muslos -Serena, Sshhh…confía en mí…- En ése momento, su cola empezó a estimular sus pliegues, rozar su clítoris haciéndola gemir, y llorar de placer. Se agarró con ambas manos al cabello negro del saiyajin. Su sexo empapaba la punta del rabo peludo y atrevido. Vegeta gemía con los pezones de la mujer en su boca. Su virilidad comenzó a doler, en verdad a doler, tanto que gruñía de a ratos por el mismo. Se alejó y observó la vista más hermosa de su vida, una hembra con rizos largos, dorados, los ojos azules profundos, llenos de deseo, respirando agitada, moviendo sus carnosos montes de arriba abajo. Con las mejillas rojas, sus labios de igual color hinchados. Las sabanas oscuras sólo resaltaban su piel, blanca y tersa. Ése ser ahora lo miraba a él y a nadie más. Era SU ESPOSA, SUYA.

Ella solo observaba atónita a aquel guerrero arrodillado entre sus piernas. Que le dedicaba la mirada más lujuriosa y descarada de su vida. Ella también le dedicó detalle a su vista; en verdad, no había ni un gramo de grasa en ése cuerpo, era firme, esos abdominales esculpidos, brazos fuertes y venosos, que la trataban con tanta delicadeza. En ése momento quería dar un vistazo a su trasero, si todo se veía mil veces mejor sin la ropa; el trasero de ése guerrero, sería su perdición total!También deseaba tocar y besar con más detalle esas cicatrices en su cuerpo, que no le quitaban atractivo alguno. Era guapo por donde lo mirara. Y…Suave, su piel era tan suave, y su cola, ni hablar.

Vegeta acomodó las piernas de la hembra, juntando sus rodillas, y cruzándole las pantorrillas a la altura de su hombro. Su cola le ayudo a mantenerle las piernas en el lugar, mientras con una mano mantenía su cadera firme, con la otra ubicaba su polla entre sus muslos apretados. Y procedió a mecer sus caderas, estimulándose, mientras la punta chocaba con su clítoris, dándole a ella también mucho placer.

Las respiraciones agitadas llenaban la habitación. Los gemidos del nombre del príncipe retumbaban en las almohadas. Y los gruñidos del príncipe, se aceleraban con las embestidas que daba entre los muslos y entrepierna chorreante del líquido de ambos. El heredero se acercó un poco, poniendo las piernas de ella un poco hacia el costado, sin desarmarle el agarre que hacía en su virilidad.

-¡Se…Serena!-Gimió y la besó atrapó un pecho en sus manos, y pellizcó su pezón. Serena sólo pudo retorcerse, estaba cerca, el fuego se acumuló en su vientre como lava, y la vista de la polla del Saiyajin estimulando su clítoris fue demasiado.

-Vegeta…Aaahh!...Estoy cerca-Eso último fue casi un susurro, que para el príncipe, solo significaba que ella se estaba conteniendo con todas sus fuerzas. Y así era, porque apenas le dio la señal que él también estaba al borde. Se estremecieron ambos cuerpos.

-Serena!Aaahh! ¡Yo También, por favor acaba para mí, vente conmigo! ¡Lo Necesito ahora! Aaahh!

Ambos sintieron la explosión reverberar hasta su sangre. Se detuvieron empapados de sudor, tratando de controlar la desesperación por oxígeno. Serena con ojos entrecerrados veía a su esposo buscar unos pañuelos para limpiar el semen que quedó en su vientre. Le prestó atención y se sentía tibio, tocó un poco con los dedos. El olor no le pareció desagradable, aunque quizá solo eran efectos post-orgásmicos. De golpe prestó atención en la sensación entre sus piernas…-"¡OH NO!"-Pensó con pánico y vergüenza, tapándose la cara con ambas manos. No sabía cómo ocultar esto. Bueno…ya era inevitable.

Vegeta, se acercó con unos pañuelos de tela de algodón para limpiarla, y la vió, tapándose la cara, roja brillante de la vergüenza. "Ja…Es curioso"-Pensaba-"quizá le lleve un tiempo perder tanto pudor."

Se inclinó a limpiarla y ella soltó -Perdón. Perdóname, lo siento tanto, juro que es la primera vez que sucede.

No entendía nada de lo que su esposa pedía perdón, por… ¿Tener un orgasmo? ¿Haber postergado la consumación? Ella finalizó-He ensuciado las sabanas.

Vegeta abrió sus blancas piernas y lo entendió. Ella se había corrido a chorros! Dejando la parte interna de sus muslos internos escurriendo, y cayendo en la cama. Una gran marca de humedad debajo del trasero de la hembra, que brillaba por la luz de las veladoras, y la claridad que se colaba por la gran ventana del balcón; diferenciaba en la vista ambos fluidos. Él seguía viendo como su eyaculación se notaba blanca-perlada en el vientre de su esposa, mientras que la de ella se veía transparente y más brillante. Estaba fascinado-"Maravilloso"-Pensó-"Ni la he penetrado, y pudo acabar así. En verdad el cuerpo de ésta hembra es delicado y sensible. Nunca tuve a un ser así…Si se vuelve a dar; puede que…se lo tome con la boca."-

-No hay de qué pedir perdón-dijo Vegeta resoplando y terminando de limpiar a ambos.

-Pero las sábanas…-dijo sacándose del todo las manos de su rostro, viendo como el príncipe arrojaba los pañuelos a la esquina de la gran cama de tres plazas.

-No me molesta ni la mancha ni el olor-Dijo mientras tapaba a ambos debajo de las sabanas-Es más, TU OLOR, me gusta. Luego se limpiará todo, el sexo suele ser así-Concluyó

-Tu olor también me gusta.-Dijo mientras se abrazaba al pecho desnudo del guerrero y se acurrucaba, sintiendo como el sueño la vencía totalmente. Vegeta sólo pudo observar cómo se acomodaba en su pecho abrazando su torso. Creyó que se quedarían cada quien de su lado, después de todo la cama era grande. Jamás se quedó a compartir el lecho con ninguna compañera sexual de ningún tipo. Pero no le desagradó, la piel de la princesa era suave y fresca, ella tenía cada pulgada de su cuerpo pegada a él. Vegeta envolvió sus brazos a su alrededor acomodando sus rizos, y casi instantáneamente se quedó dormido.