Capítulo 2: Doble vida

Delante del ordenador de su oficina, Emmanuelle no dejaba de darle vueltas a la cabeza. Todo estaba siendo tan extraño últimamente. Aquellos sueños... la estaban perturbando.

Los sueños de Em se sucedían cuando menos lo esperaba. A veces eran cada tres días, otras veces pasaba una semana sin soñar con aquel extraño lugar. Nunca sabía cuándo iban a ocurrir exactamente. Comenzó a apuntarlo en una libreta para encontrar un patrón. Pensó que quizás el consumo de alcohol los provocaba, pero enseguida comprobó que no era así. Estaba completamente perdida.

Por lo general, sus sueños duraban una noche en tiempo real, y un día entero en aquel lugar: desde por la mañana, cuando despertaba; hasta la noche, cuando se dormía. Y era en ese momento cuando volvía de nuevo a la realidad.

Cada vez que regresaba "allí", era como si el tiempo no hubiese pasado en su ausencia, ya que despertaba como si solo se hubiese ido a dormir, y todo continuaba donde lo había dejado. Como una película a la que se le da al botón de pausa.

En su sueño, probó a pasar una noche entera sin dormir, para ver si se acababa por sí solo, pero únicamente se despertó cuando se quedó dormida. En otra ocasión, probó a echar una siesta, y también el sueño terminó, hasta la siguiente vez que regresó. Era casi como vivir una doble vida. Em a veces no distinguía si estaba despierta o soñando, pero poco a poco comenzó a ser consciente y mientras estaba allí, lo tomaba como solo eso, un sueño, un sueño lúcido en el que era consciente de sus actos.

Mientras estuvo en aquel desconocido lugar, empezó a salir más de la habitación. Conoció las costumbres y la forma de vida de aquellos bandidos. Ellos la trataban con respeto e incluso hizo algunas amistades. A pesar de que eran una panda de brutos, eran amables con ella, y en su presencia, intentaban comportarse como auténticos caballeros. Además, desde que ella llegó, un grupo salía todos los días a ayudar a reconstruir la pequeña aldea que había sido destruída por aquellos malnacidos que la secuestraron. Para ser unos bandidos, los del Monte Reykaku no parecían tan malos.

Con Genro en cambio, la relación era fría y distante. Todas las noches ella esperaba que él fuese a verla, pero nunca aparecía. Cuando él le explicó las reglas de "ser suya", ella creyó que eso implicaba dormir juntos. Em se preguntaba dónde pasaba él las noches.

Sin embargo, todas las mañanas Genro iba a la habitación para coger algo de ropa y entonces ella debía prepararle el baño yendo previamente a buscar agua al pozo y calentarla, para luego echarla en una gran tina que hacía las veces de bañera.

Una vez estaba todo listo, él entraba en el salón de baño con una mini toalla atada alrededor de su cintura, y Emmanuelle se deleitaba mirando su busto desnudo, tan fuerte y con los músculos bien marcados; y sus piernas, largas y esbeltas pero muy masculinas. Recordaba aquel anuncio de "Coca cola Light" que ponían en la televisión cuando ella aún era una cría. Pues era justo así.

Para su disgusto, él siempre le pedía que saliera para dejarlo solo. Momento que ella aprovechaba para preparar café en el comedor de la planta baja. Cuando él terminaba su baño, bajaba y se sentaba a charlar con los demás mientras ella le servía su café. Sin embargo a ella apenas le dirigía la palabra. Esto a Emmanuelle la traía de cabeza. ¿No se suponía que ella era ahora "su doncella"? Su doncella, chica de compañía, definiciones que no eran más que un eufemismo para "su putita". Pero él nunca la buscaba, ni le pedía nada relacionado con el sexo. Ojalá. Aquel sueño prometía ser su fantasía sexual más tórrida, pero en cambio, había pasado a ser una aburrídisima pesadilla, en la que ella se había convertido en la "chacha" del líder buenorro de los bandidos. ¿Podría ir a peor?

"¿Acaso él no se siente atraído por mí? ¿Ni siquiera un poquito?" pensó distraída mientras jugueteaba con un boli entre sus dedos.

Emmanuelle era una mujer atractiva, y ella siempre había sido consciente de ello. Pocos hombres se habían resistido a sus encantos. Ella suspiró. Definitivamente su fantasía sí podía ir a peor, ella era la "chacha" del líder buenorro GAY de los bandidos. Claro, no podía haber otra explicación, además de que Genro pasaba mucho tiempo con Koji, su mejor amigo. ¿Y si no eran solo amigos? Pero entonces, ¿por qué llevarla con él y darle ese discursito de "eres de mi propiedad,... harás lo que yo te diga,... bla bla bla..."?

Em se tapó la boca con sus manos al creer entender la situación. ¿Acaso no sería una tapadera para ocultar su homosexualidad? Visto el ambiente viril predominante, no estaría muy bien visto, y menos aún en el cabecilla de unos bandidos...


Como tenía tanto tiempo libre, Em se implicó en las tareas cotidianas de la fortaleza del Monte Reykaku. Ayudaba a cocinar, limpiaba el comedor donde se reunían para comer, incluso Koji se ofreció a enseñarla a utilizar un cuchillo para poder defenderse en caso de que se encontrara en una situación de peligro.

-"¿Por qué no hay mujeres aquí?"- preguntó Em mientras Koji le enseñaba algunas técnicas de defensa personal.

-"No se permiten mujeres, las mujeres solo traen problemas".

Em arqueó una ceja.

-"Tu caso es distinto, tú eres la mujer del jefe. Eso es sagrado. El líder es el único que puede tener una mujer aquí dentro, si así lo desea."

-"¿Soy la primera mujer que trae Genro al Monte Reykaku?- se atrevió a preguntar Em. No es que le importara demasiado, solo quería averiguar si era gay o no.

-"Eso tendrás que preguntárselo a él. "

Emmanuel quedó decepcionada por su respuesta. ¿Cómo podría hacerle una pregunta tan íntima a Genro cuando ni siquiera habían hablado sobre el tiempo?

¿Él te gusta, ¿eh?"- añadió el bandido con una sonrisa picarona .

Emmanuelle, contra todo pronóstico se sonrojó.

-"¿Y qué pasa con los demás? Tendréis necesidades, ya me entiendes..."- Si no podía averiguar la sexualidad de Genro, al menos la de Koji.

El bandido soltó una carcajada.

-"Eres muy mordaz"- le dijo impresionado por la forma tan natural en la que abordó el tema.

-"La vida de un bandido es peculiar. Muchos de los que ves aquí, tienen mujer e hijos, pero viven fuera de la fortaleza, en las aldeas aledañas. Normalmente, por las noches esos hombres vuelven a sus hogares, pero pasan el día aquí, o en las "misiones". Para los que no tenemos familia, encontramos otras alternativas, ya sabes... aquí se organizan muchas fiestas, y te aseguro que mujeres no faltan."

-"Oh, ya veo."- dijo pensativa.

Las dudas de Emmanuelle no solo no se habían despejado, sino que se quedó aún más inquieta. Se preguntaba qué clase de fiestas hacían en un lugar como ese. Esa panda de brutos con copas de más,... le daban escalofríos solo de pensarlo. Al margen de eso, Koji parecía ser heterosexual, era un avance en su investigación.

Aquella noche, Em se metió a la cama para dormir (y así despertarse en la realidad), cuando inesperadamente se abrió la puerta de la habitación.

Ante su expectante mirada, Genro apareció por la puerta. Mirándo sus grandes ojos azules, se quitó en silencio la funda de su espalda y su túnica, se descalzó y acto seguido se desvistió, dejándose puestos únicamente sus calzoncillos blancos.

"Mierda... ha llegado el momento" pensó ella mientras transpiraba por todos los poros de su piel. Ella estaba aterrada, pero al mismo tiempo lo deseaba. Respiró hondo y tragó saliva al bajar la vista y ver el bulto debajo de sus calzones. Pero él simplemente se dirigió al armario para sacar unos pantalones blancos de algodón que inmediatamente se puso.

-"¿Te incomoda que esté aquí?"- le preguntó al verla agarrando la manta con los puños cerrados en tensión.

-"Nnn...nooo"- contestó ella sin entender muy bien la situación.

Él se acercó hasta la cama y Emmanuelle tiró de la manta hasta su nariz retrocediendo ligeramente.

-"Solo quería coger una de estas" - le dijo mientras agarraba una almohada de la cabecera. -"No te preocupes, dormiré en el suelo".

Estirándose sobre la alfombra, Genro apoyó su cabeza en la almohada, y se acurrucó hacia un lado.

Tras un breve silencio, Em se relajó y volvió a su posición normal, algo decepcionada.

-"¿No tienes frío?"- le preguntó ella desde la cama.

-"Estaré bien."

-"Puedes dormir en la cama, no me importa".

-"Te dije que estaré bien".

Emmanuelle no insistió más, parecía cansado. Cuando su respiración se volvió mas fuerte, ella supo que se había dormido. Se giró hacia el borde de la cama y lo observó detenidamente. Así, en ese estado, parecía vulnerable y despreocupado. Una sonrisa se dibujó en su rostro, y mirándolo con ternura, ella también terminó por dormirse poco tiempo después.


-"Lo tuyo es muy raro, Em."- le dijo Camille mientras tomaban algo en la terraza del bar de siempre.

-"No entiendo por qué tengo esos sueños, y con él."

Emmanuelle se encendió un cigarrillo. Cuando estaba en épocas de estrés solía fumar.

-"Yo creo que estás obsesionada con él desde que lo viste, por eso aparece en tus sueños."

Em tomó un sorbo de la pajita de su mojito.

-"Tengo dos teorías."- le dijo Camille pareciendo muy seria. -"Una es que necesitas follártelo en tus sueños..."

-"¿Y la otra?"

-"La otra es que necesitas follártelo en la vida real." -dijo riéndose.

Em frunció el ceño.

-"Ya, y ¿qué le digo? Hola, apareces en mis sueños repetidamente, ¿quieres que nos acostemos? ¡Pensará que estoy loca!Además, estoy casi segura de que es gay."- dijo apoyando su cabeza sobre su mano, pensativa.

-"Piensa que es todo una fantasía creada por tu mente, seguramente ni siquiera se llame Genro en la vida real. Piénsalo bien, el "chico malo" que te cruzaste, por casualidad es un malvado bandido, y además es el jefe. Es tu subconsciente el que está dando forma a tus sueños, y el hecho de que sea gay, solo demuestra una vez más que siempre encuentras una pega a todos los hombres. Seguro que el Genro real no es gay."

-"No tengo ni idea de cómo parar esto"- dijo Em desanimada. -" El caso es que por las noches sueño con él, pero por el día no puedo dejar de pensar en él... ¡Me estoy volviendo loca!".- dijo echándose las manos a la cabeza.

-"Intenta desconectar, la danza suele venirte bien en casos como estos."

-"Sí, la verdad es que en las clases lo doy todo, pero ni así..."

-"Quizá solo necesitas echar un buen polvo con algún tío bueno, ¿hace cuánto tiempo del último?"

-"Pues hace ya bastante, la verdad... Justo antes de que empezaran estos sueños."

-"¡Ahí tienes la clave, querida Em!"


Emmanuelle llegó esa noche borracha a casa de nuevo. Se quitó los zapatos, y se tumbó en su cama. Sin desvestirse, rápidamente se quedó dormida y el sueño comenzó...


Cuando Em se despertó, se restregó los ojos. "Ufff, vaya nochecita pasada por alcohol..." Miró a su alrededor, Genro ya no estaba. Por la luz que entraba desde la ventana, dedujo que debía ser casi mediodía. Se vistió rápido y bajó al comedor donde había mucho ajetreo.

-"¿Qué pasa aquí?"- preguntó aún medio dormida.

-"¿Se te han pegado las sábanas?"- le dijo Koji bromeando.

-"Sí, una noche dura..."

-"Vaya... ya veo. Genro durmió contigo esta noche, ¿no?"-le dijo él guiñándole un ojo.

Em se sonrojó.

-"Nnnoo... no me refería a eso... da igual. ¿Qué es todo esto?" - dijo señalando un montón de cajas de madera con botellas y provisiones.

-"Esta mañana hemos salido a cazar algunos jabalíes y después hemos ido al mercado a comprar algunas frutas y hortalizas. ¡Ah y también bebida!"

-"Qué bien,.. ¿y eso? ¿Para qué tanta comida y bebida?"

-"¿No te lo ha comentado Genro?"

Em se encogió de hombros mientras negaba con la cabeza.

-"Mañana por la noche celebramos un banquete."

-"¿Un banquete?"

-"Sí, Genro ha invitado a los bandidos de las Tierras Rojas".

-"¿Los bandidos de las Tierras Rojas?".

-"Es un clan vecino. Hace poco nos ayudaron con un asunto y Genro quiere agradecerles".

Emmanuelle ayudó a guardar las provisiones en la despensa y cuando terminaron de comer, Genro se acercó a ella.

-"Ven conmigo"- le ordenó.

Emmanuelle le siguió hasta la habitación. ¿Qué querría ahora?

-"Te presento a los mejores sastres de la capital."- dijo señalándo a un grupo de personas que la esperaban dentro de la habitación. He ordenado que trajeran ropa más adecuada para tí. Habla con ellos para que preparen un vestido un poco más sugerente para el banquete de mañana."- le dijo mirando sus grises y opacos ropajes.

"¿Sugerente?" Emmanuelle se ofendió. Ella no tenía nada mejor que ponerse, la ropa de aquel lugar era una auténtica mierda, no resaltaban sus encantos femeninos para nada. Si al menos pudiese vestir como en el mundo real, vería lo que de verdad era "sugerente".

Genro salió de la habitación para dejarlos a solas.

Encima de la cama, habían dejado varios vestidos largos de telas finas y bordados a mano. Como accesorios, a su lado habían unas cintas largas y anchas para entallar los vestidos a la cintura.

-"¡Son preciosos!"- exclamó Em.-"¿Cómo se ponen?".- preguntó cogiendo la maraña de telas.

-"¿Nunca has vestido este tipo de ropas?"- preguntó sorprendida una de las mujeres. -"Toda mujer, debería sentirse bella con uno de estos de vez en cuando. No te preocupes, querida. Nosotras te enseñaremos a ponértelos."

El único hombre presente salió de la habitación, y las mujeres comenzaron a vestirla muy despacio para que ella aprendiera a ponérselos sola en el futuro. Cuando terminaron y Em se miró al espejo, le gustó lo que vió.

-"¡Estás preciosa! Te queda como un guante. Además con tu apariencia exótica, ¡resaltas aún más!"- le dijo una de las mujeres con una sonrisa.

Llamaron al sastre que esperaba fuera, y al verla se quedó impresionado.

-"Ahora, para mañana, ¿tienes alguna petición especial?"- le preguntó la mujer.

-"La verdad es que tengo algunas ideas..."- contestó Em.

Ella les explicó qué tipo de ropa quería, incluso les hizo un dibujo en un papel con el diseño que tenía en mente.

-"Supongo que podremos hacerlo. No es un ropaje muy común. ¿Es algún tipo de vestido típico de tu tierra?"- le preguntó la mujer.

-"Se podría decir que sí"- respondió Em con una sonrisa.

Los sastres se marcharon para ponerse manos a la obra. El vestido de Em estaría listo para el día siguiente, a tiempo para el banquete.

Emmanuelle decidió pasearse por el recinto con su nuevo atuendo, la verdad es que a pesar de ser largo, era cómodo puesto que era una tela que se enrollaba a su cuerpo, atada con una cinta, y dejaba una abertura para poder andar cómodamente.

Tal y como había planeado, se encontró con Genro en el comedor. Observó muy atentamente su reacción y para su satisfacción, su rostro se iluminó al verla.

-"Esto ya es otra cosa."- le dijo con una inesperada sonrisa colmilluda. -"Te queda muy bien".

-"Gracias, le respondió ella haciéndose la tímida."

"¡Bien. Misión cumplida!" celebró ella para sus adentros.


La semana pasó sin ninguna novedad en la vida de Em, hasta que el viernes, después de salir del trabajo, su teléfono móvil sonó. Era Fred que la estaba llamando. Después de dudar entre atenderle o no, terminó por contestar la llamada.

-"¿Sí? Hola..."

-"¡Hola Em! ¿Estás libre esta noche? Hace tiempo que no nos vemos."

-"Ehh, sí... creo que no tengo nada que hacer." - dijo sin pensarlo demasiado.

-"¡Genial! ¿Cenamos a las 20h donde siempre?"

-"Ok".


Emmanuelle llegaba tarde al restaurante donde había quedado con Fred. Le había tomado mucho tiempo prepararse y maquillarse, le gustaba que él la viera guapa, para que se diera cuenta de lo que se había perdido.

-"Ya estoy aquí. Lo siento, mi autobus llegó con retraso."- mintió.

Durante la cena, Fred le habló sobre su trabajo y cuando ya llevaban algunas copas, como de costumbre, terminaron recordando entre risas, anécdotas de cuando salían juntos.

-"Lo pasábamos bien, ¿verdad?"- le dijo él con aire nostálgico.

-"Sí..."

-"¿Quieres venir a mi piso para tomar la última?"

Emmanuelle vaciló. Cada vez que quedaban, la cosa siempre terminaba igual, con ella en su cama. La semana había sido larga, con mucho trabajo, y a lo mejor Camille tenía razón, y lo único que necesitaba era desfogarse un poco. Aunque Fred no era el más indicado. Una cosa era acostarse con él de vez en cuando, pero no podía permitirse retomar su relación con él.


-"¿Qué quieres tomar?"- le preguntó él abriendo el frigorífico.

-"No sé, lo que tengas".

Fred sacó de la nevera un par de cervezas frías.

Se sentaron en el sofá, y charlaron durante una hora más. Em ya estaba bastante ebria y comenzó a reírse tontamente. Fred aprovechó para acercarse a ella y poniéndole la mano sobre su mejilla, la besó en los labios.

-"Te echo tanto de menos, Em..."- le susurró mientras le besaba el cuello.

Em sonrió ante la agradable sensación de su aliento sobre su cuello. Ella también lo echaba de menos, pero no podía pasar por lo mismo una segunda vez.

Él la empujó suavemente hasta que estuvieron tumbados, él sobre ella, besándola por la abertura del escote de su camiseta.

Ella le correspndió entrelazando sus manos alrededor de su cuello. Él comenzó a desvestirla. Primero le quitó su camiseta, revelando su sujetador. Ella le ayudó a quitarse su camiseta y volvieron a besarse con necesidad.

Pero cuando Em cerró los ojos de nuevo, el rostro de Genro le vino a la mente, con sus ojos rasgados color ámbar y mirada penetrante.

-"¿Qué pasa?"- preguntó él al notarla distraída.

-"No, nada. Continúa."

Pero su imagen no se le iba de la cabeza. No deseaba estar con Fred, sino con Él. ¿Desde cuándo pensaba en otro hombre cuando se acostaba con Fred? Él había estado en su mente en muchas ocasiones cuando se acostó con desconocidos, pero jamás al revés.

Em apartó a Fred ante su sorpresa.

-"Lo siento, hoy no puedo."- le dijo ella mientras cogía su ropa y se calzaba a toda prisa.

-"¡Em, espera! Cuéntame, ¿qué pasa?¿ Hice algo mal?"- suplicó él.

-"¡Tengo que irme!"- se apresuró a decir mientras se dirigía hacia la salida.

La mano de Fred la frenó.

-"¿Es por alguien más? ¿Te has enamorado de otro hombre?"

Em se soltó de él.

-"No es eso. No me encuentro bien hoy."

-"Deja al menos que te lleve a casa"

-"No te preocupes, pediré un taxi."


Em caminaba por la calle borracha y con la cabeza en otra parte. ¿Por qué no podía dejar de pensar en aquel chico desconocido que aparecía en sus sueños como Genro? Pasó por el lugar donde lo vió por primera vez. Pero allí no había nadie. "Qué tonta. Enamorada de un tío que aparece en mis sueños..." pensó deprimida. Miró su reloj. Eran casi las 3 de la mañana, era peligroso andar sola por la calle a esas horas, así que finalmente pidió un taxi que la llevó a casa. Una vez allí, se puso el pijama, se desmaquilló, se lavó los dientes y tras tomarse un ibuprofeno, se metió en la cama. "¿Será esta noche la noche del banquete?"

CONTINUARÁ...