Capítulo 3: El banquete

Em se despertó tarde como de costumbre. Soltando un gemido perezoso, enseguida supo que se encontraba allí. Ya solamente el olor era particular, distinto, incluso la luz. En su casa normalmente bajaba la persiana para que la luminosidad no la molestara. Allí, por muy tupida que fuese la cortina, siempre entraba algo de claridad.

Era el día del banquete. Se sentía emocionada pero al mismo tiempo sus nervios estaban a flor de piel. Se vistió ropas cómodas y bajó al comedor a desayunar.


-"Últimamente te levantas muy tarde"- la voz de Genro la sorprendió. Al girarse para mirarlo, su corazón dió un vuelco. Él estaba tan guapo como siempre, pero no sabía por qué, ese día lo encontró aún más atractivo. Ella, que nunca se sonrojaba, notó el calor instalarse en sus mejillas a causa de él.

-"Lo siento..."- fue lo único que se le ocurrió decir.

-"Hace días que tengo que preparar yo mismo mi baño. La próxima vez te despertaré."- le dijo dándole la espalda para marcharse inmediatamente después.

Em se llenó de ira de nuevo y no pudo evitar soltar un gruñido. "No puedo creer que desaproveché la oportunidad de pasar la noche con Fred por culpa de este gilipollas" pensó.


Em ayudó a preparar la comida del banquete en la cocina. Juntaron varias mesas y dejaron espacio libre para que la gente pudiese moverse y bailar en la fiesta. Ella ayudó también a poner la vajilla y cubertería. La verdad es que no paró y el día pasó muy rápido cuando se dió cuenta que pronto anochecería.

Genro pasó al lado de ella y se detuvo en seco. Se acercó un poco y la olisqueó.

-"¡Dios! Date un baño antes de que llegue todo el mundo. ¡Apestas!"- le dijo apartándose y agitando su mano mientras hacía una mueca.

Emmanuelle tuvo que contenerse para no darle un puñetazo. "¡Será imbécil!" maldijo mientras se marchaba con cara de perro.

Cuando estuvo sola, se olió a sí misma, y para su desgracia, él tenía razón, ella realmente apestaba. "¡Qué vergüenza!" pensó enterrando su rostro entre sus manos. Había estado trabajando muy duro aquel día, y allí no tenía desodorante. Así que fue a prepararse un baño. Era un incordio tanto trabajo para llenar aquella tina con agua caliente, pero una vez dentro pudo relajarse al fin. Pensó en la fiesta de esa noche. Estaba decidida a emborracharse y así poder aguantar lo que se le venía encima, pero también era una oportunidad única para acercarse a Genro y que él se fijara en ella como mujer. O al menos averiguar de una vez por todas si era gay o no.

Su relax se alargó más de lo esperado y sin darse cuenta, el baño también. De pronto oyó que tocaban a la puerta insistentemente.

-"¡Em! ¿por qué tardas tanto?"- era la voz de Genro. - "¡Date prisa y sal ya!."

Em resopló exasperda. ¿Quién narices se creía hablándole así? Salió de la bañera enrollándose una toalla a la altura del pecho que la cubría hasta las rodillas. Abrió la puerta de golpe, saliendo empapada y goteando, visiblemente enojada.

-"¡Ya estoy aquí! ¿Contento?"- dijo de malas maneras. -"¿Dónde está el fuego?"

Genro se quedó paralizado al verla así. La miró de arriba a abajo mientras sus pupilas se dilataban al máximo.

-"T...tu vestido... está listo. Lo han dejado en la habitación"- dijo él titubeando.

"¿Está nervioso por mí?" se preguntó Em satisfecha de comprobar que sus dotes femeninas al fin funcionaban con él. Pero aún seguía enfadada, y su cara no lo disimulaba.

Hubo un incómodo silencio en el que los dos jóvenes se miraron sin saber qué decir. Genro tragó saliva nervioso al ver las gotas de agua resbalando por los hombros de ella hasta su escote. Em en cambio se fijó en una cajita de madera decorada a modo de joyero que él sostenía entre sus manos.

-"Oh sí, lo olvidaba..."- dijo él estirando sus brazos para mostrárselo. -"Esto es para tí. Son algunos pendientes y otras joyas para que te pongas cuando quieras. Ponte algunas esta noche."

Em estaba sorprendida, la verdad es que nunca se hubiese esperado semejante regalo por parte de él.

-"Gra...gracias."- dijo relajando su expresión.

-"Te lo dejaré en la mesilla de la habitación. Ahora, termina de secarte, o te resfriarás".


Em miró con detalle el modelito que habían confeccionado para ella. Era justo lo que había pedido. Se puso primero una ceñida camiseta interior de tirantes en color blanco. No es que las usara en su vida diaria pero allí no habían sujetadores, y aunque no tenía demasiado pecho, era un engorro andar con las tetas sueltas todo el día y es más, no quería que se le notasen los pezones a través de la camiseta. Prefería que la gente la mirase a la cara cuando le hablaban. Sobre ella, se puso una camisa blanca de satén, un poco más suelta y también de tirantes, sin demasiado escote. Se la metió por dentro de una falda en seda, color rosa palo plisada que le llegaba hasta por debajo de las rodillas. También había una cinta a juego, que se ató alrededor de su cintura para entallarla. Y para terminar, una blusa abierta también en seda, de color negro, con estampados rosas y blancos, y mangas tres cuartos. Por último, se calzó unas sandalias con cuña, hechas especialmente para ella. Solo faltaba el toque final. Abrió el joyero que le había entregado Genro y en su interior descubrió varios pendientes, collares y brazaletes. Todos parecían muy valiosos, no como la bisutería barata que llevaba habitualmente. Escogió unos pendientes colgantes en oro blanco y un collar alrededor de su cuello a juego, con una piedra preciosa que caía sobre su desnudo escote. Y para terminar, un brazalete ancho de oro, sencillo pero elegante. Se miró al espejo satisfecha. "¡Ahora sí!".

De pronto oyó que alguien tocaba a la puerta.

-"¡Ya casi estoy!"- dijo de mala gana pensando que sería Genro de nuevo para meterle prisa.

-"¿Puedo entrar?- le dijo una voz femenina.

"¿Una mujer? Quién será?"

-"Adelante"- dijo con curiosidad.

Una chica guapísima entró por la puerta con una gran sonrisa.

-"¡Hola! ¿Qué tal vas?"

Emmanuelle se quedó alucinada con aquella chica de belleza exótica sin igual. Ella debía tener más o menos su edad. Su pelo era largo y liso, su cara parecía de porcelana, con un rubor rosado y labios de fresa. Sus ojos estaban perfectamente maquillados en tonos pastel, resaltando su bonita forma rasgada.

-"Hola..."- dijo Em sin saber qué decir.

-"¡Wooowww! ¡Estás espectacular! Y eres muy guapa!"- le dijo acercándose a ella para mirarla más de cerca.

-"¡Tus ojos son tan grandes y azules! ¡Me encantas!"

-"Gracias..."

-"Oh, lo siento. Soy Jin, una amiga de Koji y Genro."

"¿De Genro? ¿Esta chica tan guapa y simpática?" Emmanuelle no sabía qué hacía aquella chica allí con ella pero no pudo evitar sentirse celosa.

-"¡Tranquila!"- dijo Jin agitando una mano como si le hubiese leído el pensamiento. -"A mí quién me gusta es Koji. Genro es tuyo"- dijo sonriendo.

Ella llevaba un pequeño maletín de cuero en la mano.

-"Supuse que no tendrías con qué maquillarte, así que déjamelo a mí."- dijo sentando a Em en la silla y poniendo el estuche encima de la mesa.

Jin sacó unos polvos que le aplicó en la cara y escote con una esponjita. Con un pincel, le aplicó delicadamente unas sombras en crema mezclando tonos grises y en tierra. Tras mojar otro pincel de punta fina en un botecito que contenía una sustancia líquida negra, le delineó los ojos. Seguidamente, con un pequeñó pincel plano untado en otra pasta blanda color coral, le pintó los labios, haciendo que estos se vieran brillantes y jugosos. Para terminar, sacó una brocha ancha y le aplicó unos polvos rosados para darle rubor a sus mejillas.

-"¡Y listo!"

Emmanuelle se miró al espejo, y se vió realmente bella. Esa chica era una excelente maquilladora.

-"Un momento..."- dijo Jin rebuscando en su estuche. -"¡Aquí! Unas gotas de fragancia no pueden faltar en una mujer."

Ella le entregó un pequeño bote de cristal que contenía perfume. Em lo abrió para olerlo, era un aroma fresco con olor a rosas. Lo volcó sobre la parte interior de sus muñecas, y se lo aplicó en el cuello y detrás de las orejas.

-"Estoy impresionada... gracias Jin"- le agradeció Em con una sonrisa.

-"¡No hay de qué! ¡Espero que podamos ser amigas!"

Em asintió y juntas bajaron hasta el comedor, donde había ya un gran barullo de charlas y risas. Un pequeño grupo de hombres tocaban alegremente, animadas melodías con instrumentos típicos del lugar.

-"¡Vayamos a servirnos algo para beber!"- le propuso Jin agarrándola del brazo y dirigiéndose hacia la barra del bar.

Las dos chicas se sirvieron dos cuencos de un licor que Em no conocía, pero era dulce y fácil de beber.

Em miró a la gente mientras ella sorbía de su cuenco. Algunos permanecían sentados mientras comían, otros charlaban de pie o bailaban al son de la música. En total debía de haber unas 40 personas, le sorprendió la cantidad de mujeres que habían mezcladas entre todos aquellos hombres.

-"¿Sabes?" - comenzó Jin. -"Fue en una fiesta como esta que conocí a Koji y a Genro hace un par de años."

-"¿De veras?"- preguntó Em. -"¿Cómo se viene a una fiesta de este lugar? ¿Hace falta invitación o algo?"

-"En general son fiestas privadas, solo para los bandidos del Monte Reykaku. A veces invitan a bandidos de otros clanes amigos. Luego ellos pueden invitar a las mujeres que les apetezcan. Yo soy de un pueblo que vive bajo su protección, y una amiga me suplicó que la acompañara a una de esas fiestas, porque un bandido que le gustaba la había invitado.

-"¿Protección?"

-"Sí. Existen muchos clanes de bandidos sanguinarios por estas tierras, y cuando no nos atacaban unos, eran otros. Nos quitaban todo lo que teníamos y se llevaban a mujeres y niños. Los bandidos del Monte Reykaku ya han trabajado para el Emperador de Konan antiguamente, así que firmaron un acuerdo que consistía en que ellos protegen las aldeas de la zona de otros bandidos, y a cambio reciben una compensación de Palacio. Así, gracias a ellos ahora podemos vivir más tranquilos, y sabemos que si nos atacan, ellos nos ayudarán."

-"Vaya... contándolo así, no parecen bandidos..."- dijo Em sorprendida por su historia.

-:Naaahh, son unos buenazos. Lo que les queda de bandidos es la juerga, el alcohol y las mujeres. ¡Eso y que son una panda de brutos!"- dijo Jin riéndose.

-"Bueno, y ¿qué pasó en aquella fiesta? ¿Fuiste o no?- la curiosidad picaba a Em.

-"Al principio me negué, pero acompañé a mi amiga solo para asegurarme de que estaría bien. Una vez allí, Koji me invitó a un trago y bailamos juntos toooda la noche. Desde entonces nos vemos cuando viene a visitarme o cuando dan alguna fiesta."

-"Así que... ¿sois novios?"

-"¡Ojalá! ¡Ese cretino no es capaz de comprometerse con ninguna mujer!"- dijo Jin cambiando completamente de tono y de humor. -"Siempre acabamos juntos en la cama, pero nuestro compromiso aún no es oficial, y a veces me paso semanas sin verlo."

-"Vaya... lo siento..."

-"No pasa nada, estoy acostumbrada."

-"¡Mira! ¡Allí está Genro!" - le dijo Jin dándole un codazo para atraer su atención.-"Koji y él siempre están juntos. Son casi como hermanos, por eso al final nos hicimos amigos también."

Em escuchaba atentamente todo lo que Jin le contaba mientras miraba a Genro charlar animadamente con unos y con otros. De pronto, sus miradas se cruzaron y haciéndose paso entre la gente, atravesó la multitud para llegar hasta la barra donde estaban las dos amigas.

-"Ahí viene" -dijo Jin disimuladamente."

Genro saludó primero a Jin y después se colocó al lado de Emmanuelle.

-"Ey Genro, ¿dónde está Koji? Aún no le visto."- preguntó Jin ansiosa.

-"¡Y yo que sé! ¡No soy su niñera!"- le dijo con tono despreocupado.

-"¡Serás desgraciado!"- replicó ella abalanzándose contra él para golpearlo. -"¡Siempre estáis juntos!¿Cómo que no sabes dónde está?"- le recriminó intentando golpearlo mientras Genro se protegía con sus brazos.

-"¡Auch! ¡Basta Jin!"

De pronto, algo llamó su atención y se detuvo.

-"¡Koji!"- gritó inesperadamente Jin entusiasmada al ver que su amado bandido acababa de aparecer. Rápidamente se echó a sus brazos y le plantó un intenso beso en los labios.

-"Te echaba de menos amor"- le dijo Koji cariñosamente.

-"¡Mentiroso!"- replicó ella enojada dándole una bofetada en la cara. -"¡Hace siglos que no vienes a verme!"

-"¿Bailamos?"- propuso Koji con dulzura mientras calmaba su dolorida mejilla con su mano.

La expresión de Jin se suavizó. Tras guiñarle un ojo a Em, la pareja se fue a bailar tomados de la mano.

Em se había quedado alucinada con la personalidad de aquella chica. Con qué facilidad podía gritar y golpear a Genro, ¡el líder de aquellos bandidos! Y cómo se echó a los brazos de Koji sin pensarlo dos veces, sin importar lo que pensaran él o los demás. Era una mujer extraordinaria, fuerte y decidida. Realmente se hizo su fan.

-"¿Me sirves un trago?"- le dijo Genro indiferente interrumpiendo sus pensamientos.

Em agarró la botella de saque y un cuenco y le sirvió.

Con la vista fija en sus dos amigos bailando, él tomó un trago.

-"Estás realmente bella hoy"- le dijo mirándola seductoramente.

De pronto, acercó su rostro a su cuello, tan cerca que la piel de Em se erizó. -"Y hueles delicioso"

Su aliento le hizo cosquillas. Em jamás se había excitado tanto con un gesto tan simple.

-"Gracias..."- dijo sonrojada.

-"¿Te diviertes?"- le preguntó él.

-"Con un par más de estos, me divertiré más."- dijo ella con una sonrisa señalando su bebida. Él le devolvió una sonrisa lobuna y la agarró por la cintura.

-"Ven"- le dijo ante el asombro de ella. -"Es hora de que te presente."

Genro se llevó a Em y estuvieron hablando con diversas personas. Todos los presentes se quedaron maravillados con la belleza de la chica extranjera. En ningún momento Genro se separó de ella. Él estaba alegre y radiante, y sobre todo, era amable y delicado con ella. Todo lo contrario a su habitual rudeza. Em estaba encantada con su nueva personalidad descubierta.

Después de la cena, y tras muchas presentaciones, volvieron a la barra del bar, para encontrar un poco de tranquilidad y servirse más bebida. Em ya estaba bastante borracha, así que decidió que ese trago sería el último. La verdad es que en contra de todo lo que había imaginado, ella se lo estaba pasando bien. Los bandidos eran unos brutos, pero la presencia de mujeres, hacía que se comportaran más o menos decente. Había conversado con muchos de ellos esa noche, y se había reído de sus anécdotas. A esa hora de la madrugada, muchos de ellos estaban pasados de rosca y se habían retirado a una habitación con alguna mujer, otros se habían quedado dormidos en un rincón, y los demás seguían aguantando mientras brindaban y bailaban al son de la música.

-"Tengo que ir a mear" - le dijo Genro. -"No te muevas de aquí".

Em se quedó sola en la barra mirando la fiesta desde fuera. Jin Y Koji bailaban acaramelados entre besos y caricias en medio de un grupo de bandidos que gritaban y cantaban completamente borrachos. No pudo evitar reírse.

-"Hola preciosa"- Una voz masculina la sobresaltó.

Cuando se dió la vuelta, vió al líder de los bandidos del clan vecino. Genro se lo había presentado antes. Era un tipo joven y también apuesto.

-"Hola"- contestó Em con una sonrisa.

Él parecía tener ganas de conversar, pero Em enseguida notó que estaba demasiado ebrio. Ella trató de ser amable y pensó que al menos tendría compañía hasta que Genro volviese.

-"¿Cómo es que estás tan sola?" - le preguntó entre risas.

-"Oh, Genro volverá enseguida". - contestó Em mirando a su alrededor. Empezaba a sentirse incómoda con su comportamiento.

-"¿Genro? Seguro te ha dejado tirada para irse con alguna otra. Cada dos por tres cambia de mujer. Es un mujeriego."

-"¿Disculpa?" - dijo Em molesta.

-"Olvídate de él y vente conmigo, lo pasaremos bien" - le dijo mientras le acariciaba el brazo con sus dedos sugerentemente.

Justo a tiempo, Genro apareció.

-"¿Qué haces?" - le dijo con expresión amenazante al bandido.

-"Nada, nada. Solo charlábamos." - le contesto levantando sus manos en señal de paz.

-"Lárgate" - le dijo tajante.

El jefe de los bandidos de las Tierras Rojas se marchó inmediatamente, pero para disgusto de Em, la habitual expresión de Genro había vuelto.

-"Creo que deberías quitarte esa ropa y ponerte algo más común". - le dijo frunciendo el ceño.

-"¿Qué?" - dijo Em indignada. - "Fuiste tú el que me dijiste que me pusiera algo más "sugerente"". -Su mentalidad prehistórica estaba llegando a unos límites inaceptables.

-"Haz lo que te digo" - le insistió con autoridad.

Emmanuelle apretó sus labios, y se marchó de mala gana a su habitación. Se contuvo para no llorar, pero una lágrima se le escapó contra su voluntad. Se quitó la ropa tirándola al suelo, y se puso el pijama. Por supuesto, no iba a volver a la fiesta, y tampoco a él. Ella se acostaría y se dormiría para despertar en su realidad, donde no tenía que aguantar tales tratos machistas. Ya estaba harta de todo aquello.

Desde su habitación, podía oír la música y los gritos de aquellos que aún quedaban en la fiesta. Entre eso, y el "run run "de su cabeza, le era imposible dormir. Daba una vuelta tras otra. Así, hasta que al fin se hizo el silencio. Miró por la ventana desde la cama. En el horizonte se atisbaba la luz de los primeros rayos de sol. Pronto amanecería.

¿Decía la verdad aquel hombre? ¿Era realmente Genro un mujeriego? Esas preguntas la estaban atormentando en su cabeza. Emmanuelle estaba muy enfadada, pero no sabía si era por su modo de tratarla o por celos.

Cuando volvió a cerrar los ojos para por fin dormirse, oyó abrirse la puerta bruscamente. Ella se sobresaltó y se incorporó en la cama. Cual fue su sorpresa cuando lo vió a él entrar tambaleándose totalmente ebrio.

-"Te he estado esperando" - le dijo arrastrando las palabras.

-"¿Qué quieres?" - replicó ella con gran enfado.

-"Póntelo" - le dijo mientras se quitaba la funda y su abrigo.

-"¿Qué?"

-"Pónte todo de nuevo"

-"¿De qué hablas?" - dijo Em con exasperación.

-"Tu vestido raro."

Genro no podía estar de pie sin balancearse hacia los lados. Al final, terminó por sentarse en la silla recostado en el respaldo y con las piernas abiertas.

-"Creí que me habías "ordenado" que me lo quitara." - dijo ella cruzándose de brazos.

-"Póntelo para mí".- le dijo en tono lascivo.

Los ojos de Emmanuelle se abrieron de par en par. ¿Que pretendía?

-"Tápate los ojos" - dijo ella mientras cogía las ropas del suelo. De ninguna manera iba a ofrecerle un striptease ahora.

Genro se cubrió los ojos con sus manos. El silencio se instaló en la habitación, interrumpido por el ruido de la ropa rozando la piel de ella.

-"Ya está".

Él apartó las manos de su cara. Ella estaba de pie frente a él, descalza, con sus azules ojos fijos en el suelo.

-"¿Llevas las bragas puestas?"- preguntó inesperadamente.

Em levantó la mirada bruscamente clavando sus asustados ojos en los de él y después asintió con la cabeza.

-"Quítatelas"

Em obedeció y llevándose las manos debajo de su falda, deslizó sus braguitas por sus piernas y se las quitó.

Genro se levantó, ya no se tambaleaba, y se aproximó a ella inclinándose hasta que sus rostros casi se tocaban. Sus ojos, fijos en los de ella, parecían estar llenos de deseo y pasión. Em lo miraba entre una mezcla de excitación y terror.

-"¿Tienes miedo?" - le preguntó él, sus intensos ojos aún sobre los de ella. Em tragó saliva y negó en silencio con la cabeza.

Él acercó su rostro hasta su cuello y aspiró su aroma para después exhalar su aliento, provocando de nuevo una deliciosa reacción en la piel de ella. "¡Por Dios! ¡Estoy sin bragas! ¿Acaso pretende que forme un charco en el suelo?"

Tras algunos largos segundos de tensión sexual, Genro se apartó.

-"Estoy demasiado borracho para hacer esto ahora..." - dijo ante la incrédula mirada de Em, que vió cómo cogía sus cosas y se marchaba de la habitación sin decir nada más.

La puerta se cerró, y Emmanuelle permaneció de pie inmóvil, con su nivel de excitación en máximos, intentando entender lo que acababa de ocurrir.

"¿Pero qué coño le pasa? ¿En serio va a dejarme así? ¡Vuelve!" gritó en su cabeza, pero no fue capaz de salir en su busca. No sabía por qué, pero acercarse a él se le hacía muy díficil. Ese hombre la atraía demasiado, pero también había algo en él que le daba miedo.


-"Así que te calentó y después te dejó con las ganas" - dijo Camille entre carcajadas.

-"Grrrrr... ¡estoy furiosa! No se si podré aguantar esta tensión sexual mucho tiempo más.

-"Em, tranquila. Es solo un sueño. Creo que te lo estás tomando demasiado a pecho..." - le dijo su amiga en un repentino tono serio. -"Además, por muy borracho que esté, ¿qué hombre se resistiría en una situación así? ¡Eso no pasa en la realidad! Es tu subconsciente de nuevo que trata de decirte algo."

-"Pero es que parecen tan reales... cuando estoy allí es como estar aquí contigo. No es como esos sueños en los que todo es confuso, borroso y sin sentido."

-"Ya, pero siguen siendo solo sueños, eres tú quién está buscando otra explicación que no tiene sentido."

-"Mmmm... supongo que tienes razón."- dijo Em pensativa.

-"Pero lo más flipante de todo, es que rechazaras acostarte con Fred la última noche. Eso es algo inesperado, querida Em."

-"Lo sé. Para mí también fue una sorpresa. No sé muy bien qué me está pasando, por qué me afectan tanto esos sueños y ese chico."

-"Quizás es hora de ir a ver a un psicólogo..." - le propuso Camille con mucha delicadeza.

-"¿Crees que estoy loca?" - dijo algo molesta.

-"No necesitas estar loca para ver un psicólogo. Podría ayudarte a descubrir por qué tienes esos sueños continuamente."

-"Me da vergüenza... no sé ni siquiera cómo te lo he podido contar a ti..."

-"¡Porque yo soy tu mejor amiga!" -le dijo Camille con una sonrisa.


Emmanuelle llegó a su casa más pronto de lo normal. Esa noche no estaba para fiestas ni alcohol. Necesitaba descansar de tanto ajetreo y pensar. Miró su teléfono móvil. Tenía cinco llamadas perdidas de Fred y varios mensajes preguntándole qué tal estaba. Tampoco tenía cuerpo para hablar con él. Se sentó en el sofá y suspiró. Quizá Camille tenía razón e ir a un psicólogo podría ser la solución a sus problemas. Pero el mayor problema de todos, era que todas las noches se acostaba deseando volver allí, con él. No quería que esos sueños se acabasen jamás.

CONTINUARÁ...