Capítulo 4: "Quiero saber..."

Genro se apoyó de costado sobre la pared, en lo alto de la escalera. Después rodó y apoyó la parte de atrás de su cabeza y finalmente su espalda. Miró la puerta al final del pasillo.

"Dios,... ¿qué demonios estoy haciendo?" Pasó las manos por su rostro en un intento de despejarse. Estaba borracho, pero lo que acababa de suceder lo había puesto en alerta. Aún se libraba una batalla en su interior por si volvía o no a aquella habitación. Esa extraña mujer tenía algo diferente a todas las que había conocido hasta ahora... Todas, excepto Miaka. Emmanuelle y ella no se parecían en absolutamente nada, pero en cambio Em tenía algo que le recordaba a ella. Miaka...

Desde que ella se fue a su mundo con Tamahome, hacía ya diez años, él nunca había podido olvidarla. No es que estuviese triste ni deprimido. Por supuesto, él había disfrutado su vida como líder de los bandidos con juergas y mujeres. Pero de vez en cuando, más veces de lo que él quisiera, se sorprendía a sí mismo pensando en ella. Se preguntaba cómo iba su vida, si Tamahome la estaba cuidando bien, si ya habían tenido hijos,... Él ahora estaba a las puertas de la treintena, y aún no había encontrado ninguna otra mujer por la que sintiera algo tan especial como lo que sintió por aquella niña hace tanto tiempo. Había estado con incontables mujeres, muchas le gustaron, pero una vez se acostaba con ellas un par de veces, perdía el interés. Eso fue un problema. En cuanto traía alguna mujer a la fortaleza, ellas terminaban enamorándose de él, pero él nunca fue capaz de amar a una sola, y siempre terminaba hiriéndolas. Por ello, un día decidió no traer más mujeres al recinto y solamente mantenía relaciones esporádicas de mutuo acuerdo sin ningún tipo de compromiso. Hasta que apareció Em.

Cuando la vió por primera vez, se quedó fascinado por su apariencia exótica. Sus profundos ojos azules, sus cabellos dorados ondeando sobre sus mejillas ligeramente rosadas. Indefensa, sin ningún lugar al que ir. No podía dejar que aquel bandido bastardo la encontrara de nuevo y la forzara, no tuvo otra opción que llevársela con él al Monte Reykaku.

Todas las mañanas, se acercaba sigilosamente a la cama y la observaba dormir. Era preciosa.

A pesar de que siempre lo miraba con ojos asustados, ella era desafiante, y él podía percibir el deseo escondido tras su temor. Eso lo divertía, y aunque también la deseaba con todo su ser, tenía miedo de que esa atracción se quedara solo en eso. De ninguna manera quería herirla, pero esa noche por poco cruzó la línea. Además, ella no tenía a nadie. A decir verdad, no sabía nada sobre aquella joven, ¿Cómo llegó hasta allí sola desde tan lejos? Ni siquiera conocía su país, ¿dónde estaba su gente, su familia? ¿No pensaba regresar? ¿Por qué estaba ella en el país de Konan? Tras realizarse estas preguntas en su cabeza, se dió cuenta que no le había preguntado nada sobre su vida personal.

A duras penas, y en medio de sus pensamientos, llegó hasta su pequeño refugio, una casita de piedra algo alejada, a la que solo tenían acceso Koji y él. El lugar al que llevó a Miaka la noche en la que se conocieron. De nuevo, estaba pensando en ella. Si tan solo pudiese saber que estaba bien.


A la mañana siguiente, Em se despertó con una terrible resaca. Era extraño, puesto que la noche anterior no había bebido ni una gota de alcohol. Incorporándose en la cama, se llevó una mano a la cabeza. Entonces se acordó de la última noche allí, sus mejillas se calentaron al recordar aquel momento con Genro. Sí, ese día había bebido. Mucho. Aunque había pasado ya casi una semana desde su último sueño, su cuerpo aún sufría las consecuencias de aquella fin y al cabo, allí solo era el día siguiente.

Se levantó y abrió el armario para coger algo de ropa. ¿Qué podría ponerse ella para seducir a aquel pelirroja que la volvía tan loca? Todas las prendas tapaban más de lo que ella deseaba. Así no habría manera de mostrar sus encantos a Genro. Resopló. Debería pedir que vinieran los sastres de nuevo. "¿Pero en qué estoy pensando?"

Finalmente se decantó por un pantalón sencillo y una camisa de manga corta, al menos estaría cómoda, y decidió que un baño le sentaría bien.

Oyó cierto barullo y se asomó a la ventana a curiosear. En la calle, Genro y algunos hombres cargaban varias cajas pesadas en un carromato tirado por dos caballos, .

-"¡Eeehh!"- grito Em desde la ventana. -"¿Vais a alguna parte?"

Genro levantó la cabeza para mirarla.

-"Vamos a la ciudad, tenemos algunos negocios que hacer" - le contestó él volviendo a su quéhacer.

Su indiferencia puso furiosa a Em.

-"¡Yo también quiero ir!"- gritó con determinación.

Genro volvió a levantar la cabeza, y sus miradas se cruzaron por lo que pareció una eternidad.

-"Está bien. Date prisa. Partiremos enseguida."

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Em y se apresuró a bañarse y vestirse.

Cuando estuvo lista, corrió hasta la salida del recinto, donde la esperaba Genro en la carreta, con las riendas en la mano y algunos bandidos a caballo que escoltaban el carruaje.

Em subió ayudado por Tasuki y se sentó a su lado.

-"¡En marcha!"- anunció él mientras sacudía las riendas.

El silencio predominó durante gran parte del camino. Em se sentía algo incómoda. ¿Acaso él no lo estaba por lo de la noche anterior? ¿Por qué no decía algo?

-"¿Qué es lo que hay ahí detras?"- preguntó ella intentando romper el silencio y que el ambiente se volviese un poco más distendido.

-"Alcohol. Lo destilamos nosotros mismos. Vamos a venderlo en la ciudad."

-"Creía que erais bandidos..."

-"Y lo somos, solo que robar no es nuestra actividad principal. Ahora trabajamos para el gobierno, protegiendo pueblos y aldeas de otros bandidos. A cambio, tenemos algunos privilegios como destilar alcohol y venderlo, algo que antes solo podía hacer el propio gobierno."

-"Vaya, parece un buen negocio."

-"Lo es. También le suministramos a Palacio, y nos dan un porcentaje sobre lo que venden a tascas, posadas, mercados,..."

-"¿Como es que unos bandidos tienen tan buena relación con el rey? Sin ofender..."

-"Hace mucho tiempo se libró una guerra en estas tierras."- dijo Genro con cierta nostalgia. -"Los bandidos del Monte Reykaku luchamos junto al ejército de Konan. El entonces emperador de nuestro país,..." - hizo una pausa. -"Murió en la batalla..."

Em observó la expresión de Genro atentamente. Parecía estar muy afectado. ¿Acaso él y el fallecido emperador eran cercanos? Le parecía imposible, ¿cómo un bandido y un emperador podrían ser amigos?

-"Su hijo heredó la corona"- continuó,- "pero siendo tan solo un bebé, los fieles consejeros de Su Majestad se ocuparon de los asuntos de estado hasta que aquel niño creció lo suficiente como para gobernar."

-"Oh. ¿Cuándo ocurrió todo eso?"

-"Hace doce años"

-¿Doce años?- repitió Em sorprendida. -"¡Debías ser muy joven! ¿Qué edad tenías entonces?"

-"Diez y siete años"

-"¡Madre mía! ¡Eras solo un crío!"

-"¿Qué dices? ¡En aquella época ya era todo un hombre!"- dijo ofendido.

Em quería saber más sobre su pasado, pero su rostro parecía tan triste cuando hablaba de ello que no se atrevió a preguntar más. ¿Qué pasó? ¿cómo se vió él envuelto en aquella guerra? ¿ qué fue lo que la provocó? ¿quién era aquel misterioso emperador,... tantos eran misterios que lo rodeaban, y ella estaba tan intrigada por averiguarlo todo, pero ¿cómo preguntarle?

-"¡Primera parada!"- gritó uno de los bandidos.

Genro tiró de las riendas y los caballos se detuvieron delante de una pequeña casa de la que salió una joven y guapa mujer por la puerta agitando su mano.

-"¡Tasuki!"- gritaba la chica mientras Genro ayudaba a Em a bajar del carro.

La joven corrió y se abalanzó sobre él rodeandole el cuello con sus brazos ante la perpleja mirada de Em.

-"¡Oh Tasuki! ¿Al fin viniste a verme?"- le dijo cariñosamente.

Em no entendía nada. ¿Quién demonios era Tasuki? ¿Y quién era ella para abrazar así a Genro? De pronto se sintió increíblemente celosa.

-"Mayu, basta. Ya te dije que no me llamaras así."- le decía él mientras se la quitaba de encima incómodo.

-"¡Oh, tú siempre tan frío!"- dijo haciendo un puchero.

La mujer miró a Emmanuelle de los pies a la cabeza.

-"¿Esta es tu nueva novia?"- le preguntó a él con descaro.

-"¡Genro! ¿Traes lo mío?"- dijo un hombre más mayor que parecía habitar también en aquella casa.

Genro ignoró a la chica y fue a la parte de atrás del carromato junto con el hombre, donde descargaron algunas botellas que llevaron al interior de la casa.

Em se quedó esperando al lado del vehículo y Mayu no tardó en acercarse hasta ella.

-"Hola, soy Mayu. ¿Tú como te llamas?"

-"Em"- dijo un poco molesta.

-"¿Tasuki y tú estáis juntos?"

-"¿Por qué le llamas así?"

La chica abrió los ojos en sorpresa.

-"¿Qué? ¿No sabes quién es él?¿De dónde eres? Claro, con esa pinta, debes ser extranjera."

Em empezó a exasperarse.

-"Supongo que eres nueva. Te voy a ahorrar tiempo y sufrimiento, querida."

Em arqueó una ceja.

-"Él y yo estuvimos juntos hace algunos años, me llevó a la fortaleza, pero por más que me esforcé, no pude hacer que se enamorara de mí. Corre el rumor de que se enamoró perdidamente de la sacerdotisa y que jamás la pudo olvidar."

-"¿Sacerdotisa?"

"¿De qué va toda esta historia?" pensó. Em estaba realmente perdida, ¿ahora una sacerdotisa?.

-"Si solo quieres pasar un buen rato, te diré que es pura pasión en la cama. Pero si buscas algo más, olvídate."- le dijo susurrando.

-"¡Mayu!"- Genro salió de la casa. -"No la molestes, ella no es de por aquí."

La joven le guiñó un ojo a Em con una sonrisa y después se apartó, colocándose a un lado junto al hombre mayor para despedirse de ellos.


Mientras continuaban su camino hacia el Palacio, Em no dejaba de pensar en lo que aquella mujer le había contado. Ahora tenía más preguntas que antes. ¿Cómo sacar el tema de una sacerdotisa de la que supuestamente estaba enamorado?

-"¿Quién es ella?"- decidió empezar por lo más fácil.

-"¿Mayu? ¿Por qué? ¿Estás celosa?"- le dijo con una sonrisa pícara.

Em se sonrojó.

-"¡Claro que no!"

-"Solo es una vieja amiga".

-"Así llamas a tus ex?"- dijo Em mostrando cierto rencor.

Genro la miró sorprendido.

-"¿Qué te ha dicho?"

-"Bueno, poca cosa. Que la llevaste a la fortaleza contigo."

-"Sí, bueno. Fue hace mucho tiempo..."- Genro la miró fijamente. -"¿Acaso tú no has estado con otros hombres?"

Em no esperaba ese giro en la conversación.

-"P..ppues claro que sí..."- respondió ella nerviosa. Hablar con él sobre sus amoríos la incomodaba.

-"¿Cuándo fue la última vez que estuviste con un hombre?"

-"¡Eso no te incumbe!"- le dijo enfurecida por la indiscreta pregunta.

-"Eso me parecía..."

Em lanzó un gruñido de protesta. Él había desviado el tema hábilmente para no tener que hablarle sobre su pasado amoroso. No tenía un pelo de tonto.

Al fin llegaron a Palacio. Un hombre mayor con nobles ropajes salió a recibirles en la entrada.

-"¡Tasuki! ¡Qué alegría verte de nuevo por aquí!"

"Otra vez ese nombre" pensó Em.

-"Pasa por favor. Su Alteza Boshin te recibirá dentro. Los guardias ayudarán a tus hombres a descargar."

-"Hoy vengo acompañado."- dijo refiriéndose a Em.

-"¡Oh! Qué joven tan bella."- exclamó. -"Por supuesto es bienvenida."

Em bajó la cabeza en señal de agradecimiento y los tres se dirigieron al interior. Em se quedó fascinada por la belleza de los jardines interiores mientras cruzaban los majestuosos pasillos del patio.

Entraron a un gran salón señorial, donde había un niño muy guapo de unos 12 años sentado muy rígido en un trono, con ropas largas de seda y un extraño tocado en la cabeza. Su seriedad y firmeza no parecían propias de su edad. Sorprendentemente, Genro se inclinó ante él.

-"Muestra tus respetos"- le dijo susurrando a Em. -"Él es el Emperador de Konan."

Ella inmediatamente se inclinó al igual que él, y pensó en la historia que le había contado antes. Así que aquel niño era el hijo del emperador fallecido, pensó.

-"Levantaos."- ordenó el niño solemnemente.

Ambos obedecieron, y aquel chico se levantó de su asiento para acercarse hasta ellos.

-"Tasuki, me alegro de verte, amigo".- le dijo mientras lo abrazaba como quién abraza a un hermano mayor.

-"¿Cómo has estado Boshin? ¿Ya te ha crecido barba?- le dijo Genro bromeando mientras le revolvía el cabello, deshaciendo el tocado de su cabeza.

-"¡Te dije que no me hicieras eso! ¡No te imaginas lo que cuesta ponerse este artilugio!- dijo Boshin arreglándose el tocado con ambas manos. -"Tengo una imagen que cuidar, ¿sabes?."

-"Vale vaaale. No lo haré más. Lo prometo"- dijo Genro dándole una palmadita en la espalda.

-"Quién es tu amiga?- preguntó.

-"Oh, ella es Em. Es mi acompañante."

Em le saludó tímidamente. La verdad es que le costaba creer que un niño tan pequeño pudiera gobernar un país. Genro y él parecían muy cercanos, casi como si fuesen familia.

-"Siéntete como en tu casa Em"- le dijo Boshin con una amplia sonrisa. -"Los amigos de Tasuki, son mis amigos".

Em asintió agradecida.

-"Su Majestad."- un guardia real los interrumpió. -"Ha llegado otra visita."

Por la puerta apareció un extraño hombre, de unos treinta y muchos, que vestía una larga túnica y una capa. En su mano llevaba una especie de vara en la que colgaban varios aros que tintineaban al moverse. Cuando se acercó, Em pudo ver una cicatriz que le atravesaba su ojo izquierdo. Parecía alguien muy misterioso.

-"¡Tasuki, que sorpresa, si!"- exclamó el hombre al ver a Genro.

Em estaba demasiado intrigada por aquel nombre "Tasuki". ¿Quizás era un apodo amistoso?

-"¡Chichiri!"- respondió Genro con el mismo entusiasmo abrazándolo amistosamente. -"¿Cuándo has vuelto?"

-"Hará un par de días, si. Necesitaba un descanso y pensaba venir a visitaros. Mi próxima parada era el Monte Reykaku, si. Qué casualidad verte por aquí, si."

"¿Por qué habla de ese modo? " Ese día estaba siendo de lo más extraño para Em.

Chichiri reparó en la joven.

-"Hola. Soy Chichiri."

-"Ho.. hola. Yo soy Em"- respondió sin saber qué más decir. Allí todos se conocían, y ella se sentía fuera de lugar.

-"¿Eres amiga de Tasuki?"- preguntó con curiosidad.

-"Sss.. supongo".- dijo tímidamente.

-"Ehh Chichiri, ella me conoce por Genro."- añadió.

-"Oh, ya veo. No eres de por aquí, si."- le dijo mirándola como si pudiese entrar en su mente.

-"Nnn...no..."

-"Es de un lugar llamado Francia... ¿cómo se llamaba la ciudad?- le preguntó Genro chasqueando sus dedos.

-"Lyon..."- dijo ella.

Era evidente que ni Francia ni Lyon existían en aquel lugar, pero ¿qué podía decir ella? ¿Que todo aquello era un sueño y que todos ellos eran fruto de su perturbada mente? Quizá debería probar a decirlo en voz alta.

-"Ya veo..."- dijo Chichiri interrumpiendo sus pensamientos y entrecerrando su ojo sano.

"¿Quién es este tipo y por qué me mira con sospecha?"

-"La verdad es que tu acento me es desconocido para mí. ¿En qué parte se encuentra tu país?"

-"Eeeehhh... ¿al oeste...?"- dijo ella con nerviosismo.

-"Oh, ya veo, si. En todo caso, es un acento muy bonito."- le dijo finalmente con una sonrisa.

-"Pronto oscurecerá"- interrumpió Boshin. -"Será mejor que os quedéis a dormir esta noche en Palacio y salgáis por la mañana."


Em aprovechó para dar un paseo por los inmensos jardines después de cena. Le habían mostrado la habitación donde dormiría aquella noche, grande y lujosa, y estaba justo al lado de la de Genro. Estaba emocionada. Era como pasar un fin de semana en un antiguo templo oriental. Se perdió por los caminitos entre flores y arbustos. Había incluso un pequeño puente que atravesaba un estanque lleno de juncos y nenúfares. Aquel lugar era precioso y transmitía una calma sin igual. De pronto escuchó unas voces no muy lejos. Se acercó silenciosamente entre la oscuridad y en la balconada de los pasillos que daban al jardín, pudo distinguir la figura de Genro y aquel otro extraño hombre hablando casi en susurros.

-"Percibo un aura extraña en ella, si"- comentaba Chichiri. -"Como si no perteneciera a este mundo."

-"Eso es por que su belleza es de otro mundo."- dijo Genro bromeando con una sonrisa tonta.

Em esbozó una sonrisa en silencio ante su comentario.

-"No hablaba de eso, si."- objetó Chichiri. -"Es muy similar al aura de Miaka..."

Genro se puso serio.

-"Tú también lo has notado. Desde que la conocí, he tenido la sensación de que tenían algo en común. Pero no se qué puede ser."

El ruido de una rama pisada por Em alertó a los dos hombres. Dándose cuenta de que la habían descubierto, Em salió por detrás de los arbustos e hizo como si acabara de llegar.

-"Eyyy, qué hacéis aquí tan tarde?"- dijo ella disimulando con una sonrisa.

-"Nada, solo poniéndonos al día"- dijo Genro pasando una mano por detrás de su cabeza.

-"Me retiro a mi habitación, si. Em tiene razón, ya es muy tarde, si."

Los dos jóvenes estuvieron de acuerdo y se marcharon a sus respectivas habitaciónes.


-"Así que tienes competencia..."- le dijo Camille con una copa de vino blanco en la mano. -"Nada más y nada menos que una sacerdotisa... ¡Joder Em! Mira que eres retorcida, hasta en tus sueños te complicas la vida. ¿No podías soñar que te tiras a Chris Hemworth en Thor?"- bromeó.

-"¿Y qué quieres que haga? No controlo mis sueños!"- protestó Em.

-"No, pero sí puedes controlar que te afecten o no"- dijo cambiando el tono a uno más serio. -"Me preocupas, te estás obsesionando con ello y ya no sé si eres consciente de que no son reales. Es como aquella peli de Leonardo Di Caprio, "Origen"".

-"Vaaaamos, te lo cuento a tí solo para desahogarme y reirnos un rato."- dijo Em agitando su mano para quitar hierro al asunto. -"Por supuesto que no son reales".

Em mentía, pero no quería que su amiga se preocupase. Parecía una locura, pero estaba convencida de que aquellos sueños tenían alguna conexión con la realidad. Pero tenía que averiguar cuál era el nexo. Si tan solo pudiese encontrar al Genro de su realidad, quizá eso arrojaría luz a todo lo que estaba pasando. Debía averiguar más sobre el pasado de Genro, y su relación con la misteriosa sacerdotisa.


Cuando llegó a casa esa noche, encendió su ordenador portátil. Hizo una búsqueda en internet sobre el nombre de Tasuki.

"Tasuki, según la antigua leyenda china del universo de los cuatro dioses del cielo y la tierra, representa una de las siete constelaciones pertenecientes al punto cardinal dominado por el dios del sur, Suzaku..." leyó en voz alta.

Su hambre de información, hizo que pasara gran parte de la noche leyendo páginas sobre la leyenda del universo de los cuatro dioses, en especial de Suzaku, en la que los nombres de Tasuki y Chichiri aparecían como sus constelaciones. No podía ser solo casualidad. Incluso había un viejo artículo sobre un hombre que había traducido al idioma japonés el libro original en chino. Aquel hombre aseguraba que su hija había sido absorvida por el libro y después engullida por uno de los dioses de la leyenda. El artículo continuaba diciendo que en realidad, fué él mismo quién perdió la cabeza con aquella historia y mató a su propia hija en uno de sus delirios.

"Esto suena bastante macabro... ¿y si yo también estoy perdiendo el juicio como ese tío?" pensó asustada.

El cansancio la venció y se quedo dormida sobre la mesa de su escritorio con el ordenador encendido.

Cuando abrió los ojos, se encontró con la cara de Genro mirándola tan cerca que se sobresaltó.

-"Lo siento..."- se disculpó él. -"Estabas hablando en sueños y estaba intentando despertarte. Parecías inquieta."

-"¿Ah si?"- dijo ella restregándose los ojos mientras se incorporaba en el cabecero de la gran cama. -"¿Qué decía?"

-"Cosas sin sentido, algo como que no querías perder la cabeza tú también."

-"Oh,..."

-"¿Estás bien?"- le preguntó sentándose en el borde de la cama. -"Si tienes alguna cosa que te preocupe, puedes contármela."

¿Desde cuándo era él tan amable? Jamás se había interesado en cómo se sentía ella, nunca le había preguntado nada sobre su vida.

-"Estoy bien..."- respondió ella.

Genro no quiso insistir más, y se puso de pie de nuevo.

-"Date un baño en las termas y luego baja a desayunar. Ten, te traje unas toallas."

-"Oye..."- dijo Em antes de que él se marchara.

-"¿Qué pasa?"

-"¿Por qué todo el mundo aquí te llama Tasuki?"

.

CONTINUARÁ...