30 de julio de 1995.

Ya habían pasado varias semanas desde la finalización del cuarto año de Harry en Hogwarts. En este punto del verano se encontraba tirado sobre la hierba del jardín, debajo de la ventana de la casa de sus tíos, mientras escuchaba las noticias en la televisión, con la esperanza de captar alguna novedad sobre posibles ataques al mundo muggle por parte de Voldemort.

No fue fácil para Harry este tiempo lejos del castillo. Todos los días se la pasaba cavilando sobre lo que fue esa terrorífica noche en el castillo, desde el asesinato de Cedric a sus ojos, de lo cuál aún se culpaba furiosamente, la tortura que le proporcionó Voldemort, lo insgnificante que fue él para el renovado Señor Oscuro, su ímpetu que le impidió morir sin dar la cara, el avistamiento de las esencias de sus padres, y el posterior escape.

Las noches no fueron más amables para él. Continuas pesadillas sobre esos sucesos, y algunos avistamientos ocasionales de habitaciones desconocidas, risas macabras, torturas a personas que no conocía y un último vistazo a esos ojos rojos antes de despertarse de un sobresalto en medio de la madrugada, empapado de sudor, y con su cabeza a punto de explotar por el dolor de la cicatriz.

Pero eran en estos pequeños momentos que se daba un respiro de sus pensamientos, y buscaba algún indicio de mortífagos o del mismo Voldemort.

Lamentablemente, otra tanda de noticias sin ninguna novedad. El mundo muggle seguía tan normal como siempre, y del mundo mágico no tenía forma de saberlo. Las ocasionales cartas con sus amigos habían sido muy escuetas, sin darle información sobre nada, y la correspondencia con Sirius no fue mejor. Sólo algunas líneas donde le pedía paciencia y que no saliera de la casa de sus parientes. Internamente estaba enojado con todos, se sentía aislado sin saber nada.

Suspiró pesadamente con el mayor silencio posible, mientras se levantaba con sigilo para evitar que su tía descubriera donde se colocaba para escuchar la televisión.

Ingresó en la casa, intentando no llamar la atención de ninguno de sus familiares, y subió las escaleras rumbo a su habitación. Una vez dentro, se tiró en la cama, esperando poder descansar un poco. Las noches de sueño entrecortado se notaban en sus facciones, con ojeras bien marcadas, y cansancio en general.

Lentamente sus ojos se fueron cerrando, a medida que la noche caía en Privet Drive.

No supo cuánto tiempo estuvo dormido, hasta que unos golpecitos en su cabeza lo despertaron. Otra vez había soñado con Cedric, viéndolo morir en cámara lenta, con la impotencia de él por no poder hacer nada.

Se restregó los ojos, y se dio cuenta que era Hedwig quién lo había despertado con unos picotazos. En ese momento estaba en su escritorio, con otras 2 lechuzas esperando que recibiera el correo destinado a él.

Se acercó, desató las cartas de las otras lechuzas y un paquete de una de esas dos, y tan pronto la correspondencia estaba fuera de sus patas, emprendieron el vuelo y se internaon en la noche.

Una vista a su lechuza nival, y vio que también tenía algunas cartas atadas, y lo que parecía eran un par de paquetes.

"¿Todo esto para mí niña?" preguntó, con el ceño fruncido. La comprensión llegó un segundo después. Seguramente ya era medianoche y con ello su cumpleaños número 15.

"Vaya, se pasó rápido el verano" murmuró, mientras desataba las cartas de la pata de Hedwig.

Regalos de Hermione, Ron, Sirius, Remus, Hagrid y los Weasleys. Algunos libros, algunas golosinas. Lo que parecía una especie de bolso o cartera, de piel oscura. Un pastel de parte de la madre de Ron. Algunos productos de los gemelos, lo que le sacó una pequeña sonrisa.

Nadie sabía que él les había entregado el premio para que pudieran empezar con su sueño de la tienda de bromas, y estaba seguro que lo que le enviaron debían ser alguna de sus primeras invenciones. No las iba a tocar por el momento.

Las cartas no mencionaron nada fuera de lo común. Las felicitaciones por su cumpleaños, y la ya tan conocida advertencia para que no hiciera nada y se quedara ahí donde estaba seguro. Las descartó con un poco de irritación.

Se enfocó en lo que le habían enviado con las lechuzas que no conocía, y se sorprendió al encontrar una carta de Neville y lo que suponía que era un regalo de él.

Inmediatamente lo asaltó la culpa. No le había enviado nada el día anterior por su cumpleaños.

Abrió la carta para leerla.

Querido Harry:

¡Feliz cumpleaños! Espero que estés pasando un buen verano, a pesar de todo lo que está sucediendo, y que disfrutes mucho este día. Sé que quizás los eventos del último curso fueron difíciles de procesar, pero quiero que sepas que cuentas conmigo para lo que sea. Eres mi amigo, y estoy a muerte contigo.

Un abrazo grande.

Neville Longbottom

Harry frunció el ceño. ¿A qué se refería con 'todo lo que está sucediendo'?.

Todavía pensando en esas palabras, desenvolvió el regalo, y una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Un libro sobre plantas mágicas. Típico de Neville, aunque luego de que le ayudara con la segunda tarea, comenzó a respetar más su pasión sobre la herbología.

Dejó el libro sobre el escritorio, y su mirada ahora estaba sobre la otra carta. La tomó y notó que tenía el emblema de Gringotts. Preguntándose por qué se comunicaba el banco con él, rasgó el sobre para leer la misiva.

Estimado Sr. Potter:

Luego de los eventos del Torneo de los Tres Magos, dónde usted fue partícipe, y el Cáliz de Fuego lo consideró mágicamente como un adulto, emancipándolo antes de cumplir la mayoría de edad, es nuestro deber informarle que, como corresponde a las leyes de Gringotts, al cumplir los 15 años usted está en condiciones de asumir el señoría y la jefatura de su casa.

Por favor le pedimos que se acerque a nuestra sucursal lo antes posible, para cumplir con los requisitos solicitados, y poder cumplir con estos trámites, además de charlar sobre las finanzas y el estado actual de la Casa Potter.

Que el oro fluya continuamente y sus adversarios tiemblen en su presencia.

Duende Granhook

Gerente Senior, cuenta Potter.

Harry abrió los ojos, y se quedó estupefacto. ¿Señoría y jefatura de la casa Potter? No tenía la mínima idea de a qué se refería, y su suposición fue que era algo más que nadie se había molestado en explicarle.

Se sentó en la cama, con la carta en la mano, todavía con la cabeza dándole vueltas. Le pidieron que fuera al banco, pero eso era muy difícil. Tenía la leve sospecha de que alguien lo estaba vigilando. Quizás Dumbledore había encargado a algunas personas que lo observaran, ya que había notado a gente que no pertenecía al barrio con mayor frecuencia, aunque no podía estar seguro de eso.

Su mente empezó a correr a varias millas por segundo. Y una leve sonrisa apareció en su rostro al formarse un posible plan. A pesar de todo los pedidos de que se quedara encerrado, y que tuviera paciencia, esto le planteaba la excusa perfecta para aventurarse aunque sea por un día lejos de la prisión que significaba la casa de sus tíos.

Se acostó y cerró los ojos, con la esperanza de que el día siguiente fuera un refrescante cambio de ritmo en su aburrido verano.

Los primeros rayos del sol lo despertaron a la mañana siguiente, aunque todavía era de madrugada. Curiosamente no había tenido ningún sueño extraño, y pudo dormir bien, por primera vez desde que había vuelto del colegio.

Era bien temprano, porque no escuchaba ningún sonido de la planta baja, aunque el hecho de que fuera domingo también debió haber tenido que ver, supuso Harry.

Aprovechó para desayunar algo rápido, intentando hacer el menor ruido posible, para no despertar a nadie, y cuando terminó, se colocó su capa de invisibilidad y salió de la casa.

Una vez que llegó a la acera, respiró hondo, tomando coraje para poner en funcionamiento su plan. No estaba seguro de tener éxito, y si no lo hacía planteaba un problema para él. Pero tenía la esperanza de que sí lo hiciera.

Un par de respiraciones después, y aún debajo de la capa, levantó su varita, tal como lo había hecho hace 2 años.

Instantáneamente, el Autobús Noctámbulo apareció ante él, y la imagen de un Stan Shumpike confundido mirando hacia donde estaba él parado, aunque no lo podía ver.

Sin perder tiempo, se subió sigilosamente, mientras escuchaba a Stan indicarle a Earl que debió haber sido una broma o algo, porque no había nadie.

La primera parte del plan estaba hecha, y ahora dependía de la suerte de que alguna de las paradas fuera en el Caldero Chorreante, o al menos cerca del lugar. No tenía problemas en caminar.

Vio cómo el joven que cobraba se encogió de hombros, antes de que el transporte arrancara rápidamente a su velocidad habitual.

Se quedó de pie al lado de la puerta del autobús, agarrando con firmeza uno de los caños, para no perder el equilibrio ante el constante movimiento.

Abrió los ojos con sorpresa al ver el titular del diario El Profeta que Stan estaba leyendo a su lado.

"DUMBLEDORE INSISTE CON LAS ALUCINACIONES DE POTTER RESPECTO A QUIÉN-TÚ-SABES"

Se quedó en estado de shock, sin alcanzar a leer el contenido de la tapa, debido al descontrol del vehículo. No podía creer que no le creyeran. ¿Acaso pensaban que estaba loco?.

Sacudió la cabeza. Tendría que investigar eso, ya que nadie le había informado de nada.

Volvió a enfocarse al notar que ya estaban en Londres, rogando a Merlín que se acercaran a su objetivo.

Afortunadamente para él, el autobús se detuvo para hacer subir a un joven de aspecto sombrío, en lo que reconoció una de las calles cercanas al Caldero Chorreante. Sin perder un segundo, aprovechó el momento y se bajó del transporte, viendo como luego de que ambos pies estuvieran en el asfalto arrancó nuevamente alejándose de él.

Suspiró de alivio, y comenzó a caminar hacia donde recordaba que estaba el Caldero Chorreante. Eran las primeras horas de la mañana, y no había mucho movimiento en la ciudad, por lo que pudo caminar con facilidad sin preocuparse de chocar con alguien.

Luego de veinte minutos, por fin llegó al famoso pub, y esperando que nadie notara como la puerta se abría y se cerraba por sí sola, ingresó en el establecimiento.

Había pocas personas desayunando, y sin dudarlo se dirigió hacia el patio. El siguiente problema era que no recordaba exactamente la combinación que hizo Hagrid en su primera visita al Callejón, y no quería pedirle a Tom que le abriera. No le quedó otra opción más que esperar a que alguien abriera, ya sea desde el patio o desde el Callejón.

Estuvo de pie por lo que parecieron horas, esperando, y su impaciencia crecía con cada segundo. Cuando ya estaba considerando seriamente pedirle al cantinero que le abriera la entrada, una mujer desde el Callejón Diagon lo abrió.

Con rapidez Harry pasó a su lado, notando como la entrada se cerró justo detrás de él.

Mientras caminaba rumbo al banco, sintió una satisfacción por el simple hecho de que caminaba libremente, sin que nadie fuera consciente de su presencia. Era algo minúsculo, pero para él era algo que pocas veces experimentó.

Una vez que llegó a la entrada del banco, entró con la capa aún puesta, y una vez que estaba dentro, se metió detrás de una de las columnas, observando hacia todos lados que nadie notara que un joven se materializaba de la nada. Cuando estuvo seguro que nadie se iba a percatar de eso, se quitó la capa, y se encaminó hacia el mostrador al final del pasillo, colocándose en la fila donde había dos personas.

Como medida de seguridad extra, se había colocado una gorra vieja de Dudley, y mantuvo la cabeza gacha en todo momento hasta que fuera su turno.

"Siguiente" dijo exasperado el duende encargado.

"Tengo una cita con el Gerente de cuentas Senior Granhook" dijo Harry en el tono más bajo que pudo.

El duende le dio una mirada, pero no hizo ningún comentario. Simplemente se alejó del mostrador y desapareció por uno de los pasillos.

Regresó un minuto después con otro duende, que estaba vestido con un traje muy fino y formal, que demostraba claramente su posición jerárquica en el banco.

"Sr. Potter, soy Granhook, gerente Senior de la cuenta de su casa. Bienvenido de nuevo a Gringotts. Por favor, acompáñeme" dijo el duende, dándose la vuelta y caminando por el lugar desde donde había venido.

Harry miró alarmado hacia su alrededor, esperando que empezaran con los susurros y comentarios sobre su presencia en el lugar, pero para su fortuna nadie había oído las palabras.

Rápidamente comenzó a caminar detrás de él. Pasaron varias puertas, y a medida que iban por el pasillo, Harry notó que iban mejorando en la calidad de la madera.

Llegaron hasta una de las últimas puertas, donde estaba el cartel indicando que era la oficina de Granhook. El duende abrió la puerta, e ingresó, con Harry siguiéndolo detrás.

La oficina era de mármol negro, dándole lo que Harry pensó un estilo ostentoso. Un gran escritorio de caoba que relucía impecable, una gran silla de cuero detrás de él, y dos del otro lado más pequeñas para lo que supuso eran para los clientes.

Efectivamente, Granhook tomó asiento en el grande, indicando a Harry que se sentara en una de las otras dos.

"Gracias por venir con tanta rapidez Sr. Potter, como decimos los duendes, el tiempo es oro, por lo que intentaré ser lo más breve posible. Aunque tenemos varios asuntos que tratar" comenzó con seriedad.

Harry asintió con un poco de nerviosismo, ya que era la segunda vez que trataba con duendes, y la primera que trataba con Granhook, que parecía bastante intimidante.

"Como le redacté en la carta enviada, soy gerente Senior, y estoy a cargo de la cuenta Potter desde hace 25 años. Tomé el puesto cuando mi padre se jubiló. La cuenta Potter ha estado a cargo de mi familia desde hace mucho tiempo. He tratado con su abuelo, con su padre, y espero que nuestra asociación siga con usted" dijo notando como Harry abría los ojos al escuchar sobre su familia.

"Asumo que usted no sabía nada de esto" dijo escuetamente.

"Eh.. A decir verdad, no" respondió Harry tímidamente.

"Ya yo me preguntaba por qué sólo visitó nuestro establecimiento una vez, y ni siquiera se contactó nunca conmigo".

"Para serle sincero, no tengo idea de nada de lo que me escribió en la carta" dijo apenas audible.

El duende cerró los ojos, y se pellizcó el puente de su larga nariz.

"Muy bien, vayamos por parte. Lo primero es que haga el ritual para demostrar que usted es el Heredero de la Casa Potter, y pueda reclamar el señorío y la jefatura de su casa. Debido a las curiosas circunstancias en las que estuvo expuesto, usted puede hacerlo ahora que cumplió 15 años. Sino generalmente esto se hace cuando ya es mayor de edad".

Harry se sintió aún más nervioso, viendo como el duende sacaba un pergamino muy costoso y un cuchillo de oro. Nunca había oído nada de esto, y el no saber no le gustaba.

"No hay nada que temer Sr. Potter, es un procedimiento normal. Sólo necesito que se pinche un dedo, y derrame una gota de sangre en el pergamino. Eso nos permitirá confirmar que usted está en condiciones de reclamar lo dicho anteriormente".

Harry asintió levemente, y con firmeza tomó el cuchillo. Se pinchó el dedo de la mano izquierda, y dejó caer una gota en el pergamino. Al hacer contacto con la superficie, un estallido blanco los cegó momentáneamente, antes que la escritura empezara a formarse de izquierda a derecha y hacia abajo.

Granhook tomó el pergamino una vez que estuvo completo para leerlo, y sus ojos se abrieron con sorpresa.

"¿Hay algo mal?" preguntó Harry, más nervioso que antes al ver la reacción del duende.

"Espere aquí" dijo con seriedad, mientras se levantaba y salía de la oficina con el pergamino en la mano.

Harry se quedó esperando, poniéndose más nervioso con cada segundo que pasaba, mientras su cabeza intentaba pensar en qué situación se había metido ahora.

Granhook volvió un par de minutos después, acompañado con otro duende, que parecía de un rango aún mayor. Sorpresivamente para Harry, el nuevo integrante de la reunión se sentó en la silla grande, mientras que el duende con el que estaba teniendo la charla se quedó de pie a un lado de él.

El nuevo duende se recostó, entrelazando sus manos, dándole una mirada escrutadora a Harry.

"Es una persona inusual Sr. Potter. Por lo que esta nueva evidencia merece acciones inusuales" comenzó, con una voz dura que no dejaba lugar a ninguna respuesta. "Mi nombre es Ragnok, soy el Director de Gringotts, y usted es la primera persona con la que tengo contacto en más de 50 años".

Harry abrió los ojos conmocionado por lo que acababa de escuchar.

"¿Y eso..a qué se debe?" preguntó débilmente, sin querer molestar al duende que le daba la sensación que no debía ser molestado.

"Como dije, es una persona inusual, y merece que tomemos acciones inusuales" respondió después de varios segundos de mirarlo fijamente. Luego de que Granhook hiciera la prueba de herencia, los resultados fueron sorprendentes. Mírelos por usted mismo" dijo entregando el pergamino para que Harry pudiera verlo.

Harry lo tomó con precaución, sintiendo sus manos sudorosas. Sus ojos se enfocaron en la pulcra letra y comenzó a leer.

Harry James Potter

31/07/1980

Padre: James Charlus Potter

Madre: Lily Josephine Potter (Evans)

Padrino: Sirius Black III

Madrina: Alice Longbottom (Blishwick)

Estado: mágicamente emancipado a los 14 años por el Cáliz de Fuego

Reclamos:

Legítimo heredero de la Casa Potter

Heredero terciario de la Casa Black

Potencial heredero legítimo de la Casa Peverell

Harry releyó nuevamente, para confirmar que había leído bien, y a su mente asaltaron varias preguntas. ¿Heredero terciario de la Casa Black? ¿Casa Peverell? Y varias más.

"Como puedo ver, también es una sorpresa para usted todo lo que aparece en ese pergamino" dijo Ragnok.

"Si, tengo varias dudas" confirmó Harry.

"Muy bien, intentaré responder a las que pueda, algunas puede que las sepa, y otras seguramente usted tenga las respuestas a las mías".

"¿Qué tengo que ver con la Casa Black?" preguntó luego de unos segundos. "Más allá de tener como padrino a Sirius".

"Su abuelo, Charlus Linfred Potter, se casó con Dorea Ursula Potter, de soltera Black" respondió Ragnok. "La Sra. Potter era hermana de Arcturus Black III, último Lord Black".

Harry abrió los ojos shockeado. Nunca nadie le había hablado de sus abuelos.

"No sabe mucho de su historia familiar, ¿verdad Sr. Potter?" preguntó el duende mayor, con una sonrisa un tanto espeluznante para el gusto de Harry.

"Casi nada" musitó.

"Magos" susurró Ragnok.

"¿Qué significa que sea.. heredero terciario?" preguntó releyendo el término adecuado a la Casa Black. "¿Y en qué se diferencia con la casa Potter?" agregó al final.

"Usted es el último Potter con vida. Si usted muriera, la casa Potter se extinguiría. Lo que sería algo trágico para el mundo mágico debido a que es una de las familias más antiguas que existen" relató Ragnok. "Debido a eso, nadie más que usted puede reclamar el señorío y la jefatura de la casa".

Harry quiso preguntar qué era el señorío y la jefatura, pero lo consideró mejor. No creía que fuera bueno interrumpir al duende.

"En cuanto a la Casa Black, todavía quedan varios miembros vivos de la casa, que pueden aspirar al señorío y a la jefatura. Usted es el heredero terciario, debido a que hay otras personas en mejor posición para hacer el reclamo" terminó el duende.

"Antes de seguir con eso, ¿podría aclararme qué significa el señorío y la jefatura de la casa?" preguntó Harry con timidez.

Ragnok lo miró con incredulidad.

"Realmente no sabes nada" dijo con un gruñido. Suspiró fuertemente.

"No es la prerrogativa del banco dar lecciones a los magos, pero supongo que puedo hacer una excepción, debido a su falta de educación en el tema. Un señorío es cuando el heredero legítimo accede al reclamo, convirtiéndose en el Lord de la Casa. La jefatura la mayoría de las veces va de la mano con el señorío, pero hay casos en los que la jefatura está en posesión de otro familiar, a la espera que alguien haga el reclamo del señorío. Generalmente esa persona es un Regente, que actúa en nombre de la familia. La jefatura es sólo una forma de decir que tiene autoridad sobre los asuntos de la casa, aunque no todos. Eso es sólo para el Lord" explicó con poca paciencia.

Harry asintió, entendiendo el concepto.

"Muy bien, gracias por la explicación. En cuanto a la Casa Black, ¿quiénes estarían en condiciones de acceder al señorío?" preguntó luego.

Ragnok le indicó a Granhook algo en un idioma que Harry no conocía, y que supuso que era la lengua de los duendes, y el gerente salió de la oficina, para volver luego de un minuto con una carpeta muy fina.

"La cuenta Black es llevada por otro duende, gerente Senior Gorchoke, por lo que esa información estaba en su posesión" explicó con desdén. Luego leyó la carpeta.

"Muy bien, aquí dice que el heredero legítimo está en posesión de Sirius Black III, tal como lo dispone el testamento de Arcturus Black III en 1978. El heredero aparente sería Draco Lucius Malfoy, hijo de Narcissa Irma Malfoy de soltera Black" hablaba mientras leía. Luego cerró la carpeta, centrándose otra vez en Harry. "Eso lo deja a usted como heredero terciario. Hasta que haya algunos cambios en sus herencias" finalizó Ragnok.

"Entiendo" dijo Harry mientras asentía. Tendría que hablar con su padrino sobre eso.

Luego cayó un silencio de unos segundos, en los Harry pensaba con qué seguir la reunión.

"¿Qué pasa con la línea Peverell? Es la primera vez que escucho ese apellido".

"La línea Peverell es de una familia muy antigua. Aquí en Gringotts está su bóveda, pero por lo que tenemos en nuestros registros no se ha abierto desde que se fundó el banco y la última integrante creó la bóveda días antes de su muerte, con la esperanza que algún descendiente pudiera acceder en el futuro".

"¿Y ese descendiente sería yo?" preguntó Harry atónito.

"Aparentemente, esa última integrante de la familia Peverell se casó con un miembro de la familia Potter. Por lo que si Sr. Potter, usted es el último descendiente de esa antigua línea. Es sumamente extraordinario que pueda acceder al reclamo de 2 líneas tan antiguas como lo son Potter y Peverell. Y más si sumamos que tiene sangre Black y también tiene un potencial reclamo en esa otra antigua línea" dijo Ragnok, dándole una extraña mirada.

Harry se movió incómodo en su asiento ante la mirada que le estaba dando el duende.

"Sugiero que hagamos el ritual de herencia, y veamos con qué nos encontramos" dijo Ragnok.

"Si, lo que ustedes digan" respondió Harry, sin saber muy bien lo que tenía que hacer.

Granhook se acercó a uno de los muebles que tenía a un costado, y de ahí sacó un cuenco de piedra negra, y lo colocó frente a Harry sin decir ninguna palabra.

"Con el cuchillo de oro por favor córtese la palma derecha, y derrame un poco de sangre en el cuenco. La herida se curará por sí sola luego" explicó el duende jefe.

Harry asintió levemente, y con su mano zurda procedió a cortarse la palma derecha. Hizo un pequeño gesto de dolor al hacer la incisión, dejando caer un pequeño hilo de sangre en el cuenco, tal como le indicaron. Automáticamente la minúscula herida se sanó por completo.

En el cuenco, apenas la sangre hizo contacto con la superficie negra, estallaron unas llamas doradas, y desde ellas salió lo que Harry supuso era un animal, aunque no sabía cuál era, ya que no lo conocía. Una especie de águila, con el cuerpo de león, que lo miró fijamente, colocándose enfrente de él. Le sostuvo la mirada unos segundos, antes de avanzar hasta que se fusionó con Harry, envolviendolo en un aura dorada.

Harry se sobresaltó cuando vio a la figura incorpórea abalanzarse sobre él, sin esperar nada de eso, pero cuando el aura dorada lo envolvió, sintió una calidez muy agradable en su cuerpo, mientras sentía cómo esa magia lo aceptaba sin dudarlo. El aura se disipó luego de unos segundos, y un anillo apareció en su mano derecha, con la imagen del mismo animal que había visto anteriormente en él.

Luego, donde antes había llamas dorada, ahora había llamas negras como la noche. Y desde ellas salió un cuervo negro. El cuervo revoloteó a su alrededor un par de vueltas, antes de unirse con él, mientras el aura negra se formaba sobre él.

Esta vez no sintió esa calidez total como con el aura dorada, pero tampoco era desagradable. Algo más frío, pero a la vez, más sutil. No había otra forma que Harry pudiera describirlo.

El aura lo rodeó un par de segundos, antes de que desapareciera. Esta vez no apareció ningún anillo, pero Harry podía sentir que la magia lo había aceptado.

A continuación, otras llamas estallaron del cuenco, esta vez grises, blancas y negras, que se mezclaban entre sí. Luego, al igual que las dos veces anteriores, emergió una criatura, que Harry tampoco sabía que era, ya que no lo había visto nunca. Era una especie de caballo esquelético, con alas de murciélago. Lo miró fijamente, caminando a su alrededor, antes de lanzarse sobre él, mientras se generaba el aura sobre su figura.

La primera sensación de Harry fue de una extraña familiaridad que nunca había sentido. Pero eso duró sólo un par de segundos. Luego sintió un dolor muy agudo en su cuerpo y principalmente en su cicatriz. No pudo evitar gritar al sentir como le ardía, y como luego se extendía sobre todo su cuerpo. Estuvo así en lo que le parecieron horas, pero fueron sólo unos momentos, y la sensación incómoda desapareció.

Luego el mismo animal se materializó enfrente de él. Lo miró y dio un asentimiento a Harry, para luego desaparecer. Ninguno en la habitación hizo ningún sonido, el silencio solamente roto por la respiración entrecortada de Harry por lo que había experimentado.

"¿Qué en el nombre de Merlín fue todo eso?" preguntó Harry con un poco de enojo.

"Bueno, tengo que reconocer que jamás esperé algo así. Sigue confirmando lo que dije anteriormente Lord Potter, es una persona inusual" dijo Ragnok, sin dar indicios de haber escuchado la pregunta de Harry.

"¿Lord Potter?" preguntó extrañado, olvidándose de su enojo.

"Así es. Lo primero que experimentó fue la magia familiar de la casa Potter. El tótem que emergió era un grifo, que es la criatura que representa a su casa. Son extremadamente peligrosos y no se han avistado en mucho tiempo. Los tótems familiares son la esencia de la magia familiar, y juzgan la magia de aquellos que hacen el reclamo al señorío. Fue raro con la naturalidad que lo aceptó sin dudarlo, por lo que tiene que sentirse orgulloso. Tal como su anillo lo demuestra, que sólo lo puede portar el señor, se ha convertido en el nuevo Lord Potter, jefe de su Casa. Felicitaciones" explicó Ragnok.

Harry asintió, sintiéndose feliz por este nuevo acontecimiento relacionado con su familia.

"¿Qué hay de las otras dos?" preguntó luego de unos segundos de contemplar el anillo en su mano.

"El segundo tótem era un cuervo, emblema de la Casa Black. La magia familiar ni lo aceptó ni lo rechazó, ya que usted no hacía el reclamo por el señorío, pero si lo reconoció como un miembro de la casa, por lo que si llegaran a darse algunas circunstancias, podría acceder a convertirse en Lord Black. Al no ser ni Lord, ni Heredero Aparente, no obtuvo ningún anillo" explicó Ragnok.

"En cuanto al tercer tótem, y aquí viene lo que no esperaba, era un thestral, que representa la magia familiar de la Casa Peverell. Teniendo en cuenta su reacción cuando se unió a usted, al principio sintió una leve familiaridad, antes de experimentar algún tipo de reacción indeseada. Por lo que puedo deducir, la magia familiar lo juzgó, y por motivos que escapan a mi comprensión no se encuentra en condiciones de aceptarlo como Lord de su Casa" dijo el duende, mientras fruncía el ceño, pensando en las posibilidades de que algo así sucediera.

"Generalmente cuando la magia familiar no acepta a alguien les produce un dolor extremo por unos segundos, antes de causarles pérdida de conocimiento. Pero con usted no pasó eso. Sólo puedo suponer que de alguna manera lo aceptó, pero que no está listo para acceder al señorío" terminó Ragnok. Claramente estaba intrigado con esos sucesos.

Harry asintió. No les iba a comentar sobre lo que había sentido en su cicatriz.

"Creo que eso concluye mi presencia en este lugar. Hay rumores sobre lo que aconteció en hace unos meses, y aquí en Gringotts siempre hemos adoptado una postura neutral. Dicho eso, si alguna vez requiere de nuestros servicios, más allá de las cosas relacionadas con sus respectivas Casas, por favor concierte una reunión con su gerente Senior, y él me transmitirá sus necesidades" dijo Ragnok, poniéndose de pie, mientras Granhook hacía una reverencia que demostraba el respeto por el Director.

Harry se apresuró a ponerse de pie, y él mismo también hizo una reverencia para demostrar su respeto por el duende jefe. Luego recordó el saludo que recibió en su carta, y pensó que era una buena manera de despedirse de él.

"Muchas gracias por su tiempo señor Ragnok. Que su oro fluya libremente y sus adversarios tiemblen en su presencia" dijo Harry lo más respetuoso que pudo.

Ragnok, que había estado a punto de llegar a la puerta, se detuvo en seco, y se dio la vuelta, mirándolo fijamente. Granhook, que todavía estaba haciendo una reverencia, levantó la cabeza, abriendo sus ojos con sorpresa.

Harry notó la reacción de ambos duendes y mentalmente se reprendió. Quizás no fue tan buena idea como había pensado.

"Disculpas, no quise ofenderlos de ninguna manera.." empezó Harry, antes de callarse en seco al ver como Ragnok levantaba una mano, con la incredulidad en sus rasgos faciales.

"La verdad que usted es un mago inusual Lord Potter. Aquí los duendes no están acostumbrados a que los humanos nos despidan con nuestro saludo tradicional, que nos demuestren el respeto al inclinarse y mucho menos que nos ofrezcan disculpas por algo" dijo Ragnok, sin desviar la mirada de Harry. Luego hizo lo que el joven de pelo azabache supuso que era una sonrisa genuina de alegría, pero duró sólo un segundo y se preguntaba si quizás se lo había imaginado.

"Vuelvo a insistir con lo que le dije antes. Lo que necesite llegado el caso, el banco estará a su disposición". Luego hizo la más mínima inclinación de su cuerpo. "Que el oro fluya libremente y sus enemigos teman ante usted" se despidió, antes de darse la vuelta y salir de la oficina.

Harry se quedó mirando la puerta por la que Ragnok había salido, antes de girarse y encontrarse con la mirada de Granhook.

"Eso fue algo que jamás en mi vida experimenté, ni esperaba experimentar" admitió el duende, tomando asiento en su silla ahora libre. "Debería sentirse extremadamente honrado por lo que el Director Ragnok hizo, y tengo que estar de acuerdo con él en que usted es un mago inusual Lord Potter".

"Uh, eh, sí, lo estoy y.. ¿gracias?" preguntó Harry tentativamente, sin saber cómo reaccionar a los elogios del duende.

Granhook lanzó una carcajada que no coincidía con su aspecto serio.

"Y no acepta los elogios.." murmuró el duende. Luego sacó una carpeta bastante gruesa de uno de los cajones del escritorio.

"Lo primero como Lord Potter, es que decida si quiere seguir utilizando mis servicios como gerente de su cuenta, o pasarlo a otro" comenzó Granhook.

"Me ha dicho que su familia estuvo a cargo de la cuenta de mi Casa toda su vida, por lo que me gustaría que la siguiera administrando" dijo Harry con rapidez.

Granhook asintió complacido. "Aprecio la confianza".

Luego abrió la carpeta y se dirigió nuevamente a Harry.

"En cuanto al estado financiero de su Casa, ha estado estancado desde la muerte de Charlus Potter. Afortunadamente, él realizó varias inversiones muy bien planeadas, tanto en el mundo mágico como en el mundo muggle, por lo que los intereses han estado dando ganancias. No ha habido nuevas inversiones desde aquel entonces, por lo que no ha habido gastos, excepto los retiros que usted ha hecho en los últimos cuatro veranos" explicó el duende, mientras le extendía un par de pergaminos con lo que Harry supuso que eran informes de las inversiones.

"Perdón por la interrupción, ¿pero mi padre no fue Lord Potter?" preguntó Harry confundido.

"Por lo que nos dicen nuestros registros, hizo el reclamo luego del fallecimiento de su padre. Pero nunca hizo ningún movimiento. Aparentemente sólo visitó la bóveda principal una vez, el mismo día que asumió el señorío. Sólo podemos suponer los motivos por los cuáles hizo eso" respondió.

"Está bien, entiendo" asintió Harry. Otra cosa sobre la que tendría que hablar con Sirius. ¿Tiene algún informe detallado sobre todo lo relacionado con la Casa Potter?" preguntó luego.

Granhook sonrió, y asintió con orgullo.

"Apenas me puse en contacto con usted, preparé todo, para nuestra eventual reunión, y en caso de un posible cambio de gerente, para facilitarle la gestión a mi compañero" respondió, mientras le pasaba un pergamino con muchas cosas escritas.

Harry lo tomó y se puso a leerlo.

INFORME DE LA CASA POTTER

Bóveda principal: 7.755.890 galeones

Bóveda de confianza: 100.000 galeones

Bóveda familiar: libros, armaduras, joyas, ropa, armas, reliquias (valor por 5.560.370 galeones)

Propiedades

Cabaña de Potter en Valle de Godric (Estado: destruida, el Ministerio de Magia la convirtió en un monumento en 1981)

Mansión Potter en Gales (Estado: destruida)

Inversiones mundo mágico

Diario El Profeta (15%)

Fluorish y Blotts (10%)

Heladería Florean Fortescue (5%)

Empresa de escobas Nimbus (40%)

Las Tres Escobas (5%)

Honeydukes (15%)

Inversiones mundo muggle

Royal Ducth Shell (1%)

Unilever (10%)

Barclays (2%)

Rolls Royce (5%)

Manchester United (5%)

Harry abrió los ojos cuando terminó de leer y se sintió mareado ante todo lo que tenía.

"Wow..esto es.." dijo con dificultad.

"Lord Potter, su familia es una de las más antiguas y prominentes del mundo mágico, sino la más. Sólo la familia Black puede aspirar a competir en términos de grandeza" explicó Granhook. "Debo aplaudir la visión de su abuelo, ya que gracias a las inversiones que hizo en su momento, su riqueza aumentó bastante, más allá de que no hubo gastos en nuevas. Ahora que usted es el nuevo Lord Potter, con su autorización, estoy en condiciones de buscar nuevas oportunidades comerciales, de bienes raíces, y de lo que sea para mejorar la situación económica de su bóveda. También puedo invertir en aquellos negocios y empresas que usted quiera y me diga".

Harry frunció el ceño. No tenía idea prácticamente en lo que se refería a todas esas cuestiones financieras.

"A decir verdad, no estoy muy educado en ese aspecto, por lo que lo dejo a su criterio. Imagino que obtendrá un porcentaje sobre las respectivas ganancias" supuso Harry.

"Eso es correcto, mi tarifa en ese servicio respecto a su casa es del 7%, que aunque no es la única que manejo, es sin dudas la prioridad de mi cartera".

Harry se quedó pensativo por unos momentos.

"Tome el 20% de cada inversión. Estoy seguro que así ambos saldremos beneficiados, ya que se esforzará para sacar la mayor ganancia posible" dijo luego, viendo como el duende abría los ojos con sorpresa antes de que una risa codiciosa mostrara sus afilados dientes.

"Eso es muy generoso de su parte Lord Potter, y tenga la seguridad que así será".

"¿Cuál es la diferencia entre la bóveda principal y la bóveda de confianza?" preguntó, queriendo disipar otras de sus dudas respecto a lo que había leído.

"A la bóveda principal sólo le concede acceso una vez que asume el señorío, y es el Lord el único que puede acceder a ella con el anillo. La bóveda de confianza es una medida que se adopta generalmente para que los jóvenes tengan acceso a dinero en sus años escolares antes de cumplir la mayoría de edad y puedan abrir sus propias bóvedas o utilizar la principal" explicó Granhook. "Recomendaría traspasar el dinero de esa bóveda a la principal, ya que en este momento no tiene descendientes".

"Muy bien, hágalo, así sólo utilizo una sola" estuvo de acuerdo Harry.

El duende garabateó algo en el pergamino.

"¿Puede ser capaz de examinar la Mansión Potter, y ver si es posible repararla o restaurarla?" preguntó Harry.

"Si, puedo contratar algún servicio de duendes y de magos que se utilizan en diversas asignaciones. Tiene un costo, pero no influiría en su economía".

"Hágalo" dijo rápidamente sin dudarlo.

El duende garabateó nuevamente en el pergamino.

Harry se quedó pensativo, pero no creía que hubiera algo más sobre lo que pudiera preguntar.

"Me gustaría acceder ahora a la bóveda familiar, ¿eso sería posible?" preguntó, entusiasmado con la idea de conectarse más con el legado de su familia.

"Por supuesto Lord Potter" dijo escribiendo rápidamente en un pergamino en blanco. "Por favor muestre esto en el mostrador, y un duende lo llevará hacia su bóveda principal, que es donde se encuentra la bóveda familiar" añadió mientras le entregaba el pergamino.

"Muchísimas gracias gerente Senior Granhook. Que el oro fluya libremente y sus adversarios tiemblen en su presencia" dijo Harry al ponerse de pie y hacer una leve reverencia.

"Por favor, es un placer para mi Lord Potter. Estaré en contacto con usted mensualmente para informarle de la situación financiera, salvo que haya alguna otra cuestión que requiera de su autorización" dijo Granhook, también poniéndose de pie. "Que su oro no tenga límites y sus enemigos teman ante usted" dijo mostrando sus dientes afilados.

Harry asintió con una sonrisa, y salió de la oficina, largando un suspiro. Eso fue mucho más de lo que esperaba.

Se encaminó hacia el mostrador de la entrada, presentó el pergamino, y el duende le dijo con un gruñido que esperara por un momento. Luego apareció con otro duende a su lado.

"Lo acompañaré a su bóveda Lord Potter".

Harry siguió al duende recién llegado, a través del ya conocido pasillo que lo llevaba hacia el carro para bajar a las profundidades del banco. Su estómago cosquilleaba al sentir la anticipación del movido viaje.

Fue más largo que cuando lo experimentó la primera vez, y estaba seguro que no había ido tan profundo como ahora.

"Bóveda número 3" anunció el duende. "Por favor, coloque su anillo en la puerta para acceder a ella" gruñó luego.

Harry observó la puerta, y reconoció el mismo emblema que tenía en su anillo. Un grifo, igual al tótem familiar que se había materializado antes.

Colocó el nudillo, haciendo que el anillo entrara en contacto con el centro de la puerta. Un leve resplandor dorado cubrió toda la entrada, para luego abrirse hacia adentro, permitiendo el paso hacia la bóveda.

Los ojos de Harry se abrieron tanto que casi se salen de su lugar. Montañas gigantes de oro, baúles con más oro, muebles con mucho más oro. No le entraba en la mente que todo eso perteneciera a él.

"Si tomas una de las bolsas encantadas, puedes llevar tanto oro como quieras. Y una vez fuera del banco, se repondrá automáticamente y se descontará de su cuenta" explicó el duende, señalando una de las bolsas de cuero a un costado.

Harry asintió, pero no era su principal motivación. A un lado, observó una entrada a lo que suponía que era la bóveda familiar, y rápidamente se acercó a ella. Una leve ansiedad recorría su cuerpo, ya que era lo más cercano que tuvo a la historia de su familia.

Apenas ingresó, se quedó congelado en el lugar. Era un laberinto de cosas, bien organizado. Libros, muebles con joyas y reliquias, otros baúles con armas, armaduras, vestimentas. Cuadros, pinturas, bibliotecas. Era increíble y a la vez aterrador para Harry ver todo lo que poseía.

Pero lo que más llamó su atención fue una mesa bien enfrente de la entrada. Sería con lo que primero uno se encontrara al ingresar a ese lugar. Sobre esa mesa, solamente había un sobre con lo que Harry supuso era una carta. La tomó y sus cejas se alzaron al ver que estaba dirigidas hacia él de parte de sus padres. La expectación creció en él, pero luego de pensarlo mejor la guardó en su bolsillo, la leería con más tranquilidad cuando volviera a la casa de sus tíos.

Recorrió varias filas, observando todo lo que había a su alrededor, con cosas que llamaron su atención, pero no tomó nada. Estaba seguro de que iba a necesitar más tiempo para poder saber con exactitud todo lo que había en ese lugar.

Con un suspiro, le dio una última mirada al lugar, antes de volver a la bóveda principal, tomar una de las bolsas encantadas y echar una cantidad considerable de oro dentro.

El duende gruñó con impaciencia al ver que por fin se podía ir de allí abajo.

El camino hacia arriba pasó rápidamente para Harry, mientras pensaba en todo lo que había visto en esa bóveda, y principalmente en la carta de sus padres. Estaba impaciente por leerla.

Una vez de nuevo en la recepción del banco, preguntó dónde cambiar dinero mágico por muggle, pensando que quizás podría utilizarlo mientras estuviera en la casa de sus tíos.

Luego de obtener una cantidad de libras que hizo que Harry se preguntara qué pasaría si sus tíos se enteraran de cuánto tenía, Harry volvió a colocarse cuidadosamente la capa de invisibilidad, antes de salir al Callejón, tomar camino hacia el Caldero Chorreante y luego a la salida hacia el Londres muggle.

Una vez allí, se quitó la capa en un callejón vacío, tomó un taxi, e indicó la dirección hacia Little Whinging. No le importaba pagar por el viaje que supuso iba a ser un poco caro, tenía dinero.

Sólo esperaba llegar lo más rápido posible, tenía muchas cosas en la cabeza y una carta muy importante que leer.