Idea original de mi bella amiga LovesBiggerThatLove.

Redención.

Olivia y Elliot se encontraban dentro del auto, en vigilancia, como en los viejos tiempos, atentos a cada movimiento. En un momento de completa sincronía se miraron... lo que lo habían extrañado.

Félix, quien trabajaba para Wheatley, intentaba conseguir información de alguien por encima de él que pudiera serle útil. Había hecho un trato y si no obtenía nada sería su fin, ya que no sólo lo tenían por estar involucrado en el tráfico de drogas de Wheatley, sino también en la muerte de Simon.

-No sé si podrá hacer esto- dijo Olivia escuchando la conversación de Félix. En muy raras ocasiones el infiltrado lograba que no lo descubrieran, y hasta ahora no había logrado nada.

-Te llamaré luego. Tienes que salir de aquí.- escucharon decir al segundo hombre.

-Lo tienen- mencionó Elliot, era claro que lo habían descubierto.

Vieron a Félix salir del lugar y alejarse del vehículo pero, cuando notó que unos hombres en bicicleta venían frente a él, cambió su dirección.

-¿Por qué se da la vuelta?- preguntó Elliot.

-Tenemos que sacarlo de allí.

Ambos continuaron observando. Fin y Kat se encontraban en auto contiguo observando también. Algo raro estaba pasando.

-Elliot, algo está pasando.- Aseguró ella e inmediatamente él intentó bajarse del auto- Espera, espera.

Un hombre distinto pasó en bicicleta frente a Félix y le disparó.

-SVU portátil para control.

-¡Liv, abajo!- gritó él, cubriéndola con su cuerpo al mismo tiempo. Otro hombre, también en bicicleta, apareció del otro lado del auto y disparó directamente hacia ellos.

-¡Tiroteo!- alcanzó a gritar ella por la radio. Podía escuchar los disparos y los vidrios rompiéndose.

Después de unos segundos los sonidos se habían apagado, pero Elliot continuaba protegiendo a Olivia. Ella podía sentir cómo mantenía su cuerpo presionado al suyo, como si de un escudo se tratara. Habían pasado diez años, pero eso se mantenía intacto. Él no permitiría que un solo vidrio cortara su piel.

Lentamente, Elliot levantó su cabeza para asegurar que no había nadie y que ya no eran blancos de las balas. En efecto, todos habían huido, pero honestamente no era lo que le preocupaba. Comenzó a soltar a Olivia y alejarse, dándole lugar a enderezarse también.

-Liv, ¿estás bien?- preguntó asustado, inspeccionándola con la mirada.

-Sí, ¿tú?- dijo, repitiendo la inspección en él, mirándolo preocupada, después de todo, él la cubrió.

-Sí.

-Yo... yo no lo vi- dijo ella un poco agitada.

-Está bien- respondió pasando una de sus manos de su cabeza hasta su mejilla. La mantuvo allí hasta que escuchó pasos acercándose.

-¿Están bien?- preguntó Fin, desde la ventanilla del conductor.

-Sí... vayan con la víctima- respondió ella.

Siguiendo las órdenes, Fin y Kat se dirigieron hacia Félix.

Olivia volvió sus ojos hacia Elliot, y sus miradas se conectaron por un instante, al mismo tiempo que trataban de regular la respiración. Querían asegurarse que realmente estaban bien. De un momento a otro, Elliot atrajo a Olivia y la abrazó fuertemente. Ella hizo lo mismo. En efecto, estaban bien y seguros en los brazos del otro. Podían sentir sus corazones encontrar el ritmo correcto. Los agresores podían estar a kilómetros de distancia en este momento, pero les importaba poco ante la idea de perderse el uno al otro, una vez más... y definitivamente.

Se separaron y salieron del auto cuando el sonido de las sirenas comenzó a hacerse presente. Amanda y Carisi llegaron al lugar seguidos de más oficiales y una ambulancia.

-Félix está muerto- anunció Fin acercándose a ellos, pero no recibió respuesta alguna- ¿Realmente están bien?- había notado un clima distinto en el aire.

-Sí, sólo le dio al vidrio del auto- respondió Elliot.

Amanda y Carisi se acercaron a ellos justo en ese instante y los miraron con incredulidad, a pesar de saber que tenían una gran historia. Pero para Fin era diferente, él lo sabía, siempre lo supo. No importaba si diez años los habían separado, y si eran distintas personas, él seguiría siendo la única persona con la que ella podría abrirse, y ella seguiría siendo la única persona que él dejaría entrar. Notó cómo Olivia pasaba una mano por su rostro y su cabeza.

-Nosotros nos haremos cargo de esto. Ve a descansar.

-Gracias... quiero ver a Noah.

-Te acompaño- sentenció Elliot. Ahora no quería ni podía alejarse de ella.

-De acuerdo.- respondió devolviéndole la mirada. En otras ocasiones habría dicho que no, pero el tiroteo había desencadenado un mar de emociones que no dejaba de crecer. Ciertamente, con todo lo que había pasado, el tiroteo había sido la gota que rebalsó el vaso. Y ahí estaba él, siendo tan protector como siempre. Había extrañado ese gesto, lo había necesitado, y ahora no podía negarse.

Minutos más tarde llegaron al departamento de Olivia.

-¿Quieres pasar?

-¿En este momento? ¿Estás segura?- preguntó. No era que no quisiera hacerle compañía, ni conocer más a su hijo, pero sabía que ella aún tenía barreras para él, y Noah era una de ellas.

-Sí, podemos tomar algo.

-Bien.

-¡Noah!- llamó entrando al departamento.

-¡Mamá!- gritó corriendo a abrazarla.

-Hola- respondió ella agachándose para abrazarlo. Algo que, si esa bala atravesaba el vidrio, quizás no podría hacer- Noah, él es mi amigo Elliot.

-Hola.

-Hola, ¿cómo estás?- saludó Elliot.

-Bien, estoy haciendo mi tarea.

-¿Muy difícil?

-Matemáticas.

-No son tan complicadas.

-¿Me ayudas a terminarla?

-Noah.- cuestionó Olivia.

-Está bien- mencionó Elliot.

-No podemos resolver el último ejercicio- anunció Lucy acercándose.

-Lucy, él es Elliot.- presentó Olivia.

-Hola.- dijeron ambos. Noah guió a Elliot hasta la mesa dónde estaba resolviendo su tarea.

-Ya cenó, sólo le queda terminar su tarea.

-Bien, gracias Lucy, ve a descansar, te veo mañana.

-De acuerdo, hasta mañana.

-Veamos de qué se trata... Oh, fracciones. Bien... aquí dice que divides tu torta de cumpleaños en doce porciones iguales, dos comes tú, tres yo y siete... tu mamá.

-¿Siete? Pues me preparé un té para mi pobre estómago.- dijo Olivia dirigiéndose a la cocina- ¿Quieres un café?

-Me encantaría.- respondió- Bien, debes escribir en forma de fracciones las cantidades de torta que comimos cada uno, tu comiste dos, de un total de doce porciones, es decir 2/12, yo tres, así que serían 3/12 y tu mamá siete, así que serían...

-7/12- respondió Noah.

-Exacto, lo tienes- dijo él levantando su mano y chocando los cinco con el niño.

-¿Tú eras el hombre que estaba con mamá el otro día en el parque no?

-Así es.

-¿Hace cuánto son amigos?

-Uff, hace mucho. Trabajaba con ella cuando era detective- explicó mientras observaba a Olivia volver con dos tazas en sus manos.

-Nunca te vi por aquí.- acotó Noah.

-Sucede que yo me fui mucho antes de que tú nacieras.

-¿Y si eran amigos porqué te fuiste?

La pregunta lo tomó por sorpresa y lo incomodó un poco, algo que Olivia notó rápidamente.

-Bien, se acabó el interrogatorio, ¿terminaste tu tarea?

-Sí.

-Entonces es hora de ir a dormir.

-Gracias por ayudarme Elliot- dijo Noah retirándose.

-De nada.

-Ahora es capitana, ¿lo sabías?- pregunto deteniéndose.

-A la cama- ordenó ella y Noah continuó su curso.

-Le caíste bien- dijo entregando la taza de café humeante.

Ella se dejó caer en el sillón al lado de él. Se veía agotada.

-¿Estás segura que no prefieres que yo...?

-No, estoy bien.

-Habrán pasado diez años pero aún eres transparente para mí, reconozco cuando estás mintiendo. Mira, estás cansada, no estás durmiendo bien y has pasado por mucho, la muerte de Simon, el tiroteo...

-He pasado por cosas peores.

El tono en el que había dicho eso alertó a Elliot. Parecía referirse a algo personal... y mucho.

-¿A qué te refieres?- preguntó acercándose un poco más.

-No tiene caso hablar de eso ahora- dijo dando un sorbo de su té.

-Por favor, dime.

-Enserio, no creo que sea el momento- sin darse cuenta había abierto una puerta que no estaba segura de cruzar, y su reticencia se estaba haciendo presente.

-Liv...- parecía como si parte de su confianza en él ya no estuviera ahí, y le dolía de sobremanera.

-...Hace ocho años fui secuestrada por William Lewis, un asesino en serie y violador.- dijo ella, mientras la tensión comenzaba a invadir el cuerpo de Elliot- Me tuvo cuatro días con él. Íbamos a llevarlo a juicio pero violó a la testigo, y luego se salvó por un tecnicismo. En el interrogatorio él me amenazó, pero lo pasé por alto, todos lo hicimos, y cuando volví al departamento... estaba esperándome.

La voz de Olivia se iba tiñendo de tristeza y dolor cuanto más ahondaba en sus recuerdos.

-Me atacó... me ató a una silla... me quemó y me marcó repetidas veces con cigarrillos... me daba de tomar pastillas y vodka. Me hizo ver una violación, me llevó a una casa de playa y me tuvo ahí... amarrada de pies y manos a la cama.

Las horribles imágenes golpeaban la mente de Elliot. El dolor y la culpa por no haber estado ahí para salvarla de ese infierno lo estaban consumiendo.

-¿Acaso él...?- Ni siquiera se atrevía a decirlo.

-No. Él creía que la casa estaba deshabitada, pero no era así. Cuando estaba por violarme, una mujer y su hija llegaron, yo logré romper una de las barras de la cama y me liberé. Lo dejé inconsciente...- dijo devolviéndole la mirada. En este punto sus ojos estaban vidriosos y un poco rojos- Recuerdo que antes de intentar violarme me preguntó si había alguien a quien quisiera ver... alguien por quien daría todo por volver a ver... una última vez.

-Liv, lo siento tanto, si hubiera sabido no hay forma de que no hubiera llegado- dijo tomando sus manos. Sabía que se refería a él.

-Lo sé... sé lo que habrías hecho... sé lo que habrías dicho. De hecho, tú te habrías dado cuenta que algo no andaba bien conmigo antes que los demás... Pero no estabas. Ni en ése momento ni en tantos otros en los que te necesitaba... porque te necesité, y mucho. Era a ti y solo a ti a quién quería a mi lado- dijo casi quebrándose.

El corazón de Elliot se caía a pedazos con cada una de sus palabras, se odiaba tanto por haberla defraudado, por no cumplir sus promesas, por haberla dañado de esa forma. Su ausencia rompió a Olivia de mil maneras diferentes y jamás se lo perdonaría.

-Es más... una vez que lo tenía esposado a la cama me permití hablar de ti. Le dije lo que le habrías hecho, pero cuando quiso responder lo interrumpí, no podía hablar de ti, no tenía el derecho.

Elliot continuaba escuchando atentamente, sufriendo internamente su dolor.

-Sabes que no me habría apartado de tu lado.

-Lo sé, por eso no permito que hablen mal de ti, nadie me cuidó como tú lo hiciste... y como lo sigues haciendo. Pero un día desapareciste y no volví a saber nada de ti- dijo decepcionada. Las lágrimas se acumulaban en sus ojos, luchaban por salir.

Elliot estaba completamente devastado. Sintió un nudo formarse en su garganta, no sabía qué decir que pudiera reparar de alguna forma el dolor y sufrimiento que le había causado a una de las personas que más amaba en su vida. Él era la relación más larga que ella había tenido con un hombre, la persona más importante en su vida, y él la había defraudado y abandonado en los momentos en los que ella más lo necesitaba. Sus ojos comenzaban a acumular lágrimas también y comenzaron a ponerse rojizos.

-...Luego de dispararle a Jenna aquel día, me di cuenta que, nuevamente, te había elegido sobre mi trabajo, y que siempre te elegiría sobre mi trabajo- aseguró presionando un poco más sus manos- Había matado a una niña de dieciséis años, era una niña, como mis hijas. Mi historial, sumado a lo que Asuntos Internos me exigía, dejaba un precedente sobre mí con el que no estaba de acuerdo. Control de ira, psicólogo, suspensión, me habrían quitado mi placa y te habrían arrastrado conmigo. Estaba harto de Asuntos Internos, y del ejemplo que querían dar conmigo.- explicó él.

-Y lo habría entendido.

-Pero habrías tratado de impedirlo, y de convencerme. Por eso no me despedí. Juro que quería hacerlo, pero realmente... si escuchaba tu voz ya no podría irme.- respondió mirándola a sus ojos decepcionados una vez más, como aquel día en el hospital- Gracias por abrirte conmigo, no sabes cuánto lo lamento.

-El, no podemos hacer nada con el pasado. Sobreviví, estoy aquí... estamos aquí- mencionó en un clima de redención. Ahora que él había vuelto, y que pudo decirle lo que había callado por tanto tiempo, no quería volver a perderlo.

-Estamos aquí, y no me iré a ningún lado- finalizó abrazándola fuertemente otra vez. Depositó su cabeza en su hombro como lo había hecho tantas veces. Ella hizo lo mismo, dejó que su cabeza descansara sobre su hombro, el que solía ser y, continuaba siendo, un hogar para ella. En el silencio, se concentró en sus latidos... sonaban como una nostálgica melodía de recuerdos. Continuó con su vida, continuó sonriendo, incluso cuando estaba rota por dentro, cumplió parte de sus sueños, pero jamás dejó de quererlo. Había un espacio en su vida que él y sólo él podía llenar. Había vuelto la única constante en su vida y era hora de sanar las heridas.

Días atrás él le había dicho que ella significaba el mundo para él, y así era, pero quería que se alejara, aunque le duela, porque quería protegerla, la quería a salvo. Ahora sabía que iba a ser imposible estar lejos de ella, y que debería encontrar otra manera de lograr su cometido.

Lo que pasó era parte del pasado. Quizás no era la mejor forma de resolver las cosas, pero era la única que él había encontrado en ese momento, y se arrepentía de haberla tomado. Había pasado mucho tiempo, pero sus sentimientos seguían intactos, eran su punto débil, uno del otro, su sostén, su hogar, su protección, compañeros de vida. Y estando en los brazos del otro, todo se sentía como diez años atrás, igual de acogedor y confortante.