Año 2022

Elsa

Es increíble como pasan cosas a través de los años, las vivencias que se van adquiriendo día a día se acumulan en nuestros ojos. Cuando nacemos nuestros ojos permanecen cerrados, esto es porque somos ignorantes a la vida, no somos nada más que una masa inmaculada de órganos, huesos y músculos; pero conforme pasan los días vamos despertando de ese sueño llamado ingenuidad, despertamos para darnos cuenta que lo que nos espera no será un viaje nada fácil, ni mucho menos grato… sí, la vida tiene sus momentos bellos, no trato de decir que no, pero la felicidad no es algo que venga de forma gratuita, aunque si tú eres uno de esos afortunados que han obtenido alegría en la vida sin dar nada a cambio, por favor, te imploro que me cuentes cuál es tu secreto; porque honestamente yo ahora mismo me encuentro perdida.

–Señorita– me tomó un par de parpadeos volver a la realidad al escuchar la voz afable de aquel hombre de edad avanzada que manejaba el automóvil que había pedido por medio de una popular aplicación móvil. La tecnología es asombrosa, anteriormente tenías que someterte a una pelea campal en medio de las calles de la ajetreada Nueva York para tratar de conseguir un taxi que te pudiera llevar o arriesgarte a ir por la opción más viable, pero a la más aterradora, usar el subterráneo.

Ahora todo está al alcance de un toque –Lo siento, aquí está, quédese con el cambio– Hurgué de forma torpe en mi bolso para alcanzar los billetes necesarios y entregárselos al conductor, me recordé a mí misma programar para la próxima vez el método de pago electrónico para evitarme estos momentos embarazosos en los que el conductor me pillaba en las nubes para traerme de vuelta a la tierra como un ciervo encandilado por los faroles de un auto.

–Gracias, que tenga buen día– se despidió el amable hombre.

–Igualmente– respondí reafirmando el agarre sobre mi maletín y abriendo la manija de la puerta para salir a respirar el aire impregnado del aroma de perros calientes y esmog, sin duda alguna anhelaba el aire fresco y a pino de mi querida Pensilvania, olor que me recordaba a él.

Me sacudí la cabeza regañándome a mí misma.

"Supéralo Elsa, han pasado cuatro años, no puedes seguir así", me dije a mi misma mientras enterraba en el asfalto mis tacones de aguja, como si el pobre suelo tuviera que pagar por mis rabietas.

Me obligué a subir las escaleras principales y dirigirme a la puerta giratoria del edificio antiguo, pero recién remodelado, en donde llevaba viviendo… ¿tres años?, ¿tal vez cuatro?, quien sabe, el tiempo aquí corre tan de prisa que olvidas en que día estas.

–Buenas noches señorita Arendelle– saludó el portero, Woody.

–Hola Woody, ¿la has visto?– le pregunté con curiosidad.

–Dejó el edificio hace unos cuarenta minutos– respondió mirándome con lastima.

–Gracias– suspiré y le di una ligera sonrisa antes de continuar mi camino a través del vestíbulo hasta llegar al elevador.

Me era imposible no mostrar mi descontento, estaba furiosa y más furiosa me sentí al abrir la puerta y encontrarme con el mismo desorden que ella había causado.

–No puedo seguir viviendo así– froté el puente de mi nariz con cansancio y me resigné a tomar las prendas que yacían inertes en el piso alfombrado, podía ver las migajas de frituras y las llaves que estaban en estado de reposo sobre la mesita de la sala.

"¿Otra vez las olvidó?, ¿Cómo se supone que va a entrar?" mis labios se volvieron una delgada línea al darme cuenta de que sería yo quien tendría que levantarme a quien sabe qué horas de la noche a abrirle.

Ella sabía lo mucho que odiaba el desorden y sobre todo lo mucho que me enloquecía ver las llaves regadas por todo el apartamento cuando había un cuenco específico para colocarlas justo en la entrada, pero no lo entendía, ni parecía dispuesta a intentarlo…

Me dejé caer en el sillón cubriendo mis ojos con mis manos mientras tomaba profundas respiraciones.

"No puedo seguir viviendo así", volví a recordármelo justo cuando sentí mi teléfono celular vibrar en el bolsillo de mi falda de lápiz. Pensando en que tal vez era ella, lo tomé y leí el mensaje desde la pantalla de bloqueo.

Mi corazón se paralizó por un microsegundo al leer el nombre de quien enviaba el mensaje y el contenido.

Jack

Hola, Elsa