Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.


Capítulo 45:

Perdonar

El médico había llegado tan pronto como pudo. El ecógrafo había confirmado que el embarazo estaba bien y que, por lo pronto, no había nada de qué preocuparse.

—Vaya situación de estrés —dijo el profesional mientras estampaba la firma en la receta—. Pero el bebé y la madre están bien.

Edward respiró hondo, realmente aliviado, y se acomodó a un lado de Bella para verla dormir, ya más calmada.

—No es buena idea que vuelva a presentarse una situación así. Comprenderás que no es lo mismo un embarazo a los veinte que pasados los cuarenta.

—Lo sé, por la misma razón estoy muy asustado —confesó Edward, manteniendo el corazón en la mano.

—Necesito que se haga un ultrasonido la próxima semana, así estaremos más seguros, pero ambos están muy bien por el momento. Agradecería que puedas hacerle saber que dejé la receta y que debe tener un descanso de al menos quince días.

—Quince días… Vaya.

—Es importante que no pase por emociones fuertes ni menos que haga esfuerzos innecesarios. Tú, como buen padre, estarás siempre ahí, ¿o no?

Edward sonrió.

—Cuidaré de ambas.

El médico también sonrió.

—Los veo la próxima semana.

—Hasta luego.

El teniente lo acompañó hasta la puerta y una vez que cerró lanzó un fuerte suspiro.

—¿Está bien? —preguntó Ness, que sentía una culpa incrustada en la garganta.

Él asintió en respuesta.

—Necesita descansar. ¿Dónde está Tony?

—En la sala. Está muy preocupado.

Edward suspiró y fue a buscarlo.

—Tony —lo llamó.

El chico levantó la cabeza, interrumpido de sus pesimistas pensamientos.

—¿Cómo está mamá? —inquirió.

—Está muy bien.

—¿Y mi hermano?

—Todo está bien. Fue un susto que no quiero repetir.

Tony comenzó a llorar y Edward únicamente pudo abrazarlo, tal como debió haberlo hecho James siempre.

Su recuerdo lo volvía iracundo.

—Hey, tranquilo, tú no tuviste la culpa.

—No quiero que ella se decepcione de mí.

—Tony —insistió el teniente—, basta de recriminaciones. Ella te escuchará, pero necesita tiempo para procesar todo lo que ha ocurrido. Ahora está durmiendo y lo que más requiere es descansar.

—Pudo haber perdido al bebé.

—Y está todo bien.

Ambos se contemplaron y sonrieron, ya más tranquilos.

—Siento si fui muy invasivo en traer a papá —dijo Ness, entrando a la sala—, pero estaba aterrado de que algo más pudiera ocurrir.

—Gracias —le respondió Tony—, de no haber sido por ustedes, quizá las cosas se habrían puesto peor.

Todos sabían que debían hablar y arreglar las diferencias, pero lo más importante en ese minuto era mantener la calma para que Bella y la pequeña estuvieran bien.

Edward fue hasta la habitación y vio a la madre de su hija dormir plácidamente con el calmante que el médico le había dado. A pesar de tener ya varias semanas de embarazo, la posibilidad de haber perdido a su niña pudieron ser muy altas.

—¿Qué te parece si hago unas pizzas para calmar el ambiente? —preguntó él, mirando a los recientemente tímidos adolescentes.

—¿Pueden tener pepperoni? —preguntó Tony.

—Son mis favoritas —añadió Ness.

El adulto sonrió y asintió.

—Serán con pepperoni.

.

Bella se removió entre las colchas y abrió sus ojos mientras se estiraba. Cuando recordó todo, se llevó las manos a la barriga y sintió a su pequeña, que se estaba moviendo como si quisiera salir corriendo.

—Qué bien saber que estás aquí —murmuró, acariciando la piel de su abdomen.

Fue inevitable llorar. ¡Dios! Realmente pudo haberla perdido.

—Lo siento mucho. No volverá a pasar, ¿está bien? —le dijo a su vientre, esperando a que todo lo malo desapareciera—. Mi renacuajo debe conocerme, a que sí.

—¿Hola? —musitaron mientras tocaban a su puerta—. Qué bien, ya has despertado.

Edward asomó la cabeza y su sonrisa se desvaneció cuando vio que estaba llorando.

—Oye, ¿estás bien? ¿La bebé está bien? —le preguntó, corriendo hasta su lado.

Ella asintió mientras se limpiaba las mejillas.

—Solo tengo miedo. En realidad, ¡estoy aterrada! —gimió, abrazándose a su vientre—. Todo está bien, ¿no es así?

El teniente asintió, comprendiendo, a su manera, los sentimientos que la estaban torturando.

—El médico ha dicho que todo va bien. Fue solo un susto. Necesitas descansar.

A Bella se le caían los mocos y Edward, en una impronta que no supo controlar, le limpió las mejillas y la nariz.

—Al menos no tengo más dolor —musitó, palpando la pequeña barriga.

—Debes tener varios días de descanso…

—Oh, no, pero…

—Sabía que ibas a protestar, pero no hay manera de que se te permita salir de casa.

Ella bufó, al menos más tranquila.

—¿De verdad no podré salir de casa?

—Hagamos un trato…

—¿Mamá? —interrumpió Tony.

Hubo un profundo silencio.

—¿Puedo pasar? —agregó.

Ella asintió.

Tony había sido testigo de lo que habría significado para su vida la sola idea de que su madre perdiera a su bebé, y eso solo implicaba sufrimiento en ella. Su hermana pudo haber dejado de existir y sentía que, en parte, la gran culpa era suya. Todavía rondaba en su cabeza la emoción dolorosa que le generaba ver el dolor en sus ojos, sobre todo cuando reconocía la desilusión, sí, porque eso sentía, porque mamá pensaba que su hijo confiaba en ella.

—Creo que necesitan estar a solas…

—No, en realidad, me gustaría que estuvieras aquí —dijo Tony, mirándolos a ambos—. ¿Te molesta, mamá?

Bella negó.

—No quería que esto te pasara, lo que menos deseo es que algo malo te ocurra ti y a mi hermano —determinó.

—No es tu culpa —le aclaró enseguida—, nada de esto lo ocasionaste tú.

—No fui sincero contigo, mamá. De verdad, perdóname —insistió con la garganta ennudecida—. Sé que piensas que no confío en ti, pero no se trata de eso.

—Ven aquí —instó la mujer, ofreciéndole sus brazos.

Tony acudió al regazo de su madre, que siempre lo trataba de la misma manera, aun cuando ya pasaba de los diecisiete años.

Enseguida entendió por qué debió ser sincero con ella, que sus sentimientos eran tan válidos como los suyos, y que a pesar de todo lo que había sucedido, nunca lo iba a señalar con el dedo por no haber podido confesarle sus secretos al instante, y que nunca, pero nunca, iba a hacerle daño.

—Perdón, mamá, por haberte hecho saber mis secretos de la peor manera —le susurró al oído—, y por no saber entenderte.

Bella suspiró mientras le acariciaba los cabellos.

—Todos cometemos errores, yo lo hice cuando eras un niño. Quizá debí acompañarte más…

—Mamá, lo que diga mi padre es una mierda —declaró con furia.

—Hey.

—Lo siento.

Ella sonrió.

—Siempre lo supe, Tony.

El adolescente la miró confundido.

—Siempre lo vi, te conozco, te di a luz y te vi crecer, claro que siempre lo supe —confesó.

El llanto de Tony fue incontrolable.

—Solo necesitaba que confiaras en mí, cariño, que pudieras abrirte. Te he dado todas las señales, soy mamá, soy en quien siempre puedes acudir. Necesito que comprendas que puedes confiar en mí y que no voy a juzgarte, nunca lo haré —insistió, ansiosa y angustiada porque, por más que quisiera negarse a aceptarlo, sabía que algo andaba mal entre él y James, algo que nunca le había confesado—. Por favor, recuérdalo siempre.

Tony asintió, entendiendo a lo que ella quería llegar.

—Aún estás muy débil, mamá, recuerda que mi hermano también es importante para mí —musitó, volviéndose a mirar a Edward, quien estaba inmerso en la emoción de los dos.

Bella sintió un retorcijón en su vientre, uno que solo significaba emoción.

—¿De verdad? —le preguntó.

—Claro que sí.

Fueron segundos de un abrazo intenso. La psicóloga procuró llenarse del aroma de su hijo y hacerle entender que ella siempre estaría para él, manteniéndolo apegado a su pecho.

—Perdóname por actuar como un idiota. Sé que debiste pensar muchas cosas al respecto, pero el saber que mi hermano podía estar en peligro… He actuado como un adolescente y ya me estoy convirtiendo en un adulto.

—No digas eso —lo reprendió su mamá—, no quiero que me recuerdes que estás tan grande.

Tony sonrió.

—¿Me perdonas, mamá?

—Claro que sí.

—Edward, ¿tú también me perdonas? Actué como un tonto contigo —aclaró, mirándolo a los ojos.

El teniente, al verse señalado, no supo qué decirle. No pensó que la conversación tomaría este camino.

—Tony, yo…

—No todos los padres son como el mío —musitó, interrumpiéndolo—. Y tú eres genial. Mi hermano tiene mucha suerte.

Los dos adultos se miraron ante las palabras del adolescentes.

—Sé que las cosas fueron un poco extrañas, pero sé que lo único que quieren es que mi hermano esté bien y no quiero que, por mi culpa, sus padres puedan estar distanciados —continuó el chico—. Lo siento, de verdad lo siento mucho. Mi hermano merece tener a su papá y no quiero ser el causante de los problemas.

—No todo es tu culpa, chico, yo debí ser sincero contigo. Todo se malinterpretó… —Edward suspiró—. Nosotros solo queremos que nuestra hija esté bien, no debes…

—No debes creer que hay algo más que eso, cariño —interrumpió Bella.

—¿Hija? —preguntó Tony.

Ambos futuros padres sonrieron.

—Sí, es una niña —aseveró la psicóloga.

El adolescente sonrió de manera innata.

—¿De verdad es…? Oh. ¿Tendré una hermana? ¿De verdad tendré una hermana?

Bella estaba emocionada. Esas eran las expresiones que esperaba ver de su hijo, que sabía que iba a encontrar en algún momento, cuando todo esto pudiera pasar. Era un muy buen chico.

—Y cada vez queda menos para conocerla —agregó Edward, deseando que Ness pudiera tener la misma actitud, aunque fuera una sola vez.

Tony volvió a abrazar a su mamá y en cuanto el teniente vio la necesidad de darle su espacio, lo hizo.

—Voy un momento a la cocina. Estoy preparando algo que sé que te gustará, Bella.

—Gracias —musitó ella, para luego verlo marchar.

—Mamá —continuó Tony—, sé que necesitas que lo diga, sé que querías verme confiar en ti. Solo tenía miedo. Tú eres en quien daría mi vida, te amo, de verdad lo hago, mamá.

—Oh, Tony —chilló Bella, envuelta en lágrimas.

—Y sí, soy gay. Sé que siempre lo supiste, pero eran mis palabras las importantes.

—James te vio, lo sé, ya todo queda muy claro —murmuró con los ojos llorosos—. ¿Algún día vas a contarme qué ha pasado? ¿Por qué tienes tanto miedo? Tú sabes que nunca podría separarme de ti, menos por ser quién eres.

—No quiero que te preocupes más, no ahora, ¿sí? Me aterra que te pongas mal otra vez. ¿Confías en mí?

—Por supuesto que sí.

—Entonces hazlo, mamá. Quiero unir fuerzas para contártelo todo, pero necesito asegurarme de que tú estarás tranquila.

—Me asustas…

—Dijiste que confiabas en mí.

Ella suspiró y le dio un abrazo y un beso en la frente.

—Cariño —llamó su atención—, no desperdicies a Ness, por favor, no por miedo.

Tony la contempló con sus ojos claros; volvía a ser un niño ante su mirada de madre, siempre.

—Sé que todo esto puede resultarte muy raro, que quizá confundirá a tu hermana, que habrá mucho que contar, pero ¿crees que a ella realmente le va a importar mientras vea a sus hermanos felices?

Las palabras de su madre le calaron hondo.

—Sé que debimos ser sinceros y decirles de inmediato que estábamos esperando un bebé, pero todo fue repentino e inesperable, lo que no significa que tú debas dejar de ser feliz, y sé que ese chico te hace feliz.

Tony se quedó en silencio.

—A veces deberías escuchar más a mamá, ¿no crees?

El chico sonrió.

—¿No crees que es muy pronto para hablar de eso?

—No, para nada. Lo que quiero es que seas feliz.

—Siento que le he hecho daño…

—Enmiéndalo.

—Lo haré, mamá. Gracias por todo.

—Tú también perdóname, por favor, por ocultarte las cosas.

Tony le besó la frente.

—Eso ya quedó atrás. Te amo, mamá.

—Y yo a ti, cariño.

De pronto, volvieron a tocar la puerta.

—Siento si los molesto, pero quería invitarlos a comer pizza —dijo Ness, algo tímido, lo que era raro en él.

—¡Pizza! —exclamó Bella—. Pues allá vamos.

—Hey, no puedes levantarte —la regañó Edward, escuchándola desde el comedor.

—Vamos, es solo a comer, no seas aprensivo —insistió Ness.

Bella puso los ojos en blanco mientras se ponía las pantuflas.

—Estoy bien. Tan pronto como coma me vendré a la cama, ¿bien?

Los adolescentes sonrieron y luego carraspearon, mientras seguían a Bella.

.

La pizza había logrado calmar todo en cada uno de ellos. Y es que la habilidad del teniente para la comida no podía pasar desapercibida para nadie.

—Gran parte de esto es obra de los chicos —dijo él.

—Vaya, realmente lo han hecho muy bien —determinó Bella.

Ahora se sentía más tranquila y capaz de pensar con la cabeza fría… o menos caliente que antes. De hecho, hasta su hija estaba comenzando a moverse.

—El renacuajo está bastante contento —les hizo saber mientras se acariciaba el vientre.

—¿Puedo tocar? —preguntó Ness, mirándolo con los ojos bien abiertos.

Bella asintió e instó a que lo hiciera. Cuando el chico sintió la patada, su sonrisa fue inevitable.

—¡Sí! —chilló.

Tony corrió a hacer lo mismo y también la sintió.

—No puedo creerlo —dijo.

Los padres se miraron y fue inevitable unirse a las emociones de sus hijos.

—Van a tener una hermana muy pronto, el tiempo pasará volando —afirmó Bella.

—Una hermana —susurraron ambos.

Fue inevitable poner cada mano en sus cabezas, acariciando sus cabellos mientras ellos lo hacían con su vientre. Sin embargo, todos se quedaron quietos cuando escucharon el sonido del timbre.

—Yo iré —exclamó Edward, pensando en la posibilidad de que fuera ese imbécil de James otra vez.

Cuando él se encontró con Charlie y Renée parados frente a la entrada, no supo qué decir.

—¡Hola! —gritó la mujer, llamando la atención de los demás.

—¿Mamá? —espetó Bella, levantándose con los adolescentes.

—Contigo quería hablar, chico —manifestó Charlie Swan, mirando a Edward con la ceja enarcada.

El teniente solo tragó.


Buenas tardes, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Como verán, las cosas ya están tomando un mejor curso entre todos, aunque todavía falta por hablar. ¿Qué me dicen de la futura conversación entre el teniente y Charlie? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

Agradezco sus comentarios, espero volver a leerlas, cada gracias que ustedes me dan es invaluable para mí, su cariño, su entusiasmo y sus palabras lo son todo, de verdad gracias

Aquí estoy, cumpliendo mis sueños y dándoles todo lo que puedo, ¡las quiero mucho!

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