Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.


Capítulo 48:

Confusiones

Alice Brandon se sentía como una adolescente, y esta no era una excepción.

Cuando vio Edward se cruzaba de brazos, esperando a que parasen el auto para regañarlos, la sensación de rebeldía le levantó los vellos del cuerpo.

—¡Hermanito! —exclamó Jasper, quitándole importancia a su presencia.

Era un desvergonzado.

Le abrió la puerta a Alice, quien descendió bajo la atenta mirada del teniente.

—Hola, Edward —lo saludó, dándole una sonrisa encantadora—. ¿Estabas con mi amiga?

Los hermanos se miraron con la ceja enarcada.

—Sí, estaba con ella.

—¿Cómo está? Necesito verla.

—Ella está bien. Estaba levantándose. —Hubo una pausa que el teniente rápidamente rompió—. ¿Ustedes…?

Jasper le guiñó un ojo y comenzó a reírse.

—Iré a ver a Bella. ¡Gracias por el aventón! —exclamó Alice.

Jasper le dio una nalgada que le hizo reír a carcajadas. Al teniente no le hizo ni pizca de gracia.

—¿Qué demonios te pasa? —le preguntó Edward, una vez que Alice ya había caminado lo suficiente para no oírlos.

—¿De qué hablas?

—No te hagas. Sabes que eres un papanatas egocéntrico.

El rubio hermano puso los ojos en blanco.

—Te comportas como un vejete.

—Sí, soy más viejo que tú. No quiero que juegues con la amiga de Isabella, ¿de acuerdo? Los problemas no son bienvenidos en esta casa.

Jasper sacó un cigarrillo y lo encendió mientras contemplaba a Edward, pensando en sus palabras.

—¿Crees que va a permitir que jueguen con ella?

Dio una calada y echó el humo a los segundos.

—¿Y si te dijera que realmente me gusta? —inquirió de pronto.

—¿Estás hablando en serio?

—¿Por qué te mentiría?

El teniente se quedó perplejo, porque sí, ¿por qué le mentiría?

.

Alice abrazó a Bella en cuanto ella le abrió la puerta.

—¡Estaba tan ansiosa por verte! —exclamó al separarse, sosteniéndola de los hombros. —

—No tenías que preocuparte…

—¡¿Cómo no iba a hacerlo?! —chilló, dándole nuevamente un abrazo.

La encinta mujer solo pudo sonreír, aliviada de tener una amiga tan alocada y preocupada a la vez, lo que no había cambiado a pesar de los años que ya tenían a cuestas.

—Anoche todo pasó muy rápido. Ni siquiera tuve tiempo de dormir adecuadamente…

—¿Edward se quedó contigo? —inquirió Alice, bastante suspicaz.

Bella suspiró y se sentó de golpe en el sofá, no sin antes mirar hacia todos lados, esperando que Edward no estuviera cerca.

—Sí, pero cometí un error anoche —musitó con nerviosismo—. Lo besé.

Alice Brandon dio un brinco y comenzó a hacer gritos de felicidad.

—¡Sht! —la callaba Bella, esperando que no se apareciera el teniente por ahí.

—Ay, amiga, ¿es que acaso no es obvio?

—No, no es obvio. Las cosas son muy difíciles ahora y lo peor es que se me ocurre besarlo en el peor momento. ¡Pero es que me sentía tan vulnerable! Y con todo lo que sucedió, verlo simplemente me hacía sentir segura y… —Suspiró—. Las hormonas me tienen enloquecida.

—Yo creo que Edward te gusta mucho —aseveró la otra, acariciándole los hombros—. Y la bebé los acabará uniendo, acuérdate de mí.

—Ay, Alice, ¡no quiero pensar en esas cosas ahora!

—Está bien. Tienes razón.

De pronto, una sonrisa emergió de los labios de Isabella, conociendo esa mirada enamoradiza en los ojos de su mejor amiga.

—Estabas con Jasper, ¿verdad?

No necesitó una respuesta, su cara la delataba.

—Dios, es que es tan bueno en la cama.

Ambas se rieron.

—De eso me doy cuenta, tú no sueltas una buena polla.

Alice se mordió el labio inferior, lo que significaba que algo más tenía guardado.

—¡Escúpelo ya!

—Hey. No vine aquí a hablar de mis escapadas con un amante.

—Pues a mí me distrae esto y necesito hablarlo contigo. Ambas sabemos que no es una simple aventura revoltosa. Dime ya, ¿qué pasa?

La interpelada suspiró.

—Me ha invitado a una cena esta noche —susurró.

Bella levantó sus cejas ante la sorpresa.

—Y la verdad es que quiero ir.

—Perra, ten cuidado, ¡ese chico tiene cara de rompecorazones!

—¡Ya lo sé! Tu teniente no estaba muy contento de verme con él.

—¡No es mío!

—Pues ya, ¡Edward Cullen tampoco quiere verme con su hermano! —exclamó—. Pero ya soy una mujer adulta y quiero ver qué trae entre manos.

—Y quieres continuar esta aventura, ¿eh?

La mujer volvió a suspirar como una niñita encaprichada y se abalanzó en las almohadas del sofá.

—¡Me siento tan completa! —chilló—. Me encanta, ¡a pesar de que es más joven!

—¿Alguna vez planeas acabar esto? Tu hijo…

—Sí, lo acabaré, cuando se me acaban las ganas, te prometo que se acabará.

Bella acarició el cabello de su mejor amiga y luego le tomó una mano.

—Prométeme que no te enamorarás —insistió la psicóloga.

—Amiga, ¿con quién crees que estás hablando? Solo es un capricho. Una vez que sepa cómo son sus citas, simplemente me desapareceré de su vida.

.

Bella había despedido a su mejor amiga luego de que ella se marchara para ver a su hijo, quien ya había llegado de su nuevo viaje de negocios.

Edward aún no aparecía, por lo que supuso que estaba en lo suyo. A pesar de su interés por verlo, aunado a todo lo que había pasado desde ayer, prefirió darle su espacio y no actuar como una obsesiva con él. Pero diablos, realmente le parecía ensordecedor cuando no estaba el teniente.

Luego de enviar el parte médico a la preparatoria para informar su baja médica de una semana, vio que Jacob Black, el abogado que tomaría su caso, le había enviado un mensaje.

"Señorita Swan, ¿puedo preguntar cómo está? He estado evaluando los expedientes para iniciar la demanda a su antiguo empleador, por lo que estaré pendiente ante el día que usted quiera verme para iniciar la demanda.

Estaré atento a su respuesta".

Cuando planeaba responderle, sintió que tocaban su puerta.

El corazón se le apretó ante la posibilidad de que fuera él.

—Dios mío, ¿qué me está pasando? —se preguntó, queriendo arrancarse el corazón por un segundo.

Se acomodó el cabello y corrió hasta la puerta. Cuando abrió, lo primero que encontró fue al inmenso perro de Edward Cullen.

—¡Puntito! —gritó el teniente al ver que él se abalanzaba para lamerla.

Los gritos de Bella fueron ensordecedores.

—¡Descuida! —insistía él, intentando tomar al perro desde la correa—. ¡Hey! ¡Siéntate!

Ella, envuelta en el pánico, simplemente corrió a los brazos del teniente, que rápidamente la sostuvo. Vale, ¡el perro era una coartada! Pero es que… ¡Necesitaba sentirlo otra vez!

—¿De verdad te dan miedo los perros o solo es el mío? —le preguntó con una sonrisa.

Puntito tenía la lengua afuera y esperaba pacientemente, sentado y con una pata levantada, que alguien le acariciara la cabeza.

—Él no te hará daño, es un buen cachorro, a que sí. —Edward le sacudió los cabellos y le rascó detrás de las orejas.

—Pues tu cachorro no es muy pequeño que digamos.

—Lo es en su interior.

Bella acercó la mano al can y lo acarició también, de forma suave y tímida. Él se mantuvo tranquilo, hasta que finalmente la lamió, esperando a que ella entendiera que sí, que era su amigo.

—¿Lo ves? —le preguntó al oído, causándole un respingo—. No debes temerle.

—No le temo —se defendió ella, quitándole importancia.

—Entonces, ¿por qué me abrazas?

Ella se sonrojó tanto que acabó huyendo despavorida, nerviosa y extrañamente estremecida por el calor del teniente.

Edward sonrió, mirando cómo se escapaba, mientras soltaba un suspiro difícil de ocultar.

—Te debo el desayuno —aseguró él.

—Ya estoy muriendo de hambre.

—¿Qué te parece huevo y tomate? Son perfectas para las embarazadas.

—Me encantaría.

Mientras caminaban hacia la cocina, pasaron frente al espejo del pasillo cercano de la sala. Para Bella fue inevitable mirarse, sorprendiéndose de cómo su vientre se redondeaba cada vez más. Era como si, de pronto, el que todos supieran de su existencia le hubiera permitido crecer de un solo golpe.

Se levantó la ropa y continuó comprobando cómo su renacuajo gritaba su existencia.

—¿Ocurre algo, Bella? —le preguntó la voz viril del teniente, que la observaba contemplarse con los ojos enamorados y puestos en su futura hija.

—No, nada, solo… —Se quedó callada y se mordió el labio inferior—. Se está haciendo más notorio, es…

Bella realmente estaba emocionada, porque cada día comprobaba cómo su hija estaba creciendo a pesar de todo.

—Sí, cada día se nota más —aseveró Edward, acercándose a ella.

Isabella, ansiosa por la emoción, tomó sus manos y las llevó hasta el vientre para que tocara. Enseguida sintieron una patada.

—¡Está moviéndose! —exclamó él, sintiendo un nudo en su garganta.

La madre asintió, mientras la pequeña se movía con locura, acomodándose y pateando en el mismo lugar que su papá tocaba.

—Está fascinada —musitó ella—. Cuando hablas se vuelve loca.

Edward rio.

—Estoy enamorado de mi hija —susurró con los ojos llorosos—. Ya quiero conocerla.

Bella arqueó las cejas e instintivamente le tocó los cabellos, sin poder contenerse siquiera.

—Estoy segura de que también muere por conocerte —afirmó la psicóloga, alejándose a regañadientes de su sedoso pelo.

«Compórtate», pensó, regañándose a sí misma.

Las manos viriles de Edward cobijaban el pequeño, pero abultado vientre. Él solo había sentido algo así cuando su madre se embarazó de sus hermanos, pero cuando se trató de Ness, nunca pudo disfrutarlo. No iba a cansarse de repetirse lo mucho que debía aprovechar estos momentos, porque no iban a repetirse.

.

El teniente le preparó un abundante desayuno con huevos, carne y una infusión de apio, pues había leído que eso le haría bien para su embarazo.

—¿Cómo supiste que iba a ponerme más fuerte? —le preguntó ella, sosteniendo la infusión humeante delante de su nariz para oler.

Edward terminaba de lavar los trastos, por lo que aprovechó que estaba dándole la espalda para ocultar su rubor.

—Yo… Me puse a leer un libro.

—¿Un libro? ¿De qué?

—Un libro prenatal.

Bella se rio.

—¿De verdad?

Él carraspeó.

—Comenzarás a hincharte y el apio hace bien para disminuir la retención de líquidos.

—Lo sé, estoy más gorda…

—No quise decir eso —aclaró enseguida, dejando a un lado el paño de cocina.

—Estoy molestándote. —Bella se rio al ver su rostro compungido—. Gracias por preocuparte por mí… O sea, por nosotras.

El teniente sonrió.

—Sé que a pesar de haber visto esto del embarazo en la universidad pudo servir de ayuda para saber lo que viene, pero créeme que no era mi materia favorita. Siempre preferí la emergencia, por eso tuve a mi cargo la formación de cadetes en la fuerza de primeros auxilios —le contó él, entusiasta por abrirse un poco más con ella.

Cuando Edward hablaba de sus hazañas, Isabella se sentía mucho más atraída a su persona.

Atraída…

—De hecho, creo que debería mostrarte algunas fotografías que tengo cuando apenas comenzaba como teniente…

Se calló cuando se dio cuenta de que estaba cada día más prendado de Isabella Swan, la misma que pronto daría a luz a su bebé.

¿Es que acaso…?

—No quiero aburrirte con mis cosas, de seguro el asunto del ejército y esas cosas te deben parecer un fastidio —agregó, extrañamente torpe y nervioso, aunado, quizás, a la relación que tenía con ella.

«Tienes cuarenta y tres años, soldado, ¡compórtate como tal!», pensaba él.

Isabella iba a responderle que moría por ver esos recuerdos, pero el timbre los interrumpió.

—¿Estás esperando a alguien? —preguntó el teniente, mirando el reloj. Aún era temprano para que sus hijos ya hubieran vuelto de la preparatoria.

—No —dijo ella, frustrada por la interrupción—. Iré a ver…

—Descuida, tú debes moverte muy poco estos días, yo iré.

Bella no quiso contradecirlo, porque era cierto, mientras más quieta estuviera, era mejor.

Edward fue hasta la puerta y cuando abrió, su impresión fue tal que no pudo contener la mueca de espanto. ¿Qué hacía un hombre estirado y pulcro, sosteniendo un inmenso ramo de rosas rojas?

—Hola, soy Jacob Black. Busco a Isabella Swan, ¿quién es usted? —le preguntó, utilizando un acento desagradable.

Edward supo enseguida que iba a odiarlo.


Buenas tardes, les traigo un nuevo capítulo de esta historia, tenía listo el cap para subirlo el fin de semana, pero en Chile las lluvias han estado algo complejas y el internet anduvo muy inestable, pero ahora está todo bien. ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

¡Atentas, chicas! ¡Ya van quedando menos capítulos para el final!

Agradezco infinitamente sus comentarios, espero volver a leerlas, cada gracias que ustedes me dan es invaluable para mí, su cariño, su entusiasmo y sus palabras lo son todo, de verdad gracias

Aquí estoy, cumpliendo mis sueños y dándoles todo lo que puedo, ¡las quiero mucho!

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Cariños para todas

Baisers!