El elfo doméstico

Cuando los primeros rayos de Sol atravesaron las ventanas de Grimmauld Place, los ojos zafiros de Ronald Weasley los recibieron abiertos.

No había dormido demasiado esa noche y había una buena razón para ello. En unas horas Hermione, Harry y él mismo, se infiltrarían en el Ministerio para intentar obtener el medallón de Slytherin.

El primero de los Horrocruxes que deben localizar y destruir trae con él, el significado real de en lo que se estaban metiendo y el terrible peligro al que de ahora en adelante, tendrán que enfrentar.

No es que antes no había sido consciente de aquello, pero siempre había sentido protegido bajo la magia y la presencia de Dumbeldore. Fue el ataque a su propio hogar el recordatorio de que esa protección había terminado.

Tan sólo una vez, se había sentido así. Tan expuesto, tan vulnerable, tan insignificante, tan inútil y asustado. Fue cuando Hermione fue herida en el departamento de misterios. Si de él dependiese, habría escondido a Hermione junto con sus padres en el otro extremo del mundo. Este era un bonito sueño en el que encontrar consuelo, pero él era consciente de que sin ella la misión estaría condenada al fracaso.

La noche a la que las primeras luces del alba estaban poniendo fin, había sido una sucesión constantes de pesadillas lúcidas en las que habían imaginado los mil y un destinos espantosos que ellos podrían enfrentar una vez que atravesasen el atrio del Ministerio y todas dos de dichas pesadillas, tenían como protagonista a una bruja con espeso cabello rizado y ojos del color del chocolate.

Por un momento, el resentimiento contra Harry anidó en el corazón de Ronald Weasley. Él no tenía ningún problema en compartir el destino de su mejor amigo. Si Harry se lo pidiese, Ron sería capaz de bajar al infierno a ayudar con los ojos cerrados ¡qué de hecho era exactamente lo que él se disponía a hacer! Ron no era estúpido. La experiencia de los años anteriores le había hecho tener una perspectiva realista sobre la guerra. El precio que se pagaba día a día y el que aún quedaba por pagar, pero ese precio no debería incluir una bruja marimandona, terca, sabelotodo, enloquecedora y con una boca hecha para ser besada. Harry debería haber insistido y haberle prohibido que ella se pusiese en peligro viajando con ellos.

«¡Como si él o tú hubieses podido impedírselo!» Una vocecita susurró en su cabeza provocando la insinuación de una sonrisa en los labios del pelirrojo cuando en su mente, se recrearon las imágenes de un hurón rubio platino recibiendo un soberbio puñetazo en la nariz.

«Además, sabes que de no ser por ella, ambos estarían perfectamente muertos y El-que-no-debe-ser-nombrado, estaría caminando sobre la tierra de Merlín desde mucho antes.»

Un breve gruñido escapó de la sonrisa de Ron al pensar que dicha vocecilla parecía tener el retintín de un «te lo dije» demasiado familiar.

Aún así, él no podía rebatir esa afirmación. De no haber sido por Hermione y su prodigioso bolsito de pedrería, su situación en este mismo momento podría haber sido muy diferente. Ellos no hubiesen tenido los conjuntos necesarios para haber sobrevivido hasta haber llegado a la residencia de Sirius y haber podido realizar toda la vigilancia del ministerio…

Un atronador rugido de su estomago, fue el que puso fin a toda aquella introspección.

-Me pregunto ¿cómo ella estará dispuesto el tema de la comida? Lleva seis malditos años recordándome las leyes de Gamp-, murmuró mientras se incorporaba.

Sabiendo que era incapaz de permanecer en la cama ni un minuto más y con la esperanza de poder calmar sus nervios y sus pesadillas con una buena taza de té, emprendió el camino hacia las cocinas de la mansión cuando se encontró que la luz se filtraba bajo la puerta de la habitación en la que había dejado a Hermione la noche anterior.

Aquello no había terminado en una de sus famosas broncas porque él había preferido morderse la lengua antes que irse a la cama con ambos enfadados el uno con el otro, pero le había faltado realmente poco para agarrarla por la cadera echársela sobre el hombro y lanzarla sobre la cama más próxima para obligarla a dormir cuando ella se empeñó en permanecer despierta repasando hasta la extenuación todos los detalles de la infiltración en un ministerio dominado por Voldemort. Aquella furia que a duras penas había logrado controlar, regresó con toda fuerza al ver que ella debía de seguir trabajando en ello.

Con el típico arrebato Weasley, irrumpió en la habitación dispuesto a terminar con esta locura y obligarla a descansar las pocas horas que aún quedaban, cuando se quedó congelado en la puerta al tiempo que toda esa cólera que antes hacía hervir su sangre, se evaporaba como si jamás existió.

Bajo la tintineante luz de las velas, una Hermione, completamente dormida, descansaba su cabeza sobre un libro de teoría de la magia y un innumerable numero de pergaminos garabateados con esquemas y planos del ministerio.

Ron tiene que apoyarse en el quicio de la puerta cuando siente que sus piernas le fallan al ver como la luz parpadeante de las velas, obtiene infinitos matices cobrizos del pelo de la menuda bruja. Cómo, pese al pequeño hilo de baba que se escapa de entre sus labios, estos lucen suavemente rosados y absolutamente adorables. Las pestañas que cubren unos ojos que pueden obtener cualquier cosa de él con sólo que le mirasen con amor y las siete pequeñas pecas que ella tiene en la nariz. Nunca se lo dijo, pero él aprendió la configuración de la constelación de Orión cuando la vio perfectamente representada en esa pequeña nariz.

Pero por encima de todo ello, lo que conmueve su corazón es ver el semblante de su cara completamente relajado, como si por un momento, el sueño la bendecido con unas horas de paz, ajenas a toda la locura que se ha desencadenado a su alrededor.

Por un instante, tiene la tentación de tomarla en sus brazos y llevarla a una cama donde ella pueda descansar verdaderamente lo que hace que sus brazos hormigueen con la mera idea de tocarla, pero él sabe que si por casualidad ella despierta, insistirá en continuar con su loco repaso perdiendo el poco descanso que tan desesperadamente necesita, algo que él no le negará. Así, aunque una parte de su corazón clame por la imagen impostada de permitirse lo que hasta ahora sólo ha sido uno de sus más locos sueños como es el llevarla como a una novia al lecho nupcial, el resto de todo su ser le hace cerrar la puerta mientras lentamente lanza un hechizo de insonorización a la misma para evitar que cualquier ruido pueda perturbar su sueño.

Sólo entonces, mientras reanuda su viaje hacia las cocinas, se permite preguntarse, ¿Cuando ella se volvió tan importante para él? ¿En qué momento ella se convirtió en todo su mundo?

Sorprendentemente no pudo encontrar un momento concreto. De alguna manera, Hermione se había ido infiltrando en su corazón sin que él fuera plenamente consciente de la sigilosa invasión. Evidentemente, él se había dado cuenta de que lo que experimentó en cuarto curso fue una tormenta de celos, ¡de tal magnitud !, que pareció haber convertido su cerebro en jalea e incapaz de pensar. Pero sólo cuando enfrentó la posibilidad de perderla a final de quinto curso, fue cuando se dio cuenta del autentico vacio que su corazón tenía si ella no estaba en él.

Y mientras su mente se pierde en los recuerdo de una niña mandona que le regaña por tener sucia la nariz y en una jovencita que luce de una manera increíble, mientras se desliza majestuosa por el gran comedor de la mano de un imbécil cabeza de calabaza con ridícula barbita de chivo, Ron se encuentra en la cocina justo al tiempo de ver como el viejo elfo domestico de Sirius, revuelve entre cacharos y enseres, seguramente anticipando las tareas domesticas del día que se inician con el desayuno para los tres inquilinos de la vieja mansión Black, mientras el medallón de Régulus cuelga alrededor de su cuello.

«Bueno. No "de Sirius". Ahora es el elfo "de Harry" » , rectifica en su mente al recordar que el padrino de Harry había sido la víctima mayor de aquella aciaga noche…

-Buenos días maestro-, la voz quebrada del viejo sirviente interrumpe los pensamientos que volvían a provocar un estremecimiento por su espina dorsal. -¿Quizás el amo Weasley se despertó demasiado temprano? ¿Puede Kreacher ayudar a su señoría con una taza de té? -

-Sí, Kreacher. Por favor-. Él piensa que nunca se acostumbrará a los sensibles oídos del elfo. De alguna manera, el pequeño sirviente siempre parece percibir lo que ocurre a su alrededor, aunque estuviese dándole la espalda en ese momento. A Ron el corazón aún se le sale del pecho cuando recuerda la vez que entró furtivamente en la cocina buscando algo de comer a medianoche y al cerrar la puerta de la alacena, se encontró con un par de ojos saltones a menos de un palmo de su cara que le miraban suspicaces.

-¿El maestro desearía algo más consistente para acompañar su té? -

Ron no había dejado de ser consciente del cambio que se había dado en la actitud en el elfo desde que Harry le había entregado el medallón de Régulus. Su previa hostilidad hacia Harry se había tornado en una cuasi-devoción tras ese pequeño acto de amabilidad. Él se preguntó, ¿qué había pasado con Kreacher, si todas esas ideas de Hermione acerca de SPEW y dar un trato digno y amable a los elfos hubiesen sido aplicadas por Sirius? Quizás el atormentado elfo, no hubo encontrado la falla que le reportaré a los Mortífagos. De una manera retorcida, el último de los Black había forjado su destino tratando miserablemente a su sirviente.

«Entonces, tal vez…», pensó, «… Sirius había podido seguir vivo y Harry había podido tener una familia de verdad, donde había podido haber sentido el amor y la calidez de un auténtico hogar.»

-¿Maestro?-

-No Kreacher, muchas gracias-, él respondió amablemente y con una sonrisa cuando volvió al presente. «He aquí otra de las locas ideas de Hermione para el mundo mágico y en las que, sin embargo ella tiene razón» , pensó. -El té será suficiente-.

-Como desee el maestro Weasley. ¿Debería preparar el desayuno para los demás invitados, quizás? - Una ceja peluda se elevó dubitativa.

-Nariz. ¿Alguno de los dos se ha despertado? - Ron no estaba dispuesto a que ninguno de ellos perdiese momentos de sueño, por lo que consideró saber primero cual era la situación actual de sus amigos antes de que, por error, el elfo interprese que ya era hora de despertarlos a ambos.

-El amo Potter aún sigue durmiendo, aunque no ha dejado de dar vueltas en la cama y gruñir toda la noche-, Kreacher sintió saber hacia dónde se dirigían los pensamientos de Ron, -en cuanto a la sangre sucia… -

- ¡NUNCA! ¡JAMÁS! VUELVAS A REFERIRTE A ELLA EN ESOS TERMINOS, KREACHER. ¿ME ENTIENDES? ¡NUNCA! -

Ron ni siquiera fue consciente de su reacción hasta que vio los aterrorizados ojos del viejo elfo mientras alzaba sus brazos en un intento de autoprotección.

No fue consciente de que la silla sobre la que estaba sentado salió despedida contra la pared cuando se incorporó bruscamente, ni de su agitada respiración, ni como sus puños lucían blancos como la nieve apoyados sobre la mesa, ni cómo había proyectado su cuerpo en dirección al elfo como el lobo que acecha a su presa.

Ron no había sido consciente de nada de ello, hasta que vio un elfo domestico anciano, temblando de terror y con la certeza del castigo supremo en sus ojos. Es entonces cuando una cascada de revelaciones se desencadena en su mente, como si siempre hubiesen estado allí, sólo que ahora parecen encajar perfectamente entre sí.

Ver como un ser con una magia infinitamente más compleja y más poderosa que la de los magos humanos, estaba tan encadenado por su condicionamientos social y el miedo, que es incapaz de reaccionar, aunque sólo fue para salvar su propia vida o la de los suyos , para convertirse en menos que una alimaña a los ojos de sus opresores. Y mientras mira los aterrorizados ojos del elfo, ante los ojos de su mente se presenta la imagen de otros ojos. Los dulces ojos del color de chocolate llenos de amor y compasión por cualquier ser vivo de una niña de grandes dientes frontales que luce una horrible insignia de SPEW sobre su pecho. Y eso le hace sentir tan vil, indigno y miserable que siente nauseas de sí mismo.

-Kreacher-, su voz sonó mucho más apera de lo que pretendía en el intento de controlar las arcadas que le acosan provocando que el anciano se estremezca ante él.

-Kreacher-, repitió, esta vez con mucha más calidez. -Por favor, toma asiento-.

Tan aterrorizado está el elfo, que se dirigió como la victima de la maldición " Imperius" 'a la silla más próxima para sentarse, ignorando así todo el condicionamiento social que impide estar sentado en la presencia de un mago.

-Kreacher-, Ron respiro profundamente, como si quisiese tomar del aire la inspiración que necesita para enfrentar la tarea ante él. -Te ruego me perdones. No era mi intención gritarte ni atemorizarte.-

Si previamente la expresión del elfo era de absoluto terror, ahora abría que añadir la de la absoluta estupefacción.

-¿E… El maestro, se está disculpando ante Kreacher? - Su voz sonó como la de una rana y sus ojos parecían salirse de sus orbitas cuando la idea, por fin, atravesó su cráneo.

-Verás-, el pelirrojo se mesó los cabellos intentando enfocarse. Tenía ante sí un problema difícil. Por un lado no podía poner en crisis todas las creencias del viejo sirviente de un plumazo. Eso sólo provocaría que el elfo se cerrase a escucharle, pero por otro lado, tenía que hacer ver o al menos considerar, la abominación que suponía menospreciar la mera existencia de un hechicero por el simple hecho de su origen mágico. -No era mi intención dañarte ni asustarte. Simplemente no vuelvas a usar esa palabra cuando te refieras a la Señorita Granger, por favor. Ella realmente no lo merece-.

El estupor del elfo no había desaparecido, pero un destello de curiosidad apareció en su mirada.

-Mira, yo sé cómo va todo esa mierda de la pureza de sangre, pero yo te pido que por una vez no lo tengas en cuenta, ¿vale? - La cara de Kreacher daba a entender sin lugar a dudas, que no estaba entendiendo una palabra de lo que Ron estaba intentando explicar.

-Kreacher. Imagina por un momento que no supieses el origen de la Srta. Granjero. Que no la conocieses de nada y que la primera vez que ella había pisado esta casa, en vez de haber aparecido con ropa muggle y acompañando a un puñado de proscritos y traidores de sangre, ella había venido de la mano del amo Régulus, vestida con elegantes túnicas de lechuguino y luciendo absolutamente hermosa y relajada, como si este hubiera sido su ambiente social durante toda su vida-.

-Maestro Weasley-, el elfo lucía absolutamente desolado, -Kreacher no puede hacer eso. Kreacher puede percibir la magia de los magos. Su origen, su intensidad. Es imposible que Kreacher no se hubiera dado cuenta de que hubiera sido una impostora-.

Ron sintió como su mandíbula se apretaba y su espalda tendía a envararse de pura rigidez al oírle referirse a Hermione como una impostora. Hacerle entender su punto de vista parecía una misión imposible. El comportamiento del elfo parecía estar condicionado por la primera impresión que suponía percibir los orígenes de la magia de un mago en conjunción con todo su adiestramiento. Una vez que intervenía el condicionamiento de toda una vida, ¡no! ¡De toda una dinastía! No había oportunidad para mirar nada más…

-Nada más… - susurró, -Nada más. No hay segunda oportunidad… - Los ojos de Ron se abrieron como platos.

-¿El maestro se encuentra bien? - Kreacher había abandonado la silla y se aproximaba cautamente al mago que parecía ajeno a su preocupación.

-… No hay segunda oportunidad-, volvió a susurrar al tiempo que en su cara apareció la sonrisa y en sus ojos el brillo, que tan bien conocían sus adversarios en el ajedrez. -¡KREACHER! - Exclamó.

El desprevenido elfo dio tal salto hacia atrás, que tropezó con la silla que ocupaba previamente y comenzó a trastabillarse con sus propios pies hasta que la caída fue inminente, sólo para ser tomado en volandas y depositado suavemente sobre su silla original por unos brazos pecosos y surcados de cicatrices.

-¿Estás bien Kreacher? La voz de Ron tenía genuina preocupación. No era solamente por los continuos sobresaltos a los que estaba sometiendo al viejo corazón del débil elfo y el temor a destruir cualquier puente de entendimiento que hubiera podido crearse ente los dos, sino a que realmente hubiera podido sufrir alguna herida.

-¿Qué acaba de hacer el maestro? - Los ojos del anciano estaban clavados en los de Ron.

-Yo ... yo, yo lo siento Kreacher. No soy bueno dominando mis impulsos. No pretendía volver a asustarte-. Los ojos de Ron se dirigieron al suelo cuando la vergüenza volvió a inundarlo. Era la segunda vez que había atemorizado al elfo. Era lógico que ya no volviese a confiar en él y con ello, cualquier oportunidad de hacer entender la grandeza humana de la bruja de pelo encrespado había salido por la ventana gracias a su manifiesta y nunca bien mensurada combinación de estupidez e impulsividad… -¡Mierda ! - gimió.

-¿El maestro ayudó a Kreacher? - Sus ojos se abrieron de par en par. -¡El maestro protegió a Kreacher! -

-¿Errr…? - La cara de Ron era la manifestación del absoluto pasmo.

-¡El maestro protegió a Kreacher! No le prohibió a Kreacher que se castigase a sí mismo, no. Le protegió-. La cara de Ron manifestaba claramente que seguía sin comprender lo que el sirviente le decía. -Sólo el amo Régulus hizo algo similar una vez-.

-Hermione lo hace todo el rato- ¡Oh Merlín! Si eso no es una buena apertura, yo no juego al ajedrez.

-Ómo? - El pobre Kreacher tenía el aspecto de estar como llevado por una corriente de revelaciones y emociones que le impedían poder estructurar su pensamiento de manera correcta.

Hacía días que un amo mestizo al que odiaba, le había entregado el tesoro que había pertenecido al mejor amo que un elfo domestico pudiese desear. Al mismo tiempo, le había prohibido castigarse a sí mismo incluso cuando él le había traicionado y alertado a sus enemigos. Kreacher sabía que era mero tecnicismo que él pudiese justificar sus acciones en base a las instrucciones poco concretas del amo Harry. Kreacher era consciente que cualquier acción realizada por un elfo doméstico que directa o indirectamente pudiese perjudicar su amo, podía ser severamente castigada, incluso con la vida y, en cualquier caso, un amo no necesita muchas justificaciones para castigar a su sirviente si así lo decidía . Ahora, un sangrepura había usado su propio cuerpo para protegerle, se había disculpado por su acción y le hacía saber, que una sangresucia tenía como costumbre proteger a otros elfos domésticos continuamente. Su cerebro no pudo asumirlo completamente y la pregunta se había escapado de entre sus labios de manera inconsciente.

-La Srta. Hermione lo hace todo el rato. Ella ama a cada criatura mágica. No le preocupa su origen. Ella siempre dice que son los actos los que dan grandeza, no el origen. Kreacher ¿Es verdad que puedes percibir la magia? - Preguntó lleno de esperanza.

-Kreacher puede, maestro-.

-¿Y es verdad que puedes sentir la intensidad de la magia de un mago, Kreacher? -

El elfo asiente.

-Entonces. ¿Cómo percibes la fuerza de la magia de la Srta. Hermione?

El elfo parpadea, como si nunca se ha hecho correctamente detenido a evaluar ese punto.

-La magia es muy intensa en ella. Kreacher sólo recuerda una bruja con una magia tan intensa, aunque la de la bruja nacida de muggles podría ser mayor-.

-¿Quién era la bruja Kreacher? -

-ES. La Dama Lestrange, Bellatrix.-

Un dedo helado recorre la espalda del hijo menor de los Weasley cortándole la respiración.

-Ella no se parece en nada a Bellatrix, Kreacher-, Ron puede sentir, casi físicamente, como si le estuviesen estrujando el corazón hasta quitarle la vida. -Hermione tiene los ojos dulces, llenos de curiosidad y afecto. No destilan odio y locura como esa hija de puta, Kreacher-, hay una ira sorda creciendo en Ronald. Un fuego rugiente de ira, miedo y odio.

-Fue ella, la que torturó hasta la locura a los padres de Neville. Dos sangrepura cuyos únicos pecados fueron los de defender a inocentes, que nunca he hecho daño a nada ni a nadie, de su locura y su odio. Es gente como ella la responsable de que ni Neville ni Harry tengan padres. Es gente como ella la que arrastra a personas sensibles como Régulus a un camino del que no hay retorno, Kreacher. Es gente como ella la que trae dolor y sufrimiento al mundo tan sólo porque se cree superior a cualquier otro, - dice mientras intenta recomponerse.

-El caso, Kreacher, es que Hermione… - hay autentica pasión y una devoción palpable en cada una de las palabras que salen de su boca… -no sólo es la bruja más inteligente, brillante, estudiosa y hermosa de esta generación, sino que ella es la mejor persona que puedas imaginar. El que ella sea una bruja es una jodida bendición porque, en vez de ser los muggles los que tienen la oportunidad de beneficiarse de su privilegiada inteligencia, de su valentía, de su deseo de justicia y de su infinito amor por cualquier criatura, es el mundo mágico el que tiene esa oportunidad y por culpa de "El-que-no-debe-ser-nombrado" y gente como Bellatrix, estamos siendo unos imbéciles negándonos a aceptar ese regalo y toda esa magia que supera por mucho a la del resto de nosotros tres y… -

-Eso es un error-.

-¿Perdón? -

-Su magia no es la más poderosa de los tres.- Los entrecerrados ojos del elfo permanecen clavados en el mar océano del menor de los hombres Weasley, como si estuviesen contemplando algo que solamente él puede ver.

-Bueno. Obviamente Harry tiene que ser un mago jodidamente extraordinario si tiene que enfrentarse al Señor Obscuro-, dice apartando la mirada del elfo mientras siente una punzada de envidia en su corazón por no ser lo suficientemente bueno y perdiendo la sorprendida mirada que le dedica Kreacher, - pero estoy seguro que su poder mágico deben estar muy parejo a Harry… -

Es entonces cuando la cucharadita de té emocional que es Ronald Weasley es consciente de como se está desarrollando esta crucial partida de ajedrez.

El propio Kreacher acaba de abrir una brecha en su defensa cuando la idea de una nacida de muggles puede ser tan poderosa como la más abominable mortífaga en las huestes de "El-que-no-debe-ser-nombrado". Pero con eso no basta. Eso puede haber sorprendido su cerebro, pero para ganar la partida, para ganarla verdaderamente, Hermione debe ganar el corazón del atormentado ser.

-Ella es la bruja más inteligente que he conocido, hasta el punto de que ni siquiera ese imbécil engreído de Snape, alguien de disfruta haciendo quedar como tonto a cualquiera, ha podido evitar el calificarla con una puntuación menor a "Extraordinario" en todas sus pruebas-. Él recuerda con orgullo todas las veces que Hermione consiguió arrancarle un rictus de irritación al lamentable profesor. Una por cada vez que ella le dio la respuesta correcta incluso cuando esa no era la lección del día. -Continuamente derrota a cualquier sangrepura haciendo una magia ellos ni siquiera son capaces de soñar. Por su pura inteligencia resolvió un acertijo letal en su primer año y en su segundo elaboró una poción de nivel EXTASIS que sólo los maestros alquimistas son capaces de realizar,

Ron no puede evitar el escalofrío que recorre su espalda cuando recuerda la imagen de una niña pequeña en una cama demasiado grande para ella, rígida, inerte y fría como el hielo. Fue entonces cuando se dio cuenta que había algo distinto con Hermione. No sabía que era, pero algo estaba jodidamente mal en su interior cuando ella resultaba herida.

-Tendrías que verla cuando estudia, Kreacher. Ella es todo un espectáculo. Cuando ella está estudiando un tema particularmente difícil frunce el ceño de manera adorable, sus ojos brillan de determinación y se inclina sobre lo que quiera que esté leyendo tanto que parece que ella quisiese meterse dentro del texto y cuando está a punto de dominar todo ese nuevo conocimiento, ella muerde su labio inferior con tanta intensidad que a veces temo que se vaya a hacer daño ella misma, pero hay una inmensa alegría en su mirada. Igual que cuando ella está leyendo algo que le agrada particularmente, sólo que entonces, ella empieza a jugar con uno de sus locos rizos enrollándolo alrededor de su dedo. Creo que debe ser la única persona en el mundo que coquetea con un libro mientras lo lee, - han sido tantas veces viéndola estudiar en la biblioteca que el pelirrojo ni siquiera necesita concentrarse para evocar dichas imágenes. Ellas están tan dentro del corazón de Ron que ya forman parte de él y su recuerdo siempre hace esbozar una sonrisa en su pecosa cara.

-Ella es también valiente, decidida y justa, como el día en que le sacudió un soberbio puñetazo en la nariz al hurón en tercer curso… -

-¿Ella golpeó a un hurón? - La mandíbula del elfo se descolgó al escuchar al pelirrojo.

-¿Cómo que…? - La sorpresa inicial de Ron es rápidamente sustituida por unos ojos abiertos de par en par cuando la comprensión le inunda, dado paso a una estruendosa carcajada. -No a un hurón Kreacher. ¡ "Al hurón"! Ella le dio un puñetazo jodidamente perfecto al único y genuino heredero de la Casa Malfoy-, completa entre risas cuando ve como al pobre elfo se le salen los ojos de las orbitas al imaginar cómo atacaron a un reconocido sangrepura con algo tan mundano como puñetazo en la nariz. -¡Oh vamos, Kreacher! Aquello fue genial y ella lucía sexy como el infierno mientras lucia jadeante, con el pelo revuelto y una mirada desafiante. Además… - su rostro se pone repentinamente serio cuando mira al anciano sirviente que aún no parece haber salido de su estupefacción. -Ella solamente estaba defendiendo a una criatura inocente de un niño malcriado y dispuesto a regodearse de su muerte solamente porque él hirió su egocéntrico orgullo. Ella pasó noches enteras sin dormir, rebuscando en viejos tratados de leyes mágicas alguna forma de salvar la vida de una criatura que ni siquiera era humana. Sólo porque era lo justo. Sólo porque era inocente-. Un peso se deposita sobre el alma de Ron cuando recuerda que ella estuvo sola todas esas noches y él no estuvo para ayudarla.

-La he visto apoyar a su mejor amigo y casi perder la vida por ello aún a sabiendas de saber que él se estaba equivocando-, el nudo en su garganta amenaza con impedirle continuar hablando. -La he visto arriesgarse a perder esa misma amistad tan sólo para protegerlo y la he visto ser tomada por excéntrica o loca sólo por defensor que las criaturas deben ser tratadas con dignidad, independientemente de su raza y origen-.

En su atribulado discurso, Ron siente que la humedad inunda sus ojos y la aparta pasando su manga por su cara sin ser consciente de como el elfo ha ladeado levemente su cabeza y lo observa atentamente.

-Ella también es amable, dulce y cariñosa-. El peso de su corazón desaparece cuando una calidez lo envuelve. -Con once años y sin conocerle de nada ayudó al tipo más tímido e inseguro a buscar su mascota perdida. Aun no siendo prefecta, siempre estuvo dispuesta a acoger bajo su ala a los renacuajos de primer curso, a cuidarlos ya guiarlos cuando ellos quedaban pasmados ante lo grandioso que es Hogwarts. Ella les ayuda a orientarse por el castillo, a completar sus tareas, les abraza cuando echen de menos a sus padres y les narra cuentos increíbles que sólo ella conoce por los mil y un libros que ha leído-, dice mientras los ojos le brillan de orgullo por su mejor amiga, -y lo hará con todos y cada uno de ellos. A todos les entregará su increíble inteligencia y su desmedido amor independientemente de cualquier otra condición-.

Es entonces cuando se da cuenta que Kreacher lo está mirando con los ojos y la boca abiertos de par en par, como si no pudiese creer lo que está viendo.

-Errr… ejem… Esto… Esto no significa que ella no tenga defectos, de hecho los tiene. Ella tiene un mal genio digno de una poción explosiva-, dice mientras se frota sus brazos que cosquillean. -Tantas veces está tan convencida de que lleva razón, que se olvida de que los interesados también tienes que decir algo por ellos mismos. Como aquella vez en que siendo prefecta mandó deberes extras a los estudiantes de TIMOS porque ella pensaba que no estaban preparando correctamente, una sonrisa se dibuja en su cara. -Kreacher, tendrías que haber visto cuando McGonagall se enteró. Ella le preguntó si es que quería su puesto como jefa de la casa Gryffindor y Hermione se puso tan roja que parecía una autentica Weasley-.

Él no sabe porque lo ha dicho pero apenas termina de decirlo, la imagen de la más hermosa Hermione, vestida con una vaporosa túnica blanca de satén al inicio de un pasillo y con un pequeño ramo entre sus manos, basta para que su corazón parezca haber perdido la capacidad de latir normalmente.

-Kreacher-, dice suavemente al tiempo que mira al elfo con la intensidad del que está intentado trasmitir el mensaje más importante de su vida y teme fallar con las palabras. -No es que ella quiera ofenderte. Ni a ti ni al resto de los elfos domésticos cuando quiere daros la libertad. La libertad es un regalo divino sí, pero es como una buena costilla asada. Puede ser sabrosa y crujiente, una jodida delicia al paladar, pero no se la puede hacer pasar por la fuerza a través del gaznate de un bebe. Así lo único que conseguirás es matarlo con casi completa seguridad-.

-Es simplemente que os ama demasiado. Os ama tanto, ama tanto a cualquier criatura en los verdes campos de Merlín que no puede esperar a daros lo que todos os merecéis. Por eso ella se equivoca. Ella aún no ve que no estáis preparados para la libertad-, dice ante la mirada curiosa del sirviente. -No… No pretendo menospreciaros, a los elfos domésticos, quiero decir-, completa en un tartamudeo levantando las manos en señal de paz. -Pero no deja de ser verdad. La libertad os asusta, os rompe el esquema de las cosas y las reglas de vuestro mundo. Ella aún no puede verlo Kreacher, pero con el tiempo lo hará y no tendréis ni mejor aliada ni mejor amiga que ella-.

-¿Es ese su mayor defecto, maestro? - Parece imposible, pero Ron estaría dispuesto a jurar por Merlín que el elfo se está inclinado hacia él mientras mira profundamente sus ojos azules, como si quisiese descubrir algo que se oculta en lo más profundo del atribulado pelirrojo.

-Bueno, en realidad no-, una triste sonrisa se dibuja en su cara pecosa. -Ella tiene un lamentable gusto por los magos cabeza de calabaza con horrible acento y por los pomposos desagradables demasiado llenos de sí mismos, siempre y cuando ellos sean grandes jugadores de quidditch-.

-Aún así, el maestro está muy impresionado por la Dama Granger-. Los ojos del elfo están prácticamente relampagueando ante él y sin embargo Ron no puede encontrar ni una piza de desprecio, burla u hostilidad en su voz, si acaso… ¿reconocimiento? Y entonces algo se rompe en Ron cuando es consciente de que el pequeño bastardo acaba de llamarla "Dama" por primera vez.

-Tanto, que yo daría gustoso mi propia vida para que ella tuviese una vida mágica plena y feliz. Lejos de todo el horror y la guerra, lejos de la ausencia de sus padres y del miedo a ser asesinada en cualquier momento sólo por el hecho de que ellos sean muggles. Aunque ella estuviese casada… - su voz se quiebra-,… estuviese casada con cualquiera de esos dos malditos imbéciles y sus hijos fuesen…

Quizás sea por los años de entrenamiento involuntario intentado salvar la vida de sus dos mejores amigos o la suya propia, quizás sea por los sentidos agudizados de un guardián de quidditch o quizás sea solamente instinto, pero Ron siente un cosquilleo en su nuca, el presentimiento de una presencia a su espalda justo antes de escuchar el crujido de la madera del suelo detrás de él y Ron puede ver como, por un momento, los ojos de Kreacher abandonan los suyos propios y se dirigen al espacio que hay detrás del pelirrojo para abrirse como platos cuando se fijan en un punto concreto detrás de él. De nuevo puede ser por todos esos años rondando la muerte, por todos los entrenamientos que han agudizando sus reflejos o simplemente el instinto del guerrero, pero sin esperar la orden de su cerebro, su mano derecha busca su varita. Su cuerpo se encoje para minimizar el blanco y desplaza en un giro que le hace interponerse entre el sirviente y el lugar desde donde vino el sonido y cuando lo hace, lo hace de una manera tan natural, tan instintiva, que parece que el proteger un cuerpo menudo fue su único objetivo en la vida. Es cuando su cabeza está por completar el giro que le va llevar a enfrentarse a la amenaza cuando siente una mano áspera que le sujeta la muñeca con fuerza suficiente como para desequilibrarlo y detener la rotación de su cuerpo. Aún así, el brazo con su varita continua su trayectoria para apuntar al espacio que hace unos instantes estaba a su espalda y un"Protego" no verbal se despliega de ella, mientras sus ojos buscan al propietario de la mano que ha detenido su movimiento para encontrarse cara a cara con otros ojos. Unos ojos saltones y llenos de arrugas, que lo miran con atención y en los que luce la luz de la comprensión.

-El maestro la ama-.

No es una pregunta. Es una verdad revelada y como tal, ya no puede ser devuelta a las sombras ni puede ser negada, sino que necesita ser proclamada porque ya no puede ser contenida.

-Con todo lo que soy y con todo lo que seré, Kreacher. Con tanta intensidad que duele. Duele tanto como el mismísimo infierno-.

El elfo asiente. De nuevo, sus ojos se dirigen al espacio detrás de Ron mientras este siente que la presa que el pequeño personaje ejercía sobre su brazo cede permitiéndole recuperar toda su movilidad. Es entonces cuando Ron vuelve la cabeza para enfrentar lo que quiera que se encuentre tras él sólo para que sus ojos puedan ver… una puerta vacía.

-Esta maldita casa y sus horripilantes ruidos van a volverme malditamente loco-, dice mientras sus hombros se hunden cuando de él escapa toda la tensión que ha ido acumulando.

-Ella no lo sabía, - murmura el elfo. -El maestro no se lo ha dicho a la dama Granger-. Kreacher ignora el insulto a la ancestral morada de los Black mientras sus ojos inquisitivos se dirigen hacía el atormentado pelirrojo.

-No, Kreacher. Aún no y tampoco puedo hacerlo ahora. Lo que hay en juego es demasiado importante y mucho mayor que nosotros-, dice mientras sacude la cabeza, como si intentase sacar algunos pensamientos de su cerebro y poder así aclarar sus propias ideas. -Cuando yo le confiese y ella me diga que no comparte mis sentimientos, a mí no me quedaría nada por lo que luchar salvo el mantener sanos y salvos a los dos, para luego desaparecer si ganamos y, si por un milagro ella los compartiese, yo no podría cumplir esta misión. Podría en peligro a Harry, porque a la hora de protegerlos, ella siempre sería mi prioridad-.

Es cuando los rayos de Sol inundan la vieja cocina cuando Ron se da cuenta de lo mucho que ha avanzado la mañana y que el temido momento ha llegado. Es hora de completar los últimos preparativos para infiltrarse en el ministerio. Con un resoplido de resignación, se dirige hacia la puerta para despertar a sus amigos cuando siente de nuevo la mano del elfo sobre su brazo, sólo que en este caso es un agarre gentil. Muy similar al toque de un amigo que tan sólo intenta llamar tu atención.

-No-, dice en un tono calmo pero decidido. -Kreacher se encargará de despertar al resto de los magos-.

-Kreacher, realmente creo que yo debería… -

-No. Insiste Kreacher. Al maestro Harry ya sus compañeros les aguarda un largo día.- El pequeño sirviente rodea la alta figura del antiguo guardián que Gryffindor al tiempo que le empuja suavemente hacia una silla frente a la gran mesa de la cocina. -El maestro Weasley terminará su té y luego Kreacher regresará para que todos puedan desayunar adecuadamente-.

Resignado ante la ya conocida tozudez del anciano, Ron asiente y toma asiento en la silla mientras se lleva la taza de té a sus labios y le ve abandonar la cocina.

-o-

Apenas ha atravesado el umbral de la puerta, el último sirviente de la antigua y honorable casa de los Black gira en dirección a los dormitorios pasando por delante de la figura que apoyada contra la pared, intenta mantenerse oculta mientras mantiene sus manos sobre su cara, en el intento de silenciar los desesperados sollozos que hacen temblar todo su pequeño cuerpo.

-Ahora la Dama Granger lo sabe-, susurra al tiempo que se gira para enfrentar a la joven mujer.

Entre sollozos y temblores un leve asentimiento de su cabeza es su única respuesta.

-Quizás sea el momento de que el maestro Weasley también sepa-.

La voz del elfo suena firme, pero en ella hay un decidido toque de suplica en ella.

Una cabeza llena de rizos niega enérgicamente haciendo volar los mechones salvajes en todas direcciones, mientras las manos que cubren la cara borran las lágrimas que la recorren.

-No es posible Kreacher. Como Ron ha dicho, hay mucho en juego. Mucho mayor que nosotros dos y no puedo permitir que Harry deje de ser la prioridad de Ron. Sin Harry, no hay futuro para nadie. Sin Harry no hay futuro para nosotros dos-.

-El maestro Harry no es el mago más poderoso bajo el techo de esta casa-, dice el elfo como si no hubiera escuchado la respuesta de la prodigiosa bruja mientras sus ojos se dirigen hacia la puerta de la cocina.

-Lo sé, - dice en un sollozo al tiempo que una triste sonrisa se insinúa sobre una cara que vuelve a estar recorrida de lagrimas y cuyos ojos enfocan al mismo punto que mira el elfo como si esperase poder ver al pelirrojo al otro lado de la misma en cualquier momento.

-Sin embargo-, los ojos de Kreacher se dirigen ahora fijamente a los ojos de Hermione, -tampoco es el mago más seguro de sí mismo-.

-También lo sé y me maldigo a mí misma todo los días por lo que él contribuido a que él se menosprecie-. Los ojos de la chica se encuentran brevemente con los del elfo para luego volver a buscar el umbral de la cocina que, se ha convertido sin pretenderlo, en la frontera entre el querer y el deber. -Pero ambos tendremos que esperar Kreacher, - y sus ojos, ahora llenos de fuego, vuelven a encontrarse con los del elfo. -Aunque ahora mismo todo mi ser clamando por el deseo de atravesar esa puerta y sellar el pacto haciéndolo mío sobre la mesa de esté la cocina como sólo una mujer puede hacer suyo a un hombre. Porque yo he sido suya desde siempre-.

-Eso no es justo para él-.

-Nada en esta guerra es justo, Kreacher-.

Este asiente en comprensión y justo cuando parece que va a reanudar su camino para buscar a su legítimo amo, se detiene y mirando detenidamente a la bruja nacida de muggles, hace chasquear sus dedos haciendo que Hermione sienta un frescor rejuvenecedor recorriendo su enrojecidos ojos y sus parpados hinchados por el llanto.

-El amo Weasley no necesita más preocupaciones en este momento-.

-Gracias Kreacher, - ella sonríe, -y gracias por no haberme delatado antes, - dice señalando con la mirada a la traicionera pieza de madera suelta que se encuentra en el piso, justo frente a la puerta de la cocina.

Y por primera vez en su larga vida Kreacher, el último y orgulloso sirviente de la ancestral, noble y elitista sangrepura casa de los Black, entrega una sonrisa genuina a una bruja nacida de muggles.

-Será nuestro secreto Dama Granger-, dice al tiempo que completa una graciosa reverencia y abandona el lugar para buscar su legítimo amo, aún cuando siente que algo en su interior ha cambiado para siempre.

Meses más tarde:

- ¡Espera un momento! Oferta Ron abruptamente—. ¡Nos hemos olvidado de alguien!

- ¿Quiénes? —Preguntó Hermione.

- Los elfos domésticos. Estarán todos abajo en las cocinas, ¿no?

- ¿Quieres decir que deberíamos ordenarles luchar? —Preguntó Harry.

- Sin oferta Ron serio—. Quiero decir que deberíamos decirles que se marcharan. No queremos más Dobbys, ¿verdad? No podemos ordenarles que mueran por nosotros…

Dura sólo un instante, pero para Hermione Granger es como si hubiera sido alcanzada por el hechizo " Arresto Momentum ". Toda una vida de sentimientos e imágenes pasa por su privilegiada mente de una manera tan real, tan nítida y clara, que es como si estuviese reviviendo sus propios recuerdos y sentimientos en un pensadero…

Ternura

Un niño precioso con una mancha de suciedad en la nariz…

Lealtad

Un rudo bastón cayendo sobre la cabeza de un trol de montaña…

Nobleza

Babosas vomitadas en un cubo…

Valor

Malherido, cubierto de suciedad, sudor y sangre, sostenido sobre una pierna rota being un baluarte entre dos adolescentes y un asesino en serie…

Celos

El brazo roto de una figurilla de acción a los pies de una cama…

Devoción

Una figura masculina con los brazos horriblemente marcados, que la vela cuando ella despierta con una terrible herida en el pecho…

Excitación

El olor de pergamino, hierba recién cortada y un jabón con aromas de madera y clavo al abrazar ese glorioso cuerpo…

Esperanza

Una escoba que se materializa frente a la madriguera conducida por una metamorfomaga…

Consuelo

Unas manos unidas, justo antes de dormir en Grimmauld Place…

Amor

Unos ojos azules que la velan cuando despierta en Shell Cotagge…

Miedo

Un niño pequeño, con una gran herida en la cabeza sobre un suelo ajedrezado…

Pánico

Una cara pecosa, pálida como el papel, en una cama rodeada por un montón de pelirrojos que lucen asustados…

Terror

Un brazo destrozado que sangra tanto que resulta imposible creer que un ser humano pueda contener tanta sangre…

Desesperación

Una figura empapada, con la cara desencajada de dolor e ira, justo antes de desaparecer bajo una lluvia torrencial una noche de otoño…

Todo es una vorágine tormentosa que la consume, le corta el aliento y amenaza con hace volar su cabeza incapaz de conjuntar tantas emociones a la vez. Es entonces cuando por encima de toda esa explosión emocional emerge una imagen. Una escena contemplada de manera furtiva desde la penumbra, bajo el umbral de una puerta en una vieja casa señorial.

La imagen de un humilde y viejo elfo doméstico escuchando la confesión de amor de Ronald Weasley por ella.

Y el sentimiento que ha sido ocultado por demasiado tiempo, ya no puede, ni quiere ser ocultado nunca más y se abre paso. La necesidad imperiosa, mayor que respirar, de tomar lo que es suyo por derecho ya la que ella se ha estado negando por demasiado tiempo.

Ella es apenas consciente de lo que ocurre alrededor, borracha como está, de la emoción que la envuelve. No escucha el sonido de unos colmillos golpeando el suelo, ni ve como una cicatriz en forma de rayo se deforma cuando las cejas sobre unos ojos verdes, se alzan cuando estos de abren de par en par, ni el movimiento de sus propias piernas, ni la sorpresa reflejada en una cara pecosa. Su corazón es lo único que ella siente, el amor que rebosa de él y después, el temblor de su propio cuerpo y la sensación de estar en casa cuando ella salta y se abraza al impresionante corpachón ante ella. El estremecimiento del núcleo de su vientre cuando ella ataca unos labios que parecen haber sido hechos sólo para ella. El vértigo que siente cuando Ronald Weasley, -Ron-, su primer, único y verdadero amor, la hace revolotear como una colegiala en el abrazo que la envuelve mientras le devuelve el beso, con una intensidad tal, que ella siente que se le encogen los dedos de los pies y el estremecimiento de su feminidad se hace tan intenso que arde. Arde como el mismo fuego del infierno en su interior.

«Él le ama».

«Ella le ama».

Y ambos lucharán como el infierno, contra cualquier poder, en el cielo o en la tierra que intentase volver a separarlos.

Fin.

Dedicado con todo el cariño a la directora y participantes del romioneficfest 2021 publicado en Tumblr.

Nota del autor

Jamás me gusto la escena del beso. Ni en el libro y mucho menos en la película. Simplemente siempre la he encontrado insípida y sin sentimientos. No hay un clímax, no hay una cascada de emociones que termine con el beso más deseado de toda la serie. Por ello me planteé hace tiempo, como darle ese contenido sin romper el canon. Los lectores serán los que digan si lo conseguí o no.