Disclaimer: Ranma No me pertenece; A continuación, lo que leerán, es un Oneshot participante del reto Sextember 2021, de la página FanFics y Fanarts de Ranma Latino.

Espero les guste, quisiera haber hecho más, pero tampoco era opción hacer menos… Gracias a las chicas por la invitación, esta es una tradición que la verdad, me está gustando cada vez más.

Así que sin más, a leer…

Lumus.

Piruleta

La estaba observando.

Llevaba varios días abstraído, tratando de darle sentido a la extraña costumbre que recientemente adquirió su prometida. Se ha preguntado hasta el cansancio el por qué desarrolló la costumbre de comer una piruleta cada día. Esto, definitivamente es algo nuevo.

Acaba de caer en cuenta de que, últimamente, él también ha adquirido un nuevo "pasatiempo", se la ha pasado en modo acosador observando a Akane a lo largo del día; y ella parece no darse ni por enterada de esos orbes azulados que le siguen a donde vaya.

Hay otro asunto que también ocupa mucho de su tiempo últimamente, y eso es el misterio detrás del nuevo gusto de Akane por los dulces.

Fue hace dos semanas, para ser exactos, desde que Ranma descubrió lo hipnotizante que resulta ver a la peli azul saborear un simple dulce, no quisiera pecar de mal pensado, pero es simplemente imposible no desviarse por esos derroteros cuando claramente esos movimientos envolventes de lengua recorren la Lollipop de forma tan… seductora.

Ah, justo acaba de sacar una de esas, e inevitablemente los ojos del chico de la trenza se imantan a la escena más desquiciante que ha presenciado en días y que tiene que ver con Akane. Desquiciante porque verla gozando del caramelo lo transporta a pensar en lo maravilloso que sería que esa lengua acariciara la suya de esa forma.

¡Dios Santo! ¿Qué carajos le pasa pensando esas cosas? Y con Akane nada más ni nada menos; la chica que menos cariñosa se muestra con él.

Para ser sincero, eso le jode bastante, pues eso no es del todo cierto; es solo que no le gusta aceptar que cuando las cosas van tremenda bien entre ambos, el trenzado tiende a auto sabotear su relación y hacer enfadar a la chica.

Probablemente sea porque lo pone nervioso, porque nunca, jamás, antes había querido ser una insulsa piruleta de cereza como ahora; y eso se debe exclusivamente a cierta señorita con mal carácter pero unos labios súper apetecibles.

Pero hoy, las cosas han dado un vertiginoso giro que por poco lo deja K.O.

-¡Esto no puede ser cierto! – murmura en voz alta el ojiazul mientras no despegue sus ojos del par de figuras que tiene a pocos metros al frente.

-Eres muy amable, te lo agradezco, pero no es necesario. Como ves, ya tengo una – contestó la chica con una radiante sonrisa y un leve sonrojo a su interlocutor.

Ranma comenzó a experimentar pinchazos en el pecho, manos sudorosas y ardor en los ojos de mantenerse tan concentrado en la plática que se desarrollaba entre Akane Tendo y el mequetrefe que le llevo otra piruleta, aun cuando era muy evidente que estaba comiendo una en ese preciso instante.

-Si, lo sé, pero nunca se es suficiente de estas ¿no crees, Akane? Son mis favoritas – comentó el, a ojos de Ranma, desagradable sujeto.

-Bueno je je – comentó ella algo cohibida por tenerle tan cerca al muchacho – tienes razón, también son mis favoritas precisamente por eso he tomado el mal hábito de siempre tener una a la mano – se rascó la parte posterior de la cabeza con algo de incomodidad.

-Sí, sí. Ya vete, tonto – continuaba murmurando Ranma desde su lugar, nadie podría escucharlo desde esa distancia y con un registro de voz tan bajo, era más bien una conversación con el mismo, mientras taladraba con la mirada al sujeto odioso que le coquetea a su Akane.

Si, ella es su Akane, primero muerto que admitirlo, pero en las profundidades de su mente ella vive permanentemente, y sin pagar alquiler.

Pasados unos cuantos segundos más y la luz de que el rubio simplón no pensaba desaparecer, decidió tomar cartas en el asunto.

No pudo evitarlo, sus pies lo llevaron a posarse justo en medio de Akane y el desconocido, que se estaba tomando demasiadas confianzas con una chica que ya estaba comprometida.

Se paró frente a ella, dándole la espalda al recién aparecido que le daba igual si lo catalogaba de impertinente o antipático, de entrada le cayó mal, así que no le pesaba para nada hacer el papel de malo en esta historia. Y se decidió por hacer lo primero que su cerebro interpretó como un plan infalible para dejarle en claro al fulano que estaba sobrando ahí.

Con la agilidad que lo ha caracterizado siempre, le arrebató la piruleta a Akane y se la metió a la boca mientras la giraba, saboreándola de forma desinteresada, solo tratando de averiguar si era tan buena como se decía.

No tenía segundas intenciones, no es como que quisiera dejar entre dicho que aquello bien podría catalogarse como un beso indirecto, o lo que sea que le dijo Ukyo un día de tantos en una de sus charlas de puberta enamorada y con acceso a revistas con contenido raro.

-Oye, ¿qué te has creído, Saotome? Eso es mío – replicó Akane a su arrebato, alargó la mano para tratar de quitarle el dulce al moreno, sin éxito, pues la diferencia de altura no jugaba a su favor.

Ranma se irguió en toda su altura, además de levantar el mentó con vista al techo ignorando el alegato de la más pequeña.

-Nos vemos luego, Tendo – se despidió el chiquillo mimado, mientras se ajustaba la mochila al hombro y caminaba descuidadamente por el pasillo de vuelta a los salones de clases mientras él sonreía mentalmente por haber espantado al entrometido.

-oh, sí. Nos vemos, Toshi – le gritó la peli azul al verlo alejarse – ¿qué te pasa, Ranma? es de mala educación irrumpir así en las conversaciones de los demás. Además ya te dije ¡dame eso! – gritaba mientras daba saltitos para arrebatarle la piruleta de la mano a su tormento personal.

Ranma se volvió a meter la paleta a la boca y cruzó ambas manos por la espalda, agachando el torso para dejarse alcanzar.

Akane, ceñuda, tomó el palillo y lo tironeó con aspereza, para hacerle notar al chico que estaba indignada con su comportamiento.

Cuando llevaba el dulce a medio camino de su boca, dirigió su mirada al mismo y alternó su mirada con el adolescente que acababa de tenerlo en sus fauces hace solo un segundo. Hizo una mueca con algo parecido al asco y se volteó al cubo de basura más cercano, en donde arrojó lo que quedaba de piruleta.

-Por suerte tengo otra – comentó mientras replicaba los movimientos del joven que estuvo conversando con ella hace rato – no vuelvas a hacer eso Ranma, compra tus propias cosas.

El parpadeo derecho del pelinegro comenzó a brincar de la indignación de ver como Akane prefirió tirar a la basura la piruleta antes que compartir un poco de saliva con él.

-¡Oh no, esto no se queda así, como que me llamo Ranma Saotome!- dramatizaba su soliloquio alzando el brazo derecho con el puño en alto.

Cada día desde ese día, Ranma mantuvo a Akane bajo estricta vigilancia, para que, en el momento que ella sacaba nuevamente un dulce, corría a arrebatárselo y llevárselo a la boca, le daba una aprobada rápida pero con una buena dosis de ¿Y ahora qué vas a hacer?

Al principio, ella se mantuvo serena, unos cuantos reclamos, nada muy serio, pero al cabo de diez días, decidió que ya era suficiente.

Ese viernes fue la gota que rebalsó el vaso.

La tienda donde Akane solía comprar sus piruletas preferidas se encontraba desabastecida de dicho producto, era tan extraño como sospechoso pues, si mal no recordaba, ayer había suficientes como para causarle diabetes a medio Nerima, sin embargo, ahora no había ni una.

Cuando la pelinegra sacó su paletita, primero se aseguró de que no hubiese moros en la costa, cuando estuvo segura de que Ranma le había perdido la pista y se encontraba en la seguridad de la soledad, desenvolvió el anhelado postre que llevaba haciéndole agua la boca hace horas.

Se encontraba en el dojo de su familia, justo sobre una colchoneta que ella misma colocó ahí recientemente, y que usaba como santuario para ir a escondidas a disfrutar de su piruleta diaria.

Ya no lo hacía en el instituto, porque, de una u otra forma, Ranma se las ingeniaba para fastidiarle el break y hacerla tirar su placer culposo, luego de dejársela toda babeada. Pero hoy no, se dijo pagada de sí misma, hoy podría comerla sin problemas, no había visto a Ranma desde hace bastante.

Estaba casi segura de que debía andar con una de sus otras prometidas entrometidas y, siendo sincera, justo ahora eso le venía más que bien. Jamás creyó poder alegrarse de eso, pero así era.

Tantos días sin poder disfrutar a gusto la hicieron bajar la guardia, por lo que se relajó y cerró los ojos mientras soltó un breve gemido de deleite mientras probaba ese manjar de dioses, a su parecer.

Por un minuto, se preguntó en su fuero interno si acaso ese tipo de piruleta tenía algún tipo de droga, pues ella se podría declarar adicta.

De súbito, sintió que alguien tiraba del palito de su paleta que tenía sujeta con los dientes.

Abrió los ojos y se pegó a la pared cuando tuvo frente a sí un par de ojos azul profundo viéndola fijamente con gesto indescifrable.

Él prosiguió con el intento de arrebatarle el dulce, más ella mordió aún más fuerte para impedir el descarado robo.

-Yo quiero, dame – le dijo él, mientras continuaba tironeando.

No se podría decir que lo hiciera bruscamente, pero tampoco desistió de su intento de hurto.

-Ni de chiste – replicó, pero al tratar de hablar, el agarre cedió y la paletilla estaba en las manos del enemigo.

Rápidamente le sujetó la mueca con ambas manos para evitar que él se lo metiera a la boca.

¡No Señor! Esta vez él no se saldría con la suya.

-Noooo – le reprendió mientras era ella quien ahora tiraba de la muñeca de Ranma para volver a meter la paleta en su boca y dañarle la jugarreta.

Todo pasó muy rápido.

En el momento en el que ella se metió la paleta a la boca, él intentó volver a sacárselo, el dulce cedió y el trenzudo se quedó solamente con el palito en la mano, mientras Akane tenía el caramelo en la boca.

-Eres una egoísta, te dije que yo también quiero – refunfuño él, pero había algo en su mirada, algo intenso, y su respiración agitada que le provocó curiosidad a Akane, por lo que ladeo la cabeza mientras trataba de descifrarlo.

En un impulso, no más que un arrebato de locura, probablemente producto de las hormonas aceleradas de un adolescente de diecisiete años, el cerebro de Ranma hizo cortocircuito, olvidando la cobardía que lo caracterizaba y solo se dejó llevar por sus bajos instintos.

-Quiero probar – susurró sobre los labios de la chica, y sin más, posó su boca sobre la de ella.

Mientras ella pasaba por el shock instantáneo de sentir los labios ajenos presionando los propios, él entreabrió para profundizar más.

De un momento a otro, se desató una lucha de poder, en el que solo pararon para que Ranma escupiera la esfera de dulce que fue una piruleta, para continuar con lo que se puede llamar meramente un besuqueo descarado; pronto entraron en juego las lenguas de cada uno.

Como todo lo que tiene que ver con Saotome Ranma, aquello se convirtió en una lucha de poder, de quién dominaba al otro. Cuando Akane le tomó con ambas manos el rostro para profundizar el beso, él usó su propio cuerpo para que la gravedad le ayudase a recostarla y quedar sobre ella.

La intensidad del beso iba creciendo así como la gama de sensaciones entre ambos jóvenes que, hasta ahora se encontraban en territorio inexplorado.

No se les podría culpar por no medirse en cuanto al arrebato desolador en el que se encontraban, todas la veces que se negaban a reconocerse, incluso a sí mismos que el otro les atraía se fue al demonio, cuando la danza de lenguas y caricias atrevidas tuvo lugar.

La pasión desenfrenada de dos personas que se han deseado en secreto es lo que estaba teniendo lugar en el dojo de la familia Tendo.

La necesidad de tocarse iba más allá de solo pasar la mano por sobre la ropa; en el momento en que ella hundió los dedos en el espeso cabello negro de su prometido y él barrió con su mano grande y masculina el contorno de las caderas de ella, un par de gemidos escaparon de la boca de cada uno, prendiendo una llama que sería difícil apagar.

Ranma por su parte, mandó a paseo el pudor y con la mano libre apartó una de las rodillas de su chica para colarse entre sus piernas y sentirla lo más cerca posible; Akane por su lado estaba flotando en un sopor lascivo en el que solo quería sentir las manos de él apretujarle con decisión, y deseaba deshacerse entre los brazos del chico que la tenía contra el suelo del dojo.

Ninguno estaba realmente consciente de que, en realidad estaban en un punto de no retorno en una lugar muy público. Pero poco les importó si acaso la razón quiso colarse en sus mentes, los gemidos tenues de Akane al sentir la erección del chico se intensificaron cuando él coló sus dedos por debajo de la blusa, buscando más piel, tratando de sentirla cada vez más.

-Ranma – susurró ella en medio de un jadeo ahogado cuando él dio una embestida contra su pelvis.

-Akane, quiero probar, déjame probar – en el preciso momento que separaron sus bocas para hablar, sus ojos se conectaron, encontrando cada uno su reflejo en los irises del otro, y pudiendo ver el deseo llameante.

Sus ojos gritan desesperadamente por dejar salir todo cuanto han callado por tanto tiempo; por resarcir todas esas palabras fingidas que se lanzaron entre sí, despreciándose, burlándose, negándose cuanto en verdad se desean y la magnitud del sentimiento que los envuelve.

-Yo también lo quiero – contestó ella enajenada en sus instintos, cayendo en una espiral de deseo descarnado por estar piel con piel con el chico que ama aun cuando se ha dicho a sí misma que no es así. Al chico que ahora entiende que nunca le fue indiferente, el muchacho que últimamente ha tratado de provocarla y no entendía la razón.

Entonces era esto, él estaba tratando de llamar su atención, si tan solo supiera que siempre la ha tenido, que cada cosa que hace, siempre lleva un: ¿Qué pensaría Ranma de esto…? ¿Le gustará a Ranma si…?

Ahora, en lo único que puede pensar es si a él le estarán quemando las entrañas de la forma en la que ella siente que se consume.

Conforme pasan los segundos, las prendes de ropa van disminuyendo, cuando el chico de ojos azules llega al sostén de su prometida, siente que se le hace agua la boca, siente que podría llorar de tener tan cerca algo que solo imaginó en sus sueños más indecibles y recónditos.

Cuando sus labios tocas el rosado pezón, que conforme lo cubre con su boca se endurece, un gemido gutural emerge desde lo más profundo de su ser.

Ambos gimen y jadean a la par que se exploran y se causan placer; ambos saben que es su primera vez, y por más deseo, también saben que hacerlo en el dojo no sería tan buena idea, por lo que no intentan llegar más allá, pero lo que si pasa en tratar de conseguir el mayor placer posible con los sentidos.

Ranma no es experto, pero algo sabe al respecto del sexo oral por lo que no le cuesta demasiado bajar por el pecho y abdomen de Akane, beando cuanto milímetro de piel tiene al frente, a su vez llega a su centro, que está húmedo y casi cree que alcanza su propio clímax con solo imaginarse dentro, pero eso será para otra ocasión.

Por ahora se dedica a pasar su lengua de arriba abajo, lento, dándole vistazos fugaces a su chica que se deshace en gemidos, a la vez que hunde sus finos dedos en su cabello expresándole cuan bien lo hace. No tarda mucho en gritar su nombre, a lo que él acude a sus labios para acallar su éxtasis y regocijarse por haber logrado lo que nadie más ha logrado darle.

Pasados unos segundos, Akane tiene una idea que no piensa dejar de lado, Ranma ha estado fenomenal y ella no piensa quedarse atrás.

Coloca sus manos sobre el pecho del pelinegro para separarlo un poco de su cuerpo y poder llevar a cabo lo que cree será toda una experiencia.

Continúa besándolo y permitiéndole tocarla, pero ahora invierte la posición y ella se encuentra arriba, sentada a horcajas sobre el duro miembro de su chico. Un ligero espasmo la sacude pues aún está sensible, pero eso no la detendrá.

Al igual que él, desciende por el cuerpo tan bellamente esculpido del muchacho hasta llegar a su rígido miembro, está caliente, pulsante, hay un poco de líquido seminal saliendo de la punta, ella lo toma con la mano y pasa el pulgar por el orificio para quitar el líquido transparente.

Envuelve el falo con su pequeña mano y trata de presionar de manera que ejerce una presión endemoniadamente placentera en opinión del azabache, suba y baja masturbándolo y causándole suspiros y jadeos.

Y sin pensárselo demasiado, se lo introduce a la boca, tratando de abarcar la mayor porción de piel que le quepa dentro de su cavidad bucal; trata de ser sutil, lamiendo y succionando alternamente, mientras su mano cubre lo que le falta por abarcar con la boca, el vaivén se acelera y Ranma la llama entre jadeos y gemidos guturales.

Cuando está al borde del precipicio de placer, solo la toma con ambas manos del rostro y la besa mientras eyacula y juraría es el mejor orgasmo que ha tenido en su vida.

Una vez su respiración se ha calmado un poco, y ambos se colocan las prendas que se quitaron él se dirige a ella con leve sonrojo:

-Si no supiera que es la primera vez, diría que tienes experiencia.

-Pero si la tengo – repone ella con sonrisa pícara.

El rostro de Ranma se torna pálido en segundos y sus ojos se abren incrédulos, una pregunta tácita se lee en su mirada.

Akane sonríe traviesa y se acerca para dejarle un beso en la mejilla, luego le susurra al oído:

-Es como una piruleta.

FIN.

¡Travesura realizada!

Nox.