Día 18. Aullido.

El olor a sangre lo impregna todo; su ropa, su piel e incluso lo huele en el aire a su alrededor. A donde sea que mire, hay maldiciones ir y venir, no paran.

Un aullido rasga el aire congelándola en su lugar. Sus nudillos se vuelven blancos de lo fuerte que su mano sostiene la varita.

Mira con horror como un hombre se abalanza sobre el cuello de su amigo Neville. Y ella quiere hacer algo, quiere correr en su ayuda, pero no puede.

¿Por qué sus piernas no le responden? Piensa con desesperación.

—¡Nooo! —grita hasta que siente que su garganta le quema, porque es todo lo que puede hacer. Ella se siente tan inútil.

La angustia la embarga desde el centro de su pecho, mientras mira como la escena frente a ella se desvanece, dejándola en la mas absoluta oscuridad.

Lo primero que ve al despertar es a Draco, siente sus dedos pasar sobre su mejilla llevándose la humedad de sus lagrimas.

—Esta bien, Hermione —susurra Draco—. Solo fue una pesadilla.

Ella solo asiente, intentando controlar la respiración, y dejándose envolver en un fuerte abrazo. Como una niña pequeña, Hermione hunde su rostro en el cuello de Draco, y lentamente los fantasmas de su sueño se alejan.