Easy

Capitulo 18:

El auditorio de la escuela estaba lleno de padres armados con cámaras de videos, hermanos aburridos, y un puñado de abuelos.

Bordeando alrededor de un grupo de personas de pie en el pasillo, Ulquiorra y yo tomamos nuestros asientos lejos del escenario y cerca de las puertas de salidas de emergencia.

Baje la mirada hacia un boletín con el programa de actividades. Udon estaba en lo más alto de la orquesta, lo cual significaba que tardaría mucho en bajar al escenario. Le di lecciones a dos de los otros chicos en la parte baja de la orquesta, sin embargo, y nunca tuve la oportunidad de ver a cualquiera de ellos en acción. Me sentía totalmente nerviosa.

Me incliné hacia Ulquiorra para que los padres no nos oyeran.

— Probablemente debería advertirte que muchos de estos niños solo han estado tocando un par de meses —especialmente la primera orquesta— así que pueden ser un poco… inexpertos.

La comisura de su boca se curvó, y quise acercarme y besarlo, pero no lo hice.

—¿Esta es tu forma educada de decirme que me prepare para sonidos de uñas-rasguñando-el-pizarrón? —preguntó.

Escuché la voz de Udon desde la sección acordonada al lado derecho

del auditorio.

—¡Srta. Inoue! —

Lo busqué entre un mar de esmóquines negros y niñas con vestidos púrpuras que le llegaban hasta los tobillos. Localicé su cabeza al mismo tiempo que él notó que Ulquiorra se sentaba a mi lado.

Su saludo se congeló y sus ojos se ampliaron. Cuando sonreí y levanté mi mano, me regresó el saludo una vez, con tristeza.

—Supongo que es un enamorado más tuyo —Ulquiorra bajó la mirada hacia la bota balaceándose en su rodilla, tratando de no reírse.

—¿Qué? Todos se enamoran de mí. Soy una sexy chica universitaria ¿Recuerdas? —Reí y sus ojos ardieron, encontrándose con los míos.

Se inclinó y susurró a mi oído.

—Muy sexy. Ahora me has hecho recordar cómo te veías esta mañana, cuando me desperté contigo en mis brazos, en mi cama. ¿Sería demasiado pedir que te quedaras esta noche, también?

Mi rostro enrojeció por su cumplido mientras me encontré con su mirada.

— Temí que no me lo pidieras.

Tomó mi mano y la sostuvo, en equilibro sobre mi muslo, mientras el director de la orquesta subió al escenario.

Una hora y media más tarde, Udon se encontró conmigo en la parte trasera del auditorio. Él sostenía un ramo de rosas rojas, el color era idéntico al sonrojo que cubría su cara.

—Quería darte esto —tartamudeó, ofreciéndome las flores.

Sus padres se quedaron a unos quince metros de distancia, lo que le permitió entregarme su regalo solo.

Tomé las rosas y las olí mientras él le lanzaba una mirada superficial a Ulquiorra.

—Gracias, Udon. Son hermosas. Me siento muy orgullosa de ti esta noche… tocaste increíble.

Él sonrió, y trató de evitarlo, lo cual le dio una apariencia maníaca.

—Eso es por toda tu ayuda.

Negué con mi cabeza.

—Tú hiciste todo el trabajo, y lo pusiste en práctica.

Se pasó de un pie a otro.

—Eres genial, hombre. Me gustaría poder tocar un instrumento —dijo Ulquiorra.

Udon lo miró.

—Gracias —murmuró, frunciendo el ceño. A pesar de que mi estudiante era más alto que yo, no era tan alto como Ulquiorra—. ¿Te dolió? ¿Tu labio?

Ulquiorra se encogió de hombros.

—No mucho. Sin embargo, era lo que yo quería.

Udon sonrió.

—Genial.

.

.

Mientras estábamos recostados en la semi-oscuridad más tarde, nos enfrentamos el uno al otro, compartiendo la almohada. Tomé una profunda respiración y recé por no alejar a Ulquiorra6 nuevamente.

Nunca me he sentido tan conectada con alguien más.

—¿Qué piensas de Udon?

Me estudió con más atención.

—Parece un buen chico.

Asentí.

—Lo es —Recorrí mis dedos a lo largo del costado de su rostro, y él tiró de mi más cerca.

—¿Qué es esto? —Hizo una mueca—. ¿Me dejarás por Udon, Orihime?

Observando sus ojos, pregunté.

—Si Udon hubiera estado en el estacionamiento esa noche, en lugar de ti, ¿Crees que él hubiera querido ayudarme?

Sus ojos buscaron los míos. No respondió.

—Si alguien le hubiera dicho que me vigilara, ¿Crees que alguien siquiera lo culpara por no ser capaz de detener lo que ocurrió esa noche?

Él exhaló duramente.

—Sé lo que estás tratando de decir…

—No, Ulquiorra. Estás escuchándolo, pero no lo sabes. No hay manera de que tu padre realmente espere eso de ti. No hay manera de que él siquiera se recuerde diciéndote eso a ti. Se culpa a sí mismo, y tú te culpas a ti mismo, pero ninguno de los dos tiene la culpa.

Sus ojos se llenaron y tragó saliva pesadamente, su agarre fue más fuerte.

— Nunca olvidaré su voz esa noche —Su voz fue ahogada por las lágrimas—. ¿Cómo puedo no culparme?

Mis lágrimas cayeron en la almohada entre nosotros.

—Ulquiorra, piensa en Udon. Mírate a ti mismo como el chico que fuiste, y no lo culpes a él por no detener algo que un hombre maduro podría ser incapaz de parar. ¿Qué es lo que me has dicho una y otra vez? No fue tu culpa. Necesitas hablar con alguien, y encontrar la manera de perdonarte a ti mismo por la responsabilidad de tu madre que nunca debiste aceptar. ¿Podrías intentarlo? ¿Por favor?

Apartó las lágrimas de mi rostro.

—¿Cómo me has encontrado?

Sacudí mi cabeza.

—Quizás, estoy exactamente donde debí de haber estado, después de todo.

EPILOGO

Te voy a extrañar tanto. No puedo creer que me vas a dejar —Rukia se dejó caer a mi lado en el sofá de Aizen.

La fiesta de graduación de Ulquiorra iba a ser una comida al aire libre en el patio trasero, así nos escaparíamos del calor y la humedad por unos preciosos, helados minutos.

Apoyé la cabeza en su hombro bronceada.

—¿Por qué no te vas conmigo?

Ella se ríe y deja su cabeza encima de la mía.

—Esa es una idea tan tonta como lo es que tú te quedes aquí. Tú tienes que hacer grandes cosas, y yo tengo que quedarme aquí y hacer lo mío. Aunque eso no significa que no apeste.

Apliqué a tres conservatorios de música para transferirme en otoño. Nada de esto se sintió real hasta después de la audición que hice en Oberlin —mi opción favorita— y el correo que recibí un par de semanas atrás, notificándome que había sido aceptada.

—Sí, yo creo que necesitas quedarte aquí y además tener un ojo en Ichigo.

La oposición de Rukia hacia Ichigo terminó en San Valentín, cuando él le mostró sus reservas para B&B, después le llegaron flores todos los días por dos semanas, además convirtió nuestro dormitorio en un invernadero.

Con la ayuda de Rukia, Ichigo se había resistido a su mejor amigo por el inminente juicio de violación y los rumores e insinuaciones. La reciente declaración de Grimmjow previa al juicio, el negoció un trato por un cargo de asalto menor, lo que fue un alivio para todos, aunque probablemente no cumplirá la mitad de sus dos años de sentencia.

Por las puertas francesas abiertas, nosotras vemos a nuestros novios hablando en el patio trasero. Ellos nunca serán mejores amigos, pero se llevan bien, a medida que se fueron conociendo.

Ulquiorra había estado tan seguro, cuando me animó a solicitar los programas de transferencia de programas de música, que estaríamos bien. Él sigue estando seguro, y yo le creo, pero eso no significa que busco una relación de dos años a una larga distancia. Un juego muerto haciéndome hacer una decisión académica basada en sus planes, él no aceptaría que me quedara, y él no quiso decirme donde había aplicado o hecho entrevistas para trabajar.

—No te preguntaré acerca de lo que tú quieres para mí, Orihime.

—Pero te quiero a ti —murmuré, sabiendo que él tenía razón, no tenía una defensa lógica.

En algunos momentos, él era el hijo de su padre.

Sora Schiffer se convirtió en unas de mis personas favoritas. Ulquiorra me llevó a su casa durante las vacaciones de primavera, y yo nunca lo había visto a él tan nervioso.

Por alguna razón, sin embargo, su padre y yo nos caímos bien. Pude ver a su padre cómo cuando Ulquiorra era tutor, el mismo seco sentido del humor e inteligencia. La noche antes de irnos, Sora revolvió el ático de su casa de playa y sacó un trío de acuarelas enmarcadas de un pequeño niño jugando en la orilla del mar.

Hana firmó las orillas de cada pintura de su único hijo, Hana Schiffer. Nosotros las colgamos en la habitación de Ulquiorra, encima de su escritorio.

Aún mas extraño, Sora estaba sentado afuera con Aizen y Misaki. Él estaba tomando un descanso en el barco de pesca para graduación de su hijo, su primer descanso desde que él había dejado Alexandria.

—Acepté un trabajo el viernes.

Este era. Después de aplicar para una docena de trabajos durante el último semestre. Ulquiorra tuvo varias entrevistas, y unas cuantas segundas entrevistas. Una semana atrás, escuché por casualidad a Aizen diciéndole a Misaki que él encontró una oferta sólida de una compañía de ingeniería en la ciudad. No puedo esperar a que me lo cuente.

Cuando me vaya a Oberlin en agosto, vamos a estar a doce millas de distancia.

—¿Oh? —evité mirarlo, asustada de estallar en lágrimas.

Rellenó las sobras que Misaki nos envió junto a su nevera, evité hacer comentarios, y se inclinó en el mostrador de la cocina, mirándome. Finalmente, lo iba a decir, y no podía retrasar lo inevitable.

Él miró mi cara, y luego tomó mi mano.

—Ven aquí.

A medida que me llevaba al sofá, pestañeé las lágrimas atrás y me di un gran sermón que básicamente consistía en deja de llorar, deja de llorar, deja de llorar.

Inclinado en la esquina, él me atrajo a sus brazos. En la mitad del camino, yo escuchaba como él relataba los aspectos técnicos de su trabajo, el tamaño de la compañía, la gran cantidad de dinero que recibiría, y la fecha de inicio, que es la segunda semana de julio.

Más que nada me preguntaba con que frecuencia tendría tiempo para viajar a casa. Los fines de semana casi nunca se escuchaban para un estudiante de música. Los recitales y actuaciones obligatorias para realizar o asistir son constantes.

—Entonces, mi única pregunta es si quiero vivir en Oberlin y viajar a Cleveland o vivir en Cleveland y viajar a Oberlin —Su cabeza estaba doblada en su brazo doblado, él me miró, esperando.

Pestañeé.

—¿Qué?

Él sonrió inocentemente.

—Oh, ¿No te conté esa parte? La compañía está en Cleveland.

—¿Cleveland, Ohio? ¿Tú aceptaste un trabajo en Cleveland, Ohio?

Cleveland está a un poco más de una hora y media de distancia de la universidad.

—Sí lo hice.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Pero, ¿Por qué?

Arqueando una ceja, trajo su brazo libre hacia abajo y enganchó mi pelo detrás de mi oreja.

—Tú escuchaste el sueldo ¿verdad? Y, además, para estar cerca de ti —sacando una lágrima de mi mejilla, él agregó—: Más que nada, para estar cerca de ti.

Yo consideraba todo lo aprendido de seguir a Ishida, todo lo que Ulquiorra había jurado que nunca me preguntaría.

—Pero ¿todas las cosas que tú decías acerca de no renunciar a lo que quieres ser y lo que quiero hacer para estar contigo, no aplicaba para ti también?

Él me tomo con su palma mi cara, mirándome a los ojos, suspirando.

— Primero, es un gran trabajo, estoy emocionado —luego me atrajo mas cerca y me besó, me incliné sobre su pecho, una mano deslizándose debajo de su camisa. Olvidé que él no había finalizado su explicación hasta que me susurró en la boca—. Segundo, soy ambicioso, pero se puede tener éxito en cualquier lugar — luego, el continuó besándome mientras me llevaba a su habitación.

Cuando me dejó deslizarme de sus brazos, me saqué mi camiseta, quedándome en el centro de la cama y mirando cómo él sacaba la camiseta de su cabeza. Yo podría grabarlo y ver esto todos los días… si no supiera lo que viene después.

Avancé lento con un pie sobre la cama, él se tendió sobre mí lentamente, arrastrando mis dos brazos sobre mi cabeza, gentilmente, como la primera vez que él me dibujó.

Con una mano, cruzó y aseguró mis muñecas. Él me enseñó todas las formas de escapar, pero no había manera de que quisiera irme. Se encontraba en modo lento, uno de mis favoritos, a pesar de que enloquecía antes de que lo hiciéramos. Mordí el borde de mis labios en anticipación.

Bajó la mirada hacia mí, y examiné esos hermosos ojos verdes de cerca, algo que nunca me cansaré de hacer.

—Lo que no puedo hacer estar en cualquier lugar sin ti —acercándose pasó la lengua sobre mis labios y las puntas de sus dedos sobre mi piel hasta que me arqueé y capturé su boca con la mía.

Me soltó las muñecas, y envolví mis brazos alrededor de su cuello, sintiendo nuestros corazones latir en sincronía cuando sus labios hicieron un lento camino sobre mi oreja.

—Elegir estar contigo no es una difícil decisión Orihime —él suspira, moviéndose hacia atrás por última vez para mirar fijamente a mis ojos—. Es fácil, increíblemente fácil.

Llegamos al final de esta hermosa historia espero que hayan disfrutado como lo hago yo cada vez que la leo y espero poder traer alguna otra historia que haya desaparecido.

Hasta la próxima 3

Lariilu.g