1.- LA DESAPARICIÓN

Era tarde en Privet Drive, Los Dursley hacia rato que se habían ido a la cama y todo parecía ser una noche absolutamente normal; pero en el dormitorio más pequeño del numero cuatro, no era nada normal. Ya entrar en la habitación se podía ver que aquella no era el dormitorio habitual de un adolescente. Lo primero que llamaba la atención era la gran cantidad de juguetes rotos que había, pero si una se fijaba bien, también veía un extraño aparatito que si alguien con malas intenciones se acercaba, este se encendía y comenzaba a dar vueltas y pitar, luego se podía ver un gran baúl en el que había una escoba de carreras, una capa que era capaz de volver invisible o una varita y luego por el suelo se podía ver una gran cantidad de libros, pergaminos y plumas... en todos se hablaba sobre magia o pociones y para finalizar se podía ver una jaula ahora vacía en la que normalmente había una lechuza alvina. No era una habitación normal pero es que el ocupante de esa habitación no era una persona normal, era Harry Potter, un mago mundialmente famoso que en aquellos momentos dormía con un sueño intranquilo.

Harry que siempre había sido un chico muy bajo para su edad, se había encontrado que en cuestión de un mes había crecido más de quince centímetros, poniéndose casi tan alto como su mejor amigo, Ron Weasley, pero esa era la única diferencia que había con respecto al inicio del verano. Harry seguía teniendo el pelo negro azabache que crecía por todos lados, y seguía teniendo unos brillantes ojos verdes que ahora se encontraban con sombras debido a todo lo que había sufrido, seguí estando muy delgado y pálido, y seguía teniendo una curiosa cicatriz en la frente en forma de relámpago. Esa cicatriz era lo más curioso de su apariencia, ya que no se trataba de ninguna cicatriz normal y corriente, era el resultado de una maldición diabólica conocida como la maldición asesina o Avada Kedavra y de la que solo él había escapado con vida.

Un súbito pitido en la habitación le hizo despertar con brusquedad, y miró asustado que podía ser lo que lo provocaba y apagarlo antes que despertara a sus tíos y su primo, los Dursley. Miró por la habitación y comprendió entre sorprendido y asustado que el origen del ruido, era le chivatoscopio de bolsillo que su amigo Ron le había regalado por su cumpleaños, hacía dos años. Aquello complicaba las cosas, el aparetejo no dejaría de dar vueltas y de pitar hasta que la persona que se encontraba cerca de él con malas intenciones se marchara o dejara de tenerlas, y desde luego, no dejaría de hacer ruido antes que los Dursley se despertaran.

- ¿¡Que es ese ruido!?- ¡Bingo! Vernon Dursley, el tío de Harry, se había despertado.- ¡Más te vale que no sea cosa tuya muchacho, porque como seas tú, te voy a dar una paliza que no te reconocerán ni en esa escuela de monstruos a la que vas!

Harry no supo que hacer, él no podía hacerlo callar, y aunque no creía que su tío cumpliera la amenaza, no quería tentar a la suerte, desde que había regresado a Privet Drive hacía un mes, los Dursley habían sido especialmente desagradables, estaba muy claro que no habían olvidado el incidente del caramelo del verano anterior y cualquier cosa les servía de excusa para darle un castigo severo. No tuvo tiempo de hacer nada, su tío abrió la puerta con fuerza y lo descubrió de pie, cerca del escritorio, observando el chivatoscopio que no dejaba de hacer ruido, y ahora con más fuerza, seguramente, el tener a tío Vernon cerca con tan malas intenciones lo activaba todavía más.

- Tienes menos de treinta segundos para detener ese ruido infernal y darme una explicación.- Dio tío Vernon en un tono muy peligroso

- Yo te puedo dar la explicación... peor no puedo apagarlo.- Dijo Harry rápido.

- ¿¡Qué qué!?

- Es que es un chivatoscopio, cuando hay alguien con malas intenciones cerca se activa... y no se apaga hasta que esas personas o se alejan o se le pasan las malas intenciones.- Explicó.- No sé que es lo que lo ha activado.

- Me estás diciendo que no se apagará... ¿en toda la noche?- Rugió tío Vernon.

- Emmm hasta que se aleje aquello que lo activó.

El pequeño ruido de una explosión hizo que el hombre contuviera su enfado, enfocándolo en que tal vez el aparatejo les había avisado de alguien que tuviera la intención de robar en la casa, al mismo tiempo, Harry comenzó a notar un fuerte dolo en su cicatriz, un dolor que por desgracia conocía muy bien, era el dolor de cuando Voldemort se encontraba cerca o furioso... o ambos, pero normalmente, cuando le dolía era porque estaba cerca suyo, así que como una exhalación abrió el baúl y cogió su varita, la cual empuñó de forma defensiva mientras miraba hacía la puerta.

Su tío lo miró con furia, e iba a decir algo cuando alguien apareció en la puerta, era alguien que vestía una túnica negra con capucha, y llevaba una máscara que le hacía irreconocible el rostro, en su mano llevaba una varita. Detrás de esta figura, apareció otra y otra y otra más. Cada vez entraban más y más encapuchados vestidos de negro y con varitas en las manos, en total serían aproximadamente nueve o diez personas.

- Bien, bien, Potter...- dijo una de las personas vestidas de negro.- ¿Sabes? Nos ha costado mucho llegar hasta ti.

Harry miró al hombre de forma desafiante . Conocía esa voz, sabía quien se encontraba detrás de la mascara y no pensaba darle la satisfacción de mostrarle lo asustado que estaba.

- ¿No dices nada, Potter?- Dijo la misma persona.- Bien, tampoco esperábamos que dijeras gran cosa... y tampoco estamos aquí para mantener una conversación amistosa contigo. ¿Sabes a qué hemos venido?- Como Harry negó con la cabeza continuó.- Hemos venido para llevarte ente el señor Tenebroso y tienes dos opciones, o vienes con nosotros voluntariamente o bien por la fuerza... ¿Cuál decides?

- ¿Realmente debo responder a esto?- Preguntó Harry con una sonrisa burlona.- Yo creía que mi opción era obvia.

- Bueno... sí lo es, pero en mi opinión no cuesta ser educado.- Le contestó el hombre.

Lo siguiente que Vernon Dursley supo fue que de la varita de su sobrino y de los extraños salían diferentes rayos de diferentes colores y como la gran mayoría se dirigían hacía el muchacho. Después de esquivar unos cuantos de aquellos rayos, Harry cayó en el suelo y uno de los hombres lo recogió.

- En otras circunstancias, muggle, me divertiría un rato con tu familia y contigo, pero en cualquier momento llegará el viejo loco con su grupo de aurores y no sería aconsejable que nos encontrara aquí. De todas formas dale el siguiente mensaje: El Lord Oscuro tiene a Potter, la próxima vez que vea al muchacho, estará muerto.

Dos segundos después, allí no había nadie, ni una sola persona excetuándolo a él, en el suelo permanecía la varita de Harry y por todas partes se veían quemaduras allí donde los rayos habían tocado la pared, el suelo o los muebles. Todavía estaba intentando comprender que era lo que había ocurrido cuando justo delante de él aparecieron una serie de personas, de las cuales destacaba uno que parecía muy anciano y reconoció a otro como el hombre que recogió a Harry el verano anterior y destrozó el salón de su casa. Además de aquellos dos, habían otros cinco, un hombre de cabellos arenoso con algunas canas, otro con el pelo negro y algo largo un hombre también mayor, una mujer de pelo castaño y un hombre de pelo negro y grasiento, todos lo miraban y miraban la habitación, finalmente el hombre de pelo negro reaccionó y se acercó hasta él, lo cogió del cuello y le preguntó bruscamente.

- Bien, Dursley, ¿dónde está Harry? Por tu bien espero que se encuentre perfectamente.

- Sirius, por favor...- dijo el anciano.

- ¿Cómo que por favor? ¡Dumbledore, se supone que Harry tendría que estar en esta habitación! ¡Y solo encontramos a este muggle y la habitación está llena de marcas de maldiciones!- Exclamó Sirius muy enfadado.

Algo dentro del señor Dursley le hizo reconocer el nombre, lo había escuchado antes pero en esos momentos no era capaz de ponerlo y entonces hizo "clic". Sirius. Sirius era el nombre del padrino de su sobrino, aquel peligroso criminal del mundo mágico. Entonces no había sido un engaño del muchacho, ¡realmente tenía un padrino!

- Escucha Black, si no sueltas a ese muggle no podremos saber lo que le ha ocurrido a Potter, así que yo que tú lo soltaría.- Dijo el hombre moreno de pelo grasiento.

- Mira Snape, cuando quiera tu opinión te la pediré, hasta entonces no te metas en mis asuntos.- Le contestó Sirius.

- Potter puede que sea tu ahijado, pero resulta que también es mi alumno por lo que también es asunto mío.- Le espetó Snape.

- Oh, sí, es tu alumno y gracias a eso le haces la vida imposible... todavía recuerdo el discursito que le diste sobre él y su padre y también sé que no eres lo que se dice muy agradable con él durante tus clases.

- Mi metodología no es la que se está cuestionando, Black, es tu conducta.

- Ya están estos dos otra vez igual.- murmuró la mujer mientras los otros hombres veían la confrontación verbal divertidos.- Dumbledore, ¿serías tan amable de poner paz?

- Claro, Arabella... Sirius, Severus por favor... os pedí un alto las hostilidades.- Dijo Dumbledore y ambos hombres se miraron con odio pero dejaron de discutir y Sirius soltó al señor Dursley.- Gracias. Señor Dursley... mi nombre es Albus Dumbledore, soy el director de Hogwarts, por favor sería tan amable de decirme donde está Harry.

- No está aquí.- Murmuró el hombre.- Se lo llevaron.

- ¿Qué quieres decir con se lo llevaron?- Preguntó Sirius peligrosamente.

- Sirius, por favor.- Lo riñó Dumbledore.- Señor Dursley, ¿sería tan amable de explicarnos lo que ha pasado?

- Me despertó un ruido que venía de aquí, así que vine a ver que era lo que pasaba... era esa cosa,- dijo señalando el chivatoscopio.- le pedí que lo parara pero me dijo que él no podía... luego oímos un ruido abajo y él cogió su varita. Aparecieron unos tipos vestidos de negro y con máscaras... se lanzaron rayos con las varitas y el muchacho quedó inconsciente y ellos se lo llevaron... Me... me dieron un mensaje pero no sé para quien es.

- Que le dijeron exactamente señor Dursley.- Dijo Dumbledore.

- Me dijeron que le dijera al viejo loco, que el Lord Oscuro tenía al chico y que la próxima vez que lo viera, Harry estaría muerto.

Se hizo un gran silencio mientras tres de los hombres palidecían considerablemente, uno era Sirius, otro era el hombre pelirrojo que se llevó al muchacho el año anterior y e tercero era el hombre de cabello arenoso y canas. Los otros cuatro también parecían muy nerviosos y asustados. Se veía que aquel mensaje que para el señor Dursley no tenía casi ningún sentido, para ellos lo tenía y mucho, y el hombre comenzó a comprender que el significado no sería muy agradable.

- Dumbledore... ¿qué vamos a hacer? ¡Voldemort tiene a Harry!- Dijo el de cabello arenoso.

- No lo sé, Remus, no lo sé.- Dijo Dumbledore con aspecto abatido.- Todavía no logro comprender como los mortífagos han conseguido entrar en la casa y mucho menos sé, donde se lo han llevado.

- Lo encontraremos... ¿verdad?- Preguntó Sirius con hilo de voz.- No podría... no soportaría... Dumbledore, Harry es lo único que me queda.

- Haremos todo lo que está en nuestra mano, Sirius. No te preocupes, lo encontraremos.- Dijo Dumbledore.- ¿Dónde están las cosas de Harry?

- Esta... esta es su habitación.- murmuró el señor Dursley.- Todas sus cosas están aquí dispersadas por el cuarto.

Sirius comenzó a recoger todo lo que había por la habitación, la varita que había en el suelo, los libros, sus cosas... fue ayudado por las personas que habían venido con él, incluido Snape que comenzó a recoger los diferentes ensayos, que eran sus deberes de verano. Cuando recogió el de pociones lo estudió con atención y cuando terminó de leerlo parecía entre sorprendido y triste.

- Este ensayo está muy bien hecho.- Dijo bajito pero debido al silencio reinante en la habitación todos lo escucharon y se lo quedaron mirando.- Ha explicado perfectamente los efectos de la poción pipermat y también de su antídoto...

- ¿Qué nota le pondrías Severus?- Preguntó Dumbledore divertido porque Snape no parecía haberse dado cuenta que había más personas en el cuarto.

- Nueve y medio.- Respondió.

- Bueno...- Dijo Remus con un pequeño silbido.- ... eso quiere decir que realmente tiene que estar muy bien hecho, para que Severus Snape de esa nota a un ensayo debe estar poco menos que perfecto, sobretodo tratándose de Harry.

Snape hizo un gesto de fastidio y no dijo nada más mientras continuaba recogiendo los diferentes ensayos, que luego guardó para entregárselos a sus compañeros profesores, dejando muy claro que él estaba convencido del regreso de Harry sano y salvo.

Una vez lo recogieron todo, Dumbledore se giró al hombre pelirrojo, que miraba con tristeza una fotografía en la que se veía a Harry junto a Ron y Hermione en la madriguera.

- Arthur...- comenzó.- ¿Podrías ir al ministerio y movilizar a los aurores sin que Fudge se entere? Necesitaremos toda la gente que podemos reunir.

- Lo sé...- Respondió el hombre a la vez que asentía.- Haré todo lo que esté en mi mano, Dumbledore, informaré también a todos los funcionarios del ministerio que sí que creen el regreso del Innombrable y mi hijo Percy también.- Entonces con una expresión muy triste y preocupada añadió.- Dumbledore... ¿Cómo se lo voy a decir a mi familia? Molly lo quiere como si fuera otro de nuestros niños, mis hijos como si fuera su hermano, es el mejor amigo de Ron y... y bueno, tú ya sabes lo que Ginny siente por él.- Dijo el hombre abatido pero también obviamente preocupado por Harry.- ¡Dios! ¡Si el año pasado, Molly casi sufrió un ataque de nervios cuando se enteró que Harry participaba en el Torneo!

- Ugh.- Dumbledore hizo una mueca de dolor.- No había contado con Molly...- murmuró. Hizo un repaso de toda la habitación y luego añadió.- Bien... aquí ya no podemos hacer nada, nos reuniremos mañana en Hogwarts para organizar la búsqueda. Gracias por todo, señor Dursley y disculpe las molestias.

Después de aquello, todos desaparecieron de la habitación dejando al señor Dursley todavía muy impactado por todo lo que había visto aquella noche.

El señor Weasley se apareció en la puerta de su casa y solo dando una pequeña mirada descubrió que como mínimo su esposa seguía despierta, dentro de sí rezó para que sus dos hijos menores estuvieran dormidos, al igual que los gemelos... ellos eran los que tenían mayor contacto con Harry y estaba convencido que no se lo iban a tomar nada, pero nada bien; aunque siendo realistas... ¿quién dentro de los Weasley se iba a tomar bien la desaparición del muchacho? Dio un gran suspiro y abrió la puerta de la casa.

Una vez dentro le saludó la imagen de toda su familia al completo esperándole. En otras circunstancias aquella imagen le habría llenado de alegría, ahora no. No había acabado de entrar, cuando ya se vio rodeado por todos ellos, incluso Percy parecía muy, muy nervioso, y fue acribillado a preguntas.

- ¿Qué pasó?

- ¿Dónde está Harry?

- ¿Se encuentra bien?

- ¿Podrá venir aquí lo que queda de verano?

- ¿Qué ha dicho Dumbledore?

- ¿Han sido sus tíos?

- Por favor, por favor... si no dejáis de hacerme preguntas no podré explicar nada.- Dijo el señor Weasley al final.

Aquello hizo que todos se calmaran lo suficiente como para escucharle, y rápidamente el hombre se vio arrastrado por sus siete hijos y su mujer hasta el salón para que lo explicara todo de una vez.

- Por favor, Arthur, ¿qué ha pasado?- Preguntó su mujer finalmente.

- Fuimos a la casa de Harry,- aquí Ron hizo un gesto de incorformidad.- nos íbamos a aparecer en su habitación por lo que podríamos comprobar rápidamente como se encontraba. Cuando nos aparecimos... cuando nos aparecimos nos encontramos que la habitación era un completo caos, las cosas rotas o tiradas por el suelo, quemadoras mágicas por todos lados... pero ningún signo de Harry ni de quien había hecho todo aquellos, allí solo estaba ese estúpido muggle que es su tío, sentado en el suelo y con la cara de confusión más grande que le he visto nunca alguien.- Miró a su familia que tenía una expresión de horror en sus caras.- Cuando pudimos reaccionar nos encontramos con que Sirius ya se disponía a interrogar al muggle de una forma un tanto... amenazante, así que tras calmar un poco a Sirius, Dumbledore interrogó al hombre.

- ¿Qué pasó?- Preguntó su mujer con hilo de voz.

- Por lo visto, atacaron los mortífagos... eran bastantes y se llevaron a Harry no sin antes dejar un mensaje.

- ¿Cuál?- Preguntó Bill, el único que encontró fuerzas para hablar.

- Quien-vosotros-sabéis tiene a Harry y ha dicho que la próxima vez que lo veamos... que la próxima vez que lo veamos, Harry estará muerto.

Se hizo un gran silencio en la habitación, todos estaban pálidos, mudos y horrorizados, aquello no podía ser. ¡No podía estar pasando! El silencio fue roto por Ron que exclamó bien alto un "no" antes de encerrarse en su habitación, seguido rápidamente por Ginny que subió llorando. Fred y George también parecían muy consternados pero parecían firmemente decididos a ayudar.

- Mañana nos reuniremos todos en Hogwarts para tratar como vamos a organizar su búsqueda.- Continuó el señor Weasley.- Dumbledore no piensa rendirse y quiere encontrarlo a toda costa, cueste el trabajo que cueste, tardemos lo que tardemos. Me ha pedido que movilice a los aurores... he pensado en avisar también a las personas del ministerio que no sean tan idiotas como Fudge.

- Nosotros iremos contigo.- Dijo Bill y Charlie, Percy y la señora Weasley asintieron.

- Nosotros también queremos ayudar.- Dijo uno de los gemelos.- Harry no es solo el mejor amigo de nuestro hermano, también es nuestro amigo y nuestro compañero de equipo.

- Él es como otro hermano más.- Dijo el otro.

- Vosotros no estáis preparados...- Comenzó el señor Weasley.

- Papá... casi hemos terminado la escuela y estamos sacando notas muy buenas...- comenzó uno muy serio.

- ... si no nos dejáis por las buenas, nosotros lo buscaremos por nuestra cuenta.- Finalizó el otro tan serio como su gemelo.

- Bien, hablaremos con Dumbledore.- Dijo su madre asustada por esa seriedad súbita.

Todos los profesores de Hogwarts se miraban nerviosos después de escuchar lo que había sucedido, todavía no se habían recuperado del choque de saber que Sirius Black, el que se había creído por casi catorce años que era un asesino en masa, un mortífago peligroso y el responsable de la muerte de James y Lily Potter, en realidad era un hombre inocente que había cargado con las culpas de Peter Pettigrew, el verdadero culpable, y que había estado cuidando y protegiendo desde la sobra a Harry durante los últimos dos años, desde cuando se escapó de Azkaban, y ahora se enteraban que el muchacho había sido secuestrado por mortífagos y que seguramente en aquellos momentos se debía encontrar en poder de Voldemort. Todos parecían muy impactados, pero sin duda era McGonagall la que más a pecho se lo había tomado, Harry era su alumno, era de su casa y aunque todavía no se lo habían notificado, iba a ser uno de los dos nuevos prefectos de Gryffindor, desde que había oído a Dumbledore que se había puesto a llorar y todavía no había parado.

- Como comprenderéis nos encontramos en una situación muy seria.- Comenzó Dumbledore.- Todos os podéis hacer una idea de que es lo que Voldemort le hará a Harry ahora que lo tiene en su poder... debemos encontrarlo antes que sea muy tarde.

- Yo me encargaré de movilizar a los aurores y a todas las personas dentro del ministerio que no sean tan ciegos como Fudge.- Dijo Arthur Weasley.

- Y yo utilizaré mis contactos en el departamento de magia internacional para poner en movilización a los diferentes ministerios extranjeros.- Dijo Percy.

- Me parece muy buena idea, Percy. Ahora... Fred, George ¿estáis completamente decididos a ayudar en la búsqueda?

- Sí, señor.

- Necesitaréis un entrenamiento extra...- murmuró el director.- y será muy duro.

- Nos da lo mismo.- Dijo Fred.

- Queremos ayudar.- Señaló George.

- ¡Y nosotros también!

Las puertas de la sala se abrieron y entraron los dos Weasley que faltaban junto con Hermione Granger y el resto de alumnos de Gryffindor que debían empezar quinto año.

- Nosotros también ayudaremos.- Dijo Ron Weasley.

Notas autora: Hola a todo el mundo! Aquí ataco otra vez! Siiiii! ^^ Bue, ante todo quiero pedir perdón porque todavía no he actualizado el fic de Leo Malfoy... sí, ya sé que prometí que lo haría lo más pronto posible, pero es que me encuentro en un pequeño bloqueo de escritor con respecto a esa historia... (aunque la cabeza la tenga llena de nuevas ideas como es el caso de esta historia).

Este fic, lo tendré en muy poco tiempo, lo he escrito para liberar tensión por culpa de los exámenes de final de curso (queráis que no, cuatro horas de camino en tren entre ida y vuelta dan para mucho) así que ya os digo que seguramente la tendré acabada mañana. Un beso muy grande y si todo va bien, pronto conseguiréis que continúe con Leo Malfoy... después de todo, el próximo lunes acabo con los dichosos examenes. Hasta prontooooooo!

Khari