Disclaimer: El universo de Harry Potter le pertenece a Rowling.

Este fic participa del Reto #59: "Desempolvando retos 2.0" del foro "Hogwarts a través de los años".

Reto utilizado: Primera generación al azar.

Personaje sorteado: Marlene McKinnon


¡Alerta permanente, McKinnon!

I

La primera vez que escucha aquella frase da un respingo y se cubre la cabeza con ambas manos, asustada. Acaba de ingresar a la casa de Caradoc Dearborn, donde está reunida la Orden del Fénix. La profesora McGonagall la ha traído por primera vez y está presentándola a los demás, cuando Ojoloco Moody aparece por detrás gritando.

Minerva no se ha inmutado. Tras una mirada cansada y un aburrido "Basta, Alastor", continúa la presentación. Los ojos azules de Marlene no pueden despegarse del azul mágico de Moody, girando en todas direcciones. El hombre se abre paso entre los presentes, imponiéndose. Se detiene junto a Minerva en la cabecera de la mesa y da comienzo a la primera reunión de la Orden de ese año.

—Tranquila— una voz jovial suena a su lado cuando la reunión ha terminado —Es su manera de darte la bienvenida. A muchos de nosotros nos asustó igual la primera vez que vinimos.

Marlene logra despegar la vista del ojo mágico para fijarse en los verdes frente a ella. El chico que le habla es moreno, atlético y bastante alto. Le tiende una mano mientras sonríe.

—Me llamo Benjy, Benjy Fenwick.

La rubia, más relajada, devuelve el saludo. Benjy parece querer decir algo más, pero ella ya le ha perdido. Del otro extremo del salón, un muchacho pelinegro llama su atención: hace muecas para imitar el ojo mágico del viejo auror, mientras se carcajea. El chico junto a él, castaño y bastante delgado, se pone serio de repente y finge ignorar a su amigo cuando Moody se acerca a ellos.

Uno de los dos -si es que no ambos- aprenderá esa noche a no meterse con Alastor Moody.


II

Por algún motivo que nadie en la Orden ha logrado descifrar, el viejo Moody se ha propuesto hacer de Marlene McKinnon su pupila. Ella es joven y demasiado débil para siquiera pensar en postular a la academia de aurores, pero ese parece ser el objetivo del auror. Quejidos bajos y gritos autoritarios resuenan en toda la casa. Todo el barullo alarmaría a los residentes del cuartel de la Orden del Fénix, si no fuera porque desde hace algunas semanas es usual encontrar a Alastor Moody entrenando a Marlene.

Cuando el sol se pone, del reloj de cucú sale un ave de madera y vuela por toda la casa anunciando que son las ocho en punto. La reunión de la Orden del Fénix debe comenzar.

Marlene ingresa detrás del auror. Cara y manos sucias. Despeinada y llena de sudor.

—Alerta permanente, McKinnon— susurra Sirius con sorna cuando pasa por su lado.

Ella pone los ojos en blanco y pasa de largo. A Sirius Black le encanta meterse con ella.

Cuando Marlene llega a la cocina, donde antes ha entrado su mentor, Albus Dumbledore se asoma por la puerta impidiéndole el paso.

—¡Benjy Fenwick!— al no recibir respuesta, se vuelve hacia la chica— ¿han visto al joven Fenwick?

Ella niega con la cabeza. Acto seguido, el susodicho baja los escalones corriendo.

—Aquí estoy, lo siento Dumbledore.

Esquiva a Marlene e ingresa con prisa. Está a punto de cerrarle la puerta en las narices, cuando se vuelve y le pide en tono confidente un portafolio de la biblioteca de la planta de arriba. Ella no comprende la urgencia, pero asiente.

Sube las escaleras sin percatarse que ha llamado la atención de alguien en la sala. Alguien que ha decidido subir tras ella sin que nadie más lo note.


III

—Entonces tenemos un traidor en la Orden.

Marlene mira a Sirius Black por primera vez en la noche.

Fue él quien la había seguido hasta la biblioteca en aquella reunión. Escondido tras la puerta, oyó la conversación entre Dumbledore, Moody y McGonagall. Marlene lo descubrió cuando salió del lugar a penas terminó la pequeña reunión.

—¿Vamos a seguir ignorando lo evidente, McKinnon?

La chica vuelve a sentir esa punzada de decepción que se ha vuelto bastante familiar desde que escuchó la noticia.

—Yo… no lo sé. He estado ignorando el asunto todo este tiempo, no quiero pensar en ello y comenzar a desconfiar de todos.

—Si quieres sobrevivir, tienes que comenzar a hacerlo. ¿Cómo crees que Moody ha sobrevivido todo este tiempo? Alerta permanente y toda esa locura.

—¡Exacto! No quiero ser como él, no quiero volverme paranoica y perder la cabeza intentando salvar mi vida.

Sirius se pone más serio, se coloca frente a ella, impidiéndole avanzar.

—Por una vez en su vida, Fenwick ha hecho algo realmente útil. Quiso que escucharas sobre el traidor, confía en ti y si de algo estoy seguro es que no es estúpido, así que debes ser la última en la lista de sospechosos.

—¿Qué me dices de ti? ¿Por qué no podrías ser tú el traidor? Eres un Black—

—No lo sé, ¿tal vez porque odio toda esa estupidez sobre la pureza de sangre? ¿Tal vez porque me borraron del árbol genealógico y no soporto ver o siquiera escuchar sobre esa familia? ¿O tal vez porque mis mejores amigos morirían si Voldemort triunfara?

Marlene no responde. Sirius Black no le cae especialmente bien, pero tal vez pensar en él como traidor ha sido ir demasiado lejos.

—Atrapemos al traidor, McKinnon.


IV

Tras escucharla con atención, Benjy ha pasado de tener un aspecto emocionado a uno preocupado.

—Debes tener cuidado, Marlene— habla más bajo mientras le coloca una mano sobre el hombro— Este juego del detective te puede costar la vida.

—Alerta permanente —Bromea la chica, pero él no parece compartir su ánimo. — Benjy, sé lo que vi. Estando tan cerca de descubrir quién es, no me voy a detener.

Una chica se asoma hacia el jardín, interrumpiéndolos.

—Marlene, dejaré tus cajas en el salón, ¿está bien?

La rubia asiente y luego se vuelve hacia Benjy.

—Además, teniendo a Dorcas tan cerca, dudo mucho que me pueda suceder algo, ellos conocen de primera mano lo poderosa que es.

Benjy toma un mechón rubio que ha escapado de su coleta, en un acto afectuoso que nunca antes había tenido la audacia de realizar.

—Cuídate, Marlene. Por favor.

Fenwick desciende siguiendo el mechón y termina deslizando los dedos para acariciar su mejilla. La mira anhelante y Marlene gira la cabeza alejándose de su tacto antes de que al chico se le ocurra hacer algo más. Sospechaba desde hace algún tiempo que el cariño que él siente por ella era mayor a la simple amistad que ella siente por él, sin embargo, no se explica la desesperación por comenzar a tocarla ahora.

—Está pasando algo que no me quieres decir.

Él evita su mirada.

—Sólo te puedo decir que no me volverás a ver hasta mayo. Hay un trabajo que Dumbledore me ha encomendado realizar.


V

—Adiós, Black. No intentes nada raro o yo misma te lanzaré la maldición asesina.

Dorcas cierra la puerta de la casa que ahora comparte con Marlene, dejando a su amiga y a Sirius en el interior.

—No le agradas mucho.

—No suelo agradarles mucho a las chicas que me encuentran atractivo— se encoje de hombros mientras se acomoda en el sofá. Marlene lo imita. —No puedo disculparme por ser yo.

La rubia bufa irritada, a ella tampoco le agrada cuando el enorme ego de Sirius sale a relucir. Además, Sirius está tan centrado en sí mismo que no ha notado que Dorcas no tiene especial preferencia por individuos del sexo masculino.

—Bueno, Sirius, no extendamos más esto. ¿Viste a alguien en el callejón Knockturn?

—No, la pista llevaba a un callejón sin salida. Me quedé un rato ahí, simulando buscar el indicio de una puerta. Cuando me retiré del lugar, noté que alguien me había estado vigilando. Como se vio descubierto, deambuló por el callejón y entró al primer bar que encontró. Pensó que me había perdido, y entró al baño de hombres para desaparecerse.

—Entonces es hombre.

—Es lo único que puedo afirmar.

—¿Altura?

Sirius niega con la cabeza mientras hace un puchero.

—Tenía la cabeza cubierta, y caminaba inclinado, cargando el peso de una joroba, pero podría haber sido un hechizo. Sin embargo, pude divisar un color peculiar en sus calcetines: uno era lila, y el otro mostaza. No sé si pueda ser útil, pero me llamó la atención.

Sirius comienza a revolverse el cabello con ímpetu. Su aparente nerviosismo no pasa desapercibido para Marlene.

—¿Algo más que debas decirme?

—Yo…sospecho de alguien. Creo que— inhala con pesadez, no es fácil decir lo que ha estado rondando por su mente esa semana— Remus podría ser el traidor. El día en que acordamos que yo sería el guardián del fidelio estaba raro, meditabundo, incluso hasta irritable y él no suele ser así.

Marlene permanece pensativa. Sirius debe tener muchas pruebas para atreverse a sospechar de uno de sus amigos más cercanos. Abre los labios para preguntar si no ha notado algo raro en otro miembro de la Orden, cuando una lechuza picotea la ventana. Marlene se pone de pie y la deja pasar. Desenrolla el pequeño trozo de papel que trae en la pata y su expresión horrorizada preocupa al chico.

—¿Sucede algo malo?— Al no recibir respuesta, insiste —¿Qué dice la carta, McKinnon?

Marlene no reacciona. La carta entre sus manos comienza a empaparse por las lágrimas que caen de sus ojos. Sus manos comienzan a temblar, pero ella no emite palabra. Sirius se acerca a ella y lee por encima de su cabeza. El mensaje es breve y no tiene remitente.

"Benjy Fenwick ha sido asesinado."


VI

—¿¡Cuál es tu problema!? ¡Antes no eras tan controladora!

—¡Antes no habíamos perdido a Benjy, ni a Caradoc! ¡Antes los mortífagos no parecían saber todo lo que íbamos a hacer antes de que lo hiciéramos! Me preocupo por ti, te quiero, Marlene. Pero estás tan centrada en lo que sea que estés haciendo con Black, que no te das cuenta de nada. No confío en Sirius Black y me preocupa que parezcas confiar tan ciegamente en el chico.

—Por supuesto que sé que algo anda mal, Dorcas, no soy tan estúpida como todos parecen creer. Y las personas en quienes decida confiar o no, no son de tu incumbencia, así que por favor déjame en paz.

—Moody nos ha dejado una temporada, no estará acá para salvarte de los problemas en que te metas por ser tan temeraria.

—Alastor Moody se marchó porque consideró que todos los miembros de la Orden -incluyéndome- estábamos lo suficientemente capacitados para protegernos. Si él me consideró capaz, ¡no entiendo por qué tú sigues protegiéndome como si no pudiese hacerlo yo misma!

Dorcas Meadowes suspira intentando calmarse.

—Remus me dijo que alguien debe estar filtrando información de la Orden. Me dijo que no confíe en nadie, ni siquiera en mis amigos más cercanos. Si el mismo Remus Lupin desconfía de Black, no entiendo por qué tú no puedes ver nada malo en él.

La rubia eleva ambas cejas. Entonces todo ese tiempo ambos se habían alejado tanto porque sospechaban del otro. Con urgencia, Marlene toma su abrigo y da la discusión por terminada. Dorcas, rendida, tira de ella antes de que se marche y la abraza con fuerza.

—Solo prométeme que estarás alerta siempre —susurra contra su cabello—. No son buenos tiempos para ir por ahí sin precaución.

Marlene responde al abrazo y cierra los ojos, compungida. Odia pelear con Dorcas, pero odia mucho más que intenten ponerla en contra de Sirius.


VII

—Alerta permanente, Black— le sonríe hinchada de orgullo mientras le ayuda a incorporarse. Finalmente ha logrado vencerlo en un duelo.

Sirius toma su mano, pero cuando ya está de pie, no la suelta y tira de ella. El impacto la sorprende, pero mucho más su propia inconsciente decisión de corresponderle el beso. Sintiéndose nuevamente racional, lo empuja con rudeza.

—¡No! Es un límite que no debemos cruzar.

Sirius la mira inexpresivo.

—Solo es un beso, McKinnon. No te estoy pidiendo matrimonio.

Intenta bromear para quitarle peso al asunto, pero no lo logra. Ambos saben que no es solo un beso. La cercanía ha crecido entre ambos y con ella la tensión. Una tensión a la que finalmente Sirius ha cedido. Marlene sigue seria y ha adoptado una mirada que lo hace sentir como cachorro abandonado, él desvía la mirada odiando esa sensación tan extraña.

—Todos los que me importan mueren, Sirius.

El chico comprende que se refiere a la reciente pérdida de Dorcas Meadowes. Suspira con pesadez. Se acerca a ella otra vez. Ella no se resiste a la cercanía.

—Yo no voy a morir, Marlene —susurra inclinándose hacia ella.

Esta vez la chica no se aparta. Lo que sucede después es algo que ninguno de los dos vuelve a mencionar. Es todo tan inesperado que Marlene olvida la principal razón por la que quería hablar con Sirius esa tarde: contarle sobre su conversación con Remus Lupin y convencerle de que él no es el traidor.


VIII

Tras la muerte de Dorcas, Marlene no encuentra sentido a permanecer más tiempo en la casa que compartían. Con su amiga muerta, la ubicación de la casa ya no es secreta y es cuestión de tiempo que la encuentren los mortífagos. Es hora de regresar a casa, con su familia. No tiene otro lugar donde ir. Desde que James y Lily se aislaron en el Valle de Godric, Sirius está escondido en Londres mientras continúan buscando pistas sobre el traidor. Los demás miembros de la Orden están repartidos por Inglaterrra. A veces siente que el bando de Voldemort les lleva la delantera.

En casa de sus padres es recibida con alegría. Un chiste de su hermano sobre animales le hace recordar la última pista que obtuvo sobre el traidor: es un animago. ¡Casi se olvida de contárselo a Sirius! Se excusa ante su familia y sube apresurada a su recámara. "Espérame en tu chimenea el día de tu cumpleaños al atardecer." Lo último que le enseñó Moody fue a comunicarse a través del fuego, método al que ha sacado provecho en los últimos meses para comunicarse con Sirius.

Envía la nota con la lechuza de su hermano mayor. No tiene remitente, ni destinatario. Confía en la lechuza y en la intuición de Sirius.

Al finalizar la cena, una sombra oscura en el cielo llama su atención. Con un mal presentimiento alerta a sus hermanos y corre hacia el ventanal de la habitación de sus padres. Desde ahí, divisa las siluetas típicas de los mortífagos. Dos, tres, seis, diez... Cada vez aparecen más, mientras ella comienza a lanzar hechizos derribando a los primeros.

Un mortífago en especial llama su atención. Es empujado por otro mientras los demás atacan a su familia. La figura tropieza y ella logra divisar un calcetín lila. Le lanza un encantamiento repulsor, que lo deja tirado sobre un costado. Con el impacto, el velo que cubre su cabeza ha dejado una parte de la cabellera corta y castaña a la vista. Reconoce ese corte, reconoce al traidor. Estupefacta, corre hacia el interior de su casa dispuesta a enviar un patronus con el mensaje a Sirius. Un crucio la alcanza a mitad del pasillo principal, mientras una carcajada desquiciada resuena a sus espaldas.

—No, pequeña traidora a la sangre. No podrás llamar a tus amiguitos de la Orden, estás perdida.


El tres de noviembre Sirius Black espera ante la chimenea hasta el amanecer, pero Marlene nunca aparece.