Hola a todos.
Pues bien, esta es una historia que está en publicación en Wattpad desde Diciembre pero que por ciertas razones no he podido publicar. Tiene cinco partes, y aún no ha sido terminada (la falta poco para eso). Con mucho esfuerzo, decidí publicarla para que todos ustedes la vieran; pero los capítulos los iré subiendo de poco en poco aprovechando que la próxima semana es de para mí. Más abajo hay una nota de autor algo antigua que decidí no alterar, y que explica muchas cosas de la historia y el capítulo en sí
Y bueno, nada. ¡A leer!
Disclaimer: nada me pertenece. Solo la trama es mía

Diciembre.

Una época muy especial. Una época llena de festividades. Una época de armonía, amor y muchas maravillas. Una época en donde cada país —a su respectivo modo— celebraba la dicha de haber vivido otro año más y se preparaba para el siguiente año.

Y en Japón —más en específico, en cierta ciudad de Kuou— las tradiciones respecto a esto eran muy variadas; pero todos sus habitantes (o al menos la gran mayoría) parecían llevar dentro de sí el espíritu occidental de aquella época; es decir, el espíritu de la Navidad.

Sobre todo cierto joven Sekiryuutei y sus dos senseis en quien nos vamos a fijar.


—Despierte, Issei-sama. Ya ha llegado Diciembre y es tiempo para festejar.

El pequeño Issei de doce años se agitó un poco al oír aquellas palabras, sacudiéndose en su cama por un momento, solo para luego seguir durmiendo.

—Issei-sama, ¿tengo que llamar a la sanguijuela?

Aun en sueños, todo el cuerpo de Issei —guiado por traumáticas experiencias pasadas— se agitó al oír la palabra «sanguijuela», causando que el pre-adolescente se despertara sin poder evitarlo.

Algo molesto ante eso, Issei se restregó los ojos con sus manos, y miró alrededor de su habitación, en búsqueda de aquella persona que lo había despertado.

Y al hacerlo, casi se atraganta con su propia saliva.

Cercano a él, en una posición silenciosa y vigilante, pero llena de majestuosidad, estaba una mujer de belleza desproporcionada que podría fácilmente ser confundida por cualquiera con una Diosa. Ella tenía un lacio y largo pelo de color negro con mechones azules y purpuras. Sus ojos eran de un ámbar rojizo, a veces luciendo de un color amarillo y otras veces luciendo carmesí. Tenía un cuerpo despampanante que constaba de un trasero gigantesco (pero muy bien proporcionado) y unos pechos enormes que parecían estar alrededor de la copa D (o tal vez más; pero el Issei de doce años no sabía mucho de ese tipo de medidas. Solo sabía que eran enormes)

Esa hermosa mujer era la sensei de Issei: Eve, quien usaba el nombre clave de «Maidoll Eve» en el mundo humano. Issei estaba bastante familiarizado con ella, pues, como consecuencia de un cierto incidente que había sucedido cuando tenía diez años, ella se había quedado a vivir con el permiso de sus padres mientras actuaba tanto como una institutriz mundana como una profesora de lo sobrenatural. Por eso, incluso aunque todavía se le hacía algo impactante su majestuosa belleza, él (normalmente) no se le quedaba mirando como bobo como muchos de los chicos de su edad probablemente lo harían, incluso aunque a veces tenía… cierta clase de pensamientos con ella.

El problema, sin embargo, es que eso era para la Eve normal. ¡La Eve que estaba presente ante él era mucho más llamativa de lo normal!

Normalmente, Eve usaba un vestido blanco con detalles dorados, un vestido muy hermoso que hacia recordar de alguna forma al vestido de una novia; pero Eve esa vez no estaba usando ese atuendo. En su lugar, estaba usando algo que parecía ser una modificación de eso.

Todavía tenía bordes blancos en los hombros y la parte inferior de su vestido, y usaba el mismo collar de tela en el cuello que su vestido normal poseía; pero todo el resto había sido remplazado por un navideño color rojo, con su cintura y torso estando cubiertas por el dichoso color. Ella también se había puesto una especie de correa negra en la parte del estómago, entallando como consecuencia su traje normalmente suelto a un punto donde su figura de reloj de arena no podría nunca pasar desapercibida. Por si fuera poco, la parte inferior —que normalmente cubría toda sus piernas— ahora solo cubría un poco más debajo de sus partes privadas y la zona superior había obtenido un tremendo escote que solo cubría un 40% de sus gigantescos pechos, con el resto «tapado» con una especie de malla dorada que surgía desde el collar de tela que unía su cuello con el resto de su vestido. Para rematar, como si todo eso no fuera suficiente, Eve usaba ahora unas gigantescas botas de nieve de color rojo (que parecían acentuar la belleza de sus piernas) y un gorro navideño, teniendo además en su mano izquierda una especie de báculo blanco cuya punta tenía un disco rojo adornado con detalles como de flores.

En resumen, Eve ahora lucia como la mezcla de una Santa femenina y una Chica Mágica; pero no había nada «santo» o «infantil» en su apariencia. Toda ella era como una sensual Reina Hada de las Nieves, o algo por el estilo.

—¿E-Eve-sensei? —tartamudeó Issei al verla, sonrojándose como un tomate mientras trataba de evitar pensar en cosas nada santas—, ¿p-por qué e-está vestida así?

—Ya no soy Eve, Issei-sama —dijo la ex-Eve con una cara muy seria en respuesta a su pregunta—. Los años pasados no pude evitar notar cuan profundo es el peso de esta época en su corazón. La forma en que su rostro se iluminaba con alegría, como sonreía, como todo usted parecía tan complacido, como miraba a cada rato los animes navideños en donde salían personajes femeninos vestidos de Santas… —la cara de Issei se puso como un tomate al escuchar lo último—. No pude entonces evitar pensar que si la Navidad y el Año Nuevo lo hacían tan feliz, entonces yo también debía poner mi empeño en estas fiestas. Debía aprender el espíritu de estas fiestas… Y entonces, me convertí en mi yo actual. ¡Me fusioné con la Navidad!

Un aura misteriosa de poder sin fin rodeó a Eve.

—¡Ahora soy Christmas Eve, la Muñeca de la Navidad! —dijo, llena de decisión—. ¡Para que su rostro esté lleno de felicidad y me mire todo el tiem…! —Eve tosió espontáneamente—. Ejem, ejem. Es decir: ¡para que todos los niños del mundo, incluido usted, sean felices, me he puesto este traje y he aprendido los conocimientos de la todopoderosa Magia de la Navidad! Ha sido una tarea muy laboriosa, y ni siquiera yo puedo comprender al 100% el vasto poder de esta festividad, así que esta transformación solo puedo mantenerla durante mes tan cargado de energías; ¡pero ese es tiempo suficiente, ¿no cree?! —al preguntar lo último, Eve le sonrió con dulzura y cariño, como preguntándole: «¿Cómo me veo, Issei-sama? ¿Le gusta?»

Issei, con un gotón en la nuca y una sonrisa nerviosa, le dijo que se veía extremadamente hermosa con un leve sonrojo.

—«Pero no entiendo que es todo ese disparate de la Magia de la Navidad y de ahora ser Christmas Eve»—se preguntó con total confusión

[Ay, compañero —el milenario Dragon Gales, Ddraig Gouch, suspiró con diversión ante las palabras de su poseedor—. ¿Llevas tanto tiempo celebrando esta festividad y no lo sabes? Esta tal «Navidad» que tú celebras está llena de fuerza místicas superiores incluso a ese bastardo Dios de la Biblia que me selló en este Sacred Gear]

—«¿Hablas en serio?»—se cuestionó Issei con shock.

Ddraig asintió.

[Esta festividad goza de un poder sin fin —dijo en un tono muy serio—. Todavía recuerdo cuando Elsha trato de condensar la Magia de la Navidad en un Golem y terminó creando un monstruo de caramelo con una fuerza nivel Dios. Fue uno de los momentos más difíciles de la vida de todos mis poseedores… y eso que varios se enfrentaron a verdaderos Dioses]

«Primero que nada: ¿quién es Elsha? —cuestionó Issei con confusión—. Y segundo: ¿por qué estaba tratando poner la Magia de la Navidad en un Golem si la Magia de la Navidad es tan poderosa?»

[Nunca lo supe muy bien; pero la escuché decir que esa era su venganza por todas las veces que un tal Santa le dio carbón en vez de los regalos que quería—reveló Ddraig, haciendo que Issei se cayera de espaldas sobre su cama—. Y sobre quien es Elsha, pues…]

—¿Por qué tardan tanto tú y ese mocoso? —cuestionó una voz con irritación, interrumpiendo a Ddraig y haciendo que Issei desviara la mirada de inmediato.

Se encontró entonces con su otra sensei: Elmenhilde Karnstein Dráculea. Una mujer milenaria con quien se encontró durante ciertas circunstancias, solo para terminar de alguna manera con ella diciendo que se iba a convertir en su segunda sensei. Ella era conocida en todo el mundo sobrenatural debido a su inmensa fuerza y al hecho de haber derrotado a Alucard Van Hellsing y Carmilla Mircalla, siendo además algo así como una jueza de hierro que le daba una buena tunda a los altos mandos de la Facción de los Vampiros cuando «deshonraban» el nombre de su raza, siendo el terror de toda Transilvania y Rumania.

Ella, sin embargo, destacaba en opinión de Issei por su apariencia. Ella en realidad era ridículamente vieja, tal vez incluso tanto como su sensei (a quien jamás de los jamases debía decírsele «vieja», por cierto); pero la mayoría del tiempo lucia como una niña tal vez de su edad o un poco mayor. Una niña extremadamente hermosa que poseía un largo pelo rubio ondulado peinado en un estilo ondulado, una piel pálida como la de un cadáver y unos ojos rojos como rubíes. Una niña que lucía como una princesa de la Edad Media, incluso aunque Issei sabía que Elmenhilde era una mujer sádica que amaba golpear a la gente y pelear… Aunque también sabía que era una mujer con un sentido del deber altísimo, actuando como la hermana mayor (malvada) de todo el mundo. O, como Issei pensaba, tan bien podía decirse que era como una mujer cascarrabias del tipo abue…

BOOM.

—Ara, ara — Christmas Eve (anteriormente conocida como Eve) dio una sonrisa peligrosa, su báculo habiendo atrapado mediante un rayo de luz una sombrilla voladora que Elmenhilde había disparado con una potencia meteórica hacia Issei—. Sé que una mujer como tú no debe saber lo que es el auto-control; pero encuentro altamente inaudito que hagas ataques como ese en la vivienda de Issei-sama. ¿Acaso quieres dañar algo?

«¡Obvio que sí! ¡Me quiere dañar a mí!»—pensó Issei con miedo, adivinando que Elmenhilde probablemente había (de alguna manera) descubierto lo que estaba pensando.

—Hablando con ese tono altivo mientras usas un traje desvergonzado como ese… —Elmenhilde le dio una mirada altanera a Eve, su tono lleno de desprecio—. ¿Crees que soy tonta? A diferencia de otras, no soy un perro que mueve su cola mientras realiza trucos para llamar la atención. Controlé mi fuerza lo necesario como para no lastimar nada verdaderamente importante.

—«¡¿Entonces mi vida no es nada verdaderamente importante?!»—cuestionó Issei dentro de su mente.

—Ara, ara —una vena palpitó en la frente de Christmas Eve—. Para ser llamada «perro» por una sanguijuela… Que risible. Sobre todo tomando en cuenta que tú misma me imitas. ¿O acaso negarás que ese traje que llevas puesto te lo pusiste luego de ver que yo me transformé en la manifestación de la Navidad?

—¿Manifestación de la Navidad? Pff. Que ridiculez —resopló Elmenhilde, desviando su mirada mientras lo hacía. Y es que, ahora que se fijaba Issei, su otra sensei llevaba puesto un traje de Santa de dos piezas: una de una camisa y la otra de una falda. Combinado con una botas como las de Eve y un gorro de Navidad como el que ella usaba, uno podría por lo menos imaginar que había algo de veracidad en sus palabras… Aunque la lógica en ambos trajes era algo distinta, ya que la propia Elmenhilde era más infantil (en apariencia) que Eve, siendo por ende su traje mucho menos revelador (aunque también muy bonito). Añadiéndose a eso el plus de que Elmenhilde tenía orejas puntiagudas (un rasgo vampírico que normalmente ocultaba, pero que al parecer había decidido hacer pasar por un aditamento de su disfraz), uno podría decir que más que Santa, Elmenhilde lucia como un Elf…

BOOM.

—¿Qué no has entendido que no quiero que dañes nada de la vivienda de Issei-sama, Isane-san y Gorou-san? —cuestionó Christmas Eve con enojo, otro rayo de magia telequinetica deteniendo otra sombrilla meteórica lanzada por Elmenhilde.

—¡Entonces haz que el mocoso deje de pensar cosas tan irrespetuosas! —refunfuñó Elmenhilde, mirando a Issei con un enojo que hizo que el mencionado quisiera esconderse detrás de la falda de su muy amable Christmas Eve, por muy infantil y vergonzoso que pudiera sonar.

—¿Qué tal si dejas de hacer que perdamos el tiempo, y permites que nos vayamos a entrenar? —cuestionó Christmas Eve con fastidio al oírla, sus palabras haciendo que Issei la mirara con asombro.

—¿Entrenar? —Issei repitió, sin entender—. Pero, Eve-sen… Christmas Eve-sensei —se corrigió al ver como Christmas Eve lo miraba con reproche—, ¿acaso lo ha olvidado? Yo y mis padres normalmente tomamos el primer día de diciembre para pasar tiempo juntos, ya que mi padre está ocupado todo el mes con su trabajo, y el 31, que es su único día libre, se lo toma para tener una cena romántica con mi mama en su mayor parte.

—Sobre eso, Issei-sama… —Christmas Eve ladeó la cabeza, luciendo de repente algo preocupada por él—. Esta vez su padre no puede estar con usted. Parece ser que él ha logrado volverse uno de los pilares de su empresa al lograr cerrar un negocio con una importante empresa extranjera, así que sus labores se han incrementado. Él dijo que lo perdonara y que haría todo para ver si el 23 podía compensarlo; pero esta vez no podrán pasar tiempo en familia como lo hacen todos los años.

—A-ah… —exclamó Issei al oír eso, tratando de evitar que se notara mucho su decepción—. ¿Y mi madre?

—También está ocupada —respondió esta vez Elmenhilde, que estaba frunciendo el ceño mientras miraba a Issei. Parecía preocupada—. No es tan extenso como el caso de Gorou-san; pero por algunas semanas debe trabajar de manera presencial en vez de hacerlo de manera virtual. Ya para la última semana del mes podrá pasar todo el tiempo del mundo contigo; pero mientras tanto no puede hacerlo.

—A-ah. Y-ya veo —dijo Issei una vez más, sin saber que sentir. Sabía que sus padres trabajan mucho precisamente porque lo amaban en gran medida y querían darle un montón de cosas; pero no podía evitar sentirse algo triste. De vez en cuando, en el pasado habían sucedido incidentes como esos; pero en aquellas ocasiones Issei había contado con el apoyo de la familia de su amigo Shidou, que con mucho gusto había aceptado cuidarlo y permitirle hacer un montón de locuras con su hijo. Ahora que su amigo Shidou estaba en Inglaterra, a cientos (o miles) de kilómetros de su persona, no podía evitar reparar en su propia soledad y sentirse… triste. Solo y triste

—Pero no pongas esa cara, mocoso —dijo Elmenhilde, haciendo una mueca dura. Dicho eso, se veía a leguas que estaba súper preocupada y que quería hacerlo sentir mejor—. Tal vez tus padres están ocupados; pero yo y la bruja estamos aquí contigo. No estás solo. Estás con nosotras, y con nosotras vas a pasar la víspera de Navidad.

—Tal como dijo la sanguijuela, Issei-sama —agregó Christmas Eve, poniendo un rostro maternal —. Nosotras estamos aquí. Yo estoy aquí, y mientras viva jamás me iré. Mientras esté a su lado, siempre, pero siempre procuraré que sea feliz.

[¡Yo también estoy aquí, compañero! —reafirmó Ddraig su presencia—. No puedo hacer nada muy divertido contigo porque ya no tengo un cuerpo con el cual pueda adoptar una forma humanoide con mi poder draconiano de cambio de forma; ¡pero cuentas con mi inmensa sabiduría y gran carisma! ¡Eso en sí mismo es un regalo de Dios!... Literalmente] —añadió Ddraig en un susurro a lo último, pues como Sacred Gear él literalmente era un regalo de Dios.

Ignorando eso, Issei trató de evitar que sus ojos se aguaran.

—Yo…. Ustedes… N-no sé qué decir.

—No nos pongamos sentimentales, mocoso —le regañó Elmenhilde mientras desviaba la mirada, tratando de evitar que su corazón frio como piedra (pues era un Vampiro y sus órganos no funcionaban de manera normal) se conmoviera ante la cara de Issei. Ella siempre se hacia la dura porque estaba acostumbrada a ser la «dama castigadora —malvada— de los Vampiros», y ser una mujer dominante y opresiva; pero la realidad era que ella por dentro era muy suave. No le gustaba soltar esa suavidad porque al final todos los seres que conocían o le temían, odiándola y despreciándola, o morían al poco tiempo de conocerla, ya fuera por sus enemigos o por el maligno Tiempo. A ella no le gustaba relacionarse con las personas, y su relación con Eve de amistad/rivalidad/odio era una excepción a la regla porque ambas eran «eternas observadoras de la humanidad». Haber pasado tanto tiempo con un niño que no le temía en verdad —porque Issei solo le temía a sus poderosos sombrillazos, no a ella en sí— era algo extraño que revolucionaba su corazón, y no quería que ese hecho se notara; que ese «mocoso» se diera cuenta que le estaba agarrando cariño.

Que terminara encariñándose y al final verlo muriendo como lo había hecho con tantas personas.

Sacudió la cabeza, enviando esos pensamientos a lo más profundo de su ser.

—Dicho todo esto, antes de que puedas divertirte tienes que entrenar un poco —dijo, sin darse cuenta que no estaba sonando tan interesada en «entrenar» (golpear a Issei) como de costumbre —. Todavía te faltan unos cuantos miles de años como para que puedas vagabundear en mi guardia.

—Bueno… —Issei solo asintió al oír eso. Sin sus padres, entrenar y luego irse de fiesta con sus dos senseis (y con Ddraig también) era lo único que podía hacer eso, aunque no era que encontrara la idea horrible. La verdad le tenía un gran aprecio a sus dos senseis (y a Ddraig también), incluso aunque llevaba poco tiempo de conocer a Elmenhilde.

—Vayámonos entonces —dijo Christmas Eve, alzando su báculo de Santa Mágica.

Una expresión de alarma llenó el rostro de Issei al ver eso.

—¡E-espere! —gritó interrumpiéndola—. ¡Antes de irme, tengo que ducharme, cepillarme los dientes y cambiarme de ropa!

—No hay ningún problema con eso —sonrió Christmas Eve de una manera muy hermosa—. Yo puedo hacer todo eso por usted.

Y entonces, antes de Issei pudiera decir nada, Eve alzó su báculo, causando que desde el mencionado artículo una luz muy colorida (una luz de colores navideños, para ser precisos) llenara toda la habitación, encegueciendo a todos los habitantes (y causando que Elmenhilde siseara. Esa luz en específico no le hacía daño; pero la odiaba de todas maneras al ser una criatura de las tinieblas)

Un par de segundos después, la luz desapareció, dejando a un Issei que con sorpresa notaba que su aliento olía como si se hubiera cepillado con la mejor pasta de dientes del mundo y que su cuerpo se sentía suave, fresco y limpio, como si literalmente se hubiera bañado en aguas purificadoras.

«Aunque por alguna razón tengo algo de frio»—se dijo Issei, posando sus manos sobre su desnudo pecho para darse calor.

—«¡Espera! —se dijo, alarmado—. ¿Pecho desnudo? ¡¿Y-y mi camisa?!»

Rápidamente, Issei se miró a sí mismo.

Y entonces, con horror, vio que no solo no tenía la camisa que usaba como parte de su conjunto de pijama, ¡sino que además estaba por completo desnudo!

—Ara, ara —Christmas Eve sonrió, un pequeño rubor y algo parecido a un líquido rojo goteando por su nariz—. Parece ser que de alguna manera he cometido un error y he vaporizado su ropa por accidente.

[¡Error los Lindworns de la mitología nórdica! ¡A mi late que lo hiciste a propósito!] —grito Ddraig de manera acusadora, viendo como Eve no apartaba la mirada para nada de la desnudes de su compañero.

—Pero debo decir, Issei-sama… — Christmas Eve miró de arriba abajo al desnudo Issei, sonriendo mientras asentía con aprobación—. Sin duda, como era de esperar de usted, su pequeño cuerpo se está desarrollando a la perfección. Todo usted está perfectamente tonificado… Sin contar esa parte de abajo, que por lo que veo ya se ha desarrollado a un tamaño superior al promedio…. Ufufufu. Viendo estoy, no me puedo evitar preguntar… ¿cómo terminará su yo adulto en unos cuantos años más? —al decir lo último, Christmas Eve puso sus dos manos en mejillas mientras ponía una expresión soñadora, su mirada no apartándose para nada de la desnudes del pre-adolescente Issei (mas en específico, de su entrepierna)

—«Sin duda es una bruja»—pensó Elmenhilde con disgusto, mientras apartaba la mirada del desnudo Issei que en pánico trataba de cubrir su trasero y su entre-pierna con sus pequeñas manos mientras chillaba con vergüenza, encontrando la tarea extremadamente difícil, sobre todo porque, como Elmenhilde vio sin querer, la parte vital de su entrepierna estaba mucho más desarrollada de lo que debía estarlo en un pre-adolescente que apenas estaba entrando a la pubertad. De hecho, estaba desarrollada a un punto incluso superior al de los hombres adultos que habían tenido la desgracia de tratar de «cortejarla» al presumir de lo poco que tenían, solo para terminar sin lo que estaban presumiendo luego de que una disgustada Elmenhilde conjurara criaturas mágicas con su poder para que les arrancara a cada uno de esos bastardos pervertidos sus partes privadas de un voraz mordisco.

Pero volviendo al tema, Elmenhilde tenía que admitir que su alumno estaba muy bien dotado y tenía un cuerpo bastante lindo y atlético, lo suficiente como para enloquecer a cualquier shotacona. Tomando en cuenta el tamaño de la cosa que estaba en su entrepierna (que se estaba poniendo rígida ante la cara emocionada de Christmas Eve y la cara de vergüenza de Issei) y que esta apenas y estaba desarrollándose, Elmenhilde no encontró muy difícil imaginar que en frente tenía a lo que el futuro sería un lady-killer. Algo no muy raro, pues ella sabía que los Dragones machos eran conocidos por su gran poderío sexual y que los Sekiryuuteis en específico eran muy… deseados sexualmente (las mujeres Sekiryuuteis también lo eran; pero ellas eran mucho más recatadas que sus homólogos varones).

Pero aunque como mujer sentía cierta sensación de placer ante la situación en la que estaba (sobre todo porque su cuerpo infantil literalmente tenía una edad cercana al cuerpo de su alumno), ella era un No-Muerto y también una mujer de muchos años de edad. Algo parecido a la sensación de ver desnudo un chico que ella misma había cargado entre sus brazos era lo que dominaba su ser en esos momentos. Estaba más movida por su rol de dama mayor que por su rol de mujer.

Y por eso, ella simplemente suspiró mientras pensaba en lo difícil que era tratar con la bruja que tenía al lado, obsesionada con «esa persona» de la que tanto hablaba al punto suficiente como para hacer una broma enfermiza como la que estaba haciendo. Seguidamente, mientras se preguntaba si debía llamar a la SASORI (Sociedad Anti-Shotaconas Realmente Indiscriminadas), ella empatizó con su alumno, y —desviando la mirada para tratar de que él no se diera cuenta de que empatizaba con su persona— hizo que su sombra se extendiera y se tragara al pre-adolescente (y todavía pequeño) Issei, generando por un momento un efecto que era semejante a un gigantesco cuadro de censura, para la total molestia de Christmas Eve, quien le echó una mirada de total odio al verse impedida en sus oscuras y shotaconas pasiones.

Pero ignorando eso, Elmenhilde usó sus poderes vampíricos y creó ropa para su alumno desde su sombra, tal y como lo hacía todo el tiempo para sí misma con su propia ropa. Era un poco incómodo, ya que literalmente estaba tomando medidas de cada parte del cuerpo de su alumno—incluida «esa parte inusualmente grande»— y sintiendo como si una parte de su ser estuviera toqueteando al desnudo Issei por todos lados; pero Elmenhilde desechó ese pensamiento igual que una madre (o tal vez una abuela) que vestía a su hijo, simplemente concentrada en crearle un atuendo adecuado a su alumno con los conocimientos de moda que había obtenido en una época de su vida en la que había estado muy aburrida.

El resultado, sin embargo, fue que vistió a un Issei con un traje de lo que parecía ser una versión infantil de Santa Claus.

—«¿Hmn? —Elmenhilde ladeó la cabeza—. Supongo que el inconsciente me traicionó»— se dijo, recordando el gusto que tenía por los muñecos. Vestir a un niño, sin querer, le hizo de manera inconsciente «jugar a las muñecas», y terminó vistiendo a su alumno con un traje «lindo»

Viendo eso, Christmas Eve, aunque decepcionada de no poder seguir contemplado la «majestuosidad» de la desnudes de su adorable «Issei-sama», asintió con aprobación. Tenía que admitirlo. Esa sanguijuela había hecho algo que había pensado que era imposible: ¡hacer que su Issei-sama quedara mucho más lindo de lo que ya era!

Por su parte, Issei, que sentía que había ganado un nuevo trauma, agachó la cabeza con su cara roja, haciendo que el sombrero de Santa que llevaba puesto ensombreciera su rostro mientras sus ojos se aguaban un poco, haciéndolo lucir tan adorable que Christmas Eve casi vuelve a cometer una barbaridad.

—M-muchas g-gracias, E-Elmenhilde-sensei —agradeció, mirando al piso. Iba a pasar bastante tiempo para que pudiera volver a ver a sus senseis a la cara. Y también iba a pasar bastante tiempo hasta que la fantasía subida de tono con él desnudo y su sensei en su traje de Santa haciéndole cosas «nada santas» desapareciera de su mente.

Viendo eso, Elmenhilde suspiró. Por un momento, se preguntó si para salvar a su alumno de un posible trauma debería borrar de su memoria acerca lo que acaba de hacer.

—Bien —Christmas Eve por su parte, ignorante del trauma que tal vez acababa de ocasionarle a una pobre alma inocente, sonrió hermosamente—. Ya que todo ha quedado listo, es momento de que nos vayamos. Mientras más rápido terminemos de entrenar, más rápido podré complacerlo en todo lo que me pida.

—¡Deja de usar ese tono, maldita sea! —gruñó Elmenhilde con enojo, viendo como su alumno se desmayaba ante las palabras sensuales de Eve. Podía verse que su nariz estaba llena de sangre y también que algo bastante prominente había despertado por la zona de su pequeña cadera, entallando su traje.

—Ara. Parece ser que Issei-sama ha sufrido un percance —comentó Christmas Eve mientras ponía una mano en su mejilla—. Ufufufu. Parece ser que no hay remedio. Tendré que cargar con su pequeño y lindo cuer…

—¡Ya vámonos! —la interrumpió Elmenhilde, creando un oso de sombras para que cargara a Issei en su espalda. Pudo hacer eso ella misma; pero la verdad no quería poner a su alumno en su espalda mientras estuviera una condición tan… excitada.

Christmas Eve la miró con odio. ¡Ya era la segunda vez que arruinaba un posible «acercamiento» con su adorado Issei-sama!

—«Creo que esa traje la ha vuelto más pervertida de lo que ya era»—se dijo Elmenhilde, ignorando con desgana la mirada de Christmas Eve, y dándole espacio a esta para que alzara su báculo y los tele-transportara con su Magia del Espacio.


Y entonces, una vez que aparecieron en el bosque abandonado que estaba a unos cuantos kilómetros de la ciudad de Kuou, tanto Christmas Eve como Elmenhilde se encontraron con una escena inesperada.

BOOM.

CRASH.

SPLASH

—¿Hmn? —Elmenhilde dio una mirada de ligera sorpresa, con Christmas Eve a su lado haciendo lo mismo. Y es que en frente de ellas, lo que parecía ser un zoológico tenía lugar, solo que no un zoológico normal. Era más como un safari lleno de Bestias Mágicas como perros gigantes, gatos, zorros, elefantes, liebres y demás que un verdadero zoológico. No había algo como una edificación que contuviera a tales criaturas, y todos ellas andaban a sus anchas por el bosque.

Pero eso, aunque raro, no era lo verdaderamente sorprendente. Lo extraño es que las Bestias Mágicas estaban atacando a un anciano de pelo y barba blanca que vestía con un traje de Santa, traje de Santa que enfatizaba la buena condición física de aquel anciano, que de anciano solo tenía las ligeras arrugas en su rostro y el pelo canoso.

Afilando un poco la mirada, Christmas Eve reconoció a aquel anciano que se defendía arduamente de las Bestias Mágicas con lo que parecían ser… ¿bastones de dulce?

—Creo que será mejor si despertamos a Issei-sama —dijo Christmas Eve con una ligera sonrisa—. No creo que quiera perderse para nada el conocer a «esa persona».

Elmenhilde la miró con un poco de confusión, sin entender en que podría interesarle a su alumno el conocer a aquel anciano.

—«A menos que…»

Una expresión de ligera sorpresa apareció en el rostro de Elmenhilde por un momento ante el pensamiento repentino que llegó a su mente, antes de que una sonrisa adornara su rostro. Una sonrisa muy peligrosa.

—¡Ya basta de idioteces, mocoso! ¡Es hora de que te endereces!—gritó, solo para a continuación des-conjurar el oso de sombras que había conjurado, causando que Issei se cayera de cara al piso.

Soltando un gemido de dolor mientras se sobaba su nariz, Issei se levantó con rapidez, solo para echarle una mirada de enojo a Elmenhilde.

—¡¿Por qué hizo eso, Elmenhilde-sensei?! —cuestionó, enfadado.

—¡Deja de quejarte! —le regañó Elmenhilde—. ¡En lugar de eso, pon atención a tu alrededor!

Todavía algo enojado, Issei le hizo caso, solo para encontrarse con la escena del anciano peleando contra el safari de Bestias Mágicas, y sorprenderse.

—¡Rápido! —dijo luego de unos segundos, ya analizando un poco la situación—. ¡Ese Oji-san está en problemas! ¡Tenemos que ayudarlo!

—Eso es lo que íbamos a hacer de todos modos —le dijo Elmenhilde, cruzándose de brazos—. Solo estábamos esperando a que te despertaras.

Con eso dicho, los tres compartieron una rápida mirada, con las adultas en específico trasmitiéndole al menor exactamente cómo iban a proceder.

Y luego saltaron a la acción.

El primer movimiento lo hizo Christmas Eve. Con tranquilidad, ella se tele-transportó a si misma de manera silenciosa entre la multitud de Bestias Mágicas, solo para luego alzar su báculo navideño y hacer que desde tal artículo se emitiera una luz misteriosa (y navideña) de poder mágico, con tal luz mandando a volar a las Bestias Mágicas más resistentes (como los elefantes) y vaporizando a lo menos resistentes (las ardillas y liebres gigantes).

Luego, Elmenhilde conjuró su propio safari de animales de sombras, mandándolos a que hicieran retroceder tantas Bestias Mágicas como pudieran mientras ella golpeaba todo animal que se le pusiera en frente, con solo uno de sus golpes bastando para matar a todo ser que osara entrar en su rango de ataque.

Por último, Issei, a quienes sus senseis deliberadamente le habían hecho un espacio para que se acercara al epicentro del safari, conjuró una espada de sombras y decapitó a un león que había estado a punto de abalanzarse por la espalda en contra del misterioso anciano.

—¡¿Esta bien, Oji-san?! —le cuestionó Issei al anciano, quien le dedicó una mirada de sorpresa por un minuto, antes de, para su impacto, lanzarle uno de sus bastones de caramelo.

Pero rápidamente Issei entendió el accionar de ese anciano, porque el bastón —como movido por un poder superior— golpeó de manera perfecta a un águila que había descendido con su pico posicionado como un taladro en contra de su cabeza, con el águila dispersándose en motas de luz al recibir tal ataque y salvándolo de un posible daño.

[Hmn. Interesante —dentro del Boosted Gear, Ddraig analizó con ojo crítico lo sucedido—. Estas Bestias Mágicas no son seres reales. Son imitaciones de formas de vida hechas a base de poder mágico. Y espero equivocarme; pero todas me recuerdan sobre todo a cierto Sacred Gear con capacidades de creación]

—«¿Hmn? ¿Un Sacred Gear, dices?»—repitió Issei, destruyendo con un rayo de energía oscura a unos perros que se iban a abalanzar en su contra

[Sí —asintió Ddraig—. Pero si lo que pienso es correcto, será mejor que te concentres. Lo más probable es que nos estemos enfrentado a uno de los más peligrosos de todos los Sacred Gears de Tipo Creación que existen]

—Ju, ju, ju. ¿Qué te parece, Sally? Parece ser que el anciano ha conseguido unos aliados.

Sorprendido al escuchar esa repentina voz, Issei desvió su mirada.

Y al hacerlo, casi se cae de espaldas de la sorpresa.

¡Quien había hablado había sido nada más y nada menos que un gato!

Pero no un gato normal ni un gato gigante, ¡sino un gato antropomórfico de un metro ochenta de altura, y que llevaba puesto un sombrero de copas a rayas rojas y blancas y una corbata de lazo rojo!

¡Es decir, un gato como de dibujos animados!

—¡Te lo he dicho cien mil veces, Hatcat! ¡Mi nombre es Besnickel! ¡No Sally! —gritó otra voz, haciendo que Issei desviara de manera mecánica su mirada del gato de dibujos animados, encontrándose así con un niño como de su edad. Un niño de su edad de piel oscura de tipo afroamericano, pelo negro, un rostro lleno de rasgos preciosos que harían que fácilmente cualquiera lo confundiera con una niña, un traje como los que usaban los gnomos de jardín, y lo que más impactó a Issei: ¡tenia orejas puntiagudas como de Elfo y además tenía ojos azules! ¡Ojos azules a pesar de que era afroamericano!

—Lo que tú digas, Sally —le respondió el gato de dibujos animados (Hatcat, al parecer) al tal Besnickel, solo para luego sonreír y posar su mirada sobre Issei—. Pero mira lo que tenemos aquí. ¡Otro niño! Ey, Sally, ¿no te quieres unir a Sally y a mí en nuestro juego?

Tardando un par de minutos en entender que el gato se estaba refiriendo a él al decir el primer «Sally», Issei puso una expresión confundida.

—¿Juego? ¿Qué juego?

—¡El juego de vencer a Santa, por supuesto! —sonrió Hatcat, solo para luego darle una sonrisa al anciano que miraba con preocupación al tal Besnickel, y levantar su sombrero, causando que, para impacto de Issei, varias Bestias Mágicas surgieran desde la parte inferior de su sombrero para luego abalanzarse en contra el misterioso anciano.

Viendo que el anciano había bajado la guardia, Issei se apresuró a rescatarlo.

—¡Dragon Shot! gritó, creando una esfera verde de mana, y lanzándola en contra de las Bestias Mágicas, generando una explosión que las aniquiló de manera rápida.

—Sorprendente, Sally —le dijo el gato Hatcat con una sonrisa, solo para luego negar con la cabeza—. Pero el juego no es así, tontito. Tienes que atacar a Santa, no a nosotros.

—¡¿De qué juego estás hablando?! —le cuestiono Issei con enojo—. ¡¿Por qué atacas a este anciano?! ¡¿Qué mal te ha hecho como para que lo ataques con estas criaturas mágicas?!

—¡Lo atacamos para demostrarle que somos mejores que él! —respondió el tal Besnickel ante sus palabras, echándole una mirada de enojo al anciano—. ¡Aún no se me olvida lo que me dijiste, anciano! ¡Voy a demostrarte a como dé lugar que yo soy mejor que tú!

—Besnickel, yo…

—¡Silencio! ¡No quiero oír tus palabras! —interrumpió Besnickel al anciano, causando que este pusiera una expresión muy triste.

—¡Ey! ¡No le hables así! —regañó Issei al tal Besnickel. Aquel anciano le hacía recordar a su querido Oji-san, que hace un cierto tiempo le había muerto, y no le gustaba ver la expresión triste que las palabras de Besnickel le habían provocado—. ¡¿Qué no sabes lo que es respetar a tus mayores?!

—¡Callate! —lo mandó a callar Besnickel, mirándolo con enojo—. ¡Tú no eres quien para decirme que hacer o para meterte en esta conversación!... Es decir, ¡¿siquiera en primer lugar quien diantres eres tú?!

—¡Soy Hyodou Issei! —le contestó Issei con enojo—. ¡Un chico al que no le gustan las injusticias ni los abusadores como tú!

—¿Abusador yo? —Besnickel resopló, como encontrando la idea risible—. Muy bien. Se nota lo ubicado que estás aquí, así que ni te prestaré atención. ¡Si quieres ayudar a ese anciano, entonces también serás nuestro objetivo!... ¡Hatcat! —Besnickel desvió su mirada hacia al gato antropomórfico—, ¡no pierdas el tiempo! ¡Invoca de una vez a los Zwarte Pieten!

—Ara. Sally, te va a explotar una vena si te enojas tanto —bromeó Hatcat al ver como la expresión de Besnickel estaba llena de enojo.

Besnickel lo miró como si lo fuera a matar.

—Okey, okey. Ya los invoco, Sally; pero no me mires así. Das miedo, ji, ji.

Y tras decir esas palabras juguetonas, Hatcat levantó su sombrero, causando que, de una manera totalmente ilógica, ocho siluetas de tamaño humano surgieran, solo para luego solidificarse y convertirse en ocho seres muy extraños.

Cuatro eran de apariencia femenina y cuatro eran de apariencia masculina. Eran muy parecidos a los humanos; pero sus partes inferiores eran como las de los Centauros y sus pieles parecían estar hechas de algún tipo de mineral negro. Tenían pelo rizado, ropa de la época renacentista cubría su parte superior, usaban aretes de oro y gorros con plumas, y tenían unos labios muy gruesos que parecían estar hechos de rubíes.

En palabras sencillas, a Issei la parecieron más estatuas de personas muy estrambóticas que seres vivos; pero la forma en que aquellos seres respiraban le dijo que no se trataban de estatuas, pese a lo que su constitución inhumana indicaba.

—¡No puede ser! —por su parte, el anciano lució incrédulo al ver a aquellos seres—. ¡No deberías poder invocar a los Zwarte Pieten fuera de mi aldea y sin mi permiso! ¿Acaso…? ¡¿Acaso te atreviste a hacer un Pacto con Black Peter a mis espaldas, Besnickel?!

—¡Nada de eso! —negó Besnickel con una sonrisa presumida, disfrutando de ver como el anciano lo miraba con sorpresa—. ¡No soy un idiota como para hacer Pactos con Espíritus Malignos de verdad! ¡Simplemente le enseñé a Hatcat los pasos para invocarlos, y él aprendió a crear cuerpos físicos con los cuales pudiera obligarlos a descender y hacer su voluntad! ¡Tal vez no sean iguales a Black Peter y sus hijos; pero estoy seguro que con lo cansado que estás ni siquiera podrás ganarle a estas imitaciones de tercera categoría!

—¡Ey, que yo hice estas «imitaciones de tercera categoría»! —se quejó Hatcat, luciendo algo ofendido.

Por su parte, Issei, que no entendía nada de aquella conversación, se puso en guardia al ver como los Zwarte Pieten empezaban a tomar posiciones hostiles.

Fue justo en ese momento que Christmas Eve y Elmenhilde terminaron de matar a todas las Bestias Mágicas y se acercaron a donde estaban Issei y el anciano.

—¿Hmn? —Christmas Eve le echó una mirada curiosa a Besnickel, causando que el mencionado se sintiera nervioso, igual que una rata que se encuentra ante un científico que parecer querer diseccionarlo—. ¿Un Dokkálfr por estas tierras orientales? ¿Y uno tan joven, sobre todo?

—¿Debo suponer por tus rasgos que eres unos de los engendros de la idiota de Freya en lugar de un simple Dokkálfr común y corriente? —cuestionó Elmenhilde, mirando a Besnickel como un depredador que mira una posible presa, causando que el mencionado se pusiera aún más nervioso.

Dicho eso, la mención del nombre de esa tal «Freya» pareció llenar a Besnickel de un disgusto sin fin, al punto de poder ignorar el temor que sentía por aquellas mujeres.

—¡Ey, Hatcat! ¡Haz que los Zwarte Pieten ataquen a esas mujeres también! —le gritó a su compañero gatuno —. ¡Haz que tres ataquen a cada una, y envía a los dos más fuertes en contra en contra de ese mocoso entrometido y ese anciano de basura!

—Entendido, Sally —asintió Hatcat, poniendo una expresión extremadamente seria al ver a aquellas mujeres. Sobre todo al ver a Elmenhilde, por alguna razón.

Por su parte, Besnickel lo miró con irritación.

—¡Que no me llamo Sally, demonios! ¡MI NOMBRE ES BESNICKEL!

Y con ese grito de parte de Besnickel, seis Zwarte Pieten (tres por cada una) se abalanzaron en contra de Christmas Eve y Elmenhilde, causando que ambas, dejando de lado su odio mutuo, compartieran una breve mirada y supieran lo que iban a hacer.

—Bien. Si quieres jugar mocoso, jugaré contigo —comentó Elmenhilde, solo para luego hacer que su sombra se extendiera e introducir a los tres Zwarte Pieten y a si misma dentro de ellas, desapareciendo como consecuencia en una marejada de sombras.

—Espéreme aquí un momento, Issei-sama —le dijo Christmas Eve a Issei, dedicándole una breve mirada antes de fijar su vista sobre los Zwarte Pieten que iban en su contra—. Tengo que aplastar unos insectos, y lamentaría mucho el que la sangre de estas basuras le salpicara por accidente.

Y tras decir eso, Christmas Eve alzó su báculo navideño, causando que una misteriosa luz (navideña) cubriera todo el lugar, solo para que al disiparse se develara que ni Christmas Eve y los Zwarte Pieten se podían ver en ningún lugar.

Eso dejó solo a Issei, al misterioso anciano, a Besnickel, al gato antropomórfico Hatcat y a los dos últimos Zwarte Pieten.

—Muy bien —Besnickel empezó a tomar una posición ofensiva—. ¡Quedamos solo tú y yo, anciano! ¡Es hora de que yo y Hatcat te demostremos nuestro po…!

Las palabras de Besnickel fueron interrumpidas cuando sorpresivamente Hatcat lo agarró y lo cargó al estilo princesa

—¡¿Eh?! —Besnickel dio una mirada confundida, antes de entender lo que pasaba y empezar a agitarse con furia—. ¡¿Qué haces, Hatcat?! ¡Suéltame! ¡Dejame pelear!

—Lo siento, Sally —Hatcat, agarrando a Besnickel sin que los movimientos del mencionado parecieron causarle problema alguno, levantó su sombrero—. Pero el juego ha cambiado. Han entrado rivales muy poderosos, así que tenemos que hacer un tiempo fuera mientras le pedimos a la Gran Sally que nos dé mejores juguetes. Por ahora, deja el juego de derrotar a Santa en manos de Ukkonen, Salama y el resto de sus hermanos.

Y tras que dijera eso, Hatcat hizo que desde su sombrero algo parecido a un agujero negro surgiera, agujero dentro del cual se metió a sí mismo y a Besnickel, desapareciendo así del campo de batalla mientras su sombrero también era tragado por el agujero negro.

Issei, que estaba viendo eso mientras tenía su guardia concentrada en los tales Zwarte Pieten, no pudo evitar dar una mirada de asombro.

—«¡Cada vez se parece más a un gato de dibujos animados!»—comentó, impactado.

[¡Concéntrate! —lo regañó Ddraig—. ¡No estoy muy seguro de lo que son esas cosas; pero por la cantidad de energía mágica que emiten son más fuertes que un Demonio de Clase Alta! ¡Si a eso le sumamos las posibles habilidades que pueden tener, no hay tiempo para tonterías! ¡Recuerda tu entrenamiento, compañero!]

—«¡Si! ¡Lo sé! ¡Solo estaba comentando la situación!»—refunfuñó Issei, no gustándole para nada el ser regañado por Ddraig. ¡Prefería cien mil veces su comportamiento infantil!

—Lamento el arrastrarte a esta situación, niño —le dijo el misterioso anciano con ligera tristeza, sacándolo de sus pensamientos quejumbrosos—. No quiero que salgas lastimado por mi culpa, así que por favor estate atento a mi señal. Te abriré espacio para que puedas huir mientras yo me encargo de estas cosas.

—¡Nada de eso, anciano! —le gritó Issei en respuesta, sorprendiendo al anciano—. ¡Yo me metí en esto porque quise! ¡No sé cuál es el problema de ese enano de orejas puntiagudas; pero no pienso dejarte solo en esto! ¡No te preocupes por mí! ¡Yo me sé defender!

—Ya veo —murmuró el anciano en respuesta, poniendo una expresión cálida—. Se nota que eres un buen niño… Muy bien. Si en esa estamos, puedes pelear; pero siempre quedate cerca de mí. Tal vez mi cuerpo esté al límite y no pueda dar mi 100%; pero mientras quede un poco de energía en estos viejos huesos, jamás permitiré que un niño salga lastimado en mi presencia.

—¡Bien! —dijo Issei, inflando un poco las mejillas con enojo. ¡Como odiaba ser tratado como un niño (aunque era uno)!—. ¡Por cierto, Oji-san, mi nombre es Issei! ¡Grabátelo porque no me gusta que me llamen niño!

—Conque Issei, ¿eh? —repitió el anciano, antes de asentir—. Muy bien, Issei, mi nombre es Nicolás. Espero que puedas seguirle el ritmo a estos viejos y cansados huesos.

Y tras que Nicolás dijera eso, los Zwarte Pieten que tenían en frente —Ukkonen y Salama— se abalanzaron en su contra.


En otro lugar, Elmenhilde apareció de repente desde la sombra de un árbol, los tres Zwarte Pieten que la habían atacado siendo tirados de la misma sombra como si fueran balas, aunque tal hecho no pareció generarles ningún daño.

—Muy bien —Elmenhilde los analizó con la mirada—. Supongo que pueden hablar, así que háganlo. Me gusta escuchar los gritos de súplica de mis presas mientras las devoro.

—Ja. Cuanta arrogancia —un Zwarte Piet de apariencia femenina escupió con desprecio, revelando que, tal como decía Elmenhilde, si era capaz de hablar—. Solo te satisfaceremos porque a nosotros nos gusta que las personas que matamos sepan nuestros gloriosos nombres… Yo soy Tanssija, la Bailarina Arcoíris, y soy quien tendrá el gusto de matarte y apoderarse de tu cuerpo para volver a su 100% de poder.

—Yo soy Siro, el Acróbata Celestial —se presentó también un Zwarte Piet de apariencia masculina—. Soy quien te mostrará lo que una verdadera acrobacia puede hacer.

—Y yo soy Leikkisa, la Bromista Ilusoria —se presentó por ultimo otra Zwarte Piet de apariencia femenina—. Soy aquella que te mostrará tus peores pesadillas.

Elmenhilde resopló al oírlos.

—Y yo soy Elmenhilde Karnstein Dráculea —se presentó ella también, dándole una mirada de desprecio a los tres Zwarte Pieten—, alguien a quien no le interesa como demonios se llaman, y que sencillamente los devolverá al Infierno de donde salieron de un puñetazo.

Y tras que Elmenhilde dijera eso, la pelea comenzó.

Haciendo una mueca de odio ante sus palabras arrogantes, Tanssija previno un posible ataque de Elmenhilde de una manera sorpresiva: disparándole desde su mano un rayo de luz arcoíris, rayo que, sin siquiera prestarle atención, Elmenhilde hizo que su sombra absorbiera y, para sorpresa de Tanssija, fuera disparado de regreso en contra de su dueña.

—¡Dos pueden jugar a ese mismo juego! —gritó Siro al ver eso, hacienda un movimiento con su mano y causando que un portal apareciera ante Tanssija, portal que absorbió el rayo de luz arcoíris al mismo tiempo que otro portal aparecía en el cielo y liberaba el rayo en contra de la tierra; mas en específico, en contra de Elmenhilde.

—¿De nuevo? —dijo Elmenhilde con desprecio, antes de alzar un brazo y, para impacto de los Zwarte Pieten, desvanecer el rayo de luz con su mano derecha, la cual prácticamente fue carbonizada por tal estrategia; pero solo en segundos volvió a quedar como nueva.

Decidiendo no quedarse quieto a pesar de su sorpresa, Siro hizo que una jabalina apareciera en su mano derecha desde un portal, y luego se abalanzó en contra de Elmenhilde con una velocidad digna de un ser mitad-caballo. Elmenhilde, sin embargo, vio aquel ataque como en cámara lenta, y con aburrimiento levantó su sombrilla (edición navideña) y se dispuso a empalar en la parte inferior a Siro con un sencillo movimiento que se aprovechó del propio impulso del ente mitad-caballo, quien no pudo esquivar tal ataque y vio su torso empalado.

Pero, en lugar de que Siro sangrara o sucediera cualquier cosa que indicara que había sido herido, sucedió que Siro se desvaneció como si fuera un espejismo, causando que Leikkisa sonriera.

—«¡A que no te esperabas eso!»—pensó con diversión, viendo como Siro abría un portal y aparecía a espaldas de Elmenhilde, solo para luego aprovechar el aparente estado expuesto de la mencionada, y empalarla con su jabalina en el corazón, generando una sonrisa en los tres Zwarte Pieten. ¡Habían ganado tan fácilmente!

Pero la sonrisa de Siro se borró cuando, para su shock, un tentáculo de oscuridad atravesó su estómago.

—«¡¿Que…?!»—pensó, impactado, retrocediendo rápidamente mediante su poder para abrir portales mientras soltaba su jabalina y aplicaba Magia Curativa en su zona herida, la cual, para su shock, no parecía querer curarse por nada del mundo.

Mientras tanto, Elmenhilde sacó la jabalina de su pecho con un sencillo movimiento, solo para que luego el gigantesco agujero que se había formado por tal ataque se desvaneciera en cuestión de segundos.

—¡No hay remedio! —dijo Tanssija con enojo al ver eso, sus dientes apretándose con rabia—. ¡Con el nivel de estos cuerpos inferiores no podemos compararnos con ella! ¡Tendremos que trabajar en equipo si queremos matar a esa perra!

Asintiendo ante las palabras de su hermana, los otros dos Zwarte Pieten comenzaron con un nuevo y sincronizado ataque.

Primero, Tanssija disparó una gran andanada de rayos arcoíris en contra de Elmenhilde, que sólo miró aquel ataque con aburrimiento y con movimiento sencillos pero llenos de una velocidad sin igual esquivó cada rayo. Siro, sin embargo, sonrió al ver eso, y abrió portales por todos los alrededores de Elmenhilde, causando que todos los rayos de luz que ella había esquivado fueran regresados desde todos los ángulos posibles en contra de la vampiresa con traje de Santa.

BOOOM.

—¿En serio eso es todo lo que tienen? —desde la cortina de humo formada por el ataque combinado de Tanssija y Siro, se escuchó la voz de Elmenhilde, para total asombro y miedo de los Zwarte Pieten—. ¿Solo pueden hacer el mismo truco y una otra vez?

—¡Con que quieres trucos nuevos, ¿eh?! —gritó Tanssija con enojo y miedo, su cuerpo empezando a moverse entonces como si realizara algún extraño baile donde el tener cuatro patas no resultara ningún problema—. ¡¿Qué te parece esto entonces?! ¡Tuhat Sateenkaaren Askelta! (¡Mil Pasos Arcoíris!)

Y con aquel grito de Tanssija, su cuerpo se volvió una gigantesca esfera disco que lanzaba rayos arcoíris por doquier, con sus compañeros Zwarte Pieten viéndose indemnes de tal movimiento gracias al poder de Siro, que hacía que todos los rayos que iban en su contra y la de Leikkisa salieran disparado en contra de Elmenhilde mediante sus portales. Viendo eso, Leikkisa además decidió hacer un aporte a la situación al crear múltiples ilusiones de Tanssija, haciendo así más difícil adivinar de donde podrían llegar los rayos arcoíris.

Como resultado, cuando el ataque de Tanssija llegó a su fin, se pudo observar en el piso a un trozo ennegrecido de carbón de lo que alguna vez fue Elmenhilde.

—¡Ja! ¡Toma eso, perra! —gritó Tanssija, eufórica—. ¡Incluso con mi poder limitado, te pude dar una paliza! ¡Espero que te estés retorciendo en el Infierno de donde hayas salido!

—Hermana… — Leikkisa la miró con enojo—. ¡¿No ves lo que has hecho?! ¡Destruiste su cuerpo por completo! ¡Ahora ninguna de las dos podrá soñar con volver al mundo de manera adecuada y liberar a nuestro padre de las manos de ese tonto vejete de rojo!

—Bah —Tanssija, que de repente pareció caer en cuenta de las palabras de Leikkisa, desvió la mirada mientras fingía prepotencia—. Luego podemos buscar otros cuerpos. Estoy seguro que nuestros hermanos si lograran apoderarse de los cuerpos de sus oponentes. Solo tendremos que esperar a que ellos maten a ese niño de orejas puntiagudas y a ese tonto gato ensombrerado… Que tontos ambos por creer que por invocarnos de esta manera no hallaríamos una manera de liberarnos de su control —se burló ella de Besnickel y Hatcat, atrayendo también una sonrisa burlona en sus dos hermanos.

Sin embargo, la sonrisa de los tres Zwarte Pieten se borró al oír una voz:

—Ya veo. ¿Así que eso es lo que planean?

—«¡Imposible!»—pensaron los tres Zwarte Pieten, solo para luego desviar la mirada y encontrarse con una escena impactante: el trozo ennegrecido que estaba en el suelo se estaba regenerando a velocidades absurdas, llegando al punto en que, tan solo unos segundos después, Elmenhilde regresó al mundo totalmente ilesa, con su traje de Santa incluso habiendo quedado sin ninguna herida.

—Me disgustan muchas cosas; pero principalmente odio tres —dijo Elmenhilde, mirando a los paralizados Zwarte Pieten como si fueran insectos—. Número uno: la gente arrogante. Número dos: los traidores… Y número tres: ¡la gente que me insulta!

Y entonces Elmenhilde alzó su mano, y, para sorpresa de las Zwarte Pieten femeninas, Siro cayó al piso retorciéndose, desde la herida en su estómago una energía oscura destilándose y cubriendo todo su cuerpo.

Segundos después, Siro explotó por completo.

BOOM

—«¡No puede ser! —Tanssija, viendo como su hermano acababa de explotar con su cuerpo dispersando cientos de escombros de gemas en lugar de cualquier tipo de líquido, dio una mirada shockeada—. ¡¿I-Insertó su poder mágico en la herida que le hizo a Siro, y luego hizo que ese poder mágico lo hiciera explotar desde adentro?! ¡¿Q-qué demonios?! ¡¿Q-qué clase de control de poder mágico es ese?!»

—Ahora sigues tú —le señaló Elmenhilde con desprecio, y a continuación, para incredulidad tanto de Tanssija como de Leikkisa, todos los escombros de gemas que alguna ver fueron parte de Siro flotaron por toda la zona, aquella extraña energía oscura que hizo explotar a Siro rodeándolos.

Y entonces, con un sencillo movimiento de la mano de Elmenhilde, todos los escombros se convirtieron de repente en estacas de energía oscura, estacas que se lanzaron en contra de Leikkisa y Tanssija por todos los ángulos.

—¡Ni creas que con esto me matarás! —dijo Tanssija con enojo, para a continuación empezar a disparar rayos arcoíris por todos lados con las intención de destruir las estacas.

Pero, para su impacto, ¡las estacas absorbieron sus rayos como si nada y crecieron en tamaño, volviendo su ataque inútil!

—¡¿Que demo…?!

Tanssija ni siquiera tuvo tiempo de blasfemar antes de que su cuerpo explotara en cientos de pedazos, víctima de una empalación perfecta realizada en un completo ángulo de 360 grados.

Leikkisa, por su parte, logró sobrevivir gracias a que la mayor parte de las estacas atravesaron a su hermana; pero de todas maneras quedó muy malherida por aquel inmenso ataque de área.

Viendo eso, Elmenhilde camino con tranquilidad hacia ella, su rostro sereno e indiferente indicando que todo lo sucedido anteriormente había sido simplemente un juego perverso de su parte.

—¡T-te arrepentirás de esto! —gritó Leikkisa al verla acercarse, furia y miedo mezclado a partes iguales en su tono—. ¡Y-yo y mis hermanos somos Espíritus! ¡E-estos cuerpos son meros artículos desechables que no nos permiten soltar todo nuestro poder! ¡Algún día regresaremos al mundo a nuestro 100% y haremos de tu vida una pesadilla!

—Oh, querida —Elmenhilde sonrió como una dama de la nobleza que veía a un bufón—. Yo misma soy una pesadilla con vida.

Y diciendo eso, Elmenhilde «jugó» un poco más y demostró su punto. Mediante su cambio de forma vampírico alteró su hermoso aspecto de una manera horrible, convirtiéndose en un esperpento de la naturaleza tan horrible que ni el mismísimo Lovecraft sería capaz de verlo de frente sin morir del miedo.

Y tras hacer eso, Elmenhilde —o la cosa monstruosa en la que la mencionada se había convertido—, simplemente…

Abrió su boca y se comió a Leikkisa.

Luego la escupió en una ráfaga de energía oscura, con los gritos de horror de la ya difunta Leikkisa resonando como un eco en el ambiente.

—Ah —volviendo a su forma de niña con traje de Santa, Elmenhilde dio una sonrisa, eructando por un breve momento lo que parecía ser un ojo—. Como amo poder cambiar de forma para asustar a la gente.

Tras decir eso, Elmenhilde dio una mirada a su alrededor por un momento, solo para negar con su cabeza con decepción.

—Que lastima que no hayan estado a su 100% —dijo ella con verdadera decepción—. Me hubiera gustado que duraran mucho más de lo que duraron; pero meh, así es la vida. A veces a una dama también le toca tratar con basura.

Elmenhilde entonces miró a lo lejos mientras se cubría con su sombrilla.

—Me pregunto cómo le irá a la bruja y al mocoso —pensó en voz alta—. De la bruja ni me preocupo; pero…

A la mente de Elmenhilde vino la imagen de su alumno muriendo de una forma extremadamente atroz, cosa que no pareció generarle ningún tipo de reacción externa; pero quien la conociera de verdad pudo haber visto como la imagen le generó agitación.

—Ni modo —dijo Elmenhilde mientras borraba la imagen de su mente—. ¡Si ello llega a pasar, yo misma lo resucitaré solo poder matarlo con mis propias manos! ¡Ningún alumno mío tiene permitido morir sin mi permiso!

Dicho eso, a pesar de decir esas palabras, Elmenhilde no hizo ni el más mínimo amago de acercarse e ir a ayudar a Issei. Podía sonar arrogante; pero confiaba en sí misma y en el entrenamiento que le había dado al pequeño mocoso. Por lo menos, tomando en cuenta el nivel de los tipejos con los que se había peleado, no creía tener que ir a socorrerlo.

—«Pero de todas maneras enviaré algunos Familiares para ver cómo le va»—pensó Elmenhilde igual que una madre (o tal vez una abuela) que se hacia la dura y la cascarrabias pero en realidad era una mujer que se preocupaba con excesiva facilidad por aquellos que le importaban.


Y mientras tanto, en otro lado, al mismo tiempo que Elmenhilde empezaba a luchar en contra de Tanssija, Siro y Leikkisa, Christmas Eve y los Zwarte Pieten que eran sus oponentes aparecieron con un destello en un campo desolado: una dimensión de bolsillo creada por Christmas Eve de manera rápida y espontánea, aunque no por ello con poca destreza inaudita.

—Bien —Christmas Eve echo una mirada analítica sobre los Zwarte Pieten por un breve momento, para luego hacer su veredicto—. Por lo que veo, ustedes son parte de los ocho primeros Zwarte Piet que son hijos del Legendario Espíritu Maligno Black Peter. Meramente soy yo adivinando; pero por sus firmas de energía se tratan de los Zwarte Pieten Jusksija el Alegre Brillo Arcoíris, Komeetta de la Dicha Veloz y Amore la Cupido Maldita, ¿no es así?

Ante sus palabras, todos los Zwarte Pieten se llenaron de asombro.

No era raro que existieran magos o personas muy sabias que conocieran sus nombres. En los Países Bajos, los magos sabían de su existencia incluso aunque la gran mayoría los consideraban como cuentos infantiles. Sin embargo, saber de su existencia y lo que aquella mujer acababa de hacer era otra. ¡No se suponía que con esos cuerpos falsos existieran seres que pudieran reconocerlos a plena vista! De no ser porque literalmente estaban acostumbrados los unos a los otros, ni ellos mismos podrían diferenciarse, así que, ¡¿cómo demonios esa mujer, que nunca había tenido la desgracia de toparse con ellos, podía saber quiénes eran?!

—Bien —Christmas Eve, que sencillamente había estado murmurando en voz alta, asintió con aprobación al ver que teoría había sido confirmada—. Al principio pensé que tendría que soltar buena parte de mi poder ya que se trataban de Espíritus Legendarios; pero ya veo por su estado actual que esto será muy sencillo… Bien, insectos —Christmas Eve se dirigió hacia los Zwarte Pieten al decir esto—, siéntanse afortunados. Me siento generosa ya que estamos en Diciembre, así que no los aplastare como las basuras que son. Simplemente los destruiré mientras les enseño la dicha de la Navidad. Pueden sentirse agradecidos.

Al oír aquellas palabras llenas de total desprecio, los Zwarte Pieten apretaron los dientes con furia. Era cierto que no estaban ni de cerca a su pleno poder; ¡pero aun así podrían darle fácilmente una paliza a un Demonio de Clase Alta común y corriente! ¡Aquella mujer no podía hablarles así como así!

—¡Ya te vamos a enseñar quien va a aplastar a quien! —gritó Jusksija, un Zwarte Piet masculino, para luego hacerle señas a sus hermanos—. ¡Vamos! ¡Démosle con todo a esta perra!

Asintiendo ante sus palabras, sus hermanos atacaron a Christmas Eve.

La primera en atacar fue Amore, la única Zwarte Piet femenina del grupo. Ella conjuró un arco de la nada, y conjuró lo que parecían ser flechas de luz rosáceas con puntas en formas de corazón. Ella luego entonces disparó varias flechas de manera rápida, con cada flecha dividiéndose a su vez en múltiples flechas de luz, creando así al final un aluvión de flechas que salió disparado en contra de Christmas Eve.

Luego, Komeetta decidió hacer su aporte a la situación. Él tenía el pode de encantar las cosas para darles ciertas propiedades, poder que —al igual que los poderes de sus demás hermanos— estaba muy limitado por su cuerpo actual; pero aun así podía demostrar un buen desempeño. Y prueba de ello fue que con una rapidez excepcional él logró encantar todas y cada una de las flechas disparadas por Amore para que persiguieran a Christmas Eve como si fueran misiles teledirigidos, dando como resultado que todos y cada uno de las flechas se dirigiera con precisión milimétrica en contra de Christmas Eve.

Por último, Jusksija dio el toque final. Al igual que Tanssija, él tenía el poder del arcoíris, así que su ataque estuvo relacionado con eso. Él junto sus manos creando algo que parecía un cubo arcoíris, y luego hizo que ese cubo saliera volando en contra de Christmas Eve. Así, se proponía Jusksija, el haría que el cubo dispersara un ataque de área sobre aquella arrogante mujer justo después que las flechas de Amore la golpearan y explotaran.

Lástima que su plan no salió como esperaba.

Y es que ninguno de sus ataques lograron hacerle nada a Christmas Eve. Cada una de las flechas encantadas rebotaron como si fueran de hule y salieran disparadas de regreso por donde vinieron, lo cual impactó a Komeetta, ya que se suponía que las flechas estaban encantadas para siempre perseguir a aquella mujer.

«¿Acaso…? ¡¿Acaso se deshizo de los Encantamientos en el instante en que las flechas la tocaron?!»—pensó Komeetta con incredulidad.

Pero no tuvo tiempo de pensar nada más, porque justo en ese instante el cubo arcoíris de Jusksija impresionó sobre Christmas Eve… solo que la energía liberada rebotó y la explosión terminó invirtiéndose, de manera que lucio como si fuera Christmas Eve quien hubiera liberado la descarga de energía en contra de los Zwarte Pieten, quienes, con incredulidad, vieron sin poder hacer nada como su propios ataques se regresaban en su contra.

BOOM.

—Estaba dispuesta a mostrarles la dicha de la Navidad —exclamó Christmas Eve, la cortina de humo que se había generado por la explosión de los ataques de los Zwarte Pieten revelándose y mostrando que los mencionados, aunque notablemente heridos, todavía seguían con vida—; ¡pero ya veo que son escorias que no son capaces de apreciar la finura y la belleza! ¡No merecen nada de mi parte! ¡Simplemente los destruiré como los insectos que son!

Y tras decir eso, Christmas Eve alzó su báculo y concentró su inmenso poder mágico en él, haciendo que el mencionado artículo fuera rodeado por su aura hasta convertirse en algo que aturdió a los heridos Zwarte Pieten.

—«¡¿Un mata-moscas gigante?!»—pensaron en shock los entes mitad caballo, minutos antes de que Christmas Eve alzara su gigantesco mata-moscas y…

… los aplastara con eso.

BOOOMMM.

Como efecto colateral de toda la energía que Christmas Eve había concentrado para hacer su gigantesco mata-moscas, una explosión en la misma escala de una bomba nuclear fue liberada, generando un efecto ridículo que de haberse usado en el mundo real hubiera destruido cuando mínimo varias hectáreas de una ciudad (o tal vez una ciudad por completo)

Y viendo eso, Christmas Eve suspiró decepcionada de sí misma.

—Me deje llevar por el enojo y usé más poder del necesario —se dijo, viendo como de los Zwarte Pieten no quedaba ni el más mínimo rastro. Una persona normal se sentiría feliz por ver eso; pero a Christmas Eve, que había comprendido la importancia de ahorrar para dar buenos regalos, aquel hecho la decepcionaba de auto-decepción. ¿Cómo le vería su amado Issei-sama si por accidente destruyera una ciudad en el mundo real?, se preguntaba con tristeza y auto-reproche.

«Lo que es peor… —pensó Christmas Eve con enojo—. ¡Los contenedores físicos de aquellos seres estaban hechos de gemas! ¡En vez de vaporizarlos debí arrancarles parte por parte y luego regalarle cada una a Issei-sama y sus padres! ¡Estoy segura que a Isane-san le hubiera encantado un collar hecho de rubíes! ¡Se hubiera puesto tan alegre que quizás incluso me hubiera dejado pasar tiempo "a solas" con Issei-sama…!»

Pensando eso, a la mente de Christmas Eve vino la imagen de su pequeño y adorable Issei-sama desnudo y enseñándole algo que no era pada nada pequeño y adorable, tal y como había pasado hace un rato antes de que se diera a lugar la batalla que se estaba dando.

Fue entones que una sonrisa apareció en su rostro mientras empezaba a fantasear en cosas nada «santas» o dignas de una Santa (de Navidad) mientras su fantasía iba tomando rumbos muy fogosos.

Y es que, aunque Christmas Eve no lo sabía, ¡al haberse fusionado con la Navidad su ánimo de dar (amor) y recibir (amor) se había multiplicado!... O como Elmenhilde diría: «¡Tu perversión es lo único que se esa traje ha incrementado, perversa bruja shotacona

Pero eso, siendo sinceros, no era ningún problema ni para Christmas Eve ni para el objetivo de su afección.

Y hablando de ese objetivo de afección…


Mientras su senseis «peleaban» en contra de sus respectivos «oponentes», Issei también daba su propia batalla, pues justo después de que Besnickel y Hatcat se fueran y el misterioso anciano le dijera que se llamaba Nicolás, los tales Zwarte Pieten que eran sus oponentes —Ukkonen y Salama, según le había escuchado decir a Hatcat— se abalanzaron en su contra, solo que, para su impacto, no lo hicieron de una manera normal, pues los Zwarte Pieten se convirtieron en energía pura y se abalanzaron en su contra como si fueran rayos.

—«¿Qué…?»—sorprendido, Issei no estuvo muy seguro de cómo reaccionar ante aquel ataque, y quedó paralizado.

Pero afortunadamente, no estaba solo. Nicolás a su lado, sin lucir muy sorprendido, juntó sus manos como si estuviera orando, creando alrededor de ambos una barrera de energía lumínica que hizo que los Zwarte Piet retrocedieran, incapaces de perforarla.

—¿Q-qué fue eso? —le cuestionó Issei a Nicolás, todavía sorprendido. Era su primera vez enfrentándose a un movimiento como ese.

—Ese fue el poder de Ukkonen y Salama, los Rayos Gemelos —le explicó Nicolás, sin apartar su mirada de los Zwarte Pieten que a lo lejos volvieron a tomar sus formas físicas—. Pueden transformarse en partículas mágicas y convertir su cuerpo en energía pura con atributos eléctricos. En pocas palabras, pueden convertirse en , Issei miró a Ukkonen y Salama en shock.

Pero no porque les tuviera miedo, sino porque…

«¡Eso es igualito que las Akuma no Mi tipo Logia de One Piece!»—se gritó a sí mismo, sacando a relucir su lado otaku.

[Más bien es como el poder Black Thunder de la Cadre Rámiel —lo corrigió Ddraig—. No parece que puedan moverse precisamente a la velocidad de la luz y tampoco cuentan con Poder Sacro; pero básicamente es lo mismo. Y eso nos va a resultar un gran problema porque…]

—En ese estado, Ukkonen y Salama ganan inmunidad a los ataques físicos —continuó explicando Nicolás—. Tratar de golpearlos en combate a cuerpo solo resultará en qué terminemos siendo heridos por la energía eléctrica de sus cuerpos, y nuestros ataques simplemente los atravesaran. La única forma de vencerlos es con ataques de energía o ataques elementales; pero… —Nicolás hizo una mueca—. Sus cuerpos están hechos de rayos, así que realmente aparte del viento y la oscuridad no hay muchas cosas que puedan afectarlos, e incluso con esos ataques, se requiere cierto nivel de poder para poder causar un verdadero daño fulminante. En mi estado actual, no puedo liberar esa clase de ataques de energía, así que lamentablemente estamos en un gran aprieto.

—¡De eso nada! —gritó Issei, para luego centrar su mirada en Ukkonen y Salama—. Con que ataques de oscuridad y viento, ¿eh? ¡Pues resulta ser que yo justamente tengo ataques de esos dos elementos!

Y tras decir eso, Issei alzó su mano izquierda y gritó:

Sozo: Yami no Shi no Nami

Y a continuación, un rayo de energía oscura salió disparado en contra de Ukkonen y Salama, que ni cortos ni perezoso tomaron maniobras defensivas al convertirse en energía pura, evadiendo la Yami no Shi no Nami de Issei con relativa facilidad.

Pero Issei se esperó algo como eso, así que ya tenía preparado otro ataque.

—¡Sozo: Vu~oido no Uzu! (¡Crear: Vortex del Vacío!)

Y tras gritar eso, Issei liberó desde su mano derecha algo parecido a una esfera de remolino, esfera que luego salió apresurada en contra de Ukkonen y Salama, quienes de inmediato trataron de esquivarla aun en sus formas de rayos, solo para encontrarse con sorpresa con que la esfera de remolinos «explotaba», creando un mini-tornado de ráfagas cortantes que dispersó sus formas de energía y los obligó a retomar sus formas físicas, en donde sufrieron una buena serie de heridas como producto de las ráfagas que generaban cortes como si fueran navajas.

Nicolás vio eso con sorpresa.

—«¿Magia de Viento? —pensó, antes de negar con la cabeza—. No. Esto es algo distinto. La base esencial de toda forma de magia es manipular el mundo para crear un fenómeno, ya sea mediamente la imaginación o mediante cálculos. Sin embargo, lo que él hizo fue más bien… "crear" el fenómeno. A primera vista pareciera que es casi lo mismo; pero, si logra comprender con exactitud lo que hace e incrementa lo suficiente su energía, podría crear algo más…»

—¡¿Viste eso, Oji-san?! —gritó Issei, sacando a Nicolás de sus pensamientos—. ¡Ya no tienes nada de qué preocuparte! ¡Esta batalla será pan comido!

Al escuchar eso, Nicolás no pudo evitar hacer una expresión cálida.

—«Aun es un niño —pensó, viendo como a leguas se notaba que Issei quería ver una mirada de admiración en su rostro como todo niño que busca la aprobación de su mayor. Igual que…

Al pensar en «cierto niño», la expresión de Nicolás se volvió melancólica.

Viendo eso, Issei no pudo evitar preocuparse. No estaba muy seguro del porqué; pero de alguna manera se le hacía muy fácil pensar en Nicolás como si fuera su abuelo. Verlo triste lo llenaba también de tristeza, sobre todo porque lo hacía recordar a su Oji-san, con quien era bastante unido.

Pero no tuvo tiempo de preguntarle a Nicolás sobre lo que le pasaba, porque en ese momento Ukkonen y Salama decidieron mostrar que ellos —así como el resto de sus hermanos— también podían hablar.

—¡Tú…! ¡Mocoso del demonio! —gritó Ukkonen, el Zwarte Piet masculino, su cuerpo de gemas lleno de cortes; pero todavía luciendo como si pudiera dar para rato—. ¡Esto no se quedará así!... ¡Salama, matemos primero a ese muchacho y luego nos vengamos de ese vejete por lo que le hizo a nuestro padre!

—¡Entendido, hermano! —gritó Salama, la Zwarte Piet femenina, antes de darle una mirada mortal a Issei y junto a su hermano convertirse en rayos, solo para luego abalanzarse en su contra.

Aunque algo nervioso ya que en esas formas Ukkonen y Salama eran más rápidos que él, Issei los esperó con la guardia alta. Tal vez fueran más rápidos; pero él tenía más trucos. Al fin y al cabo, con unos cuantos Boost creía poder igualar la velocidad de esos seres, que tampoco se movían tan rápido como uno podría esperar de seres que se convertían en rayos.

Pero no hizo falta eso, porque tanto Ukkonen como Salama se vieron incapaces de acercarse, ya que Nicolás volvió a crear a aquella extraña barrera que ellos simplemente fueron incapaces de perforar.

[Hmn —dentro del Sacred Gear, Ddraig miró a Nicolás con curiosidad—. Ese viejo dice que está en las últimas y que no puede usar su 100%; pero, ¿aun así puede repeler con facilidad los ataques de esos dos seres? ¿Qué tanto es entonces su verdadero poder?]

Issei, por su parte, no le hizo caso a la cháchara de Ddraig y decidió aprovechar el momento para atacar.

—¡Sozo: Kaze no Tanken! (¡Crear: Daga de Viento!)

Y a continuación, en la mano derecha de Issei una daga de viento fue creada, daga que Issei luego lanzó en contra de Ukkonen, que con rapidez trató de esquivar el ataque; pero no pudo lograrlo con total precisión, y aun en su forma de rayo terminó con su brazo derecho siendo separado del resto de su cuerpo.

—Ku —viéndose herido, Ukkonen le dio una mirada de odio a Issei.

Mientras tanto, Salama decidió aprovechar el que Issei aparentemente estaba expuesto para lanzarse en su contra, solo para volverse a ver impedida por Nicolás… solo que esta vez no por una barrera, sino porque Nicolás le lanzó una bastón de caramelo directo a lo que en su forma de rayo vendría a ser una de sus cuatro piernas equinas, cortando tal extremidad y haciendo que se viera obligada a retornar a su forma física, donde cayó y trastabilló mientras trataba de mantener el equilibrio, sin mucho éxito.

Viendo eso, Issei puso una mirada confundida.

«¿No que los ataques físicos no servían?»—se cuestionó.

[Parece ser que esos bastones de caramelos tienen propiedades especiales] —comentó Ddraig, haciendo que Issei se preguntara de donde Nicolás sacaba esas cosas. ¿Las creaba con su poder mágico? ¿Las invocaba del algún lado? ¿Le daría un dulce para comer si se lo pedía?

—«¡Concéntrate!»—se regañó a sí mismo, a la vez que su estómago rugía. Sus senseis le habían dicho que comería luego de completar su entrenamiento matinal; pero debido a los improvistos, simplemente se había visto impedido para desayunar, y su estómago le estaba recordando ese hecho con desespero. Con el entrenamiento que le habían dado sus senseis era capaz de mantener parte la concentración; pero, ver como unos bastones de dulce volaban en frente suyo era un tanto…

—¡Ya me harté! —gritó Ukkonen, sacando a Issei de sus pensamientos—. ¡No me importa si luego tengo que buscar otro cuerpo! ¡Los voy a hacer cenizas!... ¡Salama…! —al gritar eso, Ukkonen se dirigió a su hermana—, ¡ven aquí! ¡Es hora de que mostremos todo nuestro poder!

—¡Entendido, hermano! —gritó Salama, haciendo que Issei se preguntara si solo sabía decir eso.

Pero sus pensamientos ofensivos se vieron interrumpidos cuando, con sorpresa, vio como Ukkonen y Salama se volvían a transformar en rayos y empezar a dar vueltas a su alrededor en direcciones opuestas, creando algo que lucía como un remolino eléctrico.

—Será mejor que te prepares, Issei —le advirtió Nicolás—. Estos dos están a punto de soltar su carta de triunfo. No bajes la guardia por nada del mundo. Prepara tu mejor ataque cortante de viento, y estate atento a la señal que te voy a dar.

—¡O-okey! —respondió Issei, un poco nervioso al ver el remolino eléctrico. Lucia como algo peligroso. ¿Tendría acaso que usar de una vez el Boosted Gear?

—Observa con atención —le aconsejó Nicolás—. A veces, un ataque débil pero muy preciso es ciento de veces más letal que un ataque muy poderoso.

Asintiendo al oír eso, Issei observó con atención el remolino de Ukkonen y Salama, que de poco a poco parecía volverse más y más intenso, por algún principio mágico o científico que Issei desconocía.

Y fue unos segundos después, cuando ya el remolino lucia lo suficientemente intenso, que los dos Zwarte Pieten iniciaron su movimiento.

¡Twin Ray Swirl! (¡Remolino de los Rayos Gemelos!)gritaron Ukkonen y Salama, saltando al unísono al cielo y tomando el impulso que habían reunido para, aun en forma de rayos, tomarse del «brazo» y empezar a girar mientras descendían en contra de Issei y Nicolás, volviéndose algo así como una marejada de rayos que giraba en forma de espiral.

Issei miró a Nicolás, esperando a ver si ya podía lanzar su ataque; pero al no recibir ninguna señal, se quedó viendo con algo de nervios aquel ataque, que, calculaba, por lo menos dejaría bastante mal parado a un edificio

Sucedieron entonces un par de micro-segundos totalmente angustiantes en donde Issei casi tira el plan por el garete; pero afortunadamente, Nicolás dio la señal ante de que Issei perdiera la paciencia.

—¡Ahora! —gritó Nicolás, conjurando un bastón de dulce y rodeándolo con una luz que hizo que Ddraig gritara: «¡Imposible! ¡¿Poder Sacro?!», para luego lanzar el bastón en contra del Twin Ray Swirl de Ukkonen y Salama causando que, para impresión de Issei, Ukkonen y Salama perdieran por alguna razón su transformación en rayos y se convirtieran momentáneamente en dos meros Zwarte Pieten que descendían de cabeza en forma de remolino mientras se agarraban de un brazo.

Por un momento, Issei se impresiono al ver eso; pero al ver como Ukkonen y Salama brillaban, indicando que en cualquier momento volverían a sus formas eléctricas, no perdió el tiempo y lanzó su mejor ataque de viento.

—¡Sozo: U~indokirasodo! (¡Crear: Espada Asesina de Viento!)

Y entonces, desde la mano de Issei, algo parecido a un «corte en el espacio» fue despedido, volando con rapidez en contra de Ukkonen y Salama y cortando a la mitad los cuerpos de ambos, cancelando por completo su ataque y haciendo que cayeran al piso con un sonoro «BOOM».

—I-Imposible… —gruñó Ukkonen, incrédulo—. P-pensar que sería derrotado por un mocoso.

Salama abrió la boca, como dispuesta a también soltar un comentario; pero, escuchando un comentario de Nicolás que le decía que debían destruir por completo los contenedores físicos de Ukkonen y Salama para derrotarlos, Issei le lanzó un Dragon Shot tanto a ella como a su hermano, impidiéndole decir cualquier cosa y poniéndole punto y final a la batalla.

—¡Bien! —gritó Issei al ver eso—. ¡¿Qué te pareció eso, Nicolás-Oji-san?! ¡Hicimos un gran trabajo en equipo!

Sonriendo divertido ante su emoción, Nicolás asintió…

… solo para de repente caer al piso.

—¡! ¡¿NIcolas-Oji-san?!

De inmediato, Issei se apresuró a socorrerlo.

—Tranquilo —le dijo Nicolás con una sonrisa, parándose de manera tambaleante con su ayuda—. Solo es cansancio. Faltan muchos milenios para que este anciano vaya al cementerio.

—«¿Dijo milenios?»—se cuestionó Issei, preguntándose si había escuchado mal.

Fue en ese momento que, con una marejada de sombras y un brillo navideño, sus dos senseis aparecieron.

—Hmn. Veo que lograste sobrevivir, mocoso —le dijo Elmenhilde, de manera indiferente, aunque también contenta por el hecho. Y eso Issei lo sabía porque ya estaba acostumbrado a tratar con Tsunderes luego de ver tanto anime.

—Solo puedo decir que era de esperar de Issei-sama —sonrió Christmas Eve —. ¡Aplastó esos insectos sin recibir una sola herida!

—Bueno, eso fue porque… —Issei miró a Nicolás, que lo había ayudado bastante. De no ser por él, la pelea no le habría salido tan organizada y metódica. De todas maneras hubiera podido derrotar a ese par; pero probablemente hubiera sufrido mucho para hacerlo debido a su habilidad para convertirse en rayos.

Viendo a donde miraba, Christmas Eve puso una mirada seria

—Ahora que todos los problemas están solucionados, creo que es un momento de que des un par de respuestas —dijo con seriedad—. Primero y primordial: ¿qué se supone que haces aquí, y sobre todo en estas fechas? ¿Acaso no sabes lo que pasará si te llegase a suceder algo?

Ante su regaño, Nicolás puso una mirada sorprendida.

Pero no por ser regañado en sí, sino porque quien lo regañaba.

—No puede ser… —dijo, asombrado—. ¿Eres la misma mujer de esa vez? ¿Es usted Eve?

—¡Momento! —dijo Issei en shock—. ¡No entiendo nada! ¡Dígame que sucede aquí, Christmas Eve-sensei! ¿De donde conoce usted a Nicolás-Oji-san?

—¿Aun no lo ha adivinado, Issei-sama? —dijo Christmas Eve con diversión—. Este anciano es ni más ni menos que el legendario San Nicolás a quien usted deseaba con tanto fervor conocer.

Por un momento, Issei puso una expresión de confusión.

—¿San Nicolás? —repitió, mirando a Nicolás mientras se preguntaba si era un Santo.

—Creo que si te digo que también me llaman Santa Claus y Papá Noel se te hará más fácil el reconocerme —le dijo Nicolás con una sonrisa traviesa, como adivinando la reacción que iba a obtener por sus palabras.

Y no se equivocó para nada.

—¡¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE?!

Sorpresivamente, para Kuou el mes de Diciembre había traído un visitante inesperado.


Pero, por otro lado…

—Ya veo —mirando a Hatcat y a Besnickel, que miraba con molestia a Hatcat, un hombre guapo de pelo gris y apariencia joven asintió—. Así que personajes de alto grado se han terminado entrometiendo en esta historia…. Muy bien, les prestaré antagonistas de mejor calidad para que puedan cumplir con su objetivo.

Y diciendo eso, en frente de Hatcat y Besnickel aparecieron dos personas que despedían una gran cantidad de poder.

—¿Hmn? —un joven monje de rasgos guapos dio una mirada confundida a su alrededor, antes de que su rostro se iluminara—. Ya veo. Con que eso es lo que ha sucedido… ¡Muy bien, ya que Shakyamuni Buda-sama ha hecho que me manifieste aquí, lo mínimo es que cumpla con mi labor y repartir el Dharma que se me ha sido dado! ¡Acabaré con los pecados de ese tal Santa para aliviar los sufrimientos de todos los niños!

—¿Hmn? —a su lado, mientras el monje hablaba, un hombre afroamericano muy musculoso y alto, dio una mirada confundida también. El hombre se destacaba porque sobre su cabeza había lo que parecían ser unas orejas de chacal—. Ya veo. Así que la gloria del Señor me ha devuelto a la vida… Muy bien. ¡En el nombre de Cristo, el rey más grande en toda la tierra, acabaré con ese falso Santo que ha usurpado el lugar de mi rey!

Viendo todo eso, Besnickel sonrió.

«¡Sin duda están alrededor de la Clase Suprema! —pensó con deleite—. ¡Con esto, estoy seguro que ninguna de esas mujeres dará problema! ¡Yo mismo me encargaré de ese mocoso junto a Hatcat, y entonces por fin podré demostrarle a ese anciano quien es el que manda!»

Una expresión de alegría y determinación apareció en su rostro.

—«Muy pronto, anciano, te demostraré lo que valgo»—pensó, cierto Santo viniendo a su mente.

Parecía ser que los problemas apenas y comenzaban para cierto Sekiryuutei

Fin de la Parte I


Referencias a personajes, conceptos y cosas nombradas en el capítulo, así como ampliaciones de la información…

Zwarte Pieten (Zwarte Piet en singular): Son seres propios de los Países Bajos, entidades malignas de origen espiritual semejante a Demonios o Fantasmas. Derivados directamente de su padre y creador —Black Peter—, son seres malévolos que gustan de realizar actos crueles, como secuestrar a los niños para comérselos, por ejemplo. Junto a su padre, fueron derrotados por San Nicolás, quien luego los convirtió en sus sirvientes e hizo que lo ayudaran a dispersar la Magia de la Navidad. Los nombres de los ocho Zwarte Pieten más poderosos son: Jusksija el Alegre Brillo Arcoíris, Tanssija la Bailarina Arcoíris, Siro el Acróbata Celestial, Leikkisa la Bromista Ilusoria, Komeetta de la Dicha Veloz, Amore la Cupido Maldita, y los Rayos Gemelos Ukkonen y Salama. Las entidades que fueron invocadas por Besnickel y Hatcat tienen la misma conciencia —mente— de estos seres; pero no poseen su núcleo —poder— y están muy limitados respecto a sus capacidades. Besnickel, al parecer, solo los creó ya que quería demostrarle a San Nicolás que él también podía controlarlos.

Black Peter: Un Legendario Espíritu Maligno que se dice roza el nivel de poder de una deidad. Fue derrotado por San Nicolás junto a sus hijos y sellado en el centro de Christmasland, una aldea mágica creada por San Nicolás, donde este último vive junto a su esposa. Es el padre de los Zwarte Pieten

San Nicolás: Conocido tanto por los nombres de San Nicolás de Bari como San Nicolás de Myra, es un famoso Santo cuyo nombre es conocido por todo Occidente y Oriente, aunque la figura de la que se está hablando —el obispo Nicolás— es mayormente conocida y adorada en Grecia, Turquía, Rusia, Francia e Italia. Él es una persona nacida en Myra, Turquía, en el año 280 D. C. De familia acomodada, sus padres murieron por consecuencia de la peste cuando era muy joven, siendo tal situación trágica lo que lo llevó a desarrollar un carácter caritativo que luego lo llevó a convertirse a los 18 años en un obispo de la Iglesia y empezar así a realizar múltiples actos caritativos que harían que su nombre fuera conocido por todo el mundo. Los más conocidos, entre muchos otros, son aquellos relacionados con los niños y los regalos. Este Santo luego terminó siendo conocido como Santa Claus o Papa Noel (u otros nombres) mientras la Iglesia iba asimilando culturas y fusionando el nacimiento del Mesías con fiestas tales como la Saturnalias. El resultado de todo eso, como tal, fue que tal Santo terminó convirtiéndose en algo parecido a una figura cómica y animada de carácter algo fantasioso —algo parecido a lo que pasó al Dios Eros/Cupido con la festividad de San Valentín—, aunque el Santo en cuestión no parece sentir molestia alguna por tal transformación, y ha adoptado con gusto la tarea de «dispersar la Magia de la Navidad» por todo el mundo. Como dato curioso, pese a que es un Santo no es soltero, estando casado con una mujer cuyo nombre de soltera era Mary Christmas. Actualmente vive en Finlandia; mas en específico, en su aldea mágica Christmasland.

Christmasland: Una aldea mágica donde vive San Nicolás junto a su esposa. Por medio de los grandes poderes y conocimientos mágicos de San Nicolás, la aldea es inaccesible para cualquiera que él no desee que entre, estando la aldea en «un mundo fantasma ubicado en otro plano de esta dimensión (mundo astral)». El centro de poder de esta aldea, entre otras cosas, es un pilar de energía mágica donde está sellado Black Peter y donde San Nicolás centra la mayor parte de «la Magia de la Navidad» que está vinculada a su persona. También parece haber involucrada Magia de las Hadas y una especie de artefacto místico proveniente de las estrellas; pero solo San Nicolás puede saber con precisión a lo que se refiere eso.

Dokkálfr (Dokkálfar en plural): El Elfo Oscuro de la Mitología Nórdica.


Nota de Autor
Primero que nada, gracias a todos por leer.
Voy a ser muy breve y conciso. Esto es un Gaiden inter-conectado a mi historia El Dragón de la Creación. Situado en esos años de infancia del protagonista, es un especial corto que se me ocurrió mientras me invadía la emoción de estas fiestas… o eso es lo que se suponía, porque terminó alargándose mucho y lo tuve que dividir en partes. Todavía continuo escribiendo; pero por el momento deduzco que esto tomará entre tres a cuatro partes para culminar. En ese sentido, esto tiene Navidad en el título; pero yo creo que es posible que me tomé hasta los primeros días de Enero para culminarlo. Trataré de completarlo lo más rápido posible; pero ya saben, lo bueno tarda.
Por lo mismo, quiero aclarar que tanto la historia principal como mi fic de HP x PJO quedan pausados momentáneamente hasta termine esto. No será una pausa muy larga (o eso espero); pero el que avisa no es traidor.
Ahora, pasando a detalles breves. Quiero decir que para el traje de Eve me inspire en su mayor parte en un cosplay navideño de Albedo de Overlord (el personaje base de su apariencia, por si no lo recuerdan). Si buscan como «Albedo de Overlord Cosplay de Navidad» y revisan una página de «TierraGamer» que es la primera página que debería aparecer les creo que podrán encontrarla.
Eso sí, el báculo que carga es algo que está basado en el báculo/varita que usa el personaje ruso «Ded Moroz». Buscándolo en Internet, les aparecerá con facilidad. La única diferencia es que los colores son navideños, tal y como se describió arriba.
Para Issei y Elmenhilde no encontré nada, así que por favor perdónenme y usen su imaginación
San Nicolás, por cierto, más o menos estaría bien si se lo imaginan como la versión de Santa que aparece en la película The Christmas Chronicles, pero en una condición física como de militar retirado. Por otro lado, Besnickel, a pesar de lo que él nombre indica, no tiene mucho que ver con la mencionada saga. Solo le puse ese nombre porque se me hace parecido a «best nickel» (ósea, «el mejor niquel»), y como verán en la próxima parte, el nombre le viene como anillo al dedo.

Ah, y con Hatcat (hat cat/ sombrero gato) está súper fácil. Si buscan alguna imagen acerca de «el gato en el sombrero» o «el gato ensombrerado» del Dr. Seuss, fácilmente les aparecerá.

Y bueno, eso es todo. Díganme si les gustó el capítulo y que tal, que eso mejora mi autoestima y ganas de escribir.

Y en fin. Hasta la próxima.

Nos vemos en unos cuantos días.