Kodachi ponderó...

Ponderó.

Y ponderó.

"¡Suficiente!" Exclamó. No había nadie en su recamara para presenciar su arrebato, cosa que ella sabía muy bien, pues Kodachi había prohibido la entrada a su habitación a todos los sirvientes de la mansión.

Hace meses, La Rosa Negra de St. Hebreke tomó la decisión de realizar por su cuenta las labores domésticas de la mansión con el propósito de mejorar sus habilidades como ama de casa con la intención de sorprender a su amado Ranma.

'Practicar, practicar y practicar ¡Eso es todo lo que he estado haciendo!'

Decir que Kodachi se sentía inconforme sería un eufemismo.

Para ella, la gimnasia siempre había sido su mayor pasión, y a pesar de ello, La Rosa Negra no había dudado en dejar a su pasión a un lado para cortejar a Ranma, quien a pesar de sus mejores esfuerzos no demostraba ni un poco de afecto por ella, pues las pesadas cadenas del honor y compromiso le mantenían atado a una horrenda mujer.

Kodachi apreciaba las costumbres y tradiciones como toda buena mujer japonesa, pero incluso ella tenía sus límites, y ella había agotado su paciencia hace mucho.

"¡Al diablo con el honor!" Escupió con rabia, por él, ella estaba dispuesta a todo, y como Ranma no se atrevía a dar el primer paso entonces ella le daría un pequeño empujón.

"Sasuke."

El susodicho apareció ante el llamado de su ama. Era un hombre enano y de apariencia ratonil, con ojos cómicamente grandes, su ropaje de ninja podría ser considerado un cosplay, sino fuese por la agilidad y destreza que comandaba en las artes del sigilo.

Kodachi ni siquiera escuchó el tatami deslizarse. Cosa que ella aprobaba... para Kodachi, un sirviente eficiente debía ser tan silencioso como el viento.

"¿Qué hora es?"

"Faltan cinco minutos para las seis de la tarde."

"Hm. Supongo que la cena aún no se encuentra lista."

"No." Respondió. "Si desea puedo preparar-"´Sasuke guardó silencio al notar la expresión de Kodachi.

"¿Con quién tuve el gusto de almorzar el día de hoy?"

Sasuke se detuvo un momento a ponderar su respuesta. Intuía que era una pregunta trampa... su ama no parecía estar enojada, pero le faltaba poco para estarlo, y cuando la Rosa Negra se enojaba la gente a su alrededor tendía a salir lastimada.

"Usted comió sola en su habitación, pues no quiso compartir la mesa con el amo Tatewaki."

"¡Exactamente!" Kodachi rugió perdiendo cualquier frágil semblante de compostura. "¡Sola! ¡Siempre estoy sola! A pesar de que personalmente le invité a que viniera a almorzar... ¡Imperdonable! Él sabe que no necesita de invitación alguna para venir a verme, Ranma-sama puede visitarme cuando se le antoje y yo siempre le recibiré con los brazos abiertos… pero él nunca viene a verme. De él tan solo he recibido rechazos y desplantes, a pesar de todo lo que he hecho por él, a pesar que él sabe que mi amor es incondicional, a pesar de todo, él continua prefiriendo quedarse en aquél inmundo dojo." La Rosa Negra admitió con desagrado e impotencia.

Sasuke, se esforzó por reprimir un suspiro. "Ama, sé de su fuerte atracción hacía el joven… Saotome." Pronunció el nombre con cierto fastidio. "¿Ha considerado que sus sentimientos podría estar mal dirigidos? El joven Saotome ignora todas sus atenciones, y ni siquiera parece apreciar el privilegio de ser cortejado por alguien de su categoría."

"Quizás tengas razón."

Ante las palabras de su ama y señora Sasuke se permitió sentir un poco de esperanza. "No voy a mentirle, me preocupa. Siento como si usted repitiera las mismas acciones una y otra vez, por un hombre como él…" Él se detuvo abruptamente al observar la expresión en el rostro de Kodachi.

"Ohohohohoho~" Kodachi cacareó, sintiéndose extrañamente satisfecha. "¡Tienes razón! ¿¡Cómo es qué no me había dado cuenta antes!?" Se preguntó a sí misma mientras lágrimas de alegría desbordaban de sus ojos color chocolate. "Si ni mi encanto ni mi personalidad han servido para ganarme su amor, entonces tan solo tengo que cambiar hasta convertirme en la mujer que él quiere que sea." Susurró.

Sasuke tragó saliva al observar como Kodachi torcía el significado de sus palabras. "Ama, no me refería a eso." pero ella no pareció escucharle.

"Mi querido Ranma nunca tiene tiempo para mí, ¿Por qué será?" Ella se preguntó a sí misma en voz alta. "Está claro que su atención se encuentra dividida. Existen rivales por su afecto, y no les culpo, pues hombres tan magníficos como él tienden a llamar la atención, aunque estoy segura que ninguna es lo suficientemente buena para él. Sin embargo, él continua frecuentado a esas mujeres, continúa desperdiciando su valioso tiempo con esas insípidas... mujerzuelas. De alguna manera esas mujerzuelas se las han arreglado para captar su atención. Sasuke, necesito que averigües cual es la jugarreta que utilizan esas harpías para robar lo que por derecho me pertenece."

El sirviente asintió, aceptando sin parpadear su nueva tarea. Aun así, su curiosidad todavía no se encontraba saciada, Sasuke tragó saliva, reunió coraje y preguntó. "¿Acaso desea liberar al joven Saotome de las artimañas de esas mujeres para poder luchar por él en igualdad de condiciones ante sus rivales?"

Kodachi resopló.

"¿Igualdad? No seas estúpido. Derrotaré a esas mujerzuelas en su propio juego, usaré sus mismos trucos y artimañas para hacerlo mío. Estoy cansada de ser la única que juega limpio. ¡Esto es una guerra y la voy a ganar!"


"¿Le sucede algo a la retorcida de mi hermana?" Kuno le preguntó a su sirviente de confianza.

Sasuke dudó al responder ante el conflicto de intereses. Tatewaki era su empleador ante la ausencia del patriarca Kuno, por lo tanto, era la persona a la cual realmente respondía, a pesar de ello Kodachi había depositado su confianza en él y le incomodaba traicionarla contándole a su hermano.

El sonido inclemente de madera sobre su desprotegida cabeza hizo eco en sus tímpanos. Tomando la decisión por el ninja.

"Hace un par de días la ama salió a cortejar a Saotome." Respondió sobando su frente.

Kuno resopló.

"Dolorosamente predecible. ¡Los cielos lloran ante el despropósito de mi hermana al cortejar a ese gañan! Mi sangre samurái hierve ante el continuo desprecio que Saotome demuestra para con mi hermana, quien a pesar de sus numerosas características desagradables sigue siendo una Kuno, una de noble linaje." Entonó contemplando el sol naciente. Su bokken yacía olvidado a sus pies, en sus robustas manos reposaban una pluma y un pergamino, en el cual procedió a descargar sus turbulentos pensamientos.

Sasuke sacudió su cabeza, desapareciendo en las sombras mientras aguardaba el llamado de su amo y señor.


Varios días después.
Kodachi sonrió observando a su ninja de confianza.

"¿Estás seguro que aquí está todo?"

Sasuke asintió.

Ohohohohohohoho~

Una risa espantosa resonó por la mansión Kuno.

La Rosa Negra observó los monitores del salón de operaciones Kuno con rapta atención. En ellos se mostraba la información que Sasuke había diligentemente recolectado.

Imágenes de tres hermosas mujeres bailaban en cada monitor.

En el monitor más grande estaba la imagen de una hermosa mujer de cabello azul y ojos color almendra. Era una joven de emociones fuertes, rápida para enfadarse pero aún más rápida para perdonar. Era ardiente, impulsiva e ingenua.

En otro monitor, una exuberante mujer de cabello color purpura. Una guerrera de tierras lejanas, dispuesta a luchar hasta el último aliento por el amor del hombre al cual consideraba su esposo. Atrevida, sensual y decidida.

Y finalmente, una atractiva joven de mirada amable. Un amor de la niñez puro e inocente, que había florecido en las situaciones adversas del sacrificio y el rencor. Divertida, emprendedora y carismática.

Kodachi observó detenidamente a esas mujeres, y tuvo un sólo pensamiento.

Mujerzuelas...

Ella abrió uno de los sobres que le había entregado anteriormente su sirviente. En el mismo había una gran colección de información; fotos, notas, vídeos clandestinos, testimonios de conocidos, etc. Era evidente que el trió de mujerzuelas tenían cierto encanto entre la plebe, y a ella como una Kuno, le tocaba descifrar como podía aprovecharse de ello.

Después de todo, la primera regla de toda guerra era conocer al enemigo.

Egocéntrica, manipuladora y tramposa, Kodachi era muchas cosas. Estúpida no era una de ellas. Era algo obvio que Akane representaba su mayor obstáculo.

La Tendo compartía la mayoría de su tiempo con Ranma. Estudiaban juntos, vivían juntos, y por si eso fuera poco contaba con el apoyo unánime de ambos padres de su amado. La peliazul poseía el total y absoluto monopolio de los afectos de Ranma.

El atractivo casi sobrenatural que exhibía Akane ante el sexo opuesto era francamente ridículo. Prueba de ello era la extinta horda hentai, un grupo de degenerados que habían posado su mirada en la futura heredera del dojo Tendo.

"Incluso el lunático de mi hermano cayó ante las maquinaciones de esa mujer." Masculló en una extraña mezcla de admiración y asco. Para su fortuna, la posición de Akane solía colocarla en el centro de atención, lo cual facilitaba la obtención de información de ella, que la peliazul viviera con cierta mercenaria facilitaba aún más la obtención de información…

Kodachi colocó una cinta de vídeo en su reproductor VHS. Preparada para descifrar los más íntimos secretos de la relación que Akane compartía con Ranma.

La imagen de Ranma discutiendo con Akane fue lo primero que le recibió.

"¡Idiota!"

"¡Marimacho!"

"¡Pervertido!

"¡Pecho plano!"

1 hora después.

"¡Degenerado!

"¡Gorila!"

2 horas después.

"¡Fenómeno!

...

Después de largas horas de haber presenciado incontables argumentos infantiles, peleas estúpidas y discusiones sin sentido que harían a cualquier niño de primaria sacudir la cabeza con pena, se podía decir que Kodachi había descubierto nuevas profundidades al odio que sentía por la menor de las hermanas Tendo.

Akane era una persona horrible.

Su actitud beligerante y sus constantes insultos en contra de Ranma habían agriado aún más la ya pobre opinión que tenía la Rosa Negra de la peliazul.

Aunque, Kodachi no pudo dejar de notar que era un tanto extraño que Ranma fuera capaz de soportar tal maltrato cuando él bien podría huir con cualquier otra de sus pretendientes, las cuales muy seguramente le darían un trato mucho más humano.

Era intrigante que tal cosa no parecía desagradarle y por extraño que parezca, a pesar de los golpes e insultos, él parecía hacerse cada vez más cercano a Akane...

"¿Acaso es eso lo que a él le gusta tanto de ella?" Ella susurró sintiendo horror.


Ranma Saotome entró a la casa que consideraba un hogar, la casa ancestral de los Tendo era un lugar lleno de gratos y no tan gratos recuerdos para él.

El joven entró en la cocina con una bolsa de mercado bajo cada brazo. Kasumi se encontraba enferma de un resfriado, y bajo su responsabilidad habían quedado los deberes del hogar Tendo. No era algo que disfrutara hacer, pero la otra opción era permitir que Akane se hiciera cargo...

Ranma suprimió el escalofrío que sintió ante la horrida idea, a la vez que juró que mientras estuviera a cargo no permitiría a Akane acercarse a la cocina.

"No debí haberme descuidado esta mañana." Se quejó malhumorado, Akane había aprovechado el entrenamiento matutino de los Saotome para colarse en la cocina… media docena de platos, dos ollas y un sartén no habían sobrevivido a la aberrante creación que su prometida terminó llamando como sopa de miso.

Ranma soltó un suspiro de resignación. La inexistente habilidad de su prometida era algo con lo que había hecho las paces hace mucho tiempo, al igual que su aversión a los gatos, era algo que le acompañaría toda la vida.

"Ranma." Una voz familiar se hizo presente en la penumbra de la cocina.

Sentada en una silla con la espalda recta y orgullosa se encontraba Kodachi, con una actitud como si estuviera en su propia casa.

Ranma soltó un suspiro, intuyendo que su día no haría sino emporar. "¿Qué estás haciendo aquí?"

"Vine a visitarte viendo que eres incapaz de hacerlo tú, ¿acaso tiene algo de malo?" Respondió malhumorada.

Ranma se vio tentado a decir la verdad.

"¿Tú qué crees?" Se conformó con responder sarcásticamente.

"Veo que sigues siendo el mismo ingrato de siempre."

"¿Huh?" Ranma preguntó atontado, Kodachi no solía ser tan… agresiva con él.

"¿Acaso eres sordo, idiota?" Preguntó retóricamente. "Te la pasas actuando como un chico bueno para atraer mujeres, cuando en realidad no eres más que un estúpido cobarde incapaz de elegir. Te aprovechas de nosotras, usándonos para recibir comida y atención todo para engordar tu insaciable ego, no eres más que un parásito emocional."

'¿Pa-parásito?' Ranma pensó tontamente, el aluvión de críticas de Kodachi le había caído de sorpresa, tanto así que fue incapaz de defenderse como usualmente lo hacía. Las palabras de Kodachi calaron hondo en él. La crítica directa y punzante le dolió a su pesar, pues en el fondo sabía que no podía negarlo del todo.

Lo repentino del argumento aunado al agrío de su tono hizo que Ranma se disculpara.

"Kodachi... No sé qué hice para hacerte sentir de esta manera, créeme que no lo hice. Discu-"

Kodachi se levantó abruptamente de la silla.

El sonido de la silla al caer el piso resonó por la cocina.

"No te preocupes, me gustas a pesar de todo." Le susurró acariciando su mejilla.

"..."

"Aunque no puedo negar que tengo un pésimo gusto, ¿no crees?" Admitió con un pequeño rubor en sus mejillas, acunando su rostro entre sus manos. "Tan solo verte con esa estúpida camisa china y con esa trenza de mal gusto me hace sentir enferma. ¿Acaso no tienes más ropa?" Dijo respirando pesadamente.

"¡Hey! ¡Con la trenza no te metas!" Respondió a la defensiva.

Kodachi se inclinó hacia él, juntando su frente con la de él. "En realidad creo que eres bastante atractivo, y tu trenza me parece divina, tan solo estoy un poco asustada de admitirlo."

Ranma retrocedió un par de pasos sin darle la espalda Kodachi.

"Sé que soy irresistible y todo eso, pero ahora estoy un poco ocupado... Akane está en su habitación, ¿Por qué no vas a molestarla o algo?"

'¡Nooo! ¡Nada está funcionando!'

Kodachi soltó a su enamorado con renuencia.

"Toma, preparé galletas en la clase de cocina y me sobraron algunas... No es como si las hubiera preparado para ti..." Ella evitó la mirada con un pequeño sonrojo.

Ranma se quedó congelado mientras observaba el plato que Kodachi le estaba ofreciendo.

"¿Qué es eso?" Preguntó tragando saliva con nerviosismo. Las 'galletas' emitían un aura de retorcida corrupción y maldad como si tuvieran consciencia propia. Él, quien era todo un experto después de haber sido sujeto a los experimentos que Akane solía llamar comida nunca antes había observado algo igual de perturbador. Los fracasos culinarios de Akane solían ser nacidos de simple estupidez e ignorancia, en cambio, lo que tenía frente a sus ojos tan sólo podía ser descrito como la perversidad de una bruja.

"Galle-"

Ranma no esperó la respuesta para echarse a correr. Su instinto de supervivencia le gritó que corriera y él alegremente le obedeció.

O al menos, eso intentó.

Un lazo de gimnasia le hizo caer, poniendo fin a su intento de huir.

Kodachi con un rápido movimiento de su lazo ató ambas piernas de Ranma, y con otro movimiento ató las manos de Ranma sobre su cabeza.

'No quería tener que hacer esto...' Kodachi soltó un suspiro.

"Ha llegado la hora de usar el Plan B."

Ranma sintió un escalofrío ante lo ominoso que sonaba el dichoso 'Plan B'.

"¿A qué te re-refieres con Plan B?" Preguntó en un intento de comprar tiempo.

Kodachi arrancó su uniforme escolar con sus propias manos, disfrutando la mirada de sorpresa de su amado ante la repentina acción. "Esto es el Plan B."

Ranma tragó saliva con nerviosismo, mientras renovaba sus intentos de escapar con renovada energía. Para su alarma, la posición de sus brazos dificultaba ejercer cualquier tipo de fuerza.

"¿Qué piensas ha-hacer?" Preguntó observando de reojo el extraño, aunque atrevido vestido de su degenerada pretendiente. Era bastante ceñido, de cuero y ofensivamente corto.

Kodachi sonrió.

"Haremos." Dijo con un brillo perturbador en sus ojos, por un momento pareció que sus pupilas tenían forma de corazón.

Lo negaría hasta la muerte, pero por un momento Ranma sintió un poco de anticipación.

Kodachi se inclinó invadiendo el espacio personal del artista marcial hasta que sus rostros estaban a solo unos pocos milímetros de distancia.,

"K-k-Kodachi."

Ella le coloco un dedo sobre sus labios. "Ranma." susurró.

Una extraña sensación recorrió el cuerpo del artista marcial. Temor mezclado con confusión y un poco de culpa.

Ranma sacudió su cabeza, despejando sus dudas y otras sensaciones...

Abrió su boca preparado para rechazarla.

'¡Aléjate de mí, mujerzuela! ¡Soy un hombre comprometido!'

"¿Di-dime?" Sus labios le traicionaron.

"Es ahora que recibas tu justo castigo."

"¿Huh?"

De pronto, Kodachi tenía un grueso látigo en sus manos.

"Has sido un chico malo... jugando con esas mujerzuelas mientras durante todo este tiempo me ignorabas." Susurró.

Ranma forcejeó tratando de liberarse habiendo recuperado la motivación para escapar.

"Ohohohohoho~"


"¿¡Cuándo tiempo tienes planeado hacernos esperar, mocoso!? Tu ingratitud no conoce l-"
Genma carraspeó patéticamente. La cocina estaba hecha un desastre, trozos de vajilla y restos de comidas se encontraban regados por la habitación, pero esto no era el verdadero motivo de su sorpresa.

"¿Q-qué t-te pasó, hijo?"

Una solitaria lágrima recorrió el rostro de un maniatado y amordazado Ranma.