Disclaimer: El universo de Harry Potter no me pertenece.

Este fic participa en el Reto#62: "El lenguaje de las flores" del Foro "Hogwarts a través de los años"


I. Acedera

Dos figuras caminan por la calles solitarias del Londres muggle. A pesar de las bufandas y abrigos, el aire gélido enrojece sus mejillas, pero parece no importarles.

—¿Qué pasaría si alguien nos viera, Ted? Corres un gran peligro conmigo.

—Lo sé, linda. No te preocupes, es un riesgo que he asumido desde que nos conocemos.

—Pero sería horrible. No sé de lo que sería capaz de hacerte mi familia para castigarme.

—Es un riesgo que vale la pena correr.

Siguen caminando por un pequeño parque. Andrómeda se detiene y se vuelve hacia él otra vez. La chica se muestra especialmente insegura ese día.

—¿Tú crees que sigamos estando juntos de acá a cinco años?

—¿No quisieras que fuera así?

Ella le da la espalda y sigue caminando sumergida en sus cavilaciones.

—No se responde una pregunta con otra.

El chico suspira y se arma de paciencia mientras se acerca a ella y la abraza por detrás.

—A veces piensas demasiado, mujer— susurra en su oreja mientras saca su varita y corta una flor rosa del arbusto más cercano—. Aquí estamos seguros, te lo prometo. Y a menos que tú no lo quieras así, yo no me iré de tu lado.

Andrómeda recibe la flor y sonríe al reconocerla. Ted siempre sabe cómo tranquilizarla.

—Las acederas siempre me han gustado. El tío Alphard solía tenerlas en el jardín de la casa de campo.

—Recuerdo que me llevaste una vez a su jardín a escondidas de tus padres. ¿Recuerdas que casi nos descubre Narcissa? Uff, de la que nos salvamos entonces.

Ambos sonríen ante el recuerdo. Andrómeda se gira y lo abraza escondiendo su cabeza en el cuello del chico.

—Ted.

—Dime.

—Estoy embarazada.