Disclaimer: El universo de Harry Potter no me pertenece.

Este fic participa en el Reto#62: "El lenguaje de las flores" del Foro "Hogwarts a través de los años"


III. Cala

—¡Déjame en paz, Mulciber!

Regulus Black reconoce el chillido. Manteniéndose impasible se dirige hacia el pasillo de donde proviene y observa la escena: Mary Macdonald ha sido atacada por Mulciber, pero no se deja pisotear y ha intentado atacarle de regreso, fallando en el intento.

—Asquerosa traidora, pobretona. ¿Acaso crees que puedes conmigo? No tienes idea de con quién te estás enfrentando. — el chico eleva la varita para esta vez lanzarle un maleficio imperdonable.

Regulus siente pánico por un momento, pero se tranquiliza y analiza los alrededores. Dirige la mirada hacia la enorme campana que cuelga al final del pasillo y lanza un hechizo no verbal para darle un gran golpe. La campana suena, anunciando que la hora de la cena ha terminado media hora antes. De pronto, los pasillos se llenan de alumnos quejándose por no haber podido terminar de comer.

Mary aprovecha la interrupción. Se sacude la falda y se aleja de Mulciber. Cuando pasa junto a Regulus, se da cuenta que ha estado observando todo y malinterpreta su rostro inexpresivo.

—¿Tú también te has quedado con ganas de lanzarme un maleficio? Para la próxima será, Black.

Y se marcha enfadada y altiva. Sin sospechar que ha sido el chico quien la ha salvado y que como siempre, ver su curvilínea figura acercándose a él con agresividad, lo deja estúpido.

Regulus se siente irremediablemente atraído hacia ella desde inicio de año, cuando les tocó trabajar juntos en pociones. Es consciente de que esa relación es imposible. Pertenecen a mundos diferentes, y así deben quedarse. Ella está mejor sin saber de él. Y él… Él está más tranquilo sabiendo que no pone en peligro a nadie.

Sin embargo, hay impulsos que no puede frenar. Y uno de ellos es seguirla en ese momento para asegurarse de que no vuelva a encontrarse con Mulciber hasta que llegue a su destino. La observa llegar a la biblioteca e instalarse en uno de los escritorios.

Está a punto de irse, cuando ve que Lily Evans deja tiradas unas flores blancas en la mesa en la que estaba. Son calas, probablemente obsequio de Potter. Aprovecha que Mary se ha parado a buscar unos libros para mover las flores a su mesa. Un gesto que no tiene sentido porque nunca sabrá de quién son; pero cuando se trata de ella, Regulus descubre que pierde unos puntos de coeficiente intelectual y la verdad, le importa bastante poco porque igual nadie nunca sabrá la admiración que siente por ella.