Todos los personajes que aparecen en este fics son propiedad exclusiva de Rumiko Takahashi, pero teniendo en cuenta que no voy a sacar ningún bien económico con esto solo lo hago pura diversión.

Epílogo.


Años después.

El camarero acompañó a Akane hasta la mesa que había reservado.

La chica se sentó y el camarero le sonrió.

"¿Le traigo algo o prefiere esperar?".

"Sólo me gustaría un poco de agua, gracias". -Akane se recostó contra el blando respaldo y miró el reloj.

Eran las ocho, aún faltaba media hora para que Ranma pudiera reunirse con ella.

Jugueteó con la servilleta de lino y enseguida se perdió en sus pensamientos.

Era increíble que hubiera pasado ya un año desde que ella y Ranma se habían casado.

Recordó con una sonrisa su expresión cuando la había visto avanzar con su vestido de novia, la dificultad que había tenido para besarla delante de todos, a pesar de que ya eran mayores.

Con una sonrisa recordó también el momento en que él le había pedido que fuera su esposa.

Primero la había sacado de paseo, habían ido al parque de atracciones, se habían divertido como niños, luego, una vez de vuelta en casa, la había arrastrado hasta el cuarto de baño, y un poco torpemente le había dado un anillo de oro blanco con un pequeño diamante, pidiéndole que se casara con él.

La había llevado al cuarto de baño porque era allí donde realmente se habían visto por primera vez.

Como hombre y mujer.

O mejor dicho, como un chico y una chica.

Sus padres habían estado encantados con su decisión, y casi habían respirado aliviados.

Hacía cuatro años que deseaban aquel matrimonio, desde que Akane había regresado de aquella desastrosa fiesta.

La muchacha también recordaba la discusión que había seguido.

Se había disculpado ante su padre, sus hermanas, su tía Nodoka y su tío Genma, y todos la habían rodeado de amor.

Ranma entonces, sacando un valor inimaginable, al menos desde su punto de vista, había añadido que ahora estaban realmente juntos.

La familia había saltado como corchos de una botella de vino espumoso y habían empezado a correr por la casa empezando ya a planear la boda.

Ranma los había detenido y había declarado, tras una mirada cómplice con su prometida, que la boda sólo tendría lugar cuando ellos quisieran, y que por el momento disfrutarían de un noviazgo normal, como muchos adolescentes de su edad.

La conmoción fue grande al principio, pero luego aceptaron la decisión.

No es que después no hubiera habido problemas.

De hecho, sólo había un problema: Shampoo.

Shampoo fue un asuntó más difícil. No se había dado cuenta en absoluto de que había cometido una acción despreciable, y como si nada hubiera pasado, seguía persiguiendo a Ranma.

Ella se había vuelto más insistente, los acosos aumentaron, al principio intento engatusarlo con alguna poción, meterse en su cama para que la dejara embarazada, o hacerlo por lo menos pelearse con Akane, pero nada funciono, haciéndole caso omiso, por lo que muchas veces salía perdiendo.

Esta vez, Akane le devolvía el golpe, apretando con fuerza la mano de su prometido.

Pero ya con la paciencia al borde de ella se presentaron ambos en el restaurante para ponerle un freno.

Al final había sido una persona impensable la que había resuelto la situación.

Mousse.

Se enfrentó a Shampoo, le gritó en la cara, se maldijo mil veces por estar enamorado de una persona tan mezquina y manipuladora, y al verlo Cologne ante sus años de vieja sabia y líder de una antigua tribu ese compromiso quedara anulado, y cuando la Chinita había pedido ayuda a los ojos de Ranma, éste se limitó a asentir y dar la razón al chico.

Para furia de la chinita y alegría de ellos ante no tener que soportarla más. Resignada Shampoo no le quedó otra que regresar a su tribu con los suyos junto con su abuela, ya nada tenía que hacer en Japón: y menos ver cómo era feliz con otra.

Desde entonces no habían vuelto a saber de ella… quien diría que se iría así nada más, aunque mejor así... nadie la extrañara que se vaya bien lejos y se lleve todos sus trucos y hechizos chinos.

Mousse en cambio se había quedado, se había hecho cargo del restaurante y el negocio iba bien.

Akane miró el reloj una vez más.

Las ocho y veinte.

A estas horas Ranma ya debía de haber terminado con las clases en el dojo.

Habían comprado una casa cerca del dojo Tendo para tener su privacidad y de pasó para poder enseñar cómodamente a los jóvenes alumnos.

Ranma era muy bueno, sus alumnos le seguían, le admiraban y estaba muy orgulloso de ello.

Le encantaba contarle a Akane lo que había pasado durante las clases, en su nuevo comedor hablaban horas y horas.

Tal vez mientras comían unos sencillos dulces que Akane había aprendido a preparar.

Después de su experiencia con Hiro, se había vuelto mucho más reflexiva, por lo que había abordado el tema de la "cocina" con calma y había obtenido buenos resultados.

Akane vio entrar a Ranma en el restaurante, bajo el brazo llevaba un gran paquete, así que agitó una mano para mostrarse, mientras con la otra le tendía el regalo que le había hecho por su primer aniversario.

"Hola, siento llegar tarde, Ryoga reapareció de repente de uno de sus viajes, ¡y los chicos del gimnasio me pidieron una demostración! Ya sabes como es Ryoga, ¡se puso las pilas enseguida! Por cierto, ¡te manda saludos!". -le dijo, dándole un beso y sentándose frente a ella.

"¿Tienes hambre? ¿Qué comemos?". -preguntó la chica con dulzura.

"Mmm, me apetece sushi, ¿y a ti?".

"¿Sushi? Oh, no, mejor que no comas pescado crudo". -respondió ella.

"¡Siempre lo has comido! Bueno, si no te gusta, ¡elige otra cosa!".

Hojearon el menú unos minutos antes de hacer su pedido.

"¡Si Ukyo se llegará enterar que no fuimos a su restaurant para celebrar nuestro primer aniversario... ella nos matara por no celebrar nuestro primer aniversario allí!". -dijo Akane riendo.

"Sí, pero tal vez no se dé cuenta, desde que Nabiki hizo negocios con ella ese lugar siempre está lleno". -respondió Ranma encogiendo el hombro cómo si no tuviera ninguna importancia.

Ranma la miró fijamente a los ojos, tomando su mano y acariciando su espalda.

"Amor... Feliz aniversario".

La chica se inclinó y lo besó.

"A ti también querido".

"Mira, tengo un regalo para ti, ábrelo vamos". -Ranma le entregó el paquete rectangular, sonrojado como siempre.

Akane lo tomó y con una dulce sonrisa lo abrió, sintiendo que su corazón perdía unos latidos.

Sintió que se le caían algunas lágrimas.

Dentro del paquete estaba el vestido que se había puesto para el baile, el que ella misma había cosido.

Pero era diferente: no tenía costuras, ni quemaduras, simplemente perfecto.

Junto con el vestido había una cadena de oro blanco con un colgante en forma de corazón, en el que estaba grabada la fecha de su aniversario y una frase "Te prometí que todo sería perfecto"

"Le pedí a mamá que arreglara el vestido, y lo había guardado. El collar, en cambio, lo elegí junto con Kasumi. Deberías ver a Tofu, ¡estaba casi celoso de que su esposa fuera de compras conmigo!". -murmuró Ranma, esperando haberle hecho un buen regalo.

Akane le apretó la mano con fuerza, secándose los ojos.

"Gracias, eres maravilloso".

"Te amo, marimacho".

"Yo también, estúpido. Bueno, yo... yo también tengo un regalo para ti". -dijo temblando un poco, entregándole un pequeño paquete.

Ranma lo abrió, luego se sorprendió un poco.

"Akane, ¿estás segura de que es mi regalo? Tal vez te dieron el regalo equivocado".

La chica negó con la cabeza, ligeramente emocionada.

Ranma cogió el pequeño objeto y lo miró detenidamente.

Akane le había regalado un muñeco de peluche para un niño.

Pero qué.

Entonces notó algo que hizo que su corazón se disparara como un misil.

En el borde del muñeco estaba escrito:

"Con amor de papá Ranma y mamá Akane"

"¿Hay... hay algo que quieras decirme?". -preguntó el chico mirándola fijamente.

"Cariño... ¡estoy embarazada!". -exclamó ella, rozándose el vientre, a pesar de que aún estaba plana.

"¿De qué manera?".

"No creo que haya tantos sentidos... ¡Espero un bebé, vamos a tener un hijo!". -Akane lo miró fijamente: sabía que Ranma tendría alguna dificultades.

Pero esperaba que él aceptara la idea; nunca había sentido tanto miedo como en aquel momento.

"¿Quieres decir que voy a ser padre?".

Akane asintió, y entonces Ranma soltó de pronto un grito y se levantó de un salto de la silla.

"¡Pero eso es maravilloso! ¡Un bebé, Akane!". -se acercó a ella y se arrodilló, rozándole el vientre.

"Pero, ¿estás segura? ¡Aquí no noto nada!".

"Claro que estoy segura, incluso el ginecólogo me lo ha confirmado, ¡no notas nada porque es pronto!". -Akane estaba en el séptimo cielo.

Su marido estaba allí, emocionado, besándola y tocándole la barriga, sin interesarse por la gente que los miraba.

Y en ese momento comprendió una cosa: ella siempre lucharía, por su hijo, por su marido, por su familia.

Si no, ¿qué sentido tenía vivir?

Dejó ir esas emociones.

Abrazando fuertemente a Ranma y ya imaginando su nueva vida.

El fin


Aquí estamos, ¡ahora sí que hemos llegado al final!

Sólo quiero decir una última cosa: ¡GRACIAS!

Gracias a los que me siguieron hasta el final, ¡espero haya sido de su agrado!

Muchas gracias a todos, pronto volveré a molestarlos con otro fic, ¡ya tengo una idea dando vueltas en mi cabeza!

Hasta pronto.