Lala Lulu: Hola! Sí… Lo sé, *supira_al_cielo, me he convertido en lo que he jurado destruir. Si bien el otro fic está ya más de la mitad y estoy bien con los cap. Me senté a escribir éste, y en menos de un par de días ya tenía notaciones y casi cocinado el primer capítulo. Espero les guste. Y ya saben en mis historias hay rikura desde el cap 1, sin excepción ¿Por qué? ¡Ya les dije que soy una maldita pervertida! Jajajaja

¡Advertencia! Si ya has leído mi historia anterior sabrás que yo no escribo Lemon, sino Smut, mucho Smut. Smut es sabrosura primero, explicaciones después. Así que esto es para adultos ¡Porque soy una maldita pervertida!

No me pertenecen los personajes, son Creaciones de Akira Toriyama y Naoko Takeuchi. Hecho por un fan, para algún otro fan que ande dando vueltas por la Vía Láctea…

Capítulo 1

Serena es una de las tantas niñas recién nacidas, que quedaron huérfanas luego de la invasión Saiyajin. Una raza Guerrera que no dudaba en diezmar a quien sea que levantara una rebelión. El último intento de Rebelión, fue orquestado por la influyente Familia Briefs. Pero fracasó, llevando no sólo a la muerte de toda ésa familia, sino a cualquiera que se haya asociado con ellos, una nueva ola de saqueos y violencias por parte de los Saiyajin se dio lugar, una especie de castigo por su insolencia. Las esperanzas de libertad estaban extinguidas, y los habitantes de la Tierra hicieron lo mejor que pudieron para adaptarse. Sobrevivir como pudieran. Después de ése último intento, el Rey Saiyajin hizo una muestra de piedad, dejando que reconstruyeran su sociedad como pudieran, y que mantuvieran sus tradiciones. Pero con una condición innegociable, ningún terrícola estaría por encima de los Saiyajin. Al ser el único tesoro al que tendrían acceso, los terrícolas en medio del terreno casi hecho cenizas, exacerbaron viejas tradiciones de su cultura. Las adaptaban para que los Saiyajines, de quienes eran ahora sirvientes, se sintieran complacidos. Los vestidos tradicionales y viejas usanzas eran ahora su devoción.

Es así que los que sobrevivieron y no tenían los recursos, sólo les quedaba encontrar un hogar donde servir o trabajar la tierra. Para las mujeres, especialmente, se consideraban de clase media si podían servir a algún palacio o finca de los Saiyajin. Había escuelas sobre la labor del servicio y templos especializados.

Ahí estaba Serena, luego de estudiar arduamente y esperando ser aceptada para servir a alguna casa. Pero había varias vacantes para servir al Rey Vegeta, que al parecer por su condición de salud le favorece el ambiente de las montañas. Luego se rumoraba que su condición era tan delicada, que el Príncipe Heredero vendría con él, en caso de reclamar el trono. Es más se rumoraba que toda la familia Real vendría. Sería un gran revuelo, ya que ahora la estirpe de los Reyes Vegeta, eran dueños de toda la Galaxia Norte.

En el fondo de su mente se pregunta si el Príncipe la recordará… Pero aquella época estaba tan rodeada de miserias, que de seguro ella era una polilla más en el camino. Hace diez años, cuando tenía 14 años, se dio una purga debido a las sospechas de un repentino levantamiento de los terrícolas. Unos soldados Saiyajin entraron, cubriéndose con el revuelo de afuera. Arrinconaron a Lita, y abusaron de ella. Pero cuando llegó el turno de Serena, tan solo alcanzó a ser penetrada, porque de la nada, el Príncipe de los Saiyajin las salvó de su pesadilla.

—¡Serena! —Lita aparece ondeando su mano, sacándola de sus pensamientos. Junto a ella viene Ami y Mina. —Casi no te reconocemos.

—Jaja, pues sí. Me cambié para la entrevista. Pero los días libres me dejaré el cabello natural. —Serena las invita. Para aumentar sus posibilidades de tener un puesto de trabajo, había teñido su cabello a oscuro, en un moño y con todos sus ahorros, se compró unos lentes de contacto que cubrían el azul de sus ojos. Era común para algunas querer ocultar sus rasgos tan distintivos, ya que para los Saiyajin mientras fueran invisible mejor.

Frunce la mirada para encontrarse en la lista, y sí, fue aceptada. Aunque es sólo para barrendera y a prueba. Deben de necesitar servicio urgente. Casi todos fueron aceptados, seguro los rumores son ciertos ¡La familia Real vendrá a la Tierra! Siente unos nervios en su estómago que hasta a ella le parecen ridículos.

—¡Sí! ¡Mira Ami! Voy a asistir al entretenimiento. Dicen que la Gran Rei Hino del Templo Hikawa va a estar ahí ¿Te imaginas que ella y yo cantemos algo o que quiera enseñarme cómo ser una artista? —Mina salta por todos lados haciendo sonidos ultrasónicos.

—Si te quieren como cantante, seguro están desesperados. —Lita bromea, mira su nombre. Ella ya sabía que quedaría para trabajar en la cocina, el apetito Saiyajin era muy exigente, y ella estaría ahí para algún día ser de las mejores cocineras. Mira a Serena, también le alegra que esté con ella, aunque no sea un puesto donde puedan estar en la misma área. Ella fue su verdadera salvadora luego de la tragedia que tuvo que sobrevivir. Si bien Ami la ayudó a curarse físicamente, fue Serena la que le daba fuerzas para salir caminado, en los momentos más oscuros. Aun soportando ella también el dolor de aquel día.

—Bueno, ahora la ventaja es que ellos nos darán la regla de vestimenta. —Ami veía que será una de las asistentes del área médica. No se arrepintió para nada el dedicarse a hacer trabajos de medicina. Cuando sucedió lo de las chicas, ella pudo asistirlas. Ahora las veía contentas imaginando la ropa, y ella sonreía atesorando éstos momentos con quienes considera su familia… Sus hermanas.

Las Yukatas para las mujeres del servicio, serían de color azul con líneas blancas, con botas para los trabajos pesados. Para los hombres sería un traje sencillo, del mismo color, que copiaba al diseño de los trajes de batalla de un Saiyajin, pero más holgado. Alineados para la inspección del día, las mujeres estaban con su cabello armado en un moño. Miraban a las tres hembras Saiyajin, vestidas con Kimonos del mismo color y un Pin rojo del símbolo de la Realeza Saiyajin. Veían sus colas enroscadas, de lo que se rumoraba en un tiempo, era la fuente de su poder.

—¡Bien! ¡Tenemos tan solo 2 meses para dejar esto listo! ¡Así que rápido! ¡Tienen 20 minutos para instalarse en sus habitaciones!

Al escuchar la orden estridente, se dispersan de inmediato. Y casi por reflejo, Serena, Ami, Lita y Mina, se mueven como un pequeño cardumen. Sonríen grande al ver la habitación con dos camas dobles. Abren las ventanas para airear el ambiente.

—¡Las barrenderas!

Serena escucha el siseo de uno de los encargados. —¡Ja! ¡Es mi llamado! —Muy contenta va trotando, no sin antes abalanzarse a sus amigas. —¡Las amigas juntas son invencibles!

Lita se ríe con todo el rostro mientras ve a Serena irse y ve a Ami algo pensativa. — ¿Sucede algo?

—Sí, que el área médica y la cocina son áreas opuestas. —Ami concluye al ver donde tiene que ir.

— ¿Crees que nos separen? —Mina puede ver en el pequeño mapa que les han dado del palacio que su área es donde le asignen la habitación a Rei Hino.

—Bueno, para que no nos separen hay que ser prudentes y llegar siempre a tiempo. —Las chicas la miran enviándole un mensaje con la vista. Lita suspira. —Si Serena no se levanta a tiempo la saco a patadas. —Se ríen un poco, y de inmediato va cada una a su área.

Los trabajos eran algo pesados los primeros días, los terrícolas tenían prohibida la tecnología de avanzada. Si había que destapar una cañería o ver por algún desperfecto eléctrico, debían esperar que algunos de los alienígenas autorizados por los Saiyajin o algún Saiyajin para asistirlos. No iba a ser mucho problema, la mayoría de las habitaciones del servicio no tenían calefacción eléctrica o agua caliente directa del grifo.

Pero estaba todo listo, el palacio era una estancia enorme, todo en dos niveles. Se sentían los revuelos por fuera, de quienes querían presenciar la llegada de la Familia Real. Y no sólo la familia, todos los grandes funcionarios se instalarían. Vendrían directo del Nuevo Planeta Vegeta-sai a instalarse en los alrededores, esto era un evento enorme.

De nuevo todos alineados, y verificando los detalles. —Mira… —Mina susurra a Ami. —Ahí entra la familia Hino. —Sonríe. —Espero que le guste cómo decoré la sala de su habitación. —Reprime sus gritos de loca. Le gustaría tener la tecnología a mano para sacar fotos de la magnífica Rei Hino en su Kimono rojo como el fuego.

Rei entraba del brazo de su padre, con la cabeza en alto. Cuando ya debía dejar las leyes de etiqueta, lo soltaba y reprimía su asco. Asco le da saber que es hija de un traidor al Planeta. — Pssst… Pssst. —Su "bolso" le llama la atención. —Rei… cambia la cara. Pareces estar a punto de explotar ahora.

—Ya Luna…No estamos solas… —Con una mueca de lado le advierte.

—Cállense las dos… Y denme un poco de aire a través del cierre. —Artemis estaba en una valija. Siente que muy disimuladamente le abren un poco, da un vistazo con un ojo. — ¿Sientes algo Luna?

—No… ¿Tú Rei?

—Tampoco, pero será buena oportunidad para verlos de cerca. —Levanta la vista a las naves que aterrizan. —Algo muy grande debe estar por suceder… Y no creo que sea porque el Príncipe, esté a punto de ser coronado. —Frunce su mirada y respira hondo. Viendo como las incontables naves del ejército llegan detrás de la nave principal.

Serena veía la puerta abrirse y el anuncio estridente. Por delante entraba el Rey Vegeta, caminaba muy serio. Agachada haciendo la reverencia, Serena espiaba que pasaba de largo como si los sirvientes no existieran. Ondeaba su capa roja, y no parecía así de reojo que estuviera moribundo, aunque los Saiyajines eran resistentes. Se dice que el Príncipe Vegeta había descubierto su poder oculto, casi al borde de la muerte. Por detrás la Reina Selypar, con su séquito y el Príncipe Tarble. Todos con la típica armadura con hombreras y capa. Caminaban con la mirada bien apuntada al Rey, les pareció extraño, porque según el protocolo, era el Heredero al trono y su séquito quien debía entrar después del Rey. Luego de eso, todo parecía lo esperado.

Hasta que el Príncipe Heredero entra por la puerta, ahí se puede ver claramente la diferencia. Sus pasos eran seguros y mucho más firmes, parecía arrastrar el viento con toda su persona. Como dejando huella en todo lo que él pusiera un pie. En un traje negro, una pechera blanca, sin hombreras ni capa. Por detrás estaba el General Bardock, su hijo, quien se rumoraba fue el primero en llegar a ser un SuperSaiyajin, a su otro hijo, que formaba parte de los Élites de confianza del Príncipe. Un saiyajin calvo, y la presencia de lo que parecía un gigante entre ellos. Supuestamente es el Saiyajin loco que el Príncipe tomó de mascota. Pero el único que arrasaba con su presencia y su mirada afilada era el Heredero al Imperio.

Lo que más sorprendió a Serena, es verlo sin la cola enredada en su cintura como un cinto, ella lo recuerda con cola... Tanto él y su séquito no la tienen. Cree que nunca ha visto a alguien de tan alto rango Saiyajin sin ella. Tampoco entiende bien el porqué tienen espadas japonesas, ellos pueden destruir lo que sea con sus ataques de Ki. Vuelve la mirada al piso, mientras desaparecen dentro del Palacio para instalarse. Todos quedaron pausados, la presencia del Príncipe Vegeta fue abrumadora. Toman aire y empiezan a moverse. El momento de la verdad y el trabajo duro en todo su esplendor comienza.

El ama de llaves Hakkake, guiaba a Rei a sus habitaciones. —Aquí Señorita Hino, ellas dos serán sus asistentes. —Las presenta. —Ella es Milk y es especialista en la cocina, y ella es Mina, puede ayudarla a preparar sus eventos y música. Pero puede variarlas en sus tareas sin problemas. —La siente en silencio mirando por la ventana.

—Qué extraño ¿No van a hacer fiesta de bienvenida? —Rei pregunta, y el ama de llaves contesta que el Rey necesita descansar… Silencio de nuevo. —Gracias puede retirarse. —Con tono amable, ya que no era la intención de Rei crear un aire tan intranquilo. Parpadea a las dos muchachas que seguían inclinadas. Pone los ojos en blanco. —Levántense… Aquí todos somos esclavos disfrazados. —Con hastío concluye. Las ve nerviosas y en silencio. —Lo siento, no… No soy una harpía lo juro. —Se disculpa muy sincera, las escanea atenta. Ninguna parece una espía o tener intención maligna en sus espíritus. —Vengan… —Las invita a la alfombra alrededor de la mesita de té. —Jaja, voy a decirles un secreto… Mi bolso se ahoga, Jajaja.

Milk y Mina se miran sin entender, hasta que. — ¡Un gatito! —Mina salta emocionada y levanta al gato blanco.

—Sí, no uno… Sino dos. —Rei les muestra y Luna sale caminando muy coqueta, recibe caricias.

—Qué extraño Señorita… Tienen una Luna. —Milk comenta, a simple vista Rei le parece una mujer agradable. Entendió completamente lo que dijo sobre ser esclavos. —Confié en nosotras, vamos a cuidar a ayudarla a cuidarlos.

—Por supuesto ¿Tienen nombre? —Mina juega con el gato blanco.

—Luna… —Señala a la gata negra. —Y Artemis… —Ambos felinos la miran y parecen aprobar todo. Rei piensa en todo lo que debe hacer mientras alista su habitación con las muchachas, y hablan de tonterías. Ya no recuerda cuando se sintió con tan buena compañía, pero antes bajo el ojo vigilante de su padre le era imposible. Ahora está aquí… Dando sus servicios. Sabe que algunos Saiyajin de Alto Rango suelen tomar artistas o hijas de representantes políticos importantes como es su padre, para formar sus harenes o ser una concubina. Ahora está aquí, luego de tanto tiempo. Tal como lo predijo en el fuego sagrado, tal como se lo confirmaron los emisarios Lunares. Va a recuperar el poder que le robaron a la Tierra, va a liberar a su planeta.

—… Ja, parecen mujeres agradables. —Artemis se estira, no recuerda cuando jugó tan a gusto, por tanto tiempo.

— ¡Uy! Y la comida fue excelente… —Luna se recuesta.

—Hm… Debemos organizar todo. — Rei toma el scouter que le dejaron para llamar el servicio, y también tiene un pequeño mapa. —El viejo Rey, al parecer está muy enfermo. Pude sentir las sombras del pasado devorándolo vivo. Luego están los de alto rango junto al Príncipe heredero. Creo que es mejor atacar por ahí, de nada sirve que mate al Rey que va a morir de todas formas. Hay que cortar su estirpe.

—Espera, espera, espera… —Luna la saca de sus planes y niega. —Concuerdo con el plan de acercarse, pero… No podemos "eliminarlos", sin que antes recuperemos la Copa Lunar. —La ve resoplar y cruzar los brazos. —Anda… Pongamos pie de plomo. El tiempo es nuestro aliado, esperamos tanto ¿O acaso no confías en tu visión?

Rei niega con la cabeza. —No, para nada. Fue lo mismo que ustedes vieron. Los Nueve Planetas se alinearán. Las semillas estelares mostrarán su cara. Habrá Luz de nuevo, y el Imperio Saiyajin caerá en las sombras. El nuevo Rey, el legítimo Rey estará en la Tierra.

—… ¡Vaya! Vamos a comer a lo grande. —Serena entra al comedor y toma asiento.

—Haaa… Ni lo digas. —Lita se lamenta. —Pasé días, no ¡Semanas para preparar todo! Y al final no habrá banquete real.

—Debe ser cierto, el Rey está grave. —Ami comenta por las tareas asignadas en el área médica. —Vi de cerca tanques que les reconstruyen técnicamente los órganos.

— ¿En serio? —Mina se acerca curiosa desde un lado, se sirve carne con las chicas.

—Sí, aunque no comprendo lo que tiene, es como desgaste en los tejidos. —Ami frunce el ceño. —El Ki es el nivel de fuerza que tienen, pero veo que tiene que ver más con la energía vital y es eso lo que cada vez está peor. —Suspira y recuerda la pila de libros que le dieron los Doctores para repasar, si bien le gusta aprender, esto es abrumador.

—Y estarás trabajando para los mejores Doctores y Científicos. —Serena habla un poco con la boca llena. —Mina está con una Gran Cantante, que al parecer es una buena mujer. Lita ya es famosa por su menú, y la están pidiendo para otros eventos. —Muy triunfal toma sus palillos en la mano. — Comemos un enorme banquete, con cama, agua ¡Esto es como trabajar para una de las mejores empresas que había en Tokio! ¡Juntas somos imparables!

Reían con Serena y cuchicheaban, y sí al parecer todo iba a ir mejor para las chicas. Aunque estaban totalmente inadvertidas y desinteresadas de los conflictos que las rodeaban. Detrás de las puertas de la Familia Real, las intrigas y el peligro era el pan de cada día.

Vegeta, el Príncipe Heredero del Imperio Saiyajin. Al mismo tiempo que era el orgullo de su raza, se rumoraba que en los últimos enfrentamientos de los que formó parte, su sed de sangre lo llevó a un frenesí, que dejó su mente en un débil estado mental, era reconocido por enfurecerse y no dudar en cortar la cabeza de quien considerara su presa. Ya no había piedad en su alma, víctima de una traición, se dejó poseer una vez por magia negra del enemigo, sólo para usarlo en su contra. Había pocos en los que confiara, a veces lo consideraban con delirios de persecución. Y el mínimo corazón que tenía, ya había sido consumido por la rabia de haber perdido a la mujer que amaba. De todas formas era un amor imposible… La Realeza Saiyajin sólo puede estar formada por herederos puros.

Iba a la Tierra, un patético planeta al cual no entendía porqué su padre insistía en ir. Pero él sólo iba para presenciar su muerte y hacerse del trono de ése viejo traidor. Y lo primero que planea hacer es deshacerse de la víbora de su madre, quien manda a diestra y siniestra espías. Incluso ha enviado mujeres del servicio a espiarlo, pero él disfruta de llevarlas a su cama y ver sus patéticos intentos. Veneno en sus cuerpos, espadas, puñales y hasta ridículos intentos de seducirlo. Por eso debían de respetar las reglas estrictas que ponía para compartir la cama con mujeres que no eran concubinas de alto rango o su esposa, si es que las tuviera.

Pasaron los meses y Vegeta se está hartando de estar en éste jodido y débil planeta. Donde los únicos rivales son Broly, que aún no controla sus poderes y el hermano de Raditz. Que lo único que hace es enervarlo hasta el hartazgo en cada sesión de entrenamiento.

Raditz se pone a la derecha de Vegeta y arremete contra su hermano Kakarotto, los puños chocan sin cesar, haciendo temblar las rocas de las montañas. Kakarotto se aleja hace pie en una ladera para impulsarse, pero es enterrado por disparos de Ki sin pausa.

Vegeta dibuja un sonrisa ladina al ver que no hay movimiento en la polvareda. — ¿Sigues vivo?

— ¡Uh! ¡Sí! ¡Impresionante! —Mira su armadura y a pesar de algunos mechones de cabello quemados, el resto está bien. Golpea su pecho. —Ja, bien resistentes.

Broly se acerca a ellos volando a gran velocidad. —…Ahí están. No iba a ser difícil encontrarlos. —Le señala donde están entrenando, los disparos, la destrucción. Pero en especial los Ki oscilando hasta quemarse… El de Vegeta especialmente.

—Alteza… Así que destruyeron las dos cámaras de Gravedad. —Bardock se acerca para hablarles. —Si no creyeran que son tontos… Creería que sólo quieren llamar la atención.

—General… —Vegeta lo saluda con respeto. —Dile al viejo de Gero, si no puede hacer una cámara que resista nuestro Ki como SuperSaiyajin. Entonces nunca fue mejor que el Dr. Briefs. —Muy cabreado va a estirarse.

—Bueno, van a llegar científicos de Tech-Tech. Como usted ha pedido. —Bardock le informa. —Pero no es por eso que vine a hablar. —Vegeta lo apunta con la mirada. —Quiero que nos pongamos de acuerdo, para que no quede tan explícito que apoyo su idea de los Guardias terrícolas.

Raditz estaba con Kakarotto y Broly practicando eso del Ki en plena acción. —Hm… En verdad que los Scouters son buenos para no estar todo el tiempo con ésta mierda.

—Todos los Scouters pueden estar intervenidos por el Dr. Gero. —Kakarotto le recuerda. —Sabes que Vegeta no confía en nada que venga del Séquito del Rey o la Reina.

—Sí, no todos tenemos un padre como el de ustedes. —Broly agrega. Y se concentra con ellos.

Serena escuchaba las charlas de sus compañeras de trabajo, algo curiosa iba barriendo, limpiando las macetas de los pasillos que conectaban el patio central.

—… Y así como te lo digo Zangya, prefirió darle una casa en el campo para que deje de trabajar aquí, en lugar de ponerla en un Harén. —Maron comentaba.

—Hm… Me suena a que es un Príncipe tacaño. —Zangya confirmaba.

— ¿Tacaño? No lo creo, ya hemos visto desfilar a muchas para darle servicios íntimos. Y la que no es una espía o una asesina, le ofrece ésas cosas. Y nunca más las vuelve a llamar. —Maron confirma —Sí me hace pensar ¿Tendrá bastardos por ahí?

—Jajaja, todas dicen que usa condones. Con lo quisquillosos que son con el orgullo y blah, blah, el linaje, el honor y más blah, blah. —Zangya le hace las muecas con la mano.

— ¿Crees que algún día me llame? —Maron muy traviesa le da un par de codazos. —Jaja ¿Qué? Soy llamativa, exótica… Tengo buenas curvas. Aunque así no se nota, podría ajustar mi Yukata un día de éstos. Agh, si no me hicieran hacer trabajos de una mula, podría venir más coqueta… —Mira un poco su reflejo. —Me parezco a ésa… A ésa hija del Difunto Doctor Briefs, dicen que lo vieron un par de veces con ella antes de matarla con toda su familia.

—Jummm… Algo es seguro. Todas esas que resultaron ser asesinas y espías fueron decapitadas al instante. —Zangya habla de las veces que sus guardias llevaban los cadáveres a Investigación Militar.

Serena también sabe de todo eso, ahora entiende un poco de la espada. Toma su balde y va a fregar las escaleras. La anciana Hakkake aparece. —Tsukino, ya debería de tener las escaleras listas, para antes de la hora pico. Ahora tardaran en secarse.

—Lo siento Señora Hakkake. —Se inclina en sincera disculpa. —Es que las flores necesitaban cambiar la tierra.

—Hmmm… No sólo es eso… Deberías compartir tu habitación con las que están en tu misma área. —Lo dice muy seria. —No es la primera vez que llegas tarde a una tarea…

Serena toma aire, quiere rogarle que no las separen. —Le juro que será la última vez. Le juro que me atrasé porque las plantas necesitaban atención extra. —Se inclina y une sus manos rogando, limpia ésos escalones como si fuera una obra maestra a terminar. Hasta los seca con un trapo para que nadie llegue a resbalarse. Llega tarde al almuerzo…

— ¡Tsukino! —La voz de la anciana le llama la atención.

Serena pega un salto, no puede regañarla porque llegó tarde a comer, pero se gira prevenida. —Sí señora.

—Necesito ayuda, las cañerías se han dañado y hay que llenar de agua caliente el baño del Príncipe Vegeta.

Serena deja su plato vacío, los nervios le han cerrado el apetito. Va a ayudar a cargar el agua a medida que la vayan calentando en las calderas de afuera. Lo ha visto muy de lejos y siempre ha tratado de ser invisible y no molestar. Pero aun siendo prudente ahora que lleva los baldes, la presencia de él parece cargar el aire. Su habitación parecen tres, hasta cinco habitaciones unidas. Pasa desde afuera con Milk para ayudar, y aunque no quieren escuchan la conversación que tiene con el Saiyajin calvo…

—… Príncipe Vegeta. Aunque sea uno de los guardias reales va a tener que mantener. —Nappa intenta convencerlo que el plan que tiene con el General no va a funcionar.

—Comandante, sabe muy bien que sólo quiero a mis hombres de confianza y nada ni nadie más. —Vegeta habla con sus puños unidos en la espalda.

—Pero sólo somos nosotros, no damos abasto con los turnos de las guardias. Sin mencionar que Kakarotto y Broly son casi exclusivos para su entrenamiento. —Nappa trata de hacerlo mediar. —Creí que íbamos a estar bien, pero nuestro tiempo aquí se ha extendido más de lo esperado… —Lo ve resoplar furia por la nariz. —Vegeta… —Trata de verlo a los ojos.

— ¡Planeta de Mierda! ¡No sé porqué no lo hizo cenizas! ¡Tan implacable el Rey Vegeta! —Con sarcasmo sisea. — Estamos varados en éste lugar donde a los terrícolas les han prohibido la tecnología. No podemos tener ni agua caliente a tiempo. —Mira de reojo a las hembras cargando el agua. Ve a una de ellas acelerar el paso, lo único que hace es volcar todo y mojar la alfombra. —Dime, terrícola…

Serena da un salto luego de salir del baño con la cubeta vacía. Se inclina. —Lo-Lo siento Su Alteza. No-Nosotras ya-ya… —Tiembla de miedo al sentirlo cerca. — ¡Le prometo secar todo lo que ensucie!

—Ni una gota más en mi piso…—Vegeta la ve ir de nuevo. La ve entrar más prevenida, pero mucho más lento. La hembra parece temblar de terror. Resopla furia cuando ve que su otra compañera hizo dos viajes y ella no termina ése. — ¡Va a llegar fría! —Le grita, ella tropieza con las cubetas.

Serena quedó empapada y tontamente prefiere que su Yukata absorba el agua antes que la alfombra. Asiente y se disculpa. Desesperada limpia todo…

Nappa se acerca a Vegeta a hablarle al oído. — ¿Qué te he dicho de hacer eso?… Si te comportas así, cualquiera querrá vender su lealtad en tu contra.

Vegeta piensa que en su furia por discutir con Nappa quizás dijo información que esas terrícolas pudieran vender a su madre o algo así. Mira a la que limpia todo, tiembla como un papel, incluso mojada puede ver que suda de los nervios. También recorre su memoria y es una sirvienta que nunca ha visto. Le parece muy sospechoso. En un momento la ve enfocarle la vista. Algo no le cae bien en ella, como si algo no concordara. Rechista a un lado. —Yo, hago lo que quiero… — Camina afuera para seguir hablando.

Nappa se choca con Bardock en el pasillo. — Todo esto es tú culpa. —Nappa lo acusa con el dedo. — No puedes seguirle todas sus locuras. Va a ser un Rey, debe aprender también de diplomacia y negociación.

Bardock se cubre con las manos. —Oye, oye… Cuando tiene buenas ideas es mejor apoyarlo. Sabes cómo es, va a aislarnos y ya no contarnos nada de lo que le suceda.

Vegeta se cruza de brazos y pone los ojos en blanco, escuchando a ése par discutiendo como viejas. Se gira de espaldas y espera a que terminen sus tonterías.

—… Bueno, siempre dicen que uno de los hijos es problemático. Y el nuestro es Vegeta. —Bardock lo comenta, como broma, pero con el tono más natural.

— ¡Por arrojar ésos comentarios al aire libre la gente cree que tú y yo! —Nappa gruñe y sacude el puño frustrado. — ¿No tienes respeto por la memoria de tu esposa?

Bardock se cruza de brazos, el maldito calvo parece decidido a ganar. —Sabes que yo nunca compararía a mis esposas… —Se acerca, le da una palmadita en la mejilla y luego con su velocidad Saiyajin se aleja. Nappa se abalanza a romperle la cara.

—¡Oigan! —Raditz llega con Kakarotto. — ¡No se estén peleando así nada más!

Kakarotto lo asiste para separar a su padre y Nappa. —Sí, debieran ventilar sus trapos al sol de sus propios balcones. —Se ríe un poco, nada más para seguirle la broma de su padre.

Serena limpiaba todo muy arduamente, se sentía una estúpida. En un instante puede sentir la mirada del Príncipe Heredero en el marco de la puerta, tan clavada en ella que parece un alfiler gigante al rojo vivo, lo mira unas milésimas, y baja la vista acelerando su trabajo. Cuando terminan todo, siente que por fin puede encerrarse en su cuarto para llorar de los nervios. Un empujón de Milk la sorprende.

—Ya… No le hagas caso. —Milk se acerca a susurrarle cuando están a una distancia prudente. —Es un Saiyajin. —Lo dice como uno de los peores insultos.

Serena le asiente y la acompaña. De pronto agradece que su trabajo principal no sea en el área cerca del Príncipe. —Lo único bueno fue ganarnos un descanso extra, por éste trabajo extra. — Frunce los labios, tratando de borrar el mal momento. — ¿Cómo dijiste? ¿Tu jefa siempre invita el té?

— ¿Ves? ¡Esa es la actitud! —Milk la toma del brazo y va con ella a la pequeña sala del té que tiene la Señorita Hino.

—… Ya basta… Que me digan Rei. No soy de la realeza o algo así. —Rei muy contenta comía con ellas, hasta les servía el té.

—Bueno, es lo más cerca que tenemos. Ust- Tú no eres una sirvienta como nosotras. —Mina le explica.

— ¿Tú crees que no soy desechable para ellos como cualquiera de ustedes? —Rei suspira, aun con todo lo que ha tanteado el terreno estos meses. Pasar el terreno del Príncipe Saiyajin o incluso de alguno de su séquito es imposible. Sin usar Scouter, pueden percibir la agresión hacia ellos. Además, tan solo ha tocado para las reuniones con la Reina y sus víboras. Nunca la han llamado o insinuado para ningún servicio íntimo. Los únicos con tendencias promiscuas parecen ser el Príncipe Vegeta y ése tal Raditz, pero prefieren hacerlo con sirvientas. Frota su sien, deberá pensar otro plan. Los Guerreros Scout que predijo, parecen tardar en aparecer.

—Rei… —Mina le toca el hombro, quedó callada y frotándose el rostro. — ¿Te duele la cabeza?

— ¡Cómo no le va a doler si te ha estado dando lecciones de canto! —Serena bromea y Mina se tira a ahorcarla.

—Jajaja, tiene buena voz… —Rei se ríe mientras las ve así de alegres. Se pregunta si hubiera tenido hermanas o si así eran los hogares terrícolas antes de la invasión.

—Tsukino. —El ama de llaves la intercepta cuando volvía a sus habitaciones.

—Señora Hakkake ¡Terminé todo a tiempo lo juro! —Une sus manos y le ruega.

—Lo sé. Necesito que me sigas, el Príncipe Vegeta te pide en su cuarto ésta noche.

Serena queda fría… Creyó que él no querría verle la cara jamás. Traga duro y vuelve a respirar. —S-Sí… Yo… Prestaré mi servicio. —Acepta el llamado, va a buscar unas toallas. Sabe que van a bañarla y prepararla para dar sus servicios. En el fondo de su mente, Serena guarda la fantasía de que la haya recordado, pero ni siquiera tiene el cabello como ésa vez ¿Debería quitarse los lentes de contacto?

—Hmp… Al final parece que te has ganado la lotería. —Una de las muchachas que la bañaba y lavaba su cabello le comenta. —Si es que no te mata por ser una espía. Jajaja

—Sshhh ¡Basta! —La anciana Hakkake la regaña.

—Dicen que te puede dejar técnicamente partida al medio. Jajaja como mínimo yo le pediría una cabañita, con un terreno para trabajar la tierra y dejar de ser una sirvienta.

Las muchachas bromeaban y Serena de inmediato olvidaba lo que estaba en su mente. Ahora entiende porqué le viene bien que la ayuden a bañarse, si tuviera que hacerlo ella misma, los nervios y el miedo no la dejarían moverse. Extrañamente, quiere estar bien preparada, tomarlo como un deber, y hacerlo satisfactoriamente. La acomodan con una trenza, le preguntan si ha cenado, ella dice que sí. Miente, en verdad hasta el vaso de agua que le han dado le revolvió las entrañas.

—Conoces bien las reglas Tsukino. —La anciana Hakkake le recuerda. —Ni mirar, ni tocar, cierras bien la boca. —En parte no comprende qué le vió a ésta muchachita, no es para nada atractiva como las otras. Siquiera es alguien que resalte, como Kino, en la cocina o La Señorita Rei.

Vegeta se sirve un vaso de Whisky. Se mira al espejo, es el único que tomará y con hielo. Necesita tener sus sentidos despiertos y saber qué se trae ésa sirvienta. Golpean la puerta. —Adelante.

—Su Alteza. La Señorita Serena Tsukino está lista. —La señora Hakkake espera en el fondo de su mente, que ella no sea una espía o algo así. Además se nota de lejos que no tiene ninguna experiencia, por primera vez siente culpa, como si estuviera echando un conejo vivo al fuego.

—Gracias anciana. — La excusa con un ademán. La joven queda en silencio unos segundos y cuando se quedan solos parece salir de su estado criogénico.

—Buenas noches su Alteza. —Serena hace una reverencia formal uniendo sus manos. — Espero me haya perdonado por lo de las cubetas ¡Por favor! Y-Y… —Serena con los ojos cerrados puede sentir cómo la rodea un poco. —Ruego en el fondo de mi alma servirle como corresponde. Acepte mi reverencia. —Serena se arrodilla y pone sus manos por delante en el suelo.

—No recuerdo haberte dado permiso de hablar… —Vegeta la escucha, hasta ahora es la primera que viene aquí de manera tan formal. Parece un pequeño robot que sigue instrucciones, de nuevo la ve dura esperando sus instrucciones. Parece un robot que hay que darle cuerda. — Ahí está la silla y ahí está la cama.

Serena asiente, se pone de pie y mira muy nerviosa a ése lugar. Con cortinas, almohadas y una pequeña chimenea antigua en una esquina, se acerca al borde. Mira de reojo al Príncipe, está con ropa terrícola, pantalón negro, zapatos y camisa. Desvía rápido la mirada cuando lo escucha gruñirle.

Vegeta sonríe de lado al ver que la asusta tan fácil. —Sabes que es contra las reglas intentar… Que yo te quite la ropa. —Recuerda a ésas asesinas que lo han seducido para quitarles la ropa, y al minuto que está cerca, sacaban un puñal de la tela o agujas con veneno.

— ¡No, por supuesto que no! —Serena pone los brazos para cubrirse la vista y se inclina. — ¡Por favor perdóneme! ¡Si le parece una insolencia si lo he ofendido! ¡No quiero intentar nada lo juro! ¡Pero si es su deseo tomar mi vida! —De pronto Serena solo quiere que todo pase de inmediato.

—Rá-pi-do… Y deja de gritar. —Vegeta le sisea. Le señala una silla donde poner su ropa.

Serena va quitando su ropa y la deja en una silla cerca de la puerta. Su corazón late fuerte, teme tropezar y caer. Siente que si cayera ahora por el tropiezo más torpe, se haría trizas en la nada. La mirada del Príncipe de nuevo está clavada en ella, y se siente el ser más vulnerable ahora, que la ve y la escanea tan atento.

La ve quitarse todo y acomodarlo lejos de la cama según la norma. Tiene una larga trenza, con su cabello oscuro. Sin mirarlo, queda esperando, está roja hasta el cuello. —De espaldas, con las rodillas y los codos apoyados. Inclina la cabeza en las almohadas… —Le ordena —Jmjm… Al menos que quieras espiarme. Sabes que no puedes ver el cuerpo desnudo de un miembro de la Familia Real. —Más que un protocolo de la realeza, es una medida de la seguridad para él. Que desde que han intentado matarlo, lo ha seguido al pie de la letra.

Serena se acomoda tal cual le ordenan, rápido. —No su Alteza, perdóneme. —Nerviosa cierra fuerte los ojos. Siente sus pasos alrededor. Siente el sonido del vaso apoyarse, y algo de movimiento. Se aferra a sus antebrazos con la cabeza bien clavada.

Vegeta puede sentirla, no aterrada, lo que le sigue. Pero bien posicionada para ser tomada, él ni siquiera se quita la ropa. Baja su bragueta y toma un condón. La observa en la tenue luz de la caldera, no es una muchacha agraciada. Al menos no es la más voluptuosa o experimentada, si quiera es o intenta hacer nada seductor. Parece común y corriente en verdad…Pero ¿Por qué no le termina de convencer? — ¿Es tu primera vez?

Serena piensa unos segundos, la pregunta le pareció repentina. Es un sí, y un no al mismo tiempo, pero si no sangra, seguro va a creer que le miente. —No.

— ¿Fuiste tomada por el Rey? —Casi como un rugido, exige la respuesta.

—No. No, su Alteza. Pregunte a quien quiera. — Serena queda inmóvil al sentir el primer contacto. Lo siente frotar su miembro de a poco en su centro. Aun envuelto en la funda, el calor emana contra ella.

— ¿Tu pareja? ¿Un campesino? —Vegeta sigue interrogándola, el calor suave de los labios de su vagina, le van dando la lubricación que necesita.

Ella presiona la mandíbula para contestar, no quiere hacer ningún sonido de placer. Niega con la cabeza. —Hace mucho… Mucho. —El masaje se intensifica, mientras empieza a sentirlo aún más duro entre sus piernas.

—Toma aire… Profundo. —Vegeta le sugiere, el calor en su polla empieza a expandirse por su cuerpo. La siente mojada contra él, muy mojada. Quiere sentirla un poco más, así que sigue frotándola unos minutos más. Acomoda su glande, muy lento lo absorbe. Su respiración vuelve, como si la expectativa le hubiera contenido el aire.

Serena se sorprende, creyó que sería agresivo. En cambio lo siente ir muy lento estirándola, eso es bueno. Su pene le parece enorme, pero puede que peque de inexperta. Siente al Príncipe tomar su trasero, para empezar a moverse. Presiona sus uñas en los brazos cuando está hasta el fondo, hunde la boca contra la almohada.

—Jaja… ¿Qué? —Vegeta jadea disimulado, el llegar hasta el fondo de ella se sintió tremendamente bien. — ¿No vas a intentar seducirme con tus gemidos? ¿A decirme lo bien que se siente? ¿Lo grande que se siente? —La ve negar con la cabeza, solo siente el sonido de su agitación. No comprende si la mujer lo desafía. Continua su labor, arremete contra ella lento y firme. Su interior se siente caliente, y empieza a chorrear a su alrededor. No puede evitar fruncir la vista, y concentrarse en ésa zona suave y rugosa. A medida que aumenta el masaje justo en ése punto, escucha cómo salpica más y más. Presiona la mandíbula, su interior ondula sin cesar, solo se escuchan las respiraciones agitadas. Mira hacia abajo cómo hace rebotar su trasero contra su pelvis, ella sin embargo sigue inmóvil en la misma posición. Roja hasta el cuello, sus orejas, le gustaría verla con éste rubor en el rostro.

Serena empieza a sentir un poco de pánico. Cada segundo parece estar a punto de largar sonidos obscenos de su boca. En algún momento, se empezó a acumular el calor, y a darle hormigueos eléctricos desde su vientre a todo su cuerpo. Siente sus pezones endurecidos y le gusta cómo se frotan contra las sábanas a medida que los empujes toman un ritmo frenético. Lo escucha jadear caliente, bien aferrado a sus muslos. El calor de los dos parece fusionarse. Serena empieza a sentir algo extraño, sus piernas flaquean, una ola inesperada de calor parece acumularse y empujar hacia su vientre. Quiere decirle que se detenga, que cada vez que él golpea ése punto en su interior, se le hace más difícil no moverse o gemir. Presiona los brazos para sostenerse, ya no puede… Algo se acerca acumulándose desde lo más profundo. —"Serena, aguanta… Por favor. Serena, debes aguantar. Debes servirle." —Se repite, las lágrimas caen y parecen refrescar su rostro prendido fuego. Siente unas pulsaciones en la punta de la virilidad del Príncipe, un par de estocadas duras. Es demasiado tarde… Estalla, se desarma en placer y todo se vuelve oscuro.

Vegeta ya no puede controlarse, todo se ha vuelto húmedo, apretado y se siente bien. Tremenda y malditamente bien. El cuerpo menudo de la hembra tiembla sin control, como intentando resistirse y lo derrite de caliente. Su vagina lo presiona, la punta de su miembro tiembla con dolor. Ruge en éxtasis y se desploma hacia adelante, mientras se siente ordeñado hasta la última gota. Se sostiene con los codos para no aplastarla, su cuerpo y el de ella arden. Mira hacia abajo, parpadea en sorpresa con las cejas en alto, al ver que lo mojó hasta su camisa y pantalones. —"¿Acaso es tan sensible? ¡Me roció completo! ¡Qué mierda! Vegeta… ¿Te saliste de control?" —Se castiga internamente, y no sabe si es por bajar tanto la guardia al recibir éste nivel de satisfacción o porque la hembra parece haberse desmayado. Sale de adentro de ella, se limpia rápido y la gira boca arriba. Su Ki está en orden y su pulso también. Su desconfianza resurge. La ve un poco más de cerca, su rostro ruborizado y otras partes de su cuerpo también. Revisa su ropa, la deja doblada. Todo indica que es una sirvienta más, la queda observando unos minutos más en su cama. Sus brazos quedaron rasguñados, sus labios están inflamados, por el orgasmo y por morderlos para no gritar. Baja a revisar su vagina, y no hay olor a sangre. Vuelve a mirarla, acomoda su trenza a un lado, ve que ella respira muy apacible. Dibuja la forma de su boca con sus dedos, a milímetros de tocarla. Su piel tan clara con rubores, sus pequeños pezones rozados… ¿Qué le sucede?—"Basta, la mujer es inocente." —Parpadea, no sabe de dónde salió ése pensamiento que lo reprendió tan fuerte. Toma su Scouter y pide ayuda para que la devuelvan a su cuarto.

Serena empieza a despertar de a poco en su habitación, se remueve, siente palpitaciones y hormigueos en su entrepierna. La actividad fue intensa, busca sentarse.

—¡Serena! —Ami se abalanza sobre ella. — ¡Me dejaron cuidarte! ¿Estás bien? ¿Te duele mucho? ¿Quieres agua? ¿Quieres comer?

Intenta organizar las preguntas de a una, mientras estira sus hombros y su cuello. Arma una silla de almohadas improvisada en el respaldo de su cama, extrañamente su mente está fresca y bien activa. —Estoy bien, solo muy cansada. Ayer no alcancé a almorzar, sólo tomé el té con dulces que nos invitó Rei… —Se gira a servirse agua, y ve que está fresca, le parece extraño. Por lo general a la servidumbre le dan agua con hielo si trabajan en el sol, o en ocasiones especiales.

—Es agua con hielo. —Ami le explica y toma la jarra por ella. —Nos dijeron que puedes tomar y comer lo que quieras. Hasta te dieron el día libre, así te recuperas ¿Anoche no te ofrecieron un banquete?

Bebe el vaso con agua. —Sí. Pero, no tenía hambre. —Habla muy apacible y ve a su amiga sorprendida por su respuesta. — Ya te digo, necesito comer. No tengo nada grave y creo que es exagerado tener un día libre. El ama de llaves ya me advirtió de separarnos, y si me retraso con esto. —Gira el vaso en su mano… Recuerda lo de anoche y su ceño se frunce.

—Serena ¿De qué hablas? Siempre quieres estar bien para todos… —Toca su hombro dándole palmaditas, siente que tocan la puerta. —Ahí trajeron comida, aproveché y pedí carne de pavo, cerdo, jugo fresco de frutas. No tienes que compartir… Pero si me invitas. —Da unas risitas, recibe la comida y le arma un sándwich.

Serena le asiente. —Por supuesto Ami… Puedes servirte. —Da un bocado al Sándwich que le armó, y un trago al jugo de naranjas. Recuerda que anoche, se desmayó y ni siquiera pudo limpiarlo. Recuerda que es obligación de la que acepta dar el servicio, limpiar todo rastro del coito. Se avergüenza porque sentía que chorreaba por sus muslos, si llegó a ensuciarle la ropa o las sábanas ¡Qué vergüenza! Si el Príncipe no estaba cabreado con ella por cargar unas cubetas y ensuciar la alfombra, esto lo corona todo. Empieza a sentir una ola de lágrimas que no puede controlar, le ha servido mal y se siente culpable.

Ami la consuela, busca unos pañuelos. —Ya Serena, por favor… No llores. Ya no lo volverás a ver. —La abraza y la siente negar con la cabeza. No quiere ni imaginarse a qué la sometió.

Serena no comprende porqué, el darse cuenta que ya no volverá a verlo de cerca, le oprime el pecho. —No Ami no es eso… Es… Muchas cosas. —Resopla su nariz. —Ni siquiera pude limpiar nada, así que seguro no querrá gratificar el servicio.

Golpean la puerta, son las chicas, y hasta los gatos de bajo espiando. —¡Serena! —Mina la abraza, casi la hace arrojar el sándwich al otro lado de la habitación. —Por Dios, lo siento ¡¿Quién sabe qué cosas espantosas?! —Pone el dorso de su mano en la frente y llora dramática por el cruel destino de su amiga.

—Sshhh… Chicas, que nos hemos escapado de nuestras obligaciones. —Lita les advierte, vigilando al pasillo. Pudo haber sacrificado su hora del almuerzo, lo hará, pero necesitaba verla ahora mismo. Al enfocarla está tan triste. Si no se arriesgara a que le corten la cabeza, envenenaría al hijo de puta del Príncipe Heredero.

Las chicas se notan que tienen una preocupación en mente, quiere calmarlas rápido así vuelven a trabajar. —No, no fue… No fue malo o agresivo. No me golpeó, y… No me forzó a nada. —Toca sus labios, como si él los hubiera tocado. Pero no fue así.

—No mientas, no quieras cubrirlo por miedo. —Rei le afila la mirada, debajo de su Yukata florada, truena disimulada los puños. Pero la ven negar muy vehemente.

—Quizás… —Mina parpadea grande, las chicas se miran muy sorprendidas. — ¡Quizás tú sí le caíste bien! ¡Las otras eran trepadoras, espías y asesinas! —Presiona su puño triunfal. — ¡Un corazón puro y verdadero como el tuyo es un tesoro en éste universo!

— ¡¿De qué hablas?! Mina, una no es un trapo que se deshecha. —Rei muy madura le explica. — Mi abuelito en el Templo, me recordaba, cuando la virtud de una doncella tenía valor de verdad. Esas cosas son importantes, no importa cómo nos quieran grabar en la cabeza que ellos pueden "usarnos".

—Estoy muy de acuerdo. —Milk la apoya. —Ellos creen que pueden disponer de nuestra vidas, porque son los más fuertes. Por eso es importante ser fuertes a nuestra manera. Mostrarles que la vida es importante. —Frunce el ceño, recordando a su difunto padre…

— ¡Ja! Ya les digo que con Milk, no sólo encontré alguien con quien competir en la cocina, sino en estado físico. —Lita les cuenta. —Debemos organizarnos, ir al bosque y les mostramos.

—Oigan… ¿Quién vigila la puerta? —Ami les pregunta.

—¡ ¿Quién putas las autorizó a salir de sus puestos de trabajo?! —El ama de llaves aparece entre ellas y grita casi derribando las paredes. Fue advertida por Zangya, pero, poca advertencia necesitaba. Había una montaña de trabajo por terminar en la cocina.

Serena da unas risitas mientras las ve dispersarse del susto. Ami la sigue acompañando, casi poniéndole la comida en la boca. Todo en su mente es tan complicado. Cuando se queda sola, porque Ami tenía que hacer unas obligaciones, busca en su mesita de noche. Envuelto en una de sus medias, estaba la cápsula con las dos CC de la extinta Corporación. La toca y se pregunta: ¿Qué pasó con aquel Príncipe que las salvó? Y sabe que Milk tiene razón "Es un Saiyajin..." ¿Por qué creía que iba a ser distinto? ¿Acaso ella se había ilusionado con volver a verlo? Empieza a llorar de nuevo. El recuerdo de hace diez años vuelve a su mente…

Hace diez años, varios científicos, liderados por la Familia Briefs, se preparaban en las sombras para liberar el planeta. Hasta ella llegaban sólo rumores. Vivía en un orfanato, se había hecho amiga de Mina, una rubia alegre, con los ojos más claros que ella. Soñaba con ser una cantante y animar fiestas con la belleza de su voz.

También se hizo amiga de Ami, una niña que había sido encontrada con los cadáveres de sus padres, los había quemado con los ataques de Ki que los Saiyajin suelen usar para limpiar el terreno. A ella la encontraron escondida en el sótano, con apenas 4 años, ella no sabía si quiera qué hacer para ayudarlos. Así que se decidió en su vida adulta, dedicarse a la medicina. No pudo hacer nada por sus padres, pero quizás algún día, pueda hacer algo valioso por el prójimo.

Lita había aparecido entre ellas como una niña problemática, se rumoraba que hasta se había atrevido a morder a un soldado Saiyajin que quiso raptarla. Era una muchachita de temer, pero para Serena, con el Don de la simpatía, se acercó a ella. Entendió que era su enojo, su ira por todo lo que había sufrido al perderlo todo en la guerra, lo que la hacía irascible. De acuerdo, de acuerdo… Su primer motivo fue porque la descubrió cocinando y comiendo manjares hechos por sus propias manos. Pero al acercarse, se convirtieron en un grupo de amigas tan unido, que eran casi hermanas.

Los Saiyajines y otros soldados alienígenas aliados, entraron a saquear el orfanato cuando ellas tenían 14 años. Nunca va a olvidar, estar escondida con sus amigas en el rincón del ático, escuchar los pazos y murmullos de los soldados que buscaban víveres y de lo que quisieran servirse en su aburrimiento. Ya que la revuelta de una purga, también servía para tapar otros crímenes de Guerra. Serena está a punto de sollozar del miedo, pero tapa su boca. Siente a Lita tomar muy cuidadosa una olla de hierro y envolverla en una cortina, ajustándola firme en su mano. Serena la tironea para que no haga nada, y el ruido alerta al soldado.

—¡Oigan! ¡Hay unas mocosas aquí! —El soldado Saiyajin se acerca, es recibido por un golpe seco y certero en toda la cara. —¡Maldita mugrosa!

—¡Chicas huyan! —Lita les advierte, Ami y Mina salen por la ventana. Están a dos pisos y si se toman de las ramas de un árbol pueden amortiguar el descenso, pero en sus prisas caen.

—¡Lita no! ¡Ven con nosotras! —Serena se queda al ver que ella no quería irse. —¡Aaahh! —Da un grito agudo cuando uno de los soldados, la atrapa del largo de sus odangos.

— ¡Jajaja! ¡Mira Toteppo! Una para ti y otra para mí. — Con lascivia se acerca a oler a la niña. Que está congelada del miedo.

—Pues yo ya no puedo esperar. — Le habla a Panppukin que sostiene a la otra hembra. Toma a la muchacha que lo golpeó y la inmoviliza contra el suelo, deja su vestido en harapos y la deja boca abajo.

Lita no grita sólo presiona los dientes, tan duro que su lengua sangra. Mientras en éste acto horrible una parte de su alma parece hacerse cenizas.

—¡No, no! ¡Lita, Lita! ¡Ayúdenme! ¡Alguien que la ayude! — Serena grita de horror, y frustrada como nunca, presencia cómo abusan de su amiga y no puede hacer nada. Sólo gritar.

—¡Cállala de una vez! —Toteppo le ordena. Y mira alrededor los gritos de ésa niña parecen estar a punto de romper los vidrios y sus tímpanos.

— ¡Ya! ¡Maldita a ver si te callas como tu amiga! — Panppukin le tapa la boca, y la tira al suelo, le abre las piernas.

Serena se retuerce con todo lo que tiene, pero más bien parece lastimarse sola. Rompen su ropa interior y la penetran. Una cascada de lágrimas la ahogan, el tiempo se detiene. Pero también se detiene todo lo demás, no pasa más que eso. Vuelve a asustarse cuando tiene el cadáver del Soldado Saiyajin encima.

— ¡Pri-Pri… —Toteppo no sabe qué decir. Suelta a la niña, y se postra al suelo. —¡Príncipe Vegeta! ¡Nosotros… Nosotros…!—No sabe qué decir, sólo siente los pasos acercarse.

—Qué asco… —El joven Saiyajin de 19 años habla con autoridad, está tremendamente cabreado. — ¿No pudieron enfrentarse a alguien de su tamaño? Con razón nos comparan con Freezer. —Escupe a un lado, ve que la niña rubia se acerca a la otra que tiene la mirada vacía, como si estuviera muerta por dentro. —A veces es necesario purgar las plagas de la casa primero. —Ve que está a punto de moverse, quizás un intento de rogar por su vida. Pero Vegeta con un rayo de Ki lo corta a la mitad. Su scouter le advierte de material explosivo y al instante girar una pequeña granada. Estalla haciendo trizas la parte superior de su traje.

Serena se cubre con Lita en brazos. Va a llamar por ayuda en la ventana, seguro Ami y Mina siguen cerca. Pero se gira y ve al saiyajin, quien dijeron que era un Príncipe tirado con un charco de sangre que se forma a su alrededor. Acomoda a su amiga, la tapa con una manta vieja, y revisa con las manos temblorosas si el Saiyajin tiene algo con lo que pedir ayuda. Toma el Scouter y no tiene idea cómo usarlo. Siente las naves empezar a bajar, es su fin. Toma otra cobija y la aprieta donde sangra, pero no sabe revisar herida. Entrelaza sus dedos. —Por favor… Por favor. Ayuda… Ayúdennos. Dios, por favor. —Llora frustrada, se siente en verdad inútil y que nunca sirvió para nada. Recuerda las reprimendas de sus instructores y quizás siempre tuvieron razón. Entre sus lágrimas que brotan de sus ojos cerrados con dureza, no comprende la sensación cálida en su pecho.

—¡PRÍNCIPE VEGETA! ¡¿Qué mierda haces niñita?! —Nappa se acerca asustado, veía una luz blanca emanar desde éste nivel, se acercó y no sabe qué le estaba haciendo. La zamarrea con tanta fuerza que la tira en un rincón.

Vegeta no comprende, empieza a sentir una voz rogando junto a él y que la sombra lo traga, pero se siente envuelto en luz. El dolor desaparece y abre grande la mirada. —¡Nappa! —Lo detiene, lo hace girar, y se revisa. No entiende bien qué sucedió. —Estoy bien. —Toma su Scouter que quedó en el suelo.

— ¡Es una bruja! ¡Entré y no sé qué te estaba haciendo!

—No parece dañina… —Escanea con su scouter, se acerca a la otra niña.

— ¡Yo no hice nada! ¡Por favor déjennos ir! —Serena ruega. Ella tampoco entiende qué pasó. — ¡Quizás… Quizás fue un milagro! —Escucha las risas del Príncipe Saiyajin, y luego se asusta al verlo apuntar a su amiga. — ¡No, por favor! ¡No! —Escuda a Lita, se arrodilla, aun con su cuerpo adolorido, pero no quiere ni imaginarse el dolor crudo de Lita.

Vegeta rechista, mira a la hembra tirada, y es la mejor definición de cadáver viviente. —Es un acto de piedad, no de violencia. Ella no se va a recuperar.

— ¡Entonces máteme a mí! —Ofrece su vida. —Si alguien debe morir, también debería ser yo. Ese soldado que mató, abusó de mí. Es más… Yo merezco ése castigo al no poder protegerla…

Vegeta mira a ésa hembra de cabello dorado hecho una maraña, con los ojos azules llenos de lágrimas, cubierta en suciedad, sangre seca y sudor. Está seguro que su cuerpo menudo debe dolerle horrores por ser abusada, pero aun así junta fuerzas de algún lugar. —Ten… —La pasa una cápsula. —Una pequeña ayuda, por haber hecho… Lo que sea que hayas hecho. —Está muy seguro de haber escuchado el tronar de su esternón y la explosión rompiéndole los tímpanos. Presta atención y hay restos de sangre en su boca. Quizás es una de ésas brujas o sacerdotisas que aun rondan el planeta.

—Vegeta, si no las matamos. Puede que mueran lentamente o se conviertan en esclavas sexuales o algo así por otro grupo. —Mira de reojo a las niñas. —Matarán a la bruja, eso es seguro…

—Ni una palabra más Comandante…—Mira los cadáveres de los Saiyajines. —Saquémoslos afuera y hagámoslos cenizas. No soporto el olor a mierda de estos dos.

—Ja, pero te dije que eran éstos los que estaban arrasando con los Templos y Orfanatos. —Nappa le da un revés con la mano. En verdad que era una molestia los negocios clandestinos que habían hecho algunos soldados, vendiendo hembras alienígenas en el mercado negro. Además esos dos siempre fueron un dolor en el culo, siempre consiguiendo favores del Rey Vegeta besándole los pies.

Vegeta mira a la niña que se abraza a ésa otra. Frunce el ceño, pensando si vale la pena tanta miseria. La hembra lo enfoca como siguiendo sus movimientos por el miedo. Le hace una seña de silencio con el dedo en la boca, ella le asiente muy vehemente, entendiendo que no debe contar nada sobre él. —Que los soldados y naves se retiren. Aquí no hay amenaza alguna. —En su Scouter envía la orden. Parpadea al ver un mensaje urgente del Rey.

Serena ve cómo en instantes ésos Saiyajines desaparecen, se sorprende por su velocidad, las naves se retiran y cesa toda agresión. Queda el silencio alrededor ¡Las salvó! ¡Él las salvó! Llama al resto de sus amigas, y solo asisten a Lita, ya que la ven muy grave. Serena ignora el dolor en su pelvis, para su infortunio no recibió la atención necesaria hasta meses después que pudieron dar con un doctor. Al parecer se le hizo una infección por la herida en su vagina, que afectó su ciclo fértil. Ya no tenía su ciclo menstrual tan seguido, y le dijeron que sólo con tratamientos podría concebir. Una muchacha sin recursos como ella nunca lo podría hacer. Pero se ilusionaba pensando que al crecer, quizás podría adoptar algunos niños y vivir en una enorme casa. Quizás hacerse institutriz o niñera en algún orfanato.

Los traidores de los Saiyajin fueron atrapados, y ejecutados. Nunca más atacaron su ciudad, y ella cada tanto veía ésa cápsula, donde había muchísima comida y agua. Y los ayudó a sobrevivir a ellas y varios niños más. Sólo dijo que se le había caído a un soldado y ella lo tomó sin saber. Miraba al cielo, cada tanto pasar las naves, pero nunca más pisar para arrasar su ciudad, se imagina que es el Príncipe quien los protege.

Ahora había estado frente a frente de quien consideró su salvador, no pudo darle nada a cambio, no pudo siquiera servirle correctamente. Pero ya no importa, debe superarlo con sonrisas como siempre, con buenos ánimos y simpatía. Sus sentimientos son tan complicados, sus emociones tan abrumadoras, que no puede evitar seguir llorando.

Espero les haya sido de su gusto. Jejeje. Espero sus rws así saber qué puedo ir mejorando. No digo que no me haya gustado escribirlo (¡ME ENCANTÓ MALDITA SEA!) Pero no quiero pecar de arrebatada. Muchas gracias por leerlo en primer lugar.

¡Hasta el Próximo viernes! Saluditos… A todos ustedes mis cielos por seguir mis delirios cósmicos. XD