He vuelto. Lamento la larga espera. Sucede que no tengo muchas ganas de ver Trollhunters luego del mal sabor de boca que me dejó el final de la franquicia. Pero veo que esta historia está ganando interés, cosa que aprecio mucho, gracias. Y también siento que lo que escribo es importante para mí, así que seguiré trabajando en ello. ¡Gracias a todos por su apoyo! Disfruten el siguiente capítulo.


- La guerra es caos constante. - Habla Strickler en el salón de clases. - El ganador es aquel que controle el caos. Tanto el suyo como el de su enemigo. Las palabras de Napoleon muestran una necesidad insaciable de conquista. Un hombre que no podía ser detenido. - Mientras hablaba, iba mostrando imágenes del proyector en el pizarrón. - Entonces, ¿cuál fue la caída del general francés? ¿Acaso murió por el silencio ensordecedor de un salón de clases?

El maestro había notado que la mayoría de sus alumnos mostraban aburrimiento por su clase. Varios alumnos se rieron luego de la broma que les hizo su maestro. Sólo uno en el salón no se atrevió a reírse por ese comentario.

- Los tiene comiendo de la palma de su mano. - Jim susurraba para sí mismo, mientras miraba de manera amenazante al cambiante que tenía por maestro. - Confié en él. Me traicionó. Y lo peor de todo. ¡Coqueteó con mi madre! Debería acabar con él ahora mismo.

- ¿Dijiste algo, Jimbo? - Toby le lanzó una mirada curiosa a su mejor amigo.

- Eh... no, nada. - Jim se apresuró a calmarse.

Strickler continuó hablando, mientras mostraba la imagen de un mosquito en la pantalla.

- Malaria. El ejército más poderoso del mundo fue derribado por la picadura de un insecto insignificante.

La campana suena, indicando el final de la clase. Strickler despide a sus alumnos con una pequeña broma, antes de llamar a Jim.

- Joven Atlas. Podría hablar contigo antes de que te vayas. A solas, por favor.

Toby le dio una mirada a Jim, indicándole que lo vería luego, y procedió a salir del salón, junto con los demás alumnos.

Jim se acercó a Strickler, sin notar la mirada de intriga que Clara no paraba de darle mientras salía del salón con su amiga Darci.

- Uh, ¿está todo bien? - Jim usaba toda su fuerza de voluntad para no perder la calma al estar frente a Strickler, ahora que sabía quién era él.

- En realidad, no. - Strickler se apoyó en su escritorio. - Debido a los acontecimientos recientes, no quiero que las cosas sean extrañas entre nosotros. - Sus palabras pusieron nerviosos al Cazatroles. - Tu madre me ha invitado a cenar. He aceptado gentilmente. ¿Eso hará las cosas incómodas?

- ¿Incómodo? No, no, no. Es sólo una cena. ¿Verdad?

- Espléndido. - Strickler jugaba con su bolígrafo. - Entonces te veré esta noche.

El maestro procedió a retirarse. Jim lo ve irse, sin dejar de lanzarle miradas de furia.


- ¿Él irá a cenar a tu casa? - Pregunta Toby.

- Así es. - Contesta Jim, con desgana.

Ambos amigos se encontraban en los vestidores.

- Cena con el maestro, suena incómodo. - Comenta Toby, despreocupadamente.

- Si. Incómodo. - Susurra Jim, entre dientes.

Una vez que terminaron de cambiarse, los dos chicos empezaban a salir del vestidor.

- Yo no me preocuparía demasiado. - Dice Toby. - Una vez que pruebe tus platillos, quien sabe, tal vez quede tan encantado que te subirá la nota. - Se adelantó.

Jim se detuvo un momento fuera de los vestidores, reflexionando lo que significaría la cena con Strickler en su casa.

- No más secretos. No más mentiras. Todo termina esta noche. - Habló en voz baja.

El chico se dispuso a seguir a su amigo, sin ser consiente de que alguien había estado escuchándolo.


- No apruebo este plan. - Comenta Draal, en la cocina de la casa de Jim. - Le falta la parte de, matar al cambiante.

- Eso me encantaría. - Comenta Jim, mientras revuelve un tazón de puré de papas. - Pero no hasta que localicen el puente. Y averiguar qué quiere él conmigo.

El Cazatroles había decidido que la cena con Strickler podía ser una buena oportunidad. Mientras él distraía al cambiante, Blinky y Aaarrrgghh irrumpirían en la oficina de Strickler con ayuda de NoEnrique y tratarían de encontrar pistas sobre el puente Muerteenfrente.

- Podríamos arrancarle las piernas, hacerlo hablar, más como gritar. Eso suena como un buen plan. - Draal comenta, chocando sus puños.

- No, nada de romper nada. - Jim voltea a ver al trol, agitando más fuerte el tazón en sus manos. - A mi mamá... ¡uf! A ella le gusta. - Su expresión muestra asco. - Y ya que ella está aquí, no puedo usarte a menos que sea la última opción, y sólo si es la última opción.

- ¿Y cómo sabré que es la última opción?

Jim dejó el tazón de lado un momento.

- Ok. Si todo está bien, pisaré una vez. Si estoy en problemas, pisaré dos veces. ¿Entendido?

Draal asintió.

- Dos veces, y le arrancaré las piernas.


La hora de la cena había llegado y Strickler finalmente se encontraba frente a Jim.

- Señor Lake.

- Señor Strickler.

- Por favor, mis amigos me llaman Walt.

Jim se hizo a un lado para dejar pasar a su maestro.

- ¿Cómo lo llaman sus enemigos? - Jim soltó una risa, mientras Strickler lo miró de reojo.

Una vez lista la comida, Jim, Barbara y Strickler se encontraban cenando en la sala. Barbara y Strickler parecían estar disfrutando de un buen momento, hablaban y reían durante la comida. Jim, por otro lado, no dejaba de lanzar comentarios sarcásticos y vigilando de cerca a su invitado.

El Cazatroles le había enviado un mensaje a Blinky, confirmándole que Strickler estaba en su casa, por lo que ahora sus amigos ya debían estar en la escuela, registrando la oficina del cambiante.

El teléfono de Barbara suena, ella lo observa.

- Oh lo siento, es del hospital. - Se levanta de la mesa. - Debo atender esto.

- Adelante. - Contesta Strickler. - Trataré de no matar de aburrimiento a Jim.

Barbara sale de la habitación, dejando a su hijo y al profesor solos.

- Es una historia graciosa la que estaba contando. - Comenta Jim, con seriedad. - ¿Con quién se vio forzado a trabajar?

- El hijo del superintendente. - Responde Stricker, mirando su comida. - Es algo temperamental.

- Temperamental. - Jim entrecierra los ojos. - Mmm, interesante palabra. Suena a que es un monstruo.

- Sí. - Strickler pone una sonrisa malvada. - Yo sé.

- ¿Qué sabes? - Jim suelta su tenedor y agarra su cuchillo con fuerza.

- Sé... - Strickler corta con fuerza la carne en su plato. - Que tú sabes. - Se llevó el pedazo de carne a la boca, mirando fijamente a Jim.

El chico imitó la acción de su maestro.

- Mmm, ¿cuanto sabes?

- Tú no sabías que yo sabía. - Strickler mastica otro pedazo de carne. - Pero ahora sabes, que yo sé.

- Así que supongo que ambos sabemos.

Tanto Jim como Strickler se miraron fijamente, con desafío, ninguno apartaba la vista del otro ni por un momento.

- Bular te llamó joven atlas, para forzar este momento. - Strickler junta las manos frente a su rostro. - Me dijo que si no puedo conseguir que me entregues el amuleto, debería matarte.

- ¿Me matarías enfrente de mi madre? - Pregunta Jim, con desafío.

- Bien, tu muerte podría afectar nuestra relación. Pero lo haré si tengo que hacerlo.

- Es gracioso. - Comenta el chico. - Justo estaba pensando lo mismo. ¿Qué tal si me dices dónde está el puente, y dejo tu cabeza unida a tu cuerpo? - Lo mira con severidad.

- Parece que ambos tenemos algo que el otro quiere. - Strickler le devuelve la mirada.

En ese momento, Barbara entra en la sala e interrumpe la conversación.

- ¿Desean algo mientras estoy levantada? - Pregunta con amabilidad.

- Me encantaría un cuchillo afilado. - Dice Strickler. - Para el bistec.

- Yo también. - Dice Jim. - Cuanto más afilado mejor.

Cada vez que Barbara se retiraba, Jim y Strickler dejaban de fingir y se disponían a tener un duelo a muerte con cuchillos, ya sea por el amuleto o para tratar de matarse entre sí.

Strickler no se mostró nada sorprendido cuando le dijo a Jim que sabía sobre sus amigos investigando en su oficina.

Jim por su parte, decidió que era hora de que Draal apareciera, pero para su desconsierto, cuando pisó dos veces, indicándole al trol la señal, este no apareció y el chico no tuvo más remedio que lidiar con el cambiante él solo.

Durante la pelea, Jim llegó a ver la verdadera forma cambiante de Strickler. Barbara finalmente regresó y ambos, maestro y alumno dejaron de pelear, fingiendo que estaban buscando un lente de contacto de Strickler.

La cena había terminado y Strickler se disponía a retirarse.

- Buenas noches, Barbara. - Tomo su mano y la besó suavemente, para disgusto de Jim. Se alejó camino hacia su auto antes de detenerse y darse la vuelta. - Nos vemos en la escuela, Joven Atlas. Debería ser interesante, ahora que nos conocemos tan bien.

- Será una pena cuando ya no lo tenga como maestro. - Comenta Jim, entre dientes.

Barbara cerró la puerta de la casa.

- Eso salió bien, ¿verdad? - Le dice a su hijo.

- No lo sé. Parecía como si tuviera dos caras.

- ¿Dos caras? - Barbara volteo a ver a Jim. - Parecía que ustedes se llevaban muy bien.

Mientras Barbara hablaba, Draal había aparecido a su espalda, para desconcierto de Jim, pero lo que más hizo que se quedara sin aliento fue ver lo que el trol tenía en su mano. Estirando su brazo, Draal sostenía a una persona inconsciente boca abajo, y esa persona era nada menos que Clara.

Jim sacudió la cabeza, indicándole al trol que regresara al sótano. Draal retrocedió lentamente, en silencio de regreso a su escondite.

- ¿Honestamente? - Jim habla. - Él no es quien dice ser.

- Cariño, sé que esto puede ser difícil para ti...

- Mamá, no quiero que lo vuelvas a ver. - Jim habló con voz fuerte.

Barbara suspiro y se alejó, viendo a su hijo con decepción.

- Sí, realmente esperaba más de ti.

Jim se quedó en su lugar un momento para luego dirigirse inmediatamente hacia el sótano.


- ¿¡Qué!?. ¿¡Está!?. ¿¡Haciendo!?. ¿¡Ella aquí!? - Jim soltó una mezcla entre susurro y gritos mientras bajaba las escaleras del sótano, viendo a Clara en el suelo, con Draal a su lado.

- Entró a escondidas por allí. - Draal señaló la ventana. - Tal vez sea una espía del cambiante – Draal apretó los puños. - ¡Hay que deshacernos de ella!

- ¿¡Qué!? ¡No! - Jim se apresuró a detener al trol. - ¡Clara no es un cambiante! ¡Estoy seguro de eso! - Draal le lanzó una mirada de reproche. El trol recordaba muy bien quién era Clara. - Hablo enserio Draal, la vi tocando un detectamanada, ella es humana. - Jim no iba a mencionar el echo de que también había visto a Strickler tocar el detectamanada y no transformarse, pero él debió haber usado algún truco para despistarlo, ahora sabe que su maestro conocía su secreto.

- ¿Y qué está haciendo entonces aquí? - Draal se relajó un poco, pero seguía inquieto.

- No lo sé... - Jim desvió su mirada hacia la chica, esa pregunta también lo intrigaba. - Espera... - Volteó su mirada hacia el trol. - ¿Ella te vio?

- Pues... - Draal vaciló. - No estoy seguro. Me oculté de su vista cuando entró. Luego se volteó rápidamente al oírme, pero terminó golpeándose la cabeza contra el poste y se desmayó.

- Oh, bien. - Jim se sintió aliviado al oir eso, mientras un plan empezaba a formularce en su cabeza. - Si nos apresuramos y la llevamos a su casa creerá que todo fue un sueño. - El Cazatroles pensó que si Clara había visto u oído algo que no debía oír con eso podrían hacer que lo olvidara. Ya había funcionado una vez con Toby.

- ¿Qué la llevemos, dices? - Draal arqueó una ceja.


Jim y Draal se encontraban ahora moviéndose sigilosamente por las calles de Arcadia. El trol llevaba a Clara mientras que Jim iba guiándolos hacia la casa de la chica.

Cuando llegaron al frente de la residencia Nuñez, Jim le indicó a su amigo que fuera con cuidado. Justo cuando pasaron por una de las ventanas que tenía la persiana baja, esta se corrió para arriba, mostrando en la ventana al padre de Clara. Tanto Jim como Draal se congelaron en el acto.

El señor Nuñez se había volteado al abrir la ventana, pero sus ojos se abrieron al darse cuenta de que parecía haber visto algo extraño a través de esta. Se dio vuelta rápidamente y miró hacia afuera, pero no vio nada. Jim y Draal se habían apresurado a agacharse y apartarse de la vista antes de ser descubiertos. Pensando que fue solo su imaginación, el padre de Clara se encogió de hombros y volvió su atención a la televisión.

Luego de haber esquivado esa bala, el Cazatroles y el trol continuaron con su misión. Jim vio que la ventana de la habitación de Clara estaba abierta, así que se apresuró a subir al techo lo más sigilosamente que pudo. Una vez arriba, Jim miró hacia Draal.

- Pásamela. - Susurró al trol.

Cuando Jim le dijo pásamela, había querido decir que se la alcanzara suavemente, no que Draal la arrojara con fuerza hacia arriba. Clara pasó por encima de Jim y este se apresuró a atraparla con dificultad, luchando por mantener el equilibro y no caerse del techo. Cuando pudo controlarse, con mucho cuidado, cargó a Clara a travéz de su ventana y entró con ella en su habitación.

El chico llevó a la chica hacia su cama y la depositó suavemente, teniendo cuidado de no despertarla. Jim intentó acomodarla un poco, pero se le heló la sangre al ver que Clara soltó un gemido y sus ojos empezaban a parpadear. Se estaba despertando.

Jim retrocedió de espaldas y se apartó rápidamente. Cuando llegó a la ventana se dio la vuelta para irse, pero se volteó tan rápido que en lugar de salir por la ventana termino chocando su cabeza contra esta.

- Qué... ¿¡Qué?! - El ruido hizo que Clara se sentara de golpe en su cama.

Jim no perdió el tiempo y se lanzó por la ventana, justo antes de que Clara volteara en su dirección.

La chica contempló el lugar en el que se encontraba, preguntándose qué pasó. Recordaba estar en la casa de Jim, en su sótano, pero ahora se encontraba en su habitación.

- ¡Ahg! ¡Chintroles! ¿¡Me quedé dormida!?

El plan de Jim había funcionado.


- Deshacernos de ella hubiera sido más fácil. - Gruñó Draal, mientras caminaba con Jim de vuelta a su casa.

Jim iba a contestar pero su teléfono sonó. Vio que era una llamada de Blinky. Los ojos del chico se abrieron grande, se había olvidado de sus amigos trols. Se apresuró a contestar la llamada.

- ¡Blinky! ¿Están bien? Strickler dijo que había trampas en su oficina...

- Estamos bien, Maese Jim. - Contestó el trol por el teléfono. - Necesitamos discutir los detalles. ¡Nos vemos en su habitación!