Disclaimer:Craig Bartlett es el creador y él y Nickelodeon tienen los derechos del programa.


40. Status quo II

Toda la sala estaba repleta de periodistas y personas cercanas a la chica que fue objeto de discusión.

- Yo... yo sé que no he sido la mejor madre del mundo... que hubo cosas que pude haber hecho mejor, pero... yo... - La voz de la mujer se entrecortó, parecía haber perdido su aliento. Nunca imaginé que algo así sucedería...

...

- ¡No entiendo a Olga! ¡No entiendo por qué se queja así! Sí, estamos pasando por momentos difíciles. Yo mismo los pasé cuando era niño, pero eso me forjó, además de que la niña ha tenido una vida cómoda, ¡no entiendo por qué ahora se le ocurre esta estupidez!

...

- Pobre de mi hermanita, no sabía que se sintiera tan mal, es decir, siempre tuvimos una relación complicada, pero si ella hubiera querido, yo... yo sé que la familia debería estar unida... No puedo imaginarnos separadas... ¡Hermanita bebé, no te vayas! - La rubia rompió en llanto, interrumpiendo su testimonio.

- ¡Ánimo Olga! Estoy contigo. - Jamie O apoyó desde la audiencia del juicio.

- ¡Silencio! Este es un juicio serio. Ahora le toca a la Sra. Viksten testificar. Señorita Pataki, retírese.

- Sí, señora juez.

Un policía acompañó a la mayor de las hermanas Pataki a su lugar y la abuela se sentó, lista para hablar.

- Miembros del jurado, han visto las pruebas, esta familia no tiene hogar, como pueden ver en estas fotografías, viven en la tienda. Además, según estos recibos que aquí tengo, el negocio de Robert no alcanza para su familia, a veces ni siquiera tienen comida en la mesa, Miriam tuvo que trabajar, situación que ha roto aún más su terrible matrimonio.

Miriam sintió un escalofrío, sabía que su madre estaba al tanto de su desliz, tenía miedo de mostrarlo a la audiencia, pero en lugar de mostrar esa prueba, se mostró una de las muchas discusiones con Bob.

- Helga es una chica brillante, merece tener la oportunidad que todo chico de su edad debe tener. Un hogar tranquilo, con recursos y atención por parte de sus cuidadores.

- ¡Objeción! - Gritó Gran Bob. - ¡Esta mujer no está interesada en la chica! Todo lo que quiere es vengarse de mí. Nunca le gusté, siempre me vio como menos en su familia. Quiere vengarse de mí hundiéndome y quitándome la reputación.

- ¿Lo ve ahora, su señoría? Lo único que le importa a este hombre es su reputación. No sabe que Helga tiene 12 años, que es sumamente inteligente, alérgica a las fresas, que adora el ballet y escribe poesía, tiene amigos que la adoran, y que es una niña hermosa, dulce y sensible que todo lo que quiere anhela es un poco de atención y aprecio... Y quiero, puedo y le daré todo eso... si se queda a mi lado.

- Gracias Sra. Viksten, puede tomar asiento. Ya hemos escuchado a la familia, al fiscal y al abogado defensor, así como a algunos vecinos que han declarado a favor de Viksten. Pero me gustaría saber de la menor, si está de acuerdo.

- Gracias, Su Señoría. - Helga dio un paso adelante y se aclaró la garganta antes de hablar. Sus piernas temblaban. - Yo... amo a mis padres e incluso a mi hermana... Sé que no lo parece, y tal vez no debería... pero lo hago. Reconozco el esfuerzo de Bob por recuperar su negocio, el trabajo de Miriam en el hospital y como ha ido mejorando y que Olga me ha dado más espacio... Pero estoy cansada, cansada de ser lo último en sus preocupaciones, de estar sola todo el tiempo y dependiendo únicamente de mí, maldición, incluso a veces, soy yo quien tiene que cuidar de todos ellos... Gerry me conoce desde hace unos meses y sin embargo me conoce mucho mejor que cualquiera de ellos y ha demostrado su amor y su lealtad... yo... quiero tener una vida normal... como los demás, eso es todo...

- Gracias señorita Pataki, puede regresar. Como todo ha sido mostrado y ambas partes han terminado de exponer, el jurado tiene dos horas para definir su veredicto.

- Excelente, dos horas para definir mi destino.- Helga suspiró y se acercó a la trabajadora social que había estado con ella los últimos días.

- ¡Oye, tú! - La dulce voz de su novio apareció detrás de ella.

- ¡Oye, Arnold!... es un buen espectáculo, ¿eh?

- No entiendo cómo los reporteros se enteraron del juicio.

- Bueno, algunas personas dijeron que Vermicelli ganó algo de dinero por información, ¡ahora todas las personas están siguiendo el programa de Pataki! es un desastre!

- Lo sé linda, pero creo que quizás sea la última vez que tus padres te harán pasar un mal rato.

- Así es Arnold Shortman, siempre buscando lo positivo. Estoy tan feliz de que puedas quedarte aquí conmigo... Nunca he dicho esto antes, pero... Realmente te necesito.

Por primera vez en su vida, Arnold vio a una pequeña Helga indefensa, vulnerable y frágil.

En sus hermosos ojos azules, podía ver la profundidad de su tristeza.

- Sé que piensas que las familias deberían estar juntas y todo eso, pero...

- No Helga, sé que las familias deben estar juntas... pero en este caso tu familia es tu abuela, espero que ganes.

- Entonces, ¿todo esto te parece bien?

- ¿Tenías miedo de que te juzgara? ¿Por eso no me dijiste nada? - Arnold la miró con la boca abierta.

- Sí... Tenía miedo de que... no lo entendieras o te desilucionaras.

- ¿Por defenderte? Claro que no Helga, cariño, quiero lo mejor para ti, quiero que seas una persona plena y feliz, que sepas lo que es tener un hogar y si eso es lo que es tu abuela, siempre te apoyaré. En nuestro tiempo juntos me has enseñado que no todo es color de rosa y que hay cosas que a veces es mejor dejarlas atrás.

- Y me demuestras que todo tiene algo de bueno, que curioso eres Arnoldo... gracias por estar aquí, aunque te enteraste por la televisión.

- Siempre estaré aquí, pero la próxima vez, no tengas miedo de contarme tus batallas, siempre estaré de tu lado contra quien sea.

Arnold la miró con dulzura y la besó de la manera más tierna pero apasionada que su corazón de doce años podía hacerlo.

- Wow... Todavía no puedo acostumbrarme a esto. - Dijo Helga soñadora. - Pero será mejor que te vayas, la trabajadora social vendrá pronto y podría vernos.

- Está bien, te veré pronto.

El rubio besó la delicada mano de su novia y le sonrió antes de irse. Una vez que la puerta se cerró detrás de él, suspiró exhausto...

- No puedo... definitivamente no puedo pedirle que revele nuestra relación, ni puedo acusar a Gerald... estoy perdido... tendré que ayudar a Wolfgang... no hay opción... - pensó el rubio mientras apretaba los puños con coraje e impotencia.

-¿Arnold? ¿Estás bien?

- ¡Ay Phoebe, hola! La trabajadora social aún no ha venido, pasa y mira a Helga.

- Sí, la conozco, es amiga de mi padre y está ayudando a la Sra. Viksten. Y ya era hora, ¿no?

- Sí, ya era hora de que todo estuviera en su lugar.

La pelinegra notó la extraña mirada de su amigo y lo vio irse. Sacó su celular y llamó sin pensar.

- Cariño, es Arnold, creo que necesita tu ayuda.


– Torre de los Lloyd–

- ¿Qué es todo esto papá? - Miles estaba mirando la vieja carpeta que su padre robó de la oficina.

- Nuestro final Miles. Realmente no sé qué podamos hacer... tal vez finalmente perdimos Sunset Arms.

Su hijo tomó la carpeta en sus manos y vio unas cartas viejas donde su abuelo admitía que tenía otro hijo mayor.

-Entonces es cierto… Él es nuestra familia.

- No Miles, solo es hijo de mi padre, pero no de mi familia. Mi familia eres tú, Stella, Arnold y Helga… él es un enemigo.

El corazón de Miles se rompió, su mente se llenó de recuerdos de su padre trabajando duro, su madre cuidando a los inquilinos, las fotos de Arnold creciendo allí... Agarró sus llaves y comenzó a irse.

- ¿Vas a algún lado, cariño? - Su esposa lo observó desde la distancia.

- Sí. Hay algo que tengo que arreglar... Iré con él.


La escuela estaba a media luz, era normal que un viernes por la noche y en vacaciones, ni el guardia estuviera despierto.

Arnold estaba nervioso, tenso, pero más que nada, furioso. Estuvo a punto de dejar atrás todo lo que creía y predicaba, pero no había retorno. Un ruido detrás lo sorprendió.

-¡Arnold!

-¿Gerald? ¿Qué estás haciendo aquí?

- Eso es lo que iba a preguntar. ¿Qué pasa? Has estado actuando muy raro.

- No es nada... Solo tengo cosas que arreglar.

- ¿Volveremos a mentirnos? Sabes que te conozco.

- Es que yo... no puedo decírtelo. - El rubio bajó la mirada.

- Dime, sabes que puedes contar conmigo.

- Ah, y tú con Arnold, Gerald.

-¿Wolfgang? ¿Qué estás haciendo aquí?

- ¡Cállate cabeza de cepillo! Esto es entre mi amigo Arnoldo y yo, ¿verdad amigo?

- Gerald, créeme, lo mejor es que te vayas.

- Ahora más que nunca me quedo. - El moreno desafió al matón con la mirada.

- Ah, no escucharás a tu amiguito, ¿eh? Perfecto, para que puedas ayudarlo.

Ahora tráeme lo que te pedí... ¡Ahora!

- No Wolfgang, esto quedó entre tú y yo, no dejaré que lo metas en problemas. Robaré la hoja de respuestas, pero déjalo fuera de esto.

- ¿Estás loco Arnold? Estamos a un día de la graduación, no dejaré que te expulsen.

- ¡Qué dulces amigos, me están dando náuseas! Mira Gerald, si Arnold no cumple, Wartz se enterará de tu pequeño truco para pasar a 6to grado... ¿Quién crees que me dio la idea? – El malvado adolescente sonrió complacido, al ver como Gerald palidecía.

- Tú... ¿Lo sabes?

- Y pronto toda la escuela sabrá si no cooperas, ahora los dos, síganme y empecemos a trabajar.


— Sunset Arms- puerta principal —

Miles estaba nervioso, repasando una por una las palabras que le diría a su nuevo tío. Tenía grandes esperanzas, tal vez sería otro tipo tío genial como la tía Mitzy, realmente ganaría, solo si decía lo correcto, por supuesto.

- Bueno, creo que esas palabras son correctas, ahora debo tocar y... - Pero antes de alcanzar las escaleras, un hombre alto, voluptuoso y elegante se adelantó y llamó a la puerta de una manera especial, como en clave.

- ¿Pero quién diablos es él? ¿Por qué se ve tan familiar?

Tim abrió la puerta y dejó entrar al hombre.

- No se quedará así...

Recordando sus escapadas juveniles, Miles subió por la escalera de incendios y decidió investigar más a fondo.


— PS 118- Archivo —

Arnold, con la ayuda de su mejor amigo, encendió sus linternas y entró al área de archivo, tratando de hacer el menor ruido posible. Llegaron al archivero de Simmons.

- ¿Tienes la llave? - Preguntó el afroamericano nervioso.

- Creo que es obvio que no... No pensé en eso, y después de la remodelación de la escuela, ahora funciona la cerradura.

- ¡Lo sé! Vi esto en algunas películas, veamos si funciona.

De su cabello negro y rizado, el chico se quitó un incaible, y le dio forma un poco para improvisar una llave.

- Gerald, eso no tiene ningún sentido, ¿cómo es que...?

- ¡Listo! El cajón se abrió. ¡Vaya, Arnold! Hemos salvado el vecindario, derrotado a un loco cazador de tesoros en la jungla, ¿y aún dudas de mis habilidades?

- Tienes razón. - El chico hojeó un par de carpetas y su rostro cambió radicalmente cuando encontró lo que buscaba. - Esto es... podemos irnos ahora.

- ¡Vamos, Arnie! No quiero... Realmente no quieres hacerlo, ¿eh?

- No es justo... ¡Odio participar en algo así!

- Y todo por mi culpa... Lo siento amigo... - Tomó la carpeta y se llevó la mano al hombro. - Lo siento mucho hermano, odio ponerte en esta situación... especialmente cuando me advertiste tanto el año pasado. Si hubiera sabido que serías la víctima... nunca lo habría hecho. Lo siento mucho.

- Olvídalo Gerald... Si yo hiciera algo así por alguien, sería por mi mejor amigo.

Ambos hicieron su clásico saludo y se dirigieron a la salida, mientras el moreno no podía dejar de mirar la carpeta que tenía en las manos.

- Listo Wolfgang. - Dijo el cabeza de balón mirándolo con furia.

- ¡Excelente trabajo renacuajos! Nos vemos en la secundaria.


Mientras tanto, en el juzgado de Hillwood, una chica rubia tiraba furiosamente su bolso en la silla frente a ella.

- ¡No puedo creer que Miriam haya apelado! ¡No puedo soportarlo!

- Trata de entenderla un poco, Helga, ella no quiere perderte.- La tranquilizó su mejor amiga.

- No Pheebs, lo que no quieren es perder su reputación... ¡No lo soporto! Si no fuera por su buen comportamiento después del accidente, ya les habríamos ganado.

- Tranquila Helga, mañana todo se resolverá... mañana por la mañana, todo estará bien... Lo prometo. Estoy aquí para ti.

- Gracias Phoebe... No sé qué hice para merecer una buena amiga como tú.

- Solo ser tú misma Helga, eso es todo. - Ambas chicas sonrieron con optimismo. - Si te quedaras con tus padres...

- Ni lo menciones... Sería lo peor que me podría pasar. Yo solo quiero una vida normal, tranquila, con alguien que me escuche y algo de buena comida y apoyo en la escuela, que no pague a otros para asegurar el honor familiar, que no me deje en el camino y que... que realmente me quiera...

La rubia finalmente lloró amargamente, como nunca antes nadie la había visto, como tantas veces en el pasado solía hacerlo, en un rincón, soñando con un destino diferente.

Por primera vez tenía a alguien a su lado, alguien que la apoyaba y realmente la consolaba.

- Vamos a mi casa Helga, necesitas dormir. Estarás bien allí.

Ambas se fueron compartiendo un abrazo, sin sospechar que alguien las había estado escuchando.


— Sunset Arms —

Con su característica habilidad para escalar, adquirida en sus viajes juveniles, Miles logró ingresar a la casa de huéspedes, siguiendo a ambos hombres sin que se dieran cuenta.

- Le digo, señor, si no me hubiera mostrado todas esas cartas, nunca hubiera encontrado a mi familia biológica.

- No te preocupes Kafka, o debo decir, Shortman, todo lo que te quitaron será recuperado, o mi nombre no es Alphonse Perrier du von Scheck, no iba a permitir que fueran tan injustos contigo, como ellos lo fueron conmigo.

- Sí, Sr. Scheck, muchas gracias, que bueno que mis abogados lo ayudaron a salir, después de un arresto tan injusto. Oh, espera un minuto, dejé mi teléfono celular en mi habitación. No me acostumbro a usar estos dispositivos.

- Sí... cretino idiota, ¡pero qué ingenuo has sido! - El hombre se rió al verse solo en la habitación. De repente, un pequeño crujido le hizo girar la silla detrás de él. - ¡Ah, entonces tenemos un espía! ¿Eh?

- ¡Nunca te saldrás con la tuya! - Miles amenazó.

- Te mostraré por qué entrar aquí fue el mayor error de tu vida.


— Palacio de Justicia de Hillwood - Sala F–

- Soy Andi Andrews, reportando desde el segundo día del famoso juicio Pataki, donde descubriremos el destino de la pequeña Olga, quien solo está buscando un lugar al que llamar hogar. Hoy veremos qué ha decidido el juez de lo familiar.

La sala estaba llena de gente, la prensa, los compañeros de estudios de Helga, todos los inquilinos de los Shortman, esperando ansiosos el destino de la joven en cuestión.

- La anciana de tu madre no espera lo que haremos Miriam, con tu carta de buen comportamiento y reingreso a la sociedad, ¡ganaremos!

- Sí, Bob... ella no espera el resultado.

El corazón de Helga se sentía como si fuera a explotar en su pecho, subía y bajaba, hasta que sintió una cálida mano en su hombro.

Se volvió atrás y vio a su novio sonriéndole dulcemente. Afortunadamente, él tenía el toque tranquilizador que ella necesitaba y suspiró para terminar de relajarse. De repente apareció la jueza, tomando su lugar y encendiendo su micrófono.

- Todos sean bienvenidos. Luego de la deliberación del jurado, la investigación de las autoridades y la trabajadora social, hemos decidido que la custodia de la menor, Helga G. Pataki, quede en manos de la señora Geraldine Viksten, en su totalidad. - La juez golpeó el mazo sobre su mesa, mientras todos los presentes, excepto Bob y Olga, celebraban la decisión. - Caso cerrado sin derecho a apelación.

-¡Helga! ¡Lo hicimos! - La anciana corrió a su lado y abrazó a su nieta, quien aún estaba en estado de shock.

- Sí... yo... soy libre.- Dijo asombrada.

- ¡Lo lograste, Helga! Tú y tu abuela.

Arnold y Phoebe corrieron a abrazar a la chica del lazo rosa.

- No entiendo... Pensé que el comportamiento de Miriam sería suficiente.

- Es raro Helga, tenían un buen as bajo la manga.

- Sí, a menos que...

Y como un destello de luz, un pensamiento cruzó la mente de Helga. Su rostro palideció y corrió lo más rápido que pudo, buscando con la mirada, esquivando a todas las personas que querían felicitarla, hasta llegar a su meta, que estaba a punto de partir.

- ¡Mamá, espera!

-¿Helga? ¿Qué pasa?

- Lo hiciste, ¿verdad?... renunciaste a mi tutela...

- Yo... no podía atarte más a mí... no podía seguir siendo egoísta... no más... no te lo merecías, yo no te merecía.

- ¡Mamá!

Helga se arrojó a sus brazos y lloró en ellos.

- Perdóname hija... por todo el daño que les hice a ti ya tu hermana. Por no luchar por nosotras... pero todo cambiará, te lo prometo, ya no seré una carga para ti, lucharé y trabajaré y seré digna de ti... Lo prometo.

- Te creo mamá... y confío en ti. Gracias.

Ambos sellaron su pacto con un abrazo, sanando todas las heridas del pasado.


Después de esa conmovedora mañana, todos los casi exalumnos de PS 118 fueron a sus casas a arreglarse. Los padres y alumnos habían preparado una pequeña ceremonia en el gimnasio, que culminaría con un baile para los jóvenes graduados.

Rhonda admiró su reflejo y su vestido, pensando un poco.

Phoebe se arregló el tocado mientras le mostraba a su mejor amiga algunos accesorios, que milagrosamente aceptó usar.

Harold, Stinky y Sid se rieron entre ellos sobre los trajes que debían usar. Por su parte, Eugene sonreía, satisfecho con el traje que le había hecho su madre, hasta que inexplicablemente la corbata se le enredó en el cuello.

- ¡Estoy bien! -Se dijo a sí mismo.

Por su parte, Lila miró con tristeza una fotografía de su madre.

- Como me gustaría que vieras como estamos ahora... como me gustaría que me vieras...

- Ella está contigo, y siempre lo estará.

Su padre apareció y le puso un collar con una pequeña llave de oro.

- He guardado esto hasta ahora... solo para ti.

Ambos compartieron un abrazo, mientras la novia de su padre suspiraba desde afuera con molestia.

En otro barrio muy diferente, una pequeña familia celebró a lo grande, aunque de forma más modesta.

- ¡Mi Paty! ¡Finalmente te graduarás e irás a la escuela secundaria!

- Estamos orgullosos de ti, mi princesita. - Dijo el orgulloso papá.

- Vamos al gimnasio, Harold me está esperando.

Sus padres sonrieron y salieron corriendo.

En el penthouse de los Llyod el ambiente no era tan diferente, Arnold y Gerald estaban dando los últimos retoques para impresionar a sus novias, hasta que Stella entró a la habitación.

- Según lo que veo, están listos, se ven muy guapos. Sonrían para la foto.

- Gracias, Sra. S. Una buena cara siempre ayuda. - bromeó el chico de cabello alto.

- Mamá... pareces preocupada, ¿qué pasa?

- Es tu papá, con todo lo de Helga no quería preocuparte... Anoche fue a buscar a Tim Kafka y nunca volvió... Me temo que hizo alguna locura.

- ¡Por qué hizo eso! Ese tipo no es de fiar. Será mejor que vaya a buscar a papá.

- No, es extremadamente peligroso. Ve al gimnasio, yo me encargaré de esto... confía en mí, Arnold.

- Pero mamá...

- Helga te necesita... vete.

- Está bien, pero te estaré escribiendo.


— Gimnasio YMAA – Sábado por la noche —

El gimnasio estaba elegantemente decorado en diferentes tonos de azul, algunas decoraciones resaltadas con brillo. Padres y alumnos comentaron sobre el excelente gusto de la decoradora, mientras que Rhonda trató de ignorarlos.

- ¿Los escuchas, Nadine? Se nota que esta gente no tiene buen gusto.

- Y se nota que no tienes modales y si no quieres estar sola, mejor empieza a cambiar.

La rubia se alejó molesta, dejando atrás a su mejor amiga.

Arnold y Gerald entraron y se encontraron con sus amigos, se saludaron y bromearon sobre lo genial que sería no volver a la escuela primaria, hasta que aparecieron las chicas, distrayendo la atención de Arnold y su mejor amigo.

- Vaya, vaya, vaya... si es el cabeza de balón y Geraldo... debo reconocer que no te ves tan terrible, digo, para ser tú...

Pero Arnold no escuchó nada sobre el acto de su novia... estaba embelesado por lo hermosa que se veía. Su cabello estaba suelto y algo ondulado, usaba vestido rosa pálido con un poco de encaje en la parte superior.

- Wow. - Fue lo único que el chico logró decirle a su novia secreta.

- ¡Vamos chicos, la ceremonia está por comenzar! - anunció Simmons, mientras todos ocupaban sus asientos. Helga miró a través de la multitud y sonrió cuando vio a su madre, hermana y abuela sentadas, listas para apoyarla.

- ¿Lista Helga?

- ¡Lista Phoebe!

Segundos después Stella entró y se sentó al lado de Phil y el resto de los invitados. Su semblante parecía preocupado.

- ¿Todo bien hija? - Preguntó su suegro.

- Bueno, Miles me habló... pero noté algo extraño... papá, no sé qué hacer.

- Bienvenidos a todos a la graduación de la clase del 99 de la PS 118. Nos sentimos honrados de tener su compañía. Para comenzar la ceremonia, el director Wartz cantará el himno de nuestra escuela.

- Oye, Arnold. - Su mejor amigo, sentado frente a él, lo llamó.

- ¿Qué pasa?

- No veo a Wolfgang por ningún lado... ¿no es raro?

- No sé, tal vez por ser repetidor no quiso venir a la graduación con nosotros.

- Bueno jóvenes, es hora de demostrarles a sus padres la buena educación que han recibido estos años… y mejor no hagan nada Harold y compañía. - El Director se aclaró la garganta y cuando estaba a punto de cantar el himno, una voz interrumpió a Wartz.

- ¡Alto ahí! Arnold y Gerald no deben graduarse... Gerald hizo trampa para entrar a quinto grado... ¡y Arnold me ayudó a hacer trampa en el examen de hoy! - Wolfgang gritó a todo pulmón mientras todos se sorprendían. - Deberían reprobarlos...

- ¿Qué pasa, Wolfgang? ¿Por qué dices todo eso? Gerald se levantó de su asiento.

- Porque me engañaste, la hoja de respuestas fue alterada. ¡La alteraste!

Una vez más, todos los padres quedaron sorprendidos y los alumnos comenzaron a grabar el momento con sus celulares.

- Te equivocas Wolfgang, fui yo quien cambió el examen... Escuché el chantaje que le hiciste a los chicos... Por eso el Director y yo decidimos que te quedarías un año más aquí.

- ¿Y el cabezal del cepillo? ¿Por qué se gradúa?

- Porque conozco a mis alumnos, el año pasado también cambié el examen, su calificación fue honesta.

- Entonces, ¿no hice nada malo? - Gerald se levantó emocionado.

- Hablaremos en casa, joven... - Dijo su padre molesto y el joven se sentó preocupado.

- Así que crees que ganaste a Arnold, ¿eh? Bueno, me voy... pero no sin que ganes. - El adolescente se metió la mano en el bolsillo y sacó un control que activaba la pantalla que estaba al frente, mostrando un video con fotos de Arnold y Helga en sus citas. - Que todos se enteren que Arnold y Helga han estado saliendo en secreto por casi un año... pero te dio vergüenza, ¿verdad? No te culpo, Arnold.

- Wolfgang... no te voy a dejar...

- Detente Arnold... - Interrumpió la chica Pataki. - Estoy cansada de fingir ser algo que no soy... y tú eres parte de mí... y no te voy a negar más... ¡Amo a Arnold! Y no me avergüenzo de decirlo. Es lo mejor que me ha pasado en la vida... He estado locamente enamorada de él desde que tenía tres años y sí Stinky... ¡Todos esos poemas cursis eran míos! ¿Y? Si alguien tiene algo que decirme, puede meter su opinión por…

Pero el discurso amenazante de Helga fue interrumpido por su novio, quien la tomó por la cintura y la besó profundamente. Sorprendiendo totalmente a todos sus compañeros, quienes luego de unos segundos comenzaron a vitorearlos y aplaudirlos.

- Yo también te amo, Helga… eres lo mejor que he tenido en mi vida, y me encanta poder gritarlo a los cuatro vientos.

- Muy lindo Shortman y Pataki... pero esta ceremonia no es un matrimonio civil, es una graduación de primaria... así que, si no hay más interrupciones...

- ¡De hecho, los hay!- Una familiar voz femenina irrumpió en el gimnasio, interrumpiendo al Director por millonésima vez.

-¡Pookie! ¡Has regresado! ¡Finalmente! - Phil se levantó sorprendido de su asiento.

- ¡Claro que volví guapo! Y lo mejor es que no vine sola, ¡te traje algunos regalos!

La anciana activó una cuerda, de donde cayó amarrado desde el techo el empresario Scheck, sorprendiendo una vez más a todos.

- Abuela, ¿por qué lo trajiste? ¿Te secuestró?

- ¡Ja! ¡Ya quisiera poder vencer a la gran leona de acero!

- No entiendo nada de lo que está pasando aquí.- dijo Stella, sorprendida.

- Te lo puedo explicar, Stella.

- Tim Kafka... y Jimmy el traidor.

- Sí Phil... hemos venido a traerte a tu hijo, Sheck lo tenía cautivo.

- ¡Miles!

- ¡Stella!

Ambos corrieron y compartieron un cálido abrazo.

- Y te devuelvo las escrituras de Sunset Arms... Sheck me mintió... me hizo creer que estabas en mi contra y me provocó vengarme de ti... Lo siento, me dejé llevar. engañado como un idiota.. Resulta que papá nunca supo de mi existencia, él y todos ustedes eran inocentes.

- Entonces... ¿Podemos volver a casa?

- ¡Seguro! Nunca debiste haberte ido de allí...

- ¡Recuperamos Sunset Arms, chicos! ¡Los Shortman están de vuelta!

Todos los presentes se unieron a la celebración de la familia que tanto amaban, mientras que Wartz interrumpió la celebración.

- Momentos muy emotivos... ¡Pero será que ya podremos empezar la graduación!

Todos ocuparon sus asientos, las familias se unieron y presenciaron el momento que habían estado esperando durante años. Miles y Stella rebosaban de alegría, por fin poder acompañar a su hijo en un momento tan especial, y Miriam, por fin poder disfrutarlo al máximo.

- Compañeros y familia... Ya han pasado seis años, es fácil decirlo, pero vivirlos ha sido toda una aventura. Llegamos como niños pequeños, unos más indefensos que otros, y crecimos, maduramos, aprendimos, conocimos a personas que se convertirían en algo tan especial, nuestros nuevos hermanos y hermanas, compañeros de aventuras, peligros, momentos tristes, otros aún más felices, momentos que se han convertido en recuerdos... No sabemos qué será de nosotros mañana, pero lo que sí sé es que cada vez que piense en PS 118, pensaré en el Sr. Simmons, siempre animándonos a ser mejores y perdonando nuestros errores.

Pensaré en Harold, Sid y Stinky y recordaré las bromas que solíamos hacer, los partidos de béisbol, los helados que compartíamos... Recordaré los bichos de Nadine, los bailes de Sheena, los consejos de Patty, las leyendas de Gerald, los accidentes de Eugene, la lealtad y el genio de Phoebe, el talento de Rhonda y la amistad genuina de Lila, los consejos no solicitados pero siempre acertados de Arnold... Recordaré a sus familias como nuestro segundo hogar... y que a pesar de lo que vivimos, no cambiaría ninguna letra de la historia. Como presidenta escolar, les deseo la mejor de las suertes, pero deseo aún más que puedan trabajar construirla... ¡Felicidades!

Toda la audiencia estalló en aplausos, mientras los maestros se limpiaban las lágrimas de sus rostros. Los chicos se juntaron y comenzaron a celebrar su gran baile... por fin lo habían logrado.


- Fue un hermoso discurso, presidenta Pataki. Pero, ¿qué haces aquí en el jardín?

- Solo quería un momento de paz... Fue un fin de semana intenso, ¿eh?

- Pero todo salió excelente… Ahora vivirás con tu abuela, recuperamos la casa de huéspedes, parece que el tío Tim es bueno y ahora…

- Podemos estar juntos... sí, sí, lo sé... pero no te pongas demasiado empalagoso, ¿eh Arnoldo?

- No puedo prometerte mucho... pero haré todo lo posible por desobedecerte.

Ambos compartieron un dulce beso, luego se abrazaron y miraron juntos a la luna.

- Entonces... desde kinder, ¿eh?

- Cállate Arnoldo... no arruines el momento.

- Está bien... solo te diré que... estoy feliz de que finalmente estemos juntos y que... pase lo que pase en la escuela secundaria... estaré ahí para ti.

FIN o no…


Por fin puedo escribir "FIN" después de 9 meses… pero no se preocupen… esta historia fue solo la primera parte… tenemos "Hillwood tales" para rato… Es solo que considero que sería oportuno dividir la historia en esta nueva etapa de los amigos de Arnold y Helga… así que no te preocupes… Nos vemos muy pronto en: "¡Bienvenidos al campamento del Lince valiente!" Así que si no me sigues, hazlo para ser el primero en leer el próximo especial... ¡Hasta pronto!

Quiero dar un agradecimiento honorífico a The J.A.M. a.k.a. Numbuh i por siempre contar con su apoyo y review desde el principio hasta hoy, gracias amigo y ¡espero contar contigo en la parte dos de la historia!

PD Un review o comentario por todo el esfuerzo sería un gran detalle, me muero por saber tu opinión!