Witchcraft

Disclaimer: Fic para el Sextember 3 (2022), respondiendo al reto de la página Fanfics y Fanarts de Ranma latino. Gracias por la invitación, espero sea de su agrado *guio, guiño*

Ranma ½ no me pertenece.

Parte I

Volutas de aire se arremolinan en el aire entre cada exhalación. La incertidumbre de no saber qué pasará después es, en cierta medida, un castigo suficiente, no obstante, no puede dejar de pensar en que lo peor está por venir.

El tiempo es caprichoso, sabe que se le ha hecho una eternidad porque su mente así lo asimila gracias a la sobredosis de estrés, pero en realidad no ha pasado tanto; aun así, saber esto no lo hace más fácil, y ciertamente su carácter voluble e inestable no ayuda mucho más.

¿Cuánto más puede tardar?

Ranma está cansado de esperar.

Su padre ha estado en una encerrona desde lo que le parecen eones con ese sujeto y, probablemente estén decidiendo su futuro inmediato sin su consentimiento, y saberlo lo está matando.

No debería estar pasando por esto, pero él realmente no ha podido evitarlo, bien dicen que la curiosidad mató al gato… bueno, él odia a los gatos, y en este momento no está muy seguro de siquiera importarle su vida lo suficiente como para no envidiar al jodido animal.

Hace no más de siete días, llegó una carta dirigida al Señor Saotome. Ranma sabía, en su mayoría, que esa carta no era para él, lo podía presentir como sabe que su progenitor es un sinvergüenza capaz de hacer cosas impensables para un padre; sabía que la carta era para el viejo, sin embargo eso no lo disuadió de dejarla allí mismo donde descansaba en la mesa sin abrir.

Llámenle premonición, pero él podía saborear en la punta de la lengua que ese "Saotome" también tenía que ver con su persona, técnicamente podría ser para él, es decir, mismo apellido y misma dirección.

Sin mayor dilación y sin que medie arrepentimiento alguno, Ranma devoró los garabatos en un santiamén, solo para congelarse en el acto.

Primero vio lucecitas bailarinas en los bordes de su campo visual, luego fue todo lo contrario, una oscuridad absoluta empequeñeciendo su mundo, reduciéndolo a puro instinto. Un rapto de los sentidos en su estado más puro al saber que todo estaba listo, en el momento en que Genma trazara su firma en el pedazo de papel, el compromiso sería un hecho.

Compromiso… Sin temor a malas interpretaciones, Ranma Saotome sabía que esa palabra solo se refería a un fin; lo que lo dejó ciego, sordo y frío fue enterarse de que prácticamente es un hombre casado cuando su opinión nunca le fue pedida.

En estos casos, la practicidad de su carácter le viene bien, fingir demencia fue un excelente camino a seguir. Esa carta, para todos los efectos en realidad nunca existió, y así sin más, el Saotome más joven quemó su culpa junto a un trozo de papel que en primer lugar nunca debió existir, así como ese supuesto compromiso.

Ahora bien, el azabache sabía, en lo profundo de su ser, que la solución que le dio a su problema no fue la más acertada; Caray, ni siquiera fue la más inteligente pero, en su defensa, difícilmente pudo haber hecho mucho más luego del licuado cerebral resultante de semejante hallazgo.

Pues bien, aquí está ahora, caminando como poseso de un lado a otro en el patio de su casa, transpirando de puros nervios a pesar del clima fresco y fresco de otoño, resoplando y sudando helado mientras un frío paralizante lo ralentiza como tratando de paralizarlo y estropear todavía más su proceso de pensamiento.

Esto es todo, está pasando lo inevitable, su padre lo está vendiendo como un pedazo de carne al mejor postor. Ranma conoce demasiado bien a su padre como para saber que su próxima actualización de estado civil se ha de deber a algún beneficio personal, o más específicamente económico, para el patriarca Saotome.

¿Una deuda de juego? ¿Es el sujeto un acreedor cobrando lo que se le debe? ¿Es acaso el hombre un millonario con una descendencia desfavorecida por la naturaleza que necesita deshacerse de una solterona? ¿O, podría ser que el viejo perdió una apuesta?

Curioso, muy curioso cuan tardo puede ser su cerebro un minuto, y correr a toda velocidad al siguiente. Movía la cabeza negando con vehemencia.

Bueno, a ver si un yerno loco le valdría igual.

Ese bigotón, desde que lo vio cruzar el umbral de su casa un escalofrío lo golpeó como un mazo, ha estado temiendo este momento por días, ha sido pura tortura, y es consciente de que ver a un a hombre desconocido en las vísperas de haber recibido aquella carta solo puede significar una cosa: ese es el sujeto que esperaba una confirmación por parte de Genma a su carta.

Confirmación que nunca llegó, por las razones que ya se conocen: Carta que ardió hasta las cenizas ni bien llegada.

Ranma se deshizo de la evidencia, mas no del meollo del asunto per se. Y ahora, solo espera el momento en el que sus verdugos salgan de su encerrona con sonrisas macabras a juego, luego de haber rematado su vida cual cerdo de feria.

El chico siguió caminando y caminando, de un lado a otro, no es exagerado decir que estaba haciendo un agujero en el patio, con sus nervios a punto de causarle una apoplejía estaba tan tenso que al escuchar una carcajada proveniente de lo profundo de la casa, casi saltó de su piel en respuesta.

Ya no podía más, la situación llegó a niveles insospechados y, siendo él un tipo rudo, o al menos así le gusta pensar de sí mismo, decidió que, si de todos modos su vida se estaba yendo al diablo, bien podría hacerles pasar un mal rato a esos malditos viejos egoístas.

Poco le importó ser grosero, o darle la oportunidad a su padre de pedirle explicaciones de una carta que nunca llegó a leer delante del extraño.

Ranma entró como una exhalación en la casa y sin mediar lo que se clasificaría como unos toques de buena educación en la puerta, se adentró en la habitación con un sonrojo chillón en las orejas por el disgusto, las manos empuñadas a los costados de su cuerpo mientras tiembla ligeramente, de rabia por supuesto.

-¡Papá!- gritó no más poner un pie dentro.

Un segundo después sus ojos estaban a punto de abandonar sus cuentas, ni en mil años podría haber imaginado ver lo que allí estaba teniendo lugar.

El hombre alto y pelinegro estaba desplomado boca abajo en el suelo, apretando entre sus puños la alfombra decorativa de la habitación, sollozando patéticamente entre hipidos y lágrimas más propias de un mocoso pequeño que de un hombre entrado en años.

-Cálmate, amigo – Genma le da palmaditas de consuelo en la espalda – no puede haber ido tan lejos, después de todo es solo una muchacha.

-No lo entiendes, Genma, Akane es la chica más obstinada de Japón... No, del mundo – gesticulaba salvajemente mientras se arrodilló levantando los brazos como gritando al techo - Y me juró que no la volvería a ver nunca si enviaba esa carta – el hombre lloró más fuerte, solo para tomarse los cabellos y tirar de ellos con desesperación.

-Ya, ya. No puede ser tan malo, querido amigo. A las chicas les gusta exagerar un poco, el drama es parte de ellas.

-¡Mi niñaaaa! Nooooo – ahora estaba en posición fetal, rodando de un lado a otro en el suelo, mientras el llanto le empapa el rostro y continua tirando de sus mechones, aunque definitivamente un buen rollo estaba en sus manos ahora.

No creo que pueda ser peor que este drama de aquí – pensó Ranma para sí mismo.

-Oh, Ranma, ahí estás – su padre le hizo señas para que se acercara – ¿serías tan amable de ofrecerle a mi buen amigo Soun un vaso de sake?

Ranma asintió en automático, y con algo de vacilación salió en busca de lo solicitado, no tardó mucho en regresar con el pedido, más pronto que tarde su padre estaba sirviendo sake para dos.

-Aquí – le tendió el vaso a su sollozante amigo – esto te ayudará con los nervios.

El hombre, Soun según lo llamó Genma, se bebió de un golpe el trago y le tendió el vaso de vuelta mientras sorbía por la nariz con los ojos cerrados.

El más leve resoplido abandonó los labios del anfitrión, y sin más, volvió a llenarle el vaso.

-Necesito encontrarla, Genma- de nuevo empinó el trago y lo desapareció en segundos, pero esta vez comenzó a frotarse el vaso por la mejilla – sabía que estaba molesta, pero nunca había llevado a la acción sus amenazas.

-Te preocupas de más, apuesto a que no dura ni un día fuera; es más, quizás ya esté de vuelta en casa – Genma le palmeó el hombro para aligerar la tensión, ambos adultos sentados en flor de loto en el suelo.

Ranma seguía ahí, de pie, contemplando a ambos hombres y uniendo las piezas del rompecabezas. Una vocecita en su cabeza le susurraba que el motivo por el que la muchacha fugitiva dejó la casa de su padre era él, y no pudo evitar sentir una punzada de molestia en el pecho.

Vamos, que él también estaba molesto por la locura que estaban orquestando sus padres pero, más allá de quemar la tonta carta, jamás se le ocurrió escapar a Dios sabe dónde para eludir un compromiso. Ni que la estuviesen casando con el jorobado de Notredame.

Frunció el ceño, resentido con la ingrata. La vocecita en su cabeza se burló con una risilla nasal; Sí, es tonto molestarse cuando ninguno de los dos se ha visto nunca, ella no podría saber el espécimen de genes dominantes con excelente constitución y facciones simétricas que es su prometido. Podría ser la envidia de Nerima solo por llamarse Señora Saotome y ella se da el lujo de ofenderse.

-Mira, te propongo esto – dijo Genma Saotome – Si no encontramos a Akane en un mes, olvidamos el asunto de la boda con Ranma y...

Los ojos de Ranma centellearon con esa declaración, sin embargo se guardó los comentarios, estaba demasiado ocupado trazando posibles líneas de acción para encontrar a "la novia fugitiva", puesto que muchos de sus intereses están en juego en esto.

Lo primero sería ubicar a la susodicha.

Caray, sería de gran ayuda saber al menos cómo luce esa tal Akane; una vez logrado el primer paso es solo cuestión de darle tiempo de que la fecha límite venza, entonces, ambos estarían libres de hacer con su futuro lo que mejor les parezca sin sujetarse a las maquinaciones descabelladas de padres entrometidos.

Pensar en ponerle un rostro a su prometida estaba desviando la atención de Ranma de la conversación en curso.

Ha de ser tan poco agraciada la pobrecilla, mira que tener que optar por arreglarle un matrimonio con un desconocido para poder desposarla. El azabache sacudió la cabeza tragando grueso, definitivamente tiene que hacer todo lo que esté en su poder para mantenerla alejada el tiempo suficiente como para que el plazo acabe.

No es nada personal pero, incluso estando interesado en el matrimonio, cosa que no es; no por ahora al menos. Cuando llegue el momento le gustaría poder caminar al lado de su esposa sin que sea obvio que es un matrimonio por conveniencia.

Ni qué decir de tener hijos. Ranma se precia demasiado a sí mismo como para ser tan desinteresado y altruista. No, él no está por la tarea de que lo importante son los sentimientos.

-Ranma – su padre le da una mirada afilada – pon atención, hijo. ¿Escuchaste lo que dije?

-Umm, sí – en realidad no, pero él no tenía que saber.

-Bien, entonces, ¿estás de acuerdo?

El ojiazul entrecerró los ojos, no estaba escuchando, pero tampoco estaba por la labor de seguirle en sus disparates y desvaríos.

Asintió una vez.

-No se diga más, empieza cuando quieras, muchacho.

La sonrisa en la boca ladeada no le inspira confianza, pero ya se preocuparía luego por lo que sea que estaba tramando el viejo.

Subió a su habitación, en el segundo piso, puso algo de ropa en un morral y se tiró de espaldas en la cama, con los brazos cruzados tras la cabeza.

-mañana – se dijo a sí mismo en voz baja.

Mañana sería un día tan bueno como cualquier otro para buscar a la tal Akane, o fingir que lo hace para el caso. Incluso si tuviese un escuadrón de búsqueda, existen las probabilidades de no hallarla en treinta días, así que un día no hará gran diferencia.

Si, mañana es un plazo razonable para jugar a los policías y ladrones.

Y así sin más, se entregó a los brazos de Morfeo.

Cuando despertó, tenía la sensación de que su sueño de anoche era importante, pero como la mayoría de las veces, no pudo recordar de qué iba.

Mientras continúa rememorando lo acontecido ayer, analizando con más cuidado los derroteros de la conversación, siente una molestia persistente.

Ranma sabe que las cosas salieron aún mejor de lo que especuló que serían.

Bueno, lo primero es que el viejo no le reclamó por la carta perdida; lo segundo es la calma con la que se tomaba todo, cuando es bien conocido por ser un dolor de trasero. No puede olvidar que también el asunto de la fuga de su supuesta prometida le sigue dejando un amargo sabor de boca, se siente casi como ser rechazado.

Y no está en su naturaleza ese tipo de sentimientos, demonios, ahora es casi un reto para él hallar a la chica, puede que ayer creyera que su paradero no es prioridad, pero hoy con un poco más de pensamiento sosegado y reflexivo, definitivamente debería tomárselo personal, ella estaba cortando primero su compromiso.

Ella ni siquiera le dio la cara para decirle que lo odiaba, o que no era su tipo, no, ella simplemente escapó como cobarde.

Ranma Saotome nunca ha despreciado un buen reto cuando se le ofreció.

Bajó presuroso con mochila al hombre a preguntarle a su padre cómo podría reconocer a Akane, dónde se le vio por última vez, qué lugares podría frecuentar o quién podría saber de su preferencia en cuanto a escondites.

Genma no estaba en casa.

Salió con los hombros encorvados por su primera derrota, aún ni bien iniciaba su búsqueda y él ya estaba seguro de que fracasaría.

Al medio día, decidió detenerse a explorar sus opciones, y por qué no, comer algo.

Se detuvo en el puesto de su amiga por un okonomiyaki, tanto dar vueltas sin sentido lo dejó famélico.

-Hola Ukyo – saludó con una seña y un asentimiento.

-Ran-chan, que bueno verte. Enseguida te sirvo – ella es toda sonrisa cuando se trata de él. Ranma lo sabe, ella gusta de él. Difícilmente la culparía, no hay quién se resista al encanto Saotome, no importa si él no siente nada parecido a cambio.

Su parada fue rápida pero lo suficientemente esclarecedora. Ukyo decididamente tildaba a su prometida de loca, solo que el ojiazul no podía darle tanto crédito como deseaba, pues en defensa de la escurridiza Akane, ellos no se conocen.

Hablar con Ukyo siempre fue fácil, ella es dulce cuando está cerca, su comida es de las mejores y contarle sus tragedias cortesía de su padre la mayoría, siempre fue sencillo. Ella también creyó que era bajo, incluso para Genma Saotome, comprometer a su hijo con una desconocida, pero animó a Ranma a continuar, ella coincidió con él que no había apuro para encontrarla, mucho menos si no hay mucha información al respecto acerca de la chica, su aspecto o incluso algo tan sencillo como su apellido.

Esa noche en casa, el viejo le dijo que Tendo y él fueron amigos y compañeros desde jóvenes, y que Akane es la menor de las hijas del hombre. Ranma también supo que ella es pequeña, que es testaruda, que tiene un largo cabello negro, y un temperamento de los mil demonios.

Excelente, no solo no conocía a su prometida sino que, más que una chica que seguramente le aúlla a la luna, es también una fierecilla indomable.

Muy a su pesar, el joven Saotome no pudo pelear contra sí mismo por mucho, tratando de auto convencerse de que, más que desagradable, le parecía interesante.

Él no es precisamente un ser dócil que digamos, y una chica aburrida y sosa es lo último que le gustaría en su perpetua búsqueda de aventuras. Si hay algo peor que ser comprometido en contra de su voluntad, sería ser comprometido con una chica tonta y tonta.

Hay cierto placer en ser domador de fieras, pensó con una sonrisilla pícara.

Una semana desde la visita de Soun, dos desde la fuga de Akane

-Soun cree que es lo mejor. Ella ha recibido propuestas antes, pero su padre no está dispuesto a que la pequeña Akane, y el dojo claro está, acabe en manos de un incompetente. Nosotros por otra parte, estamos más que cualificados para hacernos cargo del dojo – el viejo se reía como maniático, claro que si pensó Ranma, ya sabía él que algún interés mediaba la arbitraria decisión.

-Bueno, es una pena que Kasumi esté casada, hijo. Ella hubiese estado de acuerdo con lo que dictara su padre sin más – el mayor se rascaba el mentón contemplativo.

-Ajá – proporcionó Ranma mientras devora la cena.

-Pero no te preocupes, como bien sabes, aún hay tiempo. Incluso si todo falla, está el plan B.

Ranma se atragantó con su arroz.

Si, la mayoría del tiempo que padre e hijo comparten es durante las cenas y poco más. Ranma aún no le perdona a su padre sus tonterías, así que poner tierra de por medio es lo más sano según su experiencia.

-Plan B – se golpeó un par de veces el pecho con el puño - ¿podrías repetírmelo? – dejó el cuenco sobre la mesita y se cruzó de brazos.

-Vaya Ranma, estás muy distraído. Aunque lo entiendo, tu prometida ya lleva un tiempo desaparecida; pero bueno, ya sabes, si Akane se niega, aún nos queda su hermana.

Como un gato, la piel de Ranma se erizó en respuesta y siseó molesto.

-¿¡Qué?! – se puso de pie de un salto

-No me mires así, dijiste que estabas de acuerdo, no es como si no supieras.

-Para empezar, no, no sabía que mi mano estaba siendo subastada al mejor postor pero…

Su padre lo despidió con un movimiento de la mano

-Si, si, si. Pero Ranma hijo, no necesitabas saber, serás el heredero del dojo Tendo, ya sea con una hija o con la otra. Soun creyó que tu mejor opción es Akane, por su edad y gustos similares, además de que Nabiki tiene sus propios planes para concertar su matrimonio. Pero poco importa, en menos de un mes, si Akane sigue sin mostrarse, te casarás con Nabiki.

-¿Te parece que quiero acabar emparejado con chicas que ni siquiera he visto en mi vida? A diferencia de ti, no me mueve la conveniencia para tomar ese tipo de decisiones – Ranma movía los brazos salvajemente para aclarar su punto.

-Bueno, Soun pudo haber mencionado que por eso Nabiki no sería la más adecuada, pero su hermana menor nos ha dejado sin opciones al respecto. Al principio creí que solo era una rabieta pasajera; ahora no estoy tan seguro.

-¿Siquiera me escuchas?

-Si, Ranma, lo que digas. Bueno, si el problema es no conocer a tu prometida, mañana iremos al dojo Tendo, conocerás a Nabiki Tendo como tanto quieres.

El gruñido de Ranma fue reverberante en el silencio de la sala, salió pitando escaleras arriba y se preparó para romper algo. El viejo perdió el juicio, eso es evidente.

Nabiki Tendo era una chica aparentemente normal, no estaba mal, era incluso linda. Pero la química entre ellos se reduce a un absoluto cero. Incompatibles es un eufemismo, y ambos lo saben.

La chica no puede mantener su atención en la conversación ni a una pulgada de su vida si la misma no incluye palabras como ganancias, dinero, tratos, oportunidades de negocios o frivolidades dentro de esa categoría.

Ranma se desconectó de la conversación, encontrar a Akane Tendo cobró un nuevo sentido; una especie de misión personal.

La semana siguiente continuó su infructífera búsqueda con nada menos que un nombre y una vaga descripción en los labios de cómo luce su fierecilla designada.

La muy descarada de Nabiki le pidió cinco mil yenes por una foto de Akane, que se joda, él no le daría el gusto.

Resultó que muchas personas la conocen en Nerima, pero nadie la ha visto en un buen tiempo.

El ojiazul consideró que Akane, podría ser un ser salvaje, pero tenía ideas interesantes. Si la chica tuvo la determinación de irse de casa para evitar su matrimonio forzado, él no podría ser menos ¿o sí?

Esa misma noche, empacó lo necesario para empezar una nueva vida, de todos modos vivió bastante tiempo acampando en bosques en una tienda como para apañárselas solo.

El viejo aprendería, así como él aprendió de Akane, que una persona sin nada que perder es una persona incontrolable. El dojo es la ambición de Genma, no suya, entonces bien podrí casarse él con Soun si tanto quería heredar el dojo.

A la mierda el compromiso, los viejos, Nabiki e incluso Akane. No porque la odiara, simplemente no está en sus planes seguir buscándola llegados a este punto.

Esto sería lo que uno puede llamar una retirada estratégica; Akane Tendo está tan cerca de aparecer como Ranma está deseando casarse con la segunda Tendo si no lo hace.

Lo suficientemente agotado por la caminata, recorrió un largo camino para dejar atrás esa vida planeada por terceros, y se dejó caer bajo un viejo roble, de tronco grueso.

Descansar un momento antes de armar la tienda, pensó el pelinegro sería un buen plan a seguir.

Bebió un poco de agua, se comió una manzana y reflexionó una vez más, aun con reticencia, en el cómo se las arregla una chica para sobrevivir sola luego de marcharse de casa, solo para conservar su libre albedrío.

Una cosa es cierta, ella tiene valor. Ranma ni siquiera la conoce, pero mentiría si dijese que ha dejado de pensarla un solo día.

Y así como así, la noche calló en un bosquecillo bastante cautivador y relativamente olvidado de Japón.

El sonido de un quejido de dolor lo despertó, el viento que azotaba con crudeza trajo los lamentos de un animal herido no muy lejos, y los sentidos agudizados del chico se pusieron en alerta, salió de la tienda para investigar un poco, no quisiera ser encontrado por un depredador en medio de un profundo sueño, indefenso y todo eso.

Fue extraño no haberse dado cuenta antes de lo cerca que estaba de una cabaña medio destartalada en medio del bosquecillo.

Nunca imaginó encontrar otra alma en kilómetros, y es que precisamente se internó en aquel valle boscoso, rodeado por las cordilleras, por dos motivos: las bajas probabilidades de ser encontrado por el loco de su padre, y la forma en que parecía ser un lugar apto para desarrollar una vida lo suficientemente cómoda para un nómada recién independizado.

Holgadamente podrían ser las cuatro de la madrugada, poco más, si el frío imperante era un indicativo. En alguna parte escuchó que el momento más oscuro es cuando más cerca está de amanecer.

Con el sigilo propio de su entrenamiento como artista marcial, caminó sobre las puntas de sus pies, despacio, ligero. Rodeo la choza, buscando evidencia de vida. Para Ranma fue sencillo ver indicios de que alguien estaba haciendo uso de la misma, él pudo ver ropa tendida afuera, un tocón con unos leños a medio cortar y lo que parece el hacha más toscamente acabada, clavada en el tocón de los leños recién cortados.

Pero su investigación se originó por el lamento de un animal moribundo; y si la persona de la cabaña estaba herida, no debería estar vagando tontamente, debería ayudar al alma en desgracia en cambio.

En su camino bordeando la casa, se encontró con un rastro de sangre, la pudo oler más que ver por lo oscuro del entorno, no obstante, al agacharse y tocarla con las yemas de los dedos, efectivamente era sangre. Fresca y caliente, demasiado reciente para que ni el frío de la madrugada la haya congelado aún.

Siguió el rastro por un trillo que cortaba el claro que rodeaba la cabaña en dirección a lo que sonaba como un arroyo, el sonido de agua corriendo fue lo que le dijo al joven que encontrar esa cabaña con tantas comodidades era más un milagro que otra cosa.

Qué tan factible era tener un arroyo lo suficientemente cerca de una cabaña lo suficientemente habitable en un lugar con las posibilidades de empezar una nueva vida por tu cuenta. La verdad es que si el actual dueño estaba de muerte, podría morir en paz, Ranma se ofrecería voluntario para heredar la propiedad.

¡Mierda! – Siseó para sí mismo con los dientes apretados.

Las bolas se le encogieron un poco a la vez que su miembro dio un tiró doloroso.

Justo al borde del arroyo, ni tan pequeño ni tan grande, si ver la mitad del cuerpo de una chica sobresaliendo del mismo sirve de parámetro para calcular su profundidad, estaba un animal despellejado, el cuero colgado de la rama del árbol más cercano, y, solo Dios sabe cómo, esa misma chica lavándose los brazos con el torso descubierto, mientras estaba hundida en agua hasta unos centímetros arriba de la cintura pero no lo suficiente como para cubrirle los senos.

Esos pequeños pero perfectos senos, con el pezón contraído por lo que debe ser el maldito frío de la madrugada y estar metida en agua helada a esa hora.

Ranma medio se escondió tras el primer árbol que pudo para evitar ser visto fisgoneando, además de que no podía, ni quería dejar de ver aquel espectáculo, ya estaba medio duro.

Vio que la chica salió del agua y se colocó un chaquetón sobre el cuerpo, atándolo por la cintura, fue una lástima que al salir del agua descubriera que llevaba un par de pantalones destilando agua.

Recogió al animal, el pelinegro adivinó lo que pudo haber sido la presa, es claro que ella estaba de caza y ese era un botín, debió limpiarlo y quitarle el cuero aún a esas insanas horas para evitar que otro predador le robe el botín. Lo más probable es que use trampas para la labor.

Ella se fue rumbo la cabaña, el chico no movió un músculo, demasiado asustado de ser descubierto en tan comprometedora situación, con tan pocos argumentos para su defensa, no muchos más que el hecho de que sus senos lo embelesaron, hechizándolo en el acto.

Continuará…