Witchcraft

Disclaimer: Fic para el Sextember 3 (2022), respondiendo al reto de la página Fanfics y Fanarts de Ranma latino.

Ranma ½ no me pertenece.

Parte II

Ranma inhaló despacio, llenando sus pulmones de aire y vaciando su mente de pensamientos y deseos impuros.

¡Contrólate! Quería gritarse a sí mismo para que reaccionara, debería largarse ya mismo.

El arrastre del cuero siendo jalado de su posición en la rama del árbol le dijo que nuevamente no estaba solo, y la verdad es que el cielo comenzaba a clarear, un escalofrío que muy poco tenía que ver con el frescor mañanero le ponía la piel de gallina.

Asomó por un costado del tronco, tratando de no hacer ruido alguno, y pudo verla de nuevo caminando rumbo a la cabaña, esta vez ataviada con algo más que un chaquetón y pantalones empapados.

Llevaba el cuero sobre el hombro, no hubo señales de que lo hubiese descubierto merodeando, poco a poco los latidos de su corazón, que tronaban en sus oídos, volvían a la normalidad.

Esperó un poco más solo para estar seguro y rodeó la choza, con suficiente holgura para pasar de lejos y llegar de nueva cuenta a su tienda, cerca del roble.

Esa mañana decidió ir a explorar un poco más los alrededores. Conocer la zona es justo y necesario viendo lo visto.

Resolvió para sí mismo hacer del valle su hogar por al menos un tiempo prudencial, el suficiente para que su padre se diera por enterado de que no estaba malditamente dispuesto a aceptar su propuesta bizarra, ni ninguna otra orden del viejo en lo que le queda de vida.

Se convenció de igual forma, en su fuero interno, que la decisión de permanecer en los alrededores no tiene que ver en absoluto a la morena del riachuelo.

Desayunó lo último que llevaba en la mochila, y decidió comenzar a hacerse de elementos básicos de supervivencia tales como leña, una fuente de agua confiable, arbustos con bayas comestibles o su equivalente, y todo el alimento que le sea posible reunir sin tener que hacer viajes demasiado seguidos a la civilización; no sería apropiado dejarse ver antes de que el mensaje fuese escuchado fuerte y claro por el par de viejos mañosos.

Si algo le enseñó la desaparición de Akane Tendo, es que la gente no te tomará en serio si tú no te lo tomas en serio primero.

Por su mente rondó muchas veces la idea de hacerle otra visita encubierta a su vecina, pero se detuvo a sí mismo cada una de ellas. No sería bueno para su primera impresión si ella lo descubre espiándola con tan poca ropa. Debería trazar un maravilloso y bien elaborado plan para hacer contacto con la chica de la cabaña.

Por ahora, se apegaría a su idea inicial de verla de lejos, solo por si no estaba sola del todo. ¿Sería común para las jovencitas de la zona aventurarse solas por la vida?

Puede que sí, ¿sería plausible que sea Nabiki la excepción a la regla entonces? Esto quiere decir que lo normal es dejar el nido por su cuenta sin necesidad de un marido.

En fin, la diatriba de Ranma se vio interrumpida cuando la joven salió de la cabaña, esta vez ataviada con un vestido sencillo, recto y sin mayor gracia, pero a pesar de su sencillez, a ella le sentada de maravilla.

Llevaba en la mano una canasta con algo de fruta, el ruidito en el estómago le hizo sonrojarse un poquitito; quizás si la sigue, lo guíe a la ansiada fuente de comida.

Cual ninja, se abrió camino por la periferia del sendero, ni muy cerca ni tan atrás que la pudiese perder de vista. Y así fue como descubrió que del otro lado del bosquecillo hay una aldea algo pintoresca, y aunque esa afirmación raya en un eufemismo, no quisiera ser tan duro a la hora de juzgar un lugar que no conoce.

En los días venideros, el joven Saotome se dedicó a aprender la rutina de la chica misteriosa: observarla de lejos, hacer lo propio para comer, entrenar, dormir, repetir.

El quinto día, probablemente por haber dado por sentado que sus envidiables reflejos son fuera de este mundo, o puede que también se deba en cierto modo a un descuido una vez inmerso en la rutina, la chica lo descubrió.

-¿Cuánto tiempo más vas a hacer esto? – ella dijo en voz alta, de espaldas a él.

Sin embargo, Ranma estaba dudando de su salud mental, ahí no había nadie.

-Puedes salir, tienes que estar de broma si creías que no me iba a dar cuenta. Me sigues a todas partes.

Ranma giró en redondo buscando a alguien más.

-Bien, sigue haciendo el ridículo con ese pobre intento de escondite entonces, pero esa trenza horrenda lleva por lo menos una semana siguiéndome – la pelinegra se enderezó, había estado cortando leña y apilándola cerca del saliente del lado izquierdo de la cabaña.

Al chico la mandíbula le colgaba floja, los ojos abiertos y la mano en el pecho, era un cuadro bastante risible de perplejidad.

-Es a mí – decía estupefacto – me habla a mí.

-Si, genio. No hay nadie más aquí… a menos que cuentes a P-chan, pero yo no lo hago.

-Te refieres a ese cerdo horrible.

-Es una ternura. Sabes, la envidia es un sentimiento vil.

En dos zancadas estaba parado atrás de la chica mientras ella seguía recogiendo leños para apilar.

-No estarás hablando en serio, en verdad no creo que lo hagas, porque si es así, claramente el sol te dañó el cerebro. Ese cerdo es horrible, el único modo de que su existencia tenga sentido es hacerlo barbacoa – se quedó mirándola fijamente – Lo haces mal.

-¿Qué cosa? – ella volteó a verlo por encima del hombro.

-La corteza debe ir hacia abajo para que se seque bien la madera.

-Ahora eres experto leñador, claramente no sabes nada, la corteza hacia arriba.

-Apártate, te dije que lo haces mal – la tomó del hombro para apartarla y reacomodar la madera – no me puedo concentrar viendo lo mal que lo haces.

-Debe haber estado matándote todo este tiempo entonces, mientras jugabas a las escondidas.

-Pues si soy sincero, si, sobre todo cuando la comida se me está acabando – murmuró entre dientes.

Hubo un pequeño silencio.

-Podríamos llegar a un consenso. El mutualismo es una forma de interacción que podrías encontrar bastante…

-Eres bastante rara – Ranma se palmeó las manos para quitarse el polvo residual – ¿cómo te llamas? – se volteó para verla ponerse rígida y morderse el labio inferior.

-Kanae.

-¿Y tu apellido, Kanae?

-Oh, disculpa. Apenas si te conozco, no te voy a decir mi vida.

-Bien. Tienes un punto, pero fuiste tú la que puso un negocio en la mesa, así que lo más sensato sería empezar con lo básico. Déjame ser el maduro en esta relación: mi nombre es… - le tendió la mano para estrechársela, pero luego cerró el puño, retirándola.

-¿Si? Estoy esperando, Señor madurez, deslúmbrame con tus modales refinados de chico superficial.

-Oye, no soy superficial, y bueno, este, mi nombre es… verás, si tengo un nombre, pero tienes razón, apenas si te conozco.

-Sí, pero yo te dije el mío ¿o no? Y si, eres un superficial, porque hasta un ciego podría ver que P-chan es adorable. ¿No es así, mi amor? Ven aquí – se agachó para abrazar al cerdito, bastante apretado contra sus senos.

La imaginación y la libido del ojiazul su fueron por los cielos, tuvo que hacer un esfuerzo consciente para no verle directamente esa área en particular. Los flashbacks del primer día demasiado recientes en su memoria como para olvidarlo tan fácil.

-Ranma.

-Entonces, como decía, te propongo esto: Yo proveo la comida y tú serás el chef.

-No sabes cocinar – no era pregunta, Ranma sabía que nadie que se precie en la cocina la cede tan fácilmente a un desconocido.

-La verdad, no. – se encogió de hombros - ¿Aceptas o no?

-Ya que insistes – Ranma le tendió la mano, ella lo vio mal.

A duras penas le estrechó la mano, el chico sonrió pagado de sí mismo. Esto pintaba muy bien.

Así sin más, poco a poco se acercaron uno al otro casi sin darse cuenta, pasaron de compartir el almuerzo y la cena, a estar uno alrededor de la otra la mayor parte del día.

Después de algunas semanas, ya con una rutina establecida, una tarde en la que Kanae revisaba sus trampas y colocaba de nuevo las que fueron usadas, se aseguró de que Ranma no estuviese cerca.

La verdad es que el muchacho le cae bien, no es tan tonto como la mayoría de chicos que conoce pero, no deja de serlo. Un hombre. Así que hay cosas que aún quiere hacer por sí misma, solo por el gusto de sentir la libertad de hacerlas porque puede, porque su vida nunca había sido tan suya y aunque cansada, feliz.

Se dispuso a la tarea de cortar leña, había algo relajante en pasar la tarde rajando leños y sacando las frustraciones en algo tan sencillo. El esfuerzo físico te puede ayudar a vaciar la mente de sobre pensar en cosas para las que aún no cree ser capaz de dedicar un solo pensamiento, heridas demasiado frescas.

Los días en los que se tomaban un descanso el uno del otro, ella acostumbra eso, cortar leña y darse un buen chapuzón para relajar los músculos, flotar en la inconsciencia de su soledad y dedicarse al presente, sin ninguna preocupación o remordimiento.

Esa noche, Ranma hizo las dos liebres que encontró en las trampas asadas, no se lo diría, pero quizás su cocina estaba por encima de lo que ella imaginó, fue una grata sorpresa que él compensara sus carencias en las artes culinarias, no se moriría de hambre, no. Pero en cuanto a sazón, su comida estaba a años luz de ser deliciosa.

-Oye, Ranma.

Él levantó la cabeza del plato para hacerle saber que le escucha

-Sabes, bueno. No sé si creas en eso, y no es tan importante, pero… - ella se mordió el labio inferior

El chico de la trenza ladeó la cabeza, ella casi nunca dudaba, y definitivamente ella estaba haciendo un esfuerzo para decir lo que sea que tuviese en la cabeza.

-¿De qué se trata?

-Es… No importa si no te interesa, es solo que es importante para mí, pero si no te interesa no hay problema – ella revolvía su comida distraída – En unos días se celebra Samhain.

-Nunca escuché de eso – comentó el inocentemente – pero dime, qué es exactamente

-Oh – ella se sonrojó – es una celebración pagana; los Celtas lo veían como su festividad más importante.

-¿Cómo sabes de esto?

-Me gusta leer – ella seguía sin verlo a los ojos – y bueno el punto es que, si te interesa también, podrías venir y cenar en Samhain.

-Pero ya lo hacemos.

-umm –ella asintió, luego le miró a los ojos – es cierto. Pero sería diferente, porque es día de celebración.

-¿Qué debería hacer?

-¿Eso quiere decir que lo harás? ¿No crees que sea tonto?

-Mira, nunca había escuchado de esto, pero es claro que a ti te interesa, y a mí no me molesta. ¿por qué me molestaría? ¿Hay algo raro involucrado, algún ritual con sangre de animal? ¿Sesiones espiritistas quizás?

Ella se soltó a reír, una risa de verdad, carcajadas resonando por la cabaña.

Él sonrió al ver que sus dudas y recelos se fueron por la ventana.

-No, no te preocupes, eso solo un poco como dar las gracias a la madre tierra por las cosechas, la abundancia y… - su mirada estaba puesta en algo muy lejano, como si dentro de su mente estuviese viendo todo lo que su boca no podía expresar.

Ranma colocó su mano sobre la de ella, en parte para hacerla regresar, en parte porque anhelaba su contacto.

Su mano cálida, suave al tacto, tan cerca de lo que él siempre imaginó. Desde que la vio la primera vez en el arroyo, cosas extrañas se estaban gestando dentro de él.

-Lo siento – ella le sonrió – según las leyendas, también se acostumbra dejar ofrendas para los difuntos, es una noche especial para recordar a quienes nos han dejado pues, los Celtas decían que en estas fechas se les permite vagar en el mundo de los vivos

-Es algo así como Halloween – Ranma no perdía detalle de que ella no retiró la mano – suena interesante, Kanae.

-¿Eh? –ella lo vio con confusión.

El chico estaba algo desubicado, ¿qué la pudo haber confundido?

-¿Sucede algo? – él apretó el agarre en su mano

-No, es, no fue nada – ella lo vio por un momento directo a los ojos, algo suave en su mirada tocó una fibra en Ranma – Me agradas.

Su voz suave, el tono sin ninguna malicia, casi un susurro, acompañado de su sonrisa le hicieron corto circuito en el cerebro a Ranma. Le devolvió la sonrisa algo embobado.

Los días posteriores, se dedicaron a hacer más de lo mismo, pero con la variación de que preparaban cosas para su celebración casera de Samhain.

La pelinegra consiguió un par de calabazas que quería tallar ella misma, Ranma armó una especie de altar para las ofrendas. Hay algo que ella no le está diciendo, todo lo relacionado con el altar la mantiene distraída, quizás luego, puede que ella se abra un poco y le cuente, él intentará hacerla hablar.

La tarde antes del gran día, como le gustaba decirle Ranma, pues adoraba ver esa sonrisa tímida, decidieron ir al pueblecillo a buscar algo apropiado para su primer Samhain.

Kanae estaba exultante, y Ranma no quería perderse ni un momento de lo que sería toda una experiencia.

Por su parte, ella pensaba y pensaba en lo que significa para ella todo este asunto.

Desde el día uno, cuando descubrió la historia, sintió una especie de "llamada" como si algo le hubiese estado haciendo falta en su vida, sin poder ubicar qué era, hasta que leyó acerca de esta festividad, nunca pudo decirle nada a sus hermanas, no creía que alguien entendiera lo que ella sentía en cuanto a algo que en realidad no formaba parte de su vida, que no tiene ninguna base porque no tiene nada que ver con su cultura o tradiciones y, sin embargo, algo en su interior le susurra, un sentido de pertenencia inexplicable.

Hasta hoy, todo había sido calma, sabía que la calma no le duraría para siempre, pero jamás en su vida se imaginó pasar por un trago amargo como este; la perturbación de su estatus quo ni siquiera se debió a los motivos por los que ella estaba segura de que su pasado la alcanzaría tarde o temprano.

Estaban en el pueblo, ella buscaba algo parecido a un vestido Celta, o lo más similar que aquel pueblito Nipón pudiese ofrecer. Ranma estaba en lo suyo, buscando algo de ropa nueva, nada tan complicado, cuando un par de sujetos decidieron molestarla con su cháchara burda y cumplidos no solicitados.

-Miren, que hermosa florecilla, no creo que sea de por aquí. ¿Cómo te llamas, chica?

-Buena tarde caballeros – asintió a modo de saludo y siguió su camino. Hasta que una mano se cerró en su antebrazo.

-No, no te vayas, linda- un hombre horrible con una nariz ganchuda se cernía sobre ella – es raro ver a una chica tan bonita sola, ven, vamos a tomar algo.

-No estoy interesada – de un rápido jalón soltó su brazo y se apresuró a huir, no quería montar un espectáculo y llamar atención no deseada.

El otro sujeto le cerró el paso – No te apures, chica.

-No quiero ser grosera, por favor…

-No te hagas la modesta, princesa; una chica sin compañía solo busca una cosa.

La sangre hirvió a fuego lento en sus venas, recorriendo su torrente sanguíneo con una fuerza e intensidad que solo sentía previo a una batalla o una afrenta muy grande.

-Nadie pidió ni su compañía ni su opinión. Aparta – llamas ardientes bailaban en sus ojos chocolate, los vellos cortos de su nuca, erizados.

Pero sin querer atender razones los tipos la rodearon, tratando de intimidarla.

-Vamos, no seas aguafiestas, te vas a divertir.

En el momento en el que otra mano se volvió a posar sobre su cuerpo, sin permiso, el temperamento brioso de la pelinegra explotó, como cañón de mecha corta.

En un segundo, tomó dos dedos de esa fea y tosca mano y los dobló hacia arriba, mientras se daba la vuelta y le dobló el brazo al hombre pegándole la mano en la espalda, haciéndole gemir de dolor.

-No me toques – siseó furibunda.

-Maldita zorra – escupió el sujeto inmovilizado, tratando de soltarse

El segundo hombre trató de sujetarla del cabello. La chica se desenredó con una patada hacia atrás, justo en el estómago.

La gente se empezaba a arremolinar alrededor de la refriega.

Cuando la situación se comenzó a poner seria, el chico de la trenza caminó cauto un poco más cerca, la verdad es que no había interferido porque el manejo que Kanae estaba teniendo de la situación era bastante bueno.

En el momento en el que el hombre nariz de gancho le logró acertar una bofetada a la muchacha, el ojiazul lo mandó a dialogar con el bote de basura más cercano en un movimiento rápido y contundente.

Antes de llamar aún más la atención, la joven lo tomó de la mano y salieron corriendo, no pararon hasta llegar a un callejón vacío.

Al principio solo se miraron el uno al otro en silencio, después de unos momentos para recuperar el aliento, Ranma le sonrió y al cabo de unos minutos estaban destornillados de risa.

-Eres buena – la halagó – eres bastante rápida, no quise interferir, estabas haciendo un buen trabajo a pesar de que te superaban en número y altura.

-¿Eso es un cumplido? – La chica levantó una ceja, él asintió – vaya, qué día tan raro. Pues la verdad es que tengo algo de práctica tratando con tipos así.

Esta vez fue el turno del ojiazul levantar una ceja a modo de pregunta.

-Mi familia, son algo entusiastas con las artes marciales, mi padre le ofreció mi mano a quién lograra ganarme en un duelo. He lidiado con tontos así más veces de las que puedo contar.

Algo dentro de Ranma tembló con esa información, una similitud con su propia situación, la vocecita de su consciencia diciéndole que en realidad ellos son bastantes parecidos.

-Umm, padres entrometidos. Quién necesita enemigos con familia así.

-No me quejo del todo, me ayudó mucho a aprender artes marciales, ya sabes, entrenamiento constante pero si, entiendo tu punto en cuanto a que mi papá se olvidó de algo muy importante. Mi opinión al respecto.

La búsqueda de la ropa quedó relegada a cero, en cambio, se pasaron el resto del día contando historias de peleas o duelos; ambos compartían anécdotas y una que otra broma.

-¿Entonces a ti también te comprometieron? Es tan raro, no pensé que hubiese más personas así de… ujum – la pelinegra se aclaró al garganta con un leve sonrojo adornando sus mejillas.

-Si, puedes decirlo, están locos – Ranma negaba con la cabeza pero sonreía

-No me mal interpretes, no tengo una mala relación con mi papá, pero realmente no sé qué pensaba.

-¿Es por eso que vives sola en medio de la nada? – algo dentro del chico de la trenza le decía que estaba ante algo grande, un no sé qué que casi podía adivinar, y sin embargo, no se atrevía a ponerlo en palabras.

Es decir, no podía ser ¿o sí? Es que, ¿no sería una ironía de la vida estar conviviendo con la persona de la quiso huir desde el día uno?

Ella no pudo contestar, porque en ese momento P-chan pisoteaba con sus pezuñas miniatura el pie de la joven.

-¿Qué pasa, chico?- lo levantó del suelo.

El momento de las respuestas pasó, Ranma se despidió poco después y no vieron más hasta el momento acordado para su celebración.

En cierto modo, el azabache estaba nervioso. Si era honesto consigo mismo, no le molesta que esa joven fuese su prometida, como su intuición le decía, la verdad es que hay demasiadas similitudes y sus sospechas no son tan infundadas.

Por otro lado, el hecho de que ella sepa su nombre y no lo haya ubicado como su prometido es algo desconcertante. ¿Acaso ella huyó sin siquiera saber nada?

Y él sintiéndose tan resentido al saberse despreciado; si esta chica es Akane Tendo, y en verdad podría serlo, ahora siente un poco de remordimiento por la forma en que despotricó del asunto en su momento.

Aunque para hacer un punto, él solo estaba en contra de la idea, no fue personal, no podría serlo, ellos no se conocían.

Estaba decidido, él tendría que confrontarla con los hechos. Al final de esta noche le preguntaría. Seguía algo distraído pensando en la mejor forma de abordar el tema cuando la voz de Kanae lo sacó de sus pensamientos.

Bueno, Kanae puede que sea un nombre obvio una vez que unes los puntos, pensó de nuevo para sí mismo.

-Esto es para mamá, P-chan; si en verdad hoy es un día especial en el que los del más allá nos pueden visitar, quiero que vea esto y pueda sonreír sabiendo que aún no la he olvidado. Solo desearía haber podido hacer esto antes.

Ranma no se podía mover, estaba como clavado a sus pies en el sitio, no tenía ni idea de dónde pudo haber conseguido la chica el vestido, y si ya lo tenía, no se explica para qué quiso ir ayer a buscar otro.

Estaba hermosa, un vestido verde oscuro, con mangas largas, lo suficientemente ajustado como para que le sentara fenomenal. Largo, pero sin arrastrar, una sobria corona de flores en la cabeza descansando en el fondo negro que es su cabello negro corto (no largo como le habían dicho que lo tenía Akane), descalza y con la sonrisa más radiante que haya visto alguna vez.

Ella es, diablos, él no encuentra las palabras correctas para describirla, quizás sus pensamientos abarcan demasiado su mente, y el problema es que las palabras no le hacen justicia. Pero sobre todo ese tren de pensamiento, hay una palabra que se superpone a las demás y es que, sin importar si ella es o no Akane Tendo, a él le gusta.

Ella le gusta y mucho.

Bueno, quizás en este punto sea un poco más que solo atracción, la mayoría de su tiempo han estado pasándolo juntos, tienen gustos, pasatiempos y vivencias muy similares. Las posibilidades de que, a pesar de tratar de ir en sentidos contrarios el uno del otro debido a su situación, se encontraran en medio de un bosque, con cero expectativas y mucho en común le provoca a Ranma Saotome toda una revolución de insectos aleteando en su estómago como jamás imaginó llegar a sentir.

-Hola, Akane.

-Oh, llegaste. Este es el altar para las ofrendas, dime que trajiste lo que te pedí.

-Si lo traje, pero ¿sabes algo?

Ella parpadeó un par de veces esperando lo que él tenía que decir, pero no dijo nada.

-Bueno dime – lo instó

-¿Cuándo huiste de casa, ni siquiera sabías el nombre de tu prometido?

Ella enderezó la espalda, la rigidez no duró más que un instante, y si Ranma no estuviese poniéndole especial atención se lo habría perdido; pero no lo hizo. En sus ojos relampagueó el reconocimiento inequívoco de que ella era.

-Te dije que fueron muchos los que lo intentaron, pero nadie nunca me derrotó, como para haber tenido un prometido real – ella estaba incómoda, Ranma sonrió como un viejo zorro.

-Te reto.

-¿Qué? ¿Ahora? ¿Oye, qué demonios te pasa? – ella tropezaba con las palabras.

-Creo que sería adecuado que ambos como artistas marciales, agregáramos un duelo como ofrenda. Nunca has perdido, no hay motivo para temer.

La pelinegra levantó una ceja, como de costumbre, cuando tenía preguntas y no lograba sacar las palabras.

-Seré gentil, no deberías tener miedo.

-Yo no tengo miedo, no seas presumido.

-Bien, entonces está decidido, Tendo.

El altar de las ofrendas se tambaleó cuando ella chocó con este, debido a la sorpresa.

-¿Cómo sabes? – sus ojos abiertos, las cejas casi tocaban la línea de su cabello, una mano en el pecho.

-He estado atando cabos. Lo creas o no, se me encomendó buscarte después de tu abrupta huida.

-¿Estás aquí como caza recompensas, para llevarme encadenada a un matrimonio que no deseo?

-No.

-Entonces no entiendo…

-Mi situación, en realidad es similar a la tuya, eso ya lo sabes.

-Eso no explica tu declaración anterior. No hay forma de que sepas del compromiso si no es porque mi papá te mandó a buscarme para llevarme de vuelta; pero, si ese es el caso, entonces lo llevas claro. No pienso casarme ni obligada.

-Te propongo esto: Tú y yo, un combate. Si gano, quiero tu palabra de que lo harás.

-¿Qué cosa?

-Casarte.

-¿Y si yo gano?

Él levantó los hombros fingiendo una indiferencia que realmente no sentía – Dime tu precio.

-Te olvidas del asunto, tú no me has visto y todos contentos – Ranma asintió, trató decididamente de no mostrar una sonrisa radiante.

-No seas engreído, no me pienso dejar ganar fácilmente – ladró Akane – ¿desde hace cuánto sabes que soy Akane Tendo?

-Me creerías si te dijera que no estaba seguro ni hace una hora, solo tu reacción me convenció.

-Demonios, el problema no es lo que digo ¿cierto? Es que mi cara lo dice todo – ella se desinfló como un globo – ¿Lo conoces?

El pelinegro ladeó la cabeza

-A "Mi prometido" – entrecomilló ella con los dedos – Bah, no tiene caso que me digas, supongo que lo haces.

-Se podría decir.

-¿Es malo? Del uno al diez qué tan imbécil crees que sea como para que nos comprometan sin conocernos.

Ranma estaba haciendo un esfuerzo para no carcajearse. En realidad, sus suposiciones son bastante válidas, no hace mucho él estaba sintiendo exactamente lo mismo.

-No es tan mal sujeto – él le tendió la mano, ella la estrechó.

-Quita esa cara, me das miedo. Lo que no entiendo es qué ganas con esto.

-Digamos que por el mero placer.

La cena fue igual que siempre, hablaron un poco más del compromiso, Akane le dijo que no es que no quisiera casarse, la verdad es que lo que realmente le molestaba de la situación es no haber tenido voz ni voto cuando lo que se juega es su futuro.

Ranma no pudo objetar nada, de hecho le dio la razón. Despotricaron un poco acerca de padres entrometidos, la irrelevancia de la opinión de algunas personas acerca de lo adorables que son los cerditos y uno que otro dato relativo a la noche de mediados de equinoccio de otoño.

-Ya que mañana puede que mi libertad sea historia, propongo un brindis – dijo Akane mientras colocaba una garrafa con un líquido ámbar en la mesa.

-No tienes fe en ti misma, Señorita Tendo.

-No es eso, es solo mi lado realista. No puedo creer que después de todo lo que hice para escapar de esa tontería, resulte que el matón que encargó mi padre para atraparme (no te ofendas) es el mismo que ha estado pasando tiempo conmigo luego de conocerlo en medio de la nada.

-Tranquila, no me ofendo. Y, si te sirve de consuelo, yo no estaba por la labor de atraparte, esto solo fue coincidencia.

-Oh, entonces podrías…

-No, detente ahí. Porque debo recordarte que ya has accedido y no te echarás para atrás. Me diste tu palabra, Señorita Tendo.

Ella se cruzó de brazos enfurruñada, pero no le duró mucho más el puchero, pues el pelinegro sirvió sendos vasos hasta el tope del líquido del garrafón para cada uno.

-Gracias – le dedicó ella cuando él le pasó su vaso hasta el tope – ten cuidado, y tómatelo con calma, la señora que me lo regaló dijo que sería genial para una ocasión especial. Así que ¡SALUD!

Ambos empinaron sus vasos, hasta el fondo.

En opinión de Ranma no estaba tan mal, algo amargo, pero con un regusto adictivo.

Para Akane no fue distinto, al principio frunció el ceño ante el sabor acre, pero luego se dedicó a ahogar sus protestas con el líquido.

Ella se dio el tiempo de escudriñar a su compañero de bebida, el chico tenía lo suyo, era bastante bien parecido, no es idiota como la mayoría de los artistas marciales que conoce; aunque puede que su juicio este algo parcial, su experiencia ha empañado por completo su concepto acerca de encontrar un hombre decente.

-Eres bastante apuesto para ser artista marcial.

-Gracias… creo.

-Umm, lo dije en voz alta – ella se rascó el mentó contemplativa – no importa, quise decir lo que dije. Me caes bien, si tu amigo se parece a ti, quizás no nos matemos en la primer semana.

-Es un buen tipo, ya te lo dije. ¿Estás lista para hacerlo?

-Si, hagámoslo ya. – ninguno de los dos pudo evitar la risita tonta.

¿Qué demonios tenía eso?

Era noche clara, la verdad es que la luna no estaba llena, pero casi, así que el claro del bosque estaba lo suficientemente despejado como para tener una buena visibilidad afuera.

Uno frente al otro en modo serio, listos para su reto, Ranma ataviado con una camisa azul manga corta floja, estilo chino color rojo y un pantalón chándal negro, su ropa como su marca personal. Akane por su parte, decidió que sería adecuado quedarse con sus vestiduras, pero con ciertas modificaciones, no es como que tuviera pensado volver a usar ese vestido, por lo que lo rasgó a la altura de las rodillas para tener mejor movilidad. Se cubrió los pies con unas simples vendas, y también desprendió las mangas del vestido para evitar se agarrada por las mismas.

Se dedicaron un examen rápido la una al otro, asintieron a su oponente, una ligera inclinación y en guardia

-Dame lo mejor que tengas – le hizo una señal con la mano invitándola a atacar.

-No esperaba menos.

Akane se lanzó con una patada alta, que él esquivó fácilmente, el ritmo parecía más una danza que una pelea, ella atacaba, él esquivaba. Luego él atacaba, y ella bloqueaba.

Ambos eran conscientes de que no estaban luchando en serio, ni parecían estar por tomárselo más en serio.

De repente, un rayo iluminó la noche clara, una ligera ventisca soplando entre los árboles, lo que era una fresca pero despejada noche de Octubre, rápidamente se convirtió en una llovizna suave, taimada.

Quizás haya sido la bebida, o puede que la cercanía, el tiempo que pasaron juntos, la imprevisibilidad de la vida, el deseo de decidir hacer las cosas por sí mismos sin importar si son correctas o erróneas pero, cuando la mano de Akane trató de golpearle el pecho al ojiazul, y él la inmovilizó sosteniéndole el brazo bajo la axila, su cara a centímetros del otro, la tensión se rompió como una cuerda.

No fue más que un roce de labios, pero ella quería saber lo que es besar a un hombre porque quiere, y no porque es lo que se espera de ella.

El contacto duró lo que una exhalación, pero en el momento en el que ella retrocedió para verle a los ojos, el negro en sus pupilas se había tragado todo el azul.

La respiración de Ranma le acarició en el cuello, en donde él metió la nariz en una caricia apenas perceptible.

-Akane, confía en mí.

Ella asintió, y él le pasó las manos por la parte trasera de las rodillas para cargarla, de un salto ella tenía las piernas alrededor de la cintura de él y sus brazos le rodeaban el cuello, él sujetó con fuerza el trasero de la chica mientras en dos zancadas estaba pateando la puerta de la cabaña.

Eran una masa de manos y dientes, y jadeos y uno que otro gemido.

A tientas, Ranma logró tirar todo al suelo en un barrido con la mano casi perfecto y sentarla en la mesa que hace unos minutos tenía la cena de celebración, no perdiendo ni un segundo se metió entre las piernas desnudas de Akane y le sujetó el rostro entre las manos. La intensidad de su mirada estaba encendiendo un fuego dentro de Akane que difícilmente podría apagar, ni aunque quisiera.

Y ella en realidad no quería.

La pequeña Akane, estaba decidida a mandar todo al demonio y vivir su vida al límite así fuese solo una vez, antes de que los planes de los demás le quitaran lo que jamás recuperaría, el fuego que guardo dentro de su indomable corazón.

Ella no estaba pensando con claridad. Ella no quería pensarlo mucho más, solo se redujo a instinto y poco más.

Recorrió con su lengua de terciopelo a través del labio inferior de su amante, este chico que parecía tan hambriento por ella como ella por él. En un paso algo atrevido, le mordió el labio y luego volvió a lamérselo con una tortuosa lentitud, como castigándolo por haberla hecho esperar tanto por esto.

Un gruñido desde lo más profundo de la garganta del pelinegro resonó entre el espacio que los separaba, y ella pudo sentir del ronroneo como si fuese en su propio pecho puesto que estaban tan cerca, que no se sabe dónde termina uno y comienza el otro.

En los tiempos en los que las festividades del fin de la cosecha se celebraban, era común la creencia de que las hadas buscaban maridos mortales y solo los más valientes atendían el llamado, pues cierto misticismo rodeaba a estas criaturas hermosas pero llenas de magia. Ranma estaba embelesado con la chica en sus brazos, su hada mística, llena de magia y de sensualidad. Perfecta para él.

Su piel cantaba un cántico de adoración, todo en él estaba volcado en adorar a esta ninfa con sabor a gloria, a todo lo que nunca supo que buscaba pero necesitaba.

No había forma de tener suficiente de ella, sus manos estaban en cada rincón, llenando cada espacio, su lengua saboreando su piel suave y delicada. Su olor embriagador nublándole los sentidos. Como un embrujo.

Un deseo más allá de lo mortal lo apremiaba, a como pudo, se separó apenas lo suficiente como para rasgarle las vestiduras en medio de su ardor frenético. El deseo destilando de cada poro de su piel.

Caminaba como un maldito, al borde de un precipicio, tambaleándose en el borde entre la locura y el éxtasis, más allá de un deseo carnal, una especie de hechizo del alma, un deseo primario de poseerla y ser poseído por ella.

El recuerdo de la madrugada en el arroyo, cuando Ranma la vio por primera vez, no es nada comparado con el sobrecogimiento de sentirla temblando de deseo entre sus brazos, su aliento entremezclándose con el propio.

En el momento en el que sus cuerpos se unieron en uno solo, con un solo empuje devastador, es como tocar el cielo con las manos, una experiencia casi religiosa.

Si se le pudiese comparar con algo ínfimamente cercano al éxtasis en el que está, sin miedo a equivocarse sería como fuegos artificiales. Verla desmoronarse pedazo a pedazo entre gemidos y temblores propios del clímax, mientras se construyen y deshacen en el placer con abandono, es quizás el fin de su existencia.

Si cada decisión, cada dificultad y cada giro en su vida lo trajeron aquí, solo por vivir este momento, todo ha valido la pena, y lo volvería a hacer todo de nuevo.

-Cásate conmigo, Akane, no porque nuestros padres están locos y decidieron por nosotros, hazlo porque no puedo estar sin ti.

-Nuestros padres están locos, pero no necesitas convencerme de hacerlo. Esto es superior a mí.

-¿La magia de Samhain?

-Brujería, diría yo. Brujería.

Gracias a quien este leyendo esto. Gracias y espero que haya sido de su agrado.

Cualquier incoherencia que encuentren, sepan disculparme.

¡Feliz Samhain!