Capítulo 1: Departamento de Misterios.

El gran reloj de su oficina marcaba las nueve de la noche y Hermione sabía que era hora de volver a su departamento. Al día siguiente comenzaban oficialmente sus vacaciones y tenía un traslador esperándola a las siete de la mañana para ir a Australia.

Sabía que debía tomar su bolso y dormir aunque sea un poco, pero también sabía que era el último momento para ir al Departamento de Misterios y usar la biblioteca para su investigación sobre recuperación de la memoria.

Era la segunda vez que iba a Australia, la primera vez fue justo después de la guerra. Harry y Ron la acompañaron, felices de alejarse un poco del acoso mediático que estaban sufriendo tras la caída de Lord Voldemort. Luego de una semana de varios hechizos de rastreo y una poción localizadora que incluyó un poco de su propia sangre, encontraron a Wendell y Monica Wilkins. Ambos vivían en los suburbios, aún eran dentistas y tenían un gato.

La vida en Australia los había tratado bien, al parecer tenían un par de amigos, ayudaban en un orfanato y disfrutaban del sol de Perth.

Lamentablemente luego de hacerles un diagnóstico, Hermione se dio cuenta que había hecho un demasiado buen trabajo borrándose de sus mentes. Había pasado meses investigando cómo hacerlo sin destruir sus cerebros y manteniendo sus personalidades, pero no había tenido tiempo suficiente para asegurarse que pudieran recuperar los recuerdos perdidos.

Ya había pasado un año y ella había consultado un sin fin de libros, realizado larguísimas ecuaciones de Aritmancia, consultado diferentes medimagos e incluso intentó hablar con el cuadro de Dumbledore, pero aún así no tenía una solución clara. Por eso había decidido volver a Australia y tomar nuevas muestras y probar algunos experimentos en sus padres.

Tenía que lograrlo.

— Buena noches, Hermione — le saludó el guardía nocturno del departamento — ¿Otra vez haciendo horas extra?
— Oh, Barkus, tengo que dejar todo listo antes de mi viaje — sonrió la bruja levantando unos libros y su bolso con el hechizo extensible — voy a dejar estos libros a la biblioteca del Departamento de Misterios y luego me iré directo a mi casa.
— Si quiere yo puedo ir a dejarlos, es mi trabajo.

— No te preocupes, le dije a Octavia que los devolvería personalmente, ya sabes como es con sus libros.

Deseando unas buenas noches, la bruja se dirigió al ascensor que estaba completamente vacío, no como en el día cuando estaba atiborrado de gente y de memorándums flotando.

Hermione disfrutaba de las tarde noches en el Ministerio. A las seis de la tarde la mayoría de los empleados ya estaban en sus casas, excepto algunos aurores, los guardias y algunos trabajadores como Percy Weasley y ella que siempre hacían un par de horas extra, así que podía caminar con facilidad, sin ser detenida por algún mago que quisiera hablar con ella y además podía disfrutar de la magiarquitectura del lugar.

— Piso nueve — anunció el ascensor — departamento de Misterios.

Hermione no le gustaba el departamento de Misterios, si bien había considerado ser inefable y estaba fascinada con todas las investigaciones del lugar, no sentía que podía pasar sus días trabajando allí sin recordar todo lo que había vivido y si bien ahora contaba con la autorización para ir y que las puertas no la desorientaran, no podía dejar de recordar el hechizo que le había mandado Dolohov.

Mostrando su autorización, Hermione entró a la cámara con doce puertas. Era la primera vez que estaba ahí sin que hubiera un inefable paseando entre las puertas, desde la guerra que siempre había alguien en el lugar tratando de descubrir los misterios de la magia y reparando la cámara del tiempo que ella misma y sus amigos habían destruído.

La puerta que daba a la Biblioteca de misterio la dejó pasar sin problemas, como siempre que iba y luego de dejar los libros que había pedido prestados sobre el mesón de Octavia, decidió darse una vuelta por los estantes, en busca de nuevo material de investigación para su viaje a Australia.

Octavia era una bruja de unos sesenta años, sería y muy apegada a los libros del departamento. Apenas Hermione había entrado al Ministerio y había necesitado un archivo antiguo de ley mágica que solo el Departamento de Ministerio tenía, la bruja le había ayudado completamente. Le había enseñado a Hermione su complicado sistema de organización, que consistía en niveles de magia en vez de años o autores, lo que hacía que fuera muy complicado para otras personas buscar lo que buscaban.

Al principio Hermione había encontrado extraño que la bruja la ayudara tanto, más cuando había escuchado lo complicado que era pedir cualquier material de ella, pero luego de una junta con los ex integrantes del Ejercito de Dumbledore, Hermione descubrió que Octavia era la tía de Terry Boot y que al parecer, el mago le había contado como ella lo había salvado de Bellatrix Lestrange en la Batalla de Hogwarts.

Después de ver que la bruja cuidaba los libros y los respetaba tanto como ella, Octavia le había dicho que si bien no podía sacar los libros del departamento sin ella, si podía revisarlos en su ausencia.

Moviendo su varita, la luz del hechizo de Octavia la guió por los largos pasillos hasta que encontró la sección que necesitaba.

"Memorias y Pensamientos, experimentos cerebrales del siglo XVIII"

Eran los primeros inicios de los experimentos de los inefables y aunque era un libro restringido, la magia del hechizo que le había enseñado Octavia le permitió abrirlo. Era un libro interesante y didáctico, con infografías que se movían para mostrar hechizos y partes de cerebros. Habían experimentos que estaban en la misma línea que sus necesidades, habían usado magos y muggles y aunque no quería saber las probables ilegalidades del proceso, Hermione estaba emocionada de encontrar lo que había estado buscando.

Cerebrum Recuperatio — susurró Hermione — Tempus Itineratur, Nova Oblivione Memorium.

Ninguno de los hechizos se veían muy complicados, los movimientos eran rápidos y complejos, pero nada que ya no hubiese hecho, sabía todas las runas que sustentaban el proyecto y estaba segura que luego de que podía realizar todo.

El autor mencionaba que podía recuperar casi todo tipo de memorias, incluso las extraídas a la fuerza por terceros, lo que era una novedad para ella que siempre encontraba sistemas para recuperar memorias extraídas por accidentes mágicos.

Hermione sabía que no podía probarlos en sus padres sin hacer un testeo antes y emocionada por al fin descubrir que había una posibilidad de recuperar la memoria de sus padres, salió de la biblioteca aun con el libro en mano y decidió que iba a hacer sus testeos esa misma noche.

Sabía que era una mala idea, pero no había visto ningún inefable antes y sabía que si pedía permiso iban a dárselo, pero no sin antes hacerle rellenar veinte formularios y hacerla esperar tres meses, si es que tenía suerte.

Si se encontraba con un mal inefable, sabía que no se lo permitirían nunca o la presionarían para compartir información sobre su tiempo en la búsqueda de las partes del alma de Tom Riddle, ya que desde que se enteraron que estuvieron en contacto con un Horrocrux y que lo llevaban en el cuello por tanto tiempo, habían querido hacer un par de experimentos con ellos.

— Pueden hablar con Madame Umbrige — les respondió Harry la última vez — ella lo llevó por bastante tiempo también.

Hermione sabía que Harry lo había dicho en broma, pero luego de no recibir más solicitudes y haber visto a Umbrige cerca del Departamento, estaba segura que la bruja había ganado algún tipo de trato de inmunidad tras aceptar ser un conejillo de indias.

Indignada de tan solo pensar en esa posibilidad, Hermione miró su reloj. Faltaban nueve horas para su traslador y sabía que podía viajar sin volver a su departamento. Tenía todo en su bolso, como siempre. Todo excepto ropa, pero estaba segura que podía comprar tenidas en Australia.

— Harry y Ron estarían orgullosos de mí — se dijo Hermione mientras miraba las puertas de las cámaras.

Como era una persona autorizada, esta vez las puertas estaban ordenadas y con identificación, pero Hermione aun podía ver que algunas de las puertas tenían un poco de la equis que ella misma había usado en su quinto año.

La cámara de los cerebros se abrió sin problemas y Hermione entró a la larga y rectangular cámara, iluminada por lámparas de baja altura y llena de estanques de cerebros que se movían en un líquido verde.

— ¿Hay alguien aquí? — preguntó la bruja.

Agradeciendo de que no hubiese alguien, Hermione suspiró y empezó a recorrer el lugar y leer las fichas de los estanques, hasta que encontró uno con las cualidades adecuadas. Hizo aparecer un pequeño escritorio para dejar el libro abierto en la página del experimento y se quitó su capa ministerial.

Los cerebros estaban calmados, sabía que reconocían que tenía autorización, pero aun así no dejaba de sentir un pequeño escalofrío al verlos.

Se apresuró en colocarse guantes de cueros para experimentos, poner un hechizo de protección en su ropa e hizo volar una pluma que empezó a escribir todo lo que ella le dictaba.

— Experimento uno — empezó — inserción de memorias y removerlas con Obliviate.

La pluma escribió lo que ella decía y el cerebro no reaccionó al hechizo que la bruja le mandó.

Comprobando que había agregado y borrado diferentes memorias al cerebro, volvió a leer el libro e hizo cálculos aritmáticos para comprobar que iba en buen camino, pero luego de intentar el experimento, el cerebro nunca recuperó las memorias.

— Experimentos nueve — dictó la bruja — intento de borrar una memoria ya existente y real.

Hermione pensaba que el problema era que el hechizo buscaba llevar al cerebro a un momento sano, donde sus memorias estaban completas y si ella borraba un hechizo que ella misma había implantado, el experimento consideraba que el cerebro no tenía nada que recuperar.

Legeremens — dijo Hermione apuntando su varita al cerebro pero sin tener éxito — ¡Legeremens!

Si bien no era una experta en el hechizo como Severus Snape o Albus Dumbledore, sabía que tenía los conocimientos básicos para obtener una reacción, ya lo había hecho a menor escala en el primer experimento, pero aun así el cerebro no reaccionaba.

El libro decía que era posible usar Legeremens en ellos, que el mago que lo escribió lo hacía frecuentemente con los cerebros del departamento.

Desesperada, decidió que podía borrar la memoria de los experimentos que ella misma estaba haciendo en ese momento, borrar su llegada a la cámara y así podría practicar la recuperación de dichos recuerdos.

Asegurándose de tener las runas de protección, de haber descrito todo los pasos a la pluma que estaba escribiendo cada uno de sus pasos y tomar una gran bocanada de aire, Hermione apuntó con la varita al cerebro e hizo el mismo Obliviate que realizó a sus padres, borrando su llegada al lugar de los pensamientos del cerebro y toda su existencia.

Podía sentir como las memorias salían del cerebro, conocía bien la sensación.

El cerebro empezó a girar en el estanque y Hermione se apresuró en preparar el lugar para hacer el experimento del libro. Los movimientos del cerebro le indicaron que no la reconocía y que había creado el ejemplar perfecto para probar el hechizo. Las ecuaciones estaban listas, el movimiento lo había practicado y las runas ya estaban dibujadas.

Nova Oblivione Cerebrum Memorium — se dijo Hermione mirando el libro por última vez.

Se dio vuelta para apuntar al cerebro pero en vez de encontrar a un tranquilo espécimen, se dio cuenta que los tentáculos estaban fuera del estanque y que estaba intentando liberarse para atacarla.

Hermione sabía lo que debía hacer, el mismo libro le había advertido de los cerebros. Tenía que correr evitando a toda costa que la tocasen, sin lanzar hechizos porque podía ser que rebotaran en ella, así que solo agarrando su bolso y el libro corrió hacía la puerta.

Aún le faltaba unos metros cuando se dio cuenta que había movimiento en el resto de los estanques y sin poder contener un grito corrió hasta llegar a la puerta y sin mirar hacía atrás, la cerró con fuerza.

Se había salvado.

Iba a hechizar la puerta para cerrarla con magia y asegurarse de que no la persiguieran pero en ese mismo instante el libro empezó a brillar y la sala circular que antes tenía las puertas identificadas con nombres, ahora empezó a girar.

Hermione se maldijo, entendiendo lo que había pasado. Al borrarle la memoria al cerebro, ya no la reconocía como personal autorizado y al causar caos en la cámara de los cerebros, el libro ahora brillaba para avisar que lo habían sacado de la biblioteca sin el permiso de Octavia, activando los protocolos de seguridad.

Una de las doce puertas era la biblioteca y debía devolver el libro para quizás lograr desactivar los protocolos de seguridad y salir del Departamento sin un rasguño.

No quería pensar en la cantidad de amonestaciones que iba a recibir por lo que había hecho, si es que no la despedían.

Empezó a marcar las puertas y abrirlas, desesperada por hacerlo de la manera más segura y rogando que no le tocara abrir la cámara de los cerebros de nuevo. Pasó por la cámara del espacio, la de la muerte y se estremeció al abrir la sala de las profecías. Una puerta estaba bloqueada y ni siquiera su más fuerte Alohomora no la pudo abrir, por lo que supuso que era la cámara del amor.

— Por favor, sé la biblioteca - rogó Hermione desesperada — sé la biblioteca.

Pero apenas abrió la puerta vio como un tentáculo intentaba atacarla y solo alcanzó a soltar el libro y lanzar un Protego que rebotó en el cerebro y la lanzó al otro extremo de la habitación circular, golpeándose con una de las puertas sin marcar.

Dos cerebros se acercaban a ella y otros dos venían por los lados, así que aún mareada por haber chocado contra la puerta, se levantó e intentó abrir la puerta pero estaba cerrada. Asustada por los cerebros que parecían haberse multiplicado, lanzó un potente Alohomora y logró abrir la puerta, entró con rapidez y la volvió a cerrar.

Se había salvado, otra vez.

En ese momento que los cerebros estaban en la habitación circular estaba segura que la iban a despedir. No importaba si había salvado el mundo mágico, nadie podía dejar pasar el desastre que iban a dejar los cerebros.

Aún pensando en sus posibilidades laborales en el futuro se dio cuenta que aún debía descubrir dónde estaba. La habitación estaba completamente oscura y no la podía reconocer bien, hasta que lanzó un suave Lumos y dando un paso enfrente notó la arena en el piso, los estantes rotos y la líneas de protección ministerial.

— Oh no - suspiró Hermione recordando el lugar.

Intentó dar un pasó atrás pero el mero movimiento hizo que la arena del piso reaccionara y empezara a moverse haciendo un remolino que aumentaba la intensidad a cada segundo.

Reconociendo la sensación, decidió que los cerebros no eran tan peligrosos como lo que le esperaba en la cámara del tiempo, así que intentó abrir la puerta, pero el viento y el torbellino de arena que se había producido la obligó a cerrar los ojos.

Desesperada, estiró la mano hasta llegar a la manilla y mientras el viento la levantaba, logró abrirla, pero ya era muy tarde, su cuerpo recordaba a la perfección la sensación del viaje en el tiempo.


Necesitaba escribir esto, estaba en mi cabeza hace años y me estaba matando no publicarlo.

Simona