Capítulo 3: Piezas de Ajedrez

Hermione nunca se había imaginado comiendo con Albus Dumbledore en un pub muggle a las nueve y media de la mañana, pero ahí estaba el mago frente a ella, ofreciéndole un desayuno inglés completo mientras movía la varita para realizar hechizos de privacidad.

Remus se veía igual de confundido. En un momento estaba decidido a inscribirse en el registro de hombres lobo y al siguiente su día dio un giro de trescientos sesenta grados y se encontraba en un pub muggle a dos mesas de distancia del mago más importante del siglo y una bruja que al parecer era una viajera en el tiempo.

Simplemente, no era lo que había esperado de ese día.

El director le había hecho un par de preguntas y hecho algunos hechizos que no reconocía para, al parecer, corroborar la historia de la bruja. El hombre lobo estaba asombrado del corto tiempo que necesitó para confiar en ella y más cuando les dijo que conocía el lugar perfecto para conversar.

No solo con ella, sino que con él también.

— Señor Lupin, necesito hablar con la señorita Granger a solas — explicó el mago cuando entraron al pub — pero luego podemos hablar de esta situación y encontrar una forma de no borrarle la memoria.

Remus tragó saliva. Los hechizos de memoria eran peligrosos y aunque probablemente no recordaría nada si lo hicieran, no estaba feliz con el prospecto de modificarle la mente.

No sabía mucho de viajes en el tiempo, ni cómo funcionaban, ni qué objetos se necesitaban, pero sí había escuchado las repercusiones y peligros de hacerlo, en especial para las personas que se encontraban con los viajeros.

Resignándose a seguir las órdenes del director, se sentó a dos mesas de ellos y los observó mientras comía sus tostadas con tomates fritos, dándose cuenta enseguida que habían realizados hechizos de privacidad para no ser escuchados.

— Gracias por la comida, profesor Dumbledore — dijo la bruja mientras agarraba su tenedor — creo que necesitaba comer para recuperar mi energía.
— Por favor, llámame Albus — sonrió el mago.
— Hermione — ofreció la bruja — señorita Granger me hace pensar que aun soy una estudiante.
— Un problema que muchas generaciones tienen — insistió Dumbledore mientras reventaba la yema de su huevo con una de las tostadas — es un gran problema cuando debo contratar un nuevo profesor.

Hermione estaba mejor que antes, pero estaba segura que si hacía un simple Lumus, su cuerpo se volvería a descompensar y caería mareada como una damisela en peligro. Aún estaba tratando de comprender todo lo que significaba haber viajado a 1980.

— Supongo, por las pocas preguntas que has hecho — volvió a hablar Dumbledore — que ya tenías experiencia con los viajes en el tiempo, ¿no?.

Antes de abrir la boca, Hermione consideró exactamente qué podía responder y que debía ocultar completamente. Si bien confiaba en Albus Dumbledore, también sabía que era un manipulador, un experto en Legeremancia y que debía tener cuidado.

— Un giratiempo — contestó al fin la chica aun dudando sus palabras — creo que es importante decir que fue en mi tercer año, por razones académicas.
— Una gran introducción para alguien que luego viajaría años en vez de horas — comentó Dumbledore entendiendo a la perfección lo que insinuaba Hermione — creo que aún es muy pronto para hacer planes, pero estoy seguro que necesitaré un par de años para obtener un permiso para un giratiempos en el castillo.
— Saul Croaker — agregó Hermione.

El mago solo asintió y Hermione se dio cuenta que debía considerar cada palabra que hablara con Albus Dumbledore, al fin y al cabo el futuro, es decir su presente, estaba en juego.

¿Pero cuánto podía decir sin interferir?.

— Pero esta vez no use un giratiempo — explicó Hermione — en realidad no use nada, fue un accidente con polvos de tiempo y necesito encontrar la manera de volver a mi tiempo, es muy peligroso que me quede aquí. El futuro…
— El futuro debe ser protegido a toda costa — interrumpió el director.
— Exactamente — concedió la bruja — lo importante es encontrar un lugar para ocultarme mientras investigo cómo volver. Soy hija de muggles, así que creo que mi mejor opción es alejarme del mundo mágico y ocultarme en alguna ciudad alejada. Estoy segura que puedo mantenerme, obtener un trabajo, pero si necesitaría ayuda con los papeles iniciales.
— Es muy arriesgado, hoy en día los mortifagos están buscando presencia de magia en zonas muggles y aunque es solo una pequeña posibilidad, no podemos arriesgarnos a que sea descubierta.

Hermione miró su brazo izquierdo que estaba cubierto con la manga de su túnica. Se le revolvía el estómago de solo pensar en la persecución que ya había vivido y de la que pensaba nunca más iba a tener que ser parte.

¿Volvería a ser una indeseable?

— También creo que necesitamos que sea un lugar en que nos podamos comunicar— reconoció el mago — debemos poder compartir información sin dificultades, si bien no soy experto en viajes en el tiempo, si tengo acceso a ayudas y libros que pueden entregarnos una solución.
— Y debo evitar tener que moverme de un lugar a otro — agregó la bruja — recolecté los restos de polvos, pero no sé qué los activo. Pudo ser el movimiento y no quiero arriesgarme a que causar un nuevo viaje.

Los polvos estaban en un frasco sellado, pero al no poder usar su magia no tenía toda las protecciones que le gustaría. Temía sacarlos de su bolso para que el director los viera, nada le decía que no pudiera causar un nuevo accidente del tiempo y esta vez hacer viajar a Albus Dumbledore.

— Un lugar seguro, donde puedas trabajar.
— ¿Hogwarts? — preguntó Hermione pensando en la sala de los menesteres — estoy segura que puedo ocultarme allí y poder investigar, conozco el lugar perfecto, tendría comida, acceso a información y no creo que haya un lugar más seguro.
— Supongo que varios profesores que hoy en día están en el castillo, serán los mismo que estarán en once años más.
— Por lo que sería muy riesgoso — reconoció la bruja sin muchas ideas en su cabeza — los cuadros sabrían y los elfos domésticos también.
— Preferiría un lugar donde hubiese alguien que pueda traer provisiones en caso de emergencia y que pueda mandar un Patronus en tu nombre, en caso de que me necesiten con urgencia.
— ¿Algún lugar de seguridad de la orden?.
— Todos los lugares son revisados por Alastor Moody, no quiero arriesgarme a que él se entere de ti.
— De seguro me atacaría antes de preguntarme quien soy — sonrió Hermione, recordando la paranoía del mago con algo de nostalgia — de verdad tendría que estar en alerta permanente.

Albus la miró con atención.

— ¿Cuántos años tienes exactamente?
— En septiembre voy a cumplir un año — contestó Hermione evitando la verdadera pregunta — no estoy segura que deba dar más información.
— Solo pregunto porque te ves muy joven como para conocer a Alastor Moody.
— Creo que incluso en este tiempo hay magos y brujas que son muy jóvenes para vivir lo que están viviendo, ¿no?.

Su mirada cayó en el hombre lobo que comía su desayuno sin prestarles mucha atención. Por las historias que Sirius y Remus le habían contado, el hombre lobo debió haber vivido varias atrocidades por la guerra, al igual que sus amigos.

— ¿Confías en Remus Lupin?
— Si — asintió la bruja sin dudarlo.
— ¿Tanto como para no borrarle la memoria de que hoy se encontró a una bruja del futuro en el ministerio?.

Hermione sabía que era lo más práctico, lo que se recomendaba en caso de un accidente con el tiempo, pero ella era la última persona en preferir borrarle la memoria.

No podía borrarle la memoría.

— Confío en Remus Lupin completamente.
— Entonces está decidido, el joven Lupin tiene una cabaña donde puedes quedarte, yo mismo coloqué algunos de los hechizos de seguridad del lugar, tiene conexión a la red Flu y él puede ser tu enlace de información conmigo, además de encargarse de las provisiones.
— No puedo pedirle eso a Remus.
— Es, también, la única forma en que puedo dejarlo ir sin borrarle la memoria.

De todas las historias de los Merodeadores, Hermione nunca había escuchado que Remus había vivido con alguien y se preguntó si todo este tiempo, Remus sabía de su viaje en el tiempo.

Si no, significaba que sí le había borrado la memoria.

— ¿Y él estará de acuerdo? — preguntó Hermione.
— Estoy seguro que entenderá.

Un mesero se les acercó para servir más café y té, dándole a Hermione un tiempo para pensar lo que significaba irse a vivir con Remus Lupin.

Si ocurría un milagro, serían sólo un par de semanas, pero ella conocía el tiempo, conocía los accidentes mágicos, la historia decía que podrían pasar años antes de descubrir una forma de volver a su tiempo, si es que encontraba una forma.

Años en los que debía callar todo lo que sabía sobre la guerra, de estar asustada de que alguien la atrapase. ¿Podría Remus vivir con ella luego de que descubriera que ella sabía de la muerte de cada uno de sus amigos?.

Él debía odiarla.

Ni ella sabría como iba a vivir sabiendo que podría cambiar el futuro, que podría cambiar el destino de Harry y dejarlo vivir sin el tormento de ser el niño que vivió.

Y ni hablar de todos los eventos que pasarían en las siguientes décadas.

La tortura de los Longbottom.

Dejar libre a Colagusano.

La condena de Sirius.

Bertha Jorkins

Cedric Diggory.

El desastre del departamento de misterios.

El mismísimo Albus Dumbledore.

Charity Burbage.

Fred Weasley.

Su cerebro no dejaba de lanzarle nombres, eventos, la cara de Bellatrix Lestrange mientras le preguntaba por la espada de Gryffindor y se preguntaba si no debía destruirlas las partes del alma de Voldemort antes de que fuera al Valle de Godric y arruinara la vida de su mejor amigo.

Pero no podía destruir la línea de tiempo, por más que quisiera, por mucho que quería salvar a Harry, habían cosas que no podía cambiar. Si cambiaba el pasado, nada le podía asegurar que el nuevo futuro fuera mejor.

— No podemos cambiar la línea de tiempo — le recordó Albus Dumbledore.
— Podría salvar tantas vidas.

Hermione sabía la ubicación de la mayoría de los Horrocruxes, sabía los nombres de los Mortífagos, sabía cómo salvar al mundo mágico.

— En todo este tiempo — dijo el director — no me has advertido de ningún hecho y en vez de decir quien-no-debe-ser-nombrado, mencionaste su nombre real Tom Riddle. Lo que me hace asumir que en tu tiempo, la guerra terminó.

La bruja apretó los labios y algo reacia terminó asintiendo.

— No daré detalles, ni fechas, pero…
— Tampoco te pediré decirlo.

Hermione suspiró, agradecía tener a Albus Dumbledore asegurándole que no intervenir era la única opción para ella, porque estaba segura de que la tentación de salvar a alguien sería cada vez mayor.

— No me malentiendas — pidió el mago — incluso yo quiero ser egoísta y saber lo que va a pasar, pero debemos saber lo que es mejor para todos.
— Por el bien mayor.

No había tratado de sacarle en cara su pasado, pero Hermione notó por una milésima de segundo un rastro de dolor en los ojos del mago.

— Vas a tener que hacer muchas cosas por el bien mayor — decidió decir la bruja — muchas decisiones que nadie más va a querer tomar.
— Es lo que me temía — confesó Albus — creo que siempre lo supe.

Y en ese momento Hermione se dio cuenta de lo cansado que se veía el mago. Probablemente vivía en una eterna protección de oclumancia, que lo mostraba como un mago jovial a pesar de sus años, uno que podía estar hablando de estrategias de guerra y luego comentaba sobre el último artículo de su revista de tejedores mágicos como si tuvieran la misma importancia.

— Solo quiero que recuerdes, Albus — le pidió Hermione — que recuerdes que aunque me veo joven, no soy una de tus alumnas, ni miembro de la Orden del Fénix, que aunque sé el futuro, no soy una pieza de ajedrez. Si me arriesgo a estar frente a ti, es porque sé que no podré volver a mi tiempo sóla.
— Ya lo fuiste — agregó el mago — una pieza de ajedrez, ¿no?.
— Tu pieza de ajedrez — corroboró la bruja.

Hermione sintió como sus ojos se ponían llorosos y sabía que necesitaba desahogarse con el mago, aunque sea de la manera más vaga posible, sin dar detalles. En su tiempo Dumbledore no estaba, no podía recriminarle por lo que había hecho desde que entro al castillo.

Ella estaba segura que todo lo había orquestado a la perfección, desde la piedra filosofal, hasta el sacrificio de Harry. Sentía que había decidido el futuro de todos pero sin informarle a nadie de lo que pasaría.

Y le dolía.

— Pero confío en ti — le aseguró la bruja — si no, no estaría al frente de ti, uno de los magos más entendidos en legeremancia, sin mi magia y con conocimientos del futuro. Una parte de mi quiere recriminarte por todas las manipulaciones, por todos lo terrores, por todo lo que viví.

— Y lo entendería a la perfección.

— No, Albus — le defendió la bruja — ahora que estoy aquí, ahora que sé que te mencioné el giratiempo que tendré en tercer año, estoy convencida que soy mi propia pieza de ajedrez, que todo lo que quiero recriminarte, probablemente fue porque yo te lo comentaré.

Todas las preguntas que habían tenido por años sobre cómo Albus Dumbledore había planeado detalles que incluso ocurrirían después de su muerte, tenían una simple respuesta.

Ella.

— Voy a ser responsable de mis propios tormentos, de los de mis amigos, de los de la comunidad mágica…
— Sólo serás responsable de mantener la línea de tiempo, Hermione.
— No sé cómo lo hiciste — cuestionó la bruja — o cómo lo harás.
— Por el bien mayor — contestó el mago.
— Por el bien mayor — repitió Hermione.

Hermione miró su tazón ya vacío y se resigno a todo lo que pasaría en ese tiempo.

— ¿Podríamos darle la opción a Remus de elegir? — preguntó la bruja — sé que aún no pensamos en otra opción, pero no quiero que se sienta obligado a vivir conmigo.

Dumbledore asintió con la cabeza y sin siquiera sacar su varita, simplemente moviendo elegantemente sus manos, Hermione sintió como los hechizos de privacidad desaparecían. El rostro del mago parecía más ligero y no pudo dejar de envidiar la facilidad con la que construía sus escudos de oclumancia. Mientras él llamaba de manera jovial al hombre lobo, ella trataba de respirar hondo para no mostrar lo alterada que había estado en la conversación.

Remus estaba incómodo, si bien no pudo escuchar la conversación, si pudo notar que habían estado hablando temas serios y un par de veces notó que lo habían mirado directamente.

Se sentó en la mesa con el líder de la Orden y una bruja que a pesar de parecer joven y tener su magia reducida, denotaba poder y sabiduría, y espero su destino.

— Señor Lupin — comenzó a decir el director — voy a ser directo con usted, las leyes del tiempo son delicadas y deben tomarse con seriedad, aun así queremos que la decisión quede en sus manos.
— Entiendo — mintió Remus esperando que le dieran más información.

Cuando le explicaron que no habían encontrado una mejor solución para resguardar a Hermione, que dejarla bajo su cuidado en su hogar, Remus no pudo evitar soltar una carcajada, pero ninguno de sus acompañantes rió con él.

Remus escuchó como el director hablaba de planes de seguridad, de cómo él podía ser una conexión entre la bruja y el director y que al parecer era la única opción que tenían. Al parecer sería su siguiente misión para la Orden, pero nadie, ni siquiera sus amigos, podían ver a la bruja.

— La otra opción, me temo — terminó de explicar el director — es borrar tu memoria.

Remus miró a la bruja que lo miraba con culpa y no pudo dejar de sentir rabia. ¿Qué clase de opción era decidir borrarse la memoria?

No podía creer que Albus Dumbledore consideraba que el mejor lugar para cualquier persona fuera irse a vivir con un hombre lobo, en una cabaña con mala aislación, en medio de un bosque.

Había vuelto a la vieja cabaña de su padre porque no tenía donde ir, no porque fuera un buen lugar y aunque lo fuera, vivir con una desconocida era absurdo, no importaba si ella sabía quién era.

La segunda opción no era mejor.

Si bien sabía que el borrado de memoria era algo común en el mundo mágico y que lo realizaban con muggles casi a diario, si traía consecuencias. Lagunas mentales, cuestionamientos y ahora que estaba cerca de su transformación, no sabía si su condición haría que el hechizo funcionara a la perfección.

Además ese día, gracias a haberse encontrado con la bruja en el ministerio, él no se había inscrito en el registro de hombres lobos y si le borraban los acontecimientos del día, no habría nada que le impidiese a ir al siguiente día a inscribirse.

— Esto no es justo — comentó Remus indignado.
— Necesito una respuesta — informó el director con seriedad.

Sabía que lo más seguro que podía hacer era borrarse la memoria, no solo podría distanciarse de la situación peligrosa que era viajar en el tiempo, sino que también la salvaría de vivir con un peligroso hombre lobo, pero viendo a Albus Dumbledore y aunque no escuchaba su voz, sabía que le estaba indicando cual era la única opción aceptable para la Orden.

— Puedes ir a vivir conmigo — dijo resignado.


¿Qué les parece? Dumbledore siempre ha sido un personaje complicado para mi. Siento que es tan profundo y que uno puede llevarlo fácilmente a ser un personaje malévolo y a la vez ser el héroe. Supongo que nadie es absolutamente blanco o negro, pero siento que Albus es todos los tonos de gris a la vez.

Me encantaría saber que opinan hasta ahora.

Simona.