Espada I

1992.

—Profesor Dumbledore, ¿cómo pude sacar la espada del sombrero?

—Oh, Harry, ven y acércate. Lee lo que está escrito en la hoja de la espada.

—… «Godric Gryffindor»... Espere, esto quiere decir… ¿E-esta espada es del fundador, Godric Gryffindor?

—Correcto. Esta espada, Sr. Potter, le perteneció al fundador de Gryffindor y solo puede portarla un verdadero estudiante de Gryffindor: solo uno que cuente con un gran valor y temple es capaz de invocarla.

—…G-guau… Entonces, si yo la necesitara… ¿la espada vendrá a mí?

—Hmn, pregunta curiosa. Esta espada te ayudó en el momento más difícil que has tenido ahora; pero lo curioso, Sr. Potter, es que algunas veces, en los momentos más increíbles suceden cosas… fuera de nuestra compresión. Porque la magia al final de todo es única.

—… Ya veo… Muy bien, señor, me alegro que la espada me haya ayudado cuando peleé contra él basilisco. Aunque espero que no vuelva a suceder, quiero tener una vida tranquila… Además, ¿en qué momento podría yo necesitar usar una espada otra vez?

Tres años después…

El Velo de la Muerte. Un artefacto desconocido que se encuentra en lo más profundo del Departamento del Misterio, un lugar donde hubo una batalla entre dos fuerzas: donde bien y mal se enfrentaron. Y todo ocurrió por la falta de sentido común de un niño, un chico que solo quería salvar a alguien querido.

Él no buscó ayuda adulta o investigó muy bien lo que sucedía, se dejó guiar por sus instintos y junto a sus amigos se embarcó hacia aquel lugar para salvar a su padrino; pero resultó ser una trampa y él como un tonto cayó en ella.

Él era un tonto, un idiota.

Y ahora por sus errores otros estaban pagando. Él peleó sin miedo y con valor contra el grupo terrorista. No peleó solo, sino que fue apoyado por un grupo de personas que creían en él, su padrino incluida dentro de ellas. Pero desgraciadamente, como siempre la suerte no estaba de su lado, y fue espectador de cómo su padrino fue asesinado y enviado al Velo de la Muerte.

Frente a sus ojos, perdió a la persona que muy bien podría haberle dado buenos recuerdos de una familia.

Fue una escena desconsoladora, la primera vez que perdía a alguien que amaba por su propia culpa en lugar de por simplemente las circunstancias. Descorazonado, gritó y lloró ante tal perdida.

Y fue entonces que sucedió el momento en que todo cambió. Ira y tristeza llenaron su corazón y eso lo motivó a moverse. Otra persona no lo habría hecho; pero este chico era un tonto; este chico era un idiota: al final simplemente no se podía negar esa verdad. Y como un idiota, él hizo una idiotez:

Él saltó hacia el Velo de la Muerte con el único deseo de intentar salvar a su padrino.

Él era un tonto. Si hubiera sido una persona normal y hubiera estudiado todo sobre la cultura del Mundo Mágico entonces sabría que el Velo de la Muerte era una puerta a un territorio desconocido y así con sentido común él no habría saltado.

Pero al final de todo, eso no importaba. Ese chico simplemente saltó

—¡SIRIUS!—gritó Harry con fuerza.

No podía saberlo, pero él se encontraba en el límite entre la vida y la muerte: el Mundo Astral. Poco le importaba. Simplemente se dedicó a buscar a su padrino. Desgraciadamente, el lugar estaba lleno de niebla, y él no podía ver nada, y aunque su sentido común le estaba diciendo que su padrino había muerto, él siguió adelante con terquedad. Y como consecuencia, sin saberlo perdió algunos recuerdos.

Siguió buscando, recordando la segunda prueba del de aquel trágico torneo en el que había participado al moverse como si en agua se encontrara. Trató de ignorar el cansancio que su cuerpo estaba sintiendo más y más con el pasar de los segundos. Siguió buscando, moviéndose a través de la niebla pesada de la zona. Todo con una intención: encontrar a Sirius.

Fue cuando sucedió: sintió una pesadez aún más grande en su cuerpo y observó en pánico como grandes cuerdas de nieblas se movían sobre él, atrapando sus piernas como si de manos invisibles o cuerdas de hierro se trataran. E hicieron más que simplemente atraparlo. Antes de darse cuenta, comenzó a toser y convulsionar, sintiendo que la vida misma se estaba desvaneciendo de su cuerpo. No lo sabía, pero estar en el lugar en donde la inmortalidad y mortalidad se dividían hacía daño fatal a los seres vivos.

Un mortal normal se habría rendido; pero Harry no. Él no se rindió. Él tenía una tarea y ese era encontrar a su padrino Sirius. Para ello, haría hasta el más grande esfuerzo que se podía hacer:

Gritar.

—¡AYUDA! ¡AYUDA!

Curiosamente, gritar resulto ser lo correcto a hacer.

ZAAZZ.

En un brillo sin igual surgió una espada sin igual. De color plata y con rubís incrustados en su empuñadura, en la hoja de tal magnifica arma brillaba el nombre de su propietario original: Godric, Godric Gryffindor. Era la Espada de Gryffindor

De nuevo, Harry no podía saberlo; pero él era descendiente directo de Godric Gryffindor, el más cercano a su ancestro en personalidad que se había visto en toda la historia de los Potter. Por lo tanto tenía un poder secreto: la habilidad de invocar de donde sea por arte de magia —o más bien, por la conexión espiritual que tenía con el arma— a la Espada de Gryffindor. Era tal la conexión que la espada cruzó incluso el Velo de la Muerte y terminó en el Mundo Astral aterrizando en las manos de Harry.

Pero tuvo un precio. Sin saberlo, olvidó más.

—¡AAAAAHHHH! — gritó Harry, en parte por el dolor, en parte porque una parte de él se perdía sin darse cuenta. Dejándose llevar, se balanceó con fuerza y pesadez, concentrando la última porción de energía mágica que le quedaba, incrustando la espada en la neblina que parecía absorber su esencia de vida. Sin saberlo olvido aún más, mucho más.

Su movimiento no fue por estupidez. Como descendente de Gryffindor, Harry había heredado otro poder aparte de invocar el arma de su ancestro: una especie de súper instinto . Por ciertas razones relacionadas con su cicatriz, esta habilidad no pudo funcionar adecuadamente durante la mayor parte de su vida; pero la neblina que dañaba su esencia de vida sin saberlo lo purgó en parte de un mal que lo dañaba, permitiéndole a su súper instinto funcionar.

Y ese súper instinto le guío a la vida. La Espada de Gryffindor , un pináculo de la Alquimia, tenía propiedades únicas. Una de ellas era absorber la esencia de lo que cortaba y así hacerla parte de sí. Como tal la espada, era muy poderosa aunque tenía sus límites. Como la espada había absorbido el veneno de basilisco, el veneno más poderoso del mundo natal de Harry que tenía la propiedad de dañar lo espiritual, la Espada de Gryffindor tenía la capacidad de cortar lo que no debería poder ser cortado.

¡SLASH!

— Uff…— suspiro Harry, fatigado. Aún seguía cansado, ya que su energía mágica estaba siendo drenada por estar presente en el Mundo Astral, donde solo lo ectoplasma y lo que era espiritual podía residir. Además, pese a haber cortado aquellas cadenas todavía estaba atrapado en aquel lugar.

Y lo que era peor, se dijo al parpadear de improvisto: se dio cuenta que no grababa nada antes de su onceavo cumpleaños.

—«¿Cómo….? —se cuestionó, anonadado —. ¡¿C-cómo sucedió esto?!»

La respuesta era simple: él estaba en un territorio que estaba más allá del mundo terrenal, y que estaba cerca del Territorio de los Mitos: un lugar fuera del espacio y tiempo que servía como puente entre mundos y en donde los Dioses vivían y descansaban. Para un mortal, estar ahí simplemente era un gran logro. Podía sentirse feliz simplemente por estar vivo. Después de todo, él no era realmente un humano excepcional. Debería haber muerto ya hace mucho. Si no lo hizo fue por dos razones: la tenue protección de su madre que estaba empezando a desvanecerse y un pedazo de alma en su frente que recibía daño en su lugar al mismo tiempo que fortalecía su alma al entrar en contacto con la neblina.

Pero aun así, no le quedaba mucho tiempo. Saber que perdió una gran parte de los recuerdos de su infancia lo hizo entrar en pánico. Si se quedaba ahí moriría, o cuando mínimo perdería todos sus recuerdos.

—«¡No puedo quedarme sin hacer nada!»—se dijo. Movió su espada a todos los lados, teniendo la esperanza de que eso fuera suficiente. Pero aunque la Espada de Gryffindor era especial, eso no quería decir que tuviera poder alguno en el territorio de los Dioses.

Pero sí hizo suficiente ruido como para molestar alguien que sí tenía el poder de sacarlo de ahí.

—Ku. ¿Qué hace un mortal aquí? —inquirió una voz poderosa, antes de negar gruñonamente—. Gah, no importa. ¡Vete! ¡Tu ajetreo me molesta!

Confundido, Harry se propuso ver de quien se trataba; pero fue expulsado del Mundo Astral en un giro salvaje por un relámpago antes de por hacerlo.

El causante de tal evento se quedó mirando a la nada con molestia y curiosidad.

Era un hombre majestuoso, pero desaliñado. De cabello negro que lucía descuidado, tenía el cuerpo perfecto que un humano normal jamás alcanzaría: el sueño de cualquier dama. Bebía de una botella llena de Sake y se encontraba recostado en la terraza de una casa tradicional japonesa.

Se trataba del Dios Shinto Susanoo.

En realidad, él no debería estar en esa parte del Mundo Astral. Su territorio estaba en otra parte; pero él había sentido un ajetreo en alguna parte del Mundo Astral y fue a ver por curiosidad…. y porque estaba aburrido, para que negarlo. Encontrar a un humano de todas las cosas agitando una espada rara no era lo que esperaba así que lo envió fuera del Mundo Astral solo porque le dio la gana.

(En realidad, era porque como un Dios Héroe no afectado por al Maldición de la Locura no iba a dejar morir a un chico así como así; pero eso no lo iba a admitir)

Aunque… Ahora que se daba cuenta, el chico terminó en una ubicación que él no había escogido.

— Qué raro —se dijo en voz alta, tomando un poco de sake de su botella—. Yo lo envié al mundo mortal; pero… ¿Por qué término en aquel lugar? ¿Será por esa espada tan rara?... Hmn. Veré que sucede en el mundo. Quizás este niño haga algo interesante.

Así Susanoo decidió ver la siguiente acción del niño desconocido. Esperaba a que lo ayudara a quitarse al aburrimiento.

2011.

Mundo Campione.

Tierra de las Hadas…

—¡AAAAAHHH! ¡UFF! ¡OUCH! —grito Harry, asustado y luego adolorido, cayendo al suelo en una tierra inhumana en donde todos los colores estaban combinados en una amalgama de un caleidoscopio. Se trataba de la Tierras de las Hadas, un lugar místico en donde seres de luz vagaban sin contemplación. La razón del porque Harry termino en tal territorio en vez de la tierra como Susanoo deseaba era simple:

La Espada de Gryffindor .

Una espada hecha de metal de Goblin, encantada con Polvo de Hadas y bendecido en el lago de Nimue —también llamada Vivian, la Dama del Lago—, era un arma mística que era el pináculo de la Alquimia en el mundo de Harry y en este nuevo mundo lo más cercano a un arma divina que podía ser sin serla en verdad. Por todo esto, la espada resonó con la Tierra de las Hadas, un lugar que mediante la Puerta de las Hadas conectaba al mundo mortal con el Inframundo o, básicamente, él Mundo Astral.

Como ya era costumbre, Harry no sabía nada de eso. Él simplemente se movía por aquel lugar con dolor en el corazón, en la cabeza, en el alma, en su cuerpo y hasta en lugares que no sabía que podían dolerles.

Su cuerpo estaba en las últimas después de haber estado en el Mundo Astral por un buen tiempo. Perdió casi todas las memorias de su infancia y aunque Harry en realidad debería estar muy feliz por eso, como ser humano curioso el no saber que fue de su infancia hacia que sintiera un vacío en su ser.

Pero lo importante, aquello que más le dolía: había perdido a su padrino, Sirius Black. Viendo que él no sabía dónde estaba y que su amado padrino no estaba cerca… Finalmente aceptó la innegable verdad: aceptó que Sirius había muerto.

—S-Sirius… no…

Lamentándose, cayó de rodillas, sosteniendo entre sus manos la Espada de Gryffindor . Lagrimas gruesas caían de sus ojos, y él temblaba ante el dolor desolador que su alma —su corazón— estaba obligada a soportar.

Como no recordaba su infancia no podía recordar el sufrimiento que los Dursley le hicieron pasar; o al menos la parte más impactante para su psique. No debería de tener ese deseo desesperado de una familia que le quisiera; pero había cosas que no se podían olvidar. En su corazón, él anhelaba amor incondicional de otros. Tal era el sufrimiento que le habían hecho pasar sus tíos, que aún seguía marcado en su alma y que seguiría marcado en ella aun si perdiera toda su memoria.

Por eso, él lloró con todo el contenido de su corazón. Lloró por la pérdida de su padrino, por la falta de sus amigos a los cuales nunca iba volver a ver y por el fracaso de sus acciones. Él lloro por todo como hace tiempo no lo hacía.

—¿Vaya? ¿Qué tenemos aquí?

Una voz sacó a Harry de su lamento.

Aquella voz era poderosa, majestuosa y carismática, como un caballero que le hablaba a un campesino en el camino de su travesía; pero Harry también detectó en ella un tono diferente: era un tono lleno de autoridad y determinación, como si aquel caballero también fuera un guerrero que había surcado miles de batallas.

Él alzó la mirada para saber la identidad de aquel que le habló.

Harry pudo ver que aunque aquella voz que le había hablado era única, no iba de acuerdo a la apariencia de la persona frente suyo. Ante sus ojos había un simple joven de veinte años de cabello rubio y rostro noble pero estúpido, con ropa de verano ya muy desgastada y sosteniendo en una de sus manos una lanza de color blanco que resplandecía sin cesar, un arma que definitivamente superaba millones de veces la majestuosidad de la Espada de Gryffindor .

— Vaya, este no esperó que su viaje haría que se encontrase con un humano —dijo con un extraño acento el joven—. De toda esta tierra, pensar que este encontraría a un humano… Este debe tener una suerte ex…

— E-eh, ¡ay, hola! —interrumpió Harry, nervioso. Al ver a otra persona en aquel lugar, sintió un destello de esperanza en su ser y por ello se levantó, ignorando todos sus dolores físicos, para acercarse a aquel joven y preguntarle sobre algunas de sus dudas—. Mira, disculpa por molestarte; p-pero tengo algunos problemas. He aparecido aquí de la nada y estoy en busca de mi padrino. Estoy preocupado por él y…

Momentos después, comprendió que había cometido un error al confiar. Cuando se acercó lo suficiente a aquel joven rubio, este a alta velocidad le señaló con aquella mística lanza, su punta peligrosamente cerca de su cuello.

—Atrás —le ordenó con fuerza, haciéndolo retroceder—, vos no acercareis más a este. Este yo, que soy el caballero que se enfrenta a todo lo que es herético, encuentra sospechosa tu presencia aquí, por lo que este yo te ordena decidme: ¿quién sois?

Fue entonces que Harry notó las irregularidades de aquel joven: su expresión era vacía y tiesa, como si de una muñeca se tratara, y esa idea era reforzada por el hecho de que la voz de aquel joven era muy madura y diferente a la de su cuerpo, además que su forma de señalarse era muy rara.

Sintiendo como sus instintos le gritaban peligro, se puso tieso y alerta, alejándose lenta pero rápidamente, tomando distancia así de aquella lanza justo a tiempo.

—Esto… esto yo siente una presencia que odia con pasión —El joven lo miró con repugnancia, como si de repente le pareciera menos que humano—. ¡SI, no habed duda! ¡Lo que este yo sentir es...!

¡ZAZ!

Con una velocidad sin igual, la lanza santa fue empujada hacia Harry; en específico, en dirección de la cicatriz de rayo en su frente, deteniéndose a centímetros de esta.

—¡Serpiente! —dijo el joven con repudio.

La expresión «Serpiente» se podría atribuir a dos razones: en su frente estaba parte del alma de Tom Sorvolo Riddle, conocido mejor como lord Voldemort, aquel que tenía su alma tan manchada que ya había adquirido el aura y esencia de una Serpiente; y ese fragmento de alma por la niebla del Mundo Astral se había fundido en cierta medida con su ser, incluso aunque no había sido eliminado por completo. Junto a eso estaba que tenía sangre y veneno de basilisco ligado con su propia sangre. Por lo tanto, aquel que llevaba la lanza santa sintió lo que era básicamente la esencia de su némesis más odiado: la esencia de una Serpiente (Dragón).

¡CLANCK!

—¡URK! —masculló Harry, sosteniendo la Espada de Gryffindor en lo más alto, deteniendo con toda su fuerza a base de puro instinto y suerte la lanza santa que estaba a un milímetro de trapazar su frente. Mirando con alarma a aquel joven rubio, le grito:—. ¡Oye, ¿qué te pasa?! ¡¿POR QUE ME ESTAS ATACANDO?!

—¡Porque tú posees Serpiente en tu ser! —respondió el joven—. ¡El trabajo de este es acabar con Serpiente y Dragón! Por lo tanto, ¡este yo que es San Jorge acabará contigo!

PUM.

Harry jadeó al sentir por primera vez en su vida un puñetazo en su estomago. Fue uno tan brutal que sabía de inmediato que algunos de sus órganos habían sido dañados severamente, y que terminó siendo lanzado hacia atrás a alta velocidad, aterrizando en el suelo duro.

Tosió sangre. Intentó por un momento levantarse; pero sus instintos le dijeron que moriría de hacerlo, así que rápidamente desechó esa idea y rodó por el suelo, esquivando por los pelos el ataque del llamado San Jorge con su lanza.

BUM:

La tierra misma fue destruida por el impacto de aquel ataque, mandando a volar al Harry que se había salvado de una muerte segura. Internamente, el llamado San Jorge se sorprendió porque un mortal pudiera reaccionar a su ataque; pero lo dejó pasar, y salió disparado hacia donde estaba Harry. Este adolorido sostuvo su espada en una mano y en la otra sacó su varita y disparó a quemarropa un hechizo: el Incendius . Así, un rayo salió disparado en contra del joven rubio, quien recibió el ataque de frente y terminó cubierto en flamas. Pero justo cuando Harry pensó que había logrado hacer un daño decente, se encontró con aturdimiento viendo a aquel joven salir de aquel mar de llamas intacto.

—¡Eres muy tonto, Serpiente! —regañó con una sonrisa confiada—. ¡Este yo ser inmune a la magia! Tal ser la bendición que se la ha dado al cuerpo de este yo. ¡El cuerpo de este yo ser inmune a la magia y más si es de fuego de un Dragon!

¿Qué pensó Harry, un mago, oyendo que su enemigo era inmune a la magia?

—«¡Mierda! ¡Estoy jodido!»

Y San Jorge tampoco le dio tiempo para pensar

Vos que sois de la estirpe de serpiente, el orgullo de este Georgius se proclama tu muerte. ¡Iluminada seas ante todo lo que es maligno y rastrero, que devora a los hombres y acaba con ellos! Acero mismo de la santidad, se el acero que mate a la serpiente. ¡Ascalon!

Esas fueron las Palabras de Hechizo de Ascalon , la lanza santa que al mismo tiempo era una de las espadas matadragones más famosas del mundo.

La promesa es matar a la serpiente y salvar a la princesa. Se le concedió un arma que con su valentía mataría al enemigo sin importar la dificultad, siempre y cuando fuera una serpiente. Por lo tanto, la Autoridad Divina de Ascalon era volver a su usuario «la respuesta máxima matadragones».

El efecto de aquellas palabras fue simplemente a plena vista aumentar el poder bestial de aquel rubio — o más bien, del títere que estaba siendo controlado por el espíritu del Dios Hereje San Jorge—, haciendo así que su velocidad fuera tal que en la cuarta parte de un segundo apareció frente a Harry con la intención de apuñalarlo para acabar con él.

El miedo embargo a Harry al ver eso. Pensó, su cicatriz literalmente ardiendo, que por ese pequeño momento iba a morir irremediablemente. Entró en pánico, y dejó otra vez que su instinto tomase el control.

Y su magia actuó.

¡POP!

—¡¿Qué?! —masculló San Jorge a través de su títere al notar como su presa desaparecía a través de un agujero de gusano. Jamás había visto o escuchado tal fenómeno causado por un humano. La magia humana —de su mundo— provenía o estaba derivada de los credos hacia los Dioses, así que incluso la más sorprendente perteneciente a personas excepcionales jamás podría ser un peligro o capaz de sorprender a un Dios; pero ahora, en base a lo que veía… El Dios Hereje que habitaba en el cuerpo del espadachín templario de nombre Salvatore Doni quedó sorprendido.

«¿Qué es este ser?»— se preguntó el Dios Hereje confundido. Había pensado que simplemente se estaba enfrentando a un seguidor de alguna Diosa Madre Tierra, pero lo que veía implicaba que estaba ante más que un simple humano

No se dio cuenta que había bajado la guardia hasta demasiado tarde.

Harry, que había usado la Aparición por primera vez mediante Magia Accidental, sí lo hizo. Habiendo terminado a unos metros hacia atrás de su posición anterior (por lo tanto, más delante de aquel joven rubio), corrió, apuntó con su varita y exclamó un hechizo teniendo a la mente un plan descabellado que su instinto le gritaba podría funcionar.

¡LUMOS MAXIMAAAAAAAAA! — rugió Harry, creando todo una explosión que luz que si bien no afectó al Dios Hereje en cuerpo humano sí hizo que quedara cegado por un breve segundo, un segundo que Harry aprovecho y lanzó su espada como un objeto contundente, golpeando el frente de aquel rubio.

El golpe fue exitoso; pero no hizo nada de daño. La cuestión era que el golpe con una espada como si de una piedra se tratara haría a cualquiera moverse en forma involuntaria, por lo que aquel sujeto rubio controlado por el llamado San Jorge se movió a alta velocidad aun desorientado y dirigió su lanza hacia adelante, clavándosela a Harry sin piedad.

Al ser apuñalado por aquella lanza, Harry grito con dolor suprema.

Un dolor intenso recorrió todo su ser, el rastro de la sangre del basilisco que estaba fusionado con su propia sangre atrás y el fragmento de alma siendo hervidos en vivos ante el efecto anti-dragón y la santidad de la Autoridad Divina de aquella arma.

Como siempre, Harry no lo sabía; pero la pieza del alma de Voldemort en su frente se conectó con este cuando el mago oscuro renació mediante su sangre. Por lo tanto, el Horrocrux seguía conectado al alma principal del mago oscuro. Así era como Voldemort había aprovechado para enviarle imágenes falsas.

Todos los Horrocruces de Voldemort estaba conectados, y la capacidad de Ascalon era «la respuesta máxima matadragones». Incluso más allá del tiempo y el espacio, la santidad de la lanza santa erradicó todas y cada una de las partes del alma de Tom Riddle usando la conexión que había entre ellas como medio para lograr tal acción.

Harry quizás no sabría nunca que en ese momento su mayor enemigo había sido erradicado.

Tampoco sabría que en su desespero por sobrevivir, el fragmento en su alma trató de fusionarse con él. No lo logró exactamente, pero la energía mágica que lo componía —la que le había estado robando a Harry durante muchos años— se fusionó con su núcleo mágico, expandiéndolo, y además los recuerdos de Voldemort que en el futuro podrían serle útiles se enterraron en lo profundo de su psique.

Pero nada de eso importaba en la situación actual.

Sintiendo que su cuerpo estaba literalmente siendo hervido vivo, Harry siguió adelante con su plan. Con su mano libre, atrapó la lanza y, ignorando su mano hirviendo intensamente, endureció su varita hacia la boca abierta del llamado San Jorge, ante la incredulidad de este.

Como dijo aquel sujeto, su cuerpo era inmune a la magia, ¿no? Pues Harry no creía que sería inmune incluso dentro de su cuerpo.

Con un rugido, Harry gritó:

—¡BOMBARDAAAAAAAAAAAAAAA!

BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM.

Como la magia del fragmento —aquella que siempre debió tener— le fue regresada, el poder de su hechizo fue mayor al que pudo imaginar. La zona estalló con fuerza, enviándolo hacia atrás al suelo con rudeza y causando que aquel hombre llamado San Jorge saliera volando y cayera de espaldas con toda su cabeza envuelta en humo como en una especie de caricatura antigua.

—Uff… ah… ah…uff… Urgh… —balbuceó con notable poesía Harry, respirando con dificultad. Su cuerpo estaba ardiendo a alta presión y lo peor es que antes de todo este calvario él ya había estado herido y notablemente cansado.

Se levantó de codos con dificultad, y miró a aquel tipo al que se enfrentó. Era una lástima haber tenido que recurrir al asesinato, pero era eso o morir. Debería estar horrorizado en realidad, pero por fortuna parte de los recuerdos de Voldemort inconscientemente le dieron la suficiente cabeza fría como para no largase en vomito. Aun así, se sentía ligeramente mal.

Miró al cadáver con pena

—… Lo siento mu…

¡FOSSSHHH! ¡BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOM!

La zona estalló en luz y la tierra tembló. Harry a duras penas se pudo sostener; pero aterrado vio como una columna de luz y santidad surgía de lo que él creía era un cadáver.

De hecho su ataque fue bueno. Su idea tenía mérito. El tratar de dañar al envase de San Jorge desde el interior era un buen plan; pero el Dios Hereje fue más listo. Protegió el cuerpo de su envase actual desde el interior. Por eso fue que el envase no murió ante el ataque explosivo; pero lamentablemente terminó llegando a su límite, ya no pudiendo soportar la esencia divina de San Jorge.

Fue por eso que el Dios Hereje se manifestó en su forma correcta.

—Para que este yo descienda en su verdadera forma… —exclamó el Dios Hereje con majestuosidad—. Ja. Vos definitivamente tenés que ser una gran serpiente.

Era un hombre alto de largo cabello castaño. Utilizaba una armadura gris y blanca, una capa blanca cayendo en su espalda, en donde se mostraba con orgullo el símbolo de la cruz de Jesucristo. En su mano descansa derecha estaba la lanza santa Ascalon , en semejanza a una cruz de color blanca; en la otra mano, mientras tanto, el Dios Hereje sostenía un escudo de acero. En adición, él se encontraba cabalgando en un majestuoso corcel famoso por acompañar en muchas aventuras al legendario San Jorge: el corcel Bayard, que relinchó mostrando desafío.

No había duda. El dios hereje San Jorge se había manifestado por completo.

Sosteniendo desde su hombro el cuerpo del caballero templario Salvatore Doni, San Jorge notó que ahora era simplemente inútil: un mero bulto. Por agradecimiento al servicio que le había prestado, y simplemente porque congraciaba con él, usó Palabras de Hechizo para enviar al joven rubio a Turquía, en el mundo humano, donde originalmente había tomado posesión de su cuerpo. Luego, San Jorge hizo que su corcel Bayard se moviera hacia adelante y miró como si nada a su oponente actual.

Era un niño aún más inmaduro, endeble, débil y joven que él poseyó; no era tan experimentado, habilidoso o talentoso, y básicamente estaba a la última de morir, así que….

¿Por qué el Dios Héroe/Santo desplegó su verdadera forma ante ese indefenso niño que ni dañaría a una mosca cuando incluso ahora ya podía sentir la llegada de un nuevo y más adecuado enemigo en la Puerta de las Hadas?

La respuesta a la pregunta era simple en la mente de San Jorge:

Porque tú eres serpiente y el destino de este caballero ser acabar con las Serpientes y Dragones. ¡A LA CARGA, BAYARD !

Así, con la velocidad de un meteorito, San Jorge se lanzó en corcel hacia Harry.

El joven tuvo muchísima dificultad para ver la velocidad de San Jorge en su corcel. Por fortuna, su experiencia en Quidditch combinada con su instinto le permitió reaccionar brevemente. Solo fue un segundo, uno que ni siquiera debería tomarse como que lo vió en un sentido estricto, pero fue un segundo que le permitió hacer una cosa:

Cagarse del miedo.

Y su magia actuó gracias a eso.

Semiconscientemente, él se tele trasportó con la Aparición, evadiendo por poco el choque de San Jorge al aterrizar a un lado de su espada. Trató de atacar, pero Bayard al sentirlo reaccionó y emitió luz desde sus pezuñas traseras, causando que la zona estallara en una explosión que de haberse dado en una ciudad habría destruido una cuarta parte de ella

Naturalmente, Harry fue lanzado por los aires como si de un insecto en una tormenta se tratara, y si no murió fue simplemente porque su magia amortiguó el impacto; pero Harry aprovecho ese momento y saco de uno de sus bolsillos su Capa de Invisibilidad y se cubrió con ella, aterrizando duramente en el suelo.

Él mordió sus labios ante el intenso dolor de la rotura de algunas de sus costillas y comenzó a gatear bajo su Capa de Invisibilidad, mirando con nerviosismo y análisis a aquel sujeto llamado San Jorge. Pensó a mil por hora. ¿Cómo podría derrotar a ese sujeto? Su espada era la clave, pero aquel sujeto estaba en un corcel, y uno muy poderoso además. Aparte, sus lesiones habían aumentado aún más: su cuerpo aún seguía afectado por el aura santa de la lanza Ascalon , y una apuñalada de un arma divina no era cosa de risa. Básicamente, Magia Accidental y todo, a Harry le quedarían cuando mucho unos minutos antes de caer desmayado y morir.

—¡Muéstrate ya, Serpiente! ¡Tu fin se acerca de la mano de este! —gritó el Dios Hereje, ligeramente irritado. En otras circunstancias, hechicería de invisibilidad no sería un problema en disipar para un Dios; pero Harry tenía una reliquia que fue hecho por la misma Muerte de su mundo. Para la vista de San Jorge, él era verdaderamente indetectable. Pero lamentablemente la Capa de Invisibilidad solo podía mostrar su verdadero efecto en compañía de sus reliquias hermanas, y no hizo nada en contra de la audición, del olfato o hasta del tacto.

San Jorge lo detectó en minutos.

—¡Aja! —gritó en triunfo—. ¡SEA ESTE TU FIN! ¡Santidad ante este cuerpo de serpiente; cae en forma de luz, bendición de los cielos, destruye este ser y aniquílalo con la santidad estelar!

Y con esas Palabras de Hechizos San Jorge desplegó otra de sus Autoridades Divinas. Un meteoro sin igual de color blanco surgió desde el mismo cielo y comenzó a caer hacia la zona. Destruiría todo en la distancia de una ciudad y solo San Jorge sobreviviría. Harry no podría escapar a menos que se tele transportase a una distancia más grande que esa.

Viéndolo, Harry gritó aterrado sabiendo bien que él no sobreviviría a ese ataque. Y aunque incluso por alguna especie de milagro sobreviviese, con su hemorragia, su daño corporal y demás heridas él estaba destinado a morir. Pero no se rendiría tan fácilmente.

Una idea le llegó a su mente.

Era una locura, una estupidez, una barbaridad; pero, ¿qué no era él sino un idiota, loco y tonto: un valiente Gryffindor?

«Funcionará», le aseguró su instinto.

Por ello, a duras penas se levantó aún bajo la Capa de invisibilidad y salió corriendo, gimiendo más y más con cada segundo que pasaba.

San Jorge fue capaz de escuchar sus pisadas y apuntó con su lanza hacia la zona donde venía corriendo.

—¡CAERAS! —gritó, impulsándose por las Palabras de Hechizo que había dicho anteriormente—. ¡ASCALÓN!

¡FOOSSSSHHH!

En ese momento ocurrieron dos cosas.

La primera fue que Ascalon disparó un gran rayo de energía que trapazó la Capa de Invisibilidad, destruyéndola para siempre. Solo que Harry no estaba bajo ella. De hecho, había usado conscientemente la Aparición. Lo mejor habría sido aparecer encima de San Jorge para atacarlo; pero Harry hizo mejor, porque el caballero santo había previsto tal movimiento y había levantado el brazo donde sostenía el escudo.

Fue ahí cuando sucedió la segunda cosa. Harry apareció en el punto ciego de Bayard y apuñaló con fuerza el estómago de la Bestia Divina.

—¡HOOOOOOOOOOOOOOO! —chilló el caballo.

¡BAYARD! —gritó San Jorge con horror ante el dolor de su querido corcel. La Espada de Gryffindor había absorbido demasiado materiales del Mundo Astral, volviéndose lo suficientemente fuerte como para traspasar los órganos del místico corcel. Su muerte era segura

La ira embargó a San Jorge ante eso.

—¡PAGARAS POR ESTO, SERPIENTE! —rugió con furia, para luego lanzar una patada hacia el rostro de Harry.

Pero el joven Potter bajó la cabeza y levanto su brazo izquierdo, la cual sostenía su varita mágica. Así, lanzó un hechizo.

—¡ MUCUS PROJEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEECTUM!

No era uno ofensivo o defensivo, era de hecho un hechizo de broma creado por los gemelos Weasley. Creaba un pegote similar al moco y tenía la función de asustar a la gente; pero si se lanzaba en cantidad podría cegar a alguien, y eso era lo que buscaba Harry. Su varita disparó todo un pegote de color verde musgo hacia el rostro de San Jorge, que rugió al tener tal líquido a su vista. Harry luego gritó igual porque de todos modos la patada de San Jorge dio directo contra su cuerpo, así que Harry miró y sintió con un dolor inhumano como su brazo izquierdo era cortado de su cuerpo y lanzado lejos de la zona de batalla.

—¡NO! ¡AUN PUEDO GANAR! —rugió. Y fue gracias a la adrenalina, determinación y la protección de su madre que él sacó a duras penas la Espada de Gryffindor del estómago del corcel divino Bayard. La espada misma comenzó entonces a brillar de poder, un aura de energía sin igual desprendiéndose de ella.

La espada había absorbido la esencia de una Bestia Divina, convirtiese en toda regla en un arma divina, aunque una temporal, ya que poco a poco se rompía por no poder soportar la energía divina absorbida.

—«¡SOLO TENGO UN MOMENTO!»— rugió mentalmente Harry al notar eso, sabiendo además que si no cumplía con ese último y decisivo movimiento entonces moriría, ya fuera por sus heridas, las represalias de San Jorge quizás por el meteoro blanco.

Por eso, poniéndose todas las fuerzas que le quedaban, con un movimiento decisivo Harry…

¡SLAHS!

Apuñaló el costado de San Jorge.

—«¡!»—El aturdimiento embargó al Dios Hereje.

Sintió un intenso dolor a un lado de su pulmón izquierdo. Había levantado su mano izquierda para quitarse el pegote de su rostro, descuidando ese flanco. Por eso fue que Harry pudo apuñalarlo con su espada temporalmente divina. Había sido una por una serie de casualidades aprovechadas da tal manera que San Jorge simplemente se aturdió y farfull ó, sorprendido, adolorido y en shock.

Consciente de su destino, dejo caer su lanza Ascalon y observó, aun con un poco de pegote en su cara, la espada incrustada en su cuerpo.

—Ah… —se limitó a decir San Jorge y miro como el causante de su ataque caía al suelo finalmente al haber llegado a su límite. El chico había muerto. Lo había herido, pero había muerto.

Pero no sin dejarle un regalo, claro.

¡BOOOOOOOOOM!

Todo su pecho estalló. La espada del chico había recibido poder divino. Aunque menor, la energía era lo suficiente como para perforar la armadura pura de acero de San Jorge; pero había sido por tiempo limitado. La explosión había sido el resultado natural de la Espada de Gryffindor siendo incapaz de resistir más el poder divino. Y de hecho fue el movimiento final del joven Potter, uno que no cálculo conscientemente, sino por puro instinto. Porque el corazón, el pulmón y el brazo izquierdo de San Jorge fueron destruidos por la explosión.

Lo único que quedó de la espada fue su empuñadura y los restos de la hoja. Era prácticamente inútil, pero había cumplido orgullosamente su propósito.

Pero por otro lado, el Dios Hereje escupió sangre ante su tremenda herida; pero se mantuvo majestuoso, orgulloso y magnifico encima de su corcel, que incluso destinado a morir se mantuvo de pie como su dueño. Alzó la cabeza y disipó su Autoridad del Meteoro Blanco, porque sabía bien que ya no venía el caso. Ya se había decidido el ganador de esa breve pero espectacular batalla.

Además, él no estaba solo.

—Ah… ¿quién lo diría? —mascullo, mirando como caminando desde un lado lejano de aquella zona surgía un hombre de cabello negro que utilizaba una armadura de estilo celta y portaba una espada blanca y dorada de poder sin igual.

—Vaya, y yo que pensé que solamente viniste a enfrentarme, Georgius —dijo el hombre con una sonrisa, aunque sus ojos mostraban que estaba ligeramente aturdido

Aquel era el Rey de los Tuatha De Danann: el Dios Hereje Nuada, quien había descendido desde su mito al sentir la presencia de San Jorge. Pero él no actuó ante el Dios Héroe/Santo porque lo encontró peleando, de todas las cosas, contra un mortal.

Y lo que vio le sorprendió.

—El hijo del hombre te ha derrotado, Georgius —señaló Nuada.

—Ah… si… —asintió San Jorge suavemente, mirando al caído muchacho a lo lejos—. De hecho lo hizo.

—El hijo del hombre no era una Serpiente —comentó Nuada—. En su interior fluía la sangre y la esencia de una; pero su espada brillaba con la misma sangre. Lo entiendas. ¿Verdad, Georgius? Cometiste un error.

Ante sus palabras, San Jorge cerró sus ojos con ligera vergüenza.

—Ahora este yo se da cuenta. Este muchacho fue uno que se bañó en la sangre de la bestia que asesinó. Este muchacho ser como este caballero. Este muchacho ser como Siegfried, y su espada igual al Balmung . Para destrozar mi armadura y dejarme así… Pensar que existía una espada mortal de tal clase…

—Fuiste tonto al no darte cuenta. Ese niño del hombre era igual a ti. Ese niño ser igual a nosotros. Sin duda, de no haberse cruzado contigo se habría transformado en un Dios de Acero.

—… Qué pena….Si este yo se diera cuenta de tal verdad antes… Quizás pude haber creado un digno aprendiz y rival. Pero este yo aceptará su error y remediará la suerte de este Niño de Acero

Con eso dicho, San Jorge obtuvo su derrota y muerte. Él y su caballo místico se cerraron en niebla y desaparecieron para regresar a sus mitos; pero una parte de su esencia fue tomada para que se realice un oscuro ritual que ha existido desde hace miles de años. Esas esencias dejadas por San Jorge y Bayard lentamente se fundieron en una y se introdujeron en el cuerpo de Harry.

Nuada observo impasible como lentamente el cuerpo de Harry renacía y el joven volvía a la vida.

El Rey de los Dioses Irlandeses sonrió.

—Hijo del hombre, ex-candidato a Dios de Acero, tú has peleado con valor e inteligencia y tú has usurpado la autoridad de este santo guerrero; por lo que yo te saludo a ti, Sexto Campione, con un reto a muerte ¡Yo, el gran Rey de los Danann, será quien te mate después de tu nuevo nacimiento! ¡Recuerda bien, Sexto Campione!

Inframundo.

Oh my, este sí que es un hijo interesante—dijo una joven mujer de cabello purpura en coletas.

Se trataba de la madre de los Campiones y esposa del tonto Epimeteo, conocida mejor como Pandora, quien sostenía con cariño a su nuevo hijo bastardo: Harry Potter

La Diosa misma estaba intrigada con su nuevo hijo, debido al hecho que era un niño proveniente de la barrera más allá de Akasha, el lugar donde todo el conocimiento de pasado, presente y futuro de la realidad misma reside: el centro de todo lo que es posible, aquel que tenía millones de mundos conectados entre sí en base a las posibilidades, permitiendo que si existía un mundo lleno de Dioses existiera uno opuesto, y muchos más mundos con muchísimas reglas totalmente diferentes.

Su sexto hijo vino de mundo que no operaba bajo la Tierra de los Mitos.

Por tanto, debería ser imposible que estuviera ahí. La conexión entre mundos era casi imposible de lograr. Los Dioses podían moverse a mundos conectados, como si los Dioses Celtas fueran a mundo donde irremediablemente existía otra versión de ellos mismos. La propia Pandora de hecho podía ir a casi cualquier realidad debido a su aspecto como Madre de la Humanidad; pero solo podría hacerlo a un lugar donde existiera otra Pandora —o un aspecto suyo como el de Lilith—; básicamente, a una realidad alternativa. A un mundo sin la Tierra de los Mitos, sería imposible para los propios Dioses llegar en la mayoría de las circunstancias.

Por eso, Pandora estaba intrigada en que un humano normal hubiera podido logrado atravesar la barrera de los mundos y terminar en el suyo, uno donde no existía una versión alternativa suya o habían las posibilidades para que existiera una conexión entre los mundos… solo para además de convertirse en un Campione en menos de una hora de lo sucedido.

—Tú eres un niño interesante. ¿Qué fue lo que te ayudó a moverte más allá de la barrera de lo que es desconocido y terminar en la puerta del Inframundo? —pregunto retóricamente, sabiendo bien que su nuevo hijo no le contestaría. Harry Potter dormía como si nada acurrucado a su cuerpo, como si un niño se tratase y buscara inconscientemente el calor del amor de una madre. Como Diosa Madre no hereje, Pandora no le negó su deseo de amor y acarició su cabello negro con cariño.

Ella sonrió. Esperaba grandes cosas del que parecía ser el más tonto hijo y alocado de sus hijos.

—Entonces es hora… —dijo, sus ojos brillando en poder—. Yo, la diosa Pandora, he de reconocer a este niño como mi nuevo hijo adoptivo, nacido del Gran Tonto y de una Bruja usando un oscuro ritual donde se usó la vida de un Dios como sacrificio. Se se da vida a un nuevo niño: se le da el derecho y título de Campione. Ssí que quien escuchen su nombre que le teman, que le odien, que le maldicen y que le admiren, ¡porque aquí ha nacido un nuevo Rey Demonio!

Y con un beso en la frente de Harry, ella dio su bendición y permitió que el ritual diera paso. Su nuevo hijo desapareció volviendo al mundo mortal comenzando su papel como un Rey Demonio: como un Matadioses.

Pandora sonrió. Será interesante saber qué cosas hará este nuevo hijo.

San Gimignano, Florencia

Harry Potter caminaba con lentitud por las calles de aquella ciudad. Toda su ropa estaba parcialmente destruida y sostenía los restos de una espada plateada, en donde la mitad de la hoja faltaba y en verdad parecía que había sido destruida como si fuera una simple rama.

ROAR.

—…Tengo hambre… —masculló sin saber que decir, tomando asiento en el suelo a lado de una capilla alejada de la mayor parte de la civilización de la ciudad de San Gimignano. Él podía ver desde su posición aquella bella ciudad pero él no tenía interés en él. Ignorando su hambre, se dio un momento para preocuparse por su situación

—¿Qué me pasó?

Tenía recuerdos borrosos de su enfrentamiento contra un tipo invencible en un lugar desconocido y después de, según podía recordar, haber asesinado a aquel tipejo, despertó en el bosque en las afueras de San Gimignano con un fuerte sentimiento de que alguien cariñoso habló con él; pero para su molestia no podía recordar nada de ello, y no solo eso sino que todas sus heridas habían sido curadas y su nivel de energía mágica era quizás cincuenta veces más de lo que era.

Y aparte de eso…

Espada Santa, Interfectun Draconis y Caballo blanco

Podía sentir en lo más profundo de sus ser algo que a su mente vino como tres estatuas místicas. La primera era una espada santa, la segunda era un Dragón y la otra era un corcel blanco: todas clamando para ser usada contra enemigos y demostrar su supremacía a los seres más débiles.

Con todo, Harry estaba confuso sobre lo que ocurría con él y más si ahora se daba cuenta que se encontró sin explicación alguna en algún país italiano o lo que fuera.

Al final de todo, él no le importaba la batalla que tuvo con aquel que se llamó San Jorge, ni le importaba aquel raro reto de una batalla a muerte en un mes dado por el tipo llamado Nuada mientras se sentía morir. A él no le importaba el porqué estaba en aquel lugar. Para Harry, lo único importante fue que él había fallado. Sirius había muerto. De eso ya no había duda: ya era una certeza. Ahora que no estaba dentro del Velo de la Muerte y tan lejos de la puerta de dicho lugar, era definitivamente obvio que para a esas alturas Sirius Black ya estaba más allá de cualquier posible salvación.

—Maldición…

—Hey, chico, ¿te encuentras bien? —inquirió una mujer joven de piel morena y cabello café amarrado en una cola de caballo. Ella era el gran caballero legendario San Raffaello. Ella había salido de su monasterio al sentir la fuerte presencia de energía mágica moviéndose en las afueras de la ciudad y el causante de ello era un simple niño de quince años totalmente apaleado y sosteniendo una espada rota de la toda la cosa.

Ella supo de inmediato quien era el chico. Lo que era

—…No sé qué hacer…..—murmuro Harry con la verdad. Su padrino estaba muerto, sus amigos posiblemente lo estaban y su enemigo jurado de seguro estaba causando el caos donde sea que estuviera. Estaba cansando, herido y deprimido. De verdad no sabía qué hacer.

San Raffaello suspiró al oírlo.

Ella no era una mujer común y corriente. Su apariencia era falsa, siendo más vieja que incluso los ancianos más notables; pero gracias a su buena tanda de poder mágico había recibido la bendición de rejuvenecimiento y poseía el cuerpo exquisito de alguien en sus veintes. Por ser tan vieja, ella ya se había encontrado con Campiones antes, y este chico definitivamente no actuaba como uno. Quizás fuera porque ella no había mostrado algún sentimiento hostil, pero hasta ahora este chico era el único Matadioses manso que jamás había conocido.

—«Si se deja sin supervisar a un Rey Diablo entonces se corromperá y será un tirano. Quizás sea mejor vigilar personalmente a este niño»—pensó, para luego mirar a aquel chico a los ojos, sin mostrar miedo, lastima o nada más que el temple de un caballero. Le dijo:—. Me llamo San Raffaello y soy un caballero retirado. Te invito a pasar un tiempo en mi condominio para descansar y reflexionar. ¿Te parece?

—¿Por qué me ayudarías?

—Por varias razones—respondió San Raffaello, no siendo tan tonta como para dar sus motivos—. Principalmente porque soy un caballero, y mi deber es ayudar al prójimo. Pero dime, ¿aceptas o no?

—Vale, pero si intentas algo….yo…

Harry no terminó de hablar; pero por primera vez sus ojos se encontraron con los de la mujer, y la caballero retirado tembló sin querer ante la fuerza suprema en los ojos esmeraldas de aquel niño.

Sí, no había dudas. Definitivamente ese joven era un Campione.

PUM.

El aura amenazante en Harry desapareció porque el joven Potter cayo desmayado debido a que aun y con todo no seguía en óptimas condiciones.

Sin poderlo evitarlo, San Raffaello suspiró. Cargo sin dificultad al cuerpo del joven quinceañero, y usando Magia de Vuelo salió de aquel lugar en dirección de su base privada. Tenía que hacer algunos que otros preparativos para el hospedaje del nuevo Sexto Campione y sabía bien que sin importar como, ese mocoso le traería problemas.

Era típico para lo de sus clase, después de todo.

En otra parte, Turquía.

—¿Eh? ¿Dónde estoy? — masculló el caballero Salvatore Doni con confusión levantándose del suelo de una vieja capilla.

Salvatore Doni no sabría qué había pasado con él durante el último año; pero posteriormente el saldría de aquella capilla sin darle importancia a lo que le ocurrió, tal era la estupidez de aquel personaje en no darle importancia a las cosas que le ocurrieron. El seguiría con su camino incluso enfrentándose contra poderosos espadachines, caballeros, monstruos, magos e bestias divinas usando únicamente sus afiladas artes marciales y su dominio en la espada. Seria famoso, pero no tanto a nivel mundial, y él lo viviría con tranquilidad sin saber que su destino de ser el sexto Matadioses había sido arrebatado.

Era mejor así. El mundo sería mucho peor si este idiota hubiera terminado siendo un Campione.

Continuara….

Extracto de los archivos divinos de San Raffaello. Sobre San Jorge…

Como es el caso de muchos santos, San Jorge es un producto del sincretismo cristiano.

El nombre original es Georgius, el cual parece ser la razón del origen del nombre de la actual Georgia. Aunque originalmente era un caballero que se opuso al emperador Diocleciano en la caza de los cristianos, y que murió como mártir al negarse a doblegar su fe, posteriormente la historia de «San Jorge y el dragón» presentada en la Leyenda dorada, donde San Jorge salva a una princesa destinada a ser sacrificada al matar al dragón con su espada y estando montado a caballo, se volvió extremadamente popular.

Este mito es, obviamente, un posterior agregado. Su origen parece sostenerse en Libia (antigua África del norte al oeste de Egipto). Este sitio también es la raíz de los mitos de la Gorgona, Perseo y Andrómeda, y las similitudes no pueden ser simplemente ignoradas. San Jorge venció a un dragón terrible y salvó a una princesa de nombre , y Perseo derrotó al monstruo Cetus salvando a la princesa Andrómeda. Igualmente, se cuenta que San Jorge convirtió a una sacerdotisa pagana al cristianismo —su causa—, y Medusa, la Gorgona a quien Perseo asesina, es originalmente una sacerdotisa (o reina) de Libia asociada a Atenea antes de volverse un monstruo. El nombre de Perseo, que proviene de la tradición griega, no es incluso la forma más antigua del mito, sino simplemente la más famosa. Sabacios de Frigia, conocido como Sabazius por los romanos, tiene la imagen de arrollando a caballo a una serpiente, y todo apunta a que este es el origen del caballo blanco presente en los mitos de Perseo y Georgius.

Sin embargo, la raíz de todos estos mitos, el verdadero origen de San Jorge, reside en Baal, el antiguo Dios de la Cosechas de Asia Menor. El área de influencia de este Dios es gigantesca: babilonios, caldeos, cartagineses, fenicios, filisteos y sidonios, con el Dios Fenicio Melkart siendo su asociación más popular. Los mitos hablan de Baal como el hijo de El, la deidad suprema (también conocido como Eloáh) y la Diosa Asera (Ishtar). Estaba casado con Tanit, y era rival de Yam, el Dios del Caos, y Mot, el Dios del Inframundo, que se llaman como sus hermanos. A Baal también se la da el nombre del Jinete de las Nubes y Príncipe de la Tierra, y se presenta como traedor de la lluvia. Baal siendo hijo del Dios Supremo y peleando con el Dios del Caos y el Dios del Inframundo puede asociase con Michael y su lucha con Lucifer, simbolizado con una serpiente. San Jorge también se asocia con Michael, y es un santo patrono de la fertilidad y la lluvia. Por si todo esto no fuera poco, San Jorge está asociado con el profeta Elías, quien en la Biblia aparece relatado en un duelo entre Dios y los seguidores de Baal, quien luego fue introducido por el cristianismo como un Demonio. Una forma de deshacerse de los atributos «paganos» de Baal para perpetuar su adoración.

Con base a todo lo anterior, puede decirse que San Jorge es un Dios de Acero con atributos de Tierra, Lluvia y Fertilidad.

Es al matar a este Dios Hereje que Harry Potter se ha convertido en el Sexto Campione.

Bueno, como dicen, «año nuevo, fic nuevo».

Antes de escribir fics, por supuesto, era lector. Y he leído una cantidad de fanfics cuya trama me enamora y me rompe el corazón al no continuar. Puedo enumerar muchas, pero esta es una de las principales: Rey de Espada, de Toaneo07 Ver2.0.

Sólo tenía dos capítulos, pero ufff, ¡que capítulos! La idea era tan buena que mi joven yo ignoró los horrores en la escritura (que no era tampoco que supiera que estaban ahí hasta ahora XD), y se enamoró. Quería que continuara. Quería ver más.

Y entonces, Toaneo07 Ver2.0 hizo lo que siempre hace con sus historias: la dejó en adopción.

Me frustré, pero al menos no tanto como con otras historias. Hubo un tiempo donde esperé que alguien continuara, y de hecho alguien lo hizo, pero solo publicó los dos capítulos ya escritos y no continuó nada.

Por eso, como he leído una buena cantidad de fics de Campione en inglés, he visto el final de la novela e incluso me estoy leyendo Shiniki no Campione (que se los recomiendo, si no lo conocen), decidí dar el paso y publicar yo mismo la idea.

Tengo confianza en mi manera de manejar a Harry Potter, y este fic ha trazado de una buena manera su personalidad para que lo siga. En realidad, tuve dudas acerca de esto, porque sé que algunas ideas de Harry Potter y el Juego del Destino se pueden deslizar; pero al final, me dije que como la temática era distinta el resultado también lo sería. Aparte, Angelus (Evangelion x Campione, Shiji Ikari como Campione) y Campione de los héroes (Fate/Stay Night x Campione, Shirou Emiya como Campione) me parecieron mucho más interesante; pero, ¿cómo decirlo? Mi confianza para manejar a los personajes en estos momentos es muy baja. Sin contar que mi mente tenía muchas dificultades en visualizar un camino para ellas. Quizás algún días los adopte, pero no prometo nada.

Ahora, sobre este capitulo, no tengo mucho que decir. Corregí errores, alteré algunas cosas gramaticalmente para que sonarán mejores y añadí uno que otro detalle. Para ser específicos, lo del súper instinto de Gryffindor, el hecho de que Harry se queda con recuerdos de Voldemort, la parte que dicen que podría haber sido un Dios de Acero y el resúmen final sobre San Jorge son míos. Todo lo demás ya estaba escrito.

En fin. El próximo capítulo probablemente lo publique pronto. Y con eso quiero hablar un poco sobre lo que haré. Harry matará a los Dioses que Doni mató en el Canon: Nuada, Vulcano, Siegfried, Dionisio, Deimos y Fobos, y Vahagn. También tengo pensado que mate a Lancelot y Perseo, y estoy en un veremos con Circe, Atenea y el presunto Rey Arturo del que Alice y Alec hablan.

Sobre el harem, Erika y Yuri están eliminadas (¡son de Godou, no las pidan!). Liliana es la waifu central, San Raffaello, Lucretia Zola, Ena y Lancelot son partes. De nuevo, Atenea y Circe son un veremos, y Ginevere (¿así se escribe?) se tambalea.

Y bueno, creo que eso es todo. Les dejo con lo que Toaneo07 Ver2.0 dijo sobre su propia historia:

En el capítulo Harry comienza a entrenar en el próximo manejo de espada, conocerá a Erica y Liliana y tendrá su pelea contra Nuadha. Si alguien se pregunta cómo Harry fue capaz de moverse en dimensiones o como se pregunta pandora ¿Cómo se movió lejos de Akasha? Es simple, Harry fue el único sobreviviente de la maldición asesina, así que él tiene un poco de inmunidad a lo que es de muerte, eso no significa que sea inmortal sino que básicamente el no fue directamente a Akasha cuando se movió entre dimensiones alternas cuando cruzo el velo de la muerte y para aclarar Voldemort y sus mortífagos están muertos, los Horrocrux son como piedras amarradas en hilos, aun cuando no sea parte de uno mismo aun sigan conectados porque son un alma en pedazos pero un alma en sí,

La razón por la cual Harry obtuvo tres autoridades de San Jorge será explicada en el siguiente episodio.