Lala Lulu: Hola! Pues aquí el capítulo, viene extra largo, con papas y todo. (Recompensa por la espera XD) Desde dramas del pasado actuales y smut claro que chí. Cierren las cortinas. Y con un final que nos va a dejar Ay mis cielas! ¡CARDÍACAS! ¡Arriba el #Fandomcito #SailorJinLovers!

¡Advertencia! Si ya has leído mi historia anterior sabrás que yo no escribo Lemon, sino Smut, mucho Smut. Smut es sabrosura primero, explicaciones después. Así que esto es para adultos ¡Porque soy una maldita pervertida!

No me pertenecen los personajes, son Creaciones de Akira Toriyama y Naoko Takeuchi. Hecho por un fan, para algún otro fan que ande dando vueltas por la Vía Láctea…

"Tú, la misma, siempre tú

Amistad, ternura ¿qué sé yo?

Tú, mi sombra has sido tú

La historia de un amor

Que no fue nada

Tú, mi eternamente tú

Un hotel, tu cuerpo y un adiós

Tú, mi oculta amiga tú

Un golpe de pasión

Amor de madrugada

No existe un lazo entre tú y yo

Nada de amores

Nada de nada

Tú, la misma de ayer

La incondicional

La que no espera nada

Tú, la misma de ayer

La que no supe amar

No sé por qué

Tú, intensamente tú

Soledad, cariño, yo qué sé

Tú, mis horas bajas tú

Un cuerpo de mujer

Un par de rosas blancas

No existe un lazo entre tú y yo

No hubo promesas ni juramentos

Nada de nada

Tú, la misma de ayer

La incondicional

La que no espera nada

Tú, la misma de ayer

La que no supe amar

No sé por qué

Amiga, tú, la misma de ayer

La incondicional

La que no espera nada

Tú, la misma de ayer

La que no supe amar

(No sé por qué)" La Incondicional, Canción de Luis Miguel.

Capítulo 30

Los relámpagos iluminaban el ambiente, los cielos resonaban. La tormenta llega tal cual pronosticada. En la sala de la suite, Vegeta y Serena buscaban acomodarse para el momento de la verdad. Dos sillones individuales enfrentados, una mesita de té en el centro y la luz suave de las veladoras. El momento es tan frío, como el granizo que golpea el suelo.

Serena lo ve decidido, pero nervioso, hasta puede escuchar como truena su mandíbula. Recién nota que su barba está algo crecida. Mira a la cama. — ¿Prefieres que nos sentemos en…? —Señala la habitación.

—No. —Vegeta dice en seco, la mira a los ojos sin parpadear, no confía en él mismo. La necesidad por Serena y toda la tormenta que lo azota en la cabeza lo harían cometer un error.

Serena dio un pequeño respingo por su tono severo, se queda mirando a sus ojos negros. Puede ver su necesidad, porque es la misma que ella siente. Debe luchar contra la tentación que sus cuerpos tienen.

Vegeta desvía la mirada, se frota el rostro, se escucha a sus dedos raspar. Eso lo cabrea, es la primera vez en su vida que se olvida de afeitarse. Se concentra en Serena, verla igual de desesperada por el contacto físico le gusta demasiado, pero no es momento para eso. Habló en serio cuando dijo que no quería poner al sexo de por medio. —Necesito beber algo. —La garganta lo quema.

Serena se voltea rápido, algo de valor líquido también le caería bien. —Seguro… —Va a la pequeña mesita con licores, destapa el whisky.

—No. —Vegeta se endereza. —Prefiero agua, no quiero volver a cometer los mismos errores. —Mueve una mano hacia adelante, el resto de su cuerpo parece pesado como piedra. No cree poder moverse y no caer en la tentación de tomarla entre sus brazos.

Serena asiente con tristeza, dirige su mirada a la alfombra. Va marcando el paso a la pequeña heladera y busca dos botellas de agua. Los dos beben en silencio, cada trago resuena.

—Haaa… Solo quiero pedirte un favor; que me dejes explicártelo todo y después decides lo que quieras. A cambio te juro que no voy a buscarte si te vas. —Vegeta exhala duro, se sienta en el sillón individual. Prensa la botella plástica en su mano y la arroja a la basura. —Yo… —Una pausa. —Fui amante de Bulma Briefs. —Es la primera vez que lo dice en voz alta, siente que se mira a un espejo y se acusa. —Te va a sonar estúpido y hasta como una mentira. Pero lo fui sin saberlo.

Serena da un par de pasos atrás, deja la botella. Lo ve ahí sentado, sin poder verla a los ojos. — ¿Fuiste un tercero en discordia? —Su pregunta es honesta.

—Puedo clasificarlo más como una aventura pasajera. —Vegeta apoya su espalda en el sillón, sus huesos truenan por la tensión. —Estaba intentado entrar a la escuela de aviación, quería ser piloto. Un día nos visita una muchacha, bueno, así la veía yo. Era Bulma Briefs, la científica más calificada para tomarnos las evaluaciones escritas. Creí que era una niña rica, que fanfarroneaba, pero al verla pilotear nos cerró el pico a más de uno.

Serena observa a Vegeta mirando a un punto fijo a su lado, donde está la pequeña chimenea apagada. Sigue escuchando su confesión.

Vegeta mueve su mandíbula, vuelve a abrir la boca. —Cuando me vio fallar en la pruebas, por mi prontuario, me ofreció ir a trabajar como Piloto de Carreras. La velocidad me gusta, así que dije porqué no. Desde éste entonces ya andaba con Yamcha, y ya era un ir y venir constante con él. Nunca le presté atención, de verdad. Sólo iba y venía de trabajar, me sentía superior a ellos por no caer en ésos sentimientos ridículos… Porque pensaba ¿Qué clase de sentimiento hace que denigres así tu orgullo? —Suspira por la nariz, entrelaza sus dedos. —Vivían de peleas, desengaños. Yamcha era un mujeriego, siempre lo descubrían con alguna admiradora. Bulma tampoco era un angelito, además de su carácter explosivo, no dudaba en andar de fiesta en fiesta por el despecho. —Todo vuelve, como oleadas lejanas, pero igual de dolorosas. —Por otro lado, ella era un genio, una gran científica; en eso sí que pongo las manos en el fuego por Bulma. El equipo de carreras era su hobby, su sueño también. Era fascinante verla entre mecánicos, armando y desarmando motores y la calidad de su trabajo. Si sólo hubiera usado ésa inteligencia para elegir una buena pareja, alguien que la mereciera de verdad. —Estira su mano izquierda, la presiona con la derecha. —En una de sus tantas fiestas por despecho, Kakarotto ya no podía ir a buscarla. Él siempre la encubría y fui yo, dispuesto a dejarla frente a sus padres y avergonzarla. Estaba demasiado pasada de copas, maldecía a diestra y siniestra a Yamcha, juraba que todo se terminó. Me invitó un trago… Que se convirtió en más de una botella y… Me acosté con ella. —Vegeta lo confiesa, tan explícito como nunca y le da vergüenza. —Y no fue cosa de una sola vez, estuvimos casi un mes… No era nada serio y era a escondidas. —Vegeta se levanta de golpe, Serena se sienta, siente ésos ojos azules siguiéndolo. —Luego se fue de viaje, no me importó ni tampoco hacía caso a las noticias de espectáculos, de que supuestamente se había ido de viaje romántico con Yamcha y que seguían comprometidos. —Presiona las manos en el borde de la repisa de la chimenea. — Imagínate mi cara cuando vuelven y anuncian la fecha de su casamiento, ahí ¡Delante de todos! —Presiona sus dedos y sacude su cuerpo reviviendo la ira.

Hace siete años…

—¡Felicidades hija! —Bunny aplaude junto a todo el equipo.

—Ya era hora de que pusieran fecha. —El Doctor Briefs le da la mano a su futuro yerno.

—Jaja, sí. Dentro de un mes nos parece perfecto. —Yamcha estrecha su mano, se rasca la nuca.

Bulma también sonríe, se toma de su brazo. —Y será en las Vegas, una fiesta donde vendrán diferentes celebridades, será por todo lo alto. Viajamos mañana a primera hora y será una fiesta digna de ¡Bulma Briefs! —Bulma golpe su pecho con orgullo, su sonrisa se derrite porque una mirada negra la atraviesa como una lanza.

Vegeta no disimula su disgusto. — ¿Podemos hablar? —Se acerca y la toma del brazo.

—Oh, sí Jajaja. —Bulma es todo sonrisas y naturalidad. —Debes querer hablar de trabajo, Jajaja. —No quiere que nadie sospeche.

— ¡¿Qué mierda es esto?! —Vegeta reclama apenas cierra la puerta de la oficina de Bulma.

Bulma abre grande los ojos. — ¡Sshhhtt! ¿Qué te pasa? —Traba la puerta. —Pueden oírte.

— ¡Me importa un carajo!— Vegeta sacude el puño. —Primero te desapareces, sin decir nada y ahora vuelves con esto ¿Que te casas en un mes? —Frunce el ceño, está confundido.

— ¿Pero quién mierda te crees que eres para reclamarme? Jajaja. Vegeta, lo nuestro fue una follada y ya. Bueno, más de una… —Bulma busca su paquete de cigarrillos.

— ¿Te estabas acostando con él mientras…? —Vegeta truena los puños.

—Ay Vegeta, somos adultos. Ni que tú no hicieras lo mismo. —Enciende el cigarro y da la primera pitada.

Vegeta camina hasta ella. — ¡Yo jamás estuve con dos al mismo tiempo! Yo te dije claramente que no comparto. Y aun así…—Esquiva la nube de humo que ella larga. Le sostiene la muñeca y le quita el cigarro. — ¡Ya te dije que me da asco que fumes! —Tira su cigarro y lo pisa.

Bulma larga la última dosis de humo en la cara de Vegeta para cabrearlo. — ¡Yo no soy ninguna de ésas mujeres con las que haces ésos "Tratos" como tú le llamas! ¡Yo soy Bulma Briefs, una mujer multimillonaria y exitosa, y puedo tener al hombre que yo quiera! —Altanera busca otro cigarrillo.

— ¡¿Ah así?! Y eliges al peor de todos. —Vegeta la increpa de nuevo cara a cara. —A ver cuéntame ¿Quiere casarse contigo porque ya lo van a echar de las Ligas Mayores de Béisbol? Porque eso es lo que se dice, que por vicioso e irresponsable va a quedar en la calle.

— ¿Quién eres tú para juzgar quien es el peor de todos? —Bulma saca el pecho. —Así y todo ése vicioso, como tú le dices, puede amarme. Nos amamos, es por eso que volvemos. Tú ni siquiera puedes compartir la cama una noche completa con una mujer, cogíamos y ni siquiera nos mirábamos las caras. Porque habíamos quedado que era sólo sexo ¿Qué mierda puede saber alguien como tú del amor?

Vegeta no puede creer el descaro de Bulma, es como si fuera otra persona. La imaginó muchas cosas, menos una total descarada. La toma del brazo, la levanta de puntitas. —Escúchame bien, esto no tiene nada que ver con ésas cursilerías de mierda. —Habla con los dientes apretados, su mirada lanza fuego, su tono se oscurece de amenaza. —Tiene que ver con que ninguna niña rica va a usarme a mí de ésa manera, yo no comparto lo que es mío. — Le quita el paquete de cigarros y se lo arroja lejos, quiere darle una cachetada. Pero ahí de cerca puede notar algo en Bulma, sus pupilas están dilatadas a pesar de la luz del sol que entra fuerte. — ¿Q-Qué? —Afila sus sentidos, está pálida y con sudor frío. — ¿Bulma qué mierda te tomaste?

Bulma traga duro, trata de zafarse. —No bebí nada. —Chilla como niña.

Vegeta levanta bien los parpados de Bulma, sí él ya ha visto esto. —Carajo Bulma, no hablo de alcohol ¿Qué estás consumiendo? —Entre rabia e impotencia la sacude.

— ¡A ti qué mierda te importa! —Bulma lo golpea en el pecho, al fin la suelta. Se limpia la nariz por si acaso. Se siente llena de coraje y fuerza, es como si nada le doliera. — ¡Tú no eres mi padre! Y por lo de Yamcha nunca vas a entenderlo Vegeta, yo necesito más que sólo sexo. Él me ama y está dispuesto a comprometerse, a casarse conmigo ¿Puedes ofrecerme algo así? ¿Una relación de verdad?

Vegeta hace cara de asco, pone sus muros de orgullo en lo alto. Camina hasta la puerta. —No podría importarme menos lo que un par de vulgares hagan. —Se va y azota la puerta. Camina hasta la salida de la empresa sin decir nada. Toma las llaves de su motocicleta, una molestia quiere crecer en su pecho, la reprime de inmediato. Se niega, hunde sus emociones. —"Esta pelea fue la más grande, pero es lo mejor. Vivíamos yendo y viniendo entre discusiones… Eso ya me hartaba, no tengo porqué lidiar con una mujer así."—Vegeta se recuerda que esto fue un error, que por algo tiene "tratos" con las mujeres, por algo las elige ¿Por qué sentirse mal por sacarse a Bulma de encima? Una viciosa, una cualquiera, como fue la mujer que lo trajo al mundo. Rechaza completamente la idea.

Al pasar los días, Vegeta se había decidido a renunciar. Estaba seguro que su estómago no soportaría el ver a ése par de imbéciles casados, riéndose en su cara. Nunca imaginó que al cruzar la puerta de la Empresa, estarían todos reunidos frente a la pantalla de la sala de juntas, viendo la terrible noticia del accidente de Bulma en las Vegas. Algo se movió de su centro, sus pies no podían tocar el suelo. Era como caer y caer sin parar. Siente que su mente quedó en blanco y se reinició cuando estaban en la sala de espera, recién llegados a las Vegas.

El Doctor se acerca por el pasillo, junto a un par de profesionales. Entrelaza los dedos delante de él, todavía con la ropa del quirófano. —…Señora, Señor Briefs. Tenemos que hablar a solas. —Le ofrece y mira a todo el Equipo que los acompaña.

—Por Favor… —Bunny desarmada en llanto, toma el brazo del Doctor. —Todos somos su familia, estamos esperando desesperados.

El Doctor toma aire. —Hicimos lo que pudimos, pero no logramos parar la hemorragia interna. —Sale en una exhalación. —Lo siento.

— ¡Ay no! —Bunny se hunde en los brazos del Doctor Briefs, entre sollozos se desarma. Así como los demás.

—Y creo que deberían saber que… —Una de las Doctoras se toma un segundo. —Ella estaba cursando el segundo mes de embarazo, aproximadamente, y eso también complicó su estado.

Vegeta procesaba la información fatal, junto a eso parece llegar a su límite de autocontrol. —Es mío. —Traga duro, su voz tiembla. Presiona sus puños a los lados. — Puede ser mi hijo… —Estaba detrás de todos, y estaban absolutamente todos. Milk llorando en el hombro de Kakarotto, Bardock, Nappa, Tarble y Raditz. Siente sus miradas y en especial el silencio que pesa mientras lo juzgan.

— ¡Hijo de puta! —El primero en estallar es Kakarotto, se tira sobre él. Lo sostiene del cuello y tira puñetazos a su cara. Vegeta sólo trata de cubrirse.

— ¡Kakarotto basta! —Bardock trata de contener a su hijo.

— ¡¿Cómo pudiste ponerle un dedo encima?! —Kakarotto empieza a llorar. — ¡¿Tú lo sabías verdad?! ¡TÚ SABÍAS LO QUE LE PASABA Y NUNCA NOS DIJISTE NADA!

— ¡Kakarotto estamos en un hospital! —Raditz trata de sostener a Vegeta y ponerse entre ellos.

— ¡No lo defiendas! ¡No defiendas a ésta mierda! —Kakarotto sigue descargando su frustración. Señala con el dedo. — ¡¿Cómo puede tener la sangre tan fría?! ¡No decirnos nada! ¡Llegar aquí y destruirlo todo! ¡AHORA QUE YA ES TARDE!

Milk se cubre el rostro, se sienta a un lado en el suelo. Llora ante el desastre que se les ha venido encima. Nappa toca su hombro, no sabe qué decir más que darles el pésame a los Briefs y ayudar con los preparativos del velorio.

Vegeta no niega nada, él lo sabía todo, pero decidió callar. Jamás se imaginó que esto pasaría o que ella estaba embarazada. Sólo sabe que al recibir la noticia de su muerte, supo que realmente le importaba.

En el Presente…

Serena escucha todo, la tormenta está en su punto álgido, tal como el relato. Así que ése era el secreto que Vegeta guardaba. Se pone de pie, con los brazos cruzados trata de procesar toda la información. — ¿Y el bebé de Bulma era tuyo? —En voz baja y preocupada. Casi sale como una conclusión.

—No. No era mío. —Es la primera vez que lo dice en voz alta. Es la primera vez que siquiera habla de su versión de los hechos y no, no se siente mejor. Un trago amargo de indignidad lo envenena. —Pude haberme quedado callado, haberme hecho el tonto. —Se reprende con furia, mira a los lados, no puede ver a Serena a la cara. —Pero no pude ¿Qué hubiera pasado si era mío? ¿Cómo iba a poder seguir con la duda? Necesitaba saber si era mío, sé que no hacía la diferencia, que el mal ya estaba hecho. —Presiona los dientes, siente el rostro enrojecer del esfuerzo. —Kakarotto nunca me perdonó. Siempre era simpático, aunque yo lo tratara con la punta del pie. Pero desde ése momento él me ve con desprecio, cree que no me importó Bulma porque no pude largar ni una lágrima por ella. Tampoco fui a su velorio, ni a su entierro. —Se lleva las manos a la cabeza, cae sentado en el sillón individual. — No puedo ni pensar en visitar su tumba. No podía, no podía aceptarlo…

Serena escucha su voz quebrada, sus ojos negros irritados y haciendo un esfuerzo descomunal. Lo siente al borde de gritar del dolor. Su corazón es un nudo. Acerca su mano.

—No Serena. —Vegeta se tira hacia atrás, jadea, su garganta solo siente una roca. —No lo merezco. Todo lo que toco se destruye, se rompe, se ensucia… —Mira al techo, mira sus dedos entrelazados, su maldita pierna tiembla como si tuviera un motor neumático. —Mis… Las personas que me trajeron a éste mundo… Me golpeaban y torturaban desde que tengo memoria. Hasta me mataban de hambre para luego hacer que coma insectos. —Se cubre la boca, siente náuseas al recordar el sabor a insectos. —Aceptaba que crecí sucio, que nadie podría arreglar lo que soy. Hasta que apareciste tú. —La mira a los ojos, tan solo por unos segundos. Los ojos de Serena parecen derramar las lágrimas que él no puede desahogar. —No sé cómo explicarte Serena, el infierno que tengo dentro, entre la necesidad de tenerte y la de protegerte de mí, de todo éste pasado de mierda que arrastro. Tanto miedo de que te rompas en el suelo como... —Cierra los ojos unos instantes, la imagen de la muñeca y la de Bulma en el suelo se hace presente. Abre de nuevo. —Ésa noche, ésa primera noche que me viste colapsar. Yo había recibido la noticia de que Yamcha iba a tener derecho a una audiencia por su Libertad condicional, al parecer tuvo buena conducta. Mi abogado y el de los Briefs siempre están en contacto por éstas noticias. Detesté que no se pudiera hacer nada, sin embargo creí que tenía el control. Hasta que a la noche, los malos sueños volvieron. —Apoya sus manos en el apoyabrazos, clava sus dedos tratando de no estallar.

Serena observa su esfuerzo para seguir, se frota las manos para reprimir ésta necesidad de tocarlo, de abrazarlo. —Vegeta, desde un inicio me alejaste. Volvimos a tener problemas y buscaste lo mismo. Debí verlo desde siempre… —Murmura la última conclusión entre sus labios. Su razón responde con tristeza. —Entiendo tu dolor, pero tú debes entender lo difícil que fue para mí, después de que me negué a sentir. De pronto te abro mi corazón, un corazón que creí muerto durante años y que de pronto pase todo ésto—

Vegeta se voltea a ella, tira la cabeza atrás, apoyado contra la pared—No Serena, soy yo quien dice que no ahora. Yo hablo y tú escuchas ¿De acuerdo? —La ve asentir. —Casi siempre es el mismo sueño; Bulma cubierta de sangre, yo sin poder salvarla y después aterrizo en un recuerdo. Cuando era niño, más o menos de unos cinco años, mis únicos juguetes eran unos soldaditos de plástico que encontré en la basura. Una de las tantas veces que buscaba de comer. La mujer que me trajo al mundo, tenía una muñeca, yo la buscaba y jugaba con ésa muñeca a escondidas. Era tan bonita y delicada, pero un día que la iba a devolver antes de que me viera, se me cayó, se hizo trizas en el suelo. Ella me golpeó hasta romperme la nariz, mi progenitor entró enojado. Odiaban verme llorando, solían golpearme hasta que dejara de llorar. Pero ésa vez me metieron a la caja, un lugar frío y de madera, donde metían insectos que me picaban la piel. —Sacude un poco la cabeza, mira su mano, se recuerda que es un adulto. También recuerda a Serena ésa mañana, tan hermosa, recostada a su lado. —Al despertar, sabía exactamente lo que necesitaba. Meterme entre las sábanas, buscar tu cuerpo y fornicarte sin sentido hasta que ya no sintiera dolor. No podía, ya no pude hacer lo mismo de siempre, me desesperé por protegerte de esto, de los monstruos que querían salir… Desde que me encontré contigo, que me decías que no sin cesar. Verte como te resistías a tus impulsos… —Una pequeña sonrisa de lado parece querer dibujarse. — No lo voy a negar al inicio era un reto, un desafío. La primera noche juntos, en ése Pent-house pensé "Bien, todo sale como yo quiero, tengo lo que yo quiero". ¿Y qué había ganado realmente? Déjame confesarte que quedé devastado al verte salir por ésa puerta. Algo se alteró y no sabía si fue antes o después del sexo. Pero carajo, Serena. —Levanta el tono. — Empecé a querer más y a quererlo contigo.

Serena baja la vista, siente dolor por su confesión, de nuevo se abraza a sí misma para reprimir las ansias por consolar a Vegeta. La mano que golpeó a Vegeta todavía le duele y la tiene roja ¿Es más de esto lo que les depara una relación? — ¿Cómo estar segura de que esto no volverá a pasar? —Una lágrima cae como cascada por su mejilla. —Esto es un desastre, nos hicimos daño y nos lo hicimos a propósito. —Niega al suelo, no quiere decirlo, pero sabe que debe hablar con la verdad.

—Cuando me pasan éstas cosas, suelo beber hasta dormirme y dejar de sentir. —Vegeta entrelaza sus dedos y los presiona. —No obstante, bebía y te seguía sintiendo… —La mira a los ojos, arriesgándose de que su próxima frase le dé otra cachetada de recompensa. — ¿Sabes qué sentí cuando besé a Launch? Sí, respondí al beso. Pero te juro Serena, siento más aquí contigo, en ésta situación de mierda, que lo que ése cuerpo vacío representaba para mí. —Se recuesta en el sillón. —Ahí, dispuesta, desnuda, pegada a mi cuerpo…Su beso era como arenilla, su piel no me dio ni una pizca de nada, mis sentidos estaban muertos. —Hace un ademán, como si señalara su entrepierna y así era, su polla no reaccionó en ése momento. —Cuando la alejé y te vi entrar como un Ángel a mi infierno, mi mundo se hizo pedazos. Porque es tal como te lo dije ésa vez…Mi cuerpo es tuyo. Soy tuyo Serena. No solo me refiero a mi cuerpo, sino a todo de mí.

Serena entrelaza sus dedos, mira sus palmas. Suspira y baja los hombros. Trata de acomodar las piezas de toda la historia de Vegeta. Se nota que fue sincero, que no estuvo ensayado y que no es una especie de truco para provocar compasión y que ella se quede. Es la verdad cruda e imperfecta. Sus culpas, sus inseguridades y sus heridas al descubierto. Serena queda en silencio.

—Sé que mi pasado nunca va a desaparecer… —Vegeta presiona los labios, traga duro. Se asegura de cerrar bien fuerte la puerta de su ático, donde ésa garra fría siempre trata de arrastrarlo. —Porque hay mucho más que he cerrado, cuando era niño… Hay otros detalles que…—Una piedra le cierra la garganta y la respiración, siente que empieza a sudar. —Pero es la forma que aprendí a sobrevivir. —Exhala duro hacia arriba. —Ya no quiero vivir así Serena, a tu alrededor hay luz. —La ve reprimir una sonrisita y fruncir el ceño. —Me arrastras sin frenos a querer ser un hombre mejor ¡Mierda! ¡Escúchame! —Se grita a él mismo, sacude aferrándose al sillón. —No sé si algún día podré lograrlo, sólo sé que sin ti será imposible. —La mira a los ojos, es todo lo que puede decir. —Por Dios Serena, tu silencio me está matando…—Apoya los codos en sus rodillas y sostiene su cabeza entre sus manos.

¿Qué más puede decirle Serena? No hay nada que ella pueda decirle que alivie el dolor de su pasado, mucho menos borrarlo. Cuando las barreras de Serena se rompen, las palabras salen ahogando a quien esté cerca. Así se siente ahora, el dique que contenía a Vegeta se ha demolido y la hunde de manera abrumadora. La abruman los sentimientos de Vegeta, sus emociones y ahora está completamente segura de que esto es sólo para ella y nadie más. La última defensa de Serena se derriba ante eso, necesita de Vegeta.

Una mano toca la suya. Su piel fresca y su textura fina lo hacen levantar la vista. Sus ojos negros tiemblan, estupefactos ante la proximidad de Serena. Esos ojos azules son faros de esperanza. Siente que no lo cree, ella toma su mano, le da un suave tirón para que se levante y la siga. El cuerpo de Vegeta está flojo. — ¿No vas a abandonarme? —Sale entrecortado en una pausa. Vegeta siente dolor de garganta al hablar.

Un sollozo quiere escaparse de ella, son demasiadas emociones; negativas y positivas. —Hay que dormir, mañana tienes la carrera. —Serena habla con la voz ronca, mira la tormenta, el granizo y los relámpagos no dan paz. —En verdad creo que necesitas dormir. —Solo decirlo en voz alta la hace bostezar.

Las acciones de Serena hacen todo cristalino para Vegeta. — ¿En serio quieres quedarte? —Ella se acerca sin soltar su mano, se pone de puntitas y le da un beso. Otro segundo le toma a Vegeta aceptarlo. La abraza de la cintura, Serena saca su lengua en medio del beso. Vegeta responde abriendo la boca y devolviendo la caricia con su lengua. Su mano sube por la cintura, bordea su silueta, la yema de sus dedos siguen la línea de su cierre. Va hasta las zonas de piel desnuda de su vestido, su nuca, sus hombros.

Serena lo guía hasta la cama, sigue el ritmo del beso. Toca el borde del colchón con las piernas, quita sus zapatos. Cuando va a ayudar a Vegeta, él se desespera; la besa apasionadamente, se afloja la corbata y arroja sus zapatos. La satisfacción de tocarse, de sus bocas y sus lenguas; es como una droga que les quita la razón. La abraza fuerte y se tira a la cama con ella. Despegan el beso para poder respirar, Serena se da cuenta que Vegeta la deja recostada en su pecho.

—Grrr… Estoy tan cansado. —Vegeta confiesa como nunca, se hunde en las almohadas. Hunde a Serena en su pecho y ella se acurruca todavía más. Cómo necesitaba de ésta dosis de Serena. —Hay tantas cosas, tantas cosas más de cuando era niño… —Vegeta presiona fuerte la puerta de su mente junto con sus párpados.

—Sshhh… Lo sé. —Serena piensa en sus cicatrices, y como él dijo en su discurso, sus cicatrices psicológicas. —Sólo me importa que estés aquí conmigo. —Pasa la mano por su mejilla para aliviarlo, ella también reconoce que ha sufrido de abstinencia. Su orgullo se aplaca. —Perdóname… —Sale con dulzura.

Su voz es como un paño frío a sus heridas. La presiona un poco más para calmarla. —Me merezco ésa y un par más. —Vegeta besa la palma de Serena, se la siente caliente, se la deja apoyada en su pecho, sobre la tela fresca de su camisa. Queda en silencio. El alivio entra en cada uno de sus sentidos, no puede creer que esté así después de todo lo que contó. Le ha entregado partes de la oscuridad de su pasado, se entregó y de muy buena gana. Cómo no hacerlo, si Serena increíblemente ha llenado de luz ésos lugares.

Serena se deja llevar, el calor de sus cuerpos parece raramente refrescante. Sus latidos fuertes, sus respiraciones largas y agotadas; empiezan a acompasarse. Acompañados por la tormenta de afuera y sus aromas refrescando el lugar. Han tomado la curva y perdido el control, están estrellados contra el amor.

Cuando se daba todo el alboroto, después del golpe y la exposición de Vegeta. Taiki y Seiya salían de la vista de la prensa, les daban unas sillas en el pasillo.

—Buenas noches ¿Necesitas hielo? —Ami le pasa una bolsa con hielo y una cubeta a Seiya.

—Gracias. —Taiki acepta su ayuda sin dudar. Sus ojos brillan al verla con ése vestido azul tan elegante y en especial sin la compañía de ése simio.

—A ver, deja que te revise. —Ami habla como una profesional. Se asombra, Vegeta tiene un buen gancho o lo agarró con la guardia baja. Quizás es una combinación de ambas. —No pareces tener nada quebrado ni grave. Mucho hielo y desinflamatorio.

Seiya rechista, sigue saboreando sangre de su labio roto. — ¡Ya, yo me cuido solo! ¡Me agarró desprevenido el muy cobarde! —Recuerda haberle dado un buen par de golpes en las costillas, espera que se esté doblando del dolor. En un momento su vista se va a su hermano y a Ami, los dos en un silencio incómodo.

Ami lo mira a los ojos por segundos, luego se frota un poco las manos y saca el pecho. —Taiki, creo que debemos hablar.

Los dos se giran a Seiya, él les ondea la mano. —Vayan, vayan… Yo voy a pedirme un "desinflamatorio en las rocas". —Se va a tomar el ascensor a su cuarto, reflexiona un poco con el hielo en la cara. —"Maldita sea, sí que me merecía éste golpe…"—La cara de Vegeta era la misma de cuando le abrió la puerta y le hizo creer que se acostó con Serena.

Taiki y Ami se quedan solos, mirando de un lado al otro. —Cough ¿Quieres ir a mi cuarto? —Taiki rompe el hielo. Esto se siente estúpidamente incómodo, como si fueran dos extraños.

—Quería hablar a solas.

—Mi cuarto está solo. —Le señala el ascensor.

—Oh, pues. Jeje, nosotros tenemos las suites compartidas. —Ami camina junto a él. Mira hacia atrás, toma su teléfono y le avisa a Nappa.

De: Ami

Nappa, sé que estás con problemas. Así que voy a tomar su consejo, voy a hablar con Taiki…

Suspira y se mete al ascensor, observa a Taiki desde el reflejo del espejo ahí dentro. Silencio y después un saltito cuando él la toca en la cintura para que salga.

Taiki se asombra, eso fue por reflejo. —Actúas como si no me conocieras. —Larga una risita.

—Ha pasado tiempo… —Ami aclara su garganta.

—Pero el tiempo vivido fue más largo que el tiempo separados. —Taiki la toma del hombro le hace un poco de presión y la besa furtivamente. La arrastra adentro de la suite. Entre luces apagadas y los relámpagos, abraza a Ami. No obstante, no hay respuesta, es como si ella no sintiera nada.

Ami presiona los puños, pone sus codos de intermedio, pero es Taiki quien la aleja y la mira a los ojos completamente enojado.

La sacude y la aleja, se agarra de la cabeza. —No puedo creerlo Ami ¡Definitivamente no puedo creerlo! ¡¿Tú enamorada de ése tipo?! —Hace gesto de asco. — ¡No, no! ¡Tiene que haber algo más que te haya alejado de mí!

Ami abre grande los ojos, sacude un poco la cabeza. — ¡¿Ah sí?! ¡¿Qué me dices de haberme traicionado?! ¡De haber roto mi confianza, de haberme usado y haber ensuciado a mi amiga con quién sabe cuántas Empresas de Carreras!

— ¡Ya te expliqué que no tenía nada que ver con nosotros! ¡Nuestra relación es una cosa y los líos de terceros—

— ¡Jajaja! ¡Por favor, mírate a un espejo y repítelo! —Ami exhala con cansancio. —Es increíble, completamente increíble ¿Acaso viví sola estos dos años? Porque de verdad siento que estaba viviendo una relación ficticia.

— ¿Qué más quieres de mí Ami? ¿Quieres que te pida perdón? —Taiki se frota el rostro. —Bien, está bien. Lo siento ¡Maldición! ¡Siento mucho todo lo que pasó!

Ami se sienta en un sillón individual, deja sus manos hacia adelante. — ¿Y qué pasó Taiki? Porque bien parece que todavía no lo sabes o peor que no te arrepientes. Ahora lo veo… —Ami observa su confusión. —Estaba bien que yo fuera tu pareja, con una vida paralela a la tuya. Sin molestar y sólo complaciente cuando se debía. —Recuerda todas las veces que cada quien leía un libro, pero ni siquiera compartían el día a día. —Admito que también era cómodo para mí. Perdón por eso.

Taiki se siente expuesto, mira al piso. Es cierto, a veces ni siquiera le molestaba no verla por días, ya sea por el trabajo de Ami o el suyo. —Yo… Ami… Si… —Rechista a un lado, recuerda ésa promesa vacía de una escapada a Italia. —Lo haré bien Ami, prometo que la próxima... —Levanta la vista a ella, siente que no importa lo que diga, ya es tarde.

Ami se levanta, toma una de sus mejillas. —Estoy segura de que vas a cumplir… Pero con la Próxima, no conmigo. —Dibuja una mínima sonrisa de lado, le deja un suave beso en la mejilla. —Sí te quise Taiki, pero ninguno de los dos quiso arriesgarse a nada. Y Mil multiplicado por cero…—Levanta un poco su vestido y se va. Cierra la puerta, no hay tristeza. Toca su pecho, acaba de cerrar más de una puerta ahora mismo. —Nappa… —Sonríe enorme, junta un poco más su vestido y sale al trote.

Nappa estaba afuera de la puerta de la suite de la discordia. Diecisiete le toca el hombro. —Hey, Hey ¿Les quitaste las tarjetas de la puerta? —Levanta las cejas y levanta una mano.

Nappa le asiente y las guarda en el saco. —Estoy un poco cansado de la diplomacia y la paciencia que me caracteriza. —Mira su teléfono, un mensaje de Ami lo entristece. —"Bien… Seguro van a arreglarse y a estar bien…"—Un trago amargo de celos baja por su garganta, se los imagina en la cama y con la tormenta de fondo. Se sacude un poco.

Ya no tengo más cabello de tantos corajes ¿Qué más se me va a caer, la ver—

— ¡Nappa! —Ami lo hace saltar junto a Diecisiete.

Nappa cortaba la grosería. Tomaba a Ami de los hombros, la ve agitada. — ¿Está todo bien? ¿Sucedió algo?

Ami trata de recuperar el oxígeno. —No… Yo. —Se endereza. —Estoy enamorada de ti.

Nappa queda con la boca abierta, Diecisiete también y tanto Tarble como Kakarotto, Raditz y Bardock alcanzaron a oír.

Diecisiete levanta un dedo. —Duermo en la sala Jefe, no se preocupe. —"Y con tapones en los oídos." Concluye para él mismo.

Bardock abre grande la vista, en especial por la diferencia de tamaño. Iba a hacer un chiste a costa de su amigo pero Raditz le cubre la boca.

Nappa seguía en blanco, como si un cráter se hubiera abierto y el ¡¿QUÉ?! Gigante fuera un grito estruendoso. Sin embargo nunca salió sonido de su boca, solo la mueca de sorpresa.

—Nappa… —Ami comprende su sorpresa, le da un abrazo y al fin lo siente moverse.

—Ami ¿Qué pasó? —Nappa está preocupado, la aleja para ver a los ojos. Ahí la ve sonreír, con su vestido azul ondeando en cada movimiento. —"Está hermosa."

—Pasó que…Haaa… —Ami se fija que no hay moros en la costa. —Me di cuenta de algo importante. No es que yo rechace a Taiki porque no puedo perdonarlo, es porque me enamoré de ti. —Sonríe ante quien cree es el hombre más anonadado y guapo, con su traje tan pulido y ése pañuelo. Pero tanto silencio ya la está haciendo sentir como una tonta, le da una palmada en el pecho. — ¡Ya di algo! ¡Mmh!

Nappa la arrebata en un beso, casi la tira al suelo, pero sus reflejos responden rápido y la abraza. La levanta con facilidad, las manos de Ami se enredan a su nuca. Con los ojos cerrados, cambian de ángulo para saborear sus labios completamente. Una succión ruidosa se da cuando da vuelta su mirada y se mete con ella al ascensor.

Se meten al ascensor. —Ya, puedes bajarme si quieres. —Ami murmura contra su boca, toma aire para seguir con el beso.

— ¿Soltarte? Uh-Uh, ahora ya es tarde, no podré dejarte ir. —La sostiene de sus muslos. Los dos sonríen, sienten el timbre del ascensor. Miran por testigos y no, están todos en el evento. Ya sea por el coctel o por la polvareda de chismes que levantó Vegeta.

Ami se siente ansiosa, no quiere despegar sus labios de Nappa. Una de sus manos afloja su corbata, comparten una mirada llena de malicia, una pequeña pausa donde sinceran sus deseos.

La puerta se abre, se azota contra la pared y luego de nuevo para cerrarse. Todos los sonidos son aplacados por la tormenta y el granizo que caen sin parar. Sus respiraciones agitadas se separan un poco para poder desvestirse. Ami desabotona despacio su camisa, mete una mano. El corazón de Nappa bombea tan fuerte como el suyo.

Sus mejillas rojas y ésos ojos azules profundos como el mar, la mujer que pide todo de él se ve tan hermosa y delicada. Su mano busca el cierre del vestido, se lo baja y Ami le pide quedar de pie. Él se sienta en el borde de la cama y observa como la tela cae. La luz de las veladoras y los relámpagos acompañan.

Ami esperaba éste momento, no por nada compró este caro conjunto. Un bustier azul con bordados, al igual que sus bragas. Se acerca, lo toma de la nuca y sigue besándolo, saca la lengua, la mete en su boca. Tironea su camisa, sus manos se llenan de su forma tan masculina y abrumadora. Las manos callosas de Nappa peinan su piel, se siente tan bien y distintivo, como si marcara surcos en su piel.

Las manos de Ami lo tocan con la palma completa, son tan suaves. Los escalofríos lo hacen gemir, su polla está tan despierta que parece que va a romper sus pantalones. La siente menearse sobre él. —Grrr… Mujer…

Ami tira la cabeza hacia atrás y repite la acción. Esa palabra, dicha con ése tono, la hacen sentir una mujer como nunca nada lo ha hecho y ni siquiera la está penetrando. — ¡Nnh, sí! —Las bragas de Ami se mojan, el calor de sus entrepiernas traspasa la tela. Acerca su pecho, Nappa lo masajea.

Con una mano baja el bordado de su bustier, mete el pezón en su boca, salta alegre, ya estaba duro y deseoso de atención. Su mano libre sube lento por la línea de la espalda de Ami, la escucha gemir de gusto. Alcanza el broche y libera sus pechos. Hermosos montes suaves, la levanta un poco para tenerlos a disposición de su boca. Los lame, los succiona. La recuesta en la cama, sigue bajando por su menudo cuerpo. Presiona sus caderas y comparten una mirada llena de fuego. Quita sus bragas, deja sus piernas elevadas. —Ahora, Doctora ¿Me recomienda dejarle o quitarle los zapatos? —Besa sus tobillos.

A Ami le estallan los oídos por la pena, se aferra a las almohadas para reprimir el impulso de cubrirse la cara. Su sexo pulsa y si su vagina hablara le diría que Sí y Más, Mucho Más. —S-Sí quieres dejarlos, no me molestan… —El alma de Ami sale de su cuerpo.

Tan tímida de a ratos, le encanta. Le desabrocha sus zapatos. —Hmmm… Creo que te será más cómodo con nada. —Se los quita, la ayuda a estirar sus piernas un poco. —Hoy voy a meterlo completo y te necesito lo más flexible posible…

Cierren las cortinas y el último que apague la luz. Ami acaba de estallar, su corazón se desboca ¡Sí! ¡Sí! Es lo que más ha querido Ami, desde que ésos enormes brazos la han tomado bajo su calor. —Sí… —Se acerca a él, poseída por la lujuria. Alcanza su cinturón, lo mira a ésos ojos negros mientras lo desprende y comprueba de primera mano la dureza de Nappa. Caliente y lista, como su vagina. —Oh, Nappa. —Muerde su labio inferior, lo escucha gemir.

Sus finas manos presionan su miembro, estímulo es una mezcla de dulce caricia y ansias lujuriosas. —Ah, Ami. No tienes idea… Lo bien que se siente. —La ayuda a quitar sus pantalones.

Ami besa su abdomen, sus brazos, sus pectorales, es tan duro. La hace sentir un poquito insegura, ella es un palito en comparación. Sin embargo, las acciones de Nappa borran inseguridades, sus besos en su cuerpo, sus manos enormes que parecen no saciarse de su piel.

La recuesta de nuevo, con un pequeño guiño abre un paquete platinado. Absorbe un poco el momento, la lluvia que resuena, las veladoras y ésos ojos brillando pidiéndole más. El reflejo de la ventana entra y se ve la lluvia caer en las sombras. Sostiene su virilidad con una mano y baja el condón con la otra.

Ami se apoya con los codos, mira ésa enorme erección alistarse. Relaja su respiración, su vagina palpita con ganas de poner a prueba, ahora mismo, todo el placer que pueda sentir con él. Nappa baja a su rostro, se dan un beso que les quita el aire. Sus pezones se frotan contra sus pectorales, las succiones de sus bocas los deja jadeando.

—Nappa, estoy lista… —Ami deja sus brazos enredados en su cuello.

Nappa le niega con la cabeza, con un poco de malicia, mira abajo, mira a Ami. La voltea súbitamente. Un gritito sale de ella, él tiene el control completo.

Ami se asombra de su habilidad, se voltea un poco a verlo. —Me-Me gustaría verte cuando… —No lo puede creer, su voz tiembla de nervios.

—Sshhh… —Nappa corre un poco el cabello de su nuca, mira lo roja que está. Le planta un pequeño beso. —Me encanta tu pudor. —Declara con voz suave por el rubor en su cuerpo. —Confía en mí, así será más fácil…

Ami se limita a asentir, los besos siguen bajando y se transforman en lamidas. Casi sin notarlo, Nappa va levantando su cadera y por ende su trasero. — ¡Oh Dios Mío! —Una lengua entra sin preámbulos en ella, un giro habilidoso la hace chorrear hacia afuera.

Nappa la sostiene del trasero, a media luz puede ver sus labios inflamados y como chorrea para él. Se relame de nuevo y vuelve a entrar. Su lengua va más allá y agita su clítoris. La siente temblar, su sabor femenino hace que enloquezca de deseo.

Se aferra a la almohada, casi por morderla. Ami trata de articular. — ¡Na-Nappa! ¡No! ¡Quiero terminar contigo!

Nappa se separa un poco, lubrica sus dedos y los inserta en su centro. Los dos gimen. Se acerca a su oído. —Oh sí, créeme que así será. —Su promesa sale como una nube caliente. —Déjate llevar, te juro que así será más fácil tomar toda mi polla. —La carne de Ami se retuerce, lo presiona perfectamente, la necesita bien lubricada.

Nunca imaginó escuchar una palabra tan obscena y en un tono tan lascivo, ni mucho menos sentirse tan estimulada por la misma. Sus dedos dentro de ella, sin dar pausa la llevan al abismo. Sólo le queda aferrarse a las almohadas y dejar que se siga agitando dentro de ella. Su punto G empieza a doler y a sentirse en éxtasis por igual. — ¡Oh sí! ¡Sí Nappa! ¡Ah, Ah! —Se curva involuntariamente ante el orgasmo.

La deja recuperar el aire, levanta su trasero de nuevo. Se acerca a darle un beso en su oreja roja, le deja una caricia con la lengua. —Ahí voy… —Nappa avisa, ella afirma con un zumbido.

Despacio lo siente acostarse, Ami gime en anticipación. Es sostenida firme desde la cadera, se abre lo más que puede de piernas. —Oh Dios… —El primer empujón es constante, la presión la hace moverse un poco hacia adelante. Constante, sin exabruptos, sólo sintiendo la caliente invasión adaptándose a sus paredes. Presiona las sábanas, apoya la cabeza en las almohadas. —Sí Nappa, dámelo…

Se toma una pausa, se siente agitado, peina su cabello azulado a un lado. — ¿Sí? ¿Lo quieres todo? —Ella le asiente. —Tu carne se siente tan bien Ami, me aprietas. —Besa sus hombros, busca su mentón y la voltea para darle un beso. —Ah, aprietas fuerte.

Ami se relame con el beso. Lo mira de lado, se ve tan imponente y salvaje; le gusta. —Todo Nappa, por favor. Yo también, lo siento tan bien. —Dice como un lloriqueo, levanta un poco más su cadera.

Nappa acepta la invitación, sabe que no puede sostener sus riendas por mucho. Puede ver a Ami también haciendo el mismo esfuerzo. —Oh sí ¡Mmh! —Menea sus caderas, en cada tramo que más la penetra, más alto gime Ami. Sigue moviéndose, suave, empieza a tomar ritmo.

— ¡Ah, sí! ¡Más! —Ami sigue gimiendo, su punto G está en el límite en cada centímetro que su polla lo aprieta. Tomada de las caderas, se deja hacer por Nappa y eso parece asegurarle placer puro.

Más y más se agitan, más y más unidos. Los sonidos lascivos de sus genitales unidos y sus gritos de placer no pueden ser apagados por los rayos que caen. La cama se agita, rechina contra el suelo y el respaldo martilla contra la pared. Nappa está agitado, una de sus manos baja hasta Ami, amasa su pecho. Presiona la vista y trata de no correrse tan rápido, el interior de Ami lo masajea y lo absorbe tan fuerte que se siente ordeñar en cada arremetida.

Ami curva su espalda, ya no soporta, trata de acercarse a Nappa cuando atrapa su pecho. El aire se mete y se sale en cada penetración. El sudor corre por sus cuerpos. —Nappa. Me corro, me corro… —Le susurra con la boca abierta mientras lo alcanza para el beso. Se siente entumecida.

Nappa la sostiene de un pecho y con la mano en su cadera. Succiona la lengua de Ami, mete la suya, le da de beber en su beso. —Sí, Ami… Hazlo, yo también. Oh, sí. —Se agitan salvajemente, no hay delicadeza alguna ante el hambre de sus deseos. Como la primera vez, se desploman en la cama, consumidos por el gozo. Tratan de recuperar el aire, los latidos y el alma. Están de lado, todavía conectados. No dicen una sola palabra, se quedan así, abrazados. Nappa tironea un poco las sábanas. Pequeñas y perezosas caricias de Ami lo hacen ronronear y quedarse dormido. Ami también se va quedando dormida, enredada a sus brazos, a todo su enorme cuerpo, sintiendo la respiración suave de Nappa sobre su espalda.

En la fiesta, Raditz con su hermano intentaban ser el centro de atención y calmar las aguas.

—… Ay, es que no puedo creer que no estés casado ni nada. —La esposa de uno de los Corredores Italianos lo tomaba del brazo a Kakarotto y babeaba por él, junto a un par de mujeres más.

—Jajajaja ¡¿Qué?! ¡Ni loco! —Kakarotto estira los brazos a los lados, presumiendo de ellas como si fueran un ramo de flores. —Sería egoísta de mi parte, porque ya no podría hacerles compañía ¿No creen?

—Per favore, scusa mia moglie. —El Corredor se acerca, aclara su garganta. —Disculpe a mi esposa, es muy fanática suya. —Trata de tomarla de la cintura para que se comporte con algo de recato.

—No hay problema, ya me ha pasado con la esposa de otros. —Comenta Kakarotto casi con inocencia, todos estallan de la risa con él. Mira a lo lejos, en la barra está Milk, hablando con el Líder de Corea y un par de Empresarios más. Intercambian una mirada y una sonrisa.

En medio de su sonrisa, Milk se alegra de que el don simpático de Kakarotto dé sus frutos. —"Al menos para eso es útil, no solo para andar detrás de las faldas."—Un poco de tristeza la hace fruncir los labios. Kakarotto es así ¿Es egoísta de ella esperar que cambie su forma de ser? Un mensaje le llega al teléfono.

De: Kakarotto

No me atraen éstas mujeres. Pero verte a ti entre ésos tipos ¡Carajo, me pone caliente!

— ¡Mmh! ¡Cough, cough! —Milk se acaba de ahogar con el trago, le dan palmaditas y le ofrecen ayuda. Su mirada se ennegrece de amenaza, apunta a Kakarotto riéndose, sabe que lo hace a sus costillas.

Con un par de fotógrafos, estaban Rei y Raditz. — ¿La Señorita Tsukino trabajó para los Three Lights? ¿Son ciertos los rumores?

Rei saca el pecho, está tomada de la cintura con Raditz. —Sí, ella es una profesional. Así como trabajó para ellos, pudo haber trabajado para cualquier otro. —Se le acerca casi a punto de clavarle un taconazo mortal a cada uno.

Raditz quiere reírse un poco, aun con tacones Rei queda chiquita junto a él, pero da diez veces más miedo que su imponente cuerpo. —Jajaja, sabemos que es su trabajo hacer una "novela". Pero aunque no lo crean, somos personas normales, con problemas de cualquier mortal. Su contrato con Three Lights era como asistente. Supongo que la Señorita Tsukino buscaba algo más y al encontrarlo vino con nosotros. Simple.

— Ajá… ¿Y ése golpe? —Uno de los periodistas le consulta, levanta una ceja.

Raditz termina su copa, le da un apretón a la cadera de Rei. — ¿Cómo explicarles los celos? —Sonríe de lado.

— ¿Celoso? —Un fotógrafo comenta escéptico. — ¿Vegeta Príncipe, celoso?

—Lo sé, yo tampoco lo creo si no lo hubiera visto. —Raditz levanta el tono. —La verdad que ésos dos se traen de las narices, para actuar tan impulsivamente. Eso demuestra, como les dije, que somos simples mortales.

Un par de comentarios más y los dejan solos. Se van a la pista. Rei larga una risita cuando la hace dar un giro improvisado. —Mira nada más, un As de las Relaciones Públicas. —Se toma del hombro de Raditz. — ¿Y tú no eres celoso? —Levanta una ceja, recuerda lo que pasó con Jadeite.

Se acerca a su oído. —Grrr… Soy celoso como la mierda. —Frunce el ceño.

—Ja-Ja, no te creo. —Rei incrédula niega con la cabeza.

—No sólo con un golpe se demuestra eso. —Raditz toma posición para bailar. —Por ejemplo, con ése Ex tuyo, si lo que le dije no le bastaba para irse envenenado con su bilis; te hubiera follado duro ahí mismo para que él viera.

Rei da un saltito, se pone roja de inmediato. Justo que cree que el nivel de perversión y obscenidad borraban para siempre su pudor; Raditz parece no tener límites. — ¿Sabes bailar esto?

Raditz le acomoda un mechón detrás de su oreja. —Por supuesto, no sólo sé bailar "Pegados" como en la hora de los lentos. —Mira en detalle su vestido, la abertura de su falda, sus tacones. Su perfecta y voluptuosa figura femenina. Quiere hacerla lucirse. Pero por sobre todas las cosas, que vean que es sólo suya. —Te ves hermosa.

Cabello suelto, traje negro, corbata perfecta y mangas pulidas, zapatos brillantes. Manos firmes que se posicionan para guiarla y ésos ojos brillantes y sonrisa de lado, es una mezcla perfecta entre sexy y salvaje. Da una pequeña tos al ahogarse con su propia saliva. —Tú tampoco estás mal. —Le dice con arrogancia, saca el pecho. —No me puse bragas. —Concluye con travesura.

Raditz toma el desafío, levanta una ceja, a veces parecen hechos a la medida. Pero también le gusta cuando Rei rompe el molde. Escucha la música, y roban la atención al empezar a bailar.

"Vida de diamante, muchacho amante

Nos movemos en el espacio con un mínimo de pérdida y máximo gozo

Luces de la ciudad y noches de negocio

Cuando requieres un tranvía deseas cumbres más elevadas

No hay lugar para principiantes o corazones sensibles

Cuando el sentimiento queda a la oportunidad

No hay lugar para finalizar pero si para empezar

No necesitas preguntar

Él es un operador suave

Operador suave…" Smooth Operator, canción de Sade.

La primera noche en mucho tiempo, que Vegeta se despierta sin haber tenido ni una pesadilla, durmió tan bien y sin interrupciones. El sol cala un poco en sus párpados. Todo parece haber pasado hace un siglo, siente el silencio pero es la ausencia en sus brazos lo que lo despabila. Despacio se mueve, siente la almohada pegada a la cara, abre los ojos. Está solo…

—"¿Para qué se hubiera quedado? Sólo le demostré que no puedo cambiar y que la cuasi-relación que tuve terminó en tragedia." —Trata de superponer la resignación a la tristeza, quiere que gane la razón. Sus labios todavía están con el sabor de las cerezas. Tal vez Serena se quedó porque le preocupó que no durmiera bien para la carrera. —"Siempre tan bondadosa, incluso con un demonio como yo…"—Sus pensamientos quedan en pausa, escucha la ducha.

Serena se había despertado temprano, la luz del sol la fulminaba, sentía la camisa de Vegeta y sus botones pegados a la cara. Sus pestañas y su maquillaje estaban corridos y hasta había manchado un poco la camisa de Vegeta. —Aishh, lo siento. —Musita despacio, sus ojos azules quedan prendidos a Vegeta. Está dormido como una roca, tan tranquilo y relajado. Su pecho duele ante la imagen de éste hombre tan hermoso y pacífico, que parece descansar al fin de ésos monstruos de su ático. —"Hmp, pero su ceño bien fruncido ¿Cómo le hace?"—Se lo toca un poco, baja con su índice por la línea de su nariz, sus labios, su mentón. La barba raspa un poco. —"No le queda mal…"—Piensa, le deja un beso y Vegeta sigue dormido como un tronco. Se va de puntitas a darse una ducha. Se quita el vestido, suelta completamente su cabello. Se mete al agua, y con los tragaluces del baño, el ambiente es tan relajante. —Oh dios mío, necesitaba esto. —Habla con pesadez, como si lavara las tensiones del millón de cosas que han pasado.

Abre la puerta del baño despacio, ahí está, entre la luz de la mañana y una cortina de agua. Su melena dorada en su espalda. —Hermosa… —Dice con la voz grave.

Serena se voltea ante ése halago, da una sonrisita traviesa. —Buenos días, Ve-Ge-Ta… —Lo invita a meterse.

Vegeta no lo duda, se desviste. Se siente cautivado, ella está aquí, se quedó aun sabiendo lo que ha pasado y lo que él es en verdad. Siente un dolor en el pecho al meterse al agua con ella. Tan solo con verla puede saber que su piel sigue tan refrescante y suave. Su olfato se recrea de ése aroma a flores con toque de limón, su lengua se siente ansiosa por beber de su boca y su pecho. Todos los sentidos de Vegeta están despiertos y su erección es fiel confirmación de ello. La ola de sus emociones, choca contra la ola de su lujuria, hacen una sola marea que arrasa con todo. Cae y se aferra a su vientre. —Serena… Serena perdóname, siento mucho todo lo que ha pasado. —Presiona los dientes, casi en un sollozo. Esconde su rostro en su ombligo. — Te juro que no volveré a alejarte así.

Serena queda fría, eso fue inesperado, creyó que se unirían en un abrazo y al fin harían lo que mejor saben hacer sus cuerpos. Niega con la cabeza y se arrodilla con él. —No Vegeta, no estoy esperando que te arrastres ni nada por el estilo. —Lo toma de las mejillas para verlo a los ojos. Pasa los dedos por sus labios. —Vegeta yo estoy en… —Como si alguien tirara su lengua hacia atrás, Serena abre grande los ojos, no lo puede creer. —Me enam—No puede, se cubre la boca, un poco asustada. —"No puedo creerlo ¡No puedo decirle que estoy enamorada!"

Vegeta sabe lo que le pasa a Serena, toma sus manos y se las deja en sus pectorales. —Sshhh, yo tampoco puedo decirlo. —La toma de las mejillas, la acerca a sus labios, la besa dulcemente. Un beso y otro, sus labios ansiosos profundizan el beso. Los abrazos de Serena se enredan a su cuello y se levanta tomándola de la cintura.

Su miembro duro toca su vientre, sus pechos están pegados a él en el agua y sus pezones se estimulan ahí apretados. —Mmm, Vegeta… —Jadea, enreda su pierna a él.

Dibuja una sonrisa de lado sin despegar el beso. —Mmm, tal vez eras una mujer de "Acción" y nunca lo supiste. —Atrapa suave su labio inferior y se lo estira. —Prefiero las "acciones"… Se-Re-Na. —Alcanza el shampoo y pone un poco en su cabeza y en la de Serena. Peina sus rizos entre los dedos.

Serena también lo ayuda a bañarse. —Jajaja, extrañaba tu cabello, no importa lo que le hagas, queda siempre con ésa forma de flama.

—Sí, es algo natural. Al menos me ahorra tiempo por la mañana. —Vegeta habla con buen humor. —Desayunemos en la terraza ¿Te parece?

— ¿No quieres dormir un par de horas más? —Serena acaricia su mejilla. —Hoy es la Carrera, apenas dormiste casi, unas 5 horas. —Saca la cuenta.

—Pero fueron horas bien dormidas. —Pasa una mano enjabonada por su espalda, se aferra a su trasero.

—Mira los golpes que tienes… —Serena pasa su mano, tiene dos moretones grandes en el vientre y uno por detrás. Desvía la mirada con tristeza al volver a ver su rostro marcado por su mano y su oreja.

Vegeta hace un mohín, duele, pero no es para tanto. — ¿Quieres fijarte si mi trasero está bien también? —Le ofrece más jabón, sus finos dedos parecen sanadores cuando pasa por sus golpes.

Pequeños toques, sin ninguna intención pero a Serena la estremecen. Puede verlo a él también gruñendo y suspirando excitado cuando lava su espalda y enjuaga su pecho. Cree que harán algo en la ducha, pero nada. Le parece extraño, su erección hasta parecía doler. Y sigue pareciendo doler mientras observa cómo se afeita. —Hm, no te queda mal. —Termina de secarse el cabello, cuelga su toalla. — ¿Cómo te verías con bigote o barba? —Pone un dedo en su mentón.

Los ojos de Vegeta reflejan molestia por ése comentario, pero mantiene su sonrisa. —Nunca lo sabremos, porque no me gusta para nada. —La mira en el reflejo del espejo, le guiña un ojo. —Mi progenitor usaba barba, nunca me gustó. —Le sonríe con mucha calma.

Serena asiente con una sonrisa, le gusta que él comparta éstas cosas sin alterarse. Todo parece pacífico ahora, las cortinas de tul se mueven. Es un día de sol después de un tifón.

Vegeta sale del baño, la ve ahí desnuda en la claridad del sol. — ¿Pediste el desayuno?

Serena se voltea, camina de puntitas lo más seductora posible. —Uh-Uh… tenemos un problema antes del desayuno, Señor Príncipe—Apoya sus palmas en los pectorales de Vegeta.

— ¿Qué problema Señorita Tsukino? —Vegeta sonríe de lado, ésos pezones descarados lo tientan. —Ah… —Sale ahogado cuando una mano de Serena se aferra a su polla.

—Estás tan duro. —Serena se acerca a besarlo en la boca, su mano se llenan de su carne inflamada y la otra en uno de sus pectorales. —Parece que duele…

Se agita. —Es que ha pasado, mucho tiempo. —Vegeta siente el masaje firme hasta abajo, sus manos masajean sus pechos, tira sus pezones. —Desde ésa discusión en Kioto… —Fruncen los dos un poco el ceño.

—Habiendo saldado eso entonces… —Serena lo toma de su miembro con ambas manos, siente una oleada de humedad caliente bajar de su centro. Dan un par de pasos y vueltas, se recuestan despacio en la cama. Serena sonríe, enreda sus piernas y giran juntos entre las sábanas. Queda arriba, tira sus rizos hacia atrás.

Montada sobre él, tan alegre, su piel de melocotón, sus mejillas ruborizadas. Pasa sus manos, apretando sus curvas de forma posesiva, desde la carne de sus muslos hasta sus pechos y tironear sus pezones. Baja su palma y toca su clítoris. —Nnh, parece que también te duele. —Lo pellizca.

Serena gime, se convulsiona hacia adelante. Lo observa en la luz del día, ve todavía un par de dedos marcados en su mejilla y le pasa la mano por detrás de su oreja. Recuerda la mordida. —Perdóname tú a mí…Por ser tan cabeza dura. —Hace un puchero.

Vegeta toma su mano, se la apoya entre sus pectorales. Ésos ojos azules tan bellos y ésos gesto tan adorables. —Por Dios Serena, basta de ser tan tierna o en serio voy a desatarme y fornicarte sin sentido.

Serena cubre una risita traviesa, su rostro arde, lo ve ruborizarse a él también pero mínimamente. Es obvio, son adictos. Baja a besarlo, empiezan a menearse contra el otro, a lubricarse. —Mmm, Vegeta… —Siente su lengua en sus pezones y una succión hambrienta. Un pequeño mordisco la tienta en meter su virilidad dentro de ella.

Vegeta aleja su cadera, así evita que su polla se meta. Ésa cavidad chorreando es demasiado tentadora. Puede sentir el gemido algo decepcionado de Serena. Manotea sus pantalones, recuerda que tiene un condón en la billetera.

—Hmmm… Ya sabes que no pasará nada. —Serena habla jugando con sus dedos en sus bíceps.

— ¿En serio quieres discutir de nuevo? —Vegeta la toma de la cintura, la mantiene arriba. Abre el paquete con los dientes, hace volar el sobre y con una mano se alista. —Porque es demasiado tarde, ni si estás enojada pienso parar. —Baja su boca, chupa sus pezones.

Serena gime alto, se sostiene de sus hombros y lo empuja contra el colchón. Se apoya de su abdomen, con ayuda de Vegeta empieza a bajar. Los dos observan el detalle como sus cuerpos se unen. Cuando el fondo y la base golpean el límite ambos gritan.

Vegeta presiona la cabeza en las almohada, mientras Serena se endereza apropiadamente para buscar su montura. Empiezan a moverse, el cuerpo de Serena subiendo y bajando, sus pechos rebotando y su cabello como cortina. No hay nada más hermoso para Vegeta ahora. Sus pliegues lo envuelven, como terciopelo mojado salpica a los lados, moja un poco su pelvis y su ombligo. —Mi ángel… —Musita casi por accidente. —Mía, mía… —Atrapa su pechos, los estruja.

Serena gime, se agita sobre él. Abre los ojos, siente un par de lágrimas de felicidad escaparse. El cuerpo de Vegeta, tan perfecto y escullido, puede ver en detalle sus venas y la comisura de sus músculos moviéndose con ella. Su virilidad llena cada rincón, se siente llena en más de un sentido y quiere más de ésta droga, de ésta adicción que ya no pueden negar. — ¡Oh sí! ¡Vegeta! ¡Mío, mío! ¡Todo mío! —Jadea al cielo.

En el cielo mismo, los dos se sienten elevar. Entre gritos salvajes y estímulos carnales, el placer los hace sentir entre nubes. Se siguen meneando, en cada unión los espasmos en sus genitales se acumulan, el calor es delicioso. El apetito se sacia, mientras sus sentimientos al descubierto toman nueva fuerza.

Luego de un par de sesiones más, deben resignarse al deseo de sus estómagos. Están en la terraza, Serena tenía su camisa puesta y su bóxer. Vegeta había manoteado unos pantalones de playa y una camiseta sencilla. Está tan informal y guapo. Su cabello negro ondea con la brisa, y ésos ojos negros brillan sin parar mientras no la dejan de mirar. —Basta… —Serena le presiona la punta de su nariz.

Le pasa un waffle con jalea. —Lo sé, lo siento. —Vegeta menea la cabeza. —No fue suficiente para mí tampoco. —Chupa su dedo con algo de jalea, lo resuena con una mirada lasciva.

De inmediato el clítoris de Serena le afirma que así es, no fue suficiente. Espera que después de ésta carrera recuperen lo perdido. Muy coqueta, pasa sus piernas por el regazo de Vegeta.

Vegeta observa como ése par de obras de arte se apoyan sobre su falda. Muerde su labio inferior, les da una caricia larga, sube hasta su rodilla. La ve estirarse, tan relajada y fresca. —"¡Maldición! ¡Está atracción parece nunca desaparecer!"—Vegeta se pone duro.

— ¡Buenos días! —Bardock aparece de la nada por la zona de la playa, venía trotando con Lita. —Veo que las cosas están mejores.

—Ay, déjalos solos. —Lita lo tironea del brazo, pero sí estaba curiosa por saber en qué había resultado todo.

Vegeta pone mala cara de inmediato, aclara fuerte la garganta. —Buenos días Bardock. —Serena le da un patadita para que se sosiegue, baja sus piernas y estira la camisa con pudor. — ¿Necesitan algo? ¿La playa no es demasiado grande? —Le molesta un poco. No va a negar que en otros viajes, cuando Vegeta se llevaba una mujer a su cuarto, estos tontos interrumpían. Pero ésta no es cualquier mujer, es Serena. Y así como pueden estar desayunando tranquilos en un segundo, al otro, un roce de sus cuerpos, un mínimo contacto de piel o una mirada los tira al suelo para follarse sin descanso. —"Aunque es mucho más que follar…" —Vegeta recuerda ésa mañana con música.

—Tenemos que reunirnos y ver los coches para últimos ajustes. —Bardock le recuerda.

—Seguro, ahora mismo busco mi teléfono. —Vegeta responde con seriedad. —Estuve algo desconectado.

—Gracias Bardock, vamos a estar ahí. —Serena sonríe enorme, le da un guiño a Lita, para confirmarle que todo está bien. Mejor imposible.

—Hmmm, esperemos que Ami y Nappa también puedan estar levantados. —Lita comenta en voz alta para repartir el chisme. También le guiña un ojo para darle a entender.

— ¡Cierto! —Bardock se golpea la cara. —Hay que ir a interrumpirlos a ellos ahora. —Se quedó con varios chistes guardados para Nappa.

Los ven irse al trote y se ríen entre ellos. Serena estaba decidida a ir con Vegeta y revisar el coche. Todo sobre ruedas por suerte. Serena y también Gure le recordaban el control de tracción en las rectas. Vegeta bufaba al cielo, como si él no lo supiera. Se sentía como un niño al que regañaban.

Le gusta ver a Serena alistarse con la gorra y la camiseta del equipo. A Serena también le gusta verlo y ayudarlo con su uniforme. Las pistas están listas, estaban tan metidos en ellos mismos que no se dieron cuenta de una gran ausencia.

—Más vale que Broly aparezca o voy a romperle la cara. —Nappa seguía intentando llamarlo.

— ¿Sí? ¿Tú y cuántos más? —Broly aparece, ya está listo con su uniforme. —Se me rompió el teléfono. —Es cierto, lo hizo trizas en su habitación.

Todos levantan las cejas al techo, lo ven cabreadísimo. Raditz se adelanta. —Si no te sientes bien…

Broly lo empuja. —Me siento bien y estoy listo. —Ajusta sus guantes, pasó la noche en vela y con dolor de cabeza para andar discutiendo tonterías.

—Ja, y creí que serías tú el del problema. —Serena se coloca los auriculares. Vegeta tiene la mirada confundida, le señala con la nariz a los Hermanos Kou, entrando a las pistas.

—Haaa… Mujer. —Vegeta lo dice como un regaño y al darse vuelta, recuerda que a Serena no le agrada que la llame así. Pero primero lo primero.

— ¡A ver! ¡Los putos motores listos! ¡Nuestro equipo de Pits tiene que romper un récord hoy! —Seiya aplaudía, estaba predicando a su equipo. De pronto Yaten le toca el hombro. Se voltea y saca el pecho. —Ja. Miren quien interrumpe. No tengo tiempo para continuar los golpes, maldito maleante.

Vegeta exhala, sacude despacio la cabeza. Mira su puño, sí se sintió muy bien romperle la cara. Truena sus dedos. —Siento mucho lo que pasó. —Le ofrece su mano.

Seiya queda petrificado, casi da un paso atrás. — ¿A qué juegas?

Vegeta da una sonrisa de lado. —Acepto que no debí dejar que me sacaras de las casillas y que no debí golpearte. —Lo ve todavía con el golpe inflamado, admite que un poco le duele el abdomen.

Varios fotógrafos y gente de las gradas ven la situación de lejos. Vegeta ofreciendo su mano y esperando. Seiya rechista de lado, da un par de pasos duros hasta él. Estira su mano, en contra de su orgullo. —Maldito hijo de puta. —Escupe en voz baja, pero sonríe de lado en medio del apretón.

—Niño rico malcriado. —Vegeta sonríe enorme con malicia, le hace tronar un par de dedos. Gira sobre sus pies y se va.

Serena está sorprendida, presiona sus labios en línea recta. Se acerca con el casco. —Ajá ¿Una puesta en escena para las cámaras?

Vegeta toma el casco, le afila la mirada con picardía. —Sólo una pizca de diplomacia. —Sus ojos se conectan, está por meterse a su coche. Serena tiene el cabello atado en una cola, ondea en la brisa, el sol hace brillar su sonrisa. Definitivamente la palabra hermosa ya suena redundante e insuficiente para Vegeta.

— ¿No le das una charla a tu equipo? ¿Unos gritos Vikingos de aliento? —Serena le da un pequeño puñetazo en el pecho.

Vegeta mueve la cabeza de un lado al otro. —La mirada de matón es más efectiva de lo que crees. —Fija todavía más sus ojos negros en la mirada azulada de Serena. Tiene la propuesta en el borde del pecho y la lengua.

Serena lo ve tan guapo, entiende los gritos de las mujeres en las gradas. No le molestó tanto que le diga Mujer, porque sabe que ella es suya. Es Su Mujer. Hay tanto encanto en sus ojos negros, su piel morena, su cabello negro brillante, su uniforme perfectamente pulido ¿Existe alguna palabra para arrebatadora y jodidamente guapo que la derrite? Su corazón bombea fuerte y duro, se da cuenta que el pecho de Vegeta también sube y baja, agitado, junto con su pecho. Lo observa sin decir nada, pero diciéndole todo. Parpadea unos segundos, traga duro. Siente que va a decirle algo.

Vegeta está seguro de lo que siente, ya no puede ni concibe una vida sin Serena. Quiere decirle que quiere estar junto a ella para siempre. —Serena. Quiero decirte algo. —Vivir con Serena, es su más grande anhelo ahora.

Serena se asusta un poco. —No. No me lo digas. —Se toca el lado del corazón. —No sé si pueda soportarlo. —Los dos sonríen, sienten lo mismo no hay dudas. —No me prometas nada, ni me jures nada antes de la carrera. —Se acerca de puntitas, pone las manos con él en el casco, se miran a milímetros. —Cuando termines, yo estaré aquí. Incondicionalmente.

Vegeta sonríe enorme. Le sorprende lo bondadosa e incondicional que es. Cuanta tentación esa boca rosa, quiere arrebatarla aquí delante de todos. Le da un guiño, se pone el casco para esconder su rostro ardiendo. Se mete al auto.

Nappa se alista, se pone los auriculares, muy serio. —Bien, estamos en línea.

—Aquí en línea Krillin. —Krillin termina de ajustar el equipo Hans de Broly. —"Está tan serio y especialmente enojado ¿Qué le habrá pasado?" —Se limita a trabajar.

—Aquí en línea Diecisiete. —Termina de ajustar a Vegeta, se va con Krillin para terminar de ajustar a Kakarotto.

De lado se acerca Bardock, ajusta su gorra y toma sus auriculares, no los enciende. — ¿Así que… Me dejaste por una Doctora?

Nappa mira los niveles en los monitores, muy serio. Apaga unos segundos su comunicación —Sí. Ya que me enteré que te acuestas con la Pastelera.

—Hmp. —Bardock reprime su sonrisa. —Pobre mujer, espero que no la hayas matado.

Nappa le señala a Ami en las gradas, Ami responde ondeando la mano muy vivaz, también responde Lita con una sonrisa. Ninguna de las dos sospecha de la conversación. —Pobre tú mujer. Seguro se desmayó al ver algo tan sobrenatural. —Se quedan serios y al segundo. — ¡Jajaja!

— ¡Jajaja! —Bardock también se dobla de la risa, lo toma del hombro y lo sacude. — ¡A trabajar viejo lobo de mar! —Se va trotando a la zona de Pits.

— ¡Bien! ¡Parece que los Poles quedaron así! —El relator, muestra las tablas después de los saludos. —La posición más ventajosa se la lleva el Equipo Cápsula, esperemos le saque provecho. Más de una controversia ha surgido alrededor de ellos, esperemos el corredor Príncipe saque mejores números que los de las prácticas. Además del último escándalo, la pelea la noche anterior con Seiya Kou. Se rumora un impulso por celos. Pero ahora en la pista, es momento de demostrar de qué están hechos. Carrera por Equipo de Velocidad.

Serena está lista junto a Nappa, toma las comunicaciones y levanta su pulgar emocionada. Mira las pantallas y mira las pistas. Los motores calientan, rugen y salen.

Se siente diferente, liviano. Es extraño, Vegeta ha usado la adrenalina, la aceleración para dormir ciertos malos recuerdos. Ahora es la calma lo que los aleja, es Serena quien lo pone en balance y control. La primera vuelta es satisfactoria, mucho más de lo que esperaba. Verifica la posición de sus compañeros. —Bien, primera vuelta. Kakarotto ¿Necesitas ayuda para darle lugar a Broly? —Frunce el ceño, todos los demás equipos ya despliegan estrategia y posiciones, hasta toman velocidad.

—Broly no está cerrado. —Kakarotto dice algo extrañado. — ¿Broly? ¡Broly! ¡Wow! ¡Debes tomar posición! ¡Cuidado la pista está húmeda!

Como alma que lleva el diablo, Broly maneja quemando el asfalto. Presiona los dientes, estruja el volante. Piensa en Mina y se pregunta ¿Por qué? ¿Por qué Mina no lo quiere? No hay manera, su visión está borrosa y los fantasmas lo atormentan. La respuesta viene en forma de recuerdo y duele, duele demasiado.

"—Nadie puede quererte, recuerda. Sólo yo te quiero. —La garra fría toca el cuerpo del niño atado de pies y manos. Ése hombre sádico y asqueroso va a usarlo de nuevo. —Me gustas Broly, me gustas mucho. Los Guerreros fuertes me gustan…"

En un instante vuelve a ser ése niño, temblando y sudando. Con sólo cinco años y sin nadie que lo defienda ni lo quiera. Lucha para salir de ahí, tapar ésos malos recuerdos. Trata de repetirse que eso ya no volverá a pasarle. Pero sus emociones ya son un tren bala incontrolable. —No. No. —Habla con la voz quebrada, sus lágrimas queman sus mejillas. —Por favor…

— ¡Broly! —Nappa grita. —Broly, vete a un lado ¿Me escuchas? ¡Broly reacciona! —Mira sus signos vitales, están en picos.

Serena no puede creerlo. —Oh no, Broly ¡Broly reacciona! —Su auto va a toda velocidad pero empieza a detenerse, algo errante, si no sale de la pista va a chocar contra la masa de autos que pasa.

Vegeta queda con los ojos abiertos, reconoce el sollozo de Broly. — ¡Mierda! ¡Kakarotto hay que sacar a Broly! —Mueve la palanca, pisa a fondo.

— ¡Mierda! ¡¿Qué le pasa?! —Kakarotto se desespera, pasa entre los otros corredores para llegar a Broly.

—… Tal parece que hay problemas para el Equipo Cápsula, pensamos que era parte de una estrategia. —El comentarista observa algo raro junto al público. —Pero se están moviendo de manera errante ¡Vaya! ¡Que alguien les recuerde que esto no es una carrera callejera! ¡Las banderas rojas les costarán caro!

— ¡Broly! ¡¿Me escuchas?! ¡Frena a un lado! ¡Broly despierta! —Vegeta se desespera, sabe lo que le pasa, escucha su respiración agitada.

Broly está en pleno ataque de pánico, no puede hacer reaccionar a su cuerpo. — ¡No puedo! ¡No puedo respirar! —Está a nada de simplemente pisar el freno y estrellarse contra los demás autos que vienen por detrás.

—Carajo…—Raditz sale de los Pits mientras todos ven el descontrol, se levantan de sus asientos.

— ¡Maldita sea! —Nappa sale y trata de avisar con señas a los otros Directores de Equipo que algo ha salido mal.

—"Ahí voy. Estoy llegando. Broly aguanta maldito idiota."—Vegeta traspasa por las narices y casi hace chocar a los otros equipos en sus maniobras. El auto de Broly está ahí.

Serena sólo escucha la respiración y los gruñidos de Vegeta. No tiene idea de cómo, pero Vegeta está yendo a ayudar. Su corazón late fuerte y trata de controlar los temblores del miedo.

Broly pierde el control fácilmente del volante en la curva, la humedad le juega en contra. Un coche llega desde atrás.

Vegeta llega. Contacto… Bandera Roja…

Choca en seco a Broly. Hace girar sobre sus ruedas al auto de Broly, fuera de la pista y amortiguar en la barrera de barriles de agua.

Pero el auto de Vegeta, se va hacia adelante. Se levanta desde atrás, sus ruedas delanteras derrapan. Vegeta suelta el volante, siente el impulso de la ingravidez y la fuerza centrífuga. Toma posición de choque, trata de respirar y contar. Mantenerse aferrado a su equipo HANS. Trata de controlar todo el caos a su alrededor, el shot de adrenalina se dispara en su cabeza.

Serena sale a la pista. — ¡VEGETA! —Su grito sale, en tanto ve dar vueltas su carro en el aire, el asfalto quemado, el metal golpeando duro. La ambulancia y primeros auxilios corriendo al rescate.

Todo sucede en cámara lenta, Vegeta se aferra a una sola cosa mientras su cuerpo absorbe el daño. Cierra los ojos al ver vidrios volando por el aire.

—"Se"—Golpe…

— "Re"Golpe…

—"Na."Golpe… Banderas rojas ondean en la pista.

*deja_el_arma homicida_c_va* :V ¡Hasta el próximo viernes!

Saluditos (express)…

OhaioIzumiKun: Hola mi ciela, muchos saludos, pues aquí el papi Nappa como siempre, nos hace morirnos de envidia. A veces es difícil dejar atrás el pasado más si fue así de difícil y tormentoso. Todos queríamos ésos madrazos entre Vegeta y Seiya, jkjkjk. Seiya y Milk, es como, no entres ahí te puedes morir wey. Pobre Broly, ir a la chamba con el corazón roto sí que sale caro :( Aquí se resolvió lo de Taiki, una piedra y de qué tamaño :v Muchas gracias por tu rw. Un abrazo grande!

Nita-chan84: Chocan y chocan las piedras, Jajaja. Por menos chocadas de piedras y más de cabecera para éste 2024 *veladora* Jajaja Aquí ya se supo lo que pasó con Bulma, Vegeta se siente indigno, al igual que Serena se ha autosaboteado un poco (bastante) en las relaciones, pero con Serena fue distinto, no tuvo escapatoria. Así Vergeta repartiendo verdades a puños :v necesito uno que me diga "¡El pan no engorda! ¡Engordas tú que te lo tragas!" XD Además Serena usaba a Darien como escudo también, por eso creo que aceptar la muerte de los seres queridos siempre es tan difícil, es seguir la vida sin ésa persona. Bien caro salió la traición de Mina, por suerte parece que salvaron a Broly. Ya veremos qué pasó con Mina en el próximo Cap. Cuando se entere del accidente de nuestro Broly pechocho. Nappa ¿Cómo no amarte? ¡No imposible! ¡Te amoooo! Jajaja Viejo zabrotzo, envidia de la Ami, es la Reina, se roban el show siempre porque son una relación de gran envergadura, :v Yo también quiero un Señor XXL que me lo de todo todito y hasta para repetir y repartir *baba_en_teclado* Y ahí habló la sabiduría, Nappa dijo "O se hacen la asesinación o se hacen la zabrozación, lo que Dios quiera". Seiya parece haber aceptado varias cosas, en especial el golpe, así como el Vergeta. Qué bueno, lo importante es que se entienda, son muchas emociones y participaciones. Me encanta cada pareja y sus participaciones, así sea en una pieza de baile o ricos coqueteos. Una alegría ver tus rws, un beso grande mi ciela!