Disclaimer:Craig Bartlett es el creador y él y Nickelodeon tienen los derechos del programa.


¡Hola! Si eres nuevo, te recomiendo leer primero mis fanfics "Hillwood Tales" y "¡Bienvenidos al campamento de los linces valientes!" Para que puedas comprender mejor la historia.

1. (41) ¡Este mundo está loco, loco!

La secundaria... un lugar más grande, profesores más estúpidos, otros no deseados, otros simplemente... insoportables... Algunos de los compañeros de siempre, otros nuevos... todo esto es un desastre...

Alrededor de Helga, quién llevaba un incómodo vestido verde, estaban Eugene intentando escapar por lo que parecía un animal, Rhonda y Angela peleándose y una profesora aterrorizada intentando detener a todos los alumnos.

Pero sí, lo sé, tengo que empezar por "el principio" como decía aquella cursi canción de aquel viejo musical.

Fue en una mañana de septiembre... 6... empezaba el 7º curso y, como siempre, estaba de mi mejor humor para empezar una nueva etapa en mi no tan miserable vida.

- Helga, linda, ¡es hora de despertar! - La voz de su abuela, llamando a la puerta, casi interrumpió sus sueños.

- Oh Arnold... sí quiero casarme contigo, oh mi amor... - Dijo, ignorando por completo la realidad que la rodeaba, y por supuesto, la hora.

- Helga... llegarás tarde, y este es tu primer día...

- Oh Arnold... pastrami...

- Oh, esa chica. - La anciana suspiró rendida, tomó aire y gritó con todas sus fuerzas. - Sí Arnold, ¡todavía está durmiendo!

- ¿Arnold está aquí? ¡Criminal! ¡Ya voy!

La aterrorizada adolescente rubia, salió disparada de la cama, cayendo al suelo, con las sábanas habiendo ganado la batalla, enredadas alrededor de sus piernas.

Sí, iba tarde el primer día, pero no era culpa mía, quiero decir, mi nueva cama es tan cómoda y la última semana no pude disfrutarla porque tenía que pasar mis últimos días de vacaciones en ese estúpido campamento de verano y, demonios, no tengo cama desde hace un par de años... Sólo estaba disfrutando del giro de los acontecimientos.

- No te preocupes, no está aquí, sólo ha sido una pequeña treta, ¡pero ahora estás despierta! - Gerry se rió. - Pero Phoebe está aquí.

- Gracias, señora Viksten. - Cruzó la puerta con una gran sonrisa en su rostro.

- Por favor, cariño, llámame Gerry. Bueno, te espero en el comedor. - Cerró la puerta, dejando a las amigas solas.

- Parece que hubo un tornado aquí, ¿está todo bien?

- Si Pheebs, solo fue mi abuela y sus bromas matutinas. Hey te ves diferente, ¿eh?

- Oh, lo dices por mi vestido... Sí... Es nuevo... ya sabes, nueva escuela, nuevo año... Creí que sería un buen cambio... ¿Qué te parece?

La miré de pies a cabeza. Parecía un poco nerviosa esperando mi respuesta. Oh mi querida amiga, ella nunca entendería que es hermosa, no importa la ropa que use... pero tengo que admitir que este nuevo y moderno vestido rojo con cuello blanco, le queda increíble, parece mayor ahora.

- Rojo Pheebs, ¡un gran cambio! ¡Te ves más sexy! ¡Gerald no podrá respirar cuando te mire!

- ¿Tú crees? - La cara de la chica estaba totalmente más relajada. - Quiero decir, usé el azul durante mucho tiempo, pero, ya sabes, después de nuestra aventura en el Campamento, busqué algo totalmente diferente.

- No te preocupes Pheebs, no te queda ni pizca de esa loca y sí, ese cambio te queda genial. - Helga abrió el armario y empezó a buscar su vestido clásico.

- ¿Tú también estrenarás? Ya sabes... para impresionar a cierto mantecado...

- ¡Caramba Pheebs, hace tanto que no lo llamamos así! Y no... en realidad voy a llevar mi clásico, ya sabes, mi vestido rosa, es mi sello.

- ¡Perfecto! Entonces iré abajo y te esperaré con Gerry, ¡nos vemos!

Un cambio... esa palabra ha estado cruzando mi mente todo el verano... todas las chicas empezaron a saltarse los partidos de baseball o cualquier actividad para ir a "su gran viaje al centro comercial" para encontrar su nuevo estilo de la secundaria. Tan estúpido... tan vanal... inútil... Pero ¿por qué de repente es demasiado importante para mí también?

Y la razón tiene nombre y apellido... Arnold Shortman... Sí, es un novio excelente, nunca me pidió que cambiara mi aspecto, pero no soy estúpida, mis ojos funcionan perfectamente... ¡Él había cambiado durante el verano y todas esas chicas estúpidas empezaron a mirarlo! Lo sé... es guapo... pero... no sé.. Nunca he querido cambiar. No sé cómo hacerlo. Quiero decir, una vez intenté ser más femenina y empecé a maquillarme y fue un desastre... Phoebe estaría más que encantada de ayudarme, y sabe lo que hace, pero una barrera de vergüenza me impidió pedirle ayuda. Una vez la abuela me dijo que me compraría cualquier cosa que le pidiera... pero esa estúpida barrera de vergüenza otra vez.

- ¿Todo bien, cariño? - Gritó Gerry.

- Sí, ya voy.

La chica respiró hondo. Recordó que su abuela le había comprado ropa como regalo de bienvenida. Miró un poco y sintió que aunque era ropa buena que seguramente Rhonda o su nueva compañera presumida Angela, adularían, a sus ojos, parecía ropa de payaso.

- ¡Maldito canon de etiquetas de belleza de la sociedad consumista! - resopló la chica antes de coger un par de jeans ajustados y una blusa rosa. Indecisa sobre qué hacer con su pelo, se lo ató lo mejor que pudo y se apresuró a bajar las escaleras para, por primera vez en su vida, empezar el año escolar con un desayuno equilibrado. En la gran mesa del comedor, su abuela y Phoebe charlaban disfrutando de unos huevos con jugo de naranja.

- Has tardado demasiado, cariño. ¿Jugo?

- Gracias, abuela. - Helga esperó algún comentario de su abuela sobre su aspecto, pero no llegó ninguno. Después de un par de bocados incómodos, ambas adolescentes partieron hacia su nuevo comienzo.

- ¿Segura que no quieres que las lleve en la camioneta?

- Está cerca abuela, no te preocupes. Nos vemos luego.

- Que tengan un buen día. - Gerry sonrió a las chicas.

- Cuanto más tiempo paso con tu abuela, más te veo en ella.

- Es la primera vez que no me siento insultada por una comparación con un familiar. - bromeó Helga.

- Oye, veo que te has decidido por un... ¿cambio de última hora?

- Se ve horrible, ¿verdad?

- No, es que...

- ¡Hermanita bebé, hola hermanita bebé! ¡Aquí! - Una voz aguda y molesta les llamó de repente.

- Oh por favor no, oh por favor no...- La rubia suplicó a sí misma.

- ¡Hola mis nuevas alumnas de secundaria! ¡Yo seré su chofer hoy!

- ¿No tienes que ir a la PS 118 a trabajar ni nada? ¿Eh?

- ¡No seas tonta hermanita bebé! ¡Siempre estaré disponible para pasar un rato contigo! ¡Así que ven aquí conmigo!

- ¿Crees que si grito fuerte a la policía vendrán en mi ayuda? - Gritó la chica antes de subir al coche de su hermana.


- "Cuando no estás de acuerdo en algo con tus padres, tienes derecho a hablarlo con ellos, y ellos tienen que escucharte. Ya no eres un niño y puedes empezar a tomar tus propias decisiones".

- Bueno... suena... ¿fácil? - El rubio jugó un poco con sus dedos, tratando de calmar sus nervios, meditando y repitiendo en su mente las palabras que la doctora Bliss había dicho en su última cita. Aunque no era tan frecuente como Helga, Arnold aún solía visitarla. Cambiar el papel de ser el "ayudado" y no el "ayudante" a veces resultaba gratificante. Al oír los pasos que se acercaban a su habitación recuperada, se tensó un poco.

- Tranquilo, Shortman. Sólo soy yo.

- Hola, abuelo.

- ¿Nervioso por la nueva escuela?

- No, estoy algo tranquilo, sobre todo desde que conocí a los nuevos en el campamento... el problema realmente es...

- Tu animoso séquito para llevarte a la escuela, ¿eh? - El anciano rió un poco ante la expresión atormentada de su joven nieto. - Si quieres, puedo ayudarte con eso.

- No abuelo, creo que puedo hacerlo... Tengo que aprender a decir que no...

- ¿Y cómo defenderte de Helga?

- Un paso a la vez.

- ¡Hola Campeón! ¿Listo? ¿Tu gran día está a punto de empezar? - La alegre voz de Miles interrumpió la risa de su padre.

- ¡Hola de nuevo hijo! Empacamos tu almuerzo y puse algo de dinero en tu mochila. ¡Bonita foto de Helga en tu cartera! - Stella sonrió tiernamente, haciendo que su hijo se sintiera aún más incómodo.

- Mamá, Papá... Tengo que decirles algo... Es algo fuerte. - Dijo, tratando de reunir las palabras.

- Sabes qué puedes contarnos cualquier cosa Campeón.

- Yo, es que... Yo... Ya no quiero que me lleven o me recojan de la escuela... Creo que soy demasiado mayor para que me recojan... - Dijo rápidamente y gritó lo más fuerte que pudo, temiendo perder el valor. Ante el silencio, abrió los ojos temeroso, para enfrentarse a sus padres. Pero en lugar de un rostro lleno de lágrimas, se encontró con sus cálidas sonrisas.

- ¿Era eso lo que te preocupaba, hijo? - Dijo su madre con dulzura. Cuando su hijo asintió, ella continuó. - Arnold, creo que tienes razón, eres demasiado mayor para que tus padres te lleven a la escuela secundaria. Nos veremos luego en la cena, cuando volvamos del trabajo.

- ¿De verdad? Gracias. ¡Ustedes son los mejores! Esperaré a Gerald afuera.

Arnold salió corriendo a toda prisa. Tomó su mochila y bajó corriendo las escaleras. Se paró en seco un momento, volvió a subir, dio un beso a sus padres y se puso en marcha. Al abrir la puerta, y liberar a los animales restaurados que vivían allí, se encontró con su mejor amigo esperándolo.

- ¡Eh, hermano! ¿Están listos tus padres para llevarnos?

- No, a partir de este año iremos solos. - Sonrió orgulloso a su mejor amigo.

-Demonios... No quería caminar.

Arnold le dio una palmada juguetona en el hombro y emprendieron el camino, ahora más largo, hacia la que sería su nueva escuela durante los próximos años.


- Y entonces, en mi quinto día en la secundaria, tuve que tomar mi primera decisión importante... ir al baile de bienvenida con Randall o John... fue tan difícil para mí...

- Olga, me muero por saber de tu súper interesante vida en la secundaria, pero ¿Podemos irnos antes del baile de graduación?

- ¡Oh, estamos aquí! ¡El tiempo siempre vuela con ustedes chicas! Que tengas un buen día y... Helga, cariño, sólo una pregunta... ¿Por qué llevas esos jeans con esa blusa?

- ¿Qué... está... mal?

- Helga, sería mejor si nos vamos ahora, llegaríamos tarde si...

- Oh no te preocupes Pheebs, tenemos alrededor de... 30 minutos, ¡perfecto! Lo tomaré, ¡empezando ahora! ¡Nos vemos!

- Pero...- Phoebe se quedó de piedra, viendo como Olga se llevaba a su mejor amiga... - Dios... eso va a ser un desastre... Será mejor que piense algo y recoja nuestros horarios.

La chica entró, admirando lo notablemente más grande que era la nueva institución. Todos los casilleros eran verdes y azules, con linces por todas partes.

Suspiró para darse ánimos, mientras se acercaba a la ventana de la administración.

Segundos después, cientos de estudiantes seguían entrando, algunos, haciendo evidente que eran alumnos de primer semestre, más nerviosos que otros, otros más que volvían a saludarse con desánimo.

- ¡Este va a ser mi año! ¡Todo será genial en esta nueva aventura! - Una enorme puerta golpeó a Eugene, revelando a Angela caminando enérgicamente con Penny detrás de ella.

- Vamos Penny, tenemos Ciencias a primera hora, y dicen que la profesora Ruth es una cretina. - Sin decir palabra, la chica que estaba a su lado suspiró molesta, mientras cargaba con los horarios de ambas.

- ¿Puedes creer lo engreída que es esa chica, Nadine? - Rhonda apareció de repente, empujando de nuevo a Eugene al suelo. - Tratando a su pobre amiga como a una pobre secretaria.

- Sí... suena horrible... -Su amiga puso los ojos en blanco con sarcasmo.

- Y esa falda lavanda... agh... Odio admitirlo... ¡pero le queda bien, aunque no tanto como mi nuevo conjunto que me compré en París!

El pelirrojo estaba a punto de levantarse mientras veía a las chicas alejarse. Caminó un poco hacia el pasillo principal, y se agarró a lo que parecía su casillero. Justo cuando se echó hacia atrás, un chico más alto que él abrió el casillero contiguo al suyo, haciéndole caer por tercera vez esta mañana.

- ¡Cuidado, gusano! - Bramó el chico y se fue tan rápido como había venido.

- Si yo fuera tú, tendría cuidado con James... no es muy amistoso... Soy Carl. - El chico le tendió una mano para ayudarle a levantarse.

- Ah sí, ¡te recuerdo del campamento! ¡Soy Eugene!

- Me acuerdo de ti... ¿Eres ese tipo al que su equipo tiró a los arbustos en la carrera de la búsqueda del tesoro?

- Sí, ese soy yo...

- Oye, ¿qué pasó después? ¿Por qué cancelaron 3 días antes del campamento y qué tuvo que ver Constance?

- Créeme. No querrás saberlo.

En medio de la multitud de adolescentes, un rubio y un moreno entraron, buscando entre la multitud a sus dos novias.

- No las veo por ninguna parte... ¿Tendrían algún problema?

- Tranquilo Arnie, es de Phoebe y Helga de quienes estamos hablando, la escuela debería estar preocupada por ellas, no al revés.

- ¡Hola nene! ¿Cómo estás? - Su novia le sorprendió con un abrazo.

- ¡Pheebs! ¡Por fin! - Un beso rápido fue su saludo. - ¡Te ves aún más increíble! ¿Dónde estabas?

- Recogiendo nuestros horarios... Aquí están los suyos. - Dijo ruborizándose ante la mirada del chico.

- ¡Santos discos de Pop Daddy! ¡Vaya problema! ¡Los cuatro casi no tenemos materias juntos! - Su expresión cambió rápidamente de coqueta a asustada.

- Tenía que pasar, amor. ¡Hola Arnold!

- ¡Hola! Oye... ¿Dónde está Helga? ¿Fue al baño o algo así?

- En realidad no... tuvimos un encuentro cercano y no deseado con Olga al salir esta mañana... no debería tomar mucho tiempo antes de que la traiga de vuelta.

- ¿Traerla de vuelta? ¿De dónde?

- Yo... Realmente no lo sé...

- ¡Vamos jóvenes, todos a sus aulas, la campana está a punto de sonar! - La voz amarga y familiar de la profesora se alzó entre la multitud.

- ¡Señorita Meyer! - dijo Arnold con sorpresa.

- Pero si son los jóvenes campistas... ¿Va todo bien?

- Eso parece. - Dijo Phoebe incómoda.

- Excelente... así que busquen su aula... El timbre está a punto de sonar, y esto no es la escuela primaria. Y... buena suerte. - Dijo guiñando un ojo y desapareciendo tan pronto como había llegado.

- Sigue siendo tan...

- ¿Peculiar?

- Si quieres llamarla así. - Gerald levantó los hombros. Sin decidirse a indagar más en la extraña maestra, el trío se dirigió rápidamente a su aula, la 103, por suerte para ellos, la primera clase era la que los cuatro compartían con otros 7 alumnos... Ciencias.

- ¡Genial! Encontramos nuestros casilleros y el aula, ¡creo que está resultando un primer día exitoso! - dijo Gerald con orgullo.

- Todavía no, falta Helga. Será mejor si voy a...

La puerta se abrió de repente, dejando ver a una chica rubia y alta, con su larga cabellera ondulada al viento, una ligera y oportuna brisa agitó la falda de su vestido verde, mientras trataba de mantener el equilibrio sobre sus incómodos zapatos de tacón.

- Creo que está aquí... - dijo Gerald a su amigo, tan sorprendido como él. Helga no dijo nada, se limitó a tomar asiento junto a Phoebe y delante de Arnold.

- Hola... Yo...

- Parece que estás en el jardín de niños y no en la secundaria Arnold, aprende a hablar. - Dijo su novia tratando de hundirse en su asiento. - ¡Y tú Stinko! ¡Toma una foto y durará más!

- ¡Lo siento señorita Pataki! - Dijo completamente asustado. Poco a poco los demás retomaron sus propias conversaciones.

- Y ustedes, no digan nada. - Bramó molesta.

- ¿Ni siquiera si es un cumplido? - se atrevió a preguntar su novio.

- ¡Especialmente si es un cumplido!

La puerta se abrió una vez más. La persona que entró, dejó sorprendida a la mitad de la clase, era una cara que todos conocían perfectamente.

- ¡Buenos días, mi muy especial clase! ¡Y bienvenidos a su primer día en la Escuela Secundaria Bartlett!

- ¡Señor Simmons!. - Dijeron todos al unísono.

- Es tan bueno verlos a todos y cada uno de ustedes.

- Sr. Simmons, usted sabe que esto no es PS 118, ¿verdad?

- No te preocupes Gerald, lo sé. Sucede que mis jefes decidieron asignarme a un grado superior debido a mis excelentes técnicas de enseñanza. ¡Será un placer enseñarles Ciencias y ser su profesor tutor este semestre!

- ¿Es un animal lo que tienes ahí? - preguntó Carl con curiosidad, dirigiendo la mirada de todos hacia una caja transportadora.

- No te preocupes, es algo que el departamento de la escuela...

- Simmons, Wong quiere verte un momento. - La señorita Meyer interrumpió un momento.

- Por supuesto, compañera. Bueno chicos, empiecen a leer el capítulo 1, pueden tomar un libro de mi escritorio y lo discutiremos cuando regrese, veré que necesita la jefa.

Un segundo después de que el profesor se marchara, las voces jóvenes llenaron el aula. Algunos siguieron las instrucciones de Simmons y empezaron a recoger sus libros. Arnold tomó dos y le dio el extra a su novia.

- Aquí tienes ángel.

-Sí, sí... como quieras.

- ¿Todo bien?

- Sí... solo lee tu libro y ya.

- Pensé que el acto de la chica malhumorada y enemiga se había quedado en PS 118.

- Bueno, entonces no presiones Arnold.

- No tendría que hacerlo, si sólo me explicas lo que está pasando... Quiero decir, ni siquiera me saludaste.

- Solo llegué tarde, eso es todo, no pasa nada.

- ¿Entonces por qué el humor?

- Porque... - Cuando la chica se giró para contestar a Arnold, se dio cuenta de la mirada coqueta y descarada que Angela le dirigía al chico. Parecía que todos habían decidido actualizar su imagen. Arnold incluido, y no había pasado desapercibido para el sector femenino del colegio. - ¡No es nada! ¡Déjame en paz!

La chica tomó el libro entre sus manos, hasta que notó que era el libro del profesor. Suspiró más que molesta. Tuvo que levantarse de nuevo, sintiendo un mar de miradas sobre ella.

- Estúpida Olga... ¡Esto lo pagarás caro! - Pensó para sus adentros.

De repente, una extraña cadena de acontecimientos tuvo lugar en el Aula 103... alrededor de las 8:10 de la mañana... Eugene charlaba con Carl, su nuevo amigo, mientras buscaban sus libros, Helga pasó junto a ellos, perdiendo el equilibrio un par de veces.

Carl se agachó para husmear un poco en la caja transportadora. Cuando Helga estaba a punto de darse la vuelta para volver a su asiento, el chico agachado la derribó, haciendo que la caja transportadora se abriera, liberando su contenido.

- ¡Una serpiente! - gritó Rhonda a pleno pulmón, sobresaltado al animal en cuestión y a sus compañeros.

- Atrápala Nadine, ¡te encantan los animales!

- ¡Eso no es un insecto, Rhonda! - gritó su amiga. Iniciando una mini estampida, los alumnos salieron corriendo a toda prisa.

Eugene, Carl y Helga, sintieron que todos les pasaban casi por encima. Poco a poco, el hermoso arreglo de Helga se fue perdiendo.

- ¿Te encuentras bien? - Preocupado, Arnold la tomó de la mano para ayudarla a levantarse y salir del aula.

Eugene y Carl los siguieron, cerrando la puerta tras ellos, pero activando accidentalmente la alarma de incendios, que empezó a rociar a todos los alumnos, haciendo que todos huyeran despavoridos.

- ¿Quién es el culpable? - Gritó la directora con voz potente.

- Por favor, que no sea mi grupo, por favor, que no sea mi grupo. - suplicó Simmons mientras salía de la oficina de la directora para seguir las instrucciones de evacuación.

Tras una rápida investigación de los hechos, una inesperada visita de los bomberos y una larga reprimenda de la directora en el auditorio, los alumnos se prepararon para ir a la cafetería a almorzar.

Helga miró a su alrededor, ahora todas las chicas tenían el maquillaje corrido y la ropa sucia. Incluso ella era la que peor aspecto tenía, y algo en su interior la hizo sentirse mejor, sonriendo un poco.

- Hasta que te vea feliz hoy... ¿Me vas a decir qué fue todo eso o tiene que venir la policía a hacerte hablar?

- Lo siento Arnold... es que...

- ¿La presión de los cambios, ver como todo el mundo se preocupaba por la apariencia, cosa que a ti no te importaba, y la presión social en su máxima expresión?...

- De hecho... Llevo todo el verano dándole vueltas... Sí creía que necesitaba un cambio, más que por la escuela, por mi nueva casa, mi nueva vida, todo eso... es que... Lo intenté tantas veces que... No me sentía yo misma... No sé... los demás parecían saber exactamente qué hacer y yo... Yo estaba tan atrás de ustedes...

- Helga, ángel, ninguno de nosotros sabe lo que está haciendo. Todo esto es nuevo para nosotros también. Sólo llevo esto porque lo viejo dejó de quedarme bien este verano... - dijo tímidamente. - Pero para serte sincero, fue elección de mamá, no mía. Si tienes alguna duda con esto, sé que Phoebe y Gerry te conocen mejor que nadie y te ayudarán a conocerte.

- ¿Tú crees?... Es que son tantos cambios... Siempre los quise, pero ahora que son una realidad... una casa nueva, alguien que me quiere y se preocupa por mí, una escuela mejor, lista para empezar de cero, amigos y tú... Todavía me parece irreal y que puedo estropearlo todo, ni siquiera sé quién soy ahora mismo...

- Eres la misma chica dulce, inteligente, valiente, honesta, con el corazón más puro que he conocido y que siempre estuvo ahí, solo que por fin lo estás dejando salir... Sigues siendo tú, no te preocupes, nada hará que me vaya de tu lado, aunque hagas un escándalo de este tamaño para evitarme. - El chico le guiñó un ojo para burlarse de ella. - Estamos juntos en esto... Vamos a descubrir quiénes somos junto a todos estos locos, ¿qué me dices?

- Que se avecinan muchos desastres como este.

- ¡Y la vida sería aburrida sin ellos!

Y sí... estaba guapo con esos pantalones de mezclilla y su camisa de cuadros totalmente a la vista... Ese era Arnold Shortman, el chico del que había estado enamorada desde que tengo memoria... Fue en ese momento cuando me di cuenta de que ya sabía lo que me iba a decir, le conocía demasiado bien... pero... quizás había llegado el momento de conocerme a mí misma....

Este verano me había dado cuenta de lo poco que sabía de mí misma, no cosas triviales como mis gustos, más allá de eso... ahora que estaba a salvo y con Arnold... ¿Qué quería ahora? ¿Qué era lo siguiente para mí? ¿Mi existencia sólo giraba en torno a mi novio?

No podía ser así... ya no... él se merece una persona completa... Yo merezco estar completa... Y estaba decidida a conocerme... Esta era una gran oportunidad.

Helga suspiró nerviosa. Levantó la vista y observó con calma su reflejo en el espejo. Llevaba un jumper-vestido rosa claro, una blusa negra, zapatillas blancas y el pelo recogido en una coleta.

- Así... ¡mucho mejor! ¡Gracias chicas!

- Para eso están las mejores amigas.

- Y las abuelas. - Gerry sonrió con orgullo.

Todavía no sabía muy bien quién era... más allá de los Patakis, más allá de Arnold o de mis amigos... pero debía de ser genial para rodearme de gente tan especial como ésta... Demonios, el sentimentalismo de los Shortman se contagia...

FIN


Bueno chicos, ¡bienvenidos a esta nueva aventura! Nuestros héroes ya son mayores y se enfrentarán a nuevas batallas... ¿Qué les parece? Simmons tenía que volver para esto... es como un homenaje al Sr. Feeny de Aprendiendo a vivir, el profesor que nunca cambia... ¡Feliz aniversario mis cabezas de balón! ¡Hace un año comencé esta aventura de Hillwood Tales! Si todavía siguen aquí conmigo... ¡gracias! Lo dedico a ustedes.