Disclaimer:Craig Bartlett es el creador y él y Nickelodeon tienen los derechos del programa.


3. (43) El caro precio de seguir adelante - Continuar

— Casa Hogar: Momentos Felices – Domingo 19 de septiembre de 1999 - 11 am

- Así que, sus nombres son Douglas y Emily Mackay, ¿verdad? de ¿Escocia?

- Sí señorita Pataki. - Dijo la gentil, pero nerviosa mujer de rizado cabello rojo. - De Inverness, para ser específicos.

- ¿Cuánto hace que se conocen Craig?

- No lo recuerdo pero...

- ¡Aja! Doug, si fuiste asignado cósmicamente como el nuevo padre de Craig, recordarias...

- Espera, por supuesto que recuerdo la fecha, fue el 24 de agosto, solo que no recuerdo el número exacto de días.

- Son 26 días cariño. - Sonrió.

- Oh bien Emily, ¡gracias! Siempre fuiste mejor con los números y...

- Ok, ok... otra perspectiva diferente... ¿Por qué Craig? Ahora hay aquí alrededor de 12 niños más y...

- Señorita Pataki, sé que realmente se preocupa por él, pero tengo que decir que cuando lo conocí, me enamoré de él, desde el primer segundo. Es fuerte, inteligente, creativo y honesto. Quiero ser su mamá y puedo esperar a que nos conozca mejor.

- Ok Helga, basta de interrogatorios, el Sr. y la Sra. Mackay tienen muchas cosas que hacer y...

- Si están tan ocupados, sería muy difícil cuidar de un niño como Craig. - La rubia interrumpió a la señora Scott y su urgente necesidad de que la pareja se llevara al "pequeño demonio" como ella siempre se refería a él.

- Oh no te preocupes, somos profesores de medio tiempo, así que tenemos suficiente...

- Sí, sí, eres perfecto, bien señor y señora Little, era todo por hoy, voy a ir con Stuart.

Helga suspiró rendida, mientras cerraba la puerta de la oficina tras de sí. Para su suerte, Arnold estaba allí esperándola, o se suponía que estaba.

Desde que ella le había dado la noticia la tarde anterior, el joven no había dejado de llorar, apenas podía dormir. Ahora estaba allí de pie, mirando fijamente a la ventana, con los ojos llorosos y su inusual ropa negra reflejando su pena.

- Hoy ya hemos terminado. Tienen "cosas que hacer".

- ¿Averiguaste algo? - Se volvió para mirarla.

- Nada para nuestra desgracia. Por ahora están totalmente limpios. Es que... no puede haber nadie tan perfecto, quiero decir, ni siquiera Olga o Lila, Miss Perfección 98 y 99, respectivamente, lo son tanto.

- Y pensar que Bernie tenía una buena idea para compartir con nosotros. - Su semblante volvió a ensombrecer.

- Y te apuesto a que era la solución exacta al problema. Siento mucho que no haya podido decírnoslo.

- Está bien, debemos irnos ya. El servicio será corto... tenemos que ser fuertes por Sheena y su madre.

- Ese es mi chico, siempre pensando en los demás, vamos Sr. Corazón de Oro.

Anoche fue una pesadilla total, no podía dejar de llorar y soñar que estaba con ella, primero en el asilo, luego en esa hermosa fiesta de navidad, pero de repente, desaparecía, quería correr tras ella, advertirle que no tomara esa siesta... pero siempre despertaba sin ella, y enfrentando el hecho de que ya no estaba.

Pero ahora mis sentimientos no importaban, si me dolía a mí que era su amigo, como decía Helga, no me podía imaginar lo que sentirían Sheena y Sara.

Pero cuando llegamos, me quedé con la boca abierta por la sorpresa. Había una fiesta prácticamente delante de mí. Las margaritas caían por las paredes en guirnaldas, había música tribal y todo el mundo llevaba más flores y ropa blanca. Pero lo que más me sorprendió fue la siguiente conversación con Sheena.

- Hola, Arnold. Gracias por venir. - La chica sonrió alegremente y colocó un collar de flores alrededor del cuello de Arnold. - ¿Por qué estás tan triste?

- ¿Yo? Bueno, porque...

- ¡Sheena! - Eugene, su mejor amigo, la llamó desde lejos. - Tu madre está a punto de partir el pastel, ¡Consiguió el pastel de coco!

- Excelente, ya voy. Bueno chicos, me tengo que ir, sírvanse lo que quieran.

De repente, solo Helga y unos segundos después, Phoebe y Gerald y yo, estábamos vestidos de negro, los únicos con caras largas, en lo que se suponía que era un funeral.

- Hola Arnold, ¿cómo te encuentras? - preguntó Phoebe mientras se colocaba junto a sus amigos.

- Estoy bien... lo que no entiendo es...

- ¿Por qué está todo el mundo tan contento? Phoebe me estaba explicando que en algunas corrientes hippies, la muerte es una... ¿cómo dijiste nena?

- "Celebración de la trascendencia del alma", es decir, están felices porque Bernie pasó de este plano mundano al cósmico. Por eso es el color blanco, de la alegría y el júbilo.

- ¿Alegría y júbilo?... - preguntó Arnold, asombrado. Miró a su alrededor y vio a todos los presentes, la familia de su difunta amiga, comiendo y disfrutando, algunos incluso bailando, sintió que se le partía el corazón.

- Es una forma bastante tierna de afrontar una pérdida, ¿no crees?- intentó añadir Phoebe ante el ceño fruncido de Arnold.

- Iré a tomar el aire al balcón. - El chico cruzó la habitación, esquivando a la gente que le rodeaba.

- No se lo está tomando bien, ¿eh?.

- No, Gerald, se lo está tomando mal, no sé cómo animarlo.

- Creía que eras especialista en ese campo.

- ¡Gerald! - Las chicas lo regañaron.

- En fin... Ha estado ensimismado todo este tiempo, incluso me acompañó a dejar a Craig de regreso, pero no dijo ni una palabra.

- Mmm, pobre de mi hermano, debe estar sufriendo mucho.

Y Gerald no podía tener más razón. Estaba sufriendo y mucho, aunque en aquel momento no quería admitirlo.

Lo que siguió a la ceremonia fue un infierno para mí... sólo por estar viviéndolo todo...

Fue al atardecer, nunca lo olvidaré, cuando por fin llegamos al cementerio, después de horas de celebración.

Lo que parecía un guía, comenzó un doloroso discurso sobre recordar los buenos momentos con ella, las risas, las bromas, los cumpleaños... cada bonito recuerdo era ahora un pequeño puñal en mi corazón. Pero el peor momento, sin duda, fue cuando el ataúd descendía a la tierra.

Nunca había perdido a nadie, ni siquiera a una mascota. Era la primera vez que la muerte y yo nos encontrábamos cara a cara, y ahora estaba perdiendo la batalla.

Perdí la cuenta de cuántas veces me contuve para no llorar, y cuántas más fracasé.

Aquel fin de semana me pareció un solo día eterno. Las horas nunca habían pasado tan despacio...

Desde el final del verano, Gerald me había pedido ayuda para animar a Phoebe, ni hablar del caso de Craig... pero para mí los días siguientes no existían. No podía pensar en otra cosa que en Bernie y en lo que podría estar diciéndole y, por primera vez, me sentí aterrorizado, mi abuela, mi abuelo, mis padres... Gerald... Helga...

Todos parecían tan vulnerables ahora, qué... ¿qué pasaría si no pudiera...?

- ¿Arnold? ¿Cómo estás?

* Nota: Nunca preguntes a alguien en luto: "¿Cómo estás?". Es trillado e irónico responder.

- Estoy bien Gerald. - Falso, pero todos odian escuchar la verdad.

- Ok porque… estuviste mirando tu casillero por al menos 15 minutos. Mucho tiempo libre, ¿eh?

- Supongo que me puse a pensar, eso es todo.

- Claro. - Incómodo, Arnold incomodaba a sus amigos, o eso creía, por eso se había exiliado. - Helga tiene un nuevo plan para Craig, dice que esta vez no fallará.

- ¿En serio? ¿Qué pasó con él "tratando mal a los McGray"?

- Son los Mackays, y eso fue la semana pasada, como hace tres planes. De todos modos, dice que este es el indicado... ¿vas a la reunión?

Ambos se detuvieron frente a la puerta del laboratorio, el cabeza de balón tenía ciencias en la última hora.

- No lo creo, pronto empezarán los exámenes y...

- Arnie, viejo, no nos has visto en semanas... te extrañamos... eso no la traerá de vuelta...

- Muy bien, ahí estaré.

- ¡Nos vemos allí!

- Bueno, ¿lo convenciste?

- ¡Sí, ya se ha ido a su clase y eso es hermana, Arnold viene! Parece que un toque del gran Gerald convence más a Arnold que los besos Pataki...

Apenas dijo eso el moreno se dio cuenta de lo mal que había sonado cuando algunas chicas se burlaron de él.

- Ok... Consigan un cuarto, en fin, vamos, habrá que planearlo todo muy bien.

Los tres mejores amigos de Arnold no perdieron el tiempo. Ese "sí" del rubio les llevó casi 3 semanas de espera, y no iban a desaprovechar la oportunidad.

Al principio habían querido acercarse a él, pero Arnold los había repelido a todos, llegó un punto en que las dos chicas y Gerald ya no sabían cómo acercarse a él. Ni siquiera Phil y sus bromas e historias, para nada inventadas y 100% reales, parecían animarle, al contrario, parecían tener el efecto contrario en él.

Por eso esta ocasión era oro puro. Prepararon su comida favorita, su música de jazz de fondo y un montón de papeles de sus planes por todos lados, algo... casual.

- ¿Hola, chicos?

- Hola Arnold, guapo, ¡pasa! - saludó Helga alegre y torpemente.

- ¿Quieres pizza viejo, o una yahoo?

- Vengo de comer... Háblenme del plan.

- Oh, sí, claro... - Helga se aclaró la garganta. - Verás, hemos probado 235 planes desde tu última asistencia y...

- ¡235! - Dijo, casi gritando.

- Sí, lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas...

- Espera... han tenido 235 reuniones para este plan... ¿y no han tenido tiempo de visitarme? - Bramó molesto el hombre de ojos verdes.

- Arnold, queríamos hacerlo, pero...

- Olvídalo Phoebe, lo entiendo todo.

- ¡Espera Arnold! ¡Ya basta! Claro que nos importaba verte, claro que te echábamos de menos... Claro que odiábamos que Bernie muriera cuando por fin todo iba bien... Es sólo que no sabíamos qué decirte... Estabas tan triste. - La dulce voz de Helga empezaba a quebrarse, pasó de profunda a completamente rota. - Todo se juntó, Bernie, Craig, tu tristeza... mi mismo miedo a perder a mi abuela... mi miedo a perderte a ti, a no saber cómo serte útil en tu dolor.

A Arnold le temblaron las piernas y se volvió para mirar a su novia.

- Yo... No quería un discurso, sólo... Quería que ustedes... Fui egoísta... Lo siento, lo siento... Yo... La extraño mucho, cada cosa me recuerda a ella y parece que nunca dejará de dolerme.

Arnold y Helga se dejaron caer al suelo, fundiéndose en un abrazo lleno de comprensión y consuelo mutuos. Unos minutos después, Gerald y Phoebe se unieron al abrazo.

A veces la depresión nos hace aislarnos, lo pinta todo de negro, pero ante una pérdida tan dolorosa e inesperada, la luminosidad de los que se quedan es lo que te da fuerzas para seguir adelante, con su brillo, la oscuridad es más luminosa. Bernie me hubiera dicho que luchara, Craig, Helga, mis amigos y mi familia, todos eran temporales y sabía que algún día su ausencia me dolería... así que tenía que disfrutar de ellos ahora, ahora que están conmigo y hacer que valiera la pena... Después de todo, Bernie me dejó recuerdos, sabiduría y una gran amiga en Sheena, ahora vivirá siempre en mí.


— Casa Hogar: Momentos Felices – Martes 5 de octubre de 1999 - 7 pm

Era una tarde nublada, casi completamente oscura, y el cuarteto de amigos esperaba ansioso.

- De hecho Helga, en retrospectiva, este plan es el mejor. - Dijo Gerald, sorprendido.

- Y nunca lo habríamos conseguido sin el señor "Siempre hago lo correcto". - Le guiñó un ojo a su novio, haciendo que se sonrojara.

- ¡Qué quieres que te diga, Helga! A veces hacer lo correcto es justo lo que tienes que hacer y ...

- Cuidado hermana, ahí viene Scott.

La señora de traje gris con una rara sonrisa enorme en la cara los miró despectivamente cuando entraron en el orfanato.

- Hola Helga, ¿has venido a despedirte de Craig? Como sabrás, hoy es el último día para la adopción del demonio... Es decir, del pequeño Craig. - Scott sonrió triunfante.

- Oh sí señora, sé que hoy es el último día. Pero... No sé si será el día en que los pelos de zanahoria lo adopten... - Ella le respondió con una sonrisa maliciosa.

- ¿Qué...? ¿Qué quieres decir con eso? - Ella trató infructuosamente de ocultar su miedo.

- Señora Scott, hemos hablado con Craig, él no quiere ser... adoptado por nosotros...

- ¡Pero el juez dijo que si no eran ustedes lo transferirán!

- Sí, pero la que quiere adoptarlo ahora soy yo. - La voz victoriosa de la señora Viksten se unió a la conversación.

- Así es, MI abuela quiere unirlo a la familia, y siendo una heroína de guerra, entenderá que el gobierno no diga que no.

- Oh, lo que sea... ¡mientras me deje en paz ahora! ¡Vamos señora, firmemos los papeles!

- ¡Lo has conseguido Helga, les has ganado! - La felicitó alegremente Phoebe, mientras los cuatro sonreían y la abuela Viksten los miraba alegre.

Todo era felicidad, hasta que Helga miró las caras tristes de Doug y Emily. Poco a poco, su sonrisa se desvaneció, cambiando a un semblante sombrío.

Mi Helga siempre tuvo un corazón grande y generoso, aunque odie admitirlo, pero lo tuvo desde pequeña, y hubo momentos en que lo dejó ver sin querer. Como en primer año, cuando defendió a Phoebe de los matones, convirtiéndose en su mejor amiga, o las veces que defendió a Olga de quienes querían burlarse de su ingenuidad, por no hablar del apoyo que le dio a Gerald con la situación de Jamie O, o cuando la madre de Phoebe se fue, o el sinfín de veces que me ayudó, escuchó y consoló sin recibir nada a cambio.

Ahora la dulce pareja estaba a punto de probar la dulzura única e incomprensible de Helga G. Pataki.

Porque a veces, amar significa decir adiós, o en este caso, decir hasta luego, esa fue la lección que nos dejó el otoño del 99. Tuvimos que aprender que el amor no es egoísta, sino libre, buscando el bien de los demás sin buscar el propio.

Ella nunca lo dijo, pero sus ojos azules lo decían todo. Helga amaba a su abuela, era oro en su vida, sin embargo, ella siempre habría querido tener los padres que los escoceses querían ser para Craig, que ella no sería para Craig y él se merece…

- Espera Mackays, ¿puedo hablar con ustedes?

- No se preocupe señorita Pataki, será como dijimos al principio, si él no nos quiere, no le obligaremos a nada. - Dijo el señor abrazando a su esposa.

- Si lo adoptan... ¿prometen que... lo volveremos a ver... algún día?

- Si lo adoptas... ¿prometes que... lo volveremos a ver... algún día?

- ¡Claro que lo haremos! Nunca le separaríamos de sus amigos, ¿de dónde ha sacado esa idea? - Dijo la señora.

- Bueno, estaban planeando volver a Escocia y...

- Pero sólo de vacaciones, para que conociera a sus abuelos.

- ¿Craig tendría abuelos?

- Pues sí, claro, mis padres. - Doug sonrió.

- ¡Abuela, espera!- Helga corrió.

- No entiendo... ¿Qué ha pasado?

- No se preocupe, señora. - Arnold sonrió. - Pronto tendrán un hijo.

La pareja se sobresaltó un momento, sin comprender el cambio de suerte que les había deparado, y segundos después compartieron un abrazo.

El amor duele, y mucho, pero sin él la vida no tiene sentido... La echaré de menos para siempre, pero ahora entiendo esa hermosa fiesta con la que nos despedimos, la vida es alegría y aventura, y eso es lo que hace que merezca la pena vivir, lo frágil que es... hay que hacer que cada día valga la pena.

FIN


¡Y después de casi un mes, esa fue mi conclusión, me dolió mucho la pérdida y lo extrañaré por siempre, pero por siempre vivirá en mí... gracias por leer y espero sus comentarios!

P.D. ¿Notaron la referencia a How I met your mother en el episodio anterior?