Katniss Everdeen era una niña que vivía con su familia en el distrito 12. Vestía un lindo vestido rojo y dos trenzas en el cabello. Hoy había sido su primer día en el colegio y había cantado la canción del valle que su padre le había enseñado.

Como era su primer día, aún no tenía amigos, y era algo tímida, así que durante el recreo se había sentado en el patio del colegio bajo un árbol. Se encontraba sola, viendo a los niños corriendo por el patio.

Estaba tan distraída que no había notado que alguien se le había acercado.

- Hola, Katniss. - Dijo una voz.

La niña volteó a su mirada hacia la voz.

Había un hombre, de apariencia muy mayor y vestimenta bastante sencilla, llevaba consigo un rastrillo en las manos, con el cual estaba barriendo las hojas del piso.

Katniss se sintió un poco tímida pero le devolvió el saludo.

- Hola.

El hombre le dio una sonrisa gentil y continuó barriendo el suelo.

- ¿Usted sabe mi nombre? - Pregunta Katniss.

- Por supuesto. - El hombre le devolvió la sonrisa. - ¿Cómo podría no saberlo? - Continuaba barriendo tranquilamente.

La niña se sintió incómoda por esta pregunta, no recordaba haber visto jamás a este sujeto.

- Es usted, de la Veta, ¿señor?

El hombre dejó de barrer. Apoyó las manos sobre el rastrillo, mientras contemplaba la distancia.

- No soy de la Veta. Pero siempre estoy allá.

La niña lo miró aún más confundida.

- No... recuerdo haberlo visto por allá, señor.

- Oh. Yo siempre estoy allá. Siempre estoy aquí también. - El hombre se encogió de hombros. - Es solo que la gente no nota que estoy aquí. Muchos de echo prefieren ignorarme o actuar como si yo no existiera. Incluso muchos llegan a odiarme.

Katniss se quedó sorprendida por esto.

- ¿Por qué?

El hombre se encogió de hombros.

- Quizás solo me busquen si puedo serles de utilidad. Solo si puedo darles algo que quieren, o creen que quieren. Si necesitan algo, simplemente creen que debo dárselos, sino, entonces debo ser yo responsable cuando las cosas salgan mal. Quizás crean que solo merezco estar en sus vidas, solo, si hago todo lo que quieran. - No hay ninguna pizca de enojo o tristeza en la mirada del hombre, hay pura serenidad.

- Eso no es justo. - Katniss deja de lado su timidez, se para y se acerca al hombre.

- Quizás. - Nuevamente, el hombre solamente se encoge de hombros.

- ¡Usted no es dueño de sus vidas! - Katniss siente un pequeño fuego arder en su interior. - ¿Por qué debería usted ser responsable de ellas?

El hombre voltea a verla con atención.

- ¿Aunque pueda hacer algo?

- ¿Qué pueda hacerlo, acaso significa que deba hacerlo? - Katniss muestra una determinación con esta pregunta.

El hombre se le quedo viendo atentamente, y lentamente fue soltando una suave risa.

- Eres una niña muy lista, Katniss.

Katniss siente como se le calienta la cara de vergüenza, la timidez vuelve a ella.

- Pero ya hablamos suficiente de mí. - El hombre vuelve a darle una mirada serena. - Oí tu canto hoy en la escuela, fue muy hermoso.

La niña se sonroja por esto.

- Mi padre canta. Me gusta oírlo cantar.

- Quieres mucho a tu padre. - Dice el hombre.

Katniss asiente.

- También tienes una madre, y una hermanita, y las quieres mucho ¿no es así?

Katniss asiente de nuevo, con una pequeña sonrisa. Su familia tal vez sea pobre, pero los quiere a todos.

El hombre se inclina para estar al nivel de la niña.

- No soy dueño de sus vidas, como tú dijiste, Katniss. No resuelvo la vida de la gente. ¿Puedo, quiero, y debo hacerlo? ¿Quién sabe?.- Katniss lo vio extrañada por esto. - Pero, algo que si hago, es ofrecer un regalo.

- ¿Un regalo? - Katniss lo vio confundida.

- Así es. - El hombre asintió. - Yo ofrezco el regalo, y que luego alguien lo acepte o no, eso ya no dependerá de mí. ¿Te gustaría recibir un regalo Katniss?

- ¡¿Para mí!? - La niña se emocionó por esto. ¿A quien no le encantaban los regalos? - Pero... - Katniss dudó por un momento. - Mis padres me dicen que no acepte cosas de extraños.

- Tus padres hacen muy bien. - Asintió el hombre. - Pero este regalo no es un objeto, es solo un pequeño mensaje.

- ¿Un mensaje?

El hombre entonces sacó un pequeño papel y un bolígrafo de su bolsillo. Cuando terminó de escribir el mensaje, dobló el papel. Gentilmente, tomó la pequeña mano de Katniss y depositó el papel en ella.

- ¿Este es mi regalo? - La niña vio el diminuto trozo en su mano, realmente no parecía un gran regalo.

- Así es. - Asintió el hombre. La niña hizo un puchero, pero se guardó el papel en su bolsillo, se sentía un poco decepcionada - Pero no lo leas. - Dijo el hombre. - Mantenlo guardado contigo. Ábrelo solo cuando no encuentres salida en una situación.

En ese momento, se escucha el sonido de la campana. Katniss voltea la mirada, hacia el colegio, sabe que debe volver a clases. Pero cuando volvió su mirada, el hombre ya no estaba por ningún lado.


Katniss tenía once años, se encontraba ahora tumbada sobre un tronco, la lluvia caía sobre ella, pero ya no le importaba nada. Su padre había muerto en un accidente en una mina, su madre había quedado catatónica y se le había olvidado que tenía dos hijas que la necesitaban. Su hermanita Prim se moría de hambre, al igual que ella. Había intentado conseguir comida pero de nada había servido. Estaba sin esperanza, estaba en una situación que no tenía salida.

Es entonces que Katniss recordó a aquel extraño y el regalo que le había dado. Aún lo llevaba consigo, pero al final solo era un estúpido e insignificante trozo de papel, ¿cómo iba eso a ayudarla a ella y a su hermanita a no morir de hambre?.

Qué más daba, ya le daba lo mismo todo.

Lentamente, Katniss sacó el papel, lo desdobló, lo sostuvo en sus temblorosas manos, y allí estaba el mensaje escrito. Simplemente decía:

Esto, también pasará.

En ese momento, Katniss fue consiente de que se cernía sobre ella un gran silencio. Ya no escuchaba el sonido de la lluvia, no sentía el frío ni la hambruna que la estaba debilitando, ni siquiera recordaba la desesperación de hace unos segundos. Y si bien, no sentía que sus problemas se hubiesen solucionado, lo cierto es que le rodeó un inmenso silencio.

Entonces Katniss escuchó el sónido de un grito. Volteó la mirada hacia la panadería de enfrente. Vio a un niño rubio con unos panes un poco quemados, reconoció que era uno de sus compañeros de clase. Escuchó a su madre gritándole por haber quemado el pan y que se lo diera al cerdo. El niño se acercó al cerdo, Katniss sintió que ni la había notado, aunque estaba muy cerca y a plena vista de él. El niño se detuvo frente al recinto del cerdo, volteó un momento hacia la panadería, para luego lanzar los panes que tenía, justo enfrente de Katniss.

Tan pronto hizo eso, el niño se retiró y regresó a la panadería.

Katniss observó el pan ahora frente a ella. No perdió el tiempo. Se levantó, tomó los trozos y se fue directo a casa.


Katniss había logrado salir adelante. Más los momentos en los que no encontraba salida no paraban de llegar.

Su hermana había sido elegida para los juegos del hambre. Ella tomó su lugar y fue a los juegos. El chico que le había dado los panes, Peeta Mellark, era su nombre, había sido elegido para los juegos con ella. Logró ingeniarcelas para que ambos salieran con vida, pero al salir de la arena los problemas no se habían terminado.

Tenía que seguir las órdenes del presidente y pretender que amaba al chico que salvó para evitar un levantamiento. Llegando al punto de tener que casarse con él, aunque no fuera lo que quisiera.

Terminó volviendo a la arena, al igual que el chico.

Nuevamente, logró salir de la arena, pero su distrito fue atacado, y mucha gente perdió la vida.

Sus seres queridos estaban bien y vivos, o casi todos ellos.

Se inició una guerra entre el Capitolio y los distritos. Katniss se vio forzada a ser el símbolo de la rebelión y participar en combate.

Terminó dandose cuenta de que de verdad amaba a Peeta, pero cuando lo volvió a ver, le habían lavado el cerebro, haciendo que él ya no la quisiera, sino que la odiara. Había perdido a su chico del pan.

La guerra finalmente había terminado, pero Katniss había perdido a su hermana Prim, y parecía que su mejor amigo de la infancia había tenido algo que ver con eso, haciendo que ya no pudiera seguir siendo su amiga.

Llegó al punto de intentar acabar con su propia vida, más alguien evitó que eso pasara.

Katniss volvió a su distrito, intentado seguir su vida, a pesar de lo sola que se sentía.

Y en cada ocasión que no encontraba salida, allí estaba ese mensaje para ella, ayudándola a seguir adelante.


Katniss era ahora una mujer adulta, y no solo eso, también era esposa, y madre de dos hijos.

La fortuna parecía por fin haberle sonreído. Poco después de que ella volviera al distrito 12, Peeta también había decidido regresar. No fue fácil, pero él poco a poco fue volviendo a ser el chico del que se había enamorado, y ambos lograron seguir adelante juntos.

Pasaron los años, y las cosas mejoraban.

El distrito 12 fue reconstruido y ahora los trabajos y los tratos a las personas eran mucho mejores.

Ya no estaban los juegos del hambre, lo niños ya no corrían el peligro de morir siendo asesinados.

Katniss no había querido ser madre por las experiencias que había vivido de niña. Pero el saber que ahora sus hijos podrían crecer en un mundo donde no tendrían que pasar hambre, luchar por sus vidas, tuvieran acceso a buena educación y oportunidades en la vida, y ella no tuviera que vivir constantemente con el temor a perderlos, fue algo que le ayudó a cambiar de opinión.

Seguía haciendo lo que siempre sintió que le gustaba. Ir al bosque y cazar, más ya no era un momento de necesidad, sino un momento de gozo y tranquilidad.

Katniss se detuvo un momento a contemplar el tranquilo bosque. Había ocasiones en las que tenía pesadillas, al igual que su esposo, pero ambos eran capaces de sobrellevarlas.

Hay veces en las que seguía recordando la terrible mirada del presidente Snow, las veces en las que siempre intentó pisotearla y usarla. Y no solo él, parecía siempre haber gente que intentaba destruirla, pero Katniss les había mostrado que no podían con ella. Había caído a lo más bajo una y otra vez, y siempre se había levantado. Katniss se encontró a sí misma imaginándose la cara de Snow, viéndola ahora, la mirada de frustración y derrota en su cara era algo que la hacía sentir muy superior a él, y eso parecía empezar a gustarle.

Mientras más iba sumergiéndose en sus pensamientos y reflexionando sobre su vida, se dio cuenta de algo. Tenía todo lo que necesitaba, pero aún así, sentía que no era suficiente. Tenía familia, tenía estabilidad económica, tenía todo lo que quisiera comer, tenía el aprecio y el respeto del distrito 12, de casi todo Panem de hecho. Su imagen había quedado en la historia, siendo una gran fuente de inspiración y orgullo para muchas mujeres.

Y aún así, sentía que no era suficiente, aún quería más. ¿Y por qué no ir por más? Le había pasado de todo, y aún seguía avanzando y sin ayuda de nadie. Era capaz de pelear y triunfar, era capaz de siempre levantarse por sí sola. Se sentía imparable, y no deseaba detenerse por nada ni por nadie.

- Un hermoso día, ¿no crees?

Katniss fue sacada de sus pensamientos al oír una voz. Se levantó y giró en dirección a la voz.

No podía creerlo, ahí estaba el mismo hombre que había visto en su niñez, estaba exactamente igual que aquel día.

- Eres tú. - Dice Katniss con sorpresa.

El anciano simplemente asiente con gentileza. Camina hasta estar al lado de ella, observando a su alrededor.

- Una gran vista. - El anciano.

Katniss sigue la mirada del hombre, observando a su alrededor.

- Si. - Solo dice. Ha estado tanto en el bosque que ya no le parece la gran cosa el paisaje que tiene frente a ella.

El anciano se gira hacia a ella.

- Gran guerrera. Ha llegado el momento de que leas nuevamente el mensaje que llevas contigo.

Katniss se voltea a verlo en total confusión.

- ¿De qué estás hablando? - Lo dice con un tono un tanto alto. - Ahora mismo siento que nada puede detenerme, ¿para qué necesitaría tu mensaje? - Ciertamente, hacía años que Katniss no había el papel, lo llevaba consigo, pero nunca más sintió que lo necesitara.

El anciano, manteniendo siempre su gentil sonrisa y su mirada serena le dijo.

- Escucha. Este mensaje no es sólo para los momentos desesperados, también para los momentos placenteros. No es solo para cuando sientas que eres la última, también para cuando sientas que eres la primera. No es solo para cuando te sientas derrotada, también para cuando te sientas victoriosa. No es solo para cuando sientas que ya no quieres más, también para cuando sientas que quieres más.

Katniss saca entonces el papel, y lee el mensaje.

Esto, también pasará.

Y nuevamente, Katniss volvió a sentir el mismo silencio, sintió la misma paz que antes.

Reflexionó lo que era su vida en este momento. Tenía a una familia que amaba mucho, como la que tenía hace tantos años siendo niña. Recuerda con cariño a su padre y a su hermanita y lo mucho que le dolió cuando ya no estaban con ella.

Sus vidas les fueron arrebatadas, puede ser cierto. Pero, incluso si no hubieran muerto, si hubieran seguido bien y vivos hoy, ¿eso acaso hubiera cambiado el hecho de que de todas formas un día tendría que decirles adiós?

Katniss piensa en sus hijos, aunque vivan bien y no pasen por lo que paso ella, de todas formas algún día tendrá que decirles adiós también. Ya sea porque ellos decidan irse a vivir sus propias vidas, o porque a ella se le terminó el tiempo que tiene en este mundo.

Piensa en Peeta, su amado esposo. Katniss siempre había tenido el miedo de que si se enamoraba, podría terminar como su madre, llorando la muerte de su padre y terminar sin esperanzas.

Pero incluso si Peeta no termina yéndose como se fue su padre, algún día también tendrá que decirle adiós, o también podría ser él quien tendrá que decirle adiós a ella.

Pues si en el matrimonio está la frase, hasta que la muerte los separe, puede ser por una razón.

Katniss siente como las lágrimas brotan de sus ojos, pero no se siente triste, pues una suave sonrisa brota de sus labios.

Aún siente la alegría y las ganas de vivir. Pero el orgullo, el ego y la arrogancia de antes habían desaparecido, porque Katniss finalmente terminó de comprender el mensaje.

Lo malo, era tan transitorio como lo bueno.

Entonces el anciano le dijo.

- Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento, ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche. Hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza, porque son la naturaleza misma de las cosas.

Katniss asiente con serenidad.

- Gracias.

El anciano, gentil como siempre, se voltea y empieza a alejarse.

Es entonces que Katniss recién cae en cuenta de algo. No tiene idea de quien es este anciano, cómo es que aún está vivo después de tantos años de no verlo, y cómo es que parece recordarlo exactamente igual a como lo vio cuando era niña. Pero antes de que pudiera preguntarle cualquier cosa, el anciano se voltea y le dice.

- Hay un dicho, ¿sabes? - Katniss le presta atención. - El ayer, es historia. El mañana, es un misterio. Pero el hoy, es un regalo. Y es por eso que se llama, presente.

Antes de que Katniss pudiera hablar, siente un viento soplar. Voltea en la dirección un momento, pero tan pronto vuelve su mirada al anciano, este ya no está por ningún lado.


Ese mismo día, cuando Katniss entró en su casa con quien primero se cruza es con Peeta. Este la saluda, pero tan pronto Katniss lo ve, suelta lo que sea que lleva en las manos y corre hacia Peeta. Lo besa con mucho cariño y luego envuelve fuertemente sus brazos alrededor de él.

- ¿Estás bien? - Peeta la abraza, aunque la mira preocupado.

- Estoy bien. - Responde Katniss. - Solo disfruto mi presente.


Esa misma noche, cuando Katniss va a acostar a su hija le dice:

- Tengo algo para ti.

- ¿Qué cosa mami? - Dice su hija.

- Un regalo. - Responde Katniss.

- ¡¿Para mí?! - Dice la niña, con emoción.

- Sí. - Sonríe Katniss.

Entonces saca el pequeño papel con el valioso mensaje, toma la pequeña mano de su hija, y lo deposita en esta.

- ¿Este es mi regalo? - La niña mira un poco decepcionada.

- Sí. - Asiente Katniss. - Pero no lo abras aún. Ábrelo solo cuando no encuentres salida en una situación.

La niña solo asiente, guardando el pequeño papel consigo.

- Ok.


Esta historia salió en base a experiencias propias, y también estuve bastante inspirado en este video.

Saludos. watch?v=9Z2BPyakh6g&t=223s