Aclaración: La historia original pertenece a la maravillosa NightBloomingPeony, yo solo la traduzco con su permiso. Los personajes son de Stephenie Meyer.

Thanks Bianca for allowing me to translate it.

Nota: contiene escenas sexuales, por ellos es clasificación M.


The Devil Next Door

Capítulo 8. Crazy

POV Edward

Cuando tendí la mano a Bella, no esperaba que la aceptara. Mi piel sólo estaba ligeramente más caliente que el aire frío, por no mencionar que no me correspondía abrazarla así, a pesar de la gloriosa noche que acabábamos de compartir. Sin embargo, aceptó mi contacto, me agarró con la poca fuerza que tenía y me preguntó si podíamos esconder nuestras manos unidas en el bolsillo de mi chaqueta, lejos del frío.

Y ahora sentía como si un nuevo sol naciera en ese bolsillo, mientras caminábamos por el parque nevado.

En muchos sentidos, parecía surrealista, como si se tratara de una ilusión etérea que mi mente había construido para pasar el tiempo y llenar el vacío que me atormentaba desde hacía meses. Si no hubiera estado tan seguro de mi incapacidad innata para alucinar, me habría inclinado a creer que me estaba volviendo loco. Pero nada de lo que estaba ocurriendo era fruto de mi imaginación, eso lo sabía. Bella era tan real como siempre, con las mejillas enrojecidas por el frío y la sangre entonando tentadoras melodías en el apagado aire de diciembre.

Ahora parecía totalmente despierta, consciente de todo lo que la rodeaba. No dejaba de maravillarse ante cosas a las que yo nunca habría dedicado una segunda mirada: palomas que esponjaban sus plumas bajo la luz de las farolas del parque, árboles que aún conservaban algunas hojas bajo el peso de la nieve y un muñeco de nieve a medio hacer al que se le habían caído los ojos de guijarro. Y aunque estudié detenidamente todo lo que me mostraba, estaba más preocupado por la tempestad que estaba desenredando sus zarcillos dentro de mí, una tempestad provocada por ella.

Debería haber sabido que esto ocurriría en cuanto bajara la guardia en el restaurante. Después de la forma en que me había atormentado desde que la dejé hasta que volví a encontrarla, era el único resultado posible. Pero no había podido evitarlo, mi lado sensato no tenía ninguna posibilidad frente a la furiosa sed y las profundas necesidades que Bella estaba despertando en mí.

Mate. Esa era la palabra. Debería haberme pesado, porque sabía lo que implicaba, pero no fue así. Por el contrario, me pareció una confesión de la forma en que mi corazón helado parecía reaccionar ante Bella.

Por desgracia, la serena conciencia de lo que ella era para mí me había llevado a una conclusión aterradora: No podía dejarla. Al menos no del todo, y definitivamente no otra vez. Por supuesto, esto creaba un nuevo enigma. ¿Qué podía hacer? Podía seguirla adonde fuera y rezar para que no se cansara de mí. O vigilarla desde las sombras, aunque mi lado hedonista sabía que ese trato nunca me satisfaría. O… podía arrastrarla a las sombras conmigo, para no volver a preocuparme por estas cosas.

Pero con una sola mirada supe que no se merecía esto.

―¿Pasa algo malo? ―preguntó al cabo de un rato.

Ahora estábamos en el corazón del parque, cerca de un lago que parecía bastante congelado en la superficie, pero cuya suave corriente seguía corriendo libremente a un palmo de los pies de un patinador con grandes planes. Permanecía con un pie en la orilla, probando el hielo, decepcionado al oír un crujido.

―No necesariamente malo ―respondí, moviendo los ojos del patinador a Bella, que se había detenido para admirar la vista congelada―. Sólo estoy batallando con muchos pensamientos, para ser franco.

―¿Pensamientos cómo cuáles?

―Tú ―aclaré―. Todos esos pensamientos empiezan y terminan contigo.

―¡Oh!

Sentí su pulso acelerarse, su ritmo perfectamente palpable donde nuestras palmas se tocaban. Era agradablemente fácil ponerla nerviosa; ni siquiera tuve que intentarlo.

―Bueno… ―empezó―. Ahora que lo dices… yo también pienso en ti. Mucho.

Su confesión no debió de ser fácil de sacar, viendo que la había decepcionado en el pasado, por lo que mi gratitud fue doble.

―Es un buen punto de partida.

―Depende de lo que estemos empezando ―replicó Bella. Tenía que reconocérselo, tenía tacto.

―Supongo que mis intenciones se están volviendo demasiado obvias a estas alturas.

―¿Sinceramente? Ojalá fuera así, porque sigo sin saber qué está pasando aquí. Quiero decir, sí, acabo de pasar la mejor noche de toda mi vida contigo, y me has traído el desayuno más delicioso, y me estás tomando de la mano mientras hablamos, y sin embargo… todavía no tengo ni idea de dónde nos deja eso.

Esto fue una sorpresa. Estaba tan convencido de que mis sentimientos se reflejaban en mi cara que ni siquiera se me pasó por la cabeza que aún pudiera haber confusión por su parte. La repentina comprensión me hizo reír.

―¿De qué te ríes?

Ahora sonaba dolida. Carajo, era idiota. Me di la vuelta, para que pudiéramos estar cara a cara, y usé mi mano libre para guiarla más cerca de mí. Su jersey y su chaqueta esponjosa me ocultaban su perfecta figura.

―Nada ―le aseguré―. Es que estás… mucho.

―Perdona, ¿qué?

―No, quizás no me expresé bien. Aportas mucho, y simplemente no estoy acostumbrado a eso. No estoy acostumbrado a pensar en alguien durante tanto tiempo, hasta el punto de bordear la obsesión. Y tampoco estoy acostumbrado a que alguien me importe de verdad, al menos no de un modo que signifique algo importante, y desde luego no tan pronto. Es nuevo, y me está perturbando la mente de cien maneras distintas. ―Sacudí la cabeza, consciente de que estaba dando vueltas al punto principal de mi argumento…― Supongo que lo que intento decir, en pocas palabras, es que… me estoy enamorando de ti, Bella.

Ella me miró, con los ojos muy abiertos y los labios entreabiertos por la sorpresa, y el deseo de leer su mente como un libro abierto fue doloroso. Admitir que me enamoraba de ella cubría la superficie misma de mis sentimientos hacia ella, pero tenía que saberlo a pesar de todo.

―Sé que apenas nos conocemos y que puede sonar entre moderada y completamente loco, pero es la verdad ―añadí.

Bella permaneció callada, aunque me di cuenta de que un millón de pensamientos nadaban tras el espejo chocolate de sus iris. No quería presionarla, de verdad que no. Sin embargo, mi entusiasmo pudo conmigo.

―¿Tú qué crees?

―Creo que… mi definición de «moderado a completamente loco» es diferente a la tuya.

―¿Qué quieres decir?

―Significa que pasé la mayor parte de estos últimos cinco meses tratando de encontrarte, y si alguien que me conoce descubre la verdadera razón por la que dejé Port Angeles, definitivamente me clasificaría como clínicamente loco. Quiero decir, ¿qué clase de explicación podría ofrecerles? ―Hay un tipo que me cogió tan bien una noche, que no pude dejarlo ir―. No esperaría que entendieran el hecho de que yo tuviera la corazonada de que tú eras algo más que sexo, porque no les corresponde a ellos entender… o juzgar… o determinar qué es una locura y qué no.

Hablaba rápido, casi tropezándose con sus propias palabras, pero estaba decidida a dejar claro lo que quería decir. Sus mejillas parecían apetitosas, y supe que no era sólo el frío lo que provocaba la oleada de sangre bajo la piel que las cubría. Apreté las palmas de las manos para enfriarlas un poco y el calor me quemó deliciosamente.

―Así que no eres sólo tú quien se está enamorando, Edward. No eres sólo tú.

No fueron necesarias más palabras. Atraje su cara hacia la mía, hasta que nuestros labios se unieron. El fuego de mi pecho subió hasta mi garganta, suplicando por la única sangre que podía sofocarlo. Inspiré profundamente, obligando a mi cuerpo a acomodarse. Si realmente quería que esta cosa frágil que estaba floreciendo entre nosotros sobreviviera a mis instintos, tenía que esforzarme al máximo, aunque doliera. Sobre todo cuando dolía.

―No vuelvas a irte, por favor ―susurró Bella bajo mis labios.

El pánico se apoderó de mí, porque no quería irme, pero sabía que tal vez tendría que hacerlo algún día, cuando su envejecimiento diera lugar inevitablemente a nuevas expectativas y necesidades por su parte. En lugar de responder, volví a besarla, con más rudeza, para hacerle saber cuánto la deseaba. Lo mucho que no quería dejarla.

Y funcionó. Parece que se olvidó de que esperaba una respuesta y se centró en lo que estábamos haciendo.

Al final nos separamos, cuando oí que un grupo de niños se dirigía hacia nosotros. Bella escondió su cara en mi hombro, mientras trataba de recuperar el control de su respiración, y yo la mantuve allí, abrazándola, sin estar seguro de cómo iba a dejar ir a esta mujer.

―Tengo que volver a Port Angeles, ¿sabes? ―murmuró―. ¿Qué pasará entonces?

Esto no era un problema. Por el momento.

―No vas a ir allí sola.

―¿En serio?

―Absolutamente.

―Pero no vives allí.

―Eso puede cambiar.

Mis planes eran un lío siempre cambiante de todos modos. Podía hacer que esto funcionara, si era lo suficientemente cuidadoso. Durante un año, tal vez dos… tres, si tenía suerte, aunque tenía mis dudas. Era un plan frágil, construido sobre una base de palillos, pero entre eso y nada, sabía lo que prefería. Después de todo, en el fondo era una criatura egoísta.

―Pero nuestra habitación está disponible seis días más ―le recordé―. Podemos quedarnos aquí un poco más, si quieres.

―Creo que necesitaré quedarme aquí más tiempo ―aceptó―. No tengo muchas ganas de volver, la verdad.

―¿Por qué?

―¿En pocas palabras? Demasiadas explicaciones para dar.

Bella se retiró del abrazo, claramente no muy dispuesta a extenderse en sus últimas palabras, y extendió una pequeña mano hacia mí, en la invitación más tentadora jamás vista.

―Movámonos, o me congelaré ―dijo.

La cogí de la mano, pero rápidamente moví el brazo para rodearle el hombro. Ella se acomodó en este medio abrazo y, mientras reanudábamos la marcha, traté de encontrar un nombre para el nuevo sentimiento que crecía en mi interior.

Porque, por mucho que me llenara de calor y necesidad, no tenía ni idea de los problemas que podría acarrearle.


De vuelta al hotel, volvimos a coger. Sólo una vez, porque era evidente que el dolor seguía molestando a Bella, aunque jurara que estaba bien. No usamos cuerdas ni cintas ni cinturones, como la noche anterior, y a diferencia de nuestra primera vez juntos. Tenía que admitir que ansiaba volver a jugar a esos juegos con ella. Al mismo tiempo, admitir que quería abofetear su perfecto trasero hasta dejarla en el olvido, justo después de admitir que me estaba enamorando de ella, no parecía la idea más brillante, así que me lo guardé para mí.

Por un momento.

Sabía que debía ser útil ―y saciar mi sed de paso― acabando por fin con la vida de la escoria que había intentado ponerle las manos encima a Bella, pero no me atrevía a separarme de ella. Era un fenómeno interesante cuando dormía. En un momento dormía como un tronco, y al siguiente estaba teniendo diálogos completos en sus sueños. Los diálogos no tenían mucho sentido, pero me ofrecían una visión inesperada de su cerebro. Decía "demasiados mensajes" y "otra galleta de mantequilla no". Incluso se rió un par de veces, y yo habría dado cualquier cosa por entender por qué.

En el gran esquema de las cosas, la escoria podía esperar un poco más.

Con los brazos alrededor de Bella, me resultaba fácil relajarme, aunque no del todo, porque su olor hacía que mis músculos palpitaran constantemente de expectación. Pero podía relajarme lo suficiente como para no dejarme llevar por la mayoría de las preocupaciones. Ahora mismo, no importaba que fuéramos incompatibles y que nada de su forma física fuera permanente, aparte del deseo que provocaba en mí. Lo que importaba era que podíamos tener este pequeño fragmento de felicidad, por frágil que fuera, para mantenernos calientes mientras viviéramos.

Un día, cuando hubiera pasado el tiempo suficiente para que ella siguiera adelante y me olvidara, conservaría un trozo de esos nostálgicos días que pasamos juntos en Siracusa. En ese momento, el recuerdo ya no le dolería, porque tendría un marido cariñoso y unos hijos de ojos achocolatados que le recordarían lo que de verdad importaba. No le dolería, porque para ella yo no sería más que una variante tópica de ―el que se escapó―.

Apreté la mandíbula ante la idea de que Bella tuviera una familia. No era la primera vez que me lo imaginaba, pero mi mente siempre reaccionaba con la misma posesividad indignada de siempre. Realmente no me gustaba la idea de que ella perteneciera a nadie más que a mí, pero tenía que acostumbrarme a ese concepto, por mi propia cordura. Los hombres humanos podían ofrecerle cosas que yo no: hijos, lugares soleados y promesas de envejecer juntos.

Aún intentaba razonar con mi lado celoso cuando Bella empezó a tantear el terreno. Pensé que estaba a punto de despertarse, a pesar de que sólo eran las cuatro de la madrugada, pero pronto me di cuenta de que estaba teniendo otro sueño. Así que dejé a un lado la discusión interna y observé, curioso por ver de qué se trataba ese sueño.

Al principio, sólo murmuraba algunas palabras débiles: "sí", "por favor" y "ahí". Me quedé sentado, escuchando, pero no encajaba. Entonces oí mi nombre salir de sus labios, seguido de un largo "mmm", y empecé a encajar las piezas del rompecabezas.

Mi Bella estaba teniendo un sueño erótico, justo a mi lado. Y así como así, me olvidé de todo lo demás, y mi pene se levantó en busca de atención.

Me moví de mi lugar, hasta que pude ver su cara. Sus labios estaban entreabiertos, su respiración salía de forma irregular, y joder, ¿cómo podía ser tan atractiva cuando dormía? Observé con asombro, como su pecho se movía arriba y abajo, arriba y abajo, arriba y abajo, más rápido cada vez que respiraba. Casi inconscientemente, la mano que hasta entonces había descansado en su cintura se levantó para rozar su pecho izquierdo. Y allí estaba: tenía el pezón duro como un guijarro bajo la camiseta que llevaba puesta. Gemí, ordenándome a mí mismo que mantuviera la calma.

Pero maldita sea, ella no estaba haciendo absolutamente nada para ayudarme.

―Más.

Me puse más duro. Dolorosamente. Me dolían las pelotas.

―No quiero palabras de seguridad… mmm, ahí…

Carajo. Podía oler su excitación en el aire, dulce y densa, compitiendo con el festín dentro de sus venas.

―Sí, Edward…

Me moví de nuevo, hasta que estuve debajo de la cubierta completamente, posicionado un poco encima de ella. Tenía las piernas abiertas, sin ropa interior que entorpeciera la perfecta visión que tenía frente a mí. Tenía la vagina empapada, en parte porque así estaba cuando se quedó dormida, en parte porque le brotaban nuevos riachuelos de deseo, como consecuencia de la imaginación de Bella, que hacía estragos en sus sueños.

Una de sus manos estaba en su vientre, tan cerca y tan lejos de donde probablemente quería que estuviera. Pero en su estado inerte, no podía hacer nada para moverla. Conmovido, alargué lentamente la mano y, con un dedo, le quité la capucha del clítoris, dejándolo al descubierto. Bella volvió a suspirar, esta vez con un sonido más profundo, y yo me acerqué, respirando hondo. Dios, olía a paraíso.

Entre sus suaves murmullos y mi incapacidad para resistirme a ella, algo dentro de mí cedió y me incliné hacia abajo, hasta que mi boca se encontró con su carne caliente. El contacto provocó escalofríos perfectos en todo mi cuerpo, todos ellos culminando en mi polla palpitante. Abrí la boca para tragarme todo lo que pudiera de Bella, y el sabor me hizo perder la cabeza por completo.

Sus palabras y suspiros somnolientos no tardaron en convertirse en gemidos y súplicas totalmente despiertas. Ella no pareció cuestionarse nada, simplemente se dejó llevar por la agradable sorpresa, apretando sus muslos contra mis orejas y cabalgando las olas del placer hasta que alcanzó el remolino de su orgasmo. Cayó dentro de él con un largo grito, y yo aproveché la oportunidad para meterle dos dedos, rápidos y profundos, en busca de ese punto de respuesta en su interior. Esto sirvió para prolongar su clímax y, justo cuando pensé que había terminado, volvió a correrse, más suave, más larga y más húmeda.

Minutos después, fue la primera en hablar.

―Sabes, adoro tu sincronización.

Su voz era un poco más áspera que de costumbre, todavía cargada con la pesadez de su sueño interrumpido.

―Hmmm, cuéntame ―sugerí, moviendo finalmente mi cara de entre sus muslos y arrastrándome encima de ella, para estar cara a cara. Mi erección descansaba justo contra su clítoris, lista para más. Con un sugerente empujón de sus caderas, Bella consiguió que me deslizara dentro de ella, sus jugos ayudando a nuestra unión. Gemí al sentir que sus paredes internas me acogían con un fuerte abrazo.

―Estaba soñando contigo ―jadeó.

―¿Qué clase de sueño?

Empecé a moverme de un lado a otro y ella se olvidó rápidamente de que esperaba una respuesta, así que volví a preguntar y ralenticé mi ritmo para darle la oportunidad de pensar con claridad.

―Me tenías atada con cadenas ―fue todo lo que consiguió decir, antes de enredar los dedos en mi pelo y tirar.

La imagen se insertó en mi cerebro sin esfuerzo; después de todo, no era la primera vez que lo hacía.

―¿Y? ―insistí.

―Y me estabas tomando, azotándome… oh, carajo, qué bien te sientes, sigue moviéndote así…

Quería mantener mi ritmo, pero oírla decir esas palabras en voz alta equivalía a tirar mi control por la ventana, así que empecé a empujar más fuerte, más rápido, buscando mi fin con más decisión.

―Lo quieres otra vez ―gruñí, y no era una pregunta. Ella sabía exactamente lo que quería decir, así que asintió.

Lástima que no hubiera nada en esta habitación que pudiera parecerse remotamente a las cadenas de su fantasía. Me aseguraría de que la cuestión dejara de existir mañana por la noche.

―Entonces eso es precisamente lo que tendrás.

Era una promesa que pensaba cumplir.


Hola

Primero que nada quiero ofrecer una disculpa por la tardanza, hubo complicaciones personales y luego estuve enferma, además de que como estoy trabando los fines de semana unas horas mi tiempo se ha reducido mucho. Pero en fin cosas que no podemos evitar, así que continuemos con el capítulo.

¡Hubo confesión! Y volvió el Edward dominante que Bella adora también, ¿Qué opinan?

Gracias por sus comentarios, esta vez no pude responderles por privado, agradezco sus palabras a: lolitanabo, mrs puff, Cassandra Cantu, Pelu02, EriCastelo, CatyB, Luz71, Mapi13, jacke94, Sindey Uchiha Hale Malfoy, Car Cullen Stewart Pattinson, Lizzye Masen, Kriss21 y Annalau.

Espero sus comentarios del capítulo, son mi única paga, gracias por tomarse unos momentos más para dejarlo. De igual manera agradezco las alertas y favoritos.

Saludos.

P.D. para adelantos en mi grupo de Facebook Fics IsisJanet e imagen extra del capítulo.